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LAS LEGUMINOSAS EN LA AGRICULTURA PREHISPANICA

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LAS LEGUMINOSAS EN LA AGRICULTURA PREHISPANICA

Gonzalo Avila Lara Fundación Universitaria Simon I. Patiño

Antes de desarrollar la importancia de las leguminosas en la agricultura y la alimentación prehispánica, es importante describir el desarrollo de la agricultura en los Andes centrales y la costa central sudamericana del Pacífico por su trascendencia para la humanidad.

La prehistoria de la agricultura americana, en especial la de los Andes, tiene interés universal por estar estrechamente asociada, no solo al nacimiento de las culturas nativas, sino al desarrollo económico del hombre moderno, por ser una zona de origen, de domesticación y de evolución de varios cultivos de gran importancia económica actual.

La labor de domesticación y selección de especies vegetales de interés económico, ha constituido el mayor aporte económico y tecnológico que el nativo americano ha dado a la humanidad, Avila (1981) y Nat. Res. Coun. (1988). En efecto más de 300 millones de hectáreas en el mundo se cultivan cada año, con especies domesticadas por los pueblos americanos antes del descubrimiento de América, lo que corresponde a más del 20% de la superficie cultivada en el mundo.

Los primeros pobladores de los Andes Centrales llegaron del norte, por los llanos orientales, por la costa del Pacífico y siguiendo la cadena montañosa andina, es posible que por entonces los valles andinos tenían mejores condiciones para la caza, la pesca y la recolección para el sustento de los pocos colonizadores. Al incrementarse el tamaño de la población y el número de clanes que habitaban en estos pequeños valles, se produjeron luchas por los territorios, expulsando a las poblaciones vencidas a zonas aún más altas, estos últimos se establecieron principalmente a orillas de los lagos y vivieron de la caza de aves, llamas, alpacas, vicuñas, animales menores y de la pesca.

Hace unos 5.000 años según algunos autores y 8.000 para otros, en varios lugares de los Andes centrales se inició la domesticación y cultivo de pocas especies vegetales que se reproducían como producto de la siembra espontanea en los basurales del clan, posteriormente enterraban las semillas en terrenos donde previamente se limpiaban las malezas. Obviamente las cosechas eran pobres porque las especies que pasaban del estado silvestre al cultivado, presentaban problemas grandes como la dehiscencia de las semillas, los rendimientos muy bajos y en algunos casos la presencia de sustancias tóxicas o amargas en las partes comestibles; poco a poco los miembros del clan comprendieron que preparando los suelos y liberando los campos de malas hierbas aumentaban la productividad, además era indispensable sembrar en la época apropiada para aprovechar el corto periodo lluvioso; más tarde aprendieron a utilizar el riego para garantizar las cosechas. La presencia de varias especies vegetales silvestres con buen potencial productivo en la zona permitió ampliar el número de especies domesticadas y por consiguiente llenar adecuadamente las necesidades nutritivas de la población.

El proceso según Avila (2008), se desarrolló en tres periodos que dieron origen a diversos periodos de desarrollo cultural de los pueblos que habitaban en los Andes centrales y en la desembocadura de los ríos y torrenteras de la costa central sudamericana del Pacífico con clima desértico. Los tres periodos del desarrollo agrícola serán descritos a continuación.

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Primer período de desarrollo agrícola.

Es totalmente lógico pensar que las primeras personas que se ocuparon de recolectar las semillas y enterrarlas en los lechos húmedos de las márgenes de los ríos o durante el periodo lluvioso, fueron las mujeres del clan, ya que los hombres seguían ocupándose de la caza, la pesca y la recolección, porque durante en ese periodo estas actividades eran las que les proporcionaban una mayor cantidad de alimento. La nueva técnica de sembrar las semillas, tuvo una rápida difusión, por las relaciones amigables entre clanes y también por las continuas invasiones y pérdidas de territorio producto de las batallas entre tribus. Como consecuencia de la actividad agrícola el hombre pasó a un estado sedentario. Algunos investigadores afirman que las vertientes orientales (yungas) fueron el primer escenario de la agricultura andina, Avila (1978) considera que posiblemente tuvo inicio en los valles interandinos semisecos, debido a que las plantas domesticadas son especies típicas de ambientes con una estación lluviosa concentrada en pocos meses del año, para garantizar su reproducción.

