La nueva novela histórica en Cuba: El polvo y el oro, de Julio Travieso
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(2) Sólo la ficción sabe, sólo la imaginación puede tocar, con la punta de los dedos, un retazo de verdad. DANTE LIANO.
(3) A mi mamá por su gran corazón y por proporcionarme disfrutar de la ternura de un hermano pequeño. A mi papá por su inmenso amor y por enseñarme siempre la luz en este inusitado camino que es la vida. A Armando Entralgo por llegar a tiempo a mi vida y alentarme en momentos difíciles. A Janke, mi gran amiga, por su apoyo incondicional y su infinita amistad..
(4) A mi tutor, el doctor: Arnaldo Toledo Chuchundegui, por su dedicación. A mis abuelos: por sus sabios consejos. A Danay y Martica: por su insoslayable amistad. A Raimel, Javier, Asley y Yonelsi por sus computadoras..
(5) Índice. Resumen Introducción / 1. Capítulo 1. Panorama literario de la novela histórica desde su génesis hasta su renovación en América Latina. / 5 1.1 La novela histórica tradicional europea. Su repercusión en América Latina y El Caribe. / 5 1.2 Rasgos distintivos de la nueva novela latinoamericana. / 18. Capítulo 2. Análisis de los postulados principales de la nueva novela histórica en la obra literaria: El polvo y el oro de Julio Travieso. / 32. Conclusiones / 59. Recomendaciones / 62. Bibliografía / 63.
(6) Resumen. La nueva novela histórica ha ocupado un lugar prominente en la producción literaria de América Latina en las postrimerías del siglo XX. Dicha producción escritural se aparta notablemente de su predecesora: la novela histórica tradicional y se inscribe en el nutricio discurso posmodernista. La novela histórica: El polvo y el oro, de Julio Travieso, Premio Nacional de la crítica literaria (1997), explicita los presupuestos ideoestéticos de este género, a través de un anacronismo creativo que reescribe la historia de la nación cubana desde la colonia hasta los primeros lustros de la Revolución Cubana. El presente proceso de investigación incluye su análisis, desde el punto de vista de su pertenencia al género, ya que ha sido una obra poco estudiada por la crítica literaria y un primer acercamiento a la misma, sugiere un análisis de todas sus particularidades. En esta enunciación fragmentada y profundamente dialógica que patentiza la subjetividad del discurso histórico, el narrador reflexiona con aguda visión crítica sobre el pasado, para plantear los rasgos definitorios de nuestra nación. heterogénea y la necesidad de un proyecto. utópico de orientación prospectiva..
(7) Introducción. La nueva novela histórica de marcado auge en las últimas décadas del siglo XX e inscrita en el canon posmodernista que actúa como catalizador de nociones heterogéneas, facilita la reescritura de la historia a través de lenguajes novedosos fundados en la parodia, la ironía, la impugnación, la sumultaneidad, la alteridad y el anacronismo. Como parte de este quehacer narrativo que encuentra asiduos cultivadores en Latinoamérica: El polvo y el oro (1996), Premio Mazatlán de literatura en México (1993), en Venezuela finalista del certamen Rómulo Gallegos (1995) y en Cuba Premio Nacional de la Crítica literaria (1997), devela su filiación a través del relato de una importante familia de la sociedad cubana de inicios del siglo XIX hasta la postrimerías del XX, con la instauración de la Revolución Cubana. Esta particular obra literaria, fruto además de una profunda investigación en la que el autor implícito, con actitud de anticuario, se nutre de fuentes paraliterarias, demuestra que la novela histórica siempre será deudora de un referente epocal. También al autor corresponde: Cuando la noche muera, que evidencia los agitados años de 1868. En esta diégesis, la bifurcación del tiempo exhume dos planos narrativos, el inicio de la guerra contra España por Carlos Manuel de Céspedes y al mismo tiempo la conspiración en la Habana, a fin de organizar una resistencia firme contra la represión. Muy popular es Para matar al lobo, donde el autor evoca, con impecable dramatismo una etapa de la lucha contra la tiranía batistiana, atmósfera épica que revela con fuerza inusitada estos días de guerra en La Habana. Sin embargo, Travieso con. El polvo y el oro, punto superior de su. novelística, busca la historicidad en una dimensión diferente a sus.
(8) predecesoras; la épica de los momentos trascendentales de la historia es transmutado, por una narración, en la que su reto mayor, está sustentado en el tratamiento de un tema histórico de tono menor, cuya historicidad radica en la plasmación de una ventana familiar que devela el cuadro social explicativo del origen y composición de la burguesía colonial. Relato historizante, que se engarza en la producción escritural de América Latina, con un discurso polifónico que trata de dar sentido y coherencia a la actualidad y que emancipa la asunción de un proyecto utópico con orientación prospectiva. El pasado, por tanto, es cognoscible a través de un historicismo crítico que agrupa en su seno otras importantes características de la nueva novela histórica. Entre las cuales podemos mencionar: la intertextualidad, la simultaneidad temporal, la multiplicidad de los puntos de vista y la asunción de las voces subalternas entre otras. Una vez expuesta las características fundamentales que rigen la novela, objeto de estudio, y que evidencian su inserción en el discurso ficcional latinoamericano, debemos destacar que la realización de este trabajo se fundamenta no solo por el interés que despierta esta creación artística de Julio Travieso, sino además, porque a pesar de constituir un ejemplo insigne de nuestras letras cubanas, ha sido poco abordada por. nuestros críticos e. investigadores literarios. La. elaboración. de. la. presente. investigación. estuvo. regida. por. procedimientos histórico – lógicos y análisis textual, apoyados en las concepciones modernas del discurso, así como conocimientos generales adquiridos en las asignaturas de Literatura Cubana, Literatura Latinoamericana y Narratología. A continuación jerarquizamos los objetivos específicos que este trabajo se ha propuesto cumplir: 1 Ofrecer un fundamento teórico – científico que nos permita discernir las particularidades generales de la nueva novela histórica en contraste con su predecesora: la novela histórica tradicional..
(9) 2 Determinar la estrecha correspondencia que existe entre los postulados ideoestéticos de la nueva novela histórica y la producción escritural: El polvo y el oro de Julio Travieso. El desarrollo de este trabajo está estructurado formal y temáticamente a través de dos segmentos importantes. El primero contiene a grosso modo los presupuestos fundamentales del género desde su génesis en Europa hasta su renovación en América Latina, cuyo inicio corresponde como ya habíamos mencionado a los últimos lustros del siglo XX. Luego en el segundo capítulo exponemos la aprehensión de las particularidades de la nueva novela histórica en la novela que nos proponemos analizar. Finalmente arribamos a las conclusiones, las cuales estarán en correspondencia con los objetivos propuestos. La redacción de este análisis está determinado por un carácter descriptivo – explicativo que develará la perspectiva ideológica del texto en el que el referente literario asumido a través de ciertas significaciones (ideológico – culturales) de la realidad, se convierte en un ente comunicador del conocimiento histórico. La bibliografía consultada fue indispensable para ampliar nuestro universo investigativo y apropiarnos de todo un sistema categorial que nos sirvió para proyectarnos con agudeza filológica en el complejo análisis que requiere este género. De los textos consultados fue de vital importancia, el libro de Georg Lukács: La novela histórica, Ediciones Era, S.A, México, 1977, pues la lectura del mismo, no solo nos permitió apropiarnos de las características principales que presenta la novela histórica decimonónica, develadas en el epígrafe primero, del capítulo teórico, sino además comprender mediante un análisis lógico - contrastivo que efectivamente en América Latina, este género inserto en el discurso de la posmodernidad, adquiere nuevas especificidades que pone en tela de juicio conceptos realistas de referencialidad, al mismo tiempo que propone focalizar la atención en la escritura como instrumento constitutivo del conocimiento histórico. En este sentido, los estudios investigativos realizados por el uruguayo crítico Fernando Aínsa fueron muy aportadores, entre los cuales podemos mencionar:. «Problemática. de. la. identidad. en. el. discurso. narrativo. latinoamericano», en: Cuadernos Americanos (Nueva época), México,.
