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Endeudamiento “saludable”, empoderamiento y control social

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Academic year: 2020

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Endeudamiento “saludable”,

empoderamiento y control social

Alejandro Marambio Tapia

Universidad Católica de Talca, Maule, Chile.

Email: [email protected]

Resumen: La interpretación del neoliberalismo como gubernamentalidad se basa en considerarlo una estructura dinámica que adapta y adopta las parti-cularidades témporo-espaciales. Es a través de este proceso que el neoliberalismo logra cooptar las realidades de los individuos, su construcción e interpretación, para proponer e imponer sutiles formas de control (BarryyOsborne, 2013). Al entrar al circuito de la normalización y del sentido común o del “actuar sensa-to”, la deuda se transforma en un mecanismo de control, por los efectos que tiene en la vida material y la subjetividad de las personas.Este artículo se basa entrevistas con encargados de programas de educación financiera de agencias estatales y entrevistas en profundidad con jefes y jefas de hogar sobre su vida económica diaria, sus significados y la subjetividad producida en torno a ello. Políticas públicas tales como la educación financiera se orientan a producir una subjetividad atada al “derecho a pagar” y al derecho a endeudarse “saludablemente”. Ambas actividades son anunciadas como una especie de “empoderamiento social” y con discursos de movilidad social individual, pero finalmente son formas de control.

Palabras clave: Deuda, gubernamentalidad, subjetividad, neoliberalismo, educación financiera

“Healthy” indebtedness, empowerment a

nd social discipline

Abstract: The view of neoliberalism as governmentality lies on its dynamic structure that shapes and adopts the space-time features where it is set. Through this process, neoliberalism is able to co-opt the “real life” of individuals, including their construction and interpretation. This way, neoliberalism proposes and imposes subtle forms of control (Barry, Osborne, & Rose, 2013). By entering the circuit of normalisation and common sense or “acting wisely”, debt becomes a control mechanism, due to its effects over the material life and the subjectivity of individuals. This article is based on interviews with managers of financial education state programmes and in-depth interviews with heads of households about their daily economic life, their meanings and the subjectivity around them. Public policies such as financial education are aimed at producing subjectivities tied to the “right to pay” and the right to borrow “healthily”. Both activities are announced as a kind of “social empowerment”, with discourses of individual social mobility, but ultimately, they just are forms of control.

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Dívida “saudável”, empoderamento e controle social

Resumo: A interpretação do neoliberalismo como governamentalidade baseia-se em considerá-la uma estrutura dinâmica que baseia-se adapta e adota as características espaço-temporais. É através deste processo que o neoliberalismo consegue cooptar as realidades dos indivíduos, sua construção e interpretação, para propor e impor formas sutis de controle (Barry, Osborne e Rose, 2013). Ao entrar no circuito de normalização e senso comum ou do “agir com sensatez”, a dívida se torna um mecanismo de controle, devido aos efeitos que ela tem sobre a vida material e a subjetividade das pessoas. Este artigo baseia-se em entrevistas com diretores dos programas de educação financeira de agências estatais e entrevistas em profundidade com chefes e chefas de família sobre sua vida econômica diária, seus significados e a subjetividade em torno deles. As políticas públicas, como a educação financeira, visam produzir uma subjetividade ligada ao “direito a pagar” e ao direito de se endividar “com saúde”. Ambas as atividades são anunciadas como uma espécie de “empoderamento social” e com discursos de mobilidade social individual, mas, em última análise, são formas de controle.

Palavras-chave: Dívida, governamentalidade, subjetividade, neoliberalismo, educação financeira

* * *

Introducción

El neoliberalismo es una ideología que organiza un conjunto de prin-cipios expresados en una bien constituida receta de políticas públicas, y que finalmente determina la articulación entre economía, sociedad y política (Garretón, 2012). La prevalencia del mercado y su articulación de intereses individuales resulta problemática para organizar la sociedad como una enti-dad y también presenta problemas para la integración social y la moviliza-ción colectiva. El neoliberalismo no es una estructura monolítica ni comple-tamente externa a los individuos. Así como neoliberalismo chileno ha ido transformándose (ver French-Davis, 2003; Muñoz, 2007; Garretón, 2012) tampoco se pueden negar las particularidades locales del neoliberalismo en Europa o Asia, y su hibridación (Peck, 2004).

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con-centración del capital en grandes grupos económicos y la formación de mercados oligopólicos, característica similar a otras economías de Latinoamérica.

Actualmente, el capitalismo chileno ha entrado en una fase de financiarización, proceso que ha sido descrito en varias escalas, incluyen-do estaincluyen-dos y hogares. La idea subyacente en todas estas descripciones es que el dinero y las finanzas se transforman en aspectos dominantes en las sociedades del capitalismo tardío. La crisis financiera de 2007-2008 sirvió para validar el concepto y ponerlo tanto en la agenda académica como mediática (French et al, 2011). La financiarización es usada para subrayar la preponderancia que adquiere el sector financiero en la economía y en la sociedad, idea que no es nueva y que puede ser encontrada en Marx (Miliband, 1988) y en Weber en su Historia Económica General (2012). Lo original es el postulado de que proceso situado en la esfera macroeconómica permea la forma de administrar empresas, liderar Estados y también la vida diaria de hogares e individuos, no solo a través de la penetración de instru-mentos financieros, sino que insertando valores y significados.

