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LA COMPASIÓN DE JESÚS EN MC 10, 46-52

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LA COMPASIÓN DE JESÚS EN MC 10, 46-52

Jeovanny Milcíades Pujols De León, SJ.

Director: Dr. Luis Alfredo Escalante Molina, SDS.

Este trabajo es presentado

para obtener el título de Teólogo

Facultad de Teología

Carrera de Teología

Bogotá, D.C., Colombia

24 de enero de 2018

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INDICE

AGRADECIMIENTOS ... 5

INTRODUCCIÓN ... 6

I CAPÍTULO ... 8

MIRADA BÍBLICO-TEOLÓGICA DE LA COMPASIÓN ... 8

1. SIGNIFICADO DE LA COMPASIÓN ... 8

2. UNA MIRADA BÍBLICO-TEOLÓGICA DE LA COMPASIÓN ... 9

2.1 El Antiguo Testamento y la compasión ... 11

2.3 La compasión desde el Nuevo Testamento ... 12

3. ANTROPOLOGÍA Y COMPASIÓN ... 14

3.1 Dios de amor ... 15

3.4 Vida, historia y sociedad ... 16

4. ESPACIOS SOCIALES NECESITADOS DE COMPASIÓN HOY ... 18

4.1 Una realidad que nos interpela ... 19

5. EL CIEGO BARTIMEO Y EL ENCUENTRO CON JESÚS MC 10, 46-52 ... 21

5.1 Ceguera y contemplación ... 22

5.2 Bartimeo y la situación en la sociedad dominicana ... 22

II CAPÍTULO ... 25

APROXIMACIÓN SOCIOLÓGICA ... 25

1. REALIDAD DEL TRABAJO INFANTIL EN ELÍAS PIÑA (PROVINCIA DE LA REGIÓN SUR DE LA REPÚBLICA DOMINICANA). ... 25

1.2 La cruda realidad del trabajo infantil ... 25

1.3 Una realidad que nos interroga ... 27

1.4 Un llamado a la solidaridad ... 29

2. CEGUERAS DE LAS AUTORIDADES DOMINICANAS ... 30

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2.2 El reto de atender adecuadamente al trabajo infantil... 33

3. LA FIGURA DEL CIEGO BARTIMEO DESDE EL TRABAJO INFANTIL ... 35

3.1 El ciego Bartimeo despierta la compasión de Jesús ... 35

3.2 La compasión de Jesús ante Bartimeo y ante el trabajo infantil... 37

III CAPÍTULO ... 41

MIRADA PRACTICO-PASTORAL ... 41

1. ESCUCHAR LOS CLAMORES DE LOS MARGINADOS HOY ... 41

1.1 Vida y sentido ... 42

1.2 El dolor de la naturaleza: Un drama de nuestro tiempo ... 43

1.3 A la escucha del clamor ... 44

1.4 Situaciones concretas de marginalidad... 46

2. LA COMPASIÓN EN LA ACTUALIDAD ... 47

2.1 Realidades actuales que claman compasión ... 48

2.2 Cambios y transformaciones urgentes ... 49

3. COMUNIDAD: LUGAR DE ENCUENTRO DONDE TODOS SOMOS COMPASIÓN ... 51

3.1 La comunidad como alternativa al sufrimiento y la indiferencia ... 52

3.2 Jesús: fuente e inspiración de la vida en comunidad ... 54

3.3 El encuentro de Jesús con Bartimeo: motivación para la vida en comunidad ... 55

CONCLUSIÓN ... 57

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AGRADECIMIENTOS

En este trabajo de grado quiero agradecer profundamente a Dios quien es la fuente y centro de mi vida que con su rostro amoroso y compasivo me hace ver que lo trascendental en este caminar es cuán amorosos, serviciales y felices somos en este mundo. A mis padres y a todos mis hermanos por regalarme tantos gestos hermosos del gran valor de la familia y la unión desde Jesucristo entre unos y otros. De igual manera a mis compañeros de la Compañía de Jesús por apoyarme e inspirarme de manera constante en estos años de mi vocación como jesuita. Así mismo a los profesores en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Javeriana, de manera muy especial al padre Luis Alfredo Escalante Molina, SDS por su apoyo, acompañamiento y apertura en estos años de formación teológica. Dedico este esfuerzo académico muy especialmente a cada uno de los niños y adolescentes que atraviesan la triste realidad del trabajo infantil en todas sus dimensiones en los campos de la región sur de la República Dominicana y otros lugares. A tantos amigos y personas con las que he compartido y trabajado durante este tiempo de estudios teológicos quienes me han mostrado el gran valor de la amistad. Finalmente quiero expresar mi agradecimiento a Colombia por mostrarme y enseñarme tanto en estos años por estas pródigas tierras. ¡Gracias!

