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Javier Sicilia

Pascua

Babélica

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Javier Sicilia

Pascua

Babélica

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UNIVERSIDAD A U T Ó N O M A DE N U E V O LEÓN

Reyes S. Tamez Guerra Rector

FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS

Nicolás Duarte Ortega D i r e c t o r

Héctor Franco Sáenz P r o y e c t o s e d i t o r i a l e s

Ludivina Cantú

Colegio d e Letras E s p a ñ o l a s

Babélica

losé Javier Villarreal Editor responsable © Javier Sicilia

© Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Nuevo León.

Reservados todos los derechos, 2000. ISBN-968-7808-96-9

Apartado postal 10. Sucursal F., C. P. 66450. San Nicolás de los Garza. Nuevo León.

^ j d S S ^ S Ú ' h e c h o e n México/Printed and bound ¡n México.

F O N D O UANL

A la memoria de Iosif Brodsky

(7)

Ay, sombras de mis muertos, viejos huecos, torturadas ausencias; ¿qué clamor

se niega a mi memoria

sobre una soledad de huesos secos? ¿Qué vacío se ciñe a nuestro amor? lintre sombras de muertos soy historia.

(8)

I

N o c o m p r e n d o la m u e r t e ,

esa súbita ausencia q u e nos deja

m i r a n d o u n c u e r p o inerte,

u n gesto q u e se aleja

y ya n o dice más q u e la oscura queja

del vacío, la s o m b r a

de ese alguien al q u e a m a m o s y ha d e j a d o

d e estar y ya n o n o m b r a

s i n o su desolado

h u e c o d o n d e el silencio ha q u e d a d o

y se p u d r e la risa.

N o c o m p r e n d o la m u e r t e y, sin e m b a r g o ,

(9)

c o m o u n terrible e m b a r g o

de Dios a nuestra vida, c o m o a m a r g o

destino a nuestras puertas

c o m o u n o d i o m a l d i t o

¿ N o miraste

a mis pequeñas, muertas?

¿ N o sentiste y tocaste

el c u e r p o de mi padre? ¿ N o palpaste

la carne de mi h e r m a n o

destrozada; la piel de Benedicta, sí

q u e se p u d r e en el guano?

¿ N o palpaste, Rabbí,

la m u e r t e de tu Hijo? Yo las vi

y t o d o se m e m u e r e

a pesar de mi fe y de T u promesa,

se m e p u d r e y adquiere

la f o r m a de la huesa,

el h o r r o r de la m u e r t e y su fijeza:

el piso, el lecho, el ruido,

los vestidos, los j u e g o s , el rosario,

la tarde y el ladrido

del perro, el incensario,

las m u ñ e c a s , las fotos, el santuario;

t o d o se p u d r e , ha m u e r t o :

la ventana, el e s t a m b r e y el tejido,

la luz, la sal, la suerte,

el o j o y el oído,

la iglesia, el c a m p a n a r i o y el t a ñ i d o

del bronce, t o d o d u e r m e ;

d u e r m e n la mesa, el pan, la vela, el j a r r o ,

el garrafón i n e r m e ,

la loza y el cigarro,

la cerveza, las cartas y el guijarro.

En t o d o está la m u e r t e

q u e llega de improviso: e n los rincones,

en la sed y en lo inerte,

en los blancos cajones,

en sus camas, su ropa y sus botones;

e n los d e s n u d o s árboles,

en el espejo roto, en las chamarras,

en el p e r f u m e y el áloe,

en las d e s n u d a s parras,

en el óxido viejo y e n las jarras

la m u e r t e se ha p o s a d o

y t o d o d u e r m e : el sol en la ventana,

el mantel y el b r o c a d o ,

(10)

la escoba j u n t o al m u r o , la manzana;

se h a n d o r m i d o los prados,

los vidrios, los cerrojos y las llaves,

el " N i n t e n d o " , los dados,

la herrería, las trabes,

la copa de los árboles, las aves;

en el baño, en la bata,

en el polvo, en la silla, e n la p i m i e n t a ,

en la negra corbata,

en el caldo y la m e n t a ,

en el c u e n t o de hadas y en la c u e n t a

q u e n u n c a se pagó,

la m u e r t e se ha posado y d u e r m e t o d o :

la virgen de yadró,

las tacitas, el m o d o

de tomarlas, la miel, la hoja, el lodo

con q u e j u g a b a n ellas.

