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El reto del multiculturalismo - una mirada desde la democracia deliberativa para los afrocolombianos

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Academic year: 2020

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(1)UNIVERSIDAD DE LO S ANDES FACULTAD DE C IENCIAS SOC IALES DEPARTAMENTO DE C IENCIA PO LÍTICA. TESIS DE MAES TRÍA EN CIENCIA PO LÍTIC A EL RETO DEL M ULTICULTURALISMO : UNA M IRADA DESDE LA DEMO CRAC IA DELIB ERATIVA PARA LO S AFROCO LO MBIANO S. Por: Sandra Ximena Martínez Rosas. Director: Gabr iel Murillo Castaño Lectores: Gary Ho skin y Lariza Pizano. Bo gotá, enero de 2008.

(2) TABLA D E CONTEN IDO. INTRO DUCCIÓ N……………………………………………………………………...2 C APÍTULO I: La Dem ocracia Deliberativa.………………………………………….12 1.1 El significado de la dem ocracia deliberativa……………………………………….13 1.2 La democracia deliberativa en el contexto de la democracia m oderna ……………17 1.3 La economía del desacuerdo moral ………………………………………………..22 1.4 El lugar de la democracia deliberativa en el m ulticult uralismo ……………………24 C APÍTULO II: El Reto del Multicult uralismo ………………………………………..28 2.1 Un n uevo contexto para el m ulticulturalism o………………………………………29 2.2 Planteam ientos generales del m ulticult uralismo …………………………………...30 2.3 El multiculturalismo en Co lombia………………………………………………….36 2.4 El recono cim iento a la diver sidad desde un marco ………………………………...38 de cambio constitucional y norm ativo C APÍTULO III: Lo s Afro colombiano s a partir de la…………………………………41 Constitución Política de 1991. 3.1 Contexto gen eral……………………………………………………………………43 3.2 El proceso or gan izativo de las comunidades negras……………………………….46 y la coyuntur a de la Asam blea Nacional Constituyente, ANC, de 1991. 3.3 Ley 70 de 1993, marco norm ativo vigente para los afrocolom bianos……………...54 C APITULO IV: Límites y Alcances de la Democracia Deliber ativa………………...57 para responder al reto del M ulticult uralism o en el caso de los Afrocolom biano s: Consideraciones Estratégicas. 4.1 Los límites de la dem ocracia deliber ativa en contextos multicultur ales…………...58 4.2 Los alcan ces de la democracia deliber ativa en contextos m ulticulturales…………64 4.3 Retos de la democracia deliberativa en contextos m ulticulturales…………………67 4.4 Consider aciones estratégicas……………………………………………………….68 CO NCLUSIO NES …………………………………………………………………….74 BIBLIO GRAFÍA……………………………………………………………………...79. 1.

(3) IN TROD UCC IÓN “Los historiadores de las ideas algún día consignarán que la noción de la diferen cia ha sido la más difícil de digerir por la inteligencia histórica de la humanidad. Todos los d ebates sobre la Nación influyente reposan, en último análisis, en la constatación, acepta ción y asunción de la diferencia como 1 base de la diversidad .. El m ayor avance en m ateria de reconocimiento de la pluralidad étnica y cultural en Colom bia se en cuentra con signado en la Constitución Política de 1991 en donde, formalmente, el Estado admite la necesidad de proteger la diver sidad y respetar la dignidad hum ana como factores constitutivos de la n ación. Estos progreso s surgieron no sólo como resultado de los justos reclam os de los p ueblos minoritario s, sino tam bién como parte de una tendencia m undial enfo cada en con siderar el m ulticultur alism o como pilar de integración social y convivencia p acíf ica, rech azando lo s anterior es modelo s de 2. Estados-n ación unitario s y hom ogéneos . La nación colom bian a es pro ducto del más variado m estizaje caracterizado por la interacción entre diver sas cult uras y tradiciones. En ese contexto, es posible dif erenciar del resto de la población nacional a tres gr upos étnicamente minoritarios: los pueblo s in dígen as, las po blaciones afrocolom bianas (incluidas las comun idades r aizales de San An drés y Providencia y la comunidad de San Basilio de Palen que, en el departam ento de Bolívar) y el p ueblo rom o gitano 3.. Los avances en la h istoria política del país p ueden contemplarse a través del concepto 4. del m ulticult uralism o , puesto que el mismo abor da, de manera clara y or denada, los retos que imponen la un iver salización de la democracia y la econom ía liber al dentro de un p anorama que cult ural y étnicamente es diverso. Estos avances se ref lejan en el amplio compen dio de der echo s sociales y políticos establecido s en la antes ref erida Constitución Política de 1991, entre los que se encuentran la afirmación de la 1. OLAYIBI Yai: Religión y Nación Multicultural , un paradigma del Áfri ca Precolonial. En: Utopía para los Excluidos. AROCHA, Jai me (Co mpilador). Colección CES Universidad Nacion al. Bogotá, 2004. Página 79. 2 KYMLICKA Will. Multiculturalis mo. Dossier. En: Revista Diálogo Político. Publicación trimestral de la Fund ación Konrad Ad enauer Sti ftung. Buenos Aires , Año XXIVno . 2 , junio, 2007. Página 11. 3 DANE. Colo mbia: un a nación multicultural. Su diversidad étnica. Depart amento Administrativo Nacional de Estadísticas . Dirección de Censos y Demografía. Mayo 2007. Página 17. www.dane.gov.co. Docu mento recuperado el 13 de s eptiemb re, 2007. 4 El capítulo II de esta tesis expone con mayor det enimiento algunos de los planteami entos más relev antes acerca del con cepto d el multiculturalis mo .. 2.

(4) 5. m ulticulturalidad y plurietnicidad de la nación . Lo anterior demuestra el difícil reto que afronta Colombia p ara poder llegar a reconocer la diversidad étnica y cultural como base p ara la igualdad de lo s colom biano s: “hay un derecho étnico que sur gió con la 6. Constitución : el derecho a la intercultur alidad sin exclusiones, sin racism o” .. Así p ues, es in evitable o bservar más detenidam ente el contexto en que viven las m inorías étnicas en Colom bia y, particularmente, los afroco lom bianos, puesto que se evidencia una contradicción entre lo formalmente estipulado frente al tema y lo que en la realidad ha ven ido sucediendo con este grupo étnico. Esta dualidad se hace m ás clara cuan do es analizada a través del conflicto armado, la agudización de la violencia, la pobreza, la m arginalidad y la débil representación po lítica, entre otros asp ectos, en los que se encuentran sumidos los afrocolom bianos com o gr upo m inoritario del país: “es así como en la situación particular de Colom bia, las com unidades negr as con stituyen uno de lo s sectores en con diciones de m ás alto riesgo, y en las que sus derechos fundamentales, político s, sociales, económicos y cultur ales son m ás vulner ados im punem ente”7.. De acuer do a los datos presentados en el Cen so que desarrolló el Departam ento Administrativo Nacional de Estadística, DANE, en el año 2005, lo s afrocolombianos 8. componen aproximadam ente el 10.6% de la po blación nacional . Sin embar go, esta cifra todavía no permite establecer con exactitud el porcentaje real de po blación afrocolom biana. La incertidum bre de las cifr as m ism as se traduce en la existencia de cierto grado de desconocim iento y am bigüedad frente al comprom iso que adquirió el país de reconocer y valor ar las m últiples etnias y cult uras existentes: “el tem a de la falta de datos e in dicadores sobre lo s afrocolom biano s tiene gran importancia en la medida en que cada vez es más evidente la r elación entre raza y po breza, asunto en el que se 5. AGUDELO, Carlos E frén. La Constitución de 1991 y la Inclusión Ambigua de las Poblaciones N egras. EN: Utopía para los Excluidos. AROCHA, Jai me (Co mpilado r). Colección CES Universidad Nacional. Bogotá, 2004. Página 180. 6 MO SQUE RA, Ju an de Dios. Pas ado, presente y futuro de los A frocolo mbianos visto por CIMARRON . En: Actualidad Étnica. Etnias de Colo mbi a. Bogotá, octubre 04, 2007. http://etniasdecolo mbia.o rg/actu alidadetnica/actualidad/d etalle.asp?cid=6005. Do cumento recuperado el 10 de o ctubre, 2007 7 CASTRO, Rudensindo . Etnia, Cultura, Territorio y Conflicto A rmado en el Pací fico Colo mbiano . En: Utopía para los excluidos. A RO CHA , Jai me (Co mpilador). CES, Universid ad Nacion al. Bogotá, 2004. Pág. 378. 8 Según el DANE el total de la población colo mbiana es 41 ´468.384 habitant es; de ellos 4´311.757 corresponden a población afro colo mbiana. Ver: www .dan e.gov.co In formación recuperada el 13 de septiembre, 2007.. 3.

