PROYECTO DE GRADUACIÓN
Trabajo Final de Grado
Los años necesitan ayuda
Estudio sobre la institucionalización de los adultos mayores.
José Losada Cuerpo B del PG 14 de Diciembre de 2009
Diseño Industrial
Facultad de Diseño y Comunicación Universidad de Palermo
Índice
Índice de figuras y tablas...4
Introducción...4
Capitulo I...6
1.1 Envejecimiento ...7
1.2 Aspectos generales de salud. Dificultades físicas y psicológicas. Discapacidad. .10 1.3 Entorno social-familiar...16
1.4 Aspectos legales...20
Capitulo II...23
2.1 Gerontología...23
Capitulo III...28
3.1 Geriatría ...29
3.2 Contexto geriátrico actual...33
3.3 Calidad de vida en el contexto geriátrico...37
3.4 Rol del diseño industrial en la geriatría...42
Capitulo IV...44
4.1 El diseño universal: accesibilidad para todos...45
4.2 Ergonomía como herramienta para optimizar el bienestar humano...47
Capitulo V...49
5.1 Terapia ocupacional Gerontológica...50
5.2 Actividad social. Tiempo libre en los adultos mayores...53
5.3 La actividad culinaria como terapia ocupacional...57
Capitulo VI - Desarrollo del producto...59
6.1 Necesidades del usuario. Demandas hacia el objeto...59
6.2 Proceso de diseño. Requisitos del producto...62
6.3 Resoluciones finales...63
...68
Conclusión...69
Referencias bibliográficas...72
Bibliografía...76
Índice de figuras y tablas
Introducción
El diseño industrial tiene por fin proyectar para los individuos, y a través de la reflexión y el trabajo de los diseñadores se genera un aporte a la sociedad, y por ello son las personas y no los objetos en sí el verdadero enfoque final que tiene el diseño. El diseño está dirigido a los objetos y no a los individuos, por lo tanto los mismos deberán ser útiles, estéticos y producibles, y para ello se deberían tomar en cuenta las necesidades de los propios usuarios.
Sin embargo, una franja de nuestra sociedad, aquella conformada por los adultos de mayor edad, no siempre hacen sentir su voz y sus opiniones, y en consecuencia resulta un desafío para los diseñadores que valoran la plenitud y calidad permanente de cada etapa de la vida y de cada individuo.
La presencia cotidiana de obstáculos arquitectónicos incide en que amplios sectores de la población se replieguen de manera transitoria o crónica en sus hogares y
estudiantes, docentes, entre otros. Si este proceso de deterioro del individuo no logra revertirse, la familia contrae un compromiso asistencial cada vez mayor y la culminación de un proceso de estas características es la de incorporarlo a una institución, la instancia mas onerosa para todos y de mayor marginación.
Los años necesitan ayuda es un proyecto multidisciplinario que abarca al diseño industrial tanto como a la Gerontología, y contribuye a una mejora en las condiciones de internación de los adultos mayores.
El tema de la longevidad genera múltiples debates acerca de la calidad de vida, la salud, la integración social, y la seguridad colectiva a lo largo de la vida. Esto nos pone frente a la responsabilidad de diseñar políticas para una sociedad que envejece, ya que dentro de no mucho tiempo en la Ciudad de Buenos Aires, una persona de cada cuatro tendrá 60 años o mas. El nuevo panorama social, en el que por primera vez en la historia el número de adultos irán superando a las de jóvenes, nos obliga a analizar las variables psicosociales desde una perspectiva actualizada e indagar en las implicaciones sociales, económicas, políticas éticas y sanitarias que genera esta revolución demográfica que viene produciendo un incremento en el número de personas mayores de edad.
El importante incremento experimentado por el grupo de personas con edad especialmente avanzada, unido a la frecuente presencia de problemas funcionalmente incapacitantes, plantea una serie de demandas que desbordan la capacidad de respuesta familiar, y a la que el sistema social debe dar cumplida respuesta. Respuesta que hasta el momento ha sido en muchos casos la residencia geriátrica.
Tomando un modelo general de instituto de internación, existen distintos usuarios con necesidades susceptibles a cambios desde la perspectiva del diseño industrial que coinciden en un punto de encuentro para todos: el instituto tiene como objetivo promover y generar mejoras en la calidad de vida de todo individuo u organismo social,
cualquiera sea el problema a resolver.
Por eso desde diseño industrial, surge el ideal de promover la atención a los individuos que transcurren la tercera etapa de sus vidas, donde los mismos comienzan a encontrarse ante discapacidades y dificultades para resolver las actividades cotidianas. Los años necesitan ayuda es un proyecto de grado que se focaliza en un sector de la sociedad que necesita de nuestra atención y soluciones para lograr mantenerse de manera activa, alejados de la marginación y la inactividad, con el fin de la inclusión social y por sobre todo una mejor calidad de vida que acarrea esta mayor inclusión y consideración.
Capitulo I
1.1 Envejecimiento
Figura Nº 1 Adulto mayor con bastón.
Fuente: Educa salud. Disponible:
http://2.bp.blogspot.com/_FhbKC6YGsJ4/RkStns6Z4oI /AAAAAAAAAYc/r_m_vZusEcg/s320/baston.jpg
El envejecimiento es una situación biológica normal que se produce dentro de un proceso dinámico, progresivo, irreversible y complejo que difiere según la forma en cómo afecta a las distintas personas e incluso a los diferentes órganos humanos. El envejecimiento comienza después de la madurez, y conlleva un descenso gradual de las distintas funciones biológicas que termina con el fallecimiento.
Según los autores Villa M. y Rivadeneira L. (2000), la proporción de personas de más
de 60 años crece rápidamente, más que la de cualquier otro grupo de edad. En esta revolución demográfica se superponen dos fenómenos, el envejecimiento poblacional y el envejecimiento individual.
El envejecimiento de una población es el aumento de la proporción de personas de edad avanzada con respecto al total de los individuos (personas mayores de 65 años/total población). El fenómeno del envejecimiento de la población es un hecho de gran trascendencia social que está suscitando la atención a múltiples niveles (políticos, económicos, sociológicos, sanitarios y de investigaciones científicas) por las enormes consecuencias que se están empezando a notar y se acentuarán en los próximos años.
Cada vez se observa un mayor interés en entender las causas o factores que producen el envejecimiento tanto de las personas particulares de mayor edad como de la población en general. El envejecimiento poblacional es consecuencia de diversos factores: unos directos, como la disminución de la mortalidad y el aumento de la esperanza de vida, que contribuyen a que cada vez existan mayor número de personas de edad en números absolutos, y otros indirectos, como es el descenso de la natalidad, la estructura por edades o las migraciones, que también favorecen este aumento.
La disminución de la mortalidad contribuye a que más personas sobrevivan hasta edades avanzadas. Sin embargo, dado que inicialmente esa reducción es más acentuada en la infancia y la niñez, el resultado es un rejuvenecimiento de la población. Sólo después de haberse conseguido progresos importantes en las etapas iniciales de la vida, la reducción de la mortalidad comienza a rendir frutos entre los adultos mayores. De acuerdo con los autores Villa M. y Rivadeneira L. (2000), desde 1950, la esperanza de vida al nacer ha aumentado en todo el mundo alrededor de 20 años. Entre 1950 y 2000, la esperanza de vida de la población de América Latina y el Caribe aumentó, en promedio, 18 años, para llegar a los 69 años.