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INTRODUCCIÓN

Aunque la compasión sea a menudo relacionada meramente con el tener lástima por alguien que está atravesando por algún tipo de situación de sufrimiento y se relacione con temas religiosos y cristianos, es preciso reconocer que la compasión no se reduce a esta dimensión religiosa, sino que es mucho más amplia. Ella constituye una virtud humana presente en todos los seres humanos y motivada por la propia experiencia de fe. Dentro del cristianismo, ella constituye una actitud central en el camino de salvación ofrecido por el Dios que nos ha revelado Jesús de Nazaret. Dada la importancia de la compasión en la vida de los seres humanos y la sociedad, el presente trabajo se ha propuesto abordar el asunto de la compasión a la luz del encuentro transformador que Jesús tiene con el ciego Bartimeo (Mc 10, 46-52), partiendo de la situación compleja y desafiante que brota del trabajo infantil en Elías Piña (República Dominicana).

En tal sentido, el trabajo pretende analizar la compasión de Jesús desde el pasaje evangélico de Marcos 10, 46-52 sobre la curación del ciego Bartimeo a fin de precisar las luces que este nos arroja a la realidad del trabajo infantil en los campos de la región sur de la República Dominicana, tratando, en últimas, de extraer los desafíos concretos para que la sociedad pueda ver dicho drama social y responder de manera significativa y transformadora.

En el primer capítulo se realiza una mirada bíblico-teológica de la compasión, dando a conocer los rasgos de la figura compasiva de Jesús presentes en la curación del ciego Bartimeo en Marcos 10, 46-52. Siendo una virtud humana, la aproximación a la compasión desde esta perícopa permite evidenciar que Dios está con los pobres y desavenidos, con los sufridos de este mundo, con aquellos que nos reconocemos frágiles y débiles. Dios no es un Dios lejano ni mucho menos indiferente. Él es compasión hecha carne que se da y se entrega en cada momento de nuestra vida. La compasión como modo de ser de Dios, lo lleva a sentir en sus propias entrañas el dolor de sus hijos e hijas, así como lo hace una madre.

En el segundo capítulo se hace una aproximación sociológica al trabajo infantil en la región sur de la República Dominicana específicamente en la provincia de Elías Piña como

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lugar y espacio social donde la vida clama desde la problemática de explotación social en niños y adolescentes. La perspectiva que hemos desarrollado en este trabajo es poder precisar las luces que nos arroja la actitud compasiva de Jesús desde el pasaje evangélico de la curación del ciego Bartimeo con respecto a la realidad de trabajo infantil y las cegueras sociales evidentes en nuestra sociedad.

En la República Dominicana, tenemos la triste realidad del trabajo infantil en sus peores formas, abundando un alto nivel de niños y adolescentes en los campos dominicanos. Esta es una situación donde la vida clama y demanda de nosotros no sólo esfuerzos estatales e institucionales que son muy importantes, sino también la compasión como una virtud humana y espiritual presente en nuestra vida.

En el tercer capítulo presentamos una mirada práctico-pastoral en torno a la escucha de los clamores de los marginados hoy en nuestra sociedad que nos invitan a una praxis de amor y entrega por los que sufren. Este tercer apartado es desarrollado desde una apropiación personal de la compasión a partir de las distintas realidades humanas y espirituales de nuestro tiempo. Por lo tanto, ésta es una virtud cristiana, humana y un componente conductual que incluye el compromiso y la decisión para realizar acciones en favor del que sufre. La línea que hemos seguido es que Jesucristo nos sigue enviando hoy en medio de distintas realidades de sufrimiento como profetas de esperanza que denunciamos las injusticias y anunciamos un mundo cada más humano y solidario desde el encuentro de unos y otros en comunidad.

Consideramos que Jesús nos enseña a través de su vida que la compasión es un mirar, tocar y acompañar al que sufre en todas sus dimensiones humanas y sociales. Nosotros hemos querido dar a conocer que dicha virtud no es un asunto de piedad ni mucho menos solo una dimensión única y exclusivamente religiosa sino más bien un modo de ser y vivir al que como personas estamos todos convocados. Creemos que la compasión nos vincula a tener una mirada que logra establecer relación de hermandad con la persona que se encuentra sumergida en medio del sufrimiento siendo conscientes que experimentar esta virtud es también una gracia.