T o d o calla, se abisma en un m u t i s m o

horrible; las estrellas

se callan; el a b i s m o

t a m b i é n ; nada se m u e v e . El C a t e c i s m o

d u e r m e ; d u e r m e la luz.

N o se escucha u n l a m e n t o ni un c o n j u r o

se ha d o r m i d o la cruz

q u e cuelga contra el m u r o

y las n o c t u r n a s s o m b r a s y lo oscuro.

N a d a se escucha, nada.

Sólo la lluvia cae sobre los charcos.

N o a m a n e c e . La rada

del día y su c o m a r c a

d u e r m e n y nada se limita y se d e m a r c a .

Es de n o c h e , m u y n o c h e .

La Resurrección d u e r m e tras la roca.

N i siquiera u n reproche

se escucha. N a d i e toca

a la puerta de Dios, nadie lo invoca.

Sólo y o rezo:

Señor estamos cerca.

Muy cerca y a la mano, maniatados

ya, Señor, agarrados los unos a los otros

como si nuestro cuerpo fuera el Tuyo.

Reza, Señor, ay, rézanos, Señor,

estamos cerca.

(11)

para inclinamos en el lago volcánico

y en la hondanada. Fuimos al abrevadero, Seíwr.

Era sangre, sí, sangre

la que tú derramaste, Señor.

Brillaba entre ¡a noche.

Nos arrojó Tu imagen a los ojos, Setlor.

Ojos y boca están tan abiertos y vacíos, Seíwr.

Seíwr, hemos bebido

la imagen y la sangre que estaba en la

sangre, Seíwr.

Reza, Seíwr, estamos cerca.

P e r o

la n o c h e cae y t o d o d u e r m e , a ú n

el n e g r o abrevadero,

la sangre q u e en algún

recodo, e n un l i n d e r o

d u e r m e ; d u e r m e el Señor, d u e r m e su apero.

N i un m u r m u l l o se escucha.

Calla la i n m e n s i d a d del alma. El charco

de sangre n o se escucha.

Las obras de Plutarco

están dormidas; mi Brodsky se ha h e c h o parco;

d u e r m e n P o u n d y Celan,

en mi librero callan; se han d o r m i d o

Santa Teresa y J u a n ,

el v e r s o bien m e d i d o

y los ritmos, las rimas y el s e n t i d o

han e n t r a d o en el s u e ñ o

de la m u e r t e .

Mis vivos están m u e r t o s

y con ellos mi e n s u e ñ o ,

mi oración, mis desiertos,

mi soledad, mi gusto por los p u e r t o s .

D u e r m e t o d o lo escrito

y la visión beatífica y el D i a b l o

d u e r m e n ; d u e r m e n el rito,

los ángeles y el clavo

de la cruz del Señor; d u e r m e el bravo

ejército de Dios,

sus trompetas, arcángeles y santos;

d u e r m e el i n f i e r n o atroz,

(12)

d u e r m e n el goce e t e r n o y los q u e b r a n t o s .

Sólo la lluvia cae

b a j o el silencio i m p u r o ;

sólo la lluvia cae,

sólo la lluvia, el m u r o ,

el s u e ñ o de los m u e r t o s y lo oscuro.

II

N o c o m p r e n d o la m u e r t e , y, sin e m b a r g o ,

si d e s c i e n d o a su n o c h e y presto oído,

d e s c u b r o q u e alguien canta,

q u e hay alguien en la s o m b r a y su ti niebla

q u e canta con un t o n o tan d e s n u d o

q u e se parece al v i e n t o en los cristales

y, sin e m b a r g o , o h alma, n o es el v i e n t o

p o r q u e t a m b i é n se ha m u e r t o y se ha podrid

Sí, alguien canta; alguien, allá en la s o m b r a ,

b a j o la espesa lluvia y el silencio, canta

c o m o u n a fina aguja q u e zurciera la n o c h e

(13)

Sí, n o hay duda, alguien canta,

p o r q u e esta n o c h e t o d o está d o r m i d o

y ella canta a pesar del silencio y de la sombra,

en este breve instante

dentro y fuera del tiempo, m u y d e n t r o ,

como una música tan hondamente

oída que ya nadie escucha.

Sí, alguien canta.

