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Notas sobre el encuentro de dos mundos y el descubrimiento de Yucatán

rodriGo mArtínez BArAcs

direcciónde estudios históricos, inAh

sumArio: Introducción; I. Primeros contactos; II. La armada de Francisco Hernández de Córdova; III. La armada de Juan de Grijalva.

Introducción

T

iene particular relevancia recordar que en este año de 2017 se cumple el Quinto Centenario de la llegada del capitán Francisco Hernández de Córdoba a la península de Yucatán en febrero de 1517, que pensaba que era una isla, e inició la conquista española de México, que consumaría Hernán Cortés con la toma de Tenochtitlan en 1521 y que continuarían tantos otros conquistadores, y que constituye, sin lugar a dudas, el mayor parteaguas, el cambio más radical e irreversible en todos los aspectos de la vida humana, la más importante revolución, de la historia toda del continente americano. Los cambios que trajo fueron tecnológicos, biológicos, ecológicos, económicos, políticos, culturales, religiosos… Al mismo tiempo, este proceso nos enseña que una revolución no se produce necesariamente en unos cuantos meses o años –como en el esquema de las revoluciones: francesa, mexicana, rusa, china o cubana–, sino que es producto de un proceso complejo e imprevisible que toma décadas y aun siglos.

De cualquier manera, la revolución que trajo la Conquista fue más rápida que las revoluciones anteriores: el proceso de Hominización y la Revolución Agrícola. Todavía hoy sentimos los efectos, complejos e impredecibles, de esta revolución profunda y multisecular, en cuyo proceso cobran sentido las revo- luciones posteriores de Nuestra América.

La idea de que el Descubrimiento y la Conquista son el momento más im- portante de la historia americana, un verdadero parteaguas, no es nueva, pues ya los primeros cronistas del siglo XVI lo afirmaron, y en términos generales la historiografía católica y conservadora no ha dejado de afirmar la importancia

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del Descubrimiento en nuestra historia, destacando su papel civilizador y cristia- nizador. La visión más lúcida de la importancia central del siglo de la Conquista en la historia de México, la desarrolló el gran historiador mexicano del siglo XIX, Joaquín García Icazbalceta (1825-1894), al ver nacer a partir del siglo XVI, los rasgos más importantes que nos constituyen: religión, lengua, unidad política, mestizaje étnico y cultural, vida económica, política, social y cultural.

En cambio, la historiografía liberal (con sus variantes de derecha e izquierda) no ha dejado de afirmar la importancia fundadora de los procesos indepen- dentistas, con sus héroes y caudillos, que inaugura una historia autónoma que reanuda una supuesta continuidad perdida con el mundo prehispánico. Por esta razón la historiografía liberal se vio dificultada en percibir al Descubrimiento y la Conquista como un acto fundador y como una revolución. Parte de esta dificultad es la identificación de los liberales con los indios del pasado, que fueron idealizados, en sus culturas y civilizaciones, pero al mismo tiempo se incubó un concepto de inferioridad por la facilidad con que fueron conquistados.

Se creó, sobre todo en México, la imagen del pobre indito bueno y pacífi- co, pero inferior, destruido y sometido por el español malo y codicioso, pero superior. El filósofo Samuel Ramos (1897-1959), en 1934, en su libro sobre El perfil del hombre y la cultura en México diagnosticó el complejo de inferioridad del mexicano, y Octavio Paz (1914-1918), en El laberinto de la soledad, de 1950, identificó el síndrome mexicano del padre español brutal violador de la madre tierra indígena: la chingada (la palabra es de origen africano). Y en 1959 el filósofo e historiador Miguel León-Portilla puso el dedo en la llaga al titular Visión de los vencidos, su gran antología de las relaciones de la Conquista escritas por los indios nahuas, que le permitió poner frente a frente la visión de los conquistadores y la de los conquistados, y llegó a la importante consideración de la Conquista como un Encuentro de Dos Mundos, el Nuevo Mundo, que es América, y el Viejo Mundo, que es Europa, Asia y África.

Y en 1962, una ponencia de Woodrow Borah en el Congreso Internacional de Americanistas, “¿América como modelo? El impacto demográfico de la expansión europea sobre el mundo no europeo”, ubicó la causa de los estragos que provocaron en el Viejo Mundo las epidemias, traídas involuntariamente por los conquistadores, en el aislamiento en el que se encontraba respecto al Viejo Mundo, donde se desarrollaron la mayor parte de las epidemias huma- nas, contra las cuales los hombres fueron desarrollando anticuerpos durante milenios, y que al llegar de golpe a América en 1492 provocaron un efecto terrible, la pérdida de alrededor del 97 por ciento de la población americana, sin duda la catástrofe demográfica más grave de la historia de la humanidad.

Durante los años posteriores al estudio fundador de Borah se escribieron obras de gran importancia (pienso en las de William H. McNeill, Alfred Crosby,

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Emmanuel Le Roy Ladurie) que buscaron no solamente integrar a las enfer- medades infecciones en la historia humana, sino a una apreciación ecológica y tecnológica más amplia del devenir humano, dividido durante milenios entre el Viejo Mundo y el Nuevo.

En 1986, Miguel León-Portilla incorporó a la reflexión colectiva este gran proceso cuando fue encargado de organizar la Comisión Mexicana para la celebración del Quinto Centenario del Descubrimiento de América, y decidió en cambio no celebrar, sino Conmemorar, hacer memoria juntos, pensar, no el Descubrimiento, sino el Encuentro de Dos Mundos. Esta perspectiva permitió no solamente hacer oír todas las voces –americanas, europeas, africanas– que se hicieron oír en este proceso fundamental, sino incorporar las causas y con- secuencias profundas del Encuentro, como las que sintetizaron poco antes, en el año de 1983, James Lockhart y Stuart B.

Schwartz en su gran manual de historia colonial latinoamericana, Early Latin America, en el que mostraron que durante los milenios de aislamiento del Viejo Mundo y del Nuevo, desde el primer Poblamiento del continente y sus islas hasta su Descubrimiento, se produjeron semejanzas y diferencias fundamentales entre los Dos Mundos, las más importantes de las cuales son las epidemiológicas y las tecnológicas, que resultaron decisivas tanto para entender el desenlace la Conquista, quiénes fueron los vencedores y quiénes los vencidos, así como para entender el resultado de la conquista, una gran revolución tecnológica, que trajo a sus vez una gran revolución en todos los aspectos de la vida. Y la diferencia bacteriológica entre el Viejo Mundo y el Nuevo hizo que la gran revolución que trajo la Conquista se produjera en medio de una terrible catástrofe y tragedia.

