A 150 años de la Comuna

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A 150 años de la Comuna

La Comuna de París 1871:

noticias en Puerto Rico

EN ROJOPORTADA

por Francisco Moscoso

Especial para En Rojo (Portada), Claridad (San Juan Puerto Rico), 16 de marzo de 2021

El 28 de marzo de 1871 se proclamó la Comuna de París. Commune, en francés, se define como una “división territorial administrativa regida por un alcalde”

(Laroussse de Poche, 1979, p. 84). En otras palabras, en este caso el Municipio se afirmó soberano. El Ayuntamiento de París estableció un autogobierno popular alternativo con respecto al poder estatal existente de Francia que representaba los intereses de la burguesía industrial y bancaria y de la aristocracia terrateniente.

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Durante la era del feudalismo los espacios rurales aledaños a los castillos de la nobleza y sobre todo las ciudades donde se efectuaban las actividades comerciales se llamaron burgs, o burgos. Como señala la historiadora medievalista Régine Pernoud, en Los orígenes de la burguesía, con este término se identificó especialmente a los mercaderes y banqueros involucrados en la economía monetaria y de mercado, con el fin de obtener lucro en base a ello. Eventualmente, burguesía vino a ser sinónimo de la clase capitalista. Esta se constituyó, a su vez, en la relación social de producción de explotación de la clase obrera asalariada (también llamado el proletariado).

En la historia política de Francia, en 1870 y 1871, a su vez comuna adquirió el significado revolucionario de gobierno del, por y para el pueblo trabajador y

ciudadanos comunes. Y, entrelazado con ese proceso, la toma del poder por partidos o movimientos identificados con postulados republicanos, socialistas, comunistas y anarquistas.

Bosquejo histórico

Las semillas sociales, económicas, políticas, filosóficas y culturales que condujeron a la Comuna de París se cultivaron y fueron germinando parcialmente desde el 1789 hasta la cosecha extraordinaria, aunque breve, del 1871. La historia de Francia que cubre ese período, como sucede con todas las naciones, tiene su propia complejidad y particularidades.

Como marco de referencia y antecedentes, hay que tener presente lo siguiente: 1789-1799, la Revolución Francesa (varios gobiernos de la burguesía moderada y radical, ejecución del rey Luis XVI, Primera República); 1799-1803, golpe de estado del 18 Brumario, triunvirato gubernamental del Consulado (Napoleón Bonaparte, Primer Cónsul); 1804 -1814, Imperio de Francia (emperador Napoleón I); 1815 -1830, restauración de la monarquía absolutista de la dinastía Borbón (Luis XVIII y su hermano Carlos X); 1830, Revolución de Julio

(monarquía constitucional, rey Luis Felipe de Orleans); 1848 febrero-junio, Revolución Social y Democrática (Primer Gobierno Provisional); julio 1848-junio a 1851 (Segundo Gobierno Provisional y Segunda República bajo Luis Napoleón Bonaparte (sobrino de Napoleón I); 1851, golpe de estado, y 1852-1870, Segundo Imperio (Napoleón III); 1870 4 septiembre- 18 marzo 1871, Tercera República y Gobierno de Defensa Nacional (presidente Adolphe Thiers).

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Comprende ese proceso histórico, por otra parte, los reclamos de respeto y dignidad, e igualdad social y política de las mujeres, que van desde Olympe de Gouges, autora de la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la

Ciudadana (1791), guillotinada en 1793; Victoire Léodile Béra (seudónimo André Léo), militante de la Société pour la Revendication du Droit de Femmes (1866); hasta Louise Michel, combatiente y héroe de la Comuna de París, entre muchas otras.

Los eventos mencionados cuentan con una bibliografía enorme, que se amplía y enriquece constantemente con nuevas investigaciones. Para llegar a un conocimiento más profundo de lo que podemos esbozar aquí, naturalmente, no hay otro camino que el de hacer lecturas escogidas para empezar, de cada tema; y reflexionar sobre ello.

La bibliografía al final da una idea de su magnitud; y hay mucho más.

Trasfondo sociopolítico

En todo ese cuadro se enmarca la etapa avanzada de la transición del

feudalismo al capitalismo y la progresiva industrialización de Francia. En ese terreno histórico se fue formando y creciendo la clase obrera (el proletariado urbano e industrial), se dieron innumerables luchas de los trabajadores por mejores salarios y condiciones de vida y participación política; surgieron organizaciones obreras

nacionales e internacionales y se difundieron perspectivas originarias del cooperativismo, mutualismo, socialismo, comunismo y anarquismo.

De una manera y otra, las obras y perspectivas de personajes de renombre, indirecta o directamente, más lejanos o cercanos al momento de la Comuna, se hicieron presentes a través de los profesores y estudiantes universitarios,

organizaciones políticas, instituciones municipales y sindicatos obreros. Nos referimos a Gabriel Bonnot de Mably, Observations sur l’histoire de France (1765); Jean Charles de Sismondi, Nouveaux principes d’économie politique (1819); Louis

Blanc, Organisation du Travail (1839); Felicité Robert de Lamennais, Esclavitud Moderna (1839); Pierre-Joseph Proudhon, ¿Qué es la propiedad (1840), Filosofia de la miseria (1846) y La capacidad de las clases obreras en Francia (1865); Friedrich

Engels, Situación de la clase obrera en Inglaterra (1845); Karl Marx, Miseria de la filosofía (1847) y El Capital Vol. I (1867); Karl Marx y Friedrich Engels, Manifiesto Comunista (1848); Louis August Blanqui, La Patrie en Danger (1870); Mikhail Bakunin, Federalismo, socialismo y antiteologismo (1867) y La Comuna de París (1871), entre otros.

Unos y otros evocaron idearios de la revolución francesa de 1789 y de las acciones y perspectivas políticas del abate Gabriel Bonnot Mably y su comunismo utópico; Georges-Jacques Danton y el Comité de Salvación Pública; Jacques-René Hébert y los Sans-Culottes; Maximilien Robespierre y los Jacobinos; y François-Noel Babeuf (apodado Gracchus) y la Conspiración de los Iguales, para mencionar algunos.

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En el contexto de la Comuna la mayoría de los identificados con tradiciones políticas eran los blanquistas, proudhonistas y bakuninistas; seguidos por los marxistas.

Guerra Franco-Prusiana

Hasta 1870 Alemania en su forma unificada y territorial actual no existía. Desde 1815 estuvo dividida en 39 estados soberanos, de los cuales Preussen, o Prusia en la región norte ocupaba un espacio grande y de mucho poder. En Prusia regía un régimen autoritario bajo el rey Wilhelm I y su primer ministro Otto von Bismark (Christopher Clark, Iron Kingdom, 2006).

Francia intentaba consolidarse como la gran potencia imperialista en el continente europeo, y hacía tiempo disputaba con Prusia el control fronterizo de Alsacia y Lorena. El 19 de julio de 1870 Napoleón III declaró la guerra a Prusia.