Los valles interandinos, son pequeñas áreas, aisladas por montañas elevadas con considerables diferencias de altitud en cortas distancias y con la estación lluviosa concentrada, constituyendo el lugar apropiado para la evolución de vegetales con enorme eficiencia para acumular nutrientes en las semillas y otros órganos reproductivos, para sobrevivir en estas condiciones naturales, además con una gran variabilidad genética intraespecífica debido a la gran cantidad de microclimas de la zona cordillerana, característica que constituye la base para una buena capacidad colonizadora a una gran cantidad de ambientes. Estas características de la flora de los valles y laderas de las montañas, fue muy bien aprovechada por el hombre para domesticar especies productivas y capaces de colonizar con facilidad nuevas áreas por su aptitud original de adaptarse a la innumerable cantidad de nichos ecológicos, por ejemplo la papa, originaria de esta zona, es actualmente cultivada en una gran cantidad de países y climas.

En este primer periodo de desarrollo agrícola se enriqueció la dieta por una mayor disponibilidad de alimentos provenientes de varios cultivos que podía cubrir los microclimas de los Andes y por la domesticación de animales como la llama, la alpaca y los cuis. La mayor disponibilidad de alimento liberó a una parte de la población de las labores agrícolas directas, lo que dio lugar al nacimiento de las clases gobernantes, artesanales y sacerdotales y en consecuencia al nacimiento de pueblos con mayor desarrollo cultural.

Este primer periodo de desarrollo agrícola corresponde a los periodos Arcaico y Formativo del desarrollo cultural de los pueblos andinos y costeros centrales del Pacífico, propuestos y ajustados por Luís Lumbreras (2015), según el autor el Periodo Arcaico se caracteriza por el paso del hombre a una vida sedentaria como consecuencia del nacimiento de la agricultura, organizados en tribus y aldeas de poca complejidad, con una antigüedad de 5.000 a 8.000 años, pero hay algunos hallazgos que podrían tener hasta 11.000 años de antigüedad, mientras que en el periodo formativo se consolidó la vida aldeana y las actividades organizadas de supervivencia colectiva como la agricultura y la ganadería, las jerarquías sociales avanzaron en complejidad dando lugar al nacimiento de centros ceremoniales, en el periodo formativo se dio un incremento demográfico considerable. La Cultura Valdivia del Ecuador es probablemente la primera alfarera con una antigüedad de 5.900 a 5.200 años (3.900 a.C. a 3.200 a.C.) posteriormente se difundió al Perú y luego a Bolivia. En este periodo nace un liderazgo formalizado en élites que sustentan un poder centralizado, la religión cobra un poder político y los pueblos adquieren territorialidad.

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Segundo período de desarrollo agrícola

Hace unos 2.500 a 2.000 años atrás, el continuo incremento de la productividad de los cultivos, como consecuencia de las selecciones practicadas por los diferentes pueblos dio lugar a un notable incremento demográfico y a la necesidad de regular las relaciones sociales, este fue el origen para el nacimiento de varias civilizaciones con mayor complejidad. Las selecciones originadas por cambios genéticos en los cultivos no solamente aumentó la productividad, sino también llenó otras exigencias utilitarias como las mágicas, culturales y estéticas, siguiendo patrones bien establecidos. De no haberse adoptado patrones comunes para la selección de los vegetales domesticados en cada pueblo o cultura, no se habrían podido alcanzar los brillantes resultados conseguidos en este período, porque lo más probable es que los agricultores habrían seleccionado en direcciones opuestas o disruptivas, las selecciones disruptivas podían anular el trabajo de otros miembros de la mismo publo. Los patrones adoptados no dejan de sorprender y los resultados alcanzados han sido y son de importancia para la humanidad.