Los avances de la investigación biológica de la historia humana, materiali- zados en el libro de Jared Diamond (Guns, Germs, and Steel, de 1997) y sus conti- nuaciones, han podido precisar algunas causas de las diferencias tecnológica y bacteriológica entre el Nuevo Mundo y el Viejo. En cuanto a la diferencia tecnológica, el hecho que los humanos se desarrollaran durante cientos de miles de años en el Viejo Mundo antes de pasar hace apenas unos veinte mil años, o menos, al Nuevo, hizo que se encontraran aquí una cantidad de recur- sos vegetales y animales, que hicieron menos urgente la Revolución Agrícola que se produjo más de tres mil años después en el Nuevo Mundo que en el Viejo. A lo que se agrega que en el Nuevo Mundo la agricultura se desarrolló sin el complemento de la ganadería (vacas, bueyes, caballos, etc. la excepción son las llamas peruanas), que limitó y caracterizó el desarrollo de las fuerzas productivas. En lugar del complemento agricultura/ganadería, se estableció en América el complemento agricultura/cacería/pesca, como lo muestran bien formaciones imperiales lacustres como las de México y Michoacán, y que tendría fuertes consecuencias ene todos los aspectos de la vida.

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Con el desfase de la Revolución Agrícola se dio también un desfase de la aparición de las primeras civilizaciones, grandes ciudades mantenidas por el tributo de los campesinos, en las que vivían reyes, nobles, guerreros, artistas y artesanos, astrónomos y escritores. Así se desfasó en el Nuevo Mundo el desa- rrollo tecnológico todo. Los conquistadores españoles encontraron culturas y civilizaciones en la edad de piedra.

En cuanto a las enfermedades infecciosas, éstas nacieron con el hombre en el Viejo Mundo, pero cabe preguntar por qué no pasaron también al Nuevo Mundo. Los científicos discuten en qué medida el paso de los hombres por el refrigerador del estrecho de Behring, impidió que muchas enfermedades, propias de las zonas tropicales y templadas del Viejo Mundo, no pasaran. Y ahora se sabe que una gran cantidad de infecciones (viruela, sarampión) se desarrollaron con la convivencia del hombre con el ganado del Viejo Mundo, que como vimos no se dio en el Nuevo. Ciertamente la historiografía contem- poránea ha podido ayudarnos a entender mejor los procesos objetivos que subyacen a nuestra historia.

Pero conviene igualmente tener en cuenta que el Encuentro de Dos Mun- dos se dio en un momento particular del desarrollo histórico, precisamente cuando se produjo en Europa la transición secular del feudalismo tributario al capitalismo industrial, que se extendería al conjunto del planeta, e inauguró un proceso de destrucción, que ha recibido el nombre de Antropoceno, aunque algunos prefieren usar el término Capitaloceno, abriendo la posibilidad de un Antropoceno no capitalista, no depredador.1

Esta transición al modo de producción capitalista desde el siglo XVI trajo un proceso de cambio tecnológico aún más acelerado, como nunca antes se había visto, que potenció al Encuentro de Dos Mundos como Revolución Tecnoló- gica. A la diferencia tecnológica acumulada por siglos de historias separadas del Viejo y del Nuevo Mundo, se agregó el proceso de desarrollo tecnológico acelerado que trajo la transición al capitalismo.

Con todo, esta transición al capitalismo industrial fue diferenciada, y la ca- sualidad quiso, porque Enrique VII hubiese podido aceptar los ofrecimientos del genovés Colón, que no nos tocara ser conquistados por la industriosa Inglaterra, sino por España, que salía de una larga experiencia de guerra feudal, en la que se mantuvieron más que en otras partes sociedades y valores tradicionales, tri- butarios, que entraron en concordancia con los rasgos tradicionales, tributarios, de las sociedades nativas americanas, allí donde sobrevivió alguna, pues, como sabemos en las islas antillanas se conjuntaron las epidemias, la mala alimen- tación, la crueldad, la sobreexplotación, el mestizaje forzado, para provocar

1 Robert Macfarlane, “Generation Anthropocene: How humans have altered the planet forever”, The Guardian, 1 de abril de 2016. En Internet.

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un exterminio casi total de la población indígena, sustituida por la europea, la africana y sus mezclas. En el continente la concordancia entre los rasgos tradicionales, tributarios, españoles y americanos, concedió un aplazamiento en el que se cocinó una sociedad con rasgos tradicionales y modernos mixtos.

Filósofos marxistas como Bolívar Echeverría (1941-2010) vieron en la so- ciedad corporativa que surgió en la Nueva España una sociedad barroca, con un ethos barroco, modelo civilizatorio moderno alternativo, basado en la con- vivencia de las diversidades, que se desvirtuó y deshizo con la Revolución de Independencia, de 1810, que abrió el país al capitalismo pujante de Inglaterra, y más aún con la Revolución Mexicana de 1910, que abrió el país al capitalismo pujante de Estados Unidos. Pero la herencia novohispana de México no deja de ser ambigua, pues heredamos del periodo colonial un racismo interiorizado, que constituye una sociedad en el que está arriba permanece arriba, explotan- do a los de abajo, y el que está abajo seguirá abajo, por lo que no vale la pena esforzarse en trabajar. Para eso sirven las conmemoraciones, no para festejar, sino para reflexionar entre todos sobre la historia que nos conformó.

Ciertamente, la conmemoración del Quinto Centenario de la Conquista de México es un buen momento para reflexionar sobre un proceso vital para nosotros, en términos económicos, políticos, sociales, culturales y aun psicoló- gicos, y la cronología misma de la Conquista de México nos permite extender durante varios años esta tan necesaria reflexión colectiva, siguiendo las fechas de 1517, Hernández de Córdoba, 1518, Grijalva, 1519, Cortés, 1520, la Noche Triste, 1521, la Caída de Tenochtitlan, y los años siguientes de las conquistas regionales entre otros momentos importantes.

Por lo pronto, en este año de 2017, quisiera rememorar algunos momentos de los inicios del Descubrimiento de Yucatán, que comenzó antes de 1517, y continuó en los siguientes años y aún no ha concluido.

I. Primeros contactos

Existen dudas sobre la veracidad del primer viaje del florentino Amérigo Vespuc- ci (1454-1512) al Nuevo Mundo entre 1497 y 1499, en el que habría recorrido la costa del Golfo de México, de Yucatán a Florida,2 pero el conocimiento por

2 Amérigo Vespucci, Cartas de viaje, Introducción y notas de Luciano Formisano, Madrid, Alianza Editorial, 1986; y Felipe Fernández-Armesto, Amerigo. The man who gave his name to America, Londres, Weidenfeld & Nicolson, 2006. En lo que sigue retomo y continúo dos trabajos míos: “Los primeros nombres de México” (sobre Ignacio Guzmán Betancourt, Los nombres de México (1998), Segunda edi- ción, México, Miguel Ángel Porrúa, SRE, 2002), Historia y Grafía, 21, 2003, pp. 245-261; y “Veracruz en la conquista de México”, en Juan Ortiz Escamilla, coord., El Veracruz de Hernán Cortés, Xalapa, Universidad Veracruzana, 2015, pp. 85-240.