En Argentina, la esperanza de vida al nacer se puede observar en la siguiente tabla que representa un promedio de todo el país:
Tabla Nº 1: Esperanza de vida al nacer Esperanza de vida al nacer en años 2000-2001
Esperanza de vida al nacer en años 1990-1992
Promedio total 73,77 Mujeres 77,54 Varones 70,04
Promedio total 71,93 Mujeres 75,59 Varones 68,42 Fuente: INDEC, Indicadores demográficos 2001.
Villa M. y Rivadeneira L. (2000) explican la importancia del componente infantil en la disminución de la mortalidad en la región latinoamericana que es ilustrada por la baja de la tasa pertinente, de 120 por mil a 36 por mil entre 1950 y 2000; en ese período casi un 80% de la ganancia de la esperanza de vida correspondió al incremento de la probabilidad de sobrevivir hasta los 60 años. Si bien la disminución sostenida de la mortalidad fue, en orden cronológico, el primer gran cambio demográfico observado en la región latinoamericana en los últimos cincuenta años, mayor trascendencia tiene la drástica reducción de la fecundidad, acaecida en la mayoría de los países a contar de los años sesenta y setenta.
Otra característica distintiva del envejecimiento poblacional es su especificidad de género; en general, a medida que aumenta la edad de una población se acrecienta la proporción de mujeres, especificidad que se origina en la mortalidad diferencial según sexo y que redunda en una mayor esperanza de vida para las mujeres. En promedio, las mujeres de la región viven seis años más que los hombres y al comienzo de la edad adulta mayor, esa diferencia es de casi cuatro años. Pero más importante que la mera longevidad es la calidad de los años que se viven.
En definitiva, el creciente aumento de la población de avanzada edad produce como consecuencia inevitable el aumento del consumo de recursos sanitarios y sociales por las personas de mayor edad. Esta situación genera una mayor tendencia a la cronicidad de las enfermedades, una mayor prevalencia de situaciones de incapacidad, una mayor utilización de la atención primaria de salud, un mayor consumo de fármacos, y una mayor necesidad de cuidados continuados. La sociedad debe hacer frente a estas nuevas y crecientes necesidades de las personas mayores aportando mayores recursos para poder crear un ambiente que provea la calidad de vida que merecen. El incremento de la necesidad de ayuda entre las personas mayores se perfila como uno de los problemas prioritarios en el diseño de las políticas sociales en todos los países.
A continuación se desarrollará el otro tipo de envejecimiento, analizando el envejecimiento individual de las personas mayores de edad. El envejecimiento es fruto del retroceso de la mortalidad general, pero también influyen otros factores como la prevención oportuna de afecciones antes consideradas inevitables. Sin embargo, no es seguro que tal progreso esté acompañado de mejoras en la calidad de vida.
1.2 Aspectos generales de salud. Dificultades físicas y psicológicas. Discapacidad En la vejez existe un aumento de la incidencia y prevalencia de enfermedades degenerativas, en las cuales la edad avanzada constituye por sí misma un factor de riesgo. Dichas enfermedades con frecuencia tienden, en su evolución, hacia situaciones
de incapacidad. Guillén y Bravo Fernández de Aráoz (2003) estiman que al menos un 1% de la población mayor de 65 años está totalmente inmovilizada, un 6% padece severas limitaciones en las actividades básicas de la vida diaria y hasta un 10% más presenta incapacidad moderada; dichos porcentajes se incrementan considerablemente al analizar la población por encima de los 80 años.
El proceso de envejecimiento se inicia cuando comienzan a perderse las facultades físicas (agilidad, resistencia) e intelectuales (análisis, habilidades, conocimientos, etc.) que son propias del estado de plenitud de la madurez del hombre. Estos cambios implican modificaciones de la conducta que se producen de manera imperceptible y lenta. El hombre comienza a tener conciencia de esta nueva situación en el momento que advierte que ya no es posible realizar las mismas actividades ni del mismo modo en que lo hacía con anterioridad.
La Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (2006) utiliza las siguientes definiciones para catalogar a los adultos mayores de edad:
1. Anciano sano: se trata de una persona de edad avanzada con ausencia de enfermedad. Su capacidad funcional está bien conservada y es independiente para actividades básicas e instrumentales de la vida diaria y no presenta problemática mental o social derivada de su estado de salud.
2. Anciano enfermo: es aquel anciano sano con una enfermedad aguda. Se comportaría de forma parecida a un paciente enfermo adulto. Suelen ser personas que acuden a consulta o ingresan en los hospitales por un proceso único, no suelen presentar otras enfermedades importantes ni problemas mentales ni sociales. Sus problemas de salud pueden ser atendidos y resueltos con normalidad dentro de los servicios tradicionales sanitarios de la especialidad médica que corresponda.
3. Anciano frágil: es aquel anciano que conserva su independencia de manera precaria y que se encuentra en situación de alto riesgo de volverse dependiente.
Se trata de una persona con una o varias enfermedades de base, que cuando están compensadas permiten al anciano mantener su independencia básica, gracias a un delicado equilibrio con su entorno socio-familiar. En estos casos, procesos intercurrentes (infección, caídas, cambios de medicación, hospitalización, etc.) pueden llevar a una situación de pérdida de independencia que obligue a la necesidad de recursos sanitarios y/o sociales. En estos ancianos frágiles la capacidad funcional está aparentemente bien conservada para las actividades básicas de la vida diaria (autocuidado), aunque (como ya se explicará más adelante), pueden presentar dificultades en tareas instrumentales más complejas. El hecho principal que define al anciano frágil es que, siendo independiente, tiene alto riesgo de volverse dependiente (riesgo de discapacidad); en otras palabras, sería una situación de pre-discapacidad.
4. Paciente geriátrico: es aquel paciente de edad avanzada con una o varias enfermedades de base crónicas y evolucionadas, en el que ya existe discapacidad de forma evidente. Estos pacientes son dependientes para las actividades básicas de la vida diaria (autocuidado), precisan ayuda de otros y con frecuencia suelen presentar alteración mental y problemática social. En otras palabras, podría decirse que el llamado paciente geriátrico es el anciano en quien el equilibrio entre sus necesidades y la capacidad del entorno de cubrirlas se ha roto y el paciente se ha vuelto dependiente y con discapacidad.
Los factores que conllevan al envejecimiento son muy variados y producen dificultades físicas y psicológicas. En el siguiente cuadro podemos observar algunos de estos
factores influyentes:
Figura Nº 2: Esquema y mecanismos que desarrollan la fragilidad Fuente: Tratado de geriatría para residentes. Disponible en:
http://www.segg.es/tratadogeriatria/PDF/S35-05%2001_I.pdf
Como surge del gráfico, la consecuencia final de los distintos factores que desmejoran la salud mental y psíquica de las personas es la discapacidad que puede ser total o parcial. Por esta razón, es de especial importancia para la geriatría y para las medidas de prevención de la discapacidad conocer el proceso de entrada o comienzo en la discapacidad, que permite saber cuáles son las edades de mayor riesgo de discapacidad.
Existen dos patrones básicos respecto a la aparición de un proceso de discapacidad:
• El progresivo, que se establece paulatinamente, comenzando con una dificultad física y va transformándose en una discapacidad según van pasando los años.
• El catastrófico, que se instaura de forma rápida y con varias discapacidades a la vez, pero suele mantenerse con similar número de discapacidades durante bastante tiempo, por ejemplo, un accidente de tráfico.
El primero es más frecuente en el adulto, mientras el segundo se produce en mayor medida entre los más jóvenes. En los adultos mayores de edad la discapacidad suele
estar generalmente originada por enfermedad común y el proceso de entrada es más lento; se cae en la primera discapacidad y pueden pasar varios años aproximadamente para ir añadiendo todas las demás. La gravedad de la situación viene determinada por el proceso, y por la perspectiva futura (en donde es muy importante la atención sanitaria recibida) como consecuencia de la evolución e incremento progresivo de la fragilidad.