(10) Universidad Autónoma de México, Año IV, Vol.4, No.22; julio- agosto, 1990, p.49, «La reescritura de la historia en la nueva narrativa latinoamericana», en: Cuadernos. Americanos. (Nueva. época),. México,. Universidad. Nacional. Autónoma de México, Año V, Volumen. 4, No 28; julio – agosto, 1991, p.11, «Nueva novela histórica y relativización del saber historiográfico», en: Casa de las Américas (202); enero – marzo, 1996, p.9. También fue significativo el estudio teórico que respecto a este género en Latinoamérica realiza el norteamericano Seymour Menton en su libro: La nueva novela histórica de la América Latina, 1979 – 1992, México, D.F. (Fondo de Cultura Económica), 1993, además de otros realizados por Cristina Pons y la cubana Carmen Marcelo. En todos ellos, se hace énfasis en la nueva formulación o renovación del género en Latinoamérica, que al desligarse del concepto positivista de la historia como ciencia objetiva, propone varias versiones del pasado. Además en estos estudios se explicitan los rasgos distintivos de la nueva novela histórica, aspecto que se explicita con una rigurosa concreción especialmente en Aínsa y Menton y que fueron de gran utilidad para aplicar en el capítulo concerniente al análisis literario de la obra literaria analizada. Por su parte, el trabajo investigativo: «El polvo y el oro, de Julio Travieso», en: Cinco novelas cubanas, Editorial Capiro, Santa Clara, 2006, pp. 35-42, de la ya mencionada Carmen Marcelo, aunque no profundiza con rigor en el análisis textual que requiere esta novela, marca las pautas principales que rigen su estructura novelesca y orienta a su eficaz estudio. La bibliografía activa fue indispensable para establecer la correspondencia entre los postulados de la nueva novela histórica y la novela: El polvo y el oro, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1996. Sea pues nuestro trabajo investigativo, un oportuno incentivo para el estudio profundo de la obra de Julio Travieso. En esta producción escritural, el impulso novedoso interrelacionado orgánicamente con la vocación historizante, develan auténticamente la cosmogonía identitaria de nuestra nación..
(11) Capítulo 1 1.1. LA NOVELA HISTÓRICA TRADICIONAL EUROPEA. SU REPERCUSIÓN EN AMÉRICA LATINA Y. EL CARIBE.. Le cabe el mérito al húngaro Georg Lukács haber sido el primero en tipificar los rasgos distintivos de la novela histórica clásica desde una perspectiva histórica – filosófica. Consideró entonces la producción literaria del erudito escocés Walter Scott (1771-1833) como paradigmática del género. El Waverley de este autor, publicado en 1814, marcó las pautas principales para el ulterior desarrollo de esta novelística que tuvo asiduos creadores en todo el Continente Europeo. En sus novelas se insertan acontecimientos significativos de las crisis de la historia de Inglaterra, que entrelazados con la actuación de sus personajes, constituyen una fusión orgánica dentro de la estructura compositiva. La vivificación humana de tipos históricos – sociales, constituye su mayor aporte a la literatura universal. Aspecto que a su vez, se devela a través de un latente conservadurismo que se afana por encontrar un término medio entre extremos opuestos. Por supuesto que durante el siglo XVIII hay novelas de tema histórico, que si bien revolucionaron la historia universal de la literatura al representar con fuerza vitalizadora las costumbres y la psicología de su época, no explicitaron una concientización histórica adecuada, ya que presentan el significado histórico – concreto de tiempo y lugar de las condiciones sociales en una.
(12) expresión realista instintiva que en lo fundamental no emancipó una visión definida de la historia como condición previa del presente. La demostración de esta certidumbre se apoyará especialmente en los escritores representativos de la gran novela social realista inglesa. De modo, que a la novela que precede a la producción artística scottiana le falta precisamente lo que Lukács denomina «lo específico histórico: el derivar de la singularidad histórica de su época la excepcionalidad en la actuación de cada personaje»1. Es decir, que siendo el hombre un ser histórico que enmarca su existencia en una sociedad concreta, existe necesariamente una estrecha articulación entre dicha época en la que está inmerso este ser consciente y sus respectivas acciones, las cuales modifican o proporcionan un peso específico a la misma. Expuestas las anteriores premisas, podemos concretar que este importante crítico enmarca el surgimiento del género aproximadamente en la época de la caída de Napoleón, que provoca una revolución del ser y el pensar en la Europa de finales del siglo XVIII. La comprensión del progreso histórico se tradujo en la lucha de clases entre la burguesía y la nobleza. En la medida que dicho progreso se conceptualizó a partir de las leyes propias del movimiento social, surgió la necesidad de volver la mirada al pasado y verlo como prehistoria concreta del desarrollo social de la humanidad. Todo ello articulado en una indeleble consciencia de historicidad que irradia con vitalidad en la plasmación literaria del período. Una vez enmarcado sin arbitrariedad, sino desde una perspectiva lógica – histórica el surgimiento de esta novelística decimonónica, - epígona de Walter Scott -, sería preciso señalar que unido al extremo rigor histórico de la investigación documental hemerográfica y bibliográfica de fuentes primarias y secundarias, se suman tres claves retóricas que determinan la estructura del género: la explicitación del imaginativo popular, la asunción de corrientes ideológicas que van modelando a las figuras históricas hasta convertirlos en íconos del movimiento en cuestión y por último la actuante característica de tomar como sujetos principales de la narración, personajes ficcionalizados,. 1. Véase: Georg Lukács. La novela histórica, p.15, Ediciones Era, S.A, México, 1966..
(13) mientras las figuras históricas representativas de corrientes históricas opuestas se encuentran en un segundo plano. Este último aspecto, revela que el relato eminentemente histórico se relega a un nivel secundario, pues actúa como telón de fondo, ocupando un lugar privilegiado. los. elementos. de. la. imaginación,. aunque. estos. últimos. representativos de la psicología y el espíritu de la época que se pretende describir. El crítico Georg Lukács consideró que la fuerza de esta novela «se encontraba justamente en la representación de la vida del pueblo; en el hecho de que los grandes acontecimientos y personajes oficiales no son colocados en primer plano» (:62). Precisamente esta relegación del personaje histórico a un segundo plano está supeditada a una intención de la estrategia discursiva de estas narraciones, la cual se traduce en evitar la violenta estilización de estas figuras históricas, pues si fuesen colocadas en primer plano, los autores tendrían que rebajarlos al nivel general de la vida relatada y no conseguirían la distancia que requieren estos personajes respecto a los demás. Esto guarda una estrecha relación con el hecho de que esta novelística pretende crear siempre la impresión de que refleja la vida tal como es normalmente. Por tanto estas figuras, cuyo objetivo personal coincide con el de una gran corriente histórica, aparecen en la diégesis ya conclusas, sin previo aviso respecto a su surgimiento. Claro está que a dicha aparición le precede una exposición que contextualiza la época enmarcada, así como explica los móviles sociales e individualidades que tuvieron lugar en las circunstancias descritas. Este aspecto suscita una compleja articulación entre los acontecimientos históricos y las respectivas acciones del ser consciente, que desemboca a su vez en una multiplicidad de acciones recíprocas. Esta latente reciprocidad a la que aludimos, se explica mediante la matizada conexión que existe entre los individuos «histórico – universales» (dirigentes- oficiales) y los «conservadores» (fuerzas populares del pueblo). Los primeros son aquellos, cuyo carácter y destino se combinan en forma compleja con la época en que viven y con las.