(5) cruzan la lucha contra el racismo, la discrim inación racial y la vigen cia p lena, entre otros, de los derechos económ ico s, so ciales y cultur ales”9. Aunado a lo anterior, la complicada situación de la po blación afro colombiana se confirm a en el hecho de que “las tasas de analfabetismo y de m ortalidad infantil entre lo s afroco lom bianos son tres veces más altas que las del resto de la población. El 76% vive en la extrem a po breza y el 42% no tiene em pleo, y el sistem a educativo repro duce eficazmente sem ejantes 10. desigualdades: só lo dos de cien jóvenes afro llegan a la universidad” . Pero estas condiciones adv ersas no son los único s factores por los que buena parte de los derecho s establecidos en la Constitución no han po dido aplicar se en la vida cotidiana de estas personas, ni ha podido traducirse en ben eficios con cretos para este gr upo cultur al y étnicam ente m inoritario. Existe otra serie de factores que h acen que los intentos por avanzar en el reconocim iento de la diversidad de lo s afrocolombianos tiendan. a quedar se estancado s en. manifestaciones. artísticas o. estereotipos. preestablecidos que evitan, a su vez, lo grar ver dadero s avances en el campo de su desarrollo político: “la ambigüedad entre discr iminación racial e integración ciudadana en que han vivido las po blaciones negras, tampoco facilita la construcción política de un actor social y político étnico que involucre porciones m ás significativas de estas poblacion es a p artir de sus reivin dicaciones” (Agudelo, 2004: 196). Por lo tanto, es pertinente observ ar cóm o ha tratado de respon der el país, a partir de la Con stitución de 1991, al reto del m ulticulturalismo con relación a la población afroco lom biana. Esto teniendo en cuenta, por un lado, la igualdad inher ente de todo s lo s ciudadanos y, por otro, la compleja sit uación de mar gin alización y discr im inación en que históricam ente ha vivido este gr upo.. Es pr eciso r econocer que Colom bia todav ía se encuentra en un proceso de transición de un tipo de nación y régimen político a otro nuevo. Por tal razón se debe tener en cuenta que lo s avances con stitucionales sobre este tem a deben contrastarse con la realidad puesto que “la diver sidad étnica (realidad) y el reconocim iento (constitucional) son dos. 9. DANE. Propuest a de Inciden cia p ara la Autoafirmación de los A frocolombianos en el Censo General 2005. Bogotá – Colo mbia. http://www.dane.gov.co/dane_censo/noticiasprensa/ab ril/27.ht m In fo rmación recup erad a el 13 de septiembre, 2007. 10 Esta afirmación la h ace César Rodríguez, Director d el Centro de Investigaciones Sociojurídicas , CIJUS, basado en los datos que man eja la Co misión Interamericana de D erechos Humanos , CIDH. Ver: Miradas a la Dis criminación Racial. En: Nota Uniandina, Bogotá, Septiembre 2007 . Págin as 46-48 .. 4.

(6) 11. entidades distintas, cuya interacción produce dinámicas sociopo líticas particulares” . Estas dinám icas generan cam bios que se pro ducen no sólo para las poblaciones m inoritarias sino para Colombia, com o un todo, en la búsqueda por un a dem ocracia que dé cabida a la diversidad en la igualdad. Este com plejo proceso se h a desarrollado, con cierta gr adualidad, en los ám bitos político, económico, social y cultural aun que, en algunos de ellos, se pueden observar m ás avances que en otros. Del mismo modo, este hecho que no es exclusivo del p aís p uesto que, gracias a los cambios constitucionales de finales de 1980 y principios de 1990 en Am érica Latina y el Caribe, “gr upos organ izados de afrolatinoam ericanos y afrocar ibeño s se han venido apropian do de la m em oria histórica como vehículo de r eivin dicación política y de ciudadanía inclusiva en 12. el ám bito de los r emozados Estado s plur iétnicos y m ulticult urales” . Estas organ izaciones buscan ir m ás allá de los esf uerzo s que se mueven en la esfera de lo simbó lico o lo cultur al ( que tienen además el peligro de term inar corro borando estereotipos), para alcanzar una m ayor equidad, mejora en lo s in dicadores de salud, alfabetización y trabajo y, finalmente, tener acceso al poder político.. Dentro de este contexto y en Colom bia surge, en 1982, el Movimiento Cimarrón, que trabaja por la unidad étnica y política de los afrocolombiano s y, en 1993, el Proceso de Comunidades Negr as, o P CN, como un a r ed de or ganizaciones afrocolom bianas articuladas en torno a la defensa de los derechos étnico s, territoriales y cultur ales. Éstos constituyen los dos grandes n úcleos de aglutinamiento de carácter nacional para la población afrocolom biana13. Estos núcleos y los cam pos de acción unif icados que han tratado de establecer, perm iten considerar algunas alternativas r eales p ara lo grar una congr uencia entre lo que, form alm ente, se espera alcanzar con los pr incipios constitucionales y lo que, en realidad, se ha con seguido. Sin em bar go, reconocer y valorar la diver sidad étnica no es una tarea que se debe adelantar sólo dentro de las organ izaciones afro, sino que también, de forma transver sal, debe realizar se en to do el conjunto de la sociedad colom biana, las in stituciones po líticas, la academ ia y la economía, entre otras ár eas. 11. ZA MBRANO, Carlos Vladimir. La Nación en Transición. Dinámi cas Sociopolíticas de la Diversidad . En: Utopía para los Excluidos. A RO CHA , Jai me (Co mpilador). Colección CES Universidad Nacional. Bogotá, 2004 Página 234. 12 MO SQUE RA , Rosero-Labbé. Claudia. Afro colo mbianos: años sin cuenta. En: Uni medios . Periódico Universidad Nacional . No . 66. Bogotá – Colombia. Noviembre 14 , 2004. http://unperiodico.unal.edu.co/edi ciones/66/10.htm . Do cumento recup erado el 27 d e o ctubre, 2005. 13 RESTREPO Hemera, Olga Luz. Los A frocolombianos en Colombia. Ver: www.etniasdecolombiar.org .co. Artículo recuperado el 10 de octubre, 2007.. 5.

(7) El presente trabajo propone abordar el reconocim iento y la valor ación de la pluralidad, es decir, el reto del m ulticulturalismo, desde el ámbito de la d emocracia d elib era tiva puesto que se constituye como un recur so fun dam ental para aten uar los pro blemas que surgen por la falta de po líticas y m ecanism os claro s en torno al m ulticulturalism o en un contexto dem ocrático. Así p ues, gracias a la interdep endencia entre los planteamientos de estos dos con ceptos en torno a cómo armonizar lo s prin cipios de igualdad con los de diversidad, se busca analizar la pertinen cia de una aproximación deliber ativa de la democracia p ara abordar lo s requerim ientos n ecesar ios a fin de transform ar el or den social y político existente.. Éste, recor dém oslo, se caracterizaba hasta hace. relativam ente poco por la búsqueda de una hom ogenización en la formación de los Estados-n ación moderno s. No obstante, en la actualidad se encuentra definido por la 14. búsqueda de opcion es para asegurar el recono cimiento y la v aloración de la diferen cia . De igual manera, debem os tener presente que acercar se a la dem ocracia en su carácter deliberativo implica buscar una nueva forma de entender los procesos dem ocrático s y los pr incipios f un damentado s constitucionalm ente. Como lo afirma el filósofo político italiano Fran cesco Viola: “en el fon do lo que se analiza es la relación entre dem ocracia, 15. verdad y justicia” .. Al ser la dem ocracia deliberativa el eje central de este trabajo, es necesario precisar con m ayor detalle su sign ificado. Ésta p uede definirse de diversas formas, sin embargo, los elementos conceptuales com un es incluyen en su parte democrática la toma colectiva de decisiones con la participación de todo s lo s que han de ser afectado s por la decisión o sus representantes p ara hallar el bien común y, en su parte deliberativa, la tom a de decisiones por medio de ar gumentos ofrecidos por y para lo s participantes 16. comprom etidos con la racionalidad e im parcialidad . Así pues, una forma de definir la democracia deliberativa es como un pro ceso de diá logo público en el qu e cua l las personas pa rticipan en la búsqueda del b ienesta r colectivo. Pero, además, una de las características f undamentales de la dem ocracia deliberativa es la necesidad de ju stificar por medio de razones las decisiones que tom an tanto los ciudadano s como sus 14. TOU RAINE , Alain. Igualdad y Div ersidad . Las Nuevas Tareas d e la Democracia. México: Fondo d e Cultura Econó mica, 1998. Página 41. 15 VIOLA , Fran cisco. La d emocraci a deliberativa entre constitucionalis mo y multiculturalismo. Instituto de Investigaciones Jurídicas . Serie Ensayos Ju rídicos no. 29. Universidad Nacional Autóno ma de México. Méxi co, 2006. Página 1. http://bibliojuiridica.org/libros/5/2320/2.pdf. Docu mento recup erado el 10 de septiembre, 2007. 16 ELSTE R, Jon (Co mpilado r) La Democracia Deliberativa. Editorial G edisa. Barcelona, Esp aña. 2001 . Página 21.. 6.