Durante este periodo los logros más sobresalientes sobre los vegetales domesticados fueron: a) el extraordinario incremento en el tamaño de las partes comestibles o útiles, en algunos casos llegando a superar en 10 veces el tamaño de frutos y tubérculos en relación con las especies silvestres, b) también se cambió la fisiología y morfología de las plantas, en algunos casos como en los frijoles y calabazas se seleccionaron plantas más pequeñas y menos agresivas, en las leguminosas y pseudocereales se seleccionaron plantas que impiden la dehiscencia o expulsión de las semillas, se consiguieron variedades precoces y tardías para llenar mejor el ciclo agrícola y c) en algunos casos se eliminaron las sustancias tóxicas o amargas presentes en los frutos o tubérculos silvestres, por ejemplo las sustancias amargas en las papas. Comprendieron que para cambiar las características de las plantas de reproducción asexual, era indispensable sembrar las pequeñas semillas de reproducción sexual y no los tubérculos, rizomas, raíces o esquejes, de otro modo solo se obtienen clones genéticamente idénticos a la planta inicial.

Posiblemente antes de eliminar genéticamente los compuestos tóxicos, aprendieron a deshacerse de ellos mediante manipulaciones caseras, por ejemplo eliminaban el sabor amargo de las papas mediante la congelación de los tubérculos para ocasionar la rotura de las membranas celulares y luego aplastaban los tubérculos para quitar el agua y la sustancia amarga y finalmente secaban al sol, esta técnica es todavía usada y el producto se llama chuño, de este modo también podían conservar los tubérculos por largo tiempo. Para eliminar los alcaloides tóxicos del lupino o tarwi, remojaban y remojan por varios días de los granos en los cursos de agua y para quitar las saponinas de los granos de la quinua utilizan el lavado. En las leguminosas como el frijol, aprendieron a desnaturalizar las sustancias antinutricionales presentes en los granos, mediante el cocido en agua o tostando en seco los granos con capacidad de expandirse con el calor, en este último caso el reventado y tostado de los granos se conseguía en ollas de arcilla sin otro contenido o rellenos con arena húmeda (kopuru o nuña).

Los patrones selectivos permitieron ordenar el trabajo de selección con la finalidad de llenar necesidades utilitarias como: la alimentación, la adaptación a diferentes ambientes y también llenar las necesidades de una agricultura cada vez más evolucionada y diversificada. La selección en algunos casos, se la encaminó para cubrir requerimientos mágicos, por ejemplo los maíces tunicados (paca sara), o con los granos en posición contraria (cuti sara), servían para

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contrarrestar sortilegios. Finalmente atendieron requerimientos estéticos, esto explica la gran cantidad de colores en los granos de frijol, pallares y maíz, que son únicos en el mundo.

Con la diversificación del trabajo y la aparición de una casta sacerdotal mejoraron los calendarios, antes basados en los cambios de las fases lunares, que en 12 meses suman 360 días y posteriormente en base a la posición del sol, observando la distancia de la sombra proyectada por un muro estable o el pico de una montaña, dando lugar a calendarios más perfeccionados que permitieron fijar épocas de siembra con mayor precisión y por tanto un mejor aprovechamiento de los cortos períodos lluviosos de los Andes centrales y las riadas en la costa del Pacífico, lo que repercutió en el mejoramiento de la productividad de los cultivos y la seguridad alimentaria de los pueblos.

Como consecuencia de los trabajos descritos se incrementó la productividad, ocasionando la liberación de las tareas de un contingente humano cada vez más grande y de este modo además de la clase gobernante, nacieron otras actividades como los artesanos con habilidad manual para la fabricación de objetos cerámicos, de joyas, arquitectos, albañiles y picapedreros, estos últimos realizaron trabajos sorprendentes, pese a no contar con instrumentos de metales duros, por ejemplo en la ciudad de Tiahuanaco en el altiplano boliviano, dando lugar a la edificación de centros ceremoniales importantes, ciudadelas, fortines militares y monumentos dedicados al culto de los dioses. Es destacable la alfarería cada vez más prolija con motivos artísticos singulares en cada cultura.