(14) necesidades espirituales y materiales de los segundos, por lo que son capaces de servirles de guías en la acción. Este efecto recíproco además, que se establece entre. el «arriba» y el. «abajo» tiende a dar forma a la totalidad de la vida nacional. La enérgica tendencia de la popularidad de este arte consiste en que estos escritores creen que «abajo» se encuentra la base material histórica y además la razón explicativa desde el punto de vista literario de lo que sucede «arriba». Por otra parte, en estas obras de carácter épico el personaje principal, héroe del «sujet» -, constituye un nexo que sirve de núcleo externo para el desenvolvimiento de los acontecimientos. De modo que la mayoría de los personajes secundarios son desde el punto de vista humano más interesantes que el mediocre y prosaico héroe principal. Por ejemplo en la obra literaria: Waverley, - ya anteriormente citada -, el auténtico heroísmo no lo encontramos en el noble provinciano inglés, protagonista de la diégesis, ni tampoco en el héroe trágico que desde luego es Vich Jan Vohr, sino entre uno de los miembros del clan escocés: Evan Dhu, el cual propone su ejecución y la de otros compañeros en aras de conseguir el indulto de su jefe. Sin embargo aunque resulte paradójico, la selección de este héroe prosaico, correcto, pero no propiamente heroico, resulta de gran importancia en estas novelas de carácter histórico, pues mediante él se concilian los extremos combatientes y la lucha entre las fuerzas hostiles en pugna no se convierte en la mera descripción del aniquilamiento de unas por otras. Ello posibilita a su vez la exposición pragmática y humana de las características principales de ambos campamentos. Este aspecto aludido de la novelística que nos ocupa, se explicita con un marcado rigor en el propulsor del modelo -. estético de la novela histórica. clásica del siglo XIX., que por supuesto es Scott. Sus héroes son caracteres típicamente nacionales que patentizan una concepción de la historia que es la de una línea media que se mantiene firme a lo largo de la lucha de los extremos. Al respecto expresa Lukács: «El héroe de las novelas de Scott es siempre un gentleman inglés del tipo medio. Posee generalmente una cierta.
(15) inteligencia práctica, nunca extraordinaria, una cierta firmeza moral y decencia que llega en ocasiones a la disposición del autosacrificio, pero sin alcanzar jamás una pasión arrobadora ni tampoco una entusiasta dedicación a una gran causa» (: 32). Por último creemos importante destacar, dada su importante aprehensión en la novelística señalada, la praxis del «anacronismo necesario». Este consiste precisamente en que actualiza con gran rigor aquellas tendencias, sentimientos e ideas sobre los nexos históricos auténticos del pasado. Mediante este aspecto, las producciones escriturales del periodo, traducen a sus coetáneos, las experiencias lejanas, filtradas a través de las costumbres y el lenguaje del período en que están inmersos estos escritores. En este sentido la relación de estos sentimientos e ideas con su objeto real es auténticamente correcta desde el punto de vista histórico y social. Sin embargo, es preciso aclarar que esta grandeza poética se consigue gracias a que esta clara expresión solo se eleva por encima de su tiempo en la medida en que sea necesario para aclarar el contexto. Esta particularidad señalada por una parte se interpreta como elaboración de los acontecimientos y de las costumbres del pasado en su justo valor histórico para el producto del presente o para «aquellas tendencias que ya habían sido vivas y efectivas en el pasado y que han llevado históricamente a la realidad del presente, pero sin que los coetáneos de esos acontecimientos hubiesen reconocido, desde luego, su ulterior significación» (: 69). Por otra, se comprende como un ente comunicador, que debidamente articulado en una concreción histórica auténtica, evidencia con audacia el espíritu epocal, en sus connotaciones políticas, morales y sociales. Empero, en dicha particularidad hay un aspecto digno de destacar, relacionado con la limitación de su praxis, el cual explicita Scott en su prefacio al Ivanhoe: «Para suscitar participación, el objeto elegido tiene que ser traducido a las costumbres y al lenguaje del periodo en que vivimos. […] Es cierto que esta libertad tiene sus límites pertinentes; el autor no debe referir nada que no esté de acuerdo con las costumbres de la época descrita» (: 70). Esta libertad limitada, por tanto, es la que permite la plasmación del pasado.
(16) histórico desde una orientación que lo actualiza, pero que a su vez mantiene unánime los rasgos distintivos de esta época distante. De todos los planteamientos anteriores podemos inferir que los escritores que evidencian la práctica de todos estos rasgos mencionados, saben ver lo específico de su propia época desde un ángulo histórico y sus novelas aunque continuidad de la auténtica plasmación realista de la materia, revelan nuevas aristas que como hemos podido apreciar implícitamente, se caracterizan por una intensificación dramática de la acción, así como una descripción más extensa y estilizada de las costumbres y especialmente de los factores que propiciaron los acontecimientos. Sin embargo sería erróneo creer que la gran olas de novelas que se suscitaron en la primera mitad del siglo XIX y que tuvieron una marcada repercusión y desarrollo en la posteridad, efectivamente se basan en estos principios que hemos advertido, los cuales se mantienen adheridos al modelo scottiano. Tanto es así que la concepción histórica de los románticos se opone diametralmente a la de Scott y sus seguidores. La novela romántica de la Restauración nace como expresión artística del nacionalismo de estos apologistas del feudalismo y de su nostalgia ante los cambios brutales en las costumbres y los valores que impone la transformación burguesa del mundo. El pasado se configura como una especie de refugio o evasión que si bien, por una parte, propugnaba una imagen idílica del Medioevo, por otra, se explicitaba una crítica a la historia de su presente inmediato. Uno de estos legitimistas románticos en el que se expresa con toda precisión las tendencias específicas de esta novelística fue Alfred de Vigny, quien a través de su novela: Cinq Mars, insurge tempranamente contra el modelo scottiano. En esta obra las grandes figuras de la historia son colocadas en primer plano y atendiendo a la «fantasía popular» están representados mediante una serie de anécdotas pintorescas acompañadas de reflexiones moralistas. De modo que si el influjo del modelo scottiano en Europa fue decisivo y mostró las particularidades anteriormente señaladas, en la literatura francesa de.
(17) este tiempo, según Lukács, no se llegó a escribir una sola novela histórica que representara esta continuación fidedigna. Aunque sería fructuoso destacar que la novela histórica del romanticismo francés presenta un nivel superior de principios ideoestéticos que en los países restantes. Naturalmente no es nuestro propósito esbozar in extenso esta pugna que se establece entre la novelística histórica – epígona de Scott y la novela histórica romántica, sino destacar a grosso modo, apoyándonos en el prefacio de la novela mencionada de Vigny, la concepción histórica de los románticos en la plasmación literaria. En esta declaración que tiene por título «Sobre la verdad en el arte», este autor expresa «Todos tenemos miradas fijas en nuestras crónicas […] para hacer un examen de conciencia de nuestra juventud y sus errores» (: 86). Este juicio que desde el punto de vista histórico – ideológico implica una mirada retrospectiva a los errores de la historia a fin de poder evitarlos en el futuro y que este error, obviamente, lo constituye la Revolución Francesa, también en el sentido literario revela una metodología de aproximación a la historia. La novela aludida, por ejemplo, se remonta hasta la época de Richeliu para revelar a través de la plasmación literaria las fuentes históricas de ese «error». Por tanto Vigny se enfrenta a los hechos históricos en su producción artística con una subjetivización y moralización decorativa. Desde esta visión proclama la libertad del escritor de transformar los hechos históricos y los hombres que actúan históricamente. Esta libertad de la «fantasía popular» se fundamenta en que «la verdad de los hechos debe retroceder ante la verdad de la idea, que debe representar a cada una [de las figuras históricas] ante los ojos de las generaciones anteriores». (: 87). En la producción literaria de Vigny, la humanidad desde el punto de vista histórico, se sustenta en una serie de lecciones moralizantes explicitadas con un prolijo decorativismo. Teniendo en cuenta estos planteamientos es comprensible entender el radical antagonismo que establece Vigny con la novelística que propugna Scott. Al respecto expresa: «También creo que no necesito imitar a esos extranjeros [esto es, a Walter Scott] que apenas si.