(8) representantes en m edio de un sistema dem ocrático. Estas razon es no pueden ser puram ente procedim entales o ún icamente substantivas sino que deben ser “razones que puedan ser aceptadas por per sonas libres e iguales en la búsqueda de términos justos de 17. cooperación” . El f undamento moral de lo anterior se encuentra en que las per sonas no pueden ser tratadas com o agentes pasivo s. Por el contrario, deben serlo com o seres autónomos que ciertamente tienen parte en la go bern anza de su prop ia sociedad. Estas razones deben ser p úblicas en dos sentido s. Prim ero por que se gen eran en un esp acio público y segun do, porque su contenido debe ser igualmente público, es decir comprensible para to dos (Gutm ann y Thom pson, 2004: 4).. Dado lo anterior, lo s politólo gos Gabriel M urillo y Lariza Pizano explican que es necesario asegur ar un mínim o de integración so cial no violenta a través de la construcción de espacios público s don de se puedan canalizar las demandas e intercambiar diversidad de opiniones, exper iencias, creencias, valores y argumentos frente a las sit uaciones problemáticas que se viven en comunidad18. En cuanto al reconocim iento de la div ersidad, es en la convivencia y el tratamiento concreto de los problemas que se enfr entan en la cotidian idad que se p uede realm ente aplicar en la práctica lo que se dispone form alm ente en la constitución. De tal m anera, sí existe el objetivo de buscar el bienestar co lectivo en una nación m ulticultural, dicho bienestar, obligatoriam ente, debe propen der por reconocer el ámbito de lo diverso. Además, la forma de garantizar un mínimo de integración social no vio lenta debe pasar por una configuración so cial, económica, política, cultur al e in stitucion al de valor es que den cuenta de esa realidad diver sa y que motiven a las per sonas que la componen (a pesar de sus diferencias), a la construcción de un proyecto de conviv encia que garantice la libertad so br e unas bases justas de interacción.. Esta práctica democrática, com o otros planteamientos conceptuales y procedim entales en torno a la dem ocracia, no está exenta de críticas. Algunos, desde una visión simplista, señalan que sus planteam ientos se mueven más en el ám bito de lo utópico. Otros, por su parte, afirman que la deliberación no permite ejercer un a participación 17. GU TMANN, A my y THOMPSON, D eniss. Why Deliberative Democracy? Princeton University Press, 2004 . Página 3. Traducción propia. 18 MU RILL O, G abriel y PIZA NO, Lariza. Deliberación y Construcción de Ciudadaní a. Un a apuesta a l a progresión democrática a comi enzos del nu evo milenio. Bogotá: Facultad de Cienci a Política, Universidad de los Andes , Fundación Kettering, 2003. Página 38 .. 7.

(9) ciudadan a efectiva cuan do se le trata de generalizar en un ámbito en el cual la cultura cívica es aún incipiente. A su v ez, otra clase de críticas se centra en la necesidad de que las p erson as que deliberan ten gan cierto grado de cultura política y sean cap aces de negar sus propios deseo s y necesidades en pro de un bien com ún, características que pueden ser dif íciles de alcanzar en contextos caracterizados por la exclusión, discr iminación, pobreza y margin alización como en los que viven gran parte de la población afrocolom bian a.. Sin em bar go, estas críticas sur gen en medio de ámbitos en lo s que la cultur a cívica se encuentra todavía en una etapa muy primaria, lo que a su vez justifica la pertinencia de abor dar estrategias m etodoló gicas y conceptuales com o las que propone la dem ocracia deliberativa par a apoy ar, así, el avance y la consolidación de una ciudadanía empoderada, con sciente, respon sable y diver sa. A su vez, se percibe cierto grado de escepticismo político frente a la posibilidad de abor dar el r eto del m ulticulturalismo desde una p ersp ectiva deliberativa p uesto que en medio de contextos étnicam ente diversos han tenido lugar algunos de los conflictos m ás prof un dos y las mayores inequidades sociales. En ese sentido, se espera que la deliberación ayude a resolver los conflictos so bre v alores morales y principios entre gr upos mediante un uso p úblico de la razón que sea más dinám ico y p lural 19.. Para el caso de Colom bia, aun que p erviven prácticas disim uladas de discrim inación racial, lo s n iveles de confrontación y polarización no son tan prof un dos como para im pedir el uso del dialo go basado en la deliberación. No obstante, es preciso reconocer que para situaciones en las cuales los conflictos raciales o de otra ín dole han llegado a ser tan profun do s que es im posible establecer un espacio p úblico para el intercambio de razones, posiciones y justificaciones, ex isten otra ser ie de herram ientas para abordar los. Una de ellas, que también se apoy a en gran parte en lo s conceptos de la dem ocracia 20. deliberativa, es el Dialogo Sostenible (Sustained Dialogue), el cual busca ayudar a los. 19. BOHMA N, James. Pluralism, Co mplexity and Democracy . The MIT Press . Massachusetts, 2000 . Página 18. 20. Uno de los mayo res ejemplos acerca de có mo s e pueden abord ar las di feren cias y las ani mosidades d e fondo surg e de la experiencia sostenida a lo largo de varios años en la antigua república soviética de Tajikistan, en dond e, a través de diversas etap as desarrollad as a lo l argo de más de una d écada, se pudo. 8.

(10) ciudadano s a transformar las relaciones conflictivas o destructivas a través del diseño e im plementación de proceso s de cambio so stenibles. Éste es un proceso político que se dif erencia de otras aproxim aciones par a resolv er los conflictos étnicos o religioso s de fondo, p uesto que se enfoca en trasformar relaciones conflictivas, ya sean nacionales, locales, com unitarias, corporativas o universitarias, entre otras, al ofrecer una serie de cinco etapas para av anzar en el dialo go a lo lar go del tiem po antes de que se p ueda entrar a buscar unos mínimos compartidos de bienesta r común.. Centrándono s de nuevo en la situación de los afrocolombianos y a pesar de los avances en m ateria de norm atividad p ara abor dar los pro blemas que durante año s este gr upo m inoritario ha vivido (pobreza, segregación, violencia), no se ha lo grado articular un progreso sostenible, con sen suado y ben éfico p ara ello s, pero tam poco para el conjunto de la sociedad colombiana en tanto se continúa con prácticas que discrim inan y m alinterpretan la tradición cult ural de lo s afro colombiano s. Dado lo anterior, se parte de la hipótesis de que la democracia deliberativa tanto en sus planteam ientos concept uales como en su aplicación estratégica y metodológica puede ay udar a respon der efectivam ente a los n uevos retos que impone el m ulticult uralism o a la democracia para el reconocim iento de la diver sidad cultural de un grupo que ha sido sometido a la invisibilización y la discrim inación durante siglos, como es el caso de los afrocolom biano s y, también, a alcanzar acuer dos com partido s acerca de lo que se busca como el bien com ún para to dos los miem bros de la sociedad.. El proyecto de investigación: El Reto del Multiculturalism o: Una m irada desde la democracia delib era tiva pa ra los Afroco lombianos, inicialm ente parte de la siguiente pregunta: a partir de la Constitución Política de 1991, que se enm arca dentro de un. fin al mente acabar con los conflictos étnicos y religiosos. Para mayor in formación acerca de esta herrami enta se pued en ver los trabajos adel antados por H arold H, Saunders: A Public Peace Pro cess: Sustained Dialogue to Trans form Racial and Ethnic Con flicts, N ew York: St . Martin's Press, 1999; Palgrave paperback, 2001 y Politics is about Relationships: A Blueprint for the Citizens' Century , New York: Palgrav e Macmillan , 2005. Igual mente, se h an venido desarrollando procesos b asados en el Dialogo Sostenible con el objetivo de abord ar las relaciones con flictivas que surgen en torno a las tensiones raci ales en los campus universitarios. Más in fo rmación sobre este tema s e en cuentra en: Teddy Nemero ff and David Tukey , Diving In: A Handbook fo r Improving Race Relations on College Campuses through the Process of Sustained Dialogue. Washington DC: IISD, 2000 and, Sust ained Dialogue Campus Network, Facilitating a Y ear in Sust ained Dialogu e: A Guid e fo r Student Moderators. Washington, DC: IISD, 2005. www.sustaineddialogue.o rg y www.sdcampusnetwork .org . In formación recuperada el 15 de noviembre, 2007.. 9.