La Gaceta de Puerto Rico (GPR), periódico oficial del gobierno, dio a conocer el hecho un mes después. Se publicaron las declaraciones del Gobierno de España del

presidente Francisco Serrano y el ministro de estado, Práxedes Mateo Sagasta en que fijaba su posición de “neutralidad más absoluta” en la contienda. (GPR, Núm. 101, 23 agosto 1870, p. 1). En la Gaceta no se publicó más sobre los eventos en los meses siguientes. De ello se encargó el Boletín Mercantil de Puerto Rico.

El resultado fue desastroso para Francia. Tras perder varias batallas, en cuestión de mes y medio en la decisiva Batalla de Sedán, el 1° de septiembre el propio Napoleón III y, según unas fuentes y otras, más de 20,000 y hasta 100,000 soldados franceses cayeron prisioneros. Esto precipitó el derrumbe del Imperio Francés y desató una lucha por el poder, especialmente en París.

Gobierno burgués o Comuna

Desde los inicios las masas populares y sus organizaciones políticas se opusieron a la guerra. Para su defensa la ciudad de París contaba en 1870 con la Guardia

Nacional inicialmente compuesta de 134 batallones y alrededor de 300,000 milicianos.

El Gobierno estaba muy nervioso con esta unidad militar pues ya la había diferenciado entre batallones “buenos”, compuestos por elementos de la burguesía o leales a ella, y batallones “malos” integrados por las clases bajas. Y ya tuvo el aviso del 14 de agosto cuando los estudiantes blanquistas Émile Eudes (25 años) y Gabriel-Marie Brideau (26) encabezaron una infructuosa insurrección armada para proclamar la república. Capturados y condenados a muerte el 29 de agosto, fueron liberados tras otra acción más contundente cinco días después.

En The Paris Commune 1871, el historiador Stewart Edwards documenta cómo el 4 de septiembre una multitud popular en su mayoría identificada con los postulados de Blanqui, liderados por Ernest Granger y Edmond Levraud irrumpió en el Palacio

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Borbón, sede de la Asamblea Nacional y demandaron, esta vez con éxito, la proclamación de un gobierno republicano (es decir, no monárquico). Pero a los blanquistas le comieron los dulces momentáneamente.

Ante el derrumbe del Imperio y siendo palpable el apoyo general de París al cambio político, los gobernantes burgueses y la alta oficialidad militar, con los

segmentos del ejército que quedaban bajo su mando, maniobraron rápidamente para proclamar la Tercera República. Formaron un Gobierno de Defensa Nacional,

asegurándose de que estuviera en sus manos. El gobierno general estuvo encabezado sucesivamente por los diputados de la “Oposición Parlamentaria” dentro del Imperio Jules Favre, León Gambetta y Adolphe Thiers; apoyados por los generales Trochu, Vinoy y Ducrot. Era un gobierno de derecha, propietaria y conservadora. Pero la

república de la que hablaban las clases populares y sus dirigentes era la de la igualdad social. Se trata de un período corto y turbulento de gobierno hasta enero de 1871.

De hecho, en esos meses se produjeron dos frentes de guerra: (a) el nacional de Francia con Prusia, y (b) el civil, enfrentando al gobierno de la república y el de la ciudad de París, especialmente. La ciudad, que entonces era amurallada, contaba con 2 millones de habitantes representando 5% de alrededor de 38 millones en el país. Los sectores populares, trabajadores y de izquierda política estaban organizados en

decenas de clubs y comités y en una federación de sindicaos obreros. El historiador Marc Lagana, en “Un peuple révolutionnarire” señala que la composición poblacional de París comprendía 900,000 obreros y otros empleados asalariados (45%), 114,000

“domestiques” (6%), 45,000 conserjes (2%); “la composición industrial y comercial representaba alrededor de 70% de la población parisina”.

En 1864 se organizó en Londres la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT), o Primera Internacional, que tenía a Karl Marx como dirigente principal. La AIT organizó secciones en los 20 arrondisements (distritos) de París, cuyos miembros eran principalmente socialistas y republicanos revolucionarios blanquistas y socialistas cooperativistas proudhonianos, con sectores anarquistas bakuninistas y comunistas marxistas. Entre sus líderes figuraban Eugèn Varlin (1839-1871), encuadernador y uno de los pioneros del sindicalismo francés, delegado de la AIT francesa a los congresos de Londres (1865), Ginebra (1866) y Basilea (1869); y Henri Tolain (1828-1897), autor del Manifiesto de los Sesenta (1864) a favor de los derechos y participación política de los obreros; ambos era seguidores de postulados de Proudhon.

Otro de los revolucionarios destacados fue el internacionalista Gustave Flourens (1839-1871), licenciado en Ciencias y Artes y profesor en el Collège de France. Sus conferencias sobre la evolución humana fueron caracterizadas como ofensivas al clero católico, por lo que fue expulsado del Colegio. Luego publicó en Bruselas Histoire de l’homme (1863). También es autor de Science de l ‘homme (1865) y Études sur la cristallisation du sucre et de la fabrication du sucre candi (1877). En viaje a Atenas y Estambul, en 1866 se unió a la insurrección de Creta contra la

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dominación turca. Igualmente se solidarizó con los Fenians (Hermandad Irlandesa Republicana) en su lucha por la independencia contra Inglaterra. Ubicado en París en septiembre de 1870, Flourens fue puesto al mando de cinco batallones de la Guardia Nacional en el distrito obrero de Belleville.

En su libro Paris Livre (1871) Gustave Flourens criticó la farsa republicana del Gobierno. Luego de algunas acciones armadas precipitadas que él mismo encabezó, con reflexión autocritica escribió: “en revolución, es necesario sobre todo la

paciencia, perseverancia. Agitar todos los días. Fracaso por un lado, empezar de nuevo por otro”.

Aunque alertó a obrar con cuidado, también advirtió contra esperar a las circunstancias enteramente favorables: “De lo contrario, si uno no quiere entablar una lucha excepto en fuerzas iguales, siempre se quedará en casa y se pasará la vida entera sin encontrar nunca la ocasión favorable para luchar”. A su vez Flourens

exhortó al pueblo trabajador a tener confianza en sí mismo: “El pueblo, que tiene una inteligencia infinita, más justa y más sana que todos sus líderes, comprende

perfectamente estas verdades. Cuando sepa cómo vivir sin jefes, cuando esté

suficientemente educado, cuando domine lo suficiente de sí para dirigirse a sí mismo, lo aplicará y triunfará vivamente sobre toda tiranía”.

Louis-August Blanqui

Louis August Blanqui, indudablemente, fue una las figuras de mayor influencia en la Comuna. Blanqui (1805-1881), líder estudiantil en la década de 1820 y miembro activista en varias sociedades secretas empezando con la de los Carbonarios

(italianos). En 1848 dirigió la Sociedad Republicana Central, contrario a la monarquía y al imperio. Circuló en 1868 Instructions pour un prise d’armes (Instrucciones para

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tomar las armas). En 1870 fundó el club y periódico La patrie en danger. Pasó la mitad de su vida preso en diversos contextos políticos; fue capturado y encarcelado en vísperas de la Comuna.