(18) esbozan en el horizonte de sus cuadros a las figuras predominantes de la historia. Yo he colocado a las nuestras en primerísimo plano, las he convertido en protagonistas de esta tragedia […] » (: 88). Como hemos podido apreciar anteriormente, su praxis artística se corresponde con esta teoría. La decoración histórica de sus novelas ilustra una tendencia política y moral del presente. En esta orientación a priori subjetivista y moral de la historia encontramos además a Victor Hugo. Este se enfrenta de manera más positiva a Scott que Vigny. Reconoce que las tendencias realistas de la literatura de Scott deben ser superadas. por. la. práctica. del. romanticismo.. El. planteamiento. que. mencionaremos a continuación no solo constituye una crítica a Scott, sino un esbozo del programa de su propia actividad poética: Después de la novela pintoresca, pero prosaica de Walter Scott queda por crearse aún otra especie de novela que, a nuestro juicio, es más hermosa y perfecta. Es la novela que combine el drama con la epopeya, que sea pintoresca pero poética, real pero ideal, verdadera pero monumental, y que conducirá a Walter Scott nuevamente hacia Homero. (: 88 - 89). Con esto queda evidente su renuncia a la grandeza épica de la plasmación verídica de los estados y crisis de los movimientos populares. Al respecto Lukács expresa: «La «poetización romántica» de la realidad histórica es, en cambio, siempre un empobrecimiento de esta auténtica, específica y verdadera poesía de la vida histórica» (: 89). También en él la historia se trasluce en una fábula moralizadora para el presente, que se propone mostrar la supremacía de la virtud respecto al vicio. De forma general, podemos afirmar, que en esta novelística romántica, las grandes figuras de la historia, héroes protagonistas de la diégesis, se construyen a partir de un sentimiento romántico y decorativo que monumentaliza y deshumaniza a dichas figuras. En Latinoamérica, producto de este influjo romántico una serie de escritores llevaron a la praxis los postulados ideoestéticos de esta novelística histórica. Tal es el caso del argentino Vicente Fidel López (1815 - 1903), de los mexicanos Manuel Payno (1810 - 1894), y Eligio Ancona (1835 – 1893), de la colombiana,.
(19) Soledad Acosta de Samper (1833 – 1913), del ecuatoriano Juan León Mera (1832 - 1894) y el venezolano Eduardo Blanco (1838 – 1910). Las producciones artísticas de estos escritores se remontaban a tiempos y lugares distantes del Continente. Algunos se referían a la historia inglesa o francesa, en la que recreaban la vida altruista de lo papas. Otros se inclinaban por manifestar períodos bélicos y colisiones de gran proliferación, como por ejemplo: las cruzadas, los embates entre musulmanes y cristianos, las luchas independentistas, las guerras y en otros casos aludían a la Florencia renacentista donde se narraban aventuras verídicas. Esta latente aprehensión de los preceptos románticos. gana fuerza. vitalizadora en dos producciones artísticas, que al igual que Alfred de Vigny y Victor Hugo insurgen tempranamente contra el modelo scottiano. Nos referimos a la novela Xicoténcatl (1826), de autor anónimo y el Enriquillo (1879 – 1882), del dominicano Manuel de Jesús Galván. Ambas de tema y argumento indígena enmarcado en la época de la Conquista. En estas, el enfoque de lo históricoficticio del modelo de Scott se invierte, pues sus episodios y personajes principales son veraces y los elementos auténticamente históricos tienen preeminencia respecto a los imaginarios. De modo que, aunque en estas novelas las fuentes hemerográficas documentales así como la descripción de acontecimientos históricos son abundantes, su carácter novelesco no se soslaya. Esto se aprecia a través de la estilización del lenguaje y otros procedimientos artísticos utilizados en la construcción del relato. También en Cuba tuvo una importante repercusión esta novelística histórica. La singular obra de Scott y lo que ella infunde de novedosa, no solo marcó a importantes escritores del Continente Europeo, sino que ejerció una influencia nutricia y totalizante en el resto de los países. Al respecto Amado Alonso expresa «Walter Scott se difunde por nuestra América a la vez que por España […]. Las primeras traducciones de los emigrados españoles… aparecieron simultáneamente en… Londres y… México. En México y Lima se hicieron y representaron adaptaciones teatrales de novelas de Walter Scott, y en La Habana, 1838, se tradujo y publicó El cuarto entapizado por Juan Muños y Castro»..
(20) Este creciente entusiasmo se evidencia entre los lectores cubanos desde el momento en que comienzan a circular obras literarias de esta modalidad genérica. Su cabal estudio se patentiza en dos figuras cimeras de la intelectualidad cubana del siglo XIX, estos son: José María Heredia y Domingo del Monte. Sin embargo sus particulares observaciones del género, dimanan de posiciones opuestas, pues mientras el. primero rechaza rotundamente su. mérito artístico y preceptos fundamentales, el segundo se muestra a favor de estos. Domingo del Monte no solo promovió la lectura entre sus contertulios, sino también se mostró a favor de su creación. Consideró entonces que el escritor de esta modalidad debía reunir las siguientes características: «ser en primer lugar poeta, después filósofo y por último anticuario»2. Estos rasgos esenciales que según su criterio identifican a un escritor de novela histórica, no solo permiten representar situaciones y caracteres del espíritu de una época, que a su vez inciden de forma recíproca en la caracterización tipológica de los personajes, sino además posibilitan la utilización detallada de todas las fuentes para plasmar las especificaciones y correcta concreción histórica del universo que se va a representar. José María Heredia, por su parte, arremete virulentamente contra esta modalidad genérica. Para éste, el escritor de novela histórica se limita a «pintar trajes, describir arneses, bosquejar fisonomías imaginarias, y prestar a héroes verdaderos movimientos, palabras y acciones cuya realidad no puede probarse»3. Agrega además que el narrador de este relato, rebaja la veracidad y cientificidad de la historia al igualarla a la ficción y que a la caracterización de los personajes les falta belleza y vida sobrehumana. Lo cierto es que a pesar del tono agresivo de estos planteamientos el poeta–crítico delimita la creación de figuras y establece la diferenciación entre historia y ficción.. 2. Domingo del Monte « Novela histórica » en, Revista Bimestre, La Habana, Oficina de Don José Boloña, Impresor de la Real Marina. Por S.M. Enero y febrero (1832), Tomo II, No.5, Artículo No2, pp 157 – 183. 3 José María Heredia: Prosas, Selección, prólogo y notas de Romualdo Santos, Editorial Letras Cubanas, Ciudad de la Habana, 1980, pp.89 – 92..
