La justicia terapéutica en procesos de
ruptura de pareja: el papel del psicólogo
Franr-isca Fnriñn Rivera. Ramón Arce Fernández,
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XOYO Pérez yDolores ::-leijoJLutÍl1ez
Introducción
El divorcio sigue siendo un tema de gran interés académico (Amato, 2010), desper- tando enorme atención en la comunidad científica y en las asociaciones profesio- nalesde diferentes campos del saber: psicología, psiquiatría, pediatría, educación, sociología y economía, entre otras; esto no es vano,pues puede afectar a los indivi- duosy a la sociedad en un nivelsanitario, educativo, e incluso ala convivencia ciuda- dana y a la economía. De manera reciente, Fagan y Churchill (2012) afirmaban que el divorcio consume capital social y humano; incrementa de manera significativa el gasto del contribuyente y provoca una disminución en la aportación a la sociedad, Además precisan otros ámbitos en los que incide este proceso: a) educación, dismi- nuyendo la capacidad de aprendizaje de los niñosy loslogros educativos; b) salud y bienestar; debilitando la fortaleza del niño y su longevidad, acrecentando los riesgos conductuales, emocionales y psiquiátricos, inclusive el suicidio; c) administración, aumentando de modo significativo la delincuencia, el abuso y la negligencia, el uso de drogas,y los costes de los servicios públicos de compensación; d) economía, mer- mando la capacidad de ingresos en nivel personal y familiar, ye) la práctica religiosa, reduciendo la religiosidad.
No obstante, las consecuencias del divorcio no son las mismaspara todos los casos ni presentan la misma magnitud (Affi & Hamrick, 2006; Braver, Shapiro & Goodman, 2006;Cheng & George, 2005; Ge,Natsuaki & Conger,2006;Greef & van Der Merwe, 2004; Keily & Emery,2003;Overbeek et al.,2006),dado que el divorcio o la separa- ción no eslo que desencadena las consecuencias nocivas, sino otros factores, como las circunstancias previas al divorcio, la manera en que el proceso se afronta por los adultos y el nivel de conflicto que exista entre los progenitores, así como su persisten- cia (Amato,1993, 2010;Cosgaya,Nolte,Martínez-Pampliega, Sanz& Iraurgi, 2008; Da- vies & Cummings, 1994;Overbeek et al.,2006; Pérez & Zermeño, 2008; Seijo, Novo,
Carracedo & Fariña, 2010; Wallerstein & Kelly, 1980). En este sentido, Yárnoz, Comino y Garmendia (2012) señalan que la investigación científica revela que la adaptación al divorcio de los hijos se encuentra determinada, en buena parte, por la adaptación al mismo de sus progenitores y por el ejercicio de la coparentalidad.
Así, aunque la ruptura conyugal siempre resulta dolorosa, difícil deafrontar y con frecuencia estresante, la pareja debe encauzarla de una manera constructiva, con objeto de que las potenciales implicaciones negativas puedan controlarse. Cuando existen hijos, el esfuerzo ha de ser mayor, dada la necesidad de lograr, por el me- jor interés de la prole, una labor de coparentalidad positiva, para protegerla de las perversas y nocivas consecuencias que la disolución conyugal de sus progenitores les puede acarrear.Sin embargo, este proceder resulta muy complejo en una ruptu- ra de pareja, en especial si se opta por un procedimiento contencioso, ya que éste aumenta el estrés en la familia, así como el enfrentamiento familiar y la posibilidad de que lasemociones y las cogniciones deletéreas se disparen. Como refiere Allan (2001), la vía contenciosa promueve la tendencia de las personas a atribuir el buen comportamiento de los demás a los factores externos, y el mal comportamiento a factores internos; a la vez que a magnificar el comportamiento negativo de los otros y minimizar el positivo. De este modo, el sistema judicial "esprobable que fomen- te la percepción negativa de las partes entre sí,en lugar deunaevaluación realista"
(Allan, 2001,p.2).Además, el que un progenitor, de manera personal o através del abogado o testigos, exponga de forma pública lascaracterísticas y comportamientos negativos del otro, y con frecuencia ampliados y agrandados, provoca en éste senti- mientos de vergüenza, ira y hostilidad. La hostilidad entre los progenitores transfiere hostilidad, ira y tensión en las interacciones entre padres e hijos (Gerard, Krishnaku-
mar & Buehler, 2006). De esta manera, el conflicto se va incrementando, los com-
portamientos nocivos creciendo y la situación personal de todos los miembros de la familia, empeorando. Al mismo tiempo, el conflicto parental desvía la atención del niño y lleva a la crianza ineficaz (Gerard et al.,2006).Todo lo cual conduce de mane- ra indefectible a una disfuncionalidad severa de la familia.
Bajo estas consideraciones,los procedimientos de ruptura de pareja deberían ser tratados con perspectiva de justicia terapéutica (TJ),la cual asume,entre otras cuestio- nes de interés, que los procesos judiciales de familia requieren, por parte de todos los agentes jurídicos, un abordaje sensible al estado psicoemocional en el que se encuen- tran los progenitores, para que el proceso sea lo más terapéutico posible. Con esta pre- misa, la TJ dirige los procesos de divorcio a procedimientos de mediación, y apuesta porque vaya acompañada con programas de apoyo psicoeducativo específicos para es- tas familias,en la línea del programa"Ruptura de Pareja, No de Familia"(Fariña,Novo, Arce & Seijo, 2002a).Esto se debe a que la mediación, lejos de las intervenciones iatro- génicas de los procesos contenciosos, propicia el bienestar emocional de los progeni- tores y de los restantes miembros de la familia; pacificando el conflicto y facilitando la coparentalidad positiva.Por su parte, los programas de apoyo crean conciencia en los progenitores en cuanto a la necesidad de respetar los derechos de sus hijos,y les ense- ñan a responsabilizarse de sus obligaciones, para alcanzar una labor coparental armóni- ca y equilibrada, centrada en el mejor interés de las personas menores de edad.