El origen de la discapacidad en los adultos (65 años y más) se encuentra en los procesos degenerativos asociados a la edad. Según Rowe y Kahn (1987), en un artículo publicado en 1987, se estableció que no todos los casos de vejez libre de estados patológicos son iguales, haciendo la distinción entre la vejez usual o normal (usual aging) y la vejez exitosa, satisfactoria o saludable (successful aging). Así pues, se distinguiría entre dos grupos de ancianos libres de enfermedad: a) «usual», sin enfermedades pero con riesgo elevado de contraerlas y capacidad funcional normal o baja, y b) «exitosa, satisfactoria»
o saludable, sin enfermedades, con bajo riesgo de enfermar y elevada capacidad funcional física y mental. Esta distinción resulta relevante ya que se han llevado a cabo importantes investigaciones en todo el mundo sobre cómo incrementar la vejez exitosa.
El concepto de vejez exitosa incluye tres componentes principales: baja probabilidad de padecer enfermedad y discapacidad, elevada capacidad funcional física y cognitiva y mantenimiento de una vida activa en la sociedad. Por ello, la vejez exitosa es mucho más que la simple ausencia de enfermedades, aunque ello sea muy importante, y más que el simple mantenimiento de la capacidad funcional, que también lo es. Ambos son componentes importantes de la vejez exitosa, pero es su combinación con el mantenimiento de una vida activa en la sociedad lo que le confiere el concepto completo de vejez saludable o exitosa.
Las medidas de promoción de la salud y prevención primaria serían las responsables de un envejecimiento exitoso en las esferas de la salud, pero todas ellas necesitarán que se
logren cambios de conducta en la forma de pensar y de actuar de la persona que envejece. Estos cambios en la persona deben ir obligatoriamente acompañados de importantes cambios en la sociedad (legislativos-administrativos, políticos) para evitar que el envejecimiento no provoque una imagen peyorativa, con ausencia de valor social, sino una imagen de reconocida utilidad para la sociedad de la que son una parte importante.
Para lograr un envejecimiento exitoso también es fundamental considerar la contención familiar que tienen las personas mayores de edad. Un buen entorno familiar resulta imprescindible para evitar que un familiar mayor de edad caiga en el auto-abandono.
Acrich (1998) explica que el auto-abandono se produce cuando la persona mayor no tiene la capacidad para atender a su aspecto personal, su higiene y a su alimentación. El adulto mayor descuida la atención de problemas de salud, no toma la medicación que necesita y generalmente se niega a recibir ayuda. Ante este tipo de panorama es necesario brindar la contención emocional y atención médica que requiere la persona.
Para ello, los familiares deben tomar una decisión sobre cuales son las mejores opciones para tratar al adulto mayor.
1.3 Entorno social-familiar
Figura Nº 3: Pareja de adultos mayores.
Fuente: El diario de Noa. Disponible en:
http://www.blogs.ya.com/escritosenlanoche/files/viejos.jpg
En el estudio científico de la vejez prevalece la noción de que es el resultado inevitable del deterioro orgánico y mental. Este proceso biológico tiene grandes consecuencias sociales y psicológicas: el individuo comienza a retraerse de las actividades cotidianas y empieza a depender cada vez más de las personas que le rodean, ocasionando un aislamiento progresivo. Envejecer es un proceso que, dadas las circunstancias en que se encuentra el adulto mayor de edad, genera soledad y provoca que su temperamento se vuelva más agrio y malhumorado; a su vez, pueden surgir problemas de salud o los ingresos económicos pueden ser pobres e insuficientes para cubrir sus necesidades básicas lo cual dificulta aún más su situación. El adulto mayor de edad debe enfrentarse
cambio de estatus laboral.
La vejez, socialmente, no se considera una discapacidad. Como lo puede ser la ceguera o un individuo con parálisis en sus piernas. Sino que el adulto mayor lentamente va pasando por un proceso de discapacidad que va apareciendo cuando las capacidades del individuo no pueden satisfacer los requerimientos sociales y del entorno físico que lo rodea. Es necesario resaltar esto, ya que son un grupo de personas con necesidades singulares que están en la etapa final de su vida.
Como nos explica Coriat (2003), en distintos momentos de esta etapa de la vida se producen algunos acontecimientos decisivos:
1. Interrupción de una practica laboral sistemática.
2. Casamiento de los hijos.
3. Modificaciones en las condiciones de salud.
4. Muerte del cónyuge y/o familiares mas cercanos.
Los primeros dos acontecimientos junto con el último dan a lugar al llamado “nido vacío”, es decir al hogar ya sin hijos, y al hogar unipersonal. Ambas son típicas conformaciones hogareñas de la vejez. Para los adultos mayores de edad, la situación de no trabajar o no tener proyectos de realización a menudo conlleva a sentirse inútil. Esto se combina con un quiebre en el núcleo familiar, el fallecimiento del conyugue, y lo que puede ser una difícil situación económica y cuestiones legales como la interrupción de la sociedad conyugal. En casos en que la vivienda es un bien ganancial, es decir, del matrimonio, los hijos tienen -en Argentina- derecho a reclamar legalmente al padre sobreviviente su parte proporcional en la herencia que les corresponde del fallecido.
Los cambios en el papel y la estructura de la familia pueden alterar las formas tradicionales de cuidado de las personas de más edad, muchas de las cuales concluyeron
su vida laboral, sea porque obtuvieron una pensión o porque sus capacidades no les permiten seguir trabajando. Para una elevada proporción, este retiro no conlleva seguridad económica y, en ausencia de mecanismos apropiados de interacción social, genera un síndrome de desvinculación, con pérdida del reconocimiento y la importancia que esas personas tuvieron en el pasado. A pesar de esto, cabe señalar que las personas de edad siguen cumpliendo un papel importante en la producción de bienes y servicios, pues casi la mitad de la población de 60 a 64 años de la región continúa inserta en la actividad económica. Esta elevada participación laboral revela una situación que, lejos de constituir una opción voluntaria, puede atribuirse tanto a la baja cobertura de los sistemas previsionales como al escaso monto de las jubilaciones percibidas por aquellos que cuentan con tal protección.
Cuando los adultos de mayor edad ya no son capaces de desenvolverse en forma independiente, cuando pierden autonomía debido a algún déficit físico, psíquico o económico, es la familia la que acude en ayuda. Aguas S. (1999) explica como este proceso por el cual la familia se hace cargo del adulto mayor puede ser un proceso lento, el cual generalmente comienza con ayudar en algunas de las tareas de la vida diaria: realizar compras, colaborar en la limpieza, acompañarlo al medico, etc. Esta situación depende de cómo se va presentando la declinación en el familiar, en donde por problemas mentales, sociales o físicos, la familia comienza a actuar como soporte, contribuyendo así al mantenimiento del anciano en el medio familiar.
Cuando el hacerse cargo del adulto se da como resultado de una crisis, se trata de un proceso repentino, la familia en general tiene que poner en práctica estrategias de afrontamiento inmediatas para superar la situación de crisis. Al presentarse la pérdida de autonomía del adulto mayor de edad, generalmente se observa la aparición de una doble crisis, la de los adultos mayores en quienes la necesidad de autonomía se mezcla con la
necesidad de apoyo a medida que aumenta la dependencia, y la crisis de la familia por las pérdidas que observan en sus familiares.