(21) A modo sintético, podemos constatar que el influjo scottiano caracterizó a la creación artística de algunos escritores cubanos en el siglo XIX. En este sentido podemos citar a la extraordinaria camagüeyana Gertrudis Gómez de Avellaneda con Espatolino, Guatimozín, Dolores y El artista baquero. José Antonio Echeverría llevó a la praxis literaria también esta modalidad genérica, al publicar en 1839 Antonelli, al cual antecede Ramón de Palma con Matanzas y Yumurí y otras como El penitente de Cirilo Villaverde. Una vez expuestos los principales lineamientos de esta novelística tradicional, creemos oportuno explicitar que este género se creó a partir de la vida misma y fue un resultado orgánico casi necesario del surgimiento de la expresión y profundidad del sentimiento histórico que alcanza su cabal plasmación a través de la comprensión del pasado como condición previa del presente. Disímiles escritores de este periodo se afanaron por representar la vida del pueblo, en su movilidad, en su realidad objetiva y como verdadero fundamento del proceso histórico. Los principios compositivos por los que se rigieron sus producciones artísticas son iguales a las de toda plasmación literaria, pues se trata de una variante dentro del género que no desmiente los principios básicos del mismo. De modo que no hay un elemento definidor ni diferenciador entre los principios compositivos de la novela histórica y la novela en general, aunque en la primera, se crea una realidad social ricamente matizada. Al respecto el crítico Lukács explicita: « […] el análisis de la actividad de los grandes autores realistas nos muestra que en sus novelas históricas no se presenta un solo problema esencial en cuanto a la construcción, a la caracterización, etc; que no se presente también en otras novelas o. la. inversa». (: 298) Fue con la novela histórica moderna, -inscrita en un presente capitalista decadente que se traduce en un rechazo moral y humano de carácter subjetivista por parte de los escritores de este periodo-, que esta novelística de corte histórico se reproduce como «género propio». Esta certeza se patentiza en Conrad Ferdinand, el cual concentra su obra en la novela histórica e inventa un método de elaboración para la misma..
(22) En este sentido es preciso destacar, que si bien para Scott y sus seguidores, la historia se comprendía como condición previa del presente, la producción escritural de esta etapa consideraba tanto la historia como el presente «como conjuntos de hechos muertos que carecen de verdadero movimiento interior, de toda alma, de todo espíritu, y que tienen que ser animados desde fuera por el poeta». (: 291) En la novela romántica de la Restauración ya habíamos observado esta reacción negativa contra el presente inmediato, la cual a su vez fue decisiva para la plasmación de la época feudal. Pero al mismo tiempo, esta protesta reaccionaria tenía un contenido político – social definido. Sin embargo en estos escritores, el pasado deja de ser prehistoria objetiva del desarrollo de la sociedad contemporánea, ni siquiera en el sentido «utópico – reaccionario» de los anteriores románticos. De modo que, la lejanía se convierte en negación del presente, impugnación de recuerdo y añoranza, inocente y perdida belleza de la infancia de la humanidad. La investigación de la naturaleza histórica – social de ese mundo cede su lugar a lo pintoresco, al mero decorado de un escenario en que se revela el accionar de un conjunto de destinos humanos, que en nada se interrelacionan con los objetos descritos exóticamente. El análisis de todos los anteriores planteamientos evidencian como los problemas de forma y de contenido de la novela histórica no se pueden tratar de forma aislada, sino en estrecha vinculación con las proyecciones políticas – ideológicas que asumen los escritores respecto a la vida popular y la época en que están inmersos. La demostración de esta afirmación se sustenta por el desarrollo in crescendo de las letras en el decursar del tiempo, las cuales de acuerdo a su época asumen diferentes posturas de aprehensión de la sociedad. En nuestra contemporaneidad este género asume particulares especificidades, el cual inscrito en el canon posmodernista, orienta una nueva sensibilidad que frente a la heterogeneidad de la realidad, impugna visiones múltiples..
(23) Capitulo 1 1.2. RASGOS DISTINTIVOS DE LA NUEVA NOVELA LATINOAMERICANA.. La Nueva Novela Histórica (NNH)4 ha ocupado un lugar prominente en el contexto escritural de América Latina en las postrimerías del siglo XX. Para abordar el conocimiento de esta nueva producción con agudeza filológica, en primer lugar estableceremos la definición de Novela Histórica (NH), y a partir de esta inferiremos los presupuestos fundamentales que distinguen a la novelística sucesora. El análisis de preceptivos y teorías literarias develan criterios importantes relacionados con el género. Tal es lo expresado por Alfonso Reyes: «Hay una historicidad latente en la novela […] y en ella lo mismo que en el drama extraña una referencia más o menos expresa o tácita al tiempo y al espacio (época y lugar), a la circunstancia social (historicidad) específica»5. En este planteamiento el tiempo constituye un elemento importante para discernir el fundamento básico de la «historicidad» latente en una obra de este carácter. Historicidad que por supuesto alude a una circunstancia enmarcada en una época determinada y entrelazada sustancialmente con el accionar de sus personajes. En esta perspectiva del pensamiento precisamos que el tiempo adquiere un valor semántico en la diégesis, cuando se asume en una orientación 4. NNH: Estas siglas se utilizarán siempre que nos referimos a Nueva Novela Histórica en aras de evitar repeticiones. 5 Alfonso Reyes: El deslinde (Apuntes para la teoría literaria), p.124, Fondo de Cultura Económica, México, 1963..
(24) prospectiva que lo revela como alegorema o summa totalizante de acontecimientos que emancipan una visión de acuciada actualidad y futuridad.. Otra acertada definición, estima la crítica especializada, será la del argentino Enrique Anderson Imbert (1910 - 2000), escritor, investigador, crítico – literario y profesor, que indicó lo siguiente: «una novela es histórica, no porque presente una época pasada para nosotros los lectores, sino una época que ya era pasada para el novelista»6. Similar planteamiento había sostenido con anterioridad Amado Alonso al expresar: «No cuento como históricas novelas que pintan los tiempos del autor […]7». Estos planteamientos confluyen hacia un punto polémico, pues el crítico e investigador Alexis Márquez en su ensayo sobre la novela histórica emite un juicio que se opone diametralmente al sostenido por los teóricos anteriores. Para él lo que le da carácter histórico a una novela «es la presencia de personajes y episodios históricos, tratados de un modo tal que sufran un proceso de ficcionalización y no que relate hechos de un tiempo que ya era pasado para el autor»8. Lo cierto es que aunque en una determinada época se suscitan hechos que por su trascendencia adquieren la dimensión histórica requerida para una obra de este género, la perspectiva temporal que media entre estos acontecimientos y el novelista, le proporciona a este último penetrar en sus connotaciones axiológicos con mayor profundidad. Basándose en la definición de Anderson Imbert del año 1954, el norteamericano Seymour Menton comprende como novela histórica: «aquellas novelas cuya acción se ubica total o por lo menos predominante en el pasado, es decir, un pasado no experimentado directamente por el autor»9.. 6. E. Anderson Imbert: «Notas sobre la novela histórica en el Siglo XIX», en Estudios sobre escritores de América Latina, p.30, Ed. Raigal, Buenos Aires, 1954. 7 Amado Alonso: «Prólogo» a la novela La gloria de don Ramiro, p.36, Ed. Galdós, Madrid, 1984. Aunque citamos este libro, el planteamiento se emitió mucho antes en el año 1942. 8 Alexis Marqués Rodríguez: «Raíces de la novela histórica», en Cuadernos Americanos (México), Universidad Nacional Autónoma de México, 28(4): 40, julio – agosto, 1990. 9 Seymour Menton: «La nueva novela histórica en el siglo XIX», en Estudios sobre escritores de América Latina. (1979 – 1992), p.33, México, D.F (Fondo de Cultura Económica), 1993. (Tomado de Internet de la autora Valeria Grinberg)..