El Gobierno enfrentó la resistencia popular con represión, prohibiciones de organización política y de prensa, encarcelamientos e intentos de controlar las elecciones municipales y las de una nueva asamblea nacional. Desde septiembre en adelante, para espanto de la clase dominante, comenzaron a escucharse con más vehemencia los gritos de ¡“Viva la Commune”! Según expresado en el periódico Le Combat (21 septiembre 1870), documentado por Edwards, el distrito 18 de

Montmartre afirmaba que los quartiers (barrios) “son la base fundamental de la República democrática”. Por su parte, una circular de la AIT apuntaba que los

Comités de Defensa de los distritos eran “los primeros elementos de la futura Comuna revolucionaria”. En Ideologías y tendencias en la Comuna de París, el historiador suizo Heinrich Koechlin destaca que los Comités Republicanos de Defensa fueron la

respuesta popular obrera exigiendo libertad ilimitada de prensa y reunión, y

autogobierno en los distritos. Cada distrito eligió cuatro representantes a un Comité Central de los comités de defensa. Gustave Molinari, redactor del Journal des

Debats publicó en 1871 un libro grande – Le Clubs Rouges – sobre los orígenes y actividades de los clubs. Por otro lado, el maestro Gustave Lefrançais (1826-1901), del sector anarquista de la AIT, a finales de septiembre proponía que el Comité Central de los 20 arrondisements de París hiciera una demostración armada con un manifiesto a favor de la formación de la Comuna.

Para la comunicación masiva de ideas y las movilizaciones los medios principales de la época eran las organizaciones políticas, por ejemplo Club de la Révolution, Club de l’École de Droit, Club la Résistance, Club Democratique Sociale, incluso una Legion Garibalidenne (con referencia al republicano internacionalista italiano Giuseppe Garibaldi) etc. En el Dictionnaire de la Commune, Bernard Noël subraya la importancia de los clubs como instrumentales de la democracia directa: en la educación, transmisión de información y libre expresión y debate. Asímismo

importantes fueron los periódicos como Le Combat, Réveil, La Marseillaise, Le Cri du Peuple, Patrie en Danger, entre otros; y la impresión y divulgación de afiches o carteles. Las imprentas y sus artesanos tipógrafos eran cruciales. El telégrafo existía, bajo control del gobierno. También importantes fueron los periodistas, nacionales y extranjeros, que informaban desde París y el resto del país.

Preludio del 31 de octubre

Desde el 19 de agosto hasta el 27 de octubre de 1870 el ejército prusiano mantuvo sitiada la ciudad de Metz, al noreste de Francia. Cuando los habitantes padecieron hambre extrema, la ciudad fue rendida y el general François Bazaine y su ejército de 173,000 soldados cayeron prisioneros. El desastre suscitó un revuelo

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político en Paris, que quedó más vulnerable al ataque prusiano. La noticia de que Thiers gestionaba un armisticio claudicante exacerbó los ánimos.

Edwards narra los sucesos del día 31 de octubre, que hicieron tambalear al gobierno. A medio día una delegación de alcaldes de distritos se presentó al Hotel de Ville, casa alcaldía de la ciudad donde se reunía el Gobierno y exigieron la

celebración de elecciones municipales. Luego batallones de la Guardia Nacional ondeando la bandera nacional tricolor se congregaron allí con gritos de “¡Abajo el Armisticio! ¡Viva la Comuna!”. Por otro lado, llegó Lefrançais con otra hueste de batallones a proclamar la Comuna, con su lista de candidatos y proponiendo como presidente a Pierre-Frédéric Dorian, maestro herrero y propietario de un taller de metalurgia. En ese momento Dorian era Ministro de Obras Públicas, y tenía simpatías en la población por su disposición a proveerles armas para la defensa. Dorian declinó.

Al atardecer llegó Flourens al frente de cinco batallones y, diciendo pertenecer al Comité de Seguridad Pública, con espada en mano confrontó a los ministros con otra lista de candidatos que incluían a Dorian, Blanqui, Felix Pyat director del periódico Le Combat y él mismo entre otros. Atento a los sucesos, el embajador de Estados Unidos Elihu B. Washburne comunicó a su Gobierno que había una revolución en proceso y pronto habría “una genuina República roja”. Hacia las 6:30 de la tarde llegó otro grupo con Blanqui, a quien le habían informado que ya formaba parte de un nuevo gobierno, que no se había constituido formalmente. Blanqui se puso a dar órdenes de cerrar las puertas de la ciudad si se aproximaba el ejército prusiano y procurar

abastecimientos de comida. Se llevó una sorpresa cuando al que nombró jefe de la Policía no pudo asumir el puesto, pues Flourens ya había designado a otro. En

situación bastante confusa, los gobernantes burgueses lograron mantener su entidad prometiendo a Blanqui que celebrarían elecciones. Blanqui abandonó el Hotel de Ville escoltado a las 4 de la madruga. Los gobernantes burgueses con sus oficiales y tropas se reagruparon (reunidos en el Louvre) – en la contienda política no hay un minuto que perder – y pudieron arrestar a Lefrançais, Vallès, Eudes y otros. De momento no pudieron dar con Blanqui y Flourens, a quienes condenaron a muerte.

El Gobierno nacional (burgués) aprovechó las circunstancias de acciones espontáneas de la izquierda y fuera de sintonía, faltos de organización y con

divisiones entre sí, consiguiendo maniobrar otra vez su precario agarre al poder. Para legitimarse promovieron un plebiscito de “voto de confianza” el 3 de noviembre, que ganaron abrumadoramente, y para lo cual la izquierda no estaba preparada. Pero, no pudieron evitar que se celebraran elecciones municipales. En estas, las fuerzas

populares ganaron en los distritos y ratificaron o eligieron alcaldes que promovieron acciones autónomas y de beneficio social (por ejemplo, educativas laicas y atención a los niños) En ello confluyeron partidarios de todo el abanico socialista y republicanos burgueses radicales. Uno de estos fue el médico Georges Clemenceau, republicano y alcalde del distrito citadino 18 de Montmartre.

El terreno para el cambio social se siguió abonando por las bases,

concretamente. Allí se multiplicaron los esfuerzos heroicos y anónimos del pueblo por

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gobernarse a sí mismo. Interconectado con ello la gente contó con numerosas iniciativas sociales de líderes como la feminista André Leó que puso La Solidarité (sociedad de beneficencia) al servicio de las necesidades materiales básicas.