1.4 Aspectos legales
Existe un creciente consenso en relación a la necesidad de pensar a las políticas públicas en general, y a las políticas sociales en particular, como parte de las obligaciones estatales para el cumplimiento efectivo de los derechos humanos. Los problemas de envejecimiento se han vuelto tema de interés público, y se comenzó a definir la vejez como una categoría social distinta compuesta por personas que en razón de su edad requieren consideraciones especiales.
El sistema legal argentino, en sus artículos 54, 140, 141, 152 bis del Código Civil, permite declarar la incapacidad o inhabilitación de aquellas personas que sufran demencia o alguna condición que no les permita desenvolverse normalmente o no tengan aptitud para dirigir su persona o administrar sus bienes.
Además, en Argentina, existen normas reglamentarias para regular el otorgamiento de pensiones a la vejez, y por invalidez para aquellas personas que se encuentren incapacitadas en forma total y permanente. El análisis de la obligación estatal de adoptar medidas para garantizar la plena vigencia de los derechos sociales de las personas mayores de edad surge con mayor importancia frente a la crisis del sistema de seguridad social en Argentina, que actualmente se expresa en un extremadamente bajo grado de cobertura, así como en importantes niveles de incumplimiento en los niveles de aportes.
En este contexto, se vuelven aún más significativos los programas sociales de transferencia de ingresos a las personas que no se encuentran vinculadas al sistema de seguridad social.
La ley 661 regula la actividad de los establecimientos residenciales y otros servicios de atención gerontológica que brindan prestaciones en el ámbito de la Ciudad de Buenos Aires. Para Aizen (2004) el valor fundamental que posee este instrumento es que desde el inicio considera a las personas mayores que viven en instituciones como ciudadanos
de pleno derecho. Esto, dicho de esta manera parece una verdad obvia, pero debemos recordar, que la representación social de la vejez generalmente se ve como déficit, deterioro, disminución, agonía y muerte. Por esta razón, se tiende a consagrar la vejez como sinónimo de enfermedad.
El ingreso a una institución, en general es consecuencia de la complejidad del desvalimiento de una persona mayor para realizar satisfactoriamente las actividades de la vida diaria. Este desvalimiento puede ser de carácter biológico, psicológico o social y puede afectar en un principio aspectos parciales de la vida de un sujeto. Esto no debe significar que deba perder su autonomía ni la posibilidad de seguir viviendo de responsables de su cuidado y sus familiares deben comprender que deben respetar su independencia y sus derechos como ciudadanos. La reglamentación legal de los establecimientos residenciales de personas mayores tiene como objetivo lograr que esta transición a un instituto se lleve a cabo con las medidas necesarias para garantizar el bienestar y la salud del adulto mayor de edad. Por ejemplo, el artículo 12.1 establece que los establecimientos residenciales « son responsables de asegurar las condiciones de alojamiento, la alimentación adecuada y la atención sanitaria de las personas mayores alojadas y de garantizar que, durante las 24 horas, permanezca en el hogar, por lo menos una persona a cargo del mismo» (Art. 12.1 Ley 661, 2001).
Por el momento hemos analizado las características que surgen en los adultos mayores, y los distintos factores que co-ayudan a un deterioro general en la persona anciana y agudizan los problemas de salud que comprometen cada vez más a su desenvolvimiento autónomo en las tareas de la vida diaria. A su vez, se estudió las implicancias legales que tiene la incapacidad mental de los mayores y el marco regulatorio de los establecimientos residenciales. Por estas complicaciones que sufren, los ancianos se ven obligados a buscar ayuda, y acuden a soluciones alternativas que por distintas razones
no puede proveer espontáneamente el grupo familiar. De esta manera, la institucionalización de los ancianos se ha vuelto una práctica común para los miembros familiares que no pueden hacerse cargo de ellos.
Capitulo II
2.1 Gerontología
Figura Nº 4: Especialización en Gerontología.
Fuente: Nordestalia, diario digital. Disponible en:
http://www.nordestealdia.com/noticias/corrientes/0000/00/fotos/20 08-05-16-gerontologia.jpg
La gerontología es el área de conocimiento que estudia la vejez y el envejecimiento. Es una ciencia que tiene como objetivo el estudio del proceso de envejecimiento en toda su extensión. La gerontología se ocupa, en el área de salud, estrictamente de aspectos de promoción de salud. Aborda aspectos psicológicos, sociales, económicos, demográficos y otros relacionados con el adulto mayor.
La gerontología se ha desarrollado en poco más de cinco décadas. Sus orígenes se dan
en el siglo XXI con un fenómeno sin precedentes que comienza a producirse durante la segunda mitad del siglo XX: el envejecimiento general de la población. Son diversos factores los que explican el reciente desarrollo de este tipo de preocupaciones. En primer lugar, la creciente importancia que ha tomado el envejecimiento de la población.
A ello se suman las condiciones de vida actuales de las personas mayores que, a diferencia de lo que ocurría anteriormente, lo más corriente es que ya no conserven unos vínculos familiares estrechos con su familia; de este aislamiento resulta la necesidad de preocuparse por su autonomía económica y por los diferentes problemas vinculados al estado de creciente soledad en la edad en la que se encuentran.
Las personas mayores ya son un grupo demográfico suficientemente importante para que sociólogos, políticos y empresarios lo tengan muy en cuenta. En Argentina podemos observar como este patrón de envejecimiento progresivo de la población se ha incrementado, y se espera que en las próximas décadas continúe esta tendencia.
Figura Nº 5: Pirámides de población.
Fuente: Monográfico sobre Argentina, indicadores básicos – Demografía. Disponible en:
http://www.imsersomayores.csic.es/internacional/iberoamerica/argentina/indicadores
Ante esta situación actual y futura, la gerontología tiene un doble objetivo: desde un punto de vista cuantitativo, la prolongación de la vida (dar más años a la vida, retardar la muerte) y desde un punto de vista cualitativo, la mejora de la calidad de vida de las personas mayores (dar más vida a los años). La gerontología se nutre de la biología, la sociología, la psicología, la antropología, la demografía, la educación y otros campos del saber aportan sus desarrollos académicos para hacer de la gerontología una realidad como campo de conocimiento independiente.
Rodríguez Benito C. (2007) explica como la Gerontología se contempla desde un modelo bio-psico-social; es una ciencia que persigue claramente una intervención: trata de mejorar las condiciones de vida de las personas mayores. Dentro de esta ciencia, se
distinguen cuatro subdisciplinas:
1. Gerontología biológica o experimental o del envejecimiento: Pretende conocer tanto los mecanismos del envejecimiento. En el objetivo de retardar el envejecimiento, ocupa un lugar destacado la gerontología biológica preventiva, que se divide en diferentes apartados:
• prevención farmacológica. Con la utilización de medicamentos como los antioxidantes, vitaminoterapia E, etc.
• prevención dietética- higiénico- psicológica.
2. Gerontología clínica o geriatría: ciencia médica cuyo fin es el diagnóstico de las enfermedades de la vejez, su curación, rehabilitación y reinserción del enfermo en su hábitat a lo que hay que añadir la prevención de dichas enfermedades.
3. Gerontología social: Es la que corrientemente se conoce como Gerontología y abarca todos los problemas sociales, políticos, económicos y sanitarios del ambiente relativo a los mayores. Es también multidisciplinar y en ella intervienen: trabajadores sociales, economistas, abogados, arquitectos y políticos. Como ciencias auxiliares, cuenta con la demografía y la epidemiología.
4. Gerontopsiquiatría o psicogerontología: Estudia los aspectos psicológicos y psiquiátricos del anciano. Se destacan las demencias y las depresiones como patologías características que van a marcar la muerte del anciano.