Una de las maneras de entender la financiarización es situar este proceso en la vida diaria financialisation of everyday life, desde un enfo-que más bien sociocultural (Martin, 2002). Estaperspectiva parece más útil para comprender los procesos de expansión de la deuda y de la justificación de la educación financiera. En cierta manera, ayuda a contextualizar los objetivos económicos tras la expansión del crédito en Chile: (1) aumentar las ventas del sector retail y (2) aumentar la venta de bienes y servicios de consumo, con dos objetivos sociales: (a) la reproducción ideológica del nuevo tipo de sociedad, la sociedad de consumidores, ofreciendo a los sujetos formas no conflictivas de asegurar sus metas individuales y (b) dar un sustento empírico a la narrativa de la “democratización del consumo” y la inclusión social. La financiarización de la vida diaria viene a considerar al crédito en dos dimensiones: una material, como presente en las prácticas de organización presupuestaria familiar y otra sustantiva, en relación con la producción de nuevas subjetividades.

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entusias-mo, con mayor o menor deliberación, en la reproducción de los distintos tipos de neoliberalismo. Desde esa forma, la subjetividad neoliberal, con matices, es ubicua, como la noción de poder foucaultiana.

La interpretación del neoliberalismo como gubernamentalidad se basa principalmente en considerarlo una estructura dinámica que adapta y adop-ta las particularidades témporo-espaciales. Es a través de este proceso que el neoliberalismo logra cooptar las realidades de los individuos, su cons-trucción e interpretación, para de esta forma proponer e imponer sobre ellos sutiles formas de control (Barry y Osborne, 2013), que finalmente se ejecu-tan como dispositivos de autocontrol, como la deuda, y que ya no depen-den de una entidad única, sino que más bien son llevados consigo por cada de unos los individuos, ejerciendo el poder a distancia (Foucault, 1991). Al entrar al circuito de la normalización y del sentido común o del “actuar sensato”, la deuda se transforma en parte de los mecanismos de control, porlos efectos que tiene en la vida material de las personas, ya sea para acceder a bienestar o para evitar la exclusión social.

Este es el punto de partida para explicar el ejercicio de poder que ejerce el neoliberalismo desde una perspectiva individual y biológica (Foucault, 2007), y desacralizar la dominación formal-legal como un único instrumento de control.La forma cómo la economía es manejada es funda-mental para entender cómo aquellos que ejercen el poder se orientan -a veces sutilmente- a dominar las conductas de aquellos que no están en el poder, incluso a través de la ilusión de una libertad para elegir. En este contexto, en el Norte Global, se plantea que tras décadas de financiarización el ‘gerente de sí mismo’ cuyo auge se encontraba en los 1970s se ha trans-formado en el ‘hombre endeudado’ (Lazzarato, 2012). La deuda sería el nú-cleo del capitalismo contemporáneo, constituyéndose además como un hecho político más que económico. La deuda es usada por gobiernos y empresas para ejercer control sobre los individuos, elaborando una varie-dad de arreglos sociales y financieros para incentivar y hacer digerible el uso y acceso al crédito.Lazzarato propone una visión envolvente y comprehensiva de la sociedad, cuya base no estaría en el intercambio, eco-nómico o simbólico, sino más bien en el crédito y la asimetría que genera la deuda, que histórica y teoréticamente preceden las dinámicas puras de pro-ducción y trabajo asalariado. En ese contexto, enfatiza que la deuda, si bien es una relación económica, es inseparable de la producción de un sujeto deudor con su correspondiente moralidad.

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deuda y el crédito como relaciones sociales y analiza situadamente los cir-cuitos del crédito (Barros, 2011; Ossandón, 2013; Ossandón et al, 2017), las orientaciones individuales y culturales del uso de la deuda (González, 2015; 2017) y los significados de la deuda para grupos concretos de la sociedad chilena (Pérez-Roa, 2014; Marambio-Tapia, 2017). Siendo este artículo tribu-tario de estas perspectivas, en particular, nos interesa desarrollar la idea de que las políticas públicas neoliberales se orientan a producir una subjetivi-dad atada el derecho a pagar y el derecho a endeudarse “saludablemente”. Entonces, ambas actividades son anunciadas como una especie de “empoderamiento social” y con discursos de movilidad social individual, pero son finalmente formas de control. En la siguiente sección, presento brevemente los aspectos metodológicos y las fuentes de la investigación que sustenta este artículo; en la tercera, entrego los resultados concernien-tes a los contenidos, orientaciones y objetivos de los programas de educa-ción financiera estatales en Chile. En el siguiente acápite, me refiero al im-pacto tanto de la deuda como de las actividades de educación financiera en los hogares de bajos y moderados ingresos. Finalmente, organizo la discu-sión de los datos situando la educación financiera como una estrategia nueva dentro de los dispositivos de control que ha ejercido el neoliberalismo, y rescatando las particularidades del sujeto endeudado en Chile, y sus posibles caminos políticos.