Camino a la Comuna

Las torpezas políticas del Gobierno se agravaron con nuevas derrotas militares ante los ejércitos prusianos entre noviembre y enero de 1871. Es en este contexto que se publicaron noticias de la Comuna en Puerto Rico, que intercalamos según se iban dando los sucesos. Lo que estaba sucediendo se dio a conocer en el Boletín Mercantil de Puerto Rico (BMPR). Es el periódico de “los españoles sin condiciones” y portavoz de la clase propietaria, financiera y comercial española dominante en la colonia. Ellos eran los más preocupados con el inusitado evento y lo dieron a conocer con el

objetivo de alertar a todos los elementos sociales y políticos de la clase gobernante e intentar evitar que se produjera algo semejante en Puerto Rico, aunque no había condiciones históricas para ello. Un fantasma recorría Europa y se esparcía por el mundo: el fantasma de la Comuna. Anunciaba el gobierno de los trabajadores.

Artesanos y obreros alfabetizados, aunque pocos, estaban leyendo y comentando los eventos.

El Boletín Mercantil dio la noticia de la derrota francesa en la batalla de Le Mans, al suroeste de París, el 10 de enero de 1871: “el ejército del Loira, la última esperanza de la Francia, ha sido derrotado en una sangrienta batalla, a siete millas de esta ciudad”. Los franceses dejaron “el campo sembrado de muertos y heridos. El suelo estaba rojo de sangre, la carnicería fue horrible”. De su ejército de cien mil soldados los franceses sufrieron 25,000 muertos y heridos; otros 50,000 mal equipados y desmoralizados desertaron. Los victoriosos procedieron al saqueo hasta del

patrimonio cultural: “Los alemanes están llevando la Biblioteca de St. Cyr a Berlín”. Y ya el 5 de enero habían comenzado el bombardeo inmisericorde de París. El día 17 informaban: “El bombardeo es eficaz, hay muchos muertos”. (BMRP, Año XXXI, Núm.

14, 1° febrero 1871, p. 1). La guerra le sirvió a Prusia el propósito de establecer el Reich o Imperio Alemán que fue oficializado el 18 enero de 1871.

Al mismo tiempo el Gobierno continuaba empeñado en la represión y colocando espías y provocadores en los grupos de izquierda y sindicatos; el 7 de diciembre

capturaron y encarcelaron a Flourens. “Los clubs políticos”, se reportó en el Boletín Mercantil, “han sido cerrados. Se han suprimido los órganos demócratas Le Reveil y Le Combat.” Cerraban en unos locales, resucitaban en otros.

Luego de una reunión del Club de la Revolución en Montmartre en la noche del 21 de enero, blanquistas dirigieron batallones de la Guardia Nacional en un asalto sorpresivo a la prisión de Mazas. Apuntaron un revólver a la cabeza del alcaide y liberaron a los presos políticos. El Boletín Mercantil empleó el término “demagogos”, tergiversando para referirse a los revolucionarios. Con referencia a telegramas de

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Londres del 28 de enero, informó este evento en los términos siguientes: “Los republicanos rojos se han insurreccionado en París contra el Gobierno y forzaron la cárcel de Mazas, abriendo sus puertas a los presos. Dieron principalmente libertad a Gustavo Flourens, quien a la cabeza de los demagogos excita al populacho y pide la posesión del gobierno”. El día 22 hubo un enfrentamiento armado con tropas

acuarteladas en el Hotel de Ville (Gobierno de la ciudad); batallones comuneros sufrieron 30 muertos. “Otro motín en París ha sido sofocado. Las tropas han hecho fuego sobre el populacho”. Los demagogos, en realidad, eran los gobernantes de la burguesía que decían representar al “pueblo” que explotaban y despreciaban.

En el mismo número repleto de noticias se dio a conocer en Puerto Rico el acuerdo de armisticio firmado por el gobierno entonces dirigido por Jules Favre y las condiciones impuestas por Bismark: sobre 200 millones de francos de indemnización de guerra, cesión de Alsacia y Lorena y desarme de París. (BMPR, Año XXXI, Núm. 19, 12 febrero 1871). Luego exigieron 500 millones de francos. Para el pueblo de la ciudad el desarme era inaceptable.

La burguesía derrotada intentó todavía otra jugada de refuerzo electoral el 8 de febrero logrando reconstituir un brevísimo gobierno provisional. Sus medidas represivas e impositivas fueron repudiadas en general. Para el 27 de febrero los partidarios de la Comuna se consolidaron en dos bloques: (1) el denominado “partido socialista revolucionario” agrupando el trio de la Sección de la AIT, Federación de Sindicados Obreros y Delegados de los 20 Distritos, y (2) la Guardia Nacional

(consistiendo entonces de 254 batallones) y su Comité Central. Cada batallón podía tener hasta 1,400 soldados.

La revolución del 18 de marzo

El 18 de marzo, Adolphe Thiers al frente de los remanentes del gobierno

burgués y monárquico ordenó a destacamentos militares que se apoderaran de los 417 cañones en manos de los distritos. En el episodio de Montmartre ese día (donde había 171 ca؜؜ñones) la vanguardia de mujeres, Louise Michel destacada entre ellas,

confrontaron a las tropas preguntando si dispararían contra ellas, sus hermanos y los niños. El ejército desistió y acabó confraternizando con el pueblo. En un

enfrentamiento en la Plaza de Pigalle, antiguo barrio de prostitución que también se montó en la ola revolucionaria, guardias comuneros apoyados por una muchedumbre enfrentaron al general Susbielle que cargaba contra ellos; en otros incidentes fueron muertos los generales Thomas y Lecomte. A mediodía en la Plaza de la Bastilla – de antiguo simbolismo revolucionario – ondeó la bandera roja.

Sin respaldo militar, Thiers y otras figuras del gobierno percibieron que sus vidas corrían peligro y (por descuido de los revolucionarios) lograron escapar en coche a todo galope a Versalles, cerca del oeste de París. La ciudad quedó sin oposición para establecer una instancia política inédita en la historia. Así se produjo la revolución

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del 18 de marzo. Como señala Stewart Edwards, en su extraordinaria investigación, con ello amaneció la primavera de la libertad de los trabajadores.

Las circunstancias existenciales no eran nada de fáciles. El mismo Boletín Mercantil transmitió en noticias fragmentadas la cruda realidad: “Los prusianos han impuesto otra tributación a París de 53 millones de francos” / “se ha prohibido entrar o salir de París” / “el avituallamiento de esa ciudad se hace bajo la inspección de los alemanes” / “La población de París sufre mucho”. Acechaban el hambre y las

epidemias. Sin comida y salud no hay vida, para nadie. Europa estaba comenzando a salir del invierno; con muchas casas y edificios sin calefacción.

Edwards también documentó el desespero alimenticio. Los caballos pasaron a ser bisté de todos, mientras duraran. Los animales del zoológico, incluyendo los elefantes Castor y Pollux, no fueron suficientes para el millón y medio de habitantes que quedaba. El salmis de rat (pie de ratas) se llegó a ofrecer en el exclusivo Jockey Club; el pueblo se comió las ratas a la varita callejera. Toda la clase pudiente que pudo, con sus criadas y asistentes (medio millón), buscó refugio para sus privilegios en otras partes de Francia.