(11) enfoque multiculturalista de la nación, ¿cuáles h an sido los avances en la situación de los afroco lom bianos? A su vez, como parte de la prop uesta de investigación sur ge otra pregunta: ¿en qué m edida la dem ocracia deliberativa p uede fomentar el reconocimiento, la valoración y la participación ciudadana de la población afrocolom biana y a su vez fortalecer la cap acidad de respeto de la sociedad en gen eral?. El objetivo princip al de este trabajo consiste en analizar los av ances y los retos políticos, so ciales, económ icos y cult urales con r esp ecto al reconocimiento del m ulticulturalism o para los afrocolom biano s a partir de la Constitución de 1991. Pero, igualmente un o bjetivo f un dam ental para abor dar este tema es analizar la potencialidad y pertinencia que tiene la dem ocracia deliberativa com o alternativa para abordar el m ulticulturalism o desde un espacio de dialogo y consenso. Para el análisis de este tema dentro del contexto específico de Co lom bia es im portante exam inar el pro ceso de organ ización po lítica y social que h an exp erim entado las organizaciones afro dentro del cambio p aradigm ático que se generó en torno a la Constitución Política de 1991.. Así p ues, para desarrollar el presente trabajo el capítulo I abor da los conceptos fundamentales de la dem ocracia deliberativa a través de los avances teóricos que en esta m ateria han desarrollado diver sos autores. A su vez plantea algunos conceptos que perm itan establecer una relación directa entre el m ulticulturalism o y la pluralidad étnica desde la persp ectiva de la dem ocracia deliberativa. El capítulo II presenta una aproximación conceptual del m ulticulturalism o analizado a través del caso colom biano y el proceso de form ación del Estado-nación, ponien do especial énfasis en los afrocolom biano s y en su ro l en la formación del m ism o. El capítulo III abor da con m ayor detenimiento la actual situación de los afro colombiano s: condicion es de pobr eza, escolarización, acceso a salud, impacto por la vio lencia y el conf licto armado. Tam bién hace un análisis del estado de los m ovimientos sociales y de las or ganizacion es políticas afrocolom bianas esp ecíf icamente del Proceso de las Com unidades Negras, PCN y del Movimiento Cim arrón y exam ina la normatividad dirigida al r econocimiento y a la inclusión de los afro colombiano s en un marco de diver sidad y pluralidad con stitucional. Finalmente, el capítulo I V expone las lim itacion es y lo s alcances que tiene la democracia deliberativa para ay udar a respon der al reto del multicultur alismo, enfocándo se en una serie de anotaciones estratégicas y operativas par a lo gr ar un cam bio realista y efectivo en m ateria de participación y recono cimiento de derechos 10.

(12) dif erenciado s para los afroco lom bianos y, en gen eral, p ara una n ueva sociedad m ulticultural en Colom bia. En este capítulo, adem ás, se deja planteada la po sibilidad de llevar a cabo una serie de espacios diseñado s m ediante foros deliber ativos entre los afrocolom biano s y el resto de la sociedad civil par a abor dar el diseño de estrategias de solución a su situación de inequidad, pobreza, v iolen cia y segregación. Es im portante aclar ar que este trabajo de grado se enfoca en un análisis con ceptual y crítico para desarrollar unas prop uestas estratégicas que podrían ser im plementadas por los interesado s en el tem a, pero no desarrolla un estudio de campo o una aplicación directa de las mismas.. Antes de pasar al primer capítulo, es importante hacer una aclaración respecto a que gran parte del análisis e interrelación de conceptos que se elaborar á en este trabajo tiene como punto de partida una perspectiva m acro, observan do básicam ente la pro gresión democrática que ha tenido lugar en Am érica Latina en la última década. Sin embar go, el objeto fun damental de este trabajo se enfoca en un caso micro al r elacionarse dir ectamente con la situación de los afroco lombianos en el país. Frente a esto, es im portante resaltar que, ap arte de est udio s de corte etnográf ico, no se han adelantado m uchos análisis desde la per spectiva de la ciencia po lítica sobr e el av ance de la situación de los afro colombiano s en el país a partir de la Con stitución de 1991. Por esta razón, para el desarrollo de la tesis se hace necesario establecer una interrelación entre una aproxim ación general y una aplicación lo cal de los conceptos, sin que se exp licite un puente con creto de interconexión entre estas do s dimensiones.. Igualmente, es necesar io recalcar que este trabajo propone la implementación de una estrategia metodo ló gica apoyada en la dem ocracia deliberativa aunque no llega al p unto de una aplicación operacion al. Esto se debe a la necesidad de ahondar en la pertinen cia de interrelacionar los conceptos de la democracia deliberativa y el m ulticulturalismo para abor dar la situación de los afrocolom biano s y a la dif icultad de aproxim arse al establecimiento de lazo s de relación con organizaciones afrocolom bianas con la disponibilidad de tiempo, trabajo e interés para abor dar esta prop uesta en un a etapa inicial.. 11.

(13) CAPÍTULO I La Democraci a Deli berati va La d eliberación es legítima y es posible. Los individuos involucrados en los procesos d eliberativos tan sólo n ecesitan de algún margen de cr edibilidad, de con vicción y de compromiso frente al sentido de lo público para incidir éticam ente en la transformación del medio circundante. (Murillo y Pizano, 2003: 45 ). El planteamiento central de este trabajo es que desde la dem ocracia deliberativa, tanto en su ar gum entación teórica como en su dimensión práctica, se puede r esponder a los retos que impone el m ulticulturalism o frente a la compleja dualidad entre lo indiv idual y lo diver so. El presente capítulo busca an alizar estas dim en siones par a dejar sentadas unas bases que perm itan, en última in stancia, desarrollar una propuesta de trabajo con población afrocolom biana que se enmarque en la posibilidad de diseñar e implementar soluciones a los retos de la diversidad a partir del ám bito de la acción colectiva de la ciudadan ía m ulticult ural. Lo anterior r esulta m ucho m ás pertinente si se tien e en cuenta que en la actualidad gr an cantidad de países, especialmente en la región latinoamericana, se han visto marcados por “procesos de tran sformación normativos dir igidos a la am pliación de un a esfer a p ública democrática pero [ que] no han estado acom pañados de estrategias para construir un sentido social de las “metas compartidas” que prom uevan a su vez la participación política de los gobernados en los proceso s de toma de decision es que atañen a la definición de los pr incipales asuntos colectivos” (Murillo y Pizano, 2003 : 24).. En el mundo moderno, desde ámbitos tanto políticos com o no políticos, la dem ocracia ha sido exaltada como la mejor y m ás incluyente forma de gobierno. La siguiente definición planteada por el politólogo Robert Dahl proporciona un a aproximación inicial a lo que en este trabajo se entien de por dem ocracia: “la democracia ha sido concebida como un conjunto particular de in stituciones y de prácticas políticas, un cierto cuerpo de doctrinas jur ídicas, un orden económ ico y social, un sistema que asegur a el lo gro de ciertos resultados deseables o un proceso sin gular para la adopción 21. de decisiones colectivas obligatorias” . La aplicación práctica de este “cierto tipo de 21. DAHL, Robert. La Demo cracia y sus Críticos. Buenos Aires, Barcelona y México . Paidos. 1991. Página 14.. 12.