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I CAPÍTULO

MIRADA BÍBLICO-TEOLÓGICA DE LA COMPASIÓN

1. SIGNIFICADO DE LA COMPASIÓN

Desde la persona de Jesús, la compasión es un tema constantemente mencionado en todos los escritos del Nuevo Testamento. Más aún, si algo podemos decir de la figura de Jesús es que su vida fue la compasión misma en este mundo. Este es un elemento recurrente en los textos bíblicos. Ahora bien, pero que comprendemos por compasión. Es una palabra que pertenece al latín tardío compassio, -ōnis, que es comprendida como un “sentimiento de pena, de ternura y de identificación ante los males de alguien”.1 Es una palabra que expresa el término conmiseración para referirse a que sentimos con la persona que padece algún tipo de dolor de pena, sufrimiento o desgracias en su vida.

La filosofía comprende la compasión como un término que significa apiadarse. Es un término que a la vez es relacionado con la simpatía, comprendida como un sentir con la otra persona la otra parte. Nos adentramos a la vida y a los sentimientos del otro y participamos de éstos. Aristóteles en esta línea, comprende la compasión como “el sentimiento de tristeza y temor que surge cuando contemplamos un sufrimiento grave inmerecido y que pensamos que también nos podría ocurrir a nosotros o algunos de nuestros allegados”.2

Evidentemente la compasión mueve en nosotros varias reacciones que pueden ser consideradas humanas por nuestra naturaleza misma, que pueden ser una respuesta ante algún padecimiento complejo que tiene alguien. Así como por un sufrimiento que se vive y que nunca en nuestra vida esperábamos, como por ejemplo podemos tener crímenes violentos, injusticia, actos de terrorismo, etc. Por consiguiente, también tenemos una compasión por aquellos a quienes queremos y amamos, que están cerca de nuestros corazones. Y una reacción de angustia como expresión de lamento y dolor que vivimos desde lo más profundo de nuestras entrañas mismas.

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Diccionario RAE, s. v. “Compasión”

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La compasión no es solo un sentimiento que se encuentra con el ser humano desde la mirada triste y penosa, “compasión viene de con-padecer, compartir el sentimiento, solidaridad afectiva. En esa línea avanza el misericordioso, que no solo se compadece, sino que ofrece un gesto positivo y gratuito de amor”.3

La compasión tiene un vínculo con la situación de dificultad de la persona que le lleva al accionar por y con el individuo. Hace que el individuo sea cada vez más consciente de la otra y de sus situaciones humanas y sociales. Sus mayores aliados son la identificación y la sensibilidad por la otra persona en todos sus dramas y situaciones.

2. UNA MIRADA BÍBLICO-TEOLÓGICA DE LA COMPASIÓN

La compasión es comprendida como la capacidad de asumir como propio el sufrimiento de los demás en todas sus complejidades. Relacionada con la debilidad del ser humano. Por ello a lo largo de la historia del mundo religioso la compasión desempeña un lugar importante. Desde la dimensión de la fe cristiana, la compasión es comprendida, desde todas sus facetas como, ser solidario con el ser humano. Pero de una forma no tanto activa, sino que más bien pasiva. Aunque desde la dimensión bíblica, gana más espacio lo activo, porque la comprende y la mira como aquella que es capaz de ayudar a los más necesitados.

En teología la mirada hacia la compasión se realiza en conjunto hacia el adjetivo “compasivo”. Que es atribuido propiamente a Dios como ser que es en sí compasión. En el Antiguo Testamento es constatable lo que hemos dicho, aparecen varias palabras que se refieren a un Dios que es compasión y misericordia. Ciertamente esto lo podemos ver en el libro de Éxodo capítulo 22 versículo 27 y en el Salmo 78 versículo 38 entre otros textos bíblicos en los cuales surgen referencias en sintonía con la temática. Cuando creemos y confirmamos que Dios es compasivo, reconocemos que Él es amor y misericordia. Quien regala su amor a todos los hombres y mujeres de este mundo. Dios en sí mismo es misericordia. Un Dios que se da, se apiada de distintas formas y maneras en esta tierra es

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porque es en todo amor. Por ello, cuando hablamos de compasión, es darnos cuenta de que es Dios que se nos está dando constantemente en amor.

En la Biblia podemos encontrar vastos textos bíblicos que nos hablan de este amor de Dios, utilizando imágenes muy significativas para expresar su compasión. Dios continuamente está comunicando su misericordia desde los distintos gestos de amor hacia nosotros, de modo similar, lo vemos en el más grande regalo de comunicación del Creador a su criatura, entregándonos a su Hijo Jesús. El fiel creyente, cuando experimenta esa profundidad de la compasión, hace que ésta se convierta en un tener piedad por los sufrimientos de su prójimo, que es rostro visible de Jesús.