Metodología

Este artículo se basa en datos recogidos en una docena de entrevis-tas con encargados de los programas de educación financiera de agencias estatales de Chile, tales como Banco Central, Sernac (Servicio Nacional del Consumidor), Fosis (Fondo de Solidaridad e Inversión Social) y SBIF (Superintendencia de Bancos e Instituciones Financieras), y sus organiza-ciones asesoras. Además, considera entrevistas en profundidad acerca de las prácticas económicas de los jefes y jefas de hogar en el contexto de su vida diaria, sus significados y la subjetividad en torno a ello. Estas 46 entrevistas en profundidad se realizaron en la ciudad de Santiagoy Copiapó, 800 kilómetros al norte de la capital chilena Parte de los jefes y jefas de hogar entrevistados participaron en los programas de educación financie-ra, en particular de Fosis, y algunas de dichas actividades fueron observa-das en terreno. El discurso y alcance de la educación financiera fue también investigada a través del análisis del material impreso y audiovisual elabora-do por los programas, y principalmente, a través de la participación de cursos en línea.

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de baja calificación, que reciben subsidios del Estado para iniciar y/o for-malizar su actividad productiva-comercial. Además, elaboré un set de micro-narrativas socioeconómicas de los entrevistados, denominadas trayecto-rias de deuda, pero más amplia, considerando las implicancias sociales y familiares de lo económico. Gracias a este material pude analizar las implicancias de la deuda en la construcción de identidades de clase y como dispositivo de control subjetivo.

Educando al deudor “saludable”

Uno de los efectos de la financiarización de los hogares es precisa-mente la emergencia de la educación financiera como un contenido de polí-tica pública. Mi punto es que la educación financiera, al descansar sobre la noción de homo economicus y una racionalidad formal, niega el conoci-miento adquirido por los hogares en el mismo contexto de la financiarización. A su vez, ignora la función estructural de los proveedores de crédito, ya que, como hemos subrayado, el objetivo final es la transferencia de respon-sabilidad y autocontrol a los individuos. Para llegar a ello, despliega las comprensiones ortodoxas del comportamiento del consumidor y la teoría de la acción racional. El tratamiento que se hace del endeudamiento como un problema psicosocial asociado al consumismo, que puede y debe ser tratado, presenta el comportamiento económico asociado al uso del crédito como carente de fundamentos morales y sociales. Se centra más bien en un consumidor irreflexivo que debe ser educado para asumir su responsabili-dad como sujeto de crédito. Finalmente, estas construcciones excluyen los aspectos estructurales desiguales que contribuyen a la producción de la subjetividad y materialidad del sujeto endeudado.

Las autoridades económicas globales han reconocido a Chile como pionero en la inclusión financiera de grupos de ingresos bajos. Perú, Co-lombia y Ecuador han focalizado sus esfuerzos en administrar cursos de educación financiera en áreas rurales para tímidamente intentar una bancarización. Brasil, por ejemplo, muestra una creciente penetración de instrumentos financieros gracias a los programas de transferencias mone-tarias y al despliegue de bancos (Müller, 2014).

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sociedad de consumo a dichos grupos y en la oferta de todo tipo de instru-mentos financieros personales tales como tarjetas de crédito, préstamos de consumo, avances en efectivo, financiamiento automotriz, bodas y vaca-ciones, seguros, etc. En mucha menor medida, instrumentos de capitaliza-ción y ahorro. Fue una financiarizacapitaliza-ción principalmente crediticia. Al mismo tiempo, educación, vivienda, salud y pensiones se financiarizaron. En este paisaje, el requerimiento neoliberal requiere de individuos que consideren sus presupuestos de forma ordenada, disciplinada y con pundonor. La edu-cación financiera viene a cerrar la brecha de aquellos que no tienen gran comprensión o interés en el ámbito financiero.

La invasión y conquista del paradigma neoliberal en la empresa y el Estado se advierte en conceptos tales como la gestión por competencias, la educación en competencias, el ideal de concursabilidad, la estructura polí-tico-administrativa de principal-agente, el nacimiento del usuario-cliente, la evaluación de proyectos, a través de la metodología del marco lógico, y la transformación de los trabajadores en poseedores de capital humano. A esta lista de dispositivos que de una u otra forma buscan traspasar respon-sabilidades estructurales a los individuos, nos interesa sumar las estrate-gias estatales de educación financiera.