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los europeos del Golfo de México puede detectarse desde comienzos del siglo XVI en varios mapas antiguos.3

A partir de entonces, tal vez los habitantes de los pueblos del litoral del Golfo y Yucatán alcanzaran a ver de lejos los barcos de los españoles, y la noticia, tal vez no del todo aceptada, se expandió por toda la tierra.

El 2 agosto de 1502, en agosto, el Almirante don Cristóbal Colón (1436/1451- 1506), en su cuarto y último viaje a las “Indias”, se encontró en el Golfo de Honduras con una pesada canoa (el término taíno fue adoptada inmediata- mente por los españoles)4 cavada en un enorme tronco de árbol.5 Era un barco mercante mesoamericano, posiblemente de los comerciantes zoques y mayas que navegaban hasta el puerto de intercambio de Tabasco, donde trocaban sus productos con pochtecah (comerciantes, embajadores y espías) mexicas.6 Colón apresó a sus 25 ocupantes, hombres, mujeres y niños, les quitó sus ricos atuendos y quedaron desnudos, “cubriéndose las vergüenzas”. Colón les robó las mercancías “de mayor vista y precio”, todas desconocidas en las islas anti- llanas: mantas, paños y camisetas de algodón, finamente trabajadas y pintadas, macanas con filosas puntas de obsidiana, hachas de cobre, vino de maíz y piezas de cacao, una de las formas del dinero mesoamericano.

Colón se enteró entonces que estas finas mercancías venían del occidente, donde había tierras mucho más ricas y pobladas que las islas. Sin embargo, no quiso buscar estas tierras y prosiguió su vana exploración del litoral de Tierra Firme, tratando de encontrar un paso marítimo hacia China.

En este primer encuentro los historiadores suelen destacar la ceguera de Colón, que estuvo a punto de descubrir Yucatán y México, pero no suelen considerar el punto de vista indígena: que los despojados mercaderes mesoa- mericanos debieron relatar, en los puertos y mercados que recorrían, el infor- tunado encuentro con estos desconocidos, malolientes, extraños y agresivos ladrones, pálidos, con pelo rubio, castaño, rojo o canoso en la cabeza y en la cara, que navegaban en enormes embarcaciones y hablaban una lengua rara.

Las baratijas que les dieron los españoles fueron vendidas y circularon en Me- soamérica. Los comerciantes expoliados por Colón narraron su historia en el

3 Martin Waldseemüller, Introducción a la cosmografía y las cuatro navegaciones de Américo Vespucio, Traducción del latín, Estudio introductorio y notas de Miguel León-Portilla, México, UNAM, 2007, 3 vols.

4 La palabra Canoa aparece en el Vocabulario español-latino de Antonio de Nebrija, Salamanca, ¿1495?:

“Canoa, nave de un madero. Monoxylum. f.

5 Hernando Colón, Vida del Almirante don Cristóbal Colón, Edición de Ramón Iglesia, México, FCE, 1947, cap. lXXXiX y Xc, pp. 274-275 y fray Bartolomé de las Casas, OP, Historia de las Indias, Edición de Agustín Millares Carlo y Lewis Hanke, México, FCE, 1951, lib. II, caps. XX y XXi. Ver también Pedro Mártir de Anglería, Décadas del Nuevo Mundo, Traducción de Agustín Millares Carlo, Estudio y apéndices de Edmundo O´Gorman, Bibliografía de Joseph H. Sinclair, México, José Porrúa e Hijos, 1964, Tercera década, lib. IV, t. I, pp. 317-318.

6 Alfredo López Austin y Leonardo López Luján, El pasado indígena, México, El Colegio de México, FCE, 1996, pp. 217-218.

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camino y particularmente a los pochtecah mexicas con los que intercambiaron sus mercancías en Tabasco. La noticia llegó pronto a la ciudad de Mexico, a través de los puertos veracruzanos, y se difundió rápidamente en toda Mesoamérica.

El encuentro de Colón con la canoa mercante mesoamericana sucedió en 1502, y los presagios o augurios mexicas sobre la llegada de los españoles se pro- dujeron, según fray Bernardino de Sahagún, durante el reino de Moteuczoma Xocoyotzin, quien precisamente gobernó de 1502 a 1520.7

Sabemos de otros encuentros gracias a los cuales corrió la noticia en Me- soamérica de la presencia de los españoles en las Antillas. Gonzalo Guerrero (1470-1536) y Jerónimo de Aguilar (1489-1531) naufragaron en 1511 en la isla de Cozumel8 y debieron de contarles a los mayas sobre el mundo de donde venían. Gonzalo Guerrero los instruyó en técnicas guerreras europeas y Jeró- nimo de Aguilar les enseñó algo de doctrina cristiana.

En la misma isla de Cozumel, en 1516 llegó después de una tormenta una canoa de la isla de Jamaica. Sus hombres fueron sacrificados y comidos, salvo unos que lograron huir y una mujer joven y que me imagino guapa, que fue obligada a servir a los mayas de Cozumel. En cuanto vio las naves de Juan de Grijalva (1489-1527) en 1518, la jamaiquina las siguió y logró ser rescatada.9 Nada se sabe sobre su suerte posterior, pero puede suponerse que ella también les debió contar a los mayas de Cozumel sobre la presencia española en la isla de Jamaica y su gobernador Francisco de Garay (1475-1523), que siempre le rezaba a su imagen de Santa María.10

Por la costa veracruzana también llegó, flotando, un objeto inquietante. El cronista Francisco López de Gómara narra que se alteraron mucho los seño- res de Tezcoco y Tlacopan (los señoríos que, con Tenochtitlan, formaban la Triple Alianza) al saber de una espada y unos vestidos extraños que ocultaba Moteuczoma. Lo fueron a ver y, para aplacarlos, Moteuczoma les dijo que las ropas y armas pertenecieron a sus antepasados y, para que le creyesen, les hizo

7 Fray Bernardino de Sahagún (1499-1590) y colaboradores nahuas, Códice florentino, Edición facsimilar, Florencia, Giunti Barbera, Gobierno de la República Mexicana, 1979, 3 vols., lib. VIII, cap. i, fol. 2v.