Se mejoraron las técnicas agrícolas, con fertilizaciones orgánicas utilizando el huano de las aves en la costa o el estiércol de llamas y alpacas en las zonas altas, también perfeccionaron el traslado del agua para riegos, así como los deshierbes, aporques, etc. Las técnicas utilizadas fueron bastante similares, con mayor o menor complejidad a los largo de toda la zona.

El segundo periodo agrícola, corresponde al Periodo de Desarrollos Regionales o Intermedio Temprano según la clasificación de L. Lumbreras (2015), llamado también clásico por Collieri, que se caracteriza por el desarrollo artístico avanzado, una marcada diferenciación social, por la jerarquización de las deidades, el alto desarrollo arquitectónico público, el comercio de artículos exóticos y materias primas a larga distancia, un crecimiento demográfico sostenido y el inicio del desarrollo urbano.

Las culturas más sobresalientes de este periodo fueron Tiahuanaco en el altiplano boliviano y la Mochica, Moche o Proto-Chimú en la costa norte del Perú. Otras civilizaciones llegaron a un nivel considerable como los Lima, Nazca y Racuay en el Perú.

Dentro la clasificación de Lumbreras a este periodo le sigue el de la Cultura Huari y la expansión de Tiahuanaco. Según el autor la religión y los estilos alfareros de Tiahuanaco se extieron fuera de su territorio. Huari consolida sus propios estilos artísticos y los irradia en los Andes Centrales. El periodo se caracteriza por la institucionalización en el ejercicio del poder y la profundización de la religión durante 550 a 900 años d.C. Siempre según la clasificación del autor citado, le sigue el Periodo de Culturas Regionales Tardías, luego del colapso de las culturas de Huari (900 años d.C.) y la de Tiahuanaco (1.100 años d.C.); en la zona andina los pueblos reorganizan los patrones culturales y se reúnen en pequeñas aldeas, sin alcanzar los niveles de Tiahuanaco y Huari, sin embargo aparece algún desarrollo urbanístico en las culturas: Killke, Colla

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y Mollo en la sierra del Perú y Bolivia, mientras que en la costa del Perú, alcanzan un buen nivel de complejidad las Culturas Chimú y Chincha y en el norte argentino y chileno la Cultura Diaguita.

Estos reinos con gobiernos independientes, se trataban con recelo y hasta como enemigos, en estas circunstancias era inminente que el más fuerte entre ellos invadió a los menos fuertes o más pequeños, hasta construir un poderoso imperio sobre los cimientos culturales de todos ellos, basado obviamente en la producción agrícola y la administración de los productos agrícolas.

Las características de la agricultura bajo la unificación en un imperio, ya son más conocidas, aunque menos importantes para el hombre actual, que las descritas en la segunda etapa y constituyen lo que hemos denominado el tercer período.

Tercer período de desarrollo agrícola.

Con la unificación bajo un solo gobierno central es obvio que también unificaron y divulgaron las tecnologías desarrolladas por las diferentes civilizaciones, además la alta disponibilidad de mano de obra permitió la construcción de obras de gran aliento, como la ciudad del Cusco o las terrazas en las márgenes del valle sagrado en el Cusco y en otras zonas más alejadas de la capital del imperio; también se emprendieron obras de regadío y aprovechamiento de las aguas de los arroyos y ríos todavía en uso y la edificación de baterías de silos o trojes en las zonas productivas para el almacenamiento de los productos agrícolas recolectados por concepto de tributos y para almacenar la producción en las tierras del inca arrebatadas a los pueblos vencidos; un ejemplo importante de estas baterías de silos, denominadas collcas, se tiene en Cotapachi donde suman 2.500 collcas, en la Provincia de Quillacollo en el valle central de Cochabamba.