En este capítulo se abordarán las consecuencias de la separación de los pro- genitores en la familia, así como la mediación familiar y los programas de ayuda Aportaciones el la psicología jurídica y forense desde Ibcroamói-ica
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La justicia terapéutica en procesos de ruptura depareja. elpapel del psicólogo
psicoeducativos, como procedimientos de apoyo en la reconstrucción de lafamilia tras la ruptura de pareja.
Consecuencias de la ruptura de la pareja en la familia
En la mayoríade los casos, la ruptura de la pareja provoca en ambos,deforma gené- rica,dos tipos de problemas: el ajuste personal al divorcio, y la adaptación alnuevo y diferente papel de progenitor divorciado (Fagan&Rector,2000). El ajustepersonal supone superar las repercusiones psicoemocionales asociadas con este evento vital, que suele conllevar estrés,ansiedad, depresión y pérdida de autoestima (Bank,For- gatch, Patterson & Fetrow, 1993; Forgatch, Patterson & Ray,1995; Hetherington &
Stanley-Hagan, 1997;Jackson,Gyamfi, Brooks-Gunn & Blake,1998; Lorenz,Simons
& Chao,1996),asícomo acomodarse a las nuevas condiciones socioeconómicas.
Lasreacciones ante el divorcio van adepender de diferentes variables, entre ellas, las propias capacidades y habilidades de las personas para enfrentarse a los problemas personales, asícomo al papel que hayan tenido en laseparación. En este sentido, aunque ambos pueden presentar confusión y labilidad emocional, estrés, cólera, impulsividad, ansiedad y depresión, soledad, sensación de estar sintiendo controlados desdeel exterior (Hetherington, 1993),quien ha tomado la decisión de separarse,suele experimentar emociones como culpa y vergüenza, en especial si la pareja tiene hijos; además,tiende a experimentar mayor estrésy ansiedad antes de tomar la decisión firme de terminar la relación depareja (Braver et al.,2006).Mien- tras que la persona que no ha tomado la decisión suele sentirse sorprendida, he- rida, rechazada y abandonada, avergonzada, traicionada y devastada, furiosa, con sentimientos de rabia,dolor y pérdida; experimenta una gran confusión emocional (Braver etal.,2006; McKay,Rogers,Blades & Gosses,2000), enparticular cuando la ruptura estáprovocada por la existencia deuna tercera persona. En estos casos,el estrés es de mayor intensidad y resulta más difícil superarlo (Lorenzet al.,1996).
Otra circunstancia relevante es la situación económica de la pareja.El rompimiento supone una disminución significativa delosrecursos económicosdisponibles (Adán et al., 2007;Bank et al., 1993;Fagan& Churchill,2012;Forgatch et al.,1995;Lorenzet al., 1996;Ross& Mirowsky,1999), que traslada a la familia con bastante frecuencia a un es- tado de pobreza,afectando con mayor intensidad al progenitor custodio,por lo general la madre. Estacontingencia sueleobligar,en la mayoría de los casos,a realizar cambios sustanciales en el estilo de vida,comoiniciarla actividad laboral o retornaría,o ampliar elhorario de trabajo, lo cual provoca una disminución delcontacto con los hijosyuna menor supervisión de éstos, lo que afecta las pautas educativas (Kelly & Emery,2003).
Sin embargo,ha de asumir ensolitario responsabilidades antescompartidas con el otro progenitor,como ocuparse de laprole en cuanto a cuidados,educación yformación, así como el apoyoy acompañamiento físicoy emocional.Todo ello produceuna sobrecar- ga que facilita o refuerza los problemas psicoemocionales mencionados con anteriori- dad,en especial el estrés.Éste,unido al caos propio de estas situaciones, enturbian la relacióndelprogenitor con sus hijos, loque afecta de forma directa susconductas edu- cativas (Braver et al., 2006).En concreto,las investigaciones apuntan aque la ruptura deteriora las estrategiaseducacionalespositivas -control yresponsabilidad- e incre- menta lasnegativas-inconsistencia y severidad- (Harold& Conger, 1997).
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Por su parte, el progenitor no custodio, casi siempre el padre, ve reducidos de manera severa los contactos con sus hijos (Adán et al.,2007; Braveret al.,2006),y percibe que disminuye su capacidad deintervenir en diferentes aspectos del desa- rrollo de éstos (Greif, 1979); tal situación puede provocarle síntomas de ansiedad, depresión yestrés. A menudo, esto conlleva a que actúe a ladefensiva, seresigne o incluso manifieste sentimientos de indefensión, todo lo cual incide en que se implique menos con los hijos(Wall &Amadio, 1994),si bien estosefectos no son ex- trapolables a todos loscasos.Así,Rosenthal yKeshet (1981) determinan que la cali- dad y cantidad de contacto entre el progenitor no custodio y loshijospuede incluso aumentar despuésdel divorcio, locual ocurre cuando existe un bajo o nulo nivel de hostilidad entre losprogenitores, y cuando la percepción del padre sobre la calidad desusrelaciones con los niños es positiva (Wall,1992).Para Heath(1981), el proge- nitor no custodio tiende a implicarse enla vidade sus hijoscuando se encuentra sa- tisfecho conla decisión dela custodia.
Todo lo expuesto dirige de forma directa alajusticia terapéutica, incluso sin te- ner en cuenta los hallazgossobre el conflicto permanente tras laruptura y surela- ción con el estrés ylas alteraciones de tipo etiológico relacionadas con él. Eneste caso, se debe destacar el efecto negativo en la salud mental de ambos cónyuges (Parlin & Johnson, 1977; Shor,Roelfs,Bugyi &Schwartz, 2012; Williams, Sassier &
Nicholson, 2008) yenla salud física,mediante el deterioro delsistema inmunológi- co. Esta contingencia favorece la posibilidad de padecer problemas desalud (McKay et al., 2000), en especial en losdos años posteriores a la ruptura (Hetherington &
Kelly,2005),hasta tal punto que se considera eldivorcio y laseparación factores de riesgo de fallecimiento, lo cualdespierta ungran interés en los científicos sociales (Shor et al.,2012). La salud de losascendientes, como esbien sabido,la psicológica en particular, repercute en el bienestar de los hijos; por ello, cuanto más afectados se encuentren los progenitores, mayor riesgo para su descendencia.