8 Carta del cabildo (Rica Villa de la Vera Cruz, 10 de julio de 1519), en Hernán Cortés, Cartas de relación, Nota preliminar de Manuel Alcalá [Edición de Guadalupe Pérez San Vicente], México, Porrúa (Sepan cuantos, 7), 1960, pp. 12-14; Edición de Ángel Delgado Gómez, Madrid, Clásicos Castalia, 1993, pp.

121-124 (a menos que indique lo contario, cito esta última edición). Andrés de Tapia, “Relación de la conquista de México” (escrita hacia 1546), en Joaquín García Icazbalceta (1825-1894), ed., Colección de documentos para la historia de México, t. II, México, Antigua Librería, 1866, pp. 556-557; y Bernal Díaz del Castillo, Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, Madrid, En la Imprenta del Reyno, 1632;

Edición crítica de Carmelo Sáenz de Santa María, Madrid, México, CSIC, UNAM, 1982, cap. XXiX.

9 Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés (1478-1557), Historia general y natural de las Indias, islas y Tierra Firme del mar océano, Edición de Juan Pérez de Tudela Bueso, Madrid, Atlas (BAE 117-121), 1959, lib.

XVII, caps. viii-X. Y Bernal Díaz, Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, cap. viii.

10 Alonso de Zuazo, Cartas y memorias, 1511-1539, Edición de Rodrigo Martínez Baracs, México, Cona- culta (Cien de México), 2000, pp. 23-25.

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intentar romper la espada. No pudieron, y “cayeron en que se habían de perder, entrando en sus tierras los hombres de aquellas armas y vestidos”.11

Este episodio es una prueba más de que mucho antes de 1517 los mesoame- ricanos tuvieron pruebas tangibles de la presencia de seres extraños y poderosos que venían del oriente. Moteuczoma trataba de contener la difusión de esta información, que inevitablemente se filtraba y transmitía. Ahora bien, esta información “verdadera”, que llegó desde 1497 y 1502, se trasminó a todas las regiones y todos los sectores de la población. Se transmitió muchas veces a la manera del “teléfono descompuesto”, produciendo una transmisión mitolo- gizada de la información, al mezclarse con erupciones volcánicas, temblores, figuras en las nubes, cometas, tormentas eléctricas, animales deformes, etc., que fueron tomados posteriormente como augurios de la Conquista.12

Debe tenerse presente el grado de eficiencia del sistema de información y correo del imperio mexica, con un sistema de postas (llamadas techialoyan, “lugar donde se espera a alguien”, en náhuatl), una de cuyas rutas fundamentales era el camino México-Veracruz. Como se sabe, Moteuczoma podía comer pescado y mariscos frescos de Veracruz.

El lingüista Ignacio Guzmán Betancourt (1948-2003),13 siguiendo a Ramón Arzápalo Marín,14 pensó que los españoles tuvieron noticia de las tierras mayas y del nombre de Yucatán desde el primer contacto de Cristóbal Colón con la civilización mesoamericana en agosto de 1502, en el golfo de Honduras, con el encuentro de la embarcación mercante mesoamericana.

La base documental para esta afirmación, que no registran Cristóbal Co- lón ni fray Bartolomé de las Casas (1484-1566),15 pero que en sí misma no es

11 Francisco López de Gómara, La historia de las Indias y conquista de Mexico, Zaragoza, Agustín Millán, 1552; reedición facsimilar, con “Breves noticias sobre el autor y la obra” de Edmundo O’Gorman, México, Condumex, 1977. Por comodidad cito la edición de Juan Miralles Ostos, quien numeró los capítulos de la Historia de la conquista de México, México, Porrúa (Sepan cuantos, 566), 1988, cap. cXlv:

“Parece ser que ciertos hombres de la costa habían poco antes llevado a Moteczuma una caja de vestidos con aquella espada y ciertos anillos de oro y otras cosas de las nuestras, que hallaron a orillas del agua, traídas con tormenta”.

12 Rodrigo Martínez Baracs, “Contactos y presagios”, Historias, 40, abril-septiembre de 1998, pp. 29-34.

13 Ignacio Guzmán Betancourt, compilador, Los nombres de México. Selección de textos y estudios sobre el origen y significado de los nombres México, Tenochtitlan, Anáhuac y Nueva España, con un Apéndice acerca de la polémica sobre el cambio de nombre: México en lugar de Estados Unidos Mexicanos, 1993-1994 (1998). Segunda edición, corregida y aumentada, Textos preliminares de Miguel León-Portilla, Valente Souza Saldívar y Al- berto Ruy Sánchez, Imágenes de María Sada, México, Miguel Ángel Porrúa, Secretaría de Relaciones Exteriores (Instituto Mexicano de Cooperación Internacional), julio de 2002.

14 Ramón Arzápalo Marín, “Las actitudes de mayas y europeos durante los primeros encuentros”, Universidad de México, 560-561, septiembre-octubre de 1997, pp. 24-28. Y Francesc Ligorred, “Los primeros contactos lingüísticos de los españoles en Yucatán”, en Miguel Rivera y Andrés Ciudad, comps., Los mayas de los tiempos tardíos, Madrid, Sociedad Española de Estudios Mayas, Instituto de Cooperación Iberoamericana, 1986, pp. 241-253.

15 Hernando Colón, Vida del Almirante don Cristóbal Colón, Edición de Ramón Iglesia, México, FCE (Bi- blioteca Americana), 1947, cap. lXXXiX y Xc, pp. 274-275; y Las Casas, Historia de las Indias, lib. II, caps. XX y XXi. Véase también Pedro Mártir de Anglería, Décadas del Nuevo Mundo, Tercera década, lib. IV, t. I, pp. 317-318.

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improbable, es la Información del Primer Adelantado de Indias, don Bartolomé Colón (1461-1514), hermano de don Cristóbal, escrita en 1506 y publicada en la compilación veneciana de Alessandro Zorzi, que dice: “En este lugar apre- saron una de sus naves cargadas de mercancía, que decían que venía de una cierta provincia llamada Maia o Iuncatam, con muchos vestidos de algodón cuya mayor parte era de seda de diversos colores”.16 En la misma Información don Bartolomé alude a una tierra llamada Cariay, “en la que habita gente de buena condición, que vive de su industria y comercio, como se hace en la pro- vincia que llaman Maya”.17

Debe advertirse, sin embargo, que según Samuel K. Lothrop (1892-1965) las palabras Maia y Iuncatam fueron agregadas al texto original de don Bartolomé Colón.18 Y Samuel Eliot Morison (1887-1976) agregó que la costa hondureña frente a la isla de Bonacca tenía este nombre de Maia de los indios Jicaque, por haber pertenecido al imperio maya de los Cocomes, caído en 1485.19