La administración de un sistema tan complejo y de una cobertura geográfica tan amplia como la que ocupó el imperio incaico, obligó a desarrollar caminos pedestres y un sistema de comunicaciones eficiente como el de los chasquis y para el control de inventarios en los depósitos de los productos agrícolas, desarrollaron los quipus mediante el uso de hilos de lana de diferentes colores anudados. El control de las reservas de la producción agrícola por parte del poder central no solo sirvió para la alimentación de la nobleza, el clero o el ejército, sino que permitió manipular la lealtad hacia el soberano y aumentar el poder del mismo mediante la distribución de granos en años críticos, ocasionados principalmente por las recurrentes sequías o inundaciones. En resumen se pudo construir un estado con un poder centralizado e incontrastable especialmente desde la periferia, a menos de atacar al mismo poder central, como ocurrió con la conquista española.

Posiblemente en este periodo se desarrolló el uso de los caracteres genéticos discriminadores de la calidad de los alimentos, por ejemplo en la zona andina boliviana las papas redondeadas y con ojos profundos deben tener una consistencia muy harinosa cuando cuecen en agua (imillas) y las menos harinosas deben tener una forma ovalada con ojos menos profundos (runas); los maíces con granos de textura harinosa deben ser blancos portadores de la mutación

“floury”, los de textura semivítrea (morochos o muruchis) deben ser de color amarillo, los granos muy suaves para el tostado deben tener pequeñas manchas oscuras (chejchi) portadoras de la mutación (R-st) o (R-nj), al igual que los granos de frijol cocidos en seco (kopurus). En el caso de los maíces el traslado del polen es por efecto del viento, por tanto es muy fácil encontrar contaminaciones de colores y formas de grano, estos granos bastardos fueron y son todavía

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eliminados para mantener las características de las variedades. En otras zonas u otros valles los indicadores son diferentes, por ejemplo en la zona andina norte del Perú los maíces suaves para tostado o cancha son de color amarillo, al igual que en los Andes ecuatorianos. En las razas ecuatorianas el color amarillo se debe a la presencia de un gene recesivo llamado “yellow-lemon”, que pierde la intensidad del color cuando las mazorcas se exponen a la luz solar. Los genetistas de hoy, les podríamos llamar marcadores genéticos que permiten al consumidor reconocer la calidad antes de cocinar o adquirir el producto.

En resumen el tercer período consolida y ordena aquello que fatigosamente y con mucho criterio técnico habían logrado las civilizaciones preincaicas, especialmente como domesticadores de plantas y mejoradores genéticos, manteniendo un alto grado de variabilidad genética en algunas de las especies domesticadas, lo que permitió darles la plasticidad necesaria para colonizar rápidamente el mundo entero, como por ejemplo en el caso de la papa, el maíz, el frijol, la yuca, el maní, el tomate, el maní, etc.

Importancia de las domesticaciones americanas

La importancia de los trabajos de domesticación y selección desarrollados en los primeros períodos de la agricultura americana, han quedado definitivamente reconocidos por el alto grado de utilización actual de las plantas domesticadas en América. Si analizamos la importancia en la economía mundial de algunos cultivos como: el maíz, la papa, los frijoles, el algodón, el maní, el girasol, la yuca, el cacao, el camote, boniato o papa dulce, el tomate, las calabazas, la piña, el tabaco, etc., podríamos llegar a la lógica conclusión de que es muy difícil pensar en la calidad de vida del hombre moderno sin estas especies.

Sin duda alguna la domesticación de la papa fue una de las mejores contribuciones del hombre prehispánico a todos los pueblos con clima templado y templado-frío de Eurora y el mundo, ya que como afirma el investigador británico Hawkes (1979) y (1991), después de la introducción de la papa en el norte de Europa disminuyeron y se acabaron las hambrunas recurrentes, propias del periodo medioeval europeo.

C. Man, (2011) siguiendo las observaciones de W. McNeil, argumenta que la introducción de la papa a Europa, le permitió a este continente afirmar su dominio sobre la mayor parte del mundo entre 1750 y 1950, por alimentar a las poblaciones en rápido crecimiento. En otras palabras permitió el acenso de occidente.

El excelente libro escrito por un comité “Advisory Comitee on Technology Innovation Board on Science and Technology for International Development” (1988), tiene en mi opinión un título equivocado “Lost Crop of the Incas”, ya que no son cultivos perdidos porque son todavía actualmente cultivados y algunos de ellos ampliamente difundidos en todo el mundo; por otra parte, si bien las especies descritas eran cultivadas por los incas, pero su domesticación y selección fue realizada por culturas preincas.