La definición de la OCDE (2014)sobre la educación financiera inclu-ye la comprensión de conceptos y de los riesgos, desarrollo de habilidades y confianza para ver oportunidades, y el beneficio a familias y al sistema financiero, por igual. En Chile, el Estado advierte que el crecimiento y esta-bilidad económica ha optimizado en general las condiciones materiales de los individuos, pero también ha incorporado una serie de complejidades. Se presenta un escenario de oportunidades, pero también de riesgos. Los ac-tores individuales, no obstante, deben ser capaces de enfrentar los desa-fíos. Para ello, se plantea desde el Estado, hay que ser más responsable para endeudarse y que como consumidores tenemos “deberes y derechos”, un lugar común para el SERNAC, sólo ampliado por particulares iniciativas queintentan agregar un sentido a la acción instrumental económica o “los valores detrás de los contenidos”, como lo describió una encargada de dicho programa en particularRespecto a los oferentes del crédito, el Estado asume que tienen “reglas claras” y que su responsabilidad es hacer una evaluación informada y detenida, como lo indicaron los encargados de la SBIF y el Banco Central

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basado en datos de la Encuesta de Protección Social de la Subsecretaría de Previsión Social. Además, se observó un déficit en prácticas estandarizadas sobre el manejo del dinero, tales como herramientas de planificación, y en la terminología y uso del crédito. La amalgama de agencias involucradas se dirige a diversos sujetos-usuarios con distintos grados de universalidad: consumidores, micro-emprendedores, clientes bancarios y también a la es-tructura del sistema financiero. No obstante, el discurso y praxis unificada apunta a corregir acciones individuales ante el riesgo que dichas ‘malas prácticas’ impacten la estructura financiera y económica, tal como ocurrió en la crisis sub-prime en Estados Unidos, cuando la responsabilidad de la crisis fue dirigida desde los actores institucionales hacia los individuales. Desde este punto de vista,la crisis evidenció una gran expansión de las finanzas, pero a costa de complejizar los productos y de poner la responsa-bilidad en los contratos individuales, ante lo cual hay poca comprensión de lectura y carencia de habilidades. La Educación Financiera sería un instru-mento de política pública que llevaría a reducir brechas de información y habilidades. En el caso particular de Banco Central, se señala que el verda-dero objetivo de la educación financiera no debiera ser tanto el aprendizaje de formas de cálculo o el funcionamiento de instrumentos financieros, y más la internalización de “actitudes, conductas y prácticas” que señalen el camino a una incorporación “sana” y “saludable” al mundo financiero, a través de buenas decisiones.

El Fondo de Solidaridad e Inversión Social (Fosis), también participa de la estrategia de Educación Financiera. Fosis implementa su programa de educación financiera, sobre la base de una metodología que incluye manejo de presupuesto, endeudamiento responsable, ahorro e inversión. Se traba-ja con familias “Fosis”, es decir, con familias técnica y legalmente cataloga-das como pobres. A la fecha 5.800 familias han sido beneficiarias, incluyen-do más 10.000 estudiantes con el juego “Tú decides”. De acuerincluyen-do a la encargada, es “un éxito”ya que un 77 por ciento de las personas mejoraron sus conocimientos financieros y un 64,3 por ciento mejoró su índice de habilidades, de acuerdo los datos del mismo Fosis (2015). Sin embargo, sólo un 3 por ciento de los participantes declaró haber disminuido su deuda. De acuerdo a lo observado de manera directa, algunos de los participantes declararon “mejorar su autoestima” al saberse capaces de enfrentar tópicos financieros y con ello, ser capaces de asumir más responsabilidades en su propio desarrollo.

Lidiando con deudas:

arreglos financieros, morales y sociales

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nos lleva a concluir que la condición de deudor o no deudor podría tornarse irrelevante, puesto que aún quienes no lo sean en un momento determina-do, puede que sí lo hayan sido en los últimos tres meses o lo sean durante los tres siguientes. Incluso quienes le dan un contenido amenazante al crédito y procuran evitar lo a toda costa, se autoimponen una ética de la disciplina muy importante a través de la deuda.

“Odio deber algo, no uso ninguna tarjeta ni nada por el estilo, y a veces he tenido que pedir plata para comprar algo que necesita mi hija para hacer tareas en el colegio, y justo toca antes de que me paguen. En ese caso, le pido plata prestada a un compañero, y apenas me pagan mi sueldo, voy y le pago, y le pido que me haga una mosquita (firma) en mi cuaderno, para que quede claro que salí de esa deuda”,

Mujer, 40, empleada administrativa de gran empresa de telecomuni-caciones.

En general, la mayoría de las familias que tiene deuda tiende a au-mentar su deuda en términos relativos. Más allá de las cifras, existe una disposición a endeudarse luego de obtener algún logro profesional o labo-ral, por ejemplo, un ascenso. Muchas personas declaran que sus “desórde-nes financieros” se inician al tener más dinero disponible para gastar.

“Me cambiaron de puesto en la oficina y con eso empecé a ganar más plata… y también me empecé a endeudarme más, en un principio era porque quería comprarme cosas que antes no podía, pero luego sentí que estaba todo desordenado”,

Mujer, 26, administrativa de empresa de seguros.