La ruptura de los progenitores y su afectación en su descendencia
La familia, como primer agente de socialización y elemento más importante en la vida de los niños (American Academy of Pediatrics, 2003), influye en su desarro- llo y estado general, incluyendo el de salud-enfermedad (Guzmán et al., 2008). La American Academy of Pediatrics (2012) advierte que la funcionalidad familiar pue- de repercutir en la salud física y psicológica de los niños y adolescentes, asícomo en su desarrollo cognitivo y social. Es por ello que el divorcio -como proceso que comprende transformaciones sustanciales en la familia y evento de alto estrés para todos sus miembros- con bastante frecuencia resulta dañino para los hijos. Así,és- tos muestran una mayor vulnerabilidad a sufrir ciertos problemas de carácter físi- co,psicoemocional y social,determinados de manera principal por el estrés tóxico al que suelen ser expuestos (Fariña,Arce, Novo & Seijo,2012), y por la falta de un apoyo parental positivo, como consecuencia de una inadecuada gestión de la rup- tura (Troxel & Mathews, 2004). Algunos autores (p.ej.,Arce,Seijo, Novo & Fariña, 2002; Fariña,Arce,Seijo & Novo, 2013;Tejedor,2006) incluso han denunciado que laseparación y el divorcio se pueden convertir en un proceso demaltrato a loshijos.
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En cuanto a la salud física, Larson y Halfon (2012) señalan que los niños de padres divorciados presentan un mayor riesgo de padecer problemas de este tipo, como obesidad, asma, cáncer,así como enfermedad general, crónica y aguda (Hemmin- ki & Chen 2006; Lorenz, Wickrama, Conger & Elder 2006; Maier & Lachman 2000;
Troxel & Matthews 2004; Yannakoulia et al.,2008). Otros autores también han evi- denciado la vulnerabilidad a presentar afectación de hipertensión, asma, yenferme- dades de tipo coronario (Guzmán et al., 2008; Krantz & Manuck, 1984; Seijo et al., 2010; Standing Comittee on Legal Constitutional Affaire, 1998). De igual forma, se han encontrado alteraciones psicosomáticas, como dolores de cabeza y estómago (Orgilés, Amorós, Espada & Méndez, 2008).
Por otra parte, en jóvenes menores de edad, la separación de los padres se pre- senta como una de las causas más frecuentes de suicidio y tentativa de suicidio, con frecuencia por sentimientos de rechazo o detrimento del interés de sus progenito- res hacia ellos (Lester & Abe, 1993; McCa11& Land,1994; Woderski & Harris, 1987).
Diversos estudios informan de una mayor tasa de suicidios en aquellos menores cu- yospadres se habían separado, e incidencia mayor en varones que en mujeres (Bre- zo et al.,2006; D'Onofrio et al.,2006; Fariña et al.,2012; Fuller-Thompson & Dalton, 2011; Lizardi, Thompson, Keyes,& Hasin, 2009).
En esta misma línea, algunos investigadores alertan que la separación de los progenitores, antes de la edad adulta, minimiza la esperanza de vida de sus hijos (p. ej.,Brown et al.,2010; Ge et al.,2006; Larson & Halfon, 2012; Martin, Friedman, Clark & Tucker,2005; Weitoft, Hjern, Haglund & Rosén,2003; Schwartz et al., 1995;
Singh & Yu,1996). Sin embargo, las consecuencias mássignificativas de la separa- ción y el divorcio son deíndole psicoemocional (Ackerman, 1995; Cherlin, Chase- Lansdale & McRae, 1998; Garnefscki & Diekstra, 1997; Wallerstein & Kelly, 1980).
En este sentido, Ellis (2000) informó que el divorcio duplica la proporción de pro- blemas de ajuste emocional y también conductuales en los hijos. De este modo, pueden experimentar problemas de conducta internalizantes, siendo los más fre- cuentes ansiedad, depresión y baja autoestima, asícomo dificultades de conducta externalizantes, en especial comportamientos disruptivos, consumo de sustancias y alcohol, y conductas delictivas (Allison & Furstenberg, 1989; Amato, 2000, 2010;
Arce & Fariña,2007; Averdijk, Malti, Eisner & Ribeaud, 2012; Hetherington & Kelly, 2005; Landsford et al.,2006; Méndez, Inglés, Hidalgo, García-Fernández & Quiles, 2003; Orgilés et al.,2008; Wallerstein & Kelly, 1980). Los efectos psicoemocionales pueden acompañar a los hijos a lo largo de la vida, provocando que padezcan un mayor número de problemas mentales enla edad adulta (Amato, 2000; Mardomin- go,1994; Nunes-Costa, Lamela & Figueiredo, 2009; Ross & Mirowsky, 1999; Wate- rickx, Gouwy & Bracke,2006).