De inmediato se plantearon dos situaciones que tendrían repercusiones

negativas para la Comuna, y que son motivo de debate desde aquellos instantes entre los revolucionarios y en la historiografía hasta hoy: la cuestión de la legalidad política y el asunto de atacar o no rápidamente a Versalles y derrocar a los políticos que continuaban identificándose como el gobierno legítimo. En su libro sobre la Comuna, el etnógrafo anarquista Élie Reclus (1827-1904) preguntó, “¿qué significa la legalidad a la hora de la revolución?”. Louise Michel (1830-1905), maestra y combatiente comunera, también en su obra La Comuna (1898) reflexionó que “si aquellos dedicados hombres del Comité Central hubiesen tenido menos respeto por la

‘legalidad’, la Comuna pudo haberse nominado de manera realmente revolucionaria camino a Versalles”. Ella se ofreció incluso a ir disfrazada para liquidar al autoritario Thiers. Un factor de peso que se tomó en consideración por otros para no avanzar sobre el enemigo burgués fue la amenaza de invasión de la ciudad por los prusianos y su interés primordial de cobrar la millonaria indemnización de guerra. La sede del Banque de France – con el dinero y otros medios financieros – estaba en París.

La Comuna

En cualquier caso, con la ciudad ya en manos revolucionarias el domingo 26 de marzo se efectuaron las elecciones para instrumentar la Comuna. Edwards señala que los electores de esta jornada ascendieron a unos 480,000. Parece que siguieron

empleando la arcaica Ley de 1849 que concedía el voto solo a los varones mayores de 21 años.

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Por el derecho de voto de las mujeres se venía clamando en Francia desde años atrás. Flora Tristán (1803-1844), socialista feminista de ascendencia peruana en su obra Unión Ouvrièr (1844) afirmó que no había emancipación posible de los hombres sin la de las mujeres. Tristán fue la creadora de la consigna “Proletarios del mundo, uníos”. Ello fue reconocido por Karl Marx que tenía el libro en su biblioteca. En el periódico Voix des femmes (1848) la periodista y escritora feminista Eugénie Niboyet (1796-1883) venía abogando por el voto inclusivo. En 1870 María Deraismes fundó L’Association pour le Droit des Femmes, expresamente sufragista. Son muchas más las militantes feministas.

No dudamos que en todo el abanico de las fuerzas progresistas de la izquierda política hubiera voces masculinas a favor del derecho al voto de la mujer. Élie Reclus, por ejemplo, participaba con su esposa Noémie en las reuniones de la organización de Reivindicación de los Derechos de la Mujer. Pero hubiese sido pertinente que el

reclamo saliera de las bibliotecas personales (empezando con la del maestro Marx), lo exigieran los clubs revolucionarios y formara parte de las conquistas sociales de 1871.

Su repercusión comunera hubiese marcado un hito trascendental, y quien sabe lo que hubiera significado en la experiencia de la Comuna, en la historia de Francia y la mundial. Sin mujeres en plena igualdad social y política, no hay revolución.

El Comité Central de los distritos, Edwards indica, urgió a los votantes a elegir candidatos de convicciones sinceras, méritos comprobados, gente del pueblo,

honestos y de acción. Se adoptó un sistema de representación proporcional otorgando a los distritos densamente poblados por obreros mayor número de posiciones que los de los distritos burgueses, en donde se registraron menos votos. Fueron electos la mayoría de los candidatos comuneros. Entonces, expresó Élie Reclus, “la revolución social brotó de las urnas”. Por la tarde del 28 de marzo de 1871 los electos al nuevo Consejo, usando fajas rojas, se congregaron en las escalinatas del Hotel de Ville donde ondeaba la bandera roja. En el Dictionnaire de la Commune se consignan los consejeros electos y los votos recibidos. Ante una multitud entusiasta de 200,000 personas, Gabriel Ranvier leyó los nombres de los miembros y la proclamación de la Comuna de París: el primer gobierno de los trabajadores en toda la historia de la humanidad.

Edwards da una idea de la composición social de los 81 miembros del Consejo de la Comuna: 35 obreros manuales (metalúrgicos, carpinteros, albañiles,

encuadernadores, tintoreros, etc.), 43%; 30 profesionales y del ámbito estudiantil universitario – de la boheme le llamaban (periodistas, doctores, abogados, maestros, un arquitecto, un veterinario, etc.), 37%; 11 pequeños comerciantes, dependientes y clericales, 14%; 5 pequeño-burgueses (propietarios e industriales), habiendo roto sus lazos de clase, 6%. La edad promedio era 38 años; 15 no llegaban a 30. Mayoría proletaria en el gobierno, algo nunca visto.

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Ante el hecho de que August Blanqui fue preso en vísperas de la revolución comunera, el Consejo escogió como presidente al mayor de edad de ellos, entonces con 76 años Charles Beslay (1795-1878). En su biografía por el diplomático Philippe Richer este lo identifica como “le bourgeois de la Commune” (2011). Beslay era ingeniero, fue dueño de una fábrica de máquinas de vapor, amigo de Proudhon y seguidor de sus ideas; participó en la revolución de 1848 incluso en la represión de la insurrección obrera de junio. Luego fue republicano socialista moderado, afiliado a la AIT y miembro del Comité Central de los 20 distritos. Aun con su desliz del 48, había sumado su voz a favor de la organización de los obreros y entonces tenía simpatía entre el pueblo. Edwards considera que un factor de peso en su selección es que Beslay era el mejor contacto con la alta gerencia del Banco de Francia de donde se obtenía el pago a los batallones de la Guardia Nacional aun en aquellas circunstancias revolucionarias. La Comuna no expropió al banco.

El gobierno de la Comuna estaba compuesto por el Consejo y la Comisión Ejecutiva encargada de poner en práctica las decisiones (integrada por Bergeret, Duval, Eudes, Lefrançais, Pyat, Tridont y Vaillant); y las Comisiones de Finanzas, Militar, Justicia, Policía, Subsistencias, Trabajo, Servicios Públicos, Educación, y Relaciones Exteriores (Dictionnaire de la Commune, Vol I, 1978, pp. 150-151).

Casi tres semanas después se supo del cambio de gobierno en Puerto Rico. A pesar de que las fuerzas populares comprendían agrupaciones diversas y heterogéneas políticamente, a los ojos clasistas del Boletín Mercantil todos eran “comunistas”. Los comunistas, si por ello se entiende a Marx y su tendencia en la AIT, realmente eran una minoría. Con referencia a un telegrama de Londres vía la Habana, del 27 de marzo, se informó: “Las elecciones se llevaron a cabo en París ayer, en medio de la más profunda tranquilidad y con una inmensa mayoría en favor de los comunistas (communist). El Comité Central ha dimitido sus facultades en el nuevo gobierno municipal”. Dieron noticia, además, de proclamaciones comuneras en otras ciudades.