Aquel que es compasivo, abre su corazón para ayudar al pobre que le necesita. No tiene un corazón embotado y endurecido, sino que más bien, está en plena armonía con el amor y la vida del que sufre. Es una relación interhumana en la que están presentes Dios y el ser humano. Dios siempre es compasión que vela, acompaña y cuida del hombre. Tal y como nos dice el Salmo 107, 1; 136 “porque es eterna su misericordia: El Dios de compasión es el Dios maternal. En el cual su amor está presente en todas y cada una de las criaturas de este mundo. Es así lo que nos dice el profeta Isaías: “¿Puede una madre olvidarse de su criatura, dejar de querer al hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella te olvide yo no te olvidaré” (Cfr. Isaías 49, 15).

La compasión nos hace ser semejantes a Dios en cuanto a ser misericordiosos como lo es Él. Potenciándonos como seres humanos merecedores del Señor. El evangelista San Mateo, nos dice que “seamos compasivos como nuestro Padre es compasivo” (Cfr. Mt 5, 43-48). Remitiéndonos a la escatología desde un significado del destino último de los seres humanos. Desde Dios todos, y cada uno de nosotros, seguiremos siempre siendo hombres y mujeres pecadores. Frágiles y débiles, al final de todo, nos veremos en la necesidad de su misericordia y de su bondad infinita. Por ello, nos necesitamos los unos de los otros, lo cual implica un esfuerzo mutuo. No solitario y perdido desde el esfuerzo de uno mismo. La invitación es a reconciliarnos con los otros. Siendo conscientes que Dios es un Padre de reconciliación, perdón y compasión.

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2.1 El Antiguo Testamento y la compasión

El Antiguo Testamento nos presenta la compasión comprendida en relación con la fidelidad y la misericordia que vivió el pueblo de Israel en cuanto a su relación con Dios, significando así el signo de la alianza en este testamento. De ahí encontramos el libro del Éxodo donde Dios aparece como el Señor que salva y que mira el corazón sufrido de su pueblo de Israel al que comprende y conoce en medio de su dolor. En este libro el Señor guía y protege por el desierto a su pueblo dándole el agua y el alimento necesarios para vivir, quedando evidenciado su mayor gesto compasivo. Dios baja al encuentro de los hebreos oprimidos por los egipcios y les libera por medio de Moisés tal y como lo podemos encontrar en Éxodo 2, 23-25. Podemos decir que en Éxodo 34, encontramos el fundamento de la compasión desde el Antiguo Testamento en una confesión de fe de parte de Moisés, que dice: “Yahvé, Yahvé, Dios compasivo y clemente, tardo a la cólera y rico en amor y fidelidad, que mantiene su amor por mil generaciones y perdona la iniquidad, la rebeldía y el pecado” (Cfr. Ex 34, 6-7).

El texto bíblico del Éxodo, señalado anteriormente, es una revelación de fe donde Yahvé ha hecho la promesa de anunciar su nombre. Quedando por evidencia que lo más importante es el amor y el perdón que Dios tiene por la persona humana. Donde lo más significativo no son los ayunos y sacrificios, sino la ayuda compasiva a los más necesitados, con rostros concretos que se expresan en las viudas, los enfermos y los huérfanos. Para el pueblo de Israel, Yahvé ha sido un Dios que es compasión y perdón. Un Dios compasivo que su amor no tiene límites y se manifiesta en la ayuda a los desprovistos de nada, misericordioso, lleno de amor y ternura. La imagen es que Dios “aparece no solo como creador sino como recreador de los hombres, que forman parte de su misterio de amor”.4

Es decir, la presencia de Dios se basa preferentemente en el amor y el cuidado hacia el ser creado por Él.