Es importante volver a recalcar que los efectos del divorcio en los hijos no son los mismos ni tienen igual alcance para todos, sino que van a depender de factores externos e internos de los menores, en especial de la manera en que el proceso se afronta por los adultos, la existencia de conflicto entre ellos versus coparentalidad positiva, y la propia resiliencia de los hijos. De esta manera, el papel de los profesio- nales que intervengan con estas familias puede resultar determinante, en particu- lar si realizan intervenciones con perspectiva de justicia terapéutica, las cuales, en su conjunto, pueden transformar los factores de riesgo en elementos de protección
Aportaciones a In psicología juridir-a yforcnsc desde Iberoamóriea
no sólo para la prole, sinotambién para los progenitores, y robustecer los factores protectores existentes. Como señalan Babb (1997) y Wexler (1993) en el derecho de familia, la aplicación de la justicia terapéutica es de suma importancia (Babb, 1997;
Wexler, 1993) para proteger las familias y los niños de las consecuencias negativas que la ruptura conyugal puedatener en el presente y en el futuro, y reducir la confu- sión emocional, para preservar o promover la armonía familiar (Town, 1994). En esta línea,Babb (1997) asevera que la función del tribunal se debe centrar en facilitar re- laciones familiares más positivas y fortalecer elfuncionamiento normalizado de la familia. En nuestra opinión, la de los psicólogos y abogados no debería ser diferen- te. Para Amendola (2010), la justicia terapéutica ayuda alos abogados a representar a sus clientes con mayor eficacia, proporcionándoles una experiencia más satisfac- toria yun servicio eficiente, que alcanza resoluciones más adecuadas y duraderas para su conflicto; para losabogados también es beneficioso, al disminuir el estrés y obtener mayor satisfacción laboral, y prestigio profesional y social,locualse puede trasladar también a los abogados y psicólogos que siguen la corriente "Derecho en colaboración" (Collaborative Law), psicólogos jurídicos y mediadores.
Desde elparadigma de justicia terapéutica, en losprocesos deruptura depareja, los programas de mediación y lospsicoeducativos de ayuda a estasfamilias son muy necesarios y en ocasiones imprescindibles. Como asevera Fariña (2010): "Lamedia- ción familiar acompañada de programas de intervención específicos, sepresentan como los métodos más adecuados para ayudar aestasfamilias asuperar satisfac- toriamente ese período desus vidas, enriqueciéndolas y haciéndolas másfuertes como personas." (p.202).
Mediación familiar
El proceso judicial, como señala Ortuño (2005a) "no sólo resulta frío para abordar de forma completa lasolución de determinados conflictos, sino notoriamente insu- ficiente. Por esta razón se viene introduciendo en losúltimos añosla utilización de la mediación como instrumento auxiliar de la justicia, sobre la base de la práctica en otros países de nuestro entorno que muestra la mayor adaptación deesta me- todología para dar una mejor respuesta a los intereses en juego que subyacen en determinados tipos de conflictos en los que las partes implicadas necesitan mante- ner una relación posterior viable" (pp. 2-3),en este caso, la de progenitores tras la ruptura de pareja. Más alláde la frialdad se encuentra el hecho, yacomentado, del incremento del conflicto, la crispación y el estrés,que suelen acompañar a los pro- cesos contenciosos. Es por ello que si bien lasparejaspueden acudir a la mediación en cualquier momento del proceso, incluso después de haber emitido sentencia el tribunal, lo más acertado es hacerlo antesde iniciar el proceso judicial. Así,la media- ción extrajudicial alinicio de la ruptura de pareja evita el recrudecimiento del con- flicto, propio de los procesos contenciosos, y facilita los acuerdos.Sólo un 11%de las parejas que utilizan la mediación antes de iniciar el proceso judicial acaban ponien- do la demanda (Emery,Sbarra&Grover,2005). No obstante, también la mediación intrajudicial, aunque en menor medida, ha demostrado serefectiva (Luquin, 2007).
De forma general, se puede señalar quela mediación familiar es un procedimien- to voluntario al que acuden las partes, sibien en algunos estados este principio no
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siempre se cumple, por ejemplo, en Carolina, en los Estados Unidos, o en el Rei- no Unido. Para los casos que solicitan justicia gratuita, la mediación selleva a cabo por una tercera persona o equipo, siempre neutral e imparcial, que ayuda aidenti- ficar y clarificar losproblemas existentes en la familia, así como a establecer acuer- dos en relación con todos o alguno de ellos. En losprocesos de ruptura de pareja, en especial aquellos relacionados con la custodia y laforma en que loshijos van a compartir el tiempo con sus padres (Irving, 1981),debe deintentarse, si laspartes así lo desean, consensuar todo el convenio regulador del divorcio. Pero, además de estas cuestiones, facilita un espacio a los progenitores para hablar de sus expe- riencias, cogniciones, emociones y conductas en un contexto adecuado, lo cual es de beneficio para ellos (Pennebaker, 1993), pues les permite desahogar emociones, y aprender a separarse de una manera positiva, así como a mantener su responsa- bilidad como progenitores. Como señalan García-López (2011) y Holtzworth-Mun- roe (2011), la mediación encauza la pacificación de los conflictos y la resolución de la controversia, permitiendo gestionarlos de forma positiva y encontrar soluciones efectivas a los mismos (Pastor & Iglesias, 2011). Inclusive posibilita adquirir habilida- des relacionadas con la resolución de conflictos (Gutiérrez & Corzón, 2012), dentro y fuera del ámbito familiar.
De igual manera, aunque no se trata de una intervención de carácter terapéuti- co, conlleva efectos de ese tipo (Parkinson, 2005), incidiendo de modo positivo so- bre la estabilidad emocional de los progenitores (Bernal, 2012), pero también con efectos indiscutibles sobre el bienestar emocional de los restantes miembros de la familia; al mismo tiempo que hace viable la cooperación parental (Barbero, Peña, Gaja & Galán, 2005; Fariña, 2010; Fariña, Seijo, Arce & Novo, 2002b) y el manteni- miento de adecuadas relaciones familiares. A su vez, las soluciones a la controver- sia y la toma de decisiones no recaen en extraños, sino en la pareja. De este modo, los acuerdos alcanzados resultan más satisfactorios para todos, y el nivel de cumpli- miento de los mismos son muy superiores a los mandatos que se deben acatar por orden judicial (Arch, 2003; Haynes, 2000). A todo ello se debe añadir el hecho de que respeta la privacidad de los usuarios; así,aunque en el transcurso de la media- ción se revele información muy íntima, el mediador y las partes han de mantener la confidencialidad de la misma. Por el contrario, un proceso contencioso tiende a
evidenciar de manera pública cuestiones de índole muy personal, inclusive aque-
llas más soeces e indignas. También desde una perspectiva económica resulta más
rentable, al ser un procedimiento más barato y rápido. En suma,la mediación se ha
mostrado útil para llevar a cabo la disolución de las parejas (p. ej., Coy, 1989;Emery et al.,2005; Soto, 2009);siendo para muchos autores (p.ej.,Bernal, 2002; Fariña &
Arce, 2006; Fariña et al.,2002; Kelly, 1991;Pearson & Thoennes, 1984;Pierce, Pruitt
& (zaja 1993),la modalidad más eficaz.