Los centros de origen de las especies cultivadas

El célebre investigador Nicolai Vavilov (1926), observó que casi todas las plantas cultivadas del mundo se originaron en ocho pequeños lugares del mundo, a los que denominó centros de origen primario, estos centros están casi siempre situados en regiones montañosas y son: la

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antigua Persia en el Medio Oriente, la hoya del Mediterráneo, la antigua Abisinia en el África, la China, el Indo-Burna, la Malaya y en América en dos regiones una en Mesoamérica y la otra en la región andina central, con la sub-región del Chaco sub-andino. En los centros de origen, los cultivos autóctonos concentran una mayor variabilidad genética en relación a todas las otras zonas donde se cultivan estas especies, constituyendo las mayores reservas mundiales de genes útiles para el mejoramiento genético, esta es la razón por la que en Bolivia y el Perú, la papa tenga más variabilidad genética que en todo el resto del globo. Todos los centros de origen fueron la cuna de grandes civilizaciones en el pasado, dando la sensación superficial de que los grandes logros conseguidos en materia de domesticación y mejoramiento fueron el producto de estas grandes civilizaciones, confundiéndose la causa con el efecto; en realidad la disponibilidad de mayores recursos alimenticios fue el origen de las civilizaciones, aunque es necesario complementar anotando que una vez domesticadas las especies, la selección y mejoramiento de las mismas solo puede ser posible en sociedades con un buen nivel de desarrollo cultural.

La agricultura andina se enriqueció con más de 40 especies domesticadas en la zona y las introducidas de Mesoamérica, donde también se inició la agricultura con especies autóctonas.

Entre las plantas domesticadas en los Andes centrales, se destacan varias especies con tubérculos, raíces y rizomas comestibles como la diversas especies de papas (Solanum spp), la papalisa o ulluco (Ullucus tuberosus), la oca (Oxalis tuberosa), el isaño o mashua (Tropaeolum tuberosum), el yacón (Polimnia sonchifolia), la achira (Canna edulis), la ajipa (Pachyrhizus ahipa), la mauca (Miriabilis expansa), la arracacha (Arracacia xanthorriza) y la maca (Lepidium meyenii).

Enriquecieron su dieta con las siguientes leguminosas: el frijol (Phaseolus vulgaris), el pallar (P. lunatus), el tarwi o lupino (Lupinus mutabilis) y el basul (Erythrina edulis).

Fueron muy importantes los seudocereales como la quinua(Chenopodium quinoa), la cañihua (C. pallidicaule) y el amaranto (Amaranthus caudatus) llamado localmente millmi o coimi, y entre los cereales el maíz, domesticado en México pero llegó a los Andes durante el periodo precerámico y en condiciones de desarrollo inicial, en los valles andinos las poblaciones locales lograron mejorar esta especie con resultados sobresalientes, como la formación de variedades con tamaño de grano gigante y de diferentes texturas y colores. También, se domesticaron cucúrbitas como el zapallo (Cucurbita máxima), el escariote (C. pepo), el lacayote (C. fisifolia) y la achojcha (Cyclantera pedata).

Fueron además domesticados muchos frutos como el tomate (Lycopersicum sculentum), la chirimoya (Annona cherimolla), el tumbo (Passiflora mollissima) y (P.tarminiana), la granadilla (P.

ligularis), la guayaba (Psidum guajaba), los pacaes (Inga spp), el pepino americano (Solanum muricatum), la lúcuma (Pouteria lucuma), varias bayas de los géneros Rubus, Myrtus, Prunus y Physalis, la naranjilla (Solanum quitoense) y la palmera que produce el “janchi coco” (Parajubea cocoides), en las vertientes orientales de los Andes se cultivó las papayas (Carica spp). No faltaron los condimentos como, el locoto o rocoto (Capsicum pubescens), varias especies de ajíes (Capsicum spp), la quilquiña (Porophylum ruderale) y la huacataya (Taegetes minuta), además de especies estimulantes como la coca (Erytroxilun coca) y el tabaco (Nicotiana tabacum).