(25) Por último cabe destacar la conceptualización aportada por la cubana Carmen Marcelo, emitida el mismo año que la de Menton: «Es evidente el hecho de que cuando problemas y situaciones históricas deviene energía de carácter estético que cobran fuerza y materialización en la obra, estamos en presencia de la novela histórica»10 Esta asunción de la circunstancia como elemento básico para discernir la naturaleza histórica de la novela – siempre y cuando esté sujeta a un proceso estilizante y de ficcionalización -, determina a su vez el nivel de experimentación en la que se haya inmersa hoy la nueva novelística latinoamericana. El escritor de la nueva producción artística endosa orgánicamente a este modelo. conceptual. que. hemos. tratado. de. exhumar. una. serie. de. particularidades que enriquecen el género. Dado que este no se conforma ya con la visión o las interpretaciones heredadas a priori, ni con los manidos recuentos de la historia canonizados oficialmente, colmará la ficción de una serie de técnicas experimentales sustentadas en una visión descanonizadora, que pone en duda códigos vigentes y verdades que se tenían por absolutas. Recontará la historia desde sus propias convicciones, añadiendo reflexiones, cavilaciones y juicios filosóficos a su antojo, independientemente de su validez, actualización o incluso de su autenticidad histórica. Hacia finales del siglo XX, el novelista contemporáneo, no se conforma con el legado legendario que de nuestra identidad se nos ha revelado. Por tanto, especular sobre nuestros orígenes, raíces y su consistente devenir son preocupaciones que se ubican en el centro mismo de lo que la crítica se ha afanado en nombrar: Nueva Novela Histórica. Esta denominación ha sido instaurada por prestigiosos teóricos y estudiosos del nuevo corpus novelístico. A modo de ejemplo podemos mencionar a los uruguayos Ángel Rama y Fernando Aínsa, al norteamericano Seymour Menton y al venezolano Alexis Marquéz, entre otros. Esta nueva modalidad nace inmersa en plena época «postaurática» y «posindustrial» donde el influjo del discurso posmodernista es inminentemente 10. Carmen Marcelo Pérez: «Notas para la determinación y estudio de la novela histórica. Primer acercamiento al tema», en Islas 106, septiembre-diciembre, 1993, p.135..
(26) reconocible. Este término del «posmodernismo», movilizante y heterogéneo se. afana. por. la. deconstrucción. de. los conceptos y premisas. tradicionalmente establecidas, así como presta especial atención a la «metaficción historiográfica», la cual plantea que la relación existente entre la literatura y el devenir histórico es tensa y problematizada y que a su vez está marcada por un fructuoso cuestionamiento. De modo, que esta dominante cultural posmoderna que evidentemente irradia en las producciones artísticas del momento, invoca un nuevo protagonismo discursivo que si bien por una parte posibilita incredibilidad, por otra, abre su espectro hacia diversas reinterpretaciones del pasado. Esta nueva perspectiva que se orienta hacia un cuestionamiento vital de los preceptos histórico – oficiales difiere sustancialmente de la emitida por la novela histórica tradicional en el siglo XIX. Esta última inscrita dentro de los procedimientos del realismo, explicitaba una escritura del pasado que correspondía a los presupuestos positivistas de la época. De ahí que mientras la novela histórica decimonónica garantizaba el acceso al conocimiento histórico por medio de la objetividad y la fe en el progreso, la novela histórica de la segunda mitad del siglo XX altera radicalmente esta concepción ontológica, pues participa en una marcada discusión sobre la función de la ciencia histórica, así como contribuye a redefinir objetivos, metodología y lenguaje de la actual historiografía. Al respecto Margarita Mateo en su reflexión sobre el posmodernismo y su repercusión en la plasmación literaria plantea que. en América Latina: «El. documento historiográfico ha sido subvertido y la pugna entre historia oficial e historia real se ha convertido en objeto de una atención reiterada»11. Al operar, en el campo de estas diferenciaciones existentes entre la novela histórica clásica y la NNH, de forma implícita se expresa la dicotomía tradición – innovación. Claro está que la aprehensión de una u otra sensibilidad se encuentra determinada por las necesidades expresivas y circunstanciales de su tiempo. Tanto es así que la nueva narración histórica de los escritores contemporáneos dimana de una serie de factores que coadyuvan a su renovación. El primero, se encuentra en estrecha filiación con la realidad 11. Margarita Mateo Palmer: «La literatura latinoamericana y Posmodernismo», en Ella escribía poscrítica, p.18, Ed. Letras Cubanas, La Habana, 2005..
(27) compleja, problemática, contradictoria y ambigüa en la que están inmersos. Es decir, que ante este entorno descentrado, heterogéneo, así como ante el inherente desarrollo de la literatura, necesariamente la nueva novelística exige de acuerdo a su contemporaneidad, la implementación de técnicas narrativas experimentales tanto en el plano de la forma como en el del contenido. Por consiguiente la plasmación de lo histórico – concreto debía revelar nuevas aristas. La historia se asume por tanto desde otro ángulo, y este ángulo por supuesto es el de su reescritura, el de la conformación de un discurso polifónico que invoca diversas interpretaciones y versiones del material histórico. Entre los recursos utilizados con mayor prolijidad encontramos: los monólogos interiores, la parodia, la multiplicidad de los puntos de vista, la intertextualidad y la reflexión metatextual del proceso de la escritura. Dichos recursos serán aclarados posteriormente a través del análisis de las ideas fundamentales que sustentan dos ilustrativos teóricos del género: el crítico – ensayista uruguayo Fernando Aínsa y el norteamericano Seymour Menton. Una vez explicado el primer factor en cuanto a sus connotaciones y casualidades en el plano literario, sería preciso explicitar aquel que se refiere a la búsqueda de la identidad histórica y sociocultural, el cual empeñado en la afirmación de la región y del hombre que la habita, discierne con certidumbre la problemática del género, la raza, la historia y la relación de la cultura latinoamericana frente a la europea. Al respecto Michael Rössner en su estudio «De la búsqueda de la propia identidad a la deconstrucción de la historia europea» expresa: «el nuevo interés por la novela histórica tiene todavía que ver con la búsqueda de la identidad continental, que representa un nuevo grado en la emancipación de intelectualidad latinoamericana, porque en ella se expresa una nueva relación del latinoamericano para con el europeo […]. Así se manifiesta una nueva seguridad, un nuevo sentido del valor de los latinoamericanos precisamente en el tratamiento de la propia historia».12. 12. Rössner Michael «De la búsqueda de la propia identidad a la reconstrucción de la historia europea» en Algunos aspectos del desarrollo de la novela histórica en América Latina entre Amalia y Noticias del Imperio, 1997. (Tomado de Internet de la autora Valeria Grinberg).
(28) En esta línea de pensamiento hay un aspecto digno de destacar y es que este elemento identitario procedente de una necesidad espiritual no solo es un nutricio vehículo para la instauración de la nueva producción, sino que también constituye un rasgo distintivo de la misma. En este sentido podemos afirmar que el nuevo corpus narrativo latinoamericano, el cual como hemos inferido es proclive a una relectura demitificadora del pasado a través de su reescritura, se encuentra inmerso en una preocupación inefable «el movimiento centrípeto»13 o si se prefiere el de auténtico nacionalismo, repliegue y arraigo de las expresiones genuinas de la cultura latinoamericana. Este importante elemento en su connotación más amplia propicia la recuperación de formas estéticas precedentes, tales como: la oralidad, los mitos y tradiciones, así como una denodada actualización de subgéneros que estaban en desuso. Entre estos podemos mencionar parábolas, crónicas, leyendas y baladas, entre otros. Aspecto este último que deviene en incorporación de un acentuado anacronismo y en el pastiche de formas y estilos, que sin mayores esfuerzos trata de abolir la «distancia épica» del pasado, lo que permite un inminente acercamiento a este en franca actitud dialogante. Al respecto Alicia Chibán expresa: «se trata de despojar a la historia anterior de su jerarquía distante y absoluta para atraerla hasta un presente que, solo esclareciéndola e integrándola, podrá abrirse hacia el futuro»14. En esta continuidad alambicada de las ideas podemos sistematizar que este intento de aproximación al pasado, se concreta además con la instauración de una serie de recursos artísticos, como por ejemplo: los diálogos coloquiales, el monólogo, las narraciones en primera persona, las descripciones de la intimidad de los héroes – elemento este último que contribuye a que se humanice al personaje y se le haga bajar de su «pedestal». Pero además, esta actuante eliminación de la distancia épica que se trasluce en una. 13. Fernando Aínsa: «Problemática de la identidad en el discurso narrativo latinoamericano», en Cuadernos Americanos 22(4): 61, julio – agosto, 1990. 14 Alicia Chibán: «El arpa y la sombra: Desocultamiento y visión integradora de la historia», en La historia de la literatura iberoamericana (Memorias del XXVI Congreso del Instituto Internacional de Literatura Latinoamericana, Ediciones del Norte, 1989, pp. 117-129..