En cuanto al papel del mediador en estos procesos, se sostiene que,de manera im- parcial, ha de ayudar a las partes a llegar a acuerdos justos y duraderos, en especial en lo que atañe al bienestar de los hijos (Moore, 1998;Saposnek, 1983).Ortuño (2005b) precisa que el mediador no ha de orientar y menos imponer a las partes su propia es- cala axiológica, y ha de prescindir, en todo momento, de plantear alternativas que se ajusten a su propia escala de valores,y que ignoren o contradigan la de las partes. Pero también señala que ser un mediador neutral no significa ser un profesional pasivo,por
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el contrario, ha de mantener una actitud activa enla procura de tres objetivos: "que las partes encuentren en el entorno o ámbito de la mediación un espacio en el que estén seguros y un clima en el que se sientan cómodos; que se garantice una igualdad real y sólida para afrontar la negociación... y que seimpugne desde elprincipio una di- námica sana de respeto de una parte hacia otra" (p.5).
En loreferente a la protección de la infancia y la búsqueda desu bienestar, algu- nas legislaciones, como la que regula la mediación del estado de Wisconsin, en Es- tados Unidos, requiere que el mediador certifique si losacuerdoslogrados respetan el mejor interés del menor (Milne, Folberg&Salem,2004). Porsu parte, ladirectiva 2008/52/CE del Parlamento Europeo señala que la confidencialidad no tendrá lugar
"cuando sea necesario por razonesimperiosas de orden público en el Estado miem- bro de que se trate, en particular cuando asílo requiera laprotección delinterés su- perior del menor ola prevención de daños a laintegridad física o psicológica de una persona". En esta línea, en el Reino Unido, "cuando la mediación familiar se refiere a los hijos,no es posible ofrecer una garantía absoluta deconfidencialidad, yaquela mediación puede revelar información sobre aspectos dela protección del niño que requieran la adopción de medidas concretas. En este caso el mediador tiene que asegurarse de que la policía ylos servicios socialesson avisados" (Soto,2009, p. 4).
En España,la recién aprobada Ley de Mediación en Asuntos Civiles yMercantiles Ley 5/2012, no resulta tan explícita, pero concreta quela obligación deconfidencialidad no procede cuando "La infracción del deber deconfidencialidad generará responsa- bilidad en los términos previstos en el ordenamiento jurídico".
En nuestra opinión, la mediación debería ser un recurso al que pudieran tener acceso todas aquellas que quieran romper su relación deconvivencia, o mantengan algún problema o controversia tras lamisma, en especial cuando tienen hijos me- nores de edad. En este supuesto debería serpreceptiva, tal ycomo ocurre en otros países,como Noruega.Además, en estoscasos,losmediadores, demanera irrenun- ciable, deberían ayudar,desde la imparcialidad y neutralidad, a que los progenitores tomen decisiones que respeten los derechos desu descendencia.
Programas psicoeducativos de ayuda a familias con progeni- tores separados
En la década de los años setenta, en Estados Unidos, surgen los programas psico- educativos para ayudar ala familia a superar de manera eficaz laruptura y prevenir comportamientos en los progenitores que impidan a loshijos adaptarse al divorcio (Deutsch, 2008). De forma genérica, tienen por objetivo formar a las parejas con descendencia a separarse, centrándose en el mejor interés de ésta, conduciéndo- lasauna relación de cooperación parental ajena al conflicto. ParaKirby (1988), de manera ineludible han de enseñar los beneficios de la colaboración parental y las responsabilidades delpadre custodio; las reacciones de los hijos aldivorcio; las con- secuencias del conflicto; la alienación parental, y el fomento desentimientos ne- gativos hacia el otro progenitor (Arce& Fariña,2007). La necesidad social de estos programas,junto con su demostrada eficacia para disminuir elconflicto eincremen- tar el bienestar de todos los miembros de la familia (p.ej.,Alpert-Gillis, Pedro-Ca- rroll & Cowen, 1989; Arbuthnot & Gordon, 1996; Durkin & Mesie, 1994; Fariña et
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al.,2002; Farmer & Galaris, 1993; Kalter & Schreier, 1993; Kramer & Kowal, 1990;
Loveridge, 1995), provocaron en el ámbito anglosajón la generalización de los mis- mos a lolargo de los años ochenta y noventa (p.ej.,Achtem & Hett, 1988; Bornstein, Bornstein & Valters, 1985; Pedro-Carroll & Cowen, 1985; Roseby & Deutsch, 1985;
Stolberg & Garrison, 1985). En la actualidad, se encuentran muy extendidos yacep- tados; por el contrario, en Latinoamérica existe un amplio desconocimiento sobre los mismos, siendo suimplantación escasa,y en algunos países simplemente inexis- tentes. En España,de forma pionera, se creó en el año 2001 el programa "Ruptu- ra de Pareja,Node Familia",elcualse describirá a continuación de forma somera.