5. La gerontología incide en la calidad y condiciones de vida del adulto mayor mediante el diseño, ejecución y seguimiento a políticas y programas destinados al beneficio de la población anciana. De esta forma suma vida a los años más que años a la vida; este último sería un objetivo de la geriatría.
En la actualidad, organismos nacionales e internacionales dedican importantes recursos para financiar proyectos de investigación encaminados a comprender los cambios que se producen a todos los niveles durante el proceso de envejecimiento, diseñándose también por parte de estos organismos, políticas específicas destinadas a mejorar la calidad de vida de las personas mayores. En la II Asamblea Mundial de las Naciones Unidas sobre el envejecimiento (2002), los gobiernos de más de 150 miembros de la ONU asumen que estamos ante una cuestión de importancia global.
En esta oportunidad, los distintos miembros diseñaron un plan para desarrollar en cada país. El Plan de Acción Internacional de Madrid (2002) identifica tres ejes de acción prioritarios, en función de los cuales se recomienda que los países estructuren su propio proceso de aplicación en el plano nacional:
• El primero se refiere a la incorporación del envejecimiento y sus consecuencias en el diseño y ejecución de los planes de desarrollo y en las estrategias de erradicación de la pobreza, incluyendo dentro del mismo las cuestiones relacionadas con la participación en la vida activa y la sostenibilidad de los sistemas de protección social.
• El segundo se relaciona con hacer avanzar la salud y el bienestar a los años que se añaden a la vejez, profundizando en el concepto de envejecimiento activo y apostando por una reorientación de esfuerzos hacia el mantenimiento de la independencia y capacidad funcional lo más posible.
• Finalmente, el Plan identifica los entornos de apoyo como otro campo principal de atención de los gobiernos en busca de una mayor inclusión social, un refuerzo de las relaciones entre generaciones, un apoyo a las familias y otras personas e instituciones suministradoras de cuidados y en la configuración de ciudades que atiendan las necesidades de todos, independientemente de la edad.
La creciente necesidad de asistencia y tratamiento de una población que envejece exige políticas adecuadas. Se debe estimular a las personas mayores a vigilar y mejorar su propia salud. Las actividades de promoción de la misma y el acceso universal de las personas de edad a los servicios sanitarios durante toda la vida son el pilar del envejecimiento de calidad.
Capitulo III
3.1 Geriatría
Figura Nº 6: Auxiliar geriátrica.
Fuente: Centro de formación y empleo. Disponible en:
www.cursosoposiciones.es/cursos/Auxiliar_geriatria_fot o006.jpg
La geriatría es una rama de la gerontología que se centra en las patologías asociadas a la vejez, y el tratamiento de las mismas. Es la especialidad médica que se ocupa de los aspectos preventivos, curativos, clínicos, terapéuticos y sociales de las enfermedades en los adultos de mayor edad, y de la rehabilitación de las enfermedades del adulto en senectud. Con la creciente institucionalización de las personas de avanzada edad en centros de salud y geriátricos, la geriatría se ha convertido en materia de estudio sobre esta forma vivir y la calidad de vida que reciben los ancianos.
El importante incremento experimentado por el grupo de personas con edad avanzada, unido a la frecuente presencia de problemas funcionalmente incapacitantes, plantea cada vez más una serie de demandas que desbordan la capacidad de respuesta familiar, y a la que el sistema social debe dar una respuesta. Hasta el momento la respuesta ha sido en
muchos casos la residencia geriátrica.
El Tratado de Geriatría de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (2006) establece que la geriatría tiene como objetivo principal prevenir y superar la pérdida de autonomía, a la cual estas personas son especialmente susceptibles. De esta manera, los fines particulares de la especialidad son:
1. El desarrollo de un sistema asistencial a todos los niveles, que atienda las múltiples alteraciones y los problemas médico-sociales de los ancianos, que de forma aguda y post-aguda presentan como rasgos comunes la pérdida de su independencia física o social.
2. La organización de una asistencia prolongada a los ancianos que la necesiten.
3. La movilización de todos los recursos para integrar en la comunidad el mayor número de ancianos posible.
4. La investigación, la docencia y la formación continuada de sus propios especialistas y del personal relacionado con dicha especialidad.
Para entender mejor la geriatría hemos de analizar las características del modo de enfermar de los mayores. Los cambios físicos, sociales y de conducta característicos de la edad avanzada, se combinan con el efecto de múltiples enfermedades agudas y crónicas con diferente presentación y respuesta al tratamiento, hechos que la diferencian de lo que sucede en el paciente adulto más joven. El individuo suele tener una menor reserva funcional y una mayor fragilidad; por ello, el médico geriatra deberá tener los conocimientos y la experiencia necesaria para mejorar las capacidades de este grupo de población y ser capaz de prestarles una asistencia adecuada.
Existe unanimidad a la hora de admitir que se cometen ciertos errores en torno a la geriatría. Por un lado, es frecuente confundir geriatría simplemente con medicina de personas mayores de 65 años, y esto no es del todo exacto. La geriatría centra
principalmente su atención en aquellas personas mayores de 65 años que presentan varias enfermedades y que tienden a la cronicidad o invalidez, y cuya evolución está condicionada por factores psíquicos o sociales. Tal es así, que los recursos de atención geriátrica específicos han sido creados precisamente para estos grupos de ancianos y no para aquellos que, aun teniendo edad avanzada, gozan de buen estado ancianos y no para aquellos que, aun teniendo edad avanzada, gozan de buen estado de salud y llevan una vida autónoma e independiente. También se suele confundir la geriatría con asistencia única y exclusivamente a enfermos crónicos; sin embargo, el espectro de acción de esta rama de la medicina es mucho más amplio. La geriatría pretende prevenir la aparición de la enfermedad, tratarla cuando ésta aparece, impedir que evolucione a la cronicidad y asegurar que los casos que lleguen a la dependencia total sean únicamente los estrictamente inevitables. Todas estas acciones se realizan tanto en el paciente agudo como en el que precisa tratamiento continuado.
La geriatría abarca la atención de todas las necesidades sanitarias de la persona mayor.
Cubre los siguientes aspectos:
a) Prevención y promoción de la salud (con desarrollo de programas específicos).
b) Asistencial (garantizando el tipo y la calidad de atención preventiva, progresiva, integral y continuada característica de la práctica geriátrica).
c) Recuperación de función (con carácter preventivo, y en todas las fases de la enfermedad incapacitante).
Según Buendía J. y Riquelme A. (1998), a pesar de las numerosas críticas surgidas en los años 80s contra la institución geriátrica, el incremento del número de personas de edad avanzada y otros factores hace que la residencia geriátrica siga presentándose como la opción preferente en la actualidad para un grupo muy concreto de adultos mayores caracterizados por un alto nivel de dependencia funcional, necesidad
continuada de cuidados, y déficit en recursos de apoyo funcional. Las corrientes opositoras a este tipo de instituciones se basan fundamentalmente en el rechazo del propio adulto a ser internado, y cómo esta situación puede provocar su deterioro psicológico y físico.
Prieto (2000), Director del Centro Iberoamericano de la Tercera Edad, explica como recién en 1993 la OMS establece en Edimburgo los objetivos rectores para la enseñanza de la Geriatría y se celebra el primer Seminario sobre el papel de la Geriatría y Gerontología en la formación y práctica de los médicos europeos donde se remarca la necesidad de la formación desde el pregrado, la formación especializada en el post- grado y el desarrollo de tareas de Investigación sobre el Envejecimiento. En Edimburgo se establece por primera vez la importancia de tener una actitud positiva frente al anciano, la necesidad de tener conocimientos demográficos y marcar la diferencia entre envejecimiento y enfermedad, la necesidad de conocer acerca de las enfermedades de la vejez y la necesidad de estimular y desarrollar criterios de rehabilitación. A su vez se trabajó sobre la funcionalidad del trabajo y el enfoque multidisciplinario para fomentar el respeto a los mayores, la utilización de recursos comunitarios, y el desarrollo de modalidades para la atención integral del paciente.
La Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (2006) señala la necesidad de la institución geriátrica sobre la base de una serie de factores como el importante aumento en el número de ancianos con problemas incapacitantes, el proceso de nuclearización residencial en torno de grandes ciudades que reduce el tamaño de las viviendas debido al encarecimiento del suelo, la falta de una perspectiva social y comunitaria en la generación de soluciones para la atención al anciano, etc.
Dado que la geriatría tiene que hacer frente a un tipo de paciente con unas características especiales, la especialidad dispone de su propia «tecnología», que la hace
diferente al resto de especialidades médicas. Esta tecnología no se basa en instrumentaciones mecánicas, sino en una sistemática propia de trabajo que marca la diferenciación de la geriatría con otras especialidades. Esta sistemática tiene tres ejes principales: la valoración geriátrica integral, la interdisciplinariedad del equipo y los niveles asistenciales.
1. La valoración geriátrica integral, entendida como un proceso multidimensional e interdisciplinar dirigido a identificar y cuantificar problemas médicos, evaluar la función física, mental y social, proponer planes globales de tratamiento y optimizar la utilización de los recursos asistenciales. La praxis de la misma exige un muy profundo conocimiento de los recursos e instrumentos que en cada área deben ser utilizados y, por tanto, una sólida formación al respecto.
2. La interdisciplinariedad, entendida como modo de acción conjunto, armónico y estructurado de los diversos profesionales implicados en un objetivo común.
3. Niveles asistenciales en función de las diferentes necesidades, sanitarias y sociales, que plantean los ancianos, según la fase evolutiva de su enfermedad y que garantizan el tipo y calidad de los cuidados que son necesarios en cada momento.
4. Por lo tanto, los médicos que van a cuidar de la población geriátrica en el futuro requerirán diferentes actitudes y conocimientos que los que se precisan para la atención a la población general. Para una buena formación del especialista en geriatría es necesario el desarrollo de actitudes apropiadas hacia el adulto de avanzada edad, el balance entre curar y cuidar, el aprendizaje del cuidado continuado y el dominio de las técnicas de la valoración integral.
3.2 Contexto geriátrico actual
En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, según los indicadores demográficos 2000-
2001 publicados por la Dirección General de Estadísticas y Censos, viven 658.166 personas mayores de 60 años, representando el 21,5% del total. Más de la mitad de ellos pertenece a sectores contributivos que dependen previsionalmente de la Administración Nacional de Seguridad Social –ANSES- y cuya cobertura médica y social corresponde al Programa de Asistencia Médica Integral –PAMI- (360.000 afiliados ) o a diversas obras sociales (alrededor de cien mil beneficiarios). Entre la población no contributiva, alrededor de 50.000 personas en situación de extrema pobreza deben recurrir al Programa Federal de Salud – PROFE- y a la Comisión Nacional de Pensiones Asistenciales -CNPA. El resto de los adultos mayores de la Ciudad, aproximadamente cien mil, sólo cuenta con los hospitales públicos metropolitanos para atender su salud y con los hogares del Gobierno de la Ciudad para la internación geriátrica.
Figura Nº 7: Personas mayores en Argentina por sexo y porcentaje, 2003.
Fuente: Monográfico sobre Argentina, Indicadores básicos – Demografía.
Disponible en:
http://www.imsersomayores.csic.es/internacional/iberoamerica/argentina/indicad ores.html
El incremento del número de personas de edad avanzada que viven en residencias para adultos mayores de edad es el resultado de diversos factores que hemos estado analizando. Según un informe de la situación social en la ciudad de Buenos Aires publicado en la revista informativa del Censo 2001 (INDEC 2003), Argentina presenta una estructura por edad envejecida, consecuencia de un proceso de cambio de la estructura por edad de la población caracterizado por el aumento del porcentaje de personas de edades avanzadas. La ciudad de Buenos Aires es la jurisdicción más envejecida de nuestro país, donde la edad media de la población para ambos sexos es de 39 años. El índice de dependencia potencial de la población en la ciudad de Buenos
Aires era del 51.8% para el año 2001, lo que indica que hay cerca de 52 potenciales inactivos por cada 100 potenciales activos.
La proporción de adultos mayores habitando en instituciones colectivas tales como hogares residenciales era, según el Censo del 2001, relativamente baja. El 2,9% de la población de 60 y más años residía en hogares de ancianos, proporción que subía al 9%
entre la población de 80 y más años. Según un estudio realizado sobre la población residente en una muestra de geriátricos privados relevados por el GCBA, se puede observar que luego de la crisis de 2001 se redujo a un 28% la cantidad de alojados, pasando de 18mil a 13 mil alojados en geriátricos. (Dirección General de Estadísticas y Censos, 2002).
3.3 Calidad de vida en el contexto geriátrico
Al ingresar un paciente en un instituto geriátrico por primera vez es necesario tomar las medidas necesarias para evitar que esta persona se sienta incomoda o alienada, ya que este cambio implica graves consecuencias emocional y psicológicamente. La institucionalización de una persona mayor de edad es un tema extremadamente delicado, especialmente considerando que hay que retirar a esta persona de su entorno común e intentar que se adapte a una situación completamente distinta a la que conocía.
Los adultos mayores de edad, cuando son institucionalizados, tienden a considerar negativamente este cambio porque disminuye el sentimiento de poder controlar sus propias vidas ya que el internamiento supone la pérdida de la independencia que les quedaba, aunque en muchos casos ya fuera escasa en la realidad. También interpretan la institucionalización como una demostración del rechazo y el abandono de sus familiares, de sus últimos vínculos y la perdida del papel social.
Por esta razón, los estudios gerontológicos y geriátricos han dedicado mucho tiempo y esfuerzo para tratar de hacer esta transición de manera fácil y sin muchas repercusiones para la persona anciana. A su vez, se ha estudiado la manera de mejorar la calidad de vida de los adultos ya institucionalizados.
La misión fundamental de los hogares es brindar asistencia integral a los adultos mayores en situaciones de desamparo o carentes de apoyo familiar, atendiendo los aspectos gerontológicos, psicofísicos y socio-asistenciales. Proponiendo como logro su desarrollo individual y social como así también a su rehabilitación.
La calidad de vida es un concepto evaluador o valorativo. Los medios para su medición son muy diversos, como también lo son sus dimensiones teóricas. Dentro de los factores tomados en cuenta se encuentran los siguientes:
Figura Nº 8: Calidad de vida.
Fuente: Diseñar la vejez (Abraham R., Horenstein B.). Disponible en:
http://www.catedragalan.com.ar/trabajo_dis.php?id=00000018
Las especiales características del paciente geriátrico, en el que confluyen los aspectos intrínsecos del envejecimiento fisiológico y la especial forma de presentación de la enfermedad, hacen necesaria la aplicación de un sistema especial de valoración.
En el Tratado de Geriatría de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (2006) utilizan el concepto de la valoración geriátrica integral. La valoración geriátrica integral (VGI) surge, además, como respuesta a la alta prevalencia en el anciano de necesidades y problemas no diagnosticados, de disfunciones y dependencias reversibles no reconocidas, que se escapan a la valoración clínica tradicional (anamnesis y exploración física). Los objetivos que se plantea la VGI son:
• Mejorar la exactitud diagnóstica en base a un diagnóstico cuádruple (clínico, funcional, mental y social).