¿Eres tú ángel m í o

o quizás el arcángel

q u e guarda el Paraíso con su espada?

¿ O acaso tú, T e r e s a de Jesús,

q u e habitas en la ú l t i m a m o r a d a

del castillo interior q u e nadie mira

p o r q u e t o d o está m u e r t o y se ha p o d r i d o ?

¿ O T ú , Señor, bajo esa t e n u e lámpara

q u e es T u resurrección y que m i r é

hace t i e m p o , Señor, c u a n d o m u r i ó

mi padre y yo esparcía sus cenizas

sobre la soledad de u n m a r terrible

y en el o s c u r o cántico de un N o r t e ?

¿Acaso T ú . Señor,

que n o siento, a pesar de haberte visto

e n el o s c u r o p o z o de mi alma,

d e n t r o y f u e r a del t i e m p o ?

P e r o nadie

r e s p o n d e y cae la n o c h e y los j i n e t e s

de J u a n ensillan y cabalgan solos

sin fin b a j o las sombras.

¿ O quizás T ú ,

Gabriel, q u e a solas tocas tu t r o m p e t a

b a j o esta terca n o c h e q u e m e envuelve

y envuelve los objetos y el silencio?

Te equivocas, Javier, somos nosotros,

tus muertos, ¿no recuerdas?, los que amaste,

por quienes duerme todo y estás triste.

Tus muertos, ¿lo recuerdas?: viejos huecos,

torturadas ausencias; clamor que

se niega a tu memoria

sobre esta soledad de huesos secos;

vacío que se ciñe a tanto amor

y a cuya oscura sombra eres historia.

Mas no hemos muerto, no, estamos vivos;

transfigurados fuimos por el Cristo

(14)

porque informa una carne transformada,

una carne invisible a los sentidos

que sólo ven la carne primigenia

sometida a las leyes del pecado.

Nuestro cuerpo no lia muerto, nunca ha muerto.

Murió la carne que informó en el mundo,

mas no el cuerpo, Javier, que aún recuerdas,

aquello que ordenaba a la materia

y se expresaba en ella y tío era ella:

un principio formal, sólo ese gesto

irreductible a nada, irrepetible,

que nos hacía ser y aún nos hace

y en la muerte nos pule y transfigura

como un cristal inmerso bajo el agua.

No, Javier, no hemos muerto, cambió sólo

la forma, se hizo limpia, intangible

a la opaca materia en la que vives.

Mas está ahí, ¿la escuchas en los pliegues

más íntimos del alma y en la fe,

porque el serse revela al ocultarse?

Aquí estamos, Javier, estamos todos:

Paola, Ana, Oscar y tu padre

y todos los que han muerto de los tuyos

transformados en Cristo resurrecto.

Aquí estamos, Javier Sicilia, todos,

porque todo camina hacia estas sombras

que pueden serla luz, cuerpo glorioso

o el Gehena donde el serse queda a solas

sin carne, para siempre despojado

de la resurrección que nos desposa,

o el purgatorio helado en donde espera

el cuerpo la pureza que no tuvo.

Porque todo camina hacia estas sombras:

los espacios vacíos, los imperios,

los banqueros, los hombres eminentes,

los incómodos santos, los gobiernos.

Todo se hunde aquí, en esta sombra:

las tiendas comerciales, Televisa,

la usura de los bancos y la Bolsa,

las industrias de ICA y las de Pemex,

todos van a la muerte y al silencio.

Pero tú, alma mía, queda en paz

y deja q u e te envuelvan las tinieblas,

pues serán sacrosantas para ti,

como cuando la noche cae y todo

lo visible se aleja dulcemente

hasta quedar a oscuras, y al final

(15)

parece perpetuarse entre las sombras

la luz, tal una novia, se levanta

y todo de la nada alJiti renace.

y esperar sin espera de losfrutos,

y eso que sabes en la je es lo único

que sabes, sí, lo único que sabes.

O como cuando en Pascua la capilla

está a oscuras y en medio del silencio,

del vacío mental en donde sólo

existe el desolado

temor de las tinieblas y la muerte,

alguien enciende el Cirio y se transforma

el universo en un cantar de salmos,

permanece tranquilo, Javier mío,

y espera en las tinieblas de la fe,

y recuerda de nuevo lo que El dijo

en España y después en Inglaterra.