Enriquecieron su dieta con el consumo de animales domesticados como la llama, la alpaca y el cui. El perro, posiblemente acompañó a las poblaciones autóctonas en la travesía desde el Asia, este animal aparece en la cerámica Chimú. En Mesoamérica se domesticó el pavo.

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En Sudamérica, existe el sub-centro de domesticación primaria en el Chaco subandino, en esta zona se domesticaron el maní (Arachis hipogaea), la yuca (Manihot sculenta), la piña (Ananas comosus), y posiblemente el joco ( Cucurbita moschata ).

Las leguminosas en la agricultura prehispánica

Las leguminosas domesticadas cubrieron diversos pisos altitudinales, por ejemplo para la zonas alto-andinas se disponía del tarwi (Lupinus mutabilis) en los valles templados y la llanura tropical se cultivaba y se cultiva el frijol o chui (Phaseolus vulgaris) y menos frecuentemente los pallares (Phaseolus lunatus), en los valles por debajo de los 2.000 metros de altitud, el Chaco y los llanos tropicales se cultivan variedades autóctonas de maní (Arachis hipogaea).

Los agricultores autóctonos no desconocían y no desconocen que la incorporación de una leguminosa en la rotación de los cultivos permite mejorar la calidad del suelo, aunque no conocían la causa, los conocimientos técnicos avalan esta percepción por la fijación del nitrógeno atmosférico como consecuencia de la simbiosis de las leguminosas con bacterias del género Rhizobium, consiguientemente es lógico pensar que las leguminosas tuvieron importancia en las rotaciones de los cultivos agrícolas precolombinos, aunque posiblemente la tecnología más utilizada para recuperar la fertilidad del suelo, fue el descanso del suelo agrícola por varios años, tal como se practica todavía hoy en día en las laderas andinas con fuerte pendiente (aynucas).

Por mucho tiempo se le asignó como zona de domesticación del frijol a Mesoamérica, especialmente a México, estudios recientes basados en los tipos de faseolina presentes en las plantas del género Phaseolus y los análisis del ADN, realizados por T. Avila et al. (2012) han mostrado que las variedades nativas de frijol cultivados en los valles interandinos de Bolivia, tienen un alto grado de similitud con los frijoles silvestres de la zona central y sur de Bolivia, de modo que la domesticación del frijol ha sido policentrista e independiente en cada región.

Para el caso del maní, los especialistas aseguran que la especie cultivada proviene del cruzamiento natural de dos especies silvestres: Arachis ipaënssis por otra especie del mismo género. A. ipaëensis es una especie endémica solo presente en la zona del Chaco subandino boliviano.

Actualmente se dispone de una aceptable cantidad de accesiones de leguminosas nativas colectadas por el personal técnico del Centro de Investigaciones Fitoecogenéticas de Pairumani, (CIFP), dependiente de la Fundación Simón I. Patiño, la colectas fueron realizadas desde el año 1973 hasta el año 2010 a lo largo de todo el territorio nacional, para el caso de las leguminosas se entregó al Instituto Nacional de Innovación Agropecuaria Tecnológica y Forestal INIAF, 345 accesiones de frijol y pallares, 107 de lupinos o tarwi y 1.054 de maní. Estas colecciones, conjuntamente a otras de germoplasma nativo, eran conservadas en su banco de germoplasma activo a 0° C. y en el banco de base a -17°C, con una humedad de la semilla muy baja. Como consecuencia de la decisión 391 del Acuerdo de Cartagena del año 1996, refrendado en la nueva Constitución Política del Estado de Bolivia, Artículos: 348, 349 y 381, el germoplasma nativo fue declarado de propiedad del Estado y a fines del año 2010 por decisión del entonces Ministerio del Ramo, se entregaron todas las 4.744 accesiones de todas las colecciones conservadas en el CIFP al Instituto Nacional de Innovación Agropecuaria Tecnológica y Forestal (INIAF), además de los Datos de Pasaporte y los Descriptores Internacionales para cada accesión, incluyendo datos de viabilidad de las semillas tomados en los últimos 60 días antes de la entrega de las colecciones al INIAF.