(14) doctrinas jurídicas y del or den económ ico y social” se basa en la libertad e igualdad como dos pr incipios f un damentales de la democracia22. Suby acente a lo anterior se encuentra la idea de la búsqueda de un bien común, el cual debe ser establecido, por un lado, de acuer do a uno s parám etros que observ en y respeten eso s principios fundamentales y, por otro, buscando m ecanism os par a llegar a la toma de esas decisiones co lectivas o bligatorias. Sin em bar go, es ev idente que la realidad en muchos casos contradice los sup uestos de estas bases f undamentales conv irtiendo la dem ocracia en una cuestión de grados que se determ inan de acuer do con situaciones y contextos particulares.. Dado lo anterior, es preciso preguntarse ¿cóm o se po dría definir el bien común en una sociedad multicultural si las concepcion es del mismo varían so bre la base de la diversidad de lo s interlocutores? En el fon do de esta pregunta se encuentra el hecho de que ex isten diver sas concep ciones acerca de lo que es bueno par a los in div iduos y para las colectividades. En este sentido se esper a que la democracia propenda por brindar un m arco de convivencia pacífica y armoniosa entre estas concepcion es. La dem ocracia deliberativa puede dar resp uesta a este interrogante al am pliar lo s espacios par a el ejercicio de la dem ocracia y darles un énfasis particular que se diferen cie de otras cualidades de la m ism a, com o son la dem ocracia electoral, la participativa y la representativa, entre otras.. 1.1 El significado de la democracia deliberativa: La democracia deliber ativa es una forma específica de la dem ocracia en la cual se favorece la justificación r acional de las decision es tomadas tanto por los ciudadanos como por sus repr esentantes. Carlo s Nino la def ine como la “ dim ensión epistém ica de la democracia” 23. Inicialm ente se mencionó que ésta es un proceso de dialo go público m ediante el cual se busca encontrar el bien com ún; para hallar lo, es necesar io tomar decisiones consensuadas y legitim adas m ediante el uso público de la ar gumentación. 22. Javier Saldañ a h ace esta afirmación en l a introducción al libro de Francisco Viola: La democraci a deliberativa entre constitucionalis mo y multiculturalis mo. Instituto de Investigacion es Ju rídicas. Serie Ensayos Jurídicos no . 29 . Universidad Nacional Autóno ma d e Méxi co. México 2006. Página XV. 23 NINO, Carlos Santiago. La Constitución de la Demo cracia D eliberativa. Editorial Gedisa, Barcelona, 1997. Página 209.. 13.

(15) 24. racional e im parcial. Por esta razón Amy Gutmann y Deniss Thom pson cuatro características principales de la dem ocracia. mencionan. deliberativa: prim era, el. requerim iento de dar razones; segun da, éstas deben ser accesibles par a todos los ciudadano s a lo s que están dirigidas, es decir, deben ser públicas; tercera, el proceso deliberativo debe ap untar a la pro ducción de una decisión que sea efectiva y aplicable por un cierto tiempo y cuarta, debe ser un pro ceso din ám ico, sujeto a var iaciones en las justificacion es en el transcurso del tiempo y dispuesto a revisar las decisiones que surgen del mismo. Con estas particularidades en mente se presenta la siguiente definición de dem ocracia deliberativa: “al com binar estas cuatro características se p uede definir la democracia deliberativa com o una form a de gobierno en la que ciudadanos libres e iguales (y sus repr esentantes) justifican las decisiones en un proceso en el cual se dan unos a otros razones m utuamente aceptables y generalm ente accesibles, con el propósito de llegar a conclusion es vinculantes para todos los ciudadano s en el pr esente, pero abiertas a ser cuestionadas en el fut uro” ( Gutm ann y Thom pson, 2004: 7, traducción propia).. El carácter p úblico de la deliberación es un aspecto m uy importante. En este pro ceso lo público se encuentra no sólo en la forma en que los ciudadanos deliberan sino por la clase de razones que ellos dan en la deliberación. A su vez, el car ácter público de la deliberación y de las r azones se traduce en el reconocimiento de la audiencia como ciudadano s políticam ente iguales y respon sables ( Bohman, 2000: 25-27). En este p unto es im portante señalar que si bien la ar gum entación r acional para la justificación de la toma de decisiones es fun dam ental en la deliberación, no hay que esperar que los argum entos se presenten desprovistos de cargas em ocionales, incluso en casos de pasión o vehemencia los ar gum entos que se busca defen der son los que llevan a que lo s temas que se deliberan sean de especial y particular interés para lo s participantes. La deliberación pública, en efecto, puede estar m arcada por la pasión política tanto como por la racion alidad en la m edida en que el proceso deliberativo esté encam inado no a construir ver dades teóricas sino comunidades humanas ( Viola, 2006: 56). I gualmente, se po dría creer que para ar gum entar pública y r acion alm ente es necesario tener cierto 24. El libro W hy Deliberative Democracy? res eña los avances en el tema que estos autores h an desarrollado luego de la publicación de un pri mer libro sob re el mis mo asunto llamado: Democracy and Disagreement: Why mo ral con flict cannot b e avoided in politics, and what should be done about it. Harvard University Press . 1996.. 14.

(16) nivel de form ación y conocimientos. Sin embargo, en una deliberación no es necesario ser un experto so bre el tema. Los participantes en la deliberación son legítim am ente los adecuado s en la medida en que act úan com o ciudadanos invo lucrado s (stake- holders), compartiendo un sentido com ún de lo público y buscan do incidir respon sable y constructivam ente en la tran sformación del medio circun dante (M urillo y Pizano, 2004: 45).. Otras de las car acterísticas de la deliberación se f un dam entan en la noción de la so beranía popular, la cual parte de los planteamientos teóricos desarro llados por 25. Habermas . Así p ues, la legitimidad de la ley depen de, en últim o térm ino, de un acuer do com unicativo en el cual, m ediante la p articipación en discur sos r acion ales y en nego ciaciones equitativas y honestas las p ersonas que están bajo la ley son cap aces de exam inar si un a norma im pugnada o btiene o puede o btener el acuer do de los que posiblem ente ser án afectado s por ella ( Gutmann y Thom pson, 2004: 9). Adem ás, otro elemento particular del concepto de democracia deliberativa es que, a través del ejercicio de la m ism a, se lo gr a una redistribución del poder político o, explicado en otras palabr as, se alcanza el em poderamiento ciudadano dado que la actividad po lítica es fun dadora de la dem ocracia en la medida en que el po der brota de la capacidad humana de trabajar con los dem ás para actuar de com ún acuer do (Pineda, 2004: 615). El poder no se p ercibe com o propiedad de un individuo, sino que p ertenece al grupo y se mantiene sólo en tanto el gr upo perm anezca unido. Así pues, sin que exista una cohesión y acción de la com unidad no es po sible generar poder.. Ahora bien, en la base de la democracia deliber ativa es necesario que exista la comunicación como elemento fun dam ental para la particip ación democrática por que favorece el flujo e intercam bio de información entre las esf eras de la política, la de los go bernantes y la de los gobernado s, es decir, ayuda a que se establezca un espacio para la interlo cución entre la esf era de la sociedad civil y la del Estado. Y, también, por que gracias a este intercam bio se da lugar a la con strucción de un juicio público resultante 25. Los planteamientos teóri cos desarrollados por Ju rgen Habermas sobre la d emo cracia deliberativa h an sido extract ados de los análisis adelant ados por otros autores y analistas contemporáneos. En este caso, las referenci as parten d el artículo escrito por Rodrigo Pined a G arfí as. Ver: PIN EDA Garfías, Rodrigo. La Democracia Deliberativa. En: Ius et Praxis . Volu men 8, No . 2. Universidad de Talca, Facultad de Cienci as Ju rídicas y So ciales, 2004. Páginas 605 -637. www.red alyc.co m Do cu mento recuperado el 27 de octubre, 2005.. 15.