En apoyo de que las voces Maya y Yucatán sí fueron conocidas por los eu- ropeos desde el encuentro de 1502, Guzmán Betancourt adujo la utilización en dos ocasiones de la voz Maia por Pedro Mártir de Anglería (Anghiera) (1457-1526), en su Tercera Década, compuesta en 1514 y 1516. Bien vistas, sin embargo, estas citas parecen confirmar la opinión contraria, la del almirante Morison. La primera se refiere al camino que emprendió Cristóbal Colón tras el encuentro de la canoa en 1502: “En aquel gran trayecto hay dos regiones llamadas Taia y Maia... In magno illo tractu regiones sunt duae: Taia haec, Maia illa appellatae”. Y, más adelante; “De la isla de Guanassa y regiones de Yaya, Maia y Cerabarono que están a la parte occidental de Veragua, dejó escrito Colón, su primer descubridor... Ex Guanassa insula & Iáia Máia & Cerabaróno, regionibus Beraguae occidentalibus, scriptum reliquit Colonus huius inventi princeps”.20

16 “Información de Bartolomé Colón sobre el Cuarto Viaje”, en Juan Gil y Consuelo Varela, eds., Cartas de particulares a Colón y relaciones coetáneas, Madrid, Alianza, 1984, pp. 322-332. El texto italiano fue reproducido por el bibliógrafo Henry Harrisse (1829-1910): “In questo loco pigliorano una Nave loro carica di mercantia et merce la quale decevono veniva da una cierta provintia chiamata MAIAM vel Iuncatam con molte vesti di bambasio de le quale ne erono il forcio di sede di diversi colori” H. Harrisse, Bibliotheca Americana Vetustissima, Nueva York, Geo P. Philes, Publisher, 1886, p. 472; citado por Arzápalo Marín, “Las actitudes de mayas y europeos durante los primeros encuentros”, p. 25.

17 “Seguitando piu oltre in fino a una terra... in la quale habita gente de bona forte che vivono de industria et mercantia come si fa in la provincia la qual chiamon MAIA”.

18 Samuel K. Lothrop, “The word ‘Maya’ and the Fourth Voyage of Columbus”, Indian Notes, IV, 1927, pp. 350-363; citado por Samuel Eliot Morison, El Almirante del Mar Océano. Vida de Cristóbal Colón (1942), Traducción de Luis A. Arocena, Prólogo de Héctor R. Ratto, capitán de fragata, Buenos Aires, Li- brería Hachette, 1945; Segunda edición en español, corregida, México, FCE (Sección de Obras de Historia), 1991, cap. Xlv, p. 799.

19 Morison, El Almirante del Mar Océano, cap. Xlv, pp. 785-786.

20 Pedro Mártir de Anghiera, De Orbe Novo, Basilea, 1533, Tercera década, t. I, pp. 318, 343.

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Parece pues, que la primera mención bien documentada de la voz “Yucatán”

no se dio en el encuentro colombino de 1502, sino en el primer viaje conocido a Yucatán, el de 1517 de Francisco Hernández de Córdoba.

II. La armada de Francisco Hernández de Córdoba

El controvertido conquistador y cronista Bernal Díaz del Castillo (1492-1584) narró en su Historia verdadera de la conquista de la Nueva España cómo la iniciativa de emprender la expedición de la que resultaría el descubrimiento español de lo que hoy es México, nació de la insatisfacción de españoles pobres de las islas y tierra firme.21 Desde 1514, cuando pasó a las Indias con el nuevo gobernador Pedro Arias de Ávila (el nefasto Pedrarias Dávila) (1468-1531), Bernal Díaz vivía en la gobernación de Tierra Firme (lo que hoy son Panamá, Costa Rica y la costa norte de Colombia) donde, al igual que otros pobladores españoles, no recibía pueblo alguno en encomienda. Muchos, entonces, solicitaron y ob- tuvieron autorización para pasar a la isla de Cuba (llamada isla Fernandina, en honor al rey católico). Pero en Cuba el gobernador Diego Velázquez de Cuéllar (1465-1524), con su cargo de “repartidor de los caciques e indios des- ta isla Fernandina”,22 no les pudo dar más que promesas de que les repartiría encomiendas conforme éstas fueran vacando. Mientras tanto, los indios se seguían muriendo debido a los maltratos y las epidemias.

Entonces, un grupo de 110 hombres de Tierra Firme y Cuba se juntó y acordó promover una armada para descubrir tierras nuevas, mercar y capturar esclavos.23 Muy probablemente el experimentado piloto Antón de Alaminos (1484/1488-1520?), vecino de Palos, quien viajó en el tercer y cuarto viajes de Cristóbal Colón, les dio noticias de tierras muy ricas por descubrir, navegando hacia el oeste desde la punta occidental de la isla de Cuba, Guaniguanico y el cabo de San Antón. Alaminos vio el mapa de Juan de la Cosa (1460-1510) o alguno inspirado en él24 y debió haber hablado con hombres de la armada de Vicente Yáñez Pinzón (1462-1514) que en 1509 recorrió las costas de Yucatán y Veracruz.

Los compañeros se concertaron entonces con Francisco Hernández de Córdoba (1475-1517), hidalgo y rico encomendero de la isla de Cuba, como

21 Bernal Díaz, cap. i.

22 En rigor, Diego Velázquez no era gobernador, sino teniente de gobernador de la isla de Cuba, por los gobernadores (jerónimos) de la ciudad de Santo Domingo en la isla Española, con jurisdicción sobre todas las Indias entonces conocidas y por conocerse. Pero muchos llamaban a Velázquez gobernador, para marcar su autonomía respecto a los gobernadores de Santo Domingo. Sus cargos particulares eran los de “alcaide e capitán general e repartidor de los caciques e indios desta isla Fernandina por sus Altezas” (“Instrucción que dio el adelantado Diego Velázquez a Hernán Cortés”, Ciudad y Puerto de Santiago, 23 de octubre de 1528; en José Luis Martínez, ed., Documentos cortesianos, México, FCE, UNAM, 1990-1992, t. I, p. 47.

23 Carta del cabildo de Veracruz, p. 107.

24 Bernal Díaz, cap. v.

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capitán general de la armada. Antón de Alaminos sería el piloto mayor. En- seguida solicitaron el apoyo del gobernador Velázquez, quien autorizó que la armada se emprendiera, pero a su propio nombre, como solía hacerse.

Velázquez invirtió mucho dinero, pero Bernal Díaz minimizó su aportación y destacó, en su Historia verdadera, que los tres navíos, las armas y los bastimentos fueron adquiridos por los compañeros y el capitán Hernández de Córdoba.