Lo diré nuevamente: Para ir

a donde quieres ir, para llegar aquí

debes andar por donde no hay camino;

para gustar de Dios y de su dicha

no aspires ni al dolor ni a la alegría;

para llegar a ser, renuncia a ser

en algo lo que sea; para ver

la presencia, debes estar presente

en cada instante; para poseer

(16)

If k? I a

III

S e ñ o r de nuestra m u e r t e , C o n s u e l o de

las s o m b r a s ,

ruega p o r esta n o c h e en q u e escuché sus voces

l l a m á n d o m e en lo oscuro.

Ruega por mi angustia q u e está e n t r e las

tinieblas y la luz.

S e ñ o r de nuestra m u e r t e , T e m p l o de los

resucitados, ruega por mis niñas y mi

h e r m a n o q u e cantan con tus ángeles

el Gloria;

ten piedad de sus camas deshechas q u e

aguardan su regreso sin saber q u e se han

(17)

t e n piedad de sus ropas y sus zapatos solos y

gastados q u e n a d i e se p o n d r á .

S e ñ o r del s u f r i m i e n t o , C o n s u e l o en la desdicha,

ruega p o r V e r ó n i c a y Santiago q u e se han

q u e d a d o solos c o n nosotros;

ten piedad de sus o j o s q u e sólo mirarán las fotos

de los q u e a m a r o n t a n t o y ya se han ido;

ten piedad de sus c u e r p o s q u e por años

caminarán a solas e x t r a ñ a n d o los besos,

las caricias y los m i m o s ;

ruega p o r su fe q u e los m a n t i e n e e r g u i d o s en

m e d i o del d o l o r y de la n o c h e .

S e ñ o r de nuestras vidas, Padre de los

amaneceres, ruega p o r mi m a d r e y por

mis suegros q u e c a m i n a n a tientas en las

sombras;

ten piedad de sus c a r n e s cansadas y dolidas

d o n d e habita la o r f a n d a d y los a ñ o s y el

d e s e n c a n t o a m a r g o de la vida;

t e n piedad de sus r e z o s q u e buscan cada n o c h e

el r o s t r o d e los suyos e n el T u y o ,

y ruega p o r s u s c u e r p o s q u e aguardan

el misterio de la resurrección y el

e n c u e n t r o sin fin con los q u e a m a r o n .

S e ñ o r de nuestra sangre, o h Lámpara

encendida, ruega por mis h e r m a n a s y cuñadas,

ruega p o r mi m u j e r y por mis hijos, c u y o dolor

n o cesa, a pesar de la fe y de T u gracia.

Ruega también por las m u j e r e s q u e h a n visto

m o r i r a sus maridos y a sus hijos.

Ruega por todos n u e s t r o s c u e r p o s q u e aguardan

tus promesas en el misterio o s c u r o de la

fe y en el ser q u e c o n t i e n e nuestra carne.

P o r q u e T ú eres el C a m i n o , la Verdad y la Vida.

P o r q u e T u y o es el Reino, el P o d e r y la Gloria

(18)

IV

E n t r e el día y la n o c h e sosegada;

e n t r e el silencio y la palabra dicha,

se e n c u e n t r a la presencia; e n t r e la vida

y la m u e r t e ; e n t r e el f u e g o y la tiniebla,

se e n c u e n t r a la presencia; e n t r e el t o d o

y la nada; e n t r e el s u e ñ o y la vigilia;

e n t r e la confesión y la plegaria,

se e n c u e n t r a la presencia,

se e n c u e n t r a la presencia;

e n t r e el ser y el n o ser; entre el saber

y la ignorancia; e n t r e el r e c u e r d o a m a r g o

de aquellos q u e se han ido y nuestra fe;

e n t r e el b l a n c o y el negro; entre el tener

(19)

se e n c u e n t r a la presencia,

se e n c u e n t r a la presencia,

p o r q u e e n el F i n , o h alma, está el P r i n c i p i o

y en el P r i n c i p i o el F i n y viceversa;

y c u a n d o cae la n o c h e sobre el c u e r p o

y las últimas brasas se extinguieron,

al o t r o lado d e la t u m b a , al o t r o

lado, d o n d e los b o s q u e s son más densos;