Programa Ruptura de Pareja, No de Familia
ElPrograma Ruptura de Parejase desarrolló de forma esencial en dossubprogra- mas:el "Programa Breve Ruptura de Pareja,No de Familia"; y el "Programa Largo Ruptura de Pareja, No de Familia". Sus objetivos generales son: a)eliminar o mini- mizar lasrepercusiones negativas quelaseparación ocasiona alosmenores y alos adultos, tanto a losprogenitores como acualquier otra persona vinculada con es- tos, en particular abuelos y nuevas parejas; y b) incrementar el ajuste a la nueva situación familiar, por lo que se instruye a los padres para que puedan compartir lanecesaria labor educativa y formativa de manera responsable, desjudicializada y asentadasobrela base de laprotección ysalvaguarda de losintereses y necesidades delosmenores (Fariña & Arce, 2008). En su propuesta se han asumido principios básicos de laciencia psicológica actual: a) la adversidad puede provocar crecimien- to personal; b) losprocesoscognitivos se pueden modificar, con objeto de cambiar percepciones distorsionadas por otras adaptativas de uno mismo, los demás y el mundo; e)lainteligencia emocional puede potenciarse; d) los comportamientos se aprenden; d) las actitudes, valores y prejuicios sonadquiridos; d) la modificación de la cognición puede cambiar emoción y conducta; e) elcontrol de la emoción puede incidir enla cognición y en la conducta; f) la conducta produce modificaciones cog- nitivasy emocionales.
Estecapítulo se centrará de modo exclusivo enel Programa Largo,el cual se lleva a cabo a lolargo de 16 sesiones grupales, de entre 90 y 120 minutos de duración. Se interviene (en grupos diferentes) con los adultos (progenitores y personas significa- tivas) ycon los hijos,teniendo en cuenta su edad para formar los grupos.
Intervención con adultos
Enla intervención con adultos se emplean diferentes técnicas con base en los principios de modificación de conducta (role-playing, modelado, instrucciones, re- fuerzo), adaptándose siempre alas situaciones que se quieren trabajar. Antes de iniciar el programa, se entrevista yevalúa a los adultos, para detectar posibles pro- blemas significativos de carácter psico-emocional, que impida su participación en elgrupo. Cuando esto ocurre, se pospone su aceptación en el programa, y se deri- van a un profesional de la salud mental, para que posibilite la recuperación de su estado psicológico. El programa se compone de 16 sesiones grupa les que se esbo- zan a continuación.
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Aportacioues a la psicología juríclica yforcnsc dosdc Iberoamérica
1. Presentación del programa. En esta primera sesión, los miembros del grupo se presentan, aportando algunos datos sobre su familia (estado civil, número de hijos y edades de éstos, relación que mantienen con ellos). Es importan- te que se logre cohesión en el grupo y que todos se sientan cómodos e inte- grados, para el adecuado desarrollo del programa. A lo largo de la sesión se presentan los contenidos básicos que van a conformar toda la intervención.
De forma específica, se plantean los diferentes tipos de custodias que exis- ten, analizando los inconvenientes y ventajas de cada una, dejando siempre establecido que a no ser que exista una causa que lo impida o desaconseje, la custodia ideal para todos los miembros de la familia (en especial para los hi- jos) es la compartida (Fariña, Arce, Vázquez, Novo &Seijo, 2013). Asimismo, se exponen los modos de resolución del conflicto, creando conciencia de que la mediación familiar es siempre la vía óptima para estos caso, y que con in- dependencia del momento y el estado del proceso deberían optar por esta fórmula. Antes de finalizar la sesión han de formalizar el compromiso de asis- tencia a cada una de las reuniones, salvo la existencia de causa que justifique la ausencia.
2.Importancia de la estabilidad psicológica de los progenitores separados. Se les transmite la importancia de promover y mantener un adecuado ajuste psico- lógico en todos los miembros de la familia y la necesidad de conservar una estabilidad psicológica para ejercer de manera eficaz la función parental. Se abordan las etapas del divorcio y las reacciones más comunes, a fin de que puedan identificar y expresar las conductas y emociones que han tenido o tie- nen en cada una de ellas, y se les facilitan estrategias de afrontamiento.
3. Redefinición de la relación como padres. Beneficio de la colaboración parental.
La sesión tiene el fin de favorecer la relación de coparentalidad positiva, utili- zando para ello un símil entre familia y empresa, y exponiendo los beneficios que acarrea una relación de colaboración y cooperación entre los progenitores.
4 y 5. Desarrollo evolutivo, y consecuencias y reacciones posdivorcio en los hi- jos. Se tratan los aspectos que caracterizan la etapa del desarrollo en que se encuentran sus hijos, así como las reacciones y conductas que éstos suelen presentar ante la separación de los padres. Esto les ayuda a comprender las actitudes y comportamientos de sus hijos ante la nueva situación familiar; e incluso pueden detectar algún trastorno, retraso o estancamiento del desa- rrollo psicosocial y cognitivo en sus descendientes.
6. Importancia de la comunicación y consecuencias negativas del conflicto. Se trabaja la importancia de eliminar el conflicto familiar y de instaurar una co- municación óptima, abierta y asertiva; se practican estrategias adecuadas de co- municación interparental tanto en el rol de emisores como en el de receptores.
7, 8 Y 9. Fenómenos asociados con el proceso de separación y divorcio: interfe- rencias parentales, sobrecarga e ilusión de reconciliación. A lo largo de estas tres sesiones se describen tales manifestaciones y las consecuencias nocivas que acarrean en los hijos, con el objetivo general de que asuman la importan- cia de inhibir las actitudes y conductas que las provocan o refuerzan. Además, se practican estrategias y se fomentan habilidades para evitar o corregir los comportamientos que los fomentan.
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La justicia terapéutica en procesos de ruptura do pareja: el papel del psicólogo
10.Importancia del contacto de ambosprogenitores con los hijos.Se pone en va- lor la corresponsabilidad en la crianzade loshijosy se analizan fórmulas para que quienes mantienen una custodia en solitario puedan avanzar hacia fór- mulas más próximas a la custodia compartida.