(29) deconstrucción y «degradación»15 de los mitos asumidos por la historia oficial y que constituyen una imagen estereotipada de nuestra cultura, trata de revelar una nueva perspectiva histórica que obviamente se efectúa desde una óptica contemporánea. En este sentido podemos afirmar que la tipología indentitaria de la narrativa americana actual, cuyo carácter es dual y antinómico se traduce en una dialéctica de nociones opuestas. Conceptos como «arraigo se oponen a evasión, identidad a alienación, nacionalismo a cosmopolitismo, tradición a vanguardia, civilización a barbarie, campo a ciudad […]» (Aínsa, 1990: 61) La plasmación de estas antinomias americanas no solo explica el factor identitario, sino que también revelan su acertado carácter contradictorio y antagónico. Un último factor al cual Fernando Aínsa en su artículo: «Nueva novela histórica y relativización del saber historiográfico» presta especial atención, es el de la historia como disciplina, la cual se encuentra inmersa en una «crisis epistemológica» de interesantes repercusiones en las relaciones entre «imaginario» e «historiografía» (Aínsa, 1996: 10), aspecto al que de una u otra forma hemos aludido en los planteamientos anteriores. Esta fundamentación constituye el eje esencial sobre el cual se edifica al artículo. En este, Aínsa trata de demostrarnos que la relativización del discursos historiográfico está relacionada con la incursión problematizada de la narrativa en la historia, en le segunda mitad del siglo XX, incursión que se explicita en una marcada disciplinariedad o «transdiciplinaridad» como prefieren llamarle otros críticos y que transgrede las fronteras del conocimiento tradicional, y abre su espectro a otros «distritos del saber». Esta apertura de la literatura y que por consiguiente enriquece a la propia historiografía, posibilita expresar con mayor vitalidad y concientización los problemas del Continente Latinoamericano, así como plantea de forma inteligible la variedad etnocultural de una realidad americana que se hallaba oculta en el discurso simplificante y reduccionista de la historia oficial. En esta orientación ideológica el escritor contemporáneo Carlos Fuentes expresa «el arte da vida a lo que la historia ha asesinado. El da voz a lo que la historia ha 15. Fernando Aínsa: «La reescritura de la historia en la nueva narrativa latinoamericana», en Cuadernos Americanos 28(4): 20, julio – agosto, 1991..
(30) negado, silenciado o perseguido. El arte rescata la verdad de las mentiras de la historia». (Aínsa, 1996: 11) En este análisis. de la relación de supremacía que establece la NNH. respecto a la historiografía en lo concerniente a la aprehensión de la realidad y el conocimiento histórico, debemos enfatizar que la nueva novelística, al cuestionar la legitimidad del discurso oficial no solo modifica el habitual enfoque con que se analiza la problemática latinoamericana, sino que además posibilita la confluencia rica y polivalente de sus principios identitarios. Dicha relectura demitificadora, es válido destacarlo, se manifiesta en el proceso escritural de diversas formas. La más evidente es la del «historicismo crítico» apegada al modelo didáctico – histórico de Alejo Carpentier, la cual mediante una aguda crítica al pasado trata de dar sentido a la actualidad. En otros casos, se explicita a través de la búsqueda, reencuentro y afirmación de la identidad americana. En aras de ejemplificar, podemos citar la novela: Juana Manuela, mucha mujer de Marta Mercader. También este cuestionamiento de la legitimidad histórica contribuye a la emancipación de un discurso subalterno: el de los sufridos y explotados, aquellos cuyas voces han sido marginadas del discurso oficial. Esta escritura polifónica que se enfoca desde «abajo», intenta captar múltiples perspectivas del pasado y ampliar la visión de lo histórico a través del imaginario colectivo. Por tanto esta nueva valoración, este cambio de paradigma que implica una ruptura con los modelos convencionales, no solo posibilita la asunción de la historia subterránea, de la historia aún no contada, sino que en lo esencial, aporta los rasgos distintivos de las identidades colectivas. Hasta aquí hemos explicado a grosso modo los principales factores que propician el advenimiento de la NNH y aunque en este empeño hemos imbricado algunas regularidades del género, ahora precisaremos con mayor especificidad los rasgos distintivos de esta nueva modalidad. Partiendo del análisis de la actual narrativa el crítico – ensayista Fernando Aínsa en su artículo: «La reescritura de la historia en la nueva narrativa latinoamericana» del año 1991, aún cuando reconoce que en la renovación del género confluyen diversas modalidades discursivas y polifonía de estilos que contribuyen a la.
(31) ruptura del «modelo estético único», constata nueve características esenciales que indistintamente se presentan en el corpus novelístico latinoamericano. Estos caracteres o procedimientos artísticos de la NNH son los siguientes16: 1. La nueva novela histórica se caracteriza por efectuar una relectura del discurso historiográfico oficial, cuya legitimidad cuestiona. 2. La nueva novela histórica ha abolido «la distancia épica» de la novela histórica tradicional, al mismo tiempo que ha eliminado «la alteridad del acontecimiento inherente a la historia como disciplina». 3. Esta abolición de la distancia épica se traduce a una reconstrucción y «degradación» de los mitos constitutivos de la nacionalidad. 4. La historicidad del discurso ficcional puede ser textual y sus referentes documentarse con minucia o, por el contrario, la textualidad revestirse de las modalidades expresivas del historicismo a partir de una «pura invención » mimética de crónicas y relaciones. 5. La nueva novela histórica se caracteriza por la superposición de tiempos diferentes. 6. La multiplicidad de puntos de vista impide acceder a una sola verdad histórica. 7. Las modalidades expresivas de la novela histórica son muy diversas. 8. La nueva novela histórica se preocupa por el lenguaje y utiliza diferentes formas expresivas – el arcaísmo, el «pastiche» y la parodia para reconstruir o demitificar el pasado. 9. La nueva novela histórica puede ser el «pastiche de otra novela histórica». De todas estas características mencionadas la primera, constituye un fundamento esencial en la producción artística que ocupa nuestro análisis. Esta pone en tela de juicio conceptos realistas de referencialidad, al mismo tiempo que propone focalizar la atención en la escritura como instrumento constitutivo del conocimiento de la historia. 16. Op. Cit (12). pp.18-31.
(32) Un aspecto que capta nuestra atención del artículo, es que el establecimiento de los preceptos fundamentales de la NNH no se constatan a partir de un análisis de su predecesora la novela histórica tradicional, sino de la narrativa del boom en la década del 60. Por su parte el crítico Seymour Menton en contraposición con la novela histórica tradicional explicita seis rasgos distintivos de esta nueva modalidad a la que denominamos NNH. Estos son:17 1. Presentación de ideas filosóficas en vez de reproducción mimética del pasado. 2. Distorsión de la historia a través de omisiones, exageraciones, anacronismos. 3. Ficcionalización de personajes históricos en vez de protagonistas ficticios. 4. Mateficción (es decir comentarios del autor sobre el texto mismo). 5. Intertextualidad,. especialmente. la. reescritura. de. otro. texto,. el. palimpsesto. 6. Carácter dialógico, carnavalesco, paródico y de heteroglosia (en la definición de Bajtín). Cada uno de estos rasgos se pueden presentar de diversas maneras en las obras, pero todos apuntan hacia la reescritura de la historia basada en una visión crítica del pasado, en donde las versiones oficiales son revisadas, planteando no una, sino múltiples verdades históricas. Al tener todas estas características de la NNH el mismo propósito, existen entre ellas relaciones estrechas. El primero de estos rasgos que menciona Menton es la subordinación del recuento de hechos históricos a la presentación de algunas ideas filosóficas sobre la historia. Con respecto a esta idea se puede ver claramente que las tendencias del pensamiento de las últimas décadas originan la NNH. Esta es una de las formas en que la posmodernidad plasma literariamente sus ideas sobre la historia. Pues esta implica un rechazo a la posición positivista sobre la 17. Op.Cit (6)..