c u a n d o pasó la lluvia y sólo q u e d a

el crepitar del l o d o e n t r e las charcas

y u n o camina a tientas con el b a r r o

en las botas e n busca de la luz,

a la hora más negra y más oscura,

en el vasto silencio de la n o c h e ,

c u a n d o t o d o reposa y se ha d o r m i d o

y en el f o n d o del alma el h o m b r e reza;

en esa soledad, si u n o se calla,

se p u e d e oír, se p u e d e , la presencia,

p o r q u e hay u n t i e m p o en ella para todo:

t i e m p o para nacer y m o r i r , t i e m p o

para crecer y edificar; un t i e m p o

para la dicha y o t r o para el llanto;

t i e m p o para s e m b r a r y t i e m p o para

cosechar, y o t r o más para q u e Dios

nos llame y se degrade la materia

q u e n o s llevó a través de lo visible

y la presencia vuelva a su principio.

A q u í está ella

o allá o e n otra parte, p e r o s i e m p r e

presente e n el c o m i e n z o y el fin, e n t r e

la luz y la tiniebla; e n t r e la lluvia

y el sol; e n t r e la dicha y la amargura;

e n t r e el silencio y la palabra dicha,

viviendo lo visible y lo invisible,

c o m o u n a t e n u e imagen de D i o s resucitado.

Y si callas, si aprendes a callar

c u a n d o la noche cae sobre el c u e r p o

y las brasas del día se extinguieron;

si callas y desciendes hasta el f o n d o

del alma d o n d e t o d o está en tinieblas

y el silencio es tan d e n s o q u e da m i e d o ;

a la hora m i s negra y más oscura;

c u a n d o t o d o reposa i m i t a n d o a la m u e r t e

y u n o se e n c u e n t r a solo c o n el f a r d o

de su propia miseria y sus pecados,

c o m o u n h o m b r e que, al declinar la tarde,

sobre el c a m p o lluvioso, se aproxima

(20)

b a j o la n o c h e , a tientas, hasta u n p u e b l o ,

s o ñ a n d o c o n la luz y el calor de u n café;

c u a n d o el c a m i n o está cerrado y r o t o

y es imposible ir más allá, más

allá; c u a n d o la dicha y el d o l o r

se h a n apagado y t o d o se ha p e r d i d o

y e s p e r a m o s sin esperar ya nada;

c u a n d o solos, en m e d i o de la n o c h e ,

despojados de aquello q u e c r e í m o s

ser, m u y pobres, d e s n u d o s , tal cual s o m o s ,

s e n t i m o s nuestra sola y fiel presencia,

si sabes escuchar podrás oír

su voz q u e canta, sí, q u e canta y n u t r e

nuestra vida presente y la redime;

c o m u n i ó n de los santos q u e nos dice

q u e t o d o lo visible es lo invisible,

q u e lo ú n i c o q u e está es la presencia.

V

Extraviado e n lo inerte,

a mitad del camino de mi vida,

c o n t e m p l a n d o la m u e r t e

de a q u i e n e s sin m e d i d a

a m é y cuya presencia ahora es ida;

desconcertado, seco,

en m e d i o de u n paisaje desolado

y e n el o s c u r o h u e c o

de mi silencio h e l a d o

q u e ora sin cesar ante el sagrado

t e m o r de ese m i s t e r i o

q u e trabaja la carne y la degrada.

D e s n u d o e n el c a u t e r i o

de esta n o c h e tocada

(21)

d e s c u b r o q u e la vida

se transfigura e n luz y p e r m a n e c e ;

q u e e n las s o m b r a s d o r m i d a s

d o n d e el dolor escuece

y t o d o del s e n t i d o desparece,

la vida n o se va,

tan sólo, cual la savia e n el invierno,

se ausenta y volverá,

desde el secreto eterno,

a poblar de follaje el árbol tierno,

o quizá ya lo hace,

más allá de mi o j o y de mi o í d o

y c o m o a l m e n d r o nace

con u n blanco tejido

e n el o s c u r o i n v i e r n o y el olvido,

p u e s e s c u c h o su canto

en m e d i o del silencio y mi plegaria;

e s c u c h o tras mi llanto

su imperceptible aria,

su loa q u e m e invade, solitaria,

y v e o q u e n o han m u e r t o ,

q u e despiertan los prados,

los vidrios, los cerrojos y las llaves,

el " N i n t e n d o " , los dados,

la herrería, las trabes,

las copas de los árboles, las aves.