(17) del proceso de ref lexión ar gumentada en el que es po sible que las opin iones y las posiciones previas varíen. La deliberación abre espacio para este tipo de com unicación m ediante la con strucción de un ám bito en el cual la diversidad de opiniones y concepciones frente a los temas que atañen a todo s p uedan ser exp licados sin tem or a m inar el flujo de la misma: “la deliber ación es un mecanismo que le permite a la gente que tiene per spectivas en conflicto entender el p unto de vista de otros, pero tam bién deja las puertas abiertas a nuevas situaciones de conf licto, ya que perm ite discutir políticam ente temas que nunca antes habían sido tratados” (M urillo y Pizano, 2003: 10).. Una de las cr íticas que se le señalan a la dem ocracia deliberativa se f un damenta en la tendencia que ésta tiene de m inim izar el conflicto. Sin em bar go, cualquier proceso deliberativo necesita reconocer que es imposible eliminar el conflicto puesto que éste es parte de la realidad inherente de cualquier sociedad, más aun si es una sociedad m ulticultural com o la colom biana. Desde la persp ectiva de la dem ocracia deliberativa se busca la incorporación de un m ecanism o para la r esolución de lo s conflictos “suscitados por el encuentro entre múltiples perspectivas morales y políticas” (Murillo y Pizano, 2003: 11). Para lograr esto es importante señalar que debe haber ciertas con diciones m ínim as form ales o pro cedimentales para posibilitar la deliber ación: prim ero, la libertad de las partes par a hablar y exponer sus distintos puntos de vista sin lim itación alguna que p udiera blo quear la descr ipción y ar gum entación en torno a lo que debe h acerse. Segun do, la igualdad de las partes de m odo que sus concepcion es y argumentos tengan el mismo peso en el proceso de discusión. La tercera con dición se refiere a la estructura m ism a de la deliberación p ública: lo que debe imponerse en la deliberación es la f uerza del m ejor ar gum ento sin que exista la posibilidad de coaccion arlo o m anipularlo por instancias externas al proceso deliberativo (Mur illo y Pizano, 2003: 43-44).. Igualmente, para el desarrollo de la democracia deliberativa es esencial una concepción particular y operativa de la ciudadanía. Ésta im plica que lo s ciudadanos sean sensibles y críticos al cambio, que estén comprom etidos con el involucram iento directo para este cambio y que se esf uer cen por lo grarlo. “Ciudadano es el indiv iduo consciente de que el orden social cir cun dante no está dado, que se p uede cambiar, y que está disp uesto a propugnar por el cam bio m ediante su incorporación protagónica y respon sable en los procesos colectivos de búsqueda de so luciones a lo s problemas de la sociedad” (Mur illo y Pizano, 2003: 59). Por lo tanto, la democracia deliberativa incide en la r evalor ación 16.

(18) del concepto del bien común compartido por la ciudadanía, al igual que en la búsqueda de un com promiso con sciente, respon sable y em poderado para lograr esas transform aciones en la realidad circundante.. 1.2 La democracia deliberativa en el contexto de la democracia m oderna: Es pr eciso afirm ar que la democracia deliberativa tiene una relación ambivalente con la democracia m oderna. En esa ambivalencia descansan algun as de sus m ayores críticas. Sus antecedentes y su im plementación en la práctica son tan antiguos com o la democracia misma (Elster, 2001: 13), en donde inicialm ente se identificó la deliberación com o la actividad que le correspon día a un gr upo exclusivo de líderes políticos ( Gutmann y Thom pson, 2004: 8). Tam bién, se pueden en contrar referencias so bre ésta en lo s trabajo s de Aristóteles, quien la aborda como un proceso provisto de un lugar privilegiado en la esfera p ública no estatal, mediado por r eglas que p erm itían un m odo particular de intercam bio de argumentos entre los in dividuos. Igualmente, los planteam ientos desarrollado s por Platón aducían a que la deliberación debía estar circun scrita a una elite com puesta por person as prov istas de conocimientos (M urillo y Pizano, 2003: 44).. Pasan do a o bserv ar el estado actual de la dem ocracia en nuestra región, la mayoría de los p aíses de Am érica Latina se encuentran en un a etapa de conso lidación. No o bstante, las car acterísticas de este proceso se alejan de los conceptos y valor aciones clásicas y universales acerca de la dem ocracia, dejan do expuestas diver sas contradicciones entre el deber ser y la realidad problemática que experimentan las so ciedades actuales. Com o lo afirm a Bernardo Sorj, sociólo go brasilero, problem as sociales como la pobr eza, la inequidad, la exclusión y la violencia siguen acrecentándo se en la región a pesar de los 26. avances en la dem ocratización . A princip ios del siglo XXI estam os frente a las democracias que se caracterizan por un modo excluyente de hacer po lítica, anim ado por el discur so compartido que elo gia la permanen cia de uno s mínim os dem ocráticos, como son las elecciones libres, la com petencia justa y el respeto a la vo luntada de la m ayoría, pero que dejan de lado pr incipios básico s como la deliberación (Murillo y Pizano, 2003: 10) y a la vez batallan con el reto de encontrar la mejor form a de reconocer la. 26. SORJ, Bern ando. Latin A merica’s Elusive Democracies . E-Books Series2 , May 2007. Th e Edelstein Center for Social Res earch. http://edelsteincenter.org. Página 8. Documento recup erado el 30 de agosto, 2007.. 17.

(19) diversidad cultur al en un marco de igualdad. A la par, en la actualidad hay una tendencia a determinar qué tan dem ocrático es un Estado de acuer do a la cap acidad que tiene de asegurar procedimientos m ínimos como son la continuidad electoral y la libre competencia. Éstos dan cuenta de una serie de normas para la con stitución del gobierno y la tom a de decisiones políticas sin llegar a establecer un punto de unión entre esta clase de dem ocracia básicamente procedim ental y la concepción moral del bien común ( Viola, 2006: 19). Sin em bar go, determ inar la calidad de una democracia implica analizar en cada contexto específico ( com o el colom biano) las dinámicas inher entes y particulares que se establecen por la interrelación entre lo económico, lo político y lo social: “lo anterior quiere decir que la o bserv ación de una dem ocracia de calidad im plica la comprensión de las herramientas in stitucion ales, de la existencia de las 27. libertades y de la satisfacción de lo s ciudadano s” .. Habermas considera que la dem ocracia deliberativa es un a forma de superar el impasse que se pro duce entre la defensa de la primacía de los derechos humanos individuales (lo que es una característica del liber alismo) y los que ponen el acento en la idea de so beranía pop ular (propios del r ep ublicanismo igualitario) (Pin eda, 2004: 606). De tal m anera que p uede dar resp uesta a la am bigüedad que se plantea dentro del m ulticulturalism o, entre los derechos dif erenciados para comunidades y lo s derechos individuales.. Aun ado a lo anterior, es importante reconocer que lo s derechos. fundamentales en una dem ocracia, entre ellos la libertad de palabra, expresión y asociación, tam bién gr avitan alrededor de los requerimientos necesarios par a la deliberación.. En un régim en dem ocrático la deliber ación p uede tener injeren cia tanto en el ám bito representativo como en el participativo. La democracia representativa está limitada por la necesidad de justificar y dar cuenta de las decision es que tom an los representantes. Sin embar go, en sistemas políticos amplios y com plejos esto se v uelve un im pedim ento para. la. go bernabilidad.. Es aquí en. don de. la. deliber ación. puede in cidir. signif icativam ente m ediante el fortalecimiento de alguno s espacios público s diseñ ados 27. MURILLO, Gabriel y OSORIO, Freddy: La calidad de la democracia colo mbian a, persp ectivas y limitaciones. En: A mérica Latina Hoy. Revista de Ci encias Social es. Universidad de Sal amanca, Volumen 45, ab ril del 2007. Salaman ca, España. Página 48. Este artículo elabora un análisis acerca de las características relacionad as con los procedimientos , los contenidos y los resultados demo cráticos, para lograr “ dar cuenta de una realidad democrática turbulenta y compl eja como la colo mbiana” (Página 48 ).. 18.

(20) especialm ente para este fin ya que en el ámbito legislativo se esper a que exista un alto grado de deliber ación política para la tom a de las decisiones. Frente a la dem ocracia participativa, la deliberación propen de por un a actividad que vaya m ás allá de la visión electoral convencional fortaleciendo la particip ación ciudadana en la tom a de decisiones cotidianas que p ueden determinan el bienestar com ún de todo s los involucrado s (Stakeholders). Al respecto cabe señalar que un a característica particular de la dem ocracia deliberativa se encuentra en el énf asis que pone en la am pliación de la esfera pública ciudadan a como un lugar de intermediación entre el Estado y lo privado (M urillo y Pizano, 2003: 39).. El anterior análisis se apoy a en los planteam ientos de Car los Santiago Nino, jurista argentino, quien resalta la complementariedad existente entre la dem ocracia representativa y la particip ativa y, a su vez, describe cómo la democracia deliberativa englo ba elem entos de estas do s form as dem ocráticas: “de la repr esentativa tom a la convenien cia de articular las op iniones políticas individuales y trasformarlas en pensamientos colectivos más propen so s a un trám ite realista y viable de acuerdo con las dif icultades que supone la representación en el sistem a político actual. De la participativa reco ge la necesidad de desarro llar mecanism os form ales que les permitan a las instituciones del Estado realizar procesos esporádicos de con sulta a los ciudadanos acerca de los proyectos y decision es sociales que se propone tom ar” (Murillo y Pizano, 2003: 39). El punto f un dam ental es que la dem ocracia deliber ativa p uede trascen der a la participativa y a la representativa. Igualm ente, es im portante reconocer que h ay una dif erencia entre la democracia deliberativa propiamente dicha como m odalidad progresiv a de la dem ocracia y la deliberación com o procedim iento m etodoló gico que se constituye en un recurso instrum ental para enriquecer tanto la m odalidad representativa y la participativa de la democracia, com o la deliberativa (Murillo y Pizano, 2003 : 26).. Como ya se ha venido exp lican do, el entorno ideal para que la democracia deliberativa pueda ser ejer cida como un ejer cicio de la comunidad es el espacio público, el cual en primera in stancia se relaciona con lo conocido y lo que es compartido por el pueblo. En esa m edida, la construcción de lo p úblico es contraria a la exclusión social y necesita estar revestida de un carácter integrador y decantador. “La cr eciente im portancia de lo público se m anifiesta en el criterio de que para un cam po muy am plio de acciones y para un con junto cada vez más am plio de actores sólo es aceptable lo que p ueda ser 19.