Y aun se permitió Bernal Díaz criticar a Velázquez, por haberle dado fiado el tercer navío a los compañeros, a cambio de que atacaran a los indios de las islas de los Guanaxes, para capturar esclavos y pagarle así el barco.25 A Bernal Díaz le provocaba indignación la hipócrita doctrina de la “justa guerra”, que permitía capturar legalmente indios y esclavizarlos, si se les leía previamente el Requerimiento (1514) de Juan López de Palacios Rubios (1450-1524).

El 8 de febrero de 1517 los tres barcos salieron de “la ciudad de Santiago del puerto desta isla Fernandina”. Después de 21 días de vueltas por las islas Lucayas (hoy Bahamas) y de regreso a Cuba, emprendieron el viaje y llegaron al extremo noreste de la península de Yucatán, que el piloto Alaminos consideró tierra nueva y una isla. Los españoles descubrieron la existencia de una civilización mucho más avanzada y rica que la que conocían en las islas y Tierra Firme.

A esta isla le dieron el nombre de Santa María de los Remedios de Yucatán.

Santa María de los Remedios era una importante advocación mariana española. En cuanto al nombre de “Yucatán”, surgió cuando, según Pedro Mártir, en traducción de Agustín Millares Carlo (1893-1980):

se encontraron con un territorio muy grande, desembarcaron y fueron recibidos con hospitalidad por los naturales. Los nuestros, por gestos y señales, preguntaron cuál era el nombre de toda la provincia y ellos respondieron: Yucatán, que en su lengua significa “No os entiendo”. Los nuestros pensaron que Yucatán era el nombre de la provincia y por este caso inmediatamente desde entonces quedó y quedará perpetuamente este nombre de Yucatán.26

El cronista Francisco López de Gómara precisó que lo que los españoles oyeron fue tectetan, que significa “no te entiendo”, y hoy se piensa que oyeron más bien ci uthan, que significa “eso dicen”.

Otros nombres surgieron también de confusiones: Catoche, Cabo Catoche, viene de Cotoch, que significa “nuestras casas y nuestra patria”, y Petén quiere

25 Aunque a menudo la Historia verdadera ha sido vista como una crítica a Cortés hecha por los soldados de a pie, en estas críticas a Velázquez se ve que Bernal Díaz se identificaba con el bando cortesiano.

26 Pedro Mártir, Décadas del Nuevo Mundo, Década Cuarta, cap. i.

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decir “isla”, según informa el franciscano fray Diego de Landa (1524-1579), quien infor”, o también Ciuyetel ceh, “Tierra de pavos y venados”.27

La armada costeó por el norte y el oeste la supuesta isla de Yucatán y lle- garon al puerto de Campeche, en donde desembarcaron hombres en busca de agua. Más hacia el sur, desembarcaron en Champotón, o Potonchán, que llamarían Costa de la Mala Pelea, porque allí los atacó e hizo mucho daño el rey Moxcoboc con sus guerreros, acaso adiestrados por Gonzalo Guerrero, uno de los náufragos de 1511.28 Enseguida la maltrecha armada emprendió el camino de regreso, navegó hacia el noreste y llegó a la bahía de la Florida, de donde se dirigió hacia el sur y llegó de regreso al puerto de la Habana.29 De los 110 hombres de la armada, murieron 56, entre ellos el capitán Hernández de Córdoba, en su encomienda de Sancti Spiritu, por los doce flechazos que recibió.30

Moteuczoma Xocoyotzin, hueytlatoani de la gran ciudad de Mexico Teno- chtitlan y su imperio, se enteró de la presencia de la armada de Hernández de Córdoba gracias a su sistema de comerciantes-embajadores-espías, los pochtecah, acompañados por tlacuiloh, escritores-pintores, apoyados por el eficiente sistema de correos. La información se transmitió veloz por vía marítima costera y llegó a Tenochtitlan por las costas veracruzanas.

III. La armada de Juan de Grijalva

El capitán Francisco Hernández de Córdoba trajo a Cuba noticias sobre la

“isla” de Yucatán, su extraordinaria riqueza y grado de civilización, las cruces que tenían en sus templos, unos náufragos españoles cautivos de los indios y la propensión de los indios a la bebida. Trajeron a dos jóvenes mayas capturados en una refriega, bautizados como Julián y Melchor, llamados Julianillo y Mel- chorejo, que se hicieron valiosísimos intérpretes maya-español.

Aumentó el deseo del gobernador Diego Velázquez de hacerse de la isla rica de Yucatán, pero no se atrevía a ir él mismo, por lo gordo que se había puesto, según Bernal Díaz. Al parecer, Hernán Cortés (1485-1547), el futuro conquistador de México, por entonces prominente encomendero en Cuba y alcalde del cabildo de la ciudad de Santiago, también quiso emprender la conquista de Yucatán. Lo parece indicar una amplia carta poder que otorgó

27 Fray Diego de Landa, OFM, Relación de las cosas de Yucatán (escrita hacia 1560), Introducción de Ángel María Garibay K., México, Porrúa (Biblioteca Porrúa, 13), 1959, cap. ii. Ver también Anthony R.

Pagden, en su traducción de Hernán Cortés, Letters from Mexico, Introducción de John H. Elliott, Nueva York, Orion, 1971, pp. 449-450.

28 José Luis Martínez (1918-2007), Hernán Cortés, México, FCE (Sección de Obras de Historia), UNAM, 1990, cap. iv, p. 121.

29 Bernal Díaz, caps. i-vii.

30 Bernard Grunberg, Dictionnaire des conquistadores de Mexico, París, L’Harmattan, 2001, pp. 240-241.

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a su primo Francisco Altamirano el primero de diciembre de 1517.31 Cortés tenía comunicación con su amigo el licenciado Alonso de Zuazo (1466-1539), justicia mayor y juez de residencia en Santo Domingo, que también había deseado conquistar las tierras descubiertas por Hernández de Córdoba, pero no se lo permitieron sus superiores los gobernadores jerónimos de las islas (fray Luis de Figueroa, fray Bernardino de Manzanedo y fray Alonso de Santo Domingo).32 Acaso el licenciado Zuazo fue quien animó a Cortés a tratar de encabezar la nueva armada.

En julio de 1517 Velázquez envió a la Corona a Gonzalo de Guzmán con una Relación diciendo que él había descubierto las nuevas tierras de Yucatán a su costa y suplicaba ser nombrado Adelantado y gobernador de ella. Al mismo tiempo, despachó a Hernán Cortés y a Diego de Orellana, ambos extremeños y parientes lejanos suyos, como procuradores a la ciudad de Santo Domingo, con una Relación que hizo dirigida a los gobernadores de las Indias (los tres frailes jerónimos), solicitándoles licencia para enviar una armada, capitaneada por Juan de Grijalva, a boxar (bojar, rodear) la isla. Cortés y Orellana recibieron ins- trucciones de no revelar que Velázquez ya había escrito una carta a Su Majestad.