Personas que declaran con certeza no querer endeudarse, lo explican porque al ganar poco dinero, eso las obliga a ser austeras y ser muy estric-tas con la organización del dinero. Otras, en cambio, registran algún evento traumático con las deudas en el pasado y prefieren mantenerse al margen para evitar dicho malestar, no obstante, la diferencia aquí es la carencia de una actitud “condenatoria”, y, por tanto, podrían eventualmente acercarse al “mundo del crédito”, pero con mayor conocimiento del sistema.

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narrativas de una abrumadora libertad de elección, en este contexto las limita-ciones sociales de un historial de bajos ingresos o mal historial de crédito, no dejan otra opción que el crédito de alto costo. De esta forma, la libertad de elección es exigua ante la carga de responsabilidades contraídas a cambio.

El enfoque “psicológico” de la Educación Financiera, expresado en los contenidos educativos de SBIF y SERNAC, y los cursos en línea de Educación Financiera, enfatiza cómo los hábitos, las preferencias y el carác-ter impactan la manera en que las personas manejan su dinero. La suposi-ción habitual aquí es que es necesario entregar a las personas las herra-mientas y el conocimiento para ayudar a informar sus decisiones económi-cas, hábitos y estrategias personales con el fin de ser un “consumidor crítico, responsable y eficiente” (Denegri et al., 2014; Fundación Capital, 2015). La gratificación a corto plazo parece sensata a los individuos en la medida en que el crédito está más disponible que antes y no hay “gratifica-ción” en el ahorro formal, porque el interés pagado es considerablemente menor, y algunas cuentas incluso cobran una tarifa.

Tabla 1

Resumen de las prescripciones de la Educación Financiera y de las racionalidades financieras de los hogares

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La historia de la deuda reciente en los hogares chilenos es desa-rrollada a partir de las últimas dos décadas, cuando los jefes de familia percibieron un aumento masivo en el acceso al crédito con distintas narrativas. Sus descripciones de la expansión crediticia se construyen a partir de las experiencias de quienes ya eran jefes de familia, de quienes trabajaban o aún trabajan en empleos vinculados al crédito, y de quie-nes, como adolescentes, prestaban atención a la forma en que sus pa-dres tomaban decisiones sobre el presupuesto familiar. En esas narrati-vas, hubo un antes, donde la norma era aceptar lo que solamente un ingreso podría comprar. El ahora, aunque la vida material “es mejor”, también viene con más riesgos y sanciones, debido al endeudamiento.Las aspiraciones materiales de las familias se han ido homogeneizando a pesar de que la distribución del ingreso es cada vez más desigual. En este contexto, la educación financiera es necesaria para que las perso-nas internalicen la norma neoliberal de organizar a la sociedad chilena respecto a la forma de llegar a dichas aspiraciones a través de la deuda, y no queden excluidas.

El mecanismo concreto para el cambio en la normatividad de la deuda es paradojalmente la del empoderamiento. Así, actores financieramente ra-cionales, que se endeudan “razonable y saludablemente” son sujetos que tienen la capacidad de la responsabilidad de su propio destino. El crédito y la deuda son herramientas públicas para que sujetos marginados o no, se sientan empoderados económicamente, al menos durante algún momento de su ciclo de endeudamiento. Ya sea para mejorar sus condiciones materia-les, para realizar pequeños emprendimientos, para estudiar, para mejorar la apariencia personal o del hogar, o para comprar un lugar para vivir, la deuda se presenta como la única opción. El crédito es visto como una herramienta de integración social a lo que se percibe como sociedad de consumo. Por ejemplo, mujer, vendedora de tienda, 54, asevera que el “sistema” social actual está hecho para vivir con crédito.

El sistema te pide vivir con crédito, yo lo veo a diario aquí en la tienda. Por ejemplo, antes salir de vacaciones era un lujo, pero ahora ir a Brasil de vacaciones se puede hacer, pero en cuotas. La gente como que se ve obligada a hacerlo, como si eso fuera la necesidad. Así es el sistema”.

El sistema sería una mezcla de exigencias sociales y la oferta de una vida mejor basada en cosas que “antes” eran una especie de lujo, como pasar unas vacaciones en Brasil, pero “ahora” son como una imposición social. Con otros matices, mujer, ejecutiva inmobiliaria, 50, comenzó a tener crédito cuando tenía 20 años. Le ofrecieron una tarjeta de crédito en la universidad y siempre se ha mantenido como usuaria del crédito para no estar al margen.

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por-que no se puede estar afuera de eso [el crédito], si quieres tener auto, casa, educación, cosas… cómo se vive ahora”.

Para ella, el crédito es inevitable y ayuda a dar forma a nuestras vidas.