11.Importancia de la comunicación padres-hijos.Se analiza larelevancia de la co- municación padres-hijos,asumiendo que es esencial unacomunicación óptima tanto paterno-filial como materno-filial, paralograr elajuste a lanueva situa- ciónfamiliar y eladecuadodesarrollo delaspersonas menores de edad.Sepre- tendeque losprogenitores logren robustecer las relacionesycomunicación con sushijos,y que el tiempo que dediquen aéstos resulteenriquecedor.
12. Cómo ayudar a adaptar a los hijos a lanueva situación. Esta sesión tiene como meta exponer el papel principal quedesempeñan ambos progenitores parauna adaptación óptima de loshijosa la nueva situación familiar. Para ello se retoman algunos aspectos tratados ensesiones precedentes, lo cual sirve ademáspara afianzar lo trabajado ensesionesprevias.
13. Técnicaseducativas y decomunicación entre padres ehijos. Práctica de mé- todos de disciplina adecuados. Secomplementa lo aprendido en la déci- moprimera sesión, reforzando el uso de un adecuado estilo comunicativo, estrategias de resolución de problemas y profundizando en el empleo de estilos educativos efectivos. A los participantes se lesaportan una serie de destrezasy habilidades educativas, queles permitan modificar aquellos com- portamientos anómalos de los menores tanto losrelacionados de forma ex- presacon la nueva situación posdivorcio como losajenos a ella, a lavez que propicia comportamientos positivos.
14.Responsabilidad de cada progenitor y derechos de loshijos.A esta altura del programa, losparticipantes tendrán quetener bien procesado que en la rela- ción coparental y paterno-filial se hadepriorizar a loshijos. No obstante, para consolidar los conocimientos adquiridos, se abordan los derechos de los me- noresy losdeberesde los padres cuando la familia experimenta la separación conyugal de los progenitores. Paralo primero se toma como base los dere- chosestablecidos en una sentencia dictada por la Corte Suprema de Wiscon- sin y que después otros autores hanasumido (p.ej.,Blanch & Shelton, 1997;
Arce & Fariña,2007). De igual manera, losdeberesdelos progenitores se ana- lizan con el apoyo de la propuesta de Arce y Fariña (2007).
15. Evaluación posintervención. Con esta sesión se pretende comprobar en qué medida el programa ha resultado efectivo para los participantes. En este sen- tido, se lleva a cabo unaevaluación, en lasvariables y constructos trabajados durante la intervención, a través de la"Entrevista para padres, posinterven- ción". Esta valoración servirá, asimismo, para proporcionar la necesaria re- troalimentación acerca de los aspectos que pueden mejorarse o modificarse de la intervención, así como los aspectos a reforzar en la siguiente y última sesión grupa!
16. Cierre del programa. Mantenimiento y refuerzo de los contenidos adquiri- dos y generalización. Tal y como se ha venido exponiendo, los contenidos del programa se han ido engranando a lo largo de las sesiones, de modo que el avance de las mismas supusiese un refuerzo de lo adquirido en las anteriores.
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Aportaciones a la psicología jurídica ,\'forense desde Ibcroamérica
En esta línea,la última sesión pretende ensamblar todas las previas, a través de un repaso de los contenidos principales del programa, de cara a su gene- ralización, labor que se lleva a cabo,de manera principal, para que puedan abordar, de forma máseficaz,los avatares que lanueva organización familiar origine, pero también paraque losapliquen en otros ámbitos desus vidas.
Intervención con los hijos
En laintervención con loshijos uno de los objetivos básicoses proporcionarles un grupo de apoyo. El contacto con otros niños que han vivido losmismos aconteci- mientos les ayuda a reducir elsentimiento deser un caso diferente o singular,y les transmite una sensación de confianza. Losgrupos de intervención se forman aten- diendo a la edad de los participantes, loque determina en gran medida losproce- dimientos y técnicas a utilizar. Así,con los máspequeños la intervención se realiza de forma esencial a través del juego, el relato en formato cuento y fichas de trabajo;
con los de más edad,se introducen técnicas de modificación de conducta (resolu- ción de problemas, modelado, reestructuración cognitiva, técnicasoperantes, etc.).
De forma complementaria, para todos ellos se hadesarrollado material educativo especializado, como el libro Pobi tiene dos casas (Fariña,Arce, Real,Seijo & Novo, 2001), protagonizado por personajes que permiten abordar contenidos específicos a lo largo de lassesiones (Fariña et al.,2012).
1. Presentación del grupo. En la primera sesión se establece un ambiente de aceptación y seguridad para obtener una cohesión grupal, donde todos se encuentren a gusto. Se lleva a cabo una presentación de losmiembros del grupo, en la que se trata de resaltar los elementos comunes a todos; como un aspecto enriquecedor, se dacabida a las posibles diferencias existentes entre ellos. Además, se indican lasnormas que funcionarán como controladoras y reguladoras de las conductas del grupo. Por otro lado, se creaunsímbolo que represente al grupo y que actúe como elemento unificador alolargodetodas las sesiones. Se establece una serie de objetivos comunes quefomenten el trabajo en equipo. Por último, se presenta al personaje principal delmaterial psicopedagógico Pobi ten dúas casas (Fariña et al.,2001).
2. Flexibilización del concepto de familia. En esta sesión se buscaincrementar la autoestima familiar y normalizar la separación de losprogenitores, como una categoría más dentro de los distintos modelos familiares, resaltando sus ventajas.