“La ciudad de Lyon está tranquila y en ella dominan los comunistas”. (BMPR, Año XXI, núm. 44, 14 abril 1871).

Otros telegramas de Londres, del 29 de marzo, dieron más noticias. “se ha proclamado el gobierno comunal en París, en medio de vivas a la república y salvas de artillería…París tranquilo. La bandera roja ondea en todos los edificios públicos de la ciudad”. Por otro lado, del 30 de marzo se indicaba que “ha fracasado en Marsella el establecimiento de un gobierno comunal”, y del 3 de abril, “Los sublevados han sido derrotados en Narbonne”. En otras palabras, los intentos de Comuna en otras

ciudades de Francia fueron derrotados; París quedó rápidamente aislado.

A los pocos días, la Comuna estaba en guerra contra el gobierno reagrupado de Thiers. El 4 de abril, el Boletín Mercantil dio estas otras noticias parece que con nota exagerada: “Cien mil insurgentes salieron de París y marcharon hacia Versalles, pero atacados en el camino por las tropas del gobierno al mando de Mac Mahon fueron

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completamente derrotados, sufriendo grandes pérdidas…Han muerto en la contienda mr. Flourens y mr. Duval, y han hecho prisionero a mr. Henry…El ejército de Versalles rodea a París”. (BMPR, BMPR, Año XXI, núm. 44, 14 abril 1871). A su vez, con sus exigencias los alemanes ocupaban tierras circundantes y tenían prisioneros a miles de soldados franceses.

Política y cultura revolucionaria

En estas circunstancias, tan difíciles como asombrosas, se desplegó la Comuna durante 72 días (desde el 18 de marzo de la acción decisiva de Montmartre). Son demasiados los episodios y múltiples los detalles. Vamos a resumir medidas importantes adoptadas y manifestaciones de la nueva cultura.

La Comuna se planteó como una democracia social directa y cotidiana entrelazando el Consejo y las Comisiones gubernamentales con todas las instancias políticas populares y las unidades de trabajo y producción. Los consejeros,

comisionados y funcionarios eran revocables en cualquier momento que sus

actuaciones o conducta fueran contrarias a los principios de la Comuna. Uno de los distritos propuso reuniones diarias de los consejeros con las bases distritales para rendir cuentas, dialogar y debatir los asuntos. Una federación de clubs políticos fue establecida para asegurar la fiscalización y comunicación y hacer propuestas.

La jornada laboral se fijó en 10 horas al día. Desde comienzos del siglo se venían dando luchas por reducir la jornada de 14 y 12 horas. Algunos, inspirados en el empresario socialista utópico Robert Owen ya reclamaban las Tres Ocho (8 de trabajo, 8 de recreo, 8 de descanso). Téngase presente que la gran lucha y exigencia de las 8 horas de trabajo no se dio hasta las manifestaciones de los obreros de Chicago, Estados Unidos, del 1° al 4 de mayo de 1886, con repercusiones internacionales. Los salarios de los cargos públicos no podían exceder los de los obreros. El servicio militar obligatorio fue abolido, manteniendo la Guardia Nacional y al pueblo armado como únicas fuerzas militares. Las ventas y deudas de objetos en casas de empeño fueron suspendidas y sustituidas con medios de trabajo y crédito para los trabajadores. Se estableció la completa separación de iglesia y estado, y las propiedades de la iglesia fueron declaradas propiedad nacional. Las empresas abandonadas y talleres cerrados fueron ocupados por los trabajadores, estableciendo planes de producción y una unión de cooperativas.

El trabajo nocturno en las panaderías fue abolido. Los patronos panaderos protestaron, pero los obreros lo celebraron con grandes manifestaciones de

agradecimiento. A los extranjeros comuneros internacionalistas se les permitió ocupar cargos; por ejemplo, el húngaro de 27 años Léo Frankel, amigo de Marx y su seguidor en la AIT, fue nombrado a presidir la Comisión de Cambio y Trabajo. En una reunión con 2,000 trabajadores de las panaderías, el 13 de mayo, apunta Edwards, Frankel les dijo: “Debemos luchar contra la burguesía hasta lo último…la gran riqueza, las

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grandes fortunas, deben desaparecer para el bienestar general”; e hizo un llamado para “acabar con la explotación del hombre por el hombre”.

También fue abolido el livret d’ouvrier, la nefasta libreta de obrero controlado por el gobierno anterior. Vales de alimento básico y asistencia pública fueron

instrumentados para los necesitados. La educación pública y atención especial a los niños huérfanos y abandonados fue promovida en todos los distritos de la ciudad.

Las organizaciones populares existentes continuaron funcionando y surgieron otras. Asimismo, proliferaron nuevos periódicos como Prolétaire, Bulletin Communal, y La Justice. Las facilidades de algunas iglesias fueron usadas para reuniones del pueblo. Los precios de los teatros fueron reducidos. En la Opera se cantaron operettas populares, incluyendo el Himno de la Libertad, que no se escuchaba desde 1793.

Todas las trabas gremiales de control del gobierno anterior fueron abolidas, dando paso a una Federación de Artistas (pintores, escultores, arquitectos, grabadores, etc.). Eugène Pottier (1816-1887), dibujante y maestro, había organizado el sindicato de Talleres de Dibujantes en 1867 adscrito a la AIT. Era miembro del Comité Central de los distritos y fue el autor del himno La Internacional.

Todas las mujeres revolucionarias, entre las que se destacan las de la Union des Femmes, probaron ser de las más resueltas defensoras de la Comuna. En la

Proclama de la Unión de Mujeres del 6 de mayo de 1871, firmada por Nathalie Lemel y la internacionalista joven rusa Elizabeth Dmitrieff, respondieron a un cartel de

mujeres reaccionarias. Proclamaron la “guerra a ultranza” por la “renovación social absoluta” y vieron el significado mundial de aquella lucha: “La Comuna representa los principios internacionales y revolucionarios de los pueblos”.

Ideología reaccionaria

Como se؜؜؜ñala Edwards en The Paris Commune 1871, la clase capitalista y sus hombres de estado de Francia tildaron a los revolucionarios comuneros de criminales, al pueblo le llamaron plaga de chusma y la obra de la Comuna fue descrita como pillaje y destrucción. En Los escritores contra la Comuna, el profesor de literatura Paul Lidsky señala con excepciones, como la de Víctor Hugo quien adoptó una posición de neutralidad ante el establecimiento de la Comuna y luego condenó severamente al gobierno de Versalles por la represión, la mayoría de los escritores se convirtieron en cotorras de los intereses de la sociedad burguesa.