Discusión

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Por otro lado, es evidente que materialmente, endeudarse es el resul-tado de la precariedad y la ausencia de redes de seguridad social. El vínculo del crédito con esta suerte de disimulo de la pobreza es muy distinto al sujeto endeudado que usa el crédito para contrarrestar su posible pérdida de estatus. La obligación de endeudarse es insoslayable para buena parte de los sujetos neoliberales en Chile. La obligación de pagar la deuda es mate-rial antes que moral, puesto que la solvencia crediticia es necesaria para mante-ner el acceso regular y sin problemas al crédito. Los deudores adoptan las reglas del crédito, intentan adaptarse a ellas, pero están conscientes de que dichas reglas no están destinadas a cuidar sus propios intereses.

La idea de una la deuda como un dispositivo de control social es antigua y precedente al advenimiento del neoliberalismo. Podemos encon-trarla en los albores de la revolución industrial (Gerber, 2014) y más concre-tamente a propósito del New Deal estadounidense, postulando que aque-llos trabajadores que deben pagar una hipotecar serían menos proclives a ejercer el derecho a huelga, y en base a aquello, entre otras cosas, se incentivó la adquisición de casas por medio de hipotecas, como un requisito sine qua non del Sueño Americano (Cohen, 2002). También en Chile, se ha teorizado en torno a aquello, un par de décadas atrás, principalmente a partir del análisis crítico de la modernización chilena, en particular, de la instalación de la llamada sociedad de consumo. La ciudadanía crediticia (Moulián, 1997, 1998) implica la subordinación de cualquier pulsión conflictiva del trabaja-dor promedio a la continuidad de su acceso al crédito, y a través de él, a un nivel de consumo inédito tanto individual como colectivamente. Esta medi-da de sujeción significaba la marginación voluntaria de cualquier acción laboral conflictiva y también la voluntaria aceptación de condiciones labo-rales injustas, con la perspectiva de mantener o aumentar la capacidad de acceso al crédito que entrega el trabajo asalariado. A esto debemos sumar las narrativas políticas de ascenso social individual y de desprestigio de la acción política colectiva.

El crédito también aparece como un dispositivo de la “seguridad social” en términos que ayuda a proveer bienes y servicios que el Estado ya no provee o son de difícil acceso, como educación, salud, vivienda. El crédito se transforma en un activo que algunas familias usan en tanto está presente en la estructura de oportunidades; sin embargo, a la vez que es un activo puede ser también una amenaza en el sentido que el crédito genera endeudamiento, y por otra parte contribuye a darle un nuevo rostro, tal vez una nueva estética, en lo que se ha denominado la “pobreza equipada” (FSP, 2010). En este caso, se podría constatar que las habilidades financie-ras podrían estar presente de manera instrumental y en continua negocia-ción con los propios saberes y marcos de significados de las familias. El crédito está vinculado a distintos niveles de las nuevas caras de la pobreza.

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constante y “racional” de la deuda. Es lo que ha sido bautizado como “en-deudamiento” saludable. La forma particular de acumulación capitalista que cimentó en el neoliberalismo chileno tiene la siguiente lógica: ciertamente, si la educación financiera se orientara a prescribir el no uso de la deuda y, digamos, el uso del ahorro habría un desequilibrio económico y de poder entre deudores y acreedores. Considerando que el sector de las grandes cadenas minoristas son los grandes proveedores de crédito, que el mismo sector ya depende en más de un 50 por ciento de su ala financiera para generar utilidades, y que dicho sector es un gran empleador, provocaría a lo menos una crisis súbita o paulatinamente, si los deudores -actuales o en potencia- “aprendieran” a ahorrar y dejaran de endeudarse. Menos utilida-des, menos empleo. En ese contexto, la propuesta de la educación financie-ra es “aprender” a endeudarse “saludablemente”.

El concepto de gubernamentalidad con énfasis en la responsabili-dad individual y en la autogestión de estos consumidores financieramente competentes, se transforma en una visión que hace descansar el bienestar social sobre el bienestar de los mercados y la capacidad de optar y ser responsables de los consumidores. Los individuos deben ser cautos antes el riesgo, pero también atentos a las oportunidades que presentan los mer-cados. El crédito es el mejor ejemplo de cómo los individuos deben apren-der a manejar las nociones de riesgo y oportunidad. Si en algún momento se conceptualizó la adquisición de bienes desde un punto de vista simbólico y social, es decir, efectos de comprarse un auto o una casa sobre nuestra “autopercepción social”, ahora se ha agregado la visión de activos lo que requiere un involucramiento financieramente más reflexivo de parte de los consumidores.

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La economía de la deuda duplica al trabajo, en el sentido que impone un trabajo en sí mismo, al producir valor y subjetividad, al mismo tiempo. Además, el endeudamiento ubica a los sujetos no sólo bajo un control subjetivo, sino que también material. La comentada inclusión financiera es intrínsecamente una forma de incrementar el acceso a un bienestar en base a deudas, de manera opuesta a la concesión de derechos sociales. Así las cosas, no parece casual que el Estado neoliberal chileno se esforzara en orientar el sistema educacional bajo el principio del derecho a escoger, posteriormente, del derecho a “pagar por escoger”, en el caso de la educa-ción primaria y secundaria, y finalmente, en el derecho a endeudarse para estudiar, en el caso de la educación superior. En la misma línea la promesa neoliberal de que todos seríamos propietarios, accionistas y emprendedo-res, recogida en los discursos fundacionales y programáticos tanto de Pinochet como de Thatcher, se transformó en la ‘fábrica del hombre endeu-dado’ parafraseando al mismo Lazzarato (2012). Últimamente, es coherente que diversas agencias estatales, incluyendo el Banco Central, unan esfuer-zos para implementar una estrategia unificada de Educación Financiera.