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Las leguminosas en la alimentación de los pueblos prehispánicos

Es muy conocido el hecho de que las leguminosas tengan un buen contenido de proteínas en la planta y las semillas, la mayoría de las leguminosas tienen un contenido de proteínas en los granos entre el 20 y el 25%, el tarwi y la soya tienen alrededor del 37% y el contenido de grasas fluctúa alrededor del 18%.

En el Centro de Investigaciones Fitoecogenéticas de Pairumani se analizó el contenido de proteínas y grasas en más de 100 accesiones de la colección boliviana de lupinos, sembrados en un periodo agrícola y en el mismo ambiente (A. Antezana et al. 1987). El contenido de proteínas fluctuó entre 32 y 43 %, teniendo una clase modal entre 36 y 38%, y las grasas fluctuaron entre 12 a 23%, con una clase modal entre 17 y 19%, se observó una correlación negativa no significativa, entre el contenido de proteína y grasas. El Proyecto de Norma Andina (2011), consigna para el tarwi un contenido proteínico entre el 35 y el 48% como resultado de los análisis en más de 300 genotipos.

Como se puede apreciar el porcentaje de proteínas en los lupinos es más alto que en otras leguminosas, por lo que seguramente en los pueblos andinos esta leguminosa cobró especial importancia para mejorar la alimentación hipoproteínica. Sin embargo es necesario anotar que la proteína de todas las leguminosas es pobre en aminoácidos sulfurados como la metonina, pero las proteínas son ricas en dos aminoácidos esenciales la lisina y el triptófano. Los granos de los cereales tienen proteínas pobres en lisina y triptófano pero con buen contenido de metionina, de manera que una alimentación compuesta de leguminosas y cereales ingeridos juntos, es bastante equilibrada. Los pueblos mesoamericanos consumían y consumen muy frecuentemente tortillas de maíz, con frijoles cocidos, de esta manera lograron equilibrar la proteína consumida. En Bolivia no se tiene referencia sobre el consumo tradicional del tarwi conjuntamente a un cereal o tubérculo.

Castellón y Avila (1986) probaron en ratas albinas la calidad de la proteína de mezclas de tarwi con maíz, dietas al 9% de proteína, encontrando que el valor biológico de la proteína de la mezcla era cercana a la proteína de leche en polvo utilizada como control. Ver Cuadro 1.

Cuadro1. Calidad biológica de la proteína del maíz y el tarwi, Medida en ratas albinas (Castellón y Avila 1986)

Dieta Indice de Eficiencia

Proteínica (REP)

Incremento Peso en gr.

Maíz 1,44 43

Tarwi 1,41 41

Maiz 60% + Tarwi 40% 2,84 98

Leche en polvo (testigo) 2,90 105

Pese a que todavía actualmente en los mercados provinciales de Cochabamba se expenden juntos el mote de maíz pelado, con el mote de frijol de grano grande, en los pueblos andinos no existió una tradición acentuada de consumir mezclas de cereales con leguminosas y el consumo de carne fresca o seca de llamas y alpacas, era más frecuente en la puna y el altiplano, mientras que en los valles de menor altitud solo disponían de carne de cui, algunos pescados de

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los ríos y carne seca salada que obtenían del trueque con los pueblos altoandinos, en estos pueblos posiblemente la carencia proteínica era un hecho frecuente, paliado por el consumo de seudocereales como la quinua, la cañihua y el amaranto, mientras que en los pueblos de la costa del Pacífico y en las orillas de los lagos el consumo de carne de pescado era alto.

La conclusión obvia es que la situación habría sido más crítica si no se hubieran domesticado las leguminosas y seudocereales para los diferentes pisos altitudinales, debido a que una alimentación basada solo en cereales, tubérculos o raíces como el maíz, la papa y la yuca, tiene un contenido bajo de proteínas y con carencia de aminoácidos esenciales.

Bibliografía citada

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