Sin embargo, en Santo Domingo Cortés entró en estrecho acuerdo con el licenciado Zuazo, quien redactó a nombre de los gobernadores jerónimos unas Instrucciones dirigidas a Velázquez, con base en las cuales Velázquez redactó las suyas dirigidas a Grijalva, y el año siguiente redactaría otras instrucciones semejantes dirigidas al propio Cortés.33

Después de largas dilaciones, el 18 de abril de 1518 la armada de Grijalva dejó la isla de Cuba rumbo a la de Yucatán. La armada constaba de cuatro barcos. Dos de ellos eran los que compraron los compañeros que se concertaron en la expedición de Hernández de Córdoba, y otros dos los compró Velázquez.

La nave capitana se llamaba San Sebastián y había otra también llamada San Sebastián. Y las dos carabelas se llamaban Trinidad y Santa María de los Remedios. Un bergantín (Sanctiago), se perdió en las costas cubanas y no se integró a la armada. Los hombres, de tierra y de mar, sumaban 200, sin contar

31 Zuazo, Cartas y memorias, pp. 175-178. Este es el primer documento conocido de Hernán Cortés, y María del Carmen Martínez Martínez encontró el manuscrito original en el AGI, Patronato, 15, R, 11, en su Veracruz 1519. Los hombres de Cortés, León, Universidad de León, México, INAH, 2013, p. 17.

32 Joaquín García Icazbalceta, ed., Colección de documentos para la historia de México, t. I, México, Librería de José María Andrade, 1858, pp. 358-367; versión no censurada de la carta de Zuazo, en Cartas y memorias, pp. 182-193. La carta fue completada por Georges Baudot (1935-2002), Utopie et histoire au Mexique, París, Privat, 1977, cap. i.

33 Las dos instrucciones a Grijalva son mencionadas en la Instrucción de Velázquez a Cortés, Santiago de Cuba, 23 de octubre de 1518; en Documentos cortesianos, t. I, pp. 55-56. En Las Casas, Historia de las Indias, lib. III, cap. cXiii y en Antonio de Herrera y Tordesillas (1549-1626), Historia general de los hechos de los castellanos de las islas y tierra firme del mar océano (Décadas), Madrid, 1601, 1615; Edición y estudio de Mariano Cuesta Domingo, Madrid, Universidad Complutense, 1991, Década segunda, lib. III, cap. i.

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varios negros y muchos taínos naborías (servidores), que hablaban español, para servirlos.

También venían los mayas Julianillo y Melchorejo que habían aprendido algo de español. El piloto mayor fue nuevamente Antón de Alaminos y los otros pilotos eran un Camacho y Juan Álvarez. Los capitanes de los navíos fueron Francisco de Ávila, Pedro de Alvarado (1485-1541) y Francisco de Montejo (1479-1553).

Francisco Peñaloza fue el veedor de la Real Hacienda, encargado de velar por el buen cobro del Quinto Real, y recibió una Instrucción particular del licenciado Zuazo, indicándole con su peculiar presciencia lo más importante de lo que descubriría.34 El padre Juan Díaz fue el capellán, y de regreso escribió una valiosa Relación de la expedición.35

En cuanto a Bernal Díaz del Castillo, pese a que narra en su Historia ver- dadera la expedición de Grijalva como si hubiese participado en ella,36 María del Carmen Martínez Martínez ha mostrado que los documentos existentes ponen en duda su participación. Otra de las dudas que concita este enigmático conquistador e historiador.

Los hombres de la armada de Grijalva llevaban armas, pan cazabe, puercos y otros bastimentos, y “rescate”, esto es, cuentas, mercería y otras baratijas para “rescatar”, mercar con los indios a cambio de oro, plata, plumas y joyas.37 El lunes 3 de mayo, día de la Invención de la Santa Cruz, la armada de Grijalva descubrió la isla de Cozumel, al norte de la costa oriental de la “isla”

de Yucatán. Dos días Grijalva tomó solemne posesión en forma, en nombre de Diego Velázquez, y le puso el nombre de Santa Cruz de Cozumel, por el día de su descubrimiento y por las enigmáticas cruces de piedra que encontraron en los templos.

El martes 11 de mayo los hombres de Grijalva rescataron a unos españoles que estaban con una mujer, la taína jamaiquina que había llegado a Cozumel en el naufragio de 1516, y que aprovechó la llegada de los españoles para es- capar.38 La taína jamaiquina sirvió en Cozumel para transmitir a los mayas los mensajes de paz de los españoles, muchos de los cuales hablaban taíno, como lo refiere Bernal Díaz en su propio relato del encuentro.39 La jamaiquina se fue

34 Los refiere el propio Zuazo en su “Carta al padre fray Luis de Figueroa, prior de la Mejorada, sobre el Nuevo Mundo de Yucatán”, Santiago de Cuba, 14 de noviembre de 1521; en Cartas y memorias, p. 183.

35 Juan Díaz, “Itinerario de la armada del rey católico a la isla de Yucatán, en la India, el año 1518, en la que fue por comandante y capitán general Juan de Grijalva, escrito para Su Alteza por el capellán mayor de la dicha armada”. Sólo se conserva la versión italiana, que fue retraducida al español por Joaquín García Icazbalceta en su Colección de documentos para la historia de México, t. I, pp. 282-308.

36 Bernal Díaz, caps. viii-Xviii.

37 Oviedo, lib. XVII, caps. viii y iX; y Las Casas, lib. III, cap. ciX.

38 Oviedo, lib. XVII, cap. X.

39 Bernal Díaz, cap. viii.

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con los españoles, pero ya no fue imprescindible como intérprete en el siguiente recorrido por las costas yucatecas, porque Grijalva contaba también con los mayas Julianillo y Melchorejo, capturados el año anterior y que habían apren- dido algo de español. No sabemos qué fue de la jamaiquina de Cozumel. No sabemos si fue bautizada, porque nadie menciona su nombre cristiano. Acaso se hizo concubina de algún español. Y debió comunicar en taíno con las naborías cubanas que venían en cada una de las naves de la armada.

Julianillo y Melchorejo eran intérpretes de la armada cuando pasó por el Puerto Deseado y avanzó hacia el occidente en tierras tabasqueñas, donde no se hablaba maya yucateco sino maya chontal. Pero Julianillo, Melchorejo y la jamaiquina no debieron tener problemas para entenderse con los chontales pues el maya chontal era una presencia muy antigua en las costas yucatecas, en los topónimos, en la escritura y en el habla de la gente.40

Regresemos a mediados de mayo de 1518, cuando la armada de Grijalva se alejó de la isla de Santa Cruz de Cozumel y se dirigió hacia la que pensaban también isla de Santa María de los Remedios Yucatán. Recorrió la ruta de la armada de Hernández de Córdoba, y en Champotón nuevamente fueron ata- cados por los guerreros del rey Moxcoboc.41 Más al sur, la armada de Grijalva llegó a la Boca de Términos, que el piloto Alaminos consideró que era un estrecho, por lo que se confirmaría que Yucatán era una isla y que la armada estaba recorriendo ahora tierra nueva, distinta.