Marron (2014) enfatiza el rol de la educación financiera en la produc-ción de sujetos responsables, cautos, calculadores y reflexivos respecto a sus asuntos financieros cotidianos. Apunta al aprendizaje del manejo fi-nanciero como una herramienta clave de los gobiernos para de hecho go-bernar las conductas de sus ciudadanos. Esta gubernamentalidad (Foucault, 2005) se basa en la capacidad de los individuos de aprender a tomar riesgos y asumir responsabilidades individuales en ello. Igualmente, bajo este su-puesto funciona el paradigma de la economía neoclásica que alimenta teó-ricamente las distintas implementaciones del neoliberalismo. A su vez, este paradigma es subsidiario de los programas de educación financiera los cuales usualmente descansa en el conocimiento experto de los agentes estatales y técnicos, y desplazan el conocimiento práctico que los jefes y jefas de hogar han acumulado en su rol de planificadores domésticos.No obstante, apartándose de la gubermentalidad, Marron propone la idea de virtualismo, concebido como el poder de las ciencias económicas de modelar y poner en la agenda social a las habilidades financieras; por ejemplo, para ajustar al consumidor ‘real’ a los modelos abstractos de la economía neoclásica, gracias precisamente a los pro-gramas de educación financiera (Miller, 2001).

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La individuación como contenido de la subjetividad neoliberal en la sociedad chilena se ha desplegado en varias dimensiones. Un primer rasgo es la visión subyacente en las políticas públicas bajo el supuesto de acto-res atomizados que esparcen bienestar al mismo tiempo que buscan su propio interés. Un segundo rasgo es la pérdida de centralidad de la acción colectiva, ya sean a través de sindicatos, partidos políticos o movimientos sociales. Un tercer rasgo sería la hegemonía de proyectos identitarios indi-viduales a nivel micro, esto es, la pérdida de relevancia relativa de las ocu-paciones y la clase como referencias, y el surgimiento de los estilos de vida y los procesos de movilidad individual. Más de 30 años han pasado desde que los procesos de individualización (Beck, 2000) y de decaimiento de la cohesión social se iniciaron en la sociedad chilena (Moulián, 1997). Traba-jadores del comercio y similares experimentan su vida laboral de manera muy distinta a la clase obrera del siglo XX. Anonimato, rotación, dificultad de establecer vínculos sociales con sus compañeros de trabajo. En ese caso, la cohesión social sería un residuo de relaciones individuales (Schiefer yvan der Noll, 2017), y su énfasis estaría más en la aceptación del orden social que en los diversos grados de conflictividad latente y expreso a la hora de evaluar la relación entre un esfuerzo y su recompensa social. La alienación está presente, pero usualmente no hay radicalización, porque junto con la individualización, no hay interés por la sociedad, por lo poco que les ofrece (Dahrendorf, 1990).

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despojó de cualquier rol relevante en el progreso social, en la lucha contra la pobreza o en la optimización de la distribución del ingreso y del poder. Esto minimizó el margen de acción del Estado no sólo en la esfera producti-va, sino que también lo privó de su rol mediador entre sociedad y sistema político (Garretón, 2012). Aún más, la sociedad se volvió segregada y segmentada en zonas con poca comunicación.

Sin embargo, es posible replantear la pregunta por la acción colecti-va, desde otra perspectiva. Por ejemplo, la visión misma del mercado autorregulado se mantiene como un espejismo en el capitalismo chileno, caracterizado por acciones de cartel y oligopolios; son precisamente dichas características de capitalismo jerárquico (Schenider, 2013) las que, al salir a la opinión pública, han motivado, por ejemplo, las demandas que se han “colectivizado” a través de Sernac, llegando a más de 11,000 personas. Actores como la ODECUS y CONADECUS -organizaciones de consumido-res- han ingresado al consejo consultivo dela organización gremial Retail Financiero.En otro plano, el sitio web www.reclamos.cl goza de gran masividad, complejidad y dinamismo. Permite también vigilar a los vigilan-tes, puesto que registra una cantidad no menor de reclamos contra el Servi-cio NaServi-cional del Consumidor. Son instancias donde además se intercambian conocimientos, puntos de vista y también se transforma lo individual en algo colectivo, cuando se identifican problemas y urgencias comunes. Hay otros hechos más anecdóticos tales como demostraciones callejeras, como las protestas iniciales contra el funcionamiento del Transantiago, y el boi-cot de productos, para el caso de la colusión de empresas fabricantes de papel higiénico. También desde los comportamientos económicos se pue-den observar prácticas de consumo sustentable y de economía solidaria, que requieren un cierto grado de organización y pueden desembocar en un nivel de movilización. Sin duda, destaca el “movimiento” No+AFP, que apunta a cambiar del sistema de pensiones de capitalización individual, y sus características descentralizadas y de alta convocatoria pública. Deville (2016) plantea que al mezclar la política y las formas de cálculo de mercado surgen las debtor publics, es decir, la deuda privada de los hogares se hace algo público No pretende mirarlos como un emergente movimiento social, sino que más bien como un ente colectivo que, al tratar de enfrentar a organizaciones poderosas, elabora formas organizacionales potencialmen-te desafianpotencialmen-tes.