• Descubrir problemas tratables no diagnosticados previamente.
• Establecer un tratamiento cuádruple adecuado y racional a las necesidades del adulto.
• Mejorar el estado funcional y cognitivo.
• Mejorar la calidad de vida.
• Conocer los recursos del paciente y su entorno sociofamiliar.
• Situar al paciente en el nivel médico y social más adecuado a sus necesidades, evitando siempre que sea posible la dependencia, y con ello reducir el número de ingresos hospitalarios y de institucionalizaciones.
• Disminuir la mortalidad. Incluye cuatro esferas: la clínica, la mental, la social y la funcional. Así, constituiría un fracaso tratar de forma ambulatoria una infección urinaria en el anciano si no valoramos previamente que la situación mental, funcional y social permiten un buen cumplimiento terapéutico.
La preocupación de los doctores por conocer la calidad de vida de los ancianos institucionalizados ha llevado a crear distintos mecanismos para valorar y controlar esta calidad de vida. Según Real Fortuny (2008), la calidad de vida (CDV) es un concepto multidimensional y se define en términos generales como el bienestar, felicidad y satisfacción de un individuo, que le otorga a éste cierta capacidad de actuación, funcionamiento o sensación positiva de su vida. La CDV se ve directamente influida por la personalidad y el entorno en el que vive y se desarrolla el individuo. Es una noción eminentemente humana que se relaciona con el grado de satisfacción que tiene la persona con su situación física, su estado emocional, su vida familiar, amorosa, social así como el sentido que le atribuye a su vida, entre otras cosas.
La CDV es la percepción que un individuo tiene de su lugar en la existencia, en el contexto de la cultura y del sistema de valores en los que vive y en relación con sus objetivos, sus expectativas, sus normas, sus inquietudes. Se trata de un concepto muy amplio que está influido de modo complejo por la salud física del sujeto, su estado psicológico, su nivel de independencia, sus relaciones sociales, así como su relación con los elementos esenciales de su entorno.
Entre las investigaciones gerontológicas son bastantes las que se centran en los factores que afectan a la calidad de vida, en la medida en que ésta se convierte en un indicador de envejecimiento satisfactorio. Muchas de estas investigaciones comparten la idea de que es igual de relevante mantener un estado de salud física como disponer de un cierto nivel de bienestar psicológico y social.
El concepto de calidad de vida en la tercera edad involucra también muchas variables como pueden ser: satisfacción, felicidad, autoestima, además de capacidad adquisitiva, disfrutar de buena salud física psíquica y una relación social satisfactoria, entre otras muy diversas. Muchos autores están de acuerdo en que la variable salud es la que mayor peso tiene en la percepción de bienestar de los adultos mayores de edad, y que los déficits de salud constituyen el primer problema para ellos.
La vida actual, caracterizada por un aumento en la longevidad, no está necesariamente asociada a una mejor calidad de vida. El aumento de la frecuencia y velocidad de los cambios, la inseguridad constante, el exceso de información, el desempleo, los cambios en la estructura familiar, la pérdida de motivaciones, lealtades, valores, señalan los múltiples factores estresantes a que estamos sometidos la mayoría de los seres humanos.
Se conoce que el estrés predispone a la enfermedad y deteriora la calidad de vida. Las condiciones que parecen determinar la calidad de vida son: salud (disfrutar de buena salud), aptitudes funcionales (ser capaz de cuidar de uno mismo), condiciones económicas (tener una buena pensión o ingreso), relaciones sociales (mantener relaciones con la familia y amigos), actividad (estar activo), servicios sociales y de salud, calidad en casa y en el contexto próximo (tener una buena casa en un ambiente de buena calidad), satisfacción de vida (sentirse satisfecho con la vida) y oportunidades culturales y educaciones (tener la oportunidad de aprender nuevas cosas). Estas condiciones se mencionaron como esenciales para la CDV en la tercera edad y no
variaron según el sexo, edad o estado social de los entrevistados.
La institucionalización o no-institucionalización de las personas mayores ha sido objeto de muchos estudios y controversias sobre ventajas/desventajas de cada una. En las últimas décadas se ha preferido la institucionalización dado que las personas que viven en instituciones tienen mejores cuidados de enfermería, y modifican hábitos y modos de vida (factores de riesgo incapacitantes); aunque por otro lado, muchos autores observan que existe una mayor dependencia funcional en los ancianos institucionalizados que en aquellos que viven en sus domicilios.
La salud psicológica o bienestar psicológico es un condicionante muy importante de calidad de vida. De todos los trastornos psíquicos del adulto mayor de edad, el más frecuente es la depresión (estado de ánimo triste, decaído la mayor parte del día, con notable disminución de la sensación de placer o de interés en las cosas de la vida diaria).
La depresión produce alto grado de incapacidad y aumenta la mortalidad en la población geriátrica, en consecuencia, altera la calidad de vida de la persona que la sufre.
3.4 Rol del diseño industrial en la geriatría
Figura Nº 9: Ayudas geriátricas.
Fuente: Residencia de ancianos. Disponible en:
http://residencias-de-
ancianos.es/uploads/contenido/tercera_edad2jpg.jpg
Con el avance de la tecnología, la situación de las personas de mayor edad se puede modificar cualitativa y cuantitativamente. Como consecuencia de esta mejora, como hemos analizado, aparece la posibilidad de aumentar la esperanza de vida de los seres
humanos. Las personas mayores, por su condición especial, a veces están limitadas a recibir y responder a los estímulos del mundo que las rodea, y por esta razón requieren de mayor ayuda. La ayuda que les podemos proporcionar no se limita únicamente a la atención médica o personal, también influye el ambiente material y los objetos útiles que los rodean.
El diseñador cumple un papel esencial para poder canalizar las necesidades en artefactos y mobiliarios que ayuden a la persona mayor de edad.
El diseño tiene como tarea fundamental analizar los distintos síntomas que se presentan durante el envejecimiento, y a partir de esto crear y desarrollar ideas que puedan mejorar la condición y la calidad de vida. Por ejemplo, algunos síntomas comunes para todos las personas de edad avanzada son la disminución en la reacción motora que se caracteriza por movimientos lentos e inseguros, y la deficiencia en los órganos de los sentidos como el oído y la vista. A raíz del estudio de estos problemas existen diversas soluciones, como aparatos para la sordera, anteojos, andadores, bastones, etc.
Los productos de uso doméstico para la tercera edad se han vuelto una parte necesaria para mejorar la calidad de vida no sólo de los pacientes geriátricos si no de cualquier individuo que desee comprarlos. Esta es otra de las características distintivas de estos productos, que se han vuelto de consumo masivo y pueden adquirirse fácilmente.
Para diseñar un producto es necesario tomar en cuenta las particulares características que tienen las personas de mayor edad. Es necesario considerar sus deficiencias motrices, las molestias y dificultades que puedan tener. Un ejemplo puede ser el peso que deben tener los objetos. El peso es una característica fundamental a tener en cuenta en el diseño de los productos debido a que al grupo de usuarios hay que exigirles el menor esfuerzo físico posible y brindarles la mayor comodidad. El material con el cual se realizan los productos tiene una fuerte vinculación con la variable peso, pero al
mismo tiempo también es definitoria en la imagen y la calidad del producto diseñado.