(21) 28. validado por la vía de una com unicación abierta a todos los interesados y afectado s” , es decir a lo s stake-holders. Es así com o lo público se apoya en la com unicación y se va configurando a través del balan ce sensato entre los div erso s intereses presentes en la sociedad par a con struir un criterio del bien com ún.. El espacio de lo p úblico articula los elementos de r elación y en cuentro entre los diver sos individuo s: “por ende, si es un esp acio relacional, será siempre una esfera para el bien público ( …) [que] implica que el esp acio p úblico estará en f unción de la expresión colectiva, aun que claram ente ella sea una mezcla de intereses in dividuales, lo cual no excluye la diver sidad” 29. Así p ues, el proceso deliberativo no se enfoca en atender las preferencias de los individuos, sino las concepciones generales que se tien en sobre el bien com ún (bien p úblico). Adem ás, la concepción in dividual acerca de éste p uede variar en medio de un proceso deliberativo que obligue a dialo gar con diversidad de interlocutores: “cuan do se trata de la decisión colectiva sobre el bien común, el m ejor juez es la com unidad entera o, mejor, el proceso de formación, de confrontación, de compenetración y de m utua inf luencia de las diversas concepcion es del mismo” (Viola, 2006: 68).. Desde esta persp ectiva se entien de por qué lo público está estrecham ente ligado con la deliberación y con la pertinencia de abor dar proceso s basados en la dem ocracia deliberativa par a afrontar el reto del m ulticulturalismo puesto que en la con strucción de éste se vincula entre sí a diver sos actores y se apoy a la transform ación necesar ia de hábitos y prejuicios, so bre todo, de los que repro ducen o justifican la ex clusión o el m antenim iento de puntos de v ista o reglas que no permiten un espacio abierto de diálo go. Así pues, cualquier transform ación consciente de hábitos y cr eencias. 30. sólo es. viable si busca una validación p ública p ara ésta. (Mock us, 2001: 54).. 28. El análisis de lo público se basa en la ponencia: La pregunta por lo público desde la sociedad civil, presentada por Antanas Mo ckus en el V Encu entro Iberoamericano del Tercer Sector. Ver: V Encuentro Ibero americano del Tercer Sector, Lo público una pregunta desde la sociedad civil. Memo rias, Bogot á, marzo 2001 . Págin a 53. 29 MU RILLO, G abriel y GÓME Z, Victoria (Co mpiladores). Redefini ción del Espacio Público. Eslabonami ento Conceptual de las Políticas Públicas en Colombi a. Universidad de los Andes, Facultad de Cienci as Sociales, Departamento de Ci encia Política, W oodrow Wilson Center for Internacional Scholars. Programa L atinoamericano. Bogotá, 2005 . Capítulo I, Página 4. 30 La transformación conscient e de hábitos y creencias en el caso del reconoci miento de los afrocolombianos es fundamental en la medida que, como se explica en los capítulos II y III, se ha dado un proceso caracterizado po r la exclusión y la invisibilización p ara insertarlos al Estado-n ación colo mbi ano.. 20.

(22) Frente al tem a de lo p úblico, el abogado Oscar Mejía explica por qué se im pone el desarrollo de un concepto de política deliberativa de doble vía. Por una parte, la esfera pública opera como un a red plural, abierta y espontánea de discursos entrecruzado s de los dif erentes actores, garantizada deliber ativamente y, por otra, gracias a un m arco de derechos básicos con stitucion ales. Ambas con diciones posibilitan la regulación im parcial de la vida común, respetan do las dif erencias in dividuales de los diver sos sujetos colectivos y la integración social. I gualmente, hace que la política deliberativa oscile entre dos esp acio s: la institucionalización democrática de la voluntad política y la formación inform al de la opinión p ública 31. Es en este contexto don de se propicia una interlocución entre las esferas de la sociedad civil y el Estado. De esta manera, uno de los principales o bjetivos de la esfer a p ública es la búsqueda de espacios para expan dir la influencia política dentro de la so ciedad en torno a los asuntos esp ecíf ico s de interés generalizado para to dos los invo lucrado s. Así p ues, también es n ecesario interpretar a la sociedad civ il como un com puesto de aso ciaciones, or ganizaciones y m ovimientos que emergen más o m eno s espontáneam ente y, estando atentos a la r eson ancia de pro blemas sociales en las esfer as de la vida privada, destilan y trasmiten esas reacciones de una m anera amplificada en la esfer a pública (Mejía, 2002: 130).. Así p ues, un a dem ocracia basada en la deliber ación presupone que los ciudadanos puedan decidir qué es lo m ejor para ellos y cuáles deben ser las políticas a seguir a través del uso de la argumentación racional de sus justificaciones para tales decisiones en medio de un espacio público de encuentro. Dentro de este contexto es inevitable, y a la vez necesario, que exista cierto grado de pluralidad en lo s discursos de los participantes, dada la diversidad de conv icciones, ideales, intereses y visiones del m undo. En este caso, el siguiente apartado busca analizar cómo desde la per spectiva de la democracia deliber ativa se p uede llegar a tom ar decisiones vin culantes y consensuadas en un ám bito de pluralidad inherente a la realidad po lítica de la mayoría de lo s Estado s-nación en la act ualidad. Esto resulta sumamente importante para el caso de lo s afrocolom bianos por cuanto (como se verá en los próximos capít ulo s) existe una serie de conflictos frente a las posiciones y áreas de interés dentro de las mismas 31. ME JÍA, Oscar. Tribunal Constitucional, d esobedien cia civil y demo cracia d eliberativa. En: HERNANDEZ, Andrés (Co mpilador). Republicanismo contemporáneo , Igualdad , demo cracia deliberativa y ciudadanía. Siglo del Homb re Editores, Centro Int erdisciplinario de Estudios Regionales – CIDE R, Universidad de los Andes . Bogotá, 2002. Págin a 128.. 21.

(23) organ izaciones negras y, adem ás, frente a los propio s afrocolom biano s como minoría étnica y el resto de la so ciedad, en la que todavía perviv en prácticas que lejos de favorecer la igualdad y el respeto por el otro, se disfrazan de “tolerancia”, aunque están m arcadas por la discr im inación.. 1.3 La economía del desacuerdo moral: El concepto economía del desacuerdo m oral, ( econom y of moral disagreemet) es pertinente para abor dar más detenidam ente cómo p uede m anejar se la diver sidad (ya sea de opiniones, valores o p untos de vista) desde un a marco deliberativo. La economía del desacuer do m oral busca que las razones provistas por todos los segmentos en que se diversifican los p articipantes en la deliber ación pro curen buscar justificaciones enfocadas en minim izar las diferen cias con lo s oponentes. Para logr ar este objetivo es im portante prom over el valor del respeto mutuo y, a la v ez, trabajar en con junto en la búsqueda de terrenos comunes com partidos.. Uno de lo s o bjetivos gener ales de la dem ocracia deliber ativa es el de proporcionar la concepción más justificable para abor dar los desacuerdos m orales y la gener ación de oportunidades para alcan zar acuer dos gen uino s a través de la m anifestación abierta de los ar gum entos propios frente a lo s de los dem ás. Así pues, la democracia deliberativa, vista desde la concepción de la economía del desacuerdo m oral, puede cum plir cuatro propósitos. Prim ero, promover la legitim idad de las decisiones co lectivas cuando se delibera en torno a la ex istencia de recurso s limitado s determ inados. Segun do, desarrollar una per spectiva pública para abor dar los tem as que son de interés p úblico. Tercero, propen der por el desarrollo de procesos igualitario s y respetuo sos de tom a de decisiones, de m anera tal que cuan do se abor dan valor es m orales incompatibles sólo puedan llegar a ser reconciliables si se establece una duda racional entre ellos y se reconocen los ar gum entos del otro: “la deliberación no puede hacer com patibles los valores que son incompatibles, pero sí puede ayudar a lo s p articipantes a reconocer el m érito m oral en las reclamaciones de sus oponentes” ( Gutmann y Thom pson, 2004: 11, traducción propia). El cuarto y último propósito, por su parte, es ay udar a corr egir los errores que se p ueden com eter al em pren der accion es colectivas. Esto respon de a la necesidad de reconocer que, en ocasiones, se tiene un enten dimiento incom pleto de los problemas pero, a través de la deliberación, se p uede gener ar un espacio para avanzar. 22.