En el baño, e n la bata,

e n el polvo, e n la silla, e n la pimienta,

en la negra corbata,

en el caldo y la m e n t a ,

en el c u e n t o de hadas y en la cuenta

q u e n u n c a se pagó

mis m u e r t o s viven, sí y vive t o d o :

la virgen de yadró,

las tacitas, el m o d o

de tomarlas, la miel, la hoja, el lodo

con q u e j u g a b a n ellas.

T o d o habla, resurge del a b i s m o

horrible. Las estrellas

estallan; el m u t i s m o

se r o m p e y t o d o canta. El C a t e c i s m o

dice, dice la luz;

t o d o loa y expresa su alabanza;

d e s p e r t ó ya la c r u z

del m u r o y la esperanza

y T u imagen en m í y T u semejanza.

(22)

sólo ese c a n t o e m e r g e de la charca.

Ya amanece, la h o z

del día se d e m a r c a

y el f u e g o de la aurora d e s e m b a r c a .

Sí, es ella, la aurora.

La resurrección surge tras la roca.

Es la llama y la hora

de D i o s q u e t o d o invoca

y a la m u e r t e r e d i m e y la revoca,

m i e n t r a s y o rezo:

Señor, ya están contigo,

en Ti, Señor, desnudos y salvados.

Reza con ellos, Señor, ay, rézanos, Señor

a los que no hemos muerto.

Ibamos encorvados en la noche para tocar su sangre.

A la hondonada juimos, al sepulcro, Señor.

Era sangre, sí, sangre la que Tú derramaste, Señor.

Brillaba entre la noche.

Ella los redimió, Señor.

Sus ojos y su boca están tan plenos de ella,

Señor.

Reza con ellos, Señor,

por los que no hemos muerto.

Y la a u r o r a renace y t o d o reza:

el n e g r o abrevadero,

la sangre tan espesa

de m i s m u e r t o s ; el lindero

reza, reza el Señor, reza su apero.

T o d o m u r m u l l o reza;

reza la i n m e n s i d a d del alma, el c h a r c o

de sangre q u e nos pesa;

reza el m i s m o Plutarco

y m i Brodsky, mi Eliot, mi San M a r c o s ;

rezan P o u n d y C e l a n ;

en mi h u m i l d e librero han renacido

Santa T e r e s a y J u a n ,

el verso bien m e d i d o

y los ritmos, las rimas y el s e n t i d o

han salido del s u e ñ o

de la m u e r t e .

M i s m u e r t o s están vivos

(23)

mis gustos, mis m o t i v o s

para vivir y ser y m i s sentidos.

Reza t o d o lo escrito,

y la visión beatífica y el D i a b l o

existen; reza el rito,

los ángeles y el clavo

d e la cruz del S e ñ o r ; rezan el bravo

ejército de Dios,

sus trompetas, arcángeles y santos;

reza el V e r b o y su voz;

reza el mar y sus cantos,

rezan el goce e t e r n o y m i s q u e b r a n t o s .

T o d o está a q u í y ahora,

a r d i e n d o c o m o el l e ñ o b a j o el f u e g o .

M o r i m o s c o n los m u e r t o s

y con ellos n a c e m o s ,

aquí, ahora y s i e m p r e ,

e n este e t e r n o instante

e n q u e lenguas d e f u e g o

d e s c i e n d e n e n la n o c h e

y en este no sé qué que balbucimos.

Í N D I C E

I

N o c o m p r e n d o la m u e r t e

II

N o c o m p r e n d o la m u e r t e ,

y, sin e m b a r g o

III

S e ñ o r de nuestra m u e r t e

IV

E n t r e el día y la n o c h e sosegada

V

(24)

PASCUA Primer título de

Babélica

Se terminó de imprimir en el m e s d e e n e r o d e 2000, e n los talleres de Grafo Print Editores, S . A La edición y revisión estuvo

al cuidado de José Javier Villarreal. El formato a cargo de

la Secretaría de Proyectos Editoriales de la Facultad de Filosofía y Letras, U A N L . Se

utilizaron tipos: Portada Aldine721 BT Bold, interiores

Aldine401 BT,Aldine401 B T itálica, para el título de la colección Belwe Bd BT. Consta de 500 ejemplares m i s sobrantes

(25)
(26)

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