La clase dominante española de Puerto Rico colonial, que compartía los mismos intereses que la burguesía francesa, proyectó un cuadro de horrores, en palabras similares, y puso en claro su postura a favor de la monarquía retrógrada en un artículo titulado “Aprendamos”. Citamos sus párrafos medulares: “Los demagogos de París ha proclamado el socialismo que es la negación completa del individuo…Como habrán visto nuestros lectores en este y otros números del Boletín, la bandera roja ondeaba

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en todos los edificios públicos de París, y sangre francesa derramada por franceses había corrido en abundancia, y crímenes sin ejemplo perpetrado por los amantes del progreso indefinido. El gobierno que se habían dado las turbas compuestas de

hombres oscuros, desconocidos entre los que han servido a su patria, se arrogaba el derecho de fusilar, ni más ni menos que todos los facciosos. Los generales Lecomte y Thomas y otros muchos habían sido asesinados en nombre de la libertad, y azotado y escarnecido como Jesucristo había sido el arzobispo Darboy”.

Terminan diciendo en el Boletín Mercantil: “Los discípulos de Víctor Hugo, de ese escritor tan grande como absurdo, que, hablando de la vida que se le quita a los grandes criminales, pregunta con qué derecho toca la sociedad a esa cosa

desconocida; esos regenadores que han descubierto que no haya clases desheredadas, aunque no trabajen, y cuya invención no habían podido aplicar por la sistemática oposición de gobiernos egoístas y tiranos; esos hombres que vienen engañando, y desmoralizando hace años, al pueblo que quieren explotar en provecho propio; esos hombres, acaban de poner de manifiesto las profundas llagas sociales que corroían la sociedad francesa y amenazan invadir a todas las otras sociedades civilizadas, acaban de justificar el despotismo de Napoleón III”. (BMPR, Año XXX, Núm. 46, 19 abril 1871).

Abogando por la aniquilación de la Comuna, los ideólogos del Boletín

Mercantil afirmaron que el Puerto Rico y Cuba esclavista y colonial eran los más prósperos de toda la América exespa؜؜ñola. Lo que no dijeron fue que el Grito de Lares de Puerto Rico con continuadas acciones de desafío aun ardía bajo sus pies, y el Grito de Yara de Cuba por la independencia se desplegaba en la Guerra de los Diez A؜؜ños.

A propósito del apresado monseñor Georges Darboy, documentado por Edwards, este le dijo al delegado de la Policía de la Comuna Raoul Rigault que no podían

hacerlo responsable por la guerra civil entre los franceses, pues su misión era

“pacificar los espíritus de los hombres”. El joven Rigault de 24 años le replicó:

“¡Basta!. ¡ustedes nos han estado haciendo eso durante los últimos dieciocho siglos; a otro lugar con este cuento!”. ¿Y de qué lado estaba la jerarquía de la Iglesia? ¿Qué predicaban los curas a los trabajadores?: resignación, obediencia y rezar. El intento comunero de intercambiar a Darboy por Blanqui, incluso con la intercesión del embajador Washburne, fue rechazado por el espíritu encolerizado del católico Adolphe Thiers. Por la salvación del capital, el sacrificio del arzobispo era un daño colateral.

Represión e historia gloriosa

Bismark y los ejércitos prusianos acosaron a París y presionaron al gobierno nacional (el estado capitalista) presidido por Thiers hasta que comenzaron a pagar la indemnización de guerra. Era la ficha mayor de chantaje para entregarle los miles de soldados prisioneros. Con un acuerdo de pago, Bismark les liberó 20,000 soldados.

Desde el 30 de marzo, a dos días de proclamada la Comuna, ya se habían iniciado las escaramuzas y el 2 de abril el gobierno acuartelado en Versalles lanzó un ataque a

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París. Edwards observa que con ello desataron el “salvajismo de la guerra civil” en Francia.

La Comuna, con la Guardia Nacional, contaba entonces con 100,000 soldados y ciudadanos para la defensa. Sus generales Émile Eudes, Émile Duval y Jules Bergeret dirigieron combates desde las 400 barricadas montadas por todos los cantos de la ciudad. Con referencia a telegramas del Herald de Nueva York del 24 de abril, el Boletín Mercantil dio esta noticia: “Dícese que el dicho gobierno ha pagado el primer plazo de 500 millones y que, por lo tanto, los alemanes están evacuando los fuertes del Norte y del Este de la Ciudad”. Mientras tanto, “las fuerzas comunistas se sostienen en el terreno con tenacidad”. (BMPR, Año XXXI, Núm. 52, 3 mayo 1871).

Citando un telegrama de Londres del 27 de abril, los lectores en Puerto Rico supieron esto: “Se estuvo peleando encarnizadamente todo el día de ayer al Oeste y al Sur de París”. (BMPR, Año XXXI, Núm. 56, 12 mayo 1871). Con la exacción monetaria y precaviendo que no surgiera una comuna de Berlín, los alemanes comenzaron el regreso a su país y terminaron soltando 130,000 soldados prisioneros: lo que

necesitaba el gobierno de Thiers para abrumar a la Comuna. La Comuna de París no sucumbió por falta de apoyo popular.

Los comuneros hicieron llamados a las armas de los ciudadanos hábiles.

Constant Martin, del Comité Central de los 20 Distritos – documenta Edwards – hizo desistir a algunos que pensaban negociar una rendición para evitar más muertes al pueblo: “la grandeza de la Comuna en el futuro está en haber peleado hasta el final, sin jamás haberse rendido”. Y así fue. El pueblo comunero resistió con lo que le quedó hasta ser vencido por la fuerza militar superior. Con mil cañones a la disposición de los políticos de Versalles, dispararon de todos lados hasta dejar palacios (Tullerías), edificios de gobierno (Hotel de Ville), museos (Louvre), y viviendas en parcial o total destrucción; la lista es bien larga. París entero ardió.

También los comuneros pegaron fuego para defenderse.

A los últimos días de la Comuna, del 22 al 28 de mayo le han llamado la semaine sanglante (“semana sangrienta”). Thiers y sus generales dieron rienda suelta a la ferocidad de los intereses de clase capitalista que defendían, autorizando matanzas en masa. Edwards señala que comenzaron matando de una vez a 43

hombres, 3 mujeres y 2 niños. Según noticia del Herald la situación el 23 de mayo era esta: “El ejército de Versalles ha ocupado a París…las baterías rebeldes de

Montmartre están haciendo fuego a las tropas del gobierno…Las tropas del gobierno ocupan tres cuartas partes de la ciudad…Muchos jefes de la Comuna han sido cogidos y ha habido espantosos degüellos…Ochenta mil hombres han entrado en París”.