El diseñador también debe considerar la falta de conocimiento que tienen la mayoría de los adultos respecto a la tecnología. Por esta razón, la simplicidad del producto debe ser una variable esencial. El uso del producto debe ser fácil, y para ello debe lograrse una transmisión de la información necesaria para utilizarlo eficazmente, teniendo en cuenta las características del usuario (falta de agudeza visual, poca precisión en movimientos, etc.). También es necesario atender la percepción de calidad del producto que se relaciona con su apariencia y con la calidad de materialidad y diseño que presenta, y para esto debemos considerar particularmente el tipo de cliente que sería una persona mayor de edad y los objetos que utilizan.
Como hemos visto, el concepto de vejez exitosa incluye una baja probabilidad de padecer enfermedad y discapacidad, una elevada capacidad funcional física y cognitiva y mantenimiento de una vida activa en la sociedad. El diseño puede ayudar a mejorar específicamente la capacidad funcional y cognitiva, y de esta manera mantener en vida activa a los ancianos. La calidad y condiciones de vida del adulto mayor se pueden mejorar mediante el diseño de productos destinados al beneficio de la población anciana. Hacer avanzar la salud y el bienestar a los años que se añaden a la vejez, profundizando en el concepto de envejecimiento activo y apostando por una reorientación de esfuerzos hacia el mantenimiento de la independencia y capacidad funcional lo más posible.
Capitulo IV
4.1 El diseño universal: accesibilidad para todos
Figura Nº 10: Educación de personas adultas.
Fuente: Junta de Andalucía.
Disponible en :
http://www.juntadeandalucia.es/averroes/cepdeelejido/moodle/file.php/3 5/manos_de_ancianos_edited.jpg
El entorno físico que diseñamos pareciera estar destinado a un ser humano ficticio e inmutable, que no crece, no enferma, no envejece, no muere, un modelo antropométrico perfecto, consecuencia de una visión perfeccionista del hombre. Es un error muy frecuente considerar que todas las personas funcionan de la misma manera.
Las barreras arquitectónicas y urbanísticas, las barreras culturales, las sociales, también las burocráticas, son aquellos impedimentos que hacen a la no integración o a la dificultad de participar de las actividades de una comunidad para algunas personas, como por ejemplo discapacitados, niños o ancianos. Su integración es una obligación que ataña a toda la comunidad, por eso deben evitarse aquellos obstáculos que les interrumpan el uso de la ciudad y sus lugares.
En los últimos años se a desarrollado un concepto que todavía no esta muy difundido,
que es el concepto de diseño universal o diseño para todos. Es un paradigma del diseño relativamente nuevo, que dirige su accionar en el desarrollo productos y entornos de fácil acceso para el mayor número de personas posible, sin la necesidad de adaptarlos o rediseñarlos de una forma especial. El concepto surge del diseño sin barreras, del diseño accesible y de la tecnología asistida. A diferencia de estos conceptos el diseño universal tiene un alcance a todo el espectro de accesibilidad incluida las personas que no la tienen, resolviendo el problema con una visión holista. Además, tiene en cuenta la manera en que se vende el producto y la imagen de producto, para que éstos, además de ser accesibles, puedan venderse y captar a todo el rango de consumidores.
Entonces decimos que el propósito principal del diseño universal es simplificar la realización de las tareas cotidianas mediante la construcción de productos, servicios y entornos más sencillos de usar por todas las personas y sin esfuerzo alguno.
Cuando debemos escoger o diseñar un producto tener en cuenta algunos principios básicos del diseño universal.
1. Igualdad de uso: El diseño debe ser fácil de usar y adecuado para todas las personas independientemente de sus capacidades y habilidades.
2. Flexibilidad: El diseño debe poder adecuarse a un amplio rango de preferencias y habilidades individuales.
3. Simple e intuitivo: El diseño debe ser fácil de entender independientemente de la experiencia, los conocimientos, las habilidades o el nivel de concentración del usuario.
4. Información fácil de percibir: El diseño debe ser capaz de intercambiar información con usuario, independientemente de las condiciones ambientales o las capacidades sensoriales del mismo.
5. Tolerante a errores: El diseño debe minimizar las acciones accidentales o fortuitas que puedan tener consecuencias fatales o no deseadas.
6. Escaso esfuerzo físico: El diseño debe poder ser usado eficazmente y con el mínimo esfuerzo posible.
7. Dimensiones apropiadas: Los tamaños y espacios deben ser apropiados para el alcance, manipulación y uso por parte del usuario, independientemente de su tamaño, posición, y movilidad.
Como ejemplo de producto que sigue estos principios se muestra la birome U-Wing (Figura N° ), que además de tener una forma ergonómica tiene una especie de bucle que permite que sea sujetada de varias formas con las manos e incluso con los pies o con la boca.
Figura Nº 11: Birome U-Wing.
Fuente: Tripod Design.
Disponible en: http://www.tripoddesign.com/en/gallery/o-u-wing.html
4.2 Ergonomía como herramienta para optimizar el bienestar humano
La ergonomía es una ciencia, una disciplina que aplica teoría, principios, datos y métodos para diseñar a fin de optimizar el bienestar humano y el rendimiento global del
sistema buscando que los humanos y la tecnología trabajen en completa armonía pudiendo diseñar objetos de acuerdo con las necesidades y limitaciones humanas.
La ergonomía se basa en el axioma que las personas son más importantes que los objetos y por lo tanto sean éstos los que se adapten a los usuarios y no viceversa pero a pesar de ello deberemos lograr un buen equilibro entre ambos.
Coriat S. (2003) propone una definición más amplia para la ergonomía la cual no solo estudia el diseño de objetos y equipamiento sino también el contexto arquitectónico y urbano en el cual se desenvuelve el individuo optimizando el soporte en el cual se desarrolla la sociedad. La ergonomía a su vez se basa en los estudios de la antropometría, disciplina que estudia las dimensiones y medidas humanas con el propósito de comprender los cambios físicos del hombre en su evolución, por lo tanto estudian personas en todas las edades y regiones.
La sociedad está tomando conciencia y en este paradigma relativamente nuevo del diseño universal, social, se muestra dispuesta a generar un entorno accesible para todos generando objetos y espacios carentes de barreras. El objetivo fundamental es el de mejorar la calidad de vida de las personas sin ser excluyente y es allí donde la colaboración interdisciplinar cobra un papel fundamental aportando desde una óptica particular tanto del usuario como del profesional o la disciplina elementos complementarios para lograr mejores resultados. Lo interdisciplinar, es entonces, un elemento de diseño.
El proceso investigativo de diseño se nutre de la innovación que viene desde afuera, es un efecto exógeno, por lo cual la interdisciplinaridad es donde se cruzan varias disciplinas que tienen como propósito ampliar el discurso, nutrirnos y obtener innovación.
Con este enfoque y tratándose de una institución geriátrica el contexto sobre el cual se
está investigando, el equipo de trabajo podrá reunir varias disciplinas complementarias como arquitectura, diseño industrial, medicina, psicología, artes, sociología.
Capitulo V
“La actividad es lo que hace feliz al hombre” Goethe J.W
5.1 Terapia ocupacional Gerontológica
Figura Nº 12: Geriatría.
Fuente: Salood. Disponible en:
http://www.salood.com/wpcontent/uploads/2007/11/geriatria.jpg
Como bien menciona Garriga, J. (2008), las distintas actividades que realizamos para satisfacer nuestras necesidades básicas, desde la higiene personal, hasta las más complejas, las efectuamos sin tomar conciencia de todos los mecanismos implicados para concretarlas satisfactoriamente. La autora señala en el artículo publicado en el año 2008, que a su vez, los cambios funcionales que aparecen en el proceso de envejecimiento traen consigo limitaciones en la vida cotidiana y para ello es necesario adaptarse a las nuevas posibilidades de manera creativa para seguir sosteniendo una