(33) objetividad del conocimiento histórico y propone la existencia de diversas maneras de acceder a él. Este discurso ilustrativo del género identifica además su inicio con la novela de Alejo Carpentier: El reino de este mundo. Esta idea se sustenta, según el teórico Menton, en la plasmación de la oralidad (entiéndase por ello tradiciones, costumbres, leyendas y ceremonias trasmitidas de generación en generación entre los negros esclavos del Caribe). De modo que el sentido histórico del texto se configura no solo a partir de un rico acervo documental como el propio novelista advierte en su prólogo, sino que trasciende esta estrategia discursiva, al plantear una concepción de la historia no tradicional, una historia cultural que se construye a partir del diálogo entre las distintas prácticas significantes del Vudú. Al reescribir una historia que no es la legítima – por lo tanto, la difundida y conocida, cuestiona la verdad de las fuentes oficiales y ofrece otra versión sobre la historia. El propio desarrollo de la estructura novelesca patentiza esta impronta, pues no aparecen como protagonistas de las revueltas independentistas los líderes tradicionales de la Revolución Haitiana definida como «revolución desde abajo» que triunfó en 1804. En la obra aparecen con poca preponderancia y de forma marginal, provocando una evidente tensión con lo difundido por la historia oficial, la cual los han presentado como figuras cimeras del proceso revolucionario. En aparente impugnación con lo anteriormente explicitado otros teóricos dilucidan otras fechas de inicio del fenómeno. Por ejemplo, 1969, por El mundo alucinante, de Reynaldo Arenas, 1974, por Yo, El Supremo, de Roa Bastos, o 1975 por Terra Nostra, de Carlos Fuentes. Este asunto polémico de la crítica, aunque no dilucidado del todo, por cuanto no ha coincidido en la aprehensión del modelo estético paradigmático que ha dado inicio al género, ha tenido en el quehacer narrativo asiduos cultivadores. En este amplio cuerpo de escritores seducidos por la nueva modalidad, citamos desordenadamente a modo de ejemplo algunos de los más renombrados, entre ellos: Alejo Carpentier con El arpa y la sombra (1979); del Paraguay, Augusto Roa Bastos con Yo, El.
(34) Supremo (1974) y La vigilia del almirante (1992); en Argentina, Tomás Eloy Martínez con La novela de Perón (1985) y Santa Evita (1987); Ricardo Piglia, Respiración artificial (1980) y Abel Posse con Daimón (1978) y Los perros del paraíso (1983); de México Carlos Fuentes con La muertes de Artemio Cruz (1962), Terra Nostra (1975), La campaña (1990). Asimismo, Noticias del imperio, la trágica historia de Maximiliano y Carlota (1987) de Fernando Del Paso; El general en su laberinto (1989) de Gabriel García Márquez y El Entenado (1983) de Juan José Saer. También cabe destacar al escritor y político peruano Mario Vargas Llosa quien en el año 2000 parodiando la vida del dictador dominicano Rafael Leonidas Trujillo publicó: La Fiesta del Chivo. Por su parte en Costa Rica de Tatiana Loba apareció: Asalto al paraíso (1992) y Limón Blues (2002) de Ana Cristina Rossi, entre otros que presentan esta misma perspectiva escritural. Entre otros criterios publicados que destacan los preceptos fundamentales de la NNH, encontramos los de María Cristina Pons quien en estrecha relación con los asumidos por Menton, destaca los siguientes: «subjetividad y no neutralidad de la escritura de la historia, rechazo de la suposición de una verdad histórica, relatividad de la historiografía, cambio en los modos de representación, cuestionamiento del progreso histórico, escritura de la historia desde los márgenes, abandono de la dimensión mítica, totalizadora o arquetípica en la representación de la historia.»18 Unido a estos principios rectores, la NNH ha revelado «una especie de deconstrucción de la historia europea, historia que siempre había dominado en la formación del intelectual latinoamericano»19. Los latinoamericanos que en los tiempos del realismo mágico / real maravilloso habían sido objetos de un interés «hedonista» por parte de los europeos, dada sus representaciones exóticas de la cultura latinoamericana, ahora con la nueva producción artística. 18. Pons, María Cristina, 1996. Memorias del olvido. Del Poso, Garcías Márquez, Saer y la novela histórica de fines del Siglo XX, México, D.F (Siglo XXI), pp 256-261. (Tomado de Internet de la autora Valeria Grinberg) 19 Op. Cit. (9)..
(35) y en su búsqueda denodada de nuestra auténtica identidad «miraban a una Europa romántica – mágica a su vez». De forma general en estos estudios de la NNH hasta ahora publicados, se ha hecho énfasis en una renovación del género y en el anhelo de reconstruir la definición de identidad. latinoamericana. Refiriéndose a un estudio de Fernando Aínsa, el crítico Ramón Luis Acevedo ha aludido a diez características de la NNH. Entre estos encontramos: «relectura de la historia, multiplicidad de perspectivas e interpretaciones, la impugnación de la legitimidad de las versiones oficiales de la historia, el distanciamiento de los mitos degradados de la historiografía oficial, superposición de tiempos diferentes en la narración, la intertextualidad y el palimpsesto, una escritura paródica y la predominación de la ficción sobre la historia y la representación mimética».20 Las anteriores disquisiciones nos han permitido inferir que la NNH al explicitar una reescritura ficcional de la historia, - precepto fundamental del género-, no solo plantea una visión descanonizadora de mitos y códigos vigentes que se tenían por absolutos en la historiografía, sino contribuye orgánicamente a rescatar los principios identitarios americanos. En su plasmación de un discurso polifónico que abre su espectro a diversas interpretaciones del material histórico posibilita la asunción de voces subalternas y marginadas de la historia oficial. En esta línea del pensamiento ocupan un lugar prominente los elementos paródicos y burlescos, así como la utilización desmedida de técnicas experimentales, cuyo carácter aseguran una renovación del género.. 20. Acevedo, Ramón Luis, 1998: «La nueva novela histórica en Guatemala y Honduras», en: Letras de Guatemala, No 18-19, p.4.
(36) Conclusiones Parciales.. •. La novela histórica decimonónica, la cual tiene por figura insigne al destacado novelista escocés Walter Scott, contribuyó a la plasmación de lo histórico concreto y a la concientización de lo nacional a través de una escritura del pasado que correspondía a los presupuestos positivistas y realistas de la época.. •. Esta producción artística, cuyos preceptos composicionales no desmienten los principios fundamentales del género novela, se revela mediante una realidad social y ricamente matizada que articula de una forma coherente los acontecimientos que determinan el accionar de sus personajes y que a su vez proporcionan un peso específico a la época en que están inmersos.. •. El modelo scottiano en contraste con los legitimistas románticos, revela la prominencia de los personajes ficcionales con respecto a las figuras históricas tradicionalmente canonizadas. Este principio o regulación de relegar a un segundo plano los íconos representativos de corrientes ideológicas dominantes, imposibilita rebajarlos a las menducias de la vida cotidiana, aspecto que sustenta su requerida connotación axiológica.. •. La NNH, por su parte, busca incorporar a la diégesis la mayor cantidad de perspectivas y lenguajes posibles para comprender mejor los mitos articulados en la construcción de las identidades nacionales..
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