(BMPR, Año XXXI, Núm. 65, 2 junio 1871, p. 1). Otros telegramas de Londres, el 24:

“Los comunistas han ocupado las barricadas entre la plaza Vendome y las Tullerías, y así mismo Belleville”. El 25 de mayo: “Solo se ha logrado salvar una tercera parte del Louvre…Han sido pasado por las armas varios jefes comunistas”. Y el día 27: “Se calcula en 50,000 el número de cadáveres que hay en las casas de París y en sus bóvedas”. Fue en esas circunstancias que los comuneros ejecutaron al arzobispo

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Darboy junto a 63 rehenes. Mayo 30: “Las pérdidas de los insurgentes durante todas las batallas y encuentros con las tropas del gobierno, ascienden a 22,000 muertos y heridos, y 42,000 prisioneros”. Y el día 6 de junio: “Numerosos los consejos de guerra, sentencias a muerte, y ejecuciones en Versalles”. (BMPR, Año XXXI, Núm. 69, 14 junio 1871. p. 1). A muchos los mataron camino a Versalles.

Las cifras oficiales de comuneros y ciudadanos muertos ofrecidas por el gobierno de Versalles oscilan entre 17,000 y no más de 30,000. Louise Michel señaló que 100,000 no estaría lejos de la verdad. Los últimos cartuchos de la Comuna se dispararon en el distrito obrero de Belleville y el cementerio Pere Lachaise (hay un grabado de Daudernade). Entre los líderes conocidos murieron en combate o fueron asesinados y fusilados Gustave Flourens, Théophile Ferré, Eugène Varlin, Louis Rossel, Charles Delescluze, Raoul Rigault, Émile Duval y tantos otros. Algunos

internacionalistas como el polaco Jaroslav Dombrowski murieron en la última semana;

el húngaro Léo Frankel, herido, logró escapar vía Londres a su país natal. Gustave Tridón consiguió llegar enfermo a Bruselas donde falleció. Elizabeth Dmitrieff pudo llegar a Rusia. Émile Eudes y Arthur Arnould se exiliaron en Suiza. Bergeret y Pottier escaparon a Estados Unidos. Prosper-Olivier Lissagaray llegó a Londres donde después escribió su valiosa historia, que su joven novia Eleanor Marx (hija de Karl) tradujo al inglés; y así por el estilo.

Miles sufrieron cárcel en Francia, y sobre 4,500 fueron deportados a la colonia de Nueva Caledonia, isla convertida en prisión, al este de Australia. A Auguste Blanqui lo mantuvieron en prisión hasta 1879. Murió en 1881, y Louise Michel (deportada a Nueva Caledonia seis años) despidió el duelo habiendo regresado a París luego de la amnistía de 1880. Noticias sobre la Comuna se continuaron publicando en el Boletín Mercantil y otros periódicos de Puerto Rico, incluso en los primeros años del siglo 20.

Finalmente, hay un hecho especial: Puerto Rico también estuvo presente en la Comuna de París. Lo dio a conocer Helen Brau-Grillot estudiando la genealogía de su familia. El médico y naturalista puertorriqueño Agustín Stahl se casó con Carolina Izquierdo Revel en 1870. Unos años antes un hermano de esta fue a París a estudiar medicina. José Caridad Izquierdo Revel nació en Corozal, pueblo del interior

montañoso de Puerto Rico, en 1835. El communard puertorriqueño ocupó un puesto de Officier de santé (oficial de sanidad) en la Comuna. Izquierdo Revel fue una de las víctimas de la masacre perpetrada por el gobierno de la burguesía de Versalles contra el pueblo francés y los patriotas internacionalistas de la Comuna de París. (Hereditas, Revista de Genealogía Puertorriqueña, Vol. 16, Núm. 1, 2015, pp. 63-79). Agradezco al médico e historiador José G. Rigau la valiosa referencia.

Una forma de sociedad (como la capitalista) no se cambia a otra, y un ser humano no se cultiva con otra cultura de la noche a la mañana. Al momento de efectuarse una revolución propiciadora del cambio, o del intento de hacerlo, el proyecto nuevo como el de la Comuna se enfrentó a las prácticas económicas y

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sociales, políticas y judiciales vigentes; y a su vez, a la ideología y creencias del hasta entonces orden establecido, incluso con remanentes de diverso tipo de épocas

precedentes desde el feudalismo y de más atrás hasta la antigüedad histórica. No todo se hizo en armonía social y concordancia política. Hubo desacuerdos y errores, críticas y autocríticas, riñas personales, y conductas desordenadas en el proceso. Un problema serio, señalado por Koechlin, fue la división que se dio entre elementos democráticos y otros autoritarios constituidos en un Comité de Salud Pública. Se agravó cuando las tropas versalleses se pusieron a fusilar a los prisioneros y este sector comunero respondió con acciones arbitrarias y abusivas. Prevaleció, en definitiva, el compromiso general de la mayoría por crear una nueva sociedad

democrática comunal con predominio de los intereses de los trabajadores y públicos, desde instancias ideológicas diversas (republicanos, socialistas, comunistas,

anarquistas) y dar la vida por ello. Fue muchísimo lo que se logró en tan poco tiempo.

Mostraron al mundo que se podía efectuar el cambio social. Condiciones militares adversas lo troncharon.

Eso fue lo que celebró al calor de los acontecimientos el periódico Tribun du Peuple (Tribuno del Pueblo), cuyo fundador y redactor era Lissagaray, en su edición del 23 de mayo. Documentado por Stewart Edwards: “los esfuerzos y el tour de force administrativo prodigioso logrado por la Comuna”. La Comuna de París dio el primer osado y gran paso de 1871 en la transición del capitalismo al socialismo.

Apenas en siglo y medio dicho movimiento histórico ha tenido y sigue teniendo, con aciertos y desaciertos, tragedias y alegrías tantos desdoblamientos y motivos de esperanza. La Comuna legó una lección muy importante para el pueblo trabajador:

conocer bien la historia de sus países, obrar con conciencia de clase y tener la voluntad de acción para efectuar el cambio social.

* * * * * Bibliografía de la Comuna:

La Comuna de París de 1871 es un acontecimiento extraordinario en la historia y acción política de las clases trabajadoras y del pueblo en general, importante de conocer en los mayores detalles posibles. La bibliografía es gigantesca. Hay

muchísimas fuentes primarias y una riqueza de obras (libros, artículos, ensayos) en varios idiomas (francés, inglés, alemán, español especialmente). Una buena porción de títulos está digitalizados y accesibles en internet (Google Books, por ejemplo). Lo que sigue, para dar una idea de su dimensión, es apenas una parte de la historiografía realizada. Si la lista les parece muy larga y ya abrumadora (créanme yo me asombré componiéndola), exploren más (y, atentos a la bibliografía en cada título) para que se contemple el horizonte infinitamente mayor. En realidad, así acontece con cualquier tema en todo el quehacer y manifestaciones de la inteligencia y producción de la sabiduría humana. Adquirir conocimiento para aprender es el deleite de dedicarse a la lectura sin perturbarse por las horas que implique; y analizar, reflexionar y dialogar

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con otras y otros, con tolerancia y paciencia en el intercambio de ideas. Eso es estudiar y contribuir al desarrollo de las relaciones sociales democráticas:

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El autor es Historiador. Comentarios a: fmoscoso48@gmail.com.

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