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En otros casos, el Estado y las empresas apuntan a desdibujar lo colectivo, como con la educación financiera destinada a enfatizar la respon-sabilidad individual de los consumidores financieros, así como en su mo-mento se apuntó a separar los buenos de los malos deudores habitacionales.Para el caso concreto de los deudores hipotecarios, buscar una intervención estatal, como una forma de politizar la deuda, puede con-tradictoriamente afectar la subjetividad de los individuos, quienes han asu-mido una identidad más autónoma, autovalente y movilidad social... Esas formas de acción colectiva chocan con el discurso de “gente de trabajo” o

strugglers. Esto puede explicar el éxito limitado de los deudores hipoteca-rios en Chile: entre la articulación de sujetos reclamando la vivienda como un derecho -cuestionando el neoliberalismo- y sujetos que aparecen como fallidos sujetos financieros y pobres pidiendo ayuda (Sabaté, 2016).

Chile es uno de los pocos lugares donde “el retail” (tiendas por departamento, supermercados, etc.) hace sentido como espacio social y económico. Sus empleados -que trabajan, consumen, y se endeudan con el mismo ente- forman parte de un proletariado postindustrial que no tiene la visibilidad de otros grupos más organizados y con mayor capital social, cultural o económico. Debido a lo anterior, suele quedar fuera del alcance académico y con serios problemas para constituir su identidad al carecer de referencias (Barozet yEspinoza 2016). Junto a ellos, conviven otros grupos de trabajadores como los de call centers o de comida rápida, y pequeños emprendedores, entre otros, que viven una creciente precarización de sus condiciones de trabajo, llegando incluso a ser ‘trabajadores pobres’, debi-do a sus paupérrimas situaciones, o que también entran y salen de la pobre-za. Muchos de ellos se sienten parte de una ‘clase’ de esfuerzo, donde el discurso de la movilidad individual superó largamente a la lucha de clases (Castillo, 2009); en general, son ex pobres y aspirantes a la clase media o son parte de sus sectores bajos3. Una sección importante de la subjetividad

neoliberal se trata de negociar las identidades de clase y la relación con la pobreza, a través de narrativas construidas en base ya no a categorías ocupacionales, sino que las diferencias que se extraen a partir de uso de la deuda y a condiciones materiales en base a ella.

Vastos grupos de la sociedad chilena carecen de la educación y credenciales para considerarlos grandes inversores en capital humano4. No

obstante, la masificación de la educación superior en la última década -aumento de un 75 por ciento de la matrícula desde 2005- da cuenta de la normalización de la instrumentalización de la educación como un medio para la satisfacción de aspiraciones. No parece casual que en el 60 por ciento de los casos dicha aspiración deba actualizarse a través de la deuda. Para aquellos que por edad o por su margen de acción no pudieron adscri-birse a la exigencia de capital humano, existen otras instancias de sujeción y control que pueden yuxtaponerse: educación financiera, endeudamiento por consumo ordinario, emprendimientos de baja calificación por falta de oportunidades en el mercado laboral formal.

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asumir indeleblemente su existencia con el único recurso a mano del crédito o estar condenado a la miseria. Postulamos aquí que tanto la normatividad de las aspiraciones en su acepción más mínima, como el medio para conse-guirlas, son ofrecidos como un ‘mal obligatoriamente necesario’ por el en-tramado neoliberal e incorporados a la subjetividad de aquellos quienes lidian con el crédito en su vida diaria, en la búsqueda una ‘vida decente’. La deuda conecta la dimensión sistémica del capitalismo contemporáneo con las prácticas de la vida diaria, en tanto dispositivo de control y captura. La obligación de pagar involucra la necesidad de neutralizar y auto controlar alternativas a la financiarización.

Agradecimientos

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Notas

1 Fuente: talleres Fosis, cursos en línea para profesores del Sernac, talleres y material

visual SBIF, material de divulgación del Banco Central, entrevistas con encargados de Educación Financiera de agencias estatales

2 Fuente: entrevistas con jefes y jefas de hogar.

1 De acuerdo a distintas discusiones, es un grupo que bien podría ser considerado parte

del precariado típico del capitalismo financiero (Standing, 2011) o de la ‘nueva’ clase media.

2 No obstante, se señala que ya en los 1990s, cambios culturales asociados a la

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