3, 4 Y 5. Comprensión de la separación y exposición de las reacciones másco- munes.A lo largo de estas sesiones se les explican y aclaran las concepciones erróneas y reacciones más comunes que suelen sufrir: sentimientos de culpa- bilidad, miedo a ser abandonados, emociones negativas como la ira. Duran- te las sesionesse trabaja la expresión e identificación de emociones, y se les anima a que expresen las asociadas a la separación de sus padres.Asimismo, se introduce el entrenamiento en técnicas para relajarse, que permite redu- cir el nivel de activación y alcanzar un estado de ánimo adecuado para expre- sar los sentimientos sin hacer daño alos demás. Se llevan a cabo ejercicios de
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Lajusticia terapéutica enprocesos de ruptura (lepareja: ~·Ipapel del psicólogo
reestructuración cognitiva, facilitando lassituaciones de cambio, mostrando una perspectiva positiva que ayude a aceptar la separación parental.
6. Refuerzodelautoconcepto. Sepotencia el desarrollo del autoconcepto a través delreforzamiento social.Se sigue potenciando el autoconcepto familiar.
7 y8. Ilusión de reconciliación y aceptación dela nueva situación. Se trabaja la ilusión de reconciliación, para que admitan la nueva situación familiar, asu- miendo laseparación parental de forma normalizada y constructiva, adoptan- do,al mismo tiempo, una estrategia de afrontamiento positiva. En la séptima sesión se persiguen analizar, cuestionar y rebatir los pensamientos irracio- nales vinculados con el sentimiento de reunificación parental. En la octava sesión, partiendo de lo trabajado en las sesiones anteriores, se ayuda a los menores a que puedan disfrutar cuando están con ambos progenitores.
9y 10. Entrenamiento en habilidades de comunicación. Se enseña a expresar de forma asertiva ideas y sentimientos, confrontando lasconductas adecuadas e inadecuadas, abordando tanto loscomponentes cognitivos y afectivos como los conductuales y fisiológicos. Además,se plantean actividades para desarro- llar habilidades sociales (hacer un cumplido, iniciar, mantener yfinalizar una conversación,y aceptar lascríticas,entre otras).Asimismo,serefuerza la escu- cha activa y el procesamiento de la comunicación no verbal.
11, 12Y 13. Entrenamiento en resolución de problemas. En estas sesiones se pre- tende mejorar lashabilidades de competencia de losniños, mostrándoles la manerade resolver los problemas y conflictos. En la sesión décima primera se explican las dos primeras fases del modelo de solución deproblemas, queabor- da la orientación general hacia el problema, y la definición y formulación del problema (D'Zurilla, 1986).Además,se trabaja laatribución causaly el locus de control, ya que ambas variables van ainfluir en elsignificado que el menor otorgue al problema y,por tanto, a la forma de resolverlo, así como a la reper- cusión psicoemocional que éste va a tener en él.Lasesión duodécima se cen- tra en la búsquedade alternativas, la elección de lamejor,la aplicación de ésta y la valoración de laimplementación. Enla sesión décimo tercera entrena lo aprendido en las dos anteriores a la resolución de problemas paterno-filiales, tanto ajenos como relacionados; para formar los grupos se tiene encuentaso- bre todo la edad.
14. Previsiónde cambios.Desde una perspectiva positiva,seexponen y analizan los cambios que la separación parental conlleva,así como los que pudieran aconte- cer en el futuro (nuevas parejasde susprogenitores,nuevos hermanos). Asimis- mo,se les crea la conciencia de que la mayoría de ellos está fuera de su control y, por tanto, no puedenhacernada para modificarlos.
15. Evaluaciónposintervención. En la penúltima sesiónse presenta la propuesta psicoeducativa "Yocomo Pobisoy feliz", donde se valora si los menores han adquirido las destrezas básicas entrenadas a lo largo del programa. También se realiza una revaluación individual de los menores a través de la entrevista yde pruebas psicométricas, para contrastar la consecución de los objetivos generalesdel programa (Fariña et al.,2002b).
16. Cierredelprograma. Seformaliza una fiesta, a modode celebración, donde se llevaa cabola despedida de los miembros del grupo, menoresytécnicos.
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Comentario final
La justicia terapéutica tiene por objeto abordar los asuntos legales de una forma más comprensiva, humana y psicológicamente óptima, con consecuencias positivas para la vida emocional y el bienestar psicológico de los usuarios del sistema legal (Wexler &Wi- nick, 1996), bajo esta consideración, no se puede dudar en afirmar que debe haber un compromiso para favorecer y potenciar una justicia terapéutica en todos losámbitos ju- rídicos (Fariña, Tortosa &Arce, 2005), entre ellos, incluso de forma especial, enel de la familia. En procesos de separación y divorcio, la perspectiva de TJ,no sólo puede facilitar la pacificación de los conflictos y el control dela violencia emocional que suele acompa- ñarlos, cuando no física, sino que también tiene capacidad parapotenciar el crecimiento personal de los miembros de esasfamilias.
Así, la promoción de la mediación familiar, como medio para resolver la contro- versia y el conflicto en los procesos de separación de pareja semuestra ineludible, en particular en aquellas que tengan descendencia, sise pretende mantener una corresponsabilidad en lacrianza de los hijos. También es preciso ofrecer ydesarro- llar programas específicos de ayuda para estas familias, centrados en la recupera- ción del bienestar psicoemocional y en su reorganización, así como en la eliminación del conflicto y el control de los comportamientos de carácter violento. Todas las fa- milias que sufren un proceso de separación/divorcio deberían disponer de recursos educativos, legales y terapéuticos ajustados asus necesidades (Pedro-Carroll, Sand- ler &Wolchik, 2005). Sin embargo, en España y Latinoamérica, la justicia terapéutica no es una corriente dominante en la justicia de familia, ni la mediación familiar un procedimiento común, y todavía menos extendidas se encuentran las intervencio- nesen lalínea del programa "Ruptura de Pareja, No de Familia". De manera indefec- tible, esta realidad lleva a concluir que todavía queda un largo camino por recorrer y mucha pedagogía que realizar, con legisladores y operadores jurídicos, hasta lograr que la ruptura de la pareja, en España y Latinoamérica, sea una oportunidad para el empoderamiento de todos los miembros de esas familias.
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