El piloto Alaminos consideró que la costa de la Tierra Firme era una tierra desconocida de la que había que tomar posesión.42 Y el padre Juan Díaz, en su Itinerario de la armada, escribió que “los pilotos declararon que aquí se apartaba la isla de Yucatan de la isla rica llamada Ualor, que nosotros descubrimos”.43 García Icazbalceta en su traducción pone “Valor”, pero la versión italiana dice Ualor, que es más verosímil, por la importancia del sonido /wa/ tanto en maya como en náhuatl, y que acaso sea una trasposición de Ulua.

El lunes 31 de mayo la armada llegó a una bahía entre unas isletas. Grijalva la llamó Puerto Deseado. Los españoles capturaron una canoa con cuatro indios, que repartieron en sus cuatro naves, para adiestrarlos como intérpretes. Los bautizó el capellán Juan Díaz. Entre los mayas capturados el más principal fue bautizado con el nombre de: Pero Barba, por su padrino español de ese nombre;

hablaba náhuatl y fue asignado a la nave capitana con Grijalva. El lunes 7 de junio la armada llegó a un río muy grande, pero no pudieron entrar debido a la fuerte corriente y por faltarles el bergantín, más ligero, que se les perdió en

40 Érik Velásquez, Comunicación personal, México, 25 de diciembre de 2013.

41 Oviedo, lib. XVII, cap. Xi.

42 Oviedo, lib. XVII, cap. Xii.

43 Juan Díaz, Itinerario, p. 293.

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Cuba. De cualquier manera, el piloto Alaminos insistió en que Yucatán era una isla.44

El martes 8 de junio, al entrar los barcos media legua dentro del río, se les acercó una canoa para entablar comunicación, pero Julianillo no les entendió.

Esta fue la primera aparición de la lengua náhuatl ante los españoles. Se resolvió el problema utilizando dos intérpretes: Julianillo, que hablaba maya y español, y Pero Barba, que hablaba maya y náhuatl.45

El jueves 10 de junio la armada llegó al río de Tabasco que Grijalva bautizó con el nombre de Grijalva. Para hacer las paces con los españoles, vinieron más de treinta indios con comida y ricos regalos. Honraron y zahumaron a los españoles y les dijeron que no tenían más oro que darles, pero que, según Bernal Díaz:

adelante, hacia donde se pone el sol, hay mucho; y decía: ‘Culua, Culua, Mexico, Mexico’; y nosotros no sabíamos qué cosa era Culua, ni aun Mexico tampoco.46 Es necesario tomar en cuenta que únicamente Bernal Díaz menciona el nombre de Mexico en este episodio, y los demás autores –Oviedo, Las Casas, Herrera–

mencionan que los hombres de Grijalva, y un año después los de Cortés,47 oyeron a la gente de Tabasco hablarles de la tierra de Culua, mas no de la de Mexico.48 Las Casas precisa que Culua se pronuncia Culuá, con la última sílaba aguda:

Preguntados los indios que tomaron, qué tierra era la que parecía, respondieron que era Coluá, la última sílaba aguda; y ésta es la que después llamamos Nueva España.

Esta pronunciación aguda puede deberse a varias razones, separadas o unidas.

Las palabras nahuas son graves o llanas y las mayas son agudas; acaso la voz culuá provenga de la mayanización de una voz nahua. O, sencillamente, en náhuatl tanto la ciudad de Colhuacan como el gentilicio plural colhuaque, gente de Colhuacan, llevan el acento tónico en la primera a, donde lo ubica Las Casas. Lo confirman varias referencias: “la Villa Rica de la Veracruz desta isla de Uluacan nuevamente descubiertas”, en el Pedimiento (Petición) de la comunidad al cabildo de Veracruz el 20 de junio de 1519;49 y “la parte e tie-

44 Oviedo, lib. XVII, cap. Xiii.

45 Oviedo, lib. XVII, cap. Xiii.

46 Bernal Díaz, cap. Xi; y Pedro Mártir, Cuarta Década, lib. III.

47 Bernal Díaz, cap. XXXvi.

48 Las Casas, lib. III, cap. cXi; y Herrera, Década segunda, lib. III, cap. iX.

49 Pedimiento al cabildo de los vecinos de la Villa Rica de la Vera Cruz, 20 de junio de 1519; en Rodrigo Martínez Baracs, “El primer documento conocido escrito en México por los conquistadores españo- les”, Historias (Revista de la Dirección de Estudios Históricos del INAH), 60, enero-abril de 2005, pp.

115 y 122; y en Martínez Martínez, Veracruz 1519, pp. 263 y 285.

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rras de Uluacan”, en una declaración del 29 de abril de 1520 del procurador Francisco de Montejo.50 Habría que averiguar en qué momento se comenzó a pronunciar Culúa y Ulúa en lugar de Culuá y Uluá.

El nombre de Culuá, Colhuacan, Uluacan, fue la primera designación de los vastos territorios dominados por la ciudad de Mexico, vista desde una tierra lejana como Tabasco en 1518, y fue retomada por Cortés y los suyos, en su armada de 1519, para distinguirla de manera radical de la isla de Yucatán, que reclamaba el gobernador de Cuba Diego Velázquez. Y aunque Cortés y Antón de Alaminos se dieron pronto cuenta de que Yucatán no era una isla sino tierra firme, pegada a la provincia de Uluacan, era importante seguir mante- niendo la idea de que Yucatán era una isla debido a que Diego Velázquez, el gobernador de Cuba, había solicitado al Rey y estaba a punto de obtener el título de Adelantado de Yucatán, por lo que, si Yucatán era tierra firme pegada a Uluacan, sus derechos se extenderían hasta México y se apropiaría de los te- rritorios conquistados por Cortés. Pero pronto Cortés logró conquistar México, neutralizar a Diego Velázquez, obtener el cargo de gobernador, justicia mayor y capitán general de la Nueva España, a la que quedó integrada la península, ya no isla, de Yucatán.

50 Declaraciones de Francisco de Montejo y Alonso Hernández Portocarrero ante el Consejo de Su Majestad, La Coruña, 29 y 39 de abril de 1520; en Documentos cortesianos, t. I, pp. 109-113.

Referencias

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