(24) tanto en el enten dim iento colectivo, com o en el in dividual: “cuan do los ciudadanos regatean o nego cian pueden apren der acerca de cóm o conseguir lo que quieren, pero cuan do deliberan pueden en san char su propio conocimiento tanto como el entendim iento colectivo de lo que es m ejor par a lo s ciudadano s” ( Gutmann y Thom pson 2004: 12, traducción propia).. Lo anterior no quiere decir que la deliberación sea la única forma de abor dar los desacuer dos morales. Existen teorías m orales que se basan en r esolver los desacuer dos m ediante la negación de otras aproximaciones teóricas que igualmente buscan resolv erlo s. Gutmann y Thom pson. las llaman teorías de primer or den. Así, por. ejemplo, un modelo agregativo (como el electoral) en un a democracia se cir cunscribe a este tipo de teorías dado que no se busca m odificar o justificar los ar gumentos ya establecidos, sino encontrar la m ejor combinación de los mismos para obtener los resultado s óptim os mediante la votación. Sin em bar go, abor dar el desacuer do moral a través de un modelo agregativo r esulta pro blem ático si se tiene en cuenta que al aceptar las pr eferencias com o dadas, se ref uer za la act ual distribución del poder y se limita el espacio para cuestionar el m étodo para la toma de decision es.. A su vez, hay otras teorías m orales de segundo or den que buscan darle espacio al conflicto moral y no acabarlo m ediante el recono cimiento de que tanto las preferencias como las justificaciones son susceptibles de variar. Lo importante es poder justificar con razones p úblicas dichas preferencias. La democracia deliberativa se inscribe en las teorías de segun do orden, puesto que adm ite que no hay un único m étodo para llegar a la toma de decisiones. Igualm ente, ésta contribuye a la con strucción de destinos colectivo s y a la definición del bien com ún gracias a la alteridad, enten dida ésta como el resp eto por el otro y el respeto a la diferen cia. Es así com o, a través de la economía del desacuer do moral, se p ueden establecer parámetros para la coop eración de los individuo s y para la legitim ación de lo s acuer do s que surgen del proceso deliber ativo por m edio del lo gro de con sen so s plurales alcanzados en ámbitos de respeto mutuo, libres de coerción y mediante la suma de voluntades y comprom isos (Murillo y Pizano, 2003: 46).. 23.

(25) Sin em bar go, no siem pre es po sible tener presente en un proceso deliberativo a to dos los sectores que piensan de distinta m anera. En ese caso, Car los Nino complem enta los argum entos desarrollado s por Haberm as explican do que la tarea de la ar gumentación m oral no puede desarrollar se en un esf uer zo m onológico, sino que necesita de un esf uer zo cooperativo para asumir en forma ficticia la posición de cada uno de los involucrados (Nino, 1997: 159). Esto implica que no sólo se participa en un proceso deliberativo para buscar que sean escuchados los p untos de vista per sonales sino que es necesario buscar que otros puntos de vista sean traído s al proceso. La deliber ación “ayuda a los ciudadanos a con struir un a interpretación de sus decisiones y las consecuencias de las mismas a la luz de lo que todo s lo s af ectados piensan so bre el tema tratado” ( Bohman, 2000: 6, traducción prop ia).. Las emocion es, igualm ente, desempeñan un papel relevante al buscar evaluar los intereses propio s y los de lo s dem ás. Esto es mucho más pertinente cuando se está en m edio de sociedades multicultur ales que necesitan de un reconocimiento del otro como punto de partida para acomo dar, de maner a satisfactoria para to dos, los pr incipios constitucionales estipulado s so bre este tem a: “ debemos po der representar al menos para nosotros mismos qué es lo que está en juego para los otros en un determ inado conflicto y esto requier e de un proceso em ocional de identificación” (Nino, 1997: 176).. Es im portante m encionar que entre los principios de la democracia deliberativa se encuentran la reciprocidad y el resp eto mutuo entre quien es tienen sus razones morales para el desacuer do. En la economía del desacuer do m oral se buscan términos justos de cooperación aun ante las dif erencias m ás recalcitrantes. No es que se pr etenda llegar a acuer dos sim plem ente porque sí, sino a encontrar ver daderos f un dam entos m orales para los posibles acuerdo s y, a su vez, r esp etar los asuntos en los que no es posible llegar a pactos consen suado s. De tal m anera que, si bien, la deliberación no es el único m edio para establecer acuer do s so bre los conflictos m orales, en algún m om ento sí es necesario deliberar sobr e lo s m ism os. ( Gutmann y Thom pson, 2004: 181).. 1.4 El lugar de la dem ocracia deliberativa en el multiculturalism o: Como se ha ven ido m encion ado, la mayoría de los regím enes dem ocrático s en la actualidad son estados-nación gran des y complejos, car acterizados por prof undas y. 24.

(26) crecientes in equidades, diversidad étnica y pluralism os culturales. ¿Es posible, en este ámbito, deliber ar? Los o bstáculos modernos para la deliberación no son un im pedimento para implem entar estos procesos, por el contrario, como lo plantea Bohm an, pueden ver se com o una fortaleza para abor dar el m ulticult uralismo. Para él, la diversidad p uede incluso mejorar el uso de la razón pública y hacer la vida dem ocrática m ás vibr ante, pero sólo si existen espacio s para que los ciudadanos aprendan a manejar los conf lictos morales de fon do ( Bohm an, 2000: 72). La div ersidad cultur al produce conflictos y desacuer dos prof undos que van más allá de las dif erencias de intereses. Para Bohm an, la dem ocracia generalmente ha tratado estos problemas por m edio de m ecan ism os coercitivos, pero m uy poco a través de procesos deliberativos (Bohm an, 2000: 73). Estos conf lictos de raíz llevan a que sur jan dilemas intergr upales tanto de corte liberal (yo /todos), como. de corte com unitario. 32. (unidad/plur alidad) . Esta clase de problemas só lo pueden resolverse p úblicamente. Sin embar go, en una sociedad diversa y dividida, alcanzar acuer dos com partido s acerca del bien com ún es sumamente com plejo. El dilema intergr up al que se establece allí h ace que los in div iduos se cuestionen so bre el lugar que ocupan como ciudadano s y, a la vez, como miembros de un gr upo cultur al: “el dilem a está en que com o ciudadanos se deben aceptar ciertos derechos so bre propiedad y voto pero com o m iem bro s de un gr upo estos derechos pueden ver se com o irracionales y, si no son restringidos, podrían incluso llegar a afectar al gr upo” ( Bohman, 2000: 81, traducción propia). Esta disyuntiva es clara p ara la situación de los afrocolom bianos dado que, ante el deber de ser iguales ante la ley (liberalism o), es necesario anteponer la necesidad de implem entar algún tipo de dif erenciación a eso s derechos p ara po der alcanzar un a ver dader a equidad legal.. Lo fundamental en este caso es r econocer que es im posible preten der solucionar los problemas de la multicultur alidad n i m ediante la reducción de la diver sidad (com o se trató de hacer m ediante m ecanism os impositivos para lograr la unidad del Estadonación en Colom bia) ni mediante la imposición de con sensos pleno s compartido s por todos. La razón p ública y plur al ay uda a prom over un a ref lexión cr ítica sobre la cultura de lo s otros, al igual que so bre la prop ia. Dicho en otras palabras: es necesario con struir procesos plurales de deliberación p ública que permitan, por una parte, transformar los 32. Esta dualidad entre lo individual y lo co munitario se explica con mayo r deteni miento en el capítulo II. Ver p áginas 32-33.. 25.

Referencias

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