El Antiguo Testamento es una alianza de Dios, que se gesta en la profecía y en la historia del pueblo de Israel. Donde ha sido un camino de plena compasión y testimonio. Ya hemos puntualizado en (Éxodo 34, 6-7), que Dios regala su misericordia y su clemencia, a pesar de que los israelitas hayan roto ese pacto de fidelidad. Por tal razón,

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vemos a un pueblo que busca reorganizar su estructura de organización desde el perdón, para volver a sus principios originales desde la unión con Yahvé. Pero muchos profetas de este testamento tienen un clamor de compasión, como es el caso de Oseas y Amós. De igual manera en Jeremías e Isaías vemos ese camino de gracia y de perdón de la mano con Dios, el cual pide misericordia. Por consiguiente, todos estos factores recaen en acciones muy propias constituyéndose en obras de misericordia como son: hospedar a los extranjeros, cuidado a las viudas y a los huérfanos y compartir la tierra de unos hacia otros. Como también liberar a los sometidos por medio de la esclavitud y perdonar la deuda. Que son aspectos centrales de una ley fundamental tan referida en el A.T. De igual forma la riqueza del libro de los Salmos nos conduce a expresiones del pueblo de Israel, siendo así oraciones de misericordia. Esa es la experiencia de oración y acción de seres humanos que creen y confían en Dios.

2.3 La compasión desde el Nuevo Testamento

La compasión desde el Nuevo Testamento se encarna y se irradia de una manera extraordinaria, por medio de Jesús Salvador, el Mesías de Dios. El punto máximo de la compasión se alcanzó desde el Nuevo Testamento con Jesús. Así lo encontramos en las Sagradas Escrituras: “nuestro Padre del cielo no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños” (Mt 18,14). Donde el Ungido ha sido enviado a este mundo para que todos se salven por medio de Él. Por ello vemos cómo Jesús va al encuentro del necesitado. Su vida es un actuar desde la compasión, por eso sana al enfermo, acoge a los pobres, excluidos y da comida al hambriento, ayuda al huérfano, etc. Más aún, se encuentra con Zaqueo y le pide hospedaje en su casa. Porque la acogida de la salvación por medio del amor misericordioso de Jesús se comprueba de inmediato por la transformación de vida del ser humano. Desde Jesús la compasión tiene una dirección y un fin que consiste en acudir al hombre pecador. Individuo pecador a quien Jesús con su vida, palabras y obras asegura que Dios Padre rico en perdón y compasión les regala su amor. La figura de Dios en el Nuevo Testamento es la de un Padre que es compasión y salvación. Esa es la esencia de Dios; que su nombre es compasión.

Lo más propio de Dios es la misericordia y la fidelidad. Por ello podemos decir que “En Jesús de Nazaret esta característica divina encuentra su mejor realización humana y se

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convierte, así, en la mejor revelación en términos humanos de lo que es Dios”.5 Todo lo que Jesús hizo y predicó lo impulsa la compasión. Por eso vemos a Jesús curando, sanando y liberando, porque su sentido es el de ayudar y solidarizarse con los necesitados de esta tierra. Por eso también nos encontramos con que los evangelios muestran a Jesús como Mesías compasivo. Lo que le estimula a compadecerse de los pobres, es un movimiento muy profundo que brota de lo más profundo de su corazón, sale de sus entrañas. Un corazón que siente por el sufriente. Es una compasión tan profunda que viene de la naturaleza misma de Jesús, que siente como propios los sentimientos de los demás. Jesús no se queda solo contemplando o meditando lo que los otros viven. No es un espectador. Él va al encuentro del que sufre y padece, cura su enfermedad y es solidario con el ser humano. Su vida es un sentir y compadecerse del que pasa por distintas angustias y dramas en este mundo.

En el Nuevo Testamento vemos que se comparte la experiencia del pueblo israelita en cuanto a la compasión de Dios. En Él existe una experiencia de vida y consuelo. Allí se revela que Nuestro Padre Creador, consuela y acoge a todo el que pasa por momentos de dificultades y angustias. Porque la cara de nuestro Dios es la misericordia, el perdón y el amor. Él es consuelo y protección hacia los que sufren. De mirada amorosa y acciones generosas. “Él nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que nosotros podamos consolar a los que se sienten atribulados, ofreciéndoles el consuelo que nosotros mismos recibimos de Dios” (Cfr. 2 Cor 1, 4).

Jesús enseñaba desde la compasión, quien la daba a conocer por medio de sus acciones como un camino de transformación interior y exterior del ser humano que tenía repercusión social. Sus palabras y su vida eran las que animaban a todos aquellos que le seguían, necesitados de una voz que anuncie la libertad y denuncie la injusticia. Con Jesús sus compañeros empiezan a experimentar la imagen de Dios como Señor de amor y perdón, por su manera de acercarse a ellos, de hablarles, sanarles y ser rostro cercano de misericordia. Es así como Dios Padre actúa a través de Jesús, desde esos hermosos gestos de compasión, humanidad y poder divino a la misma vez. Compartimos que la compasión guarda un sentido muy fuerte de valor, don y carisma especial que viene de Dios, de ahí la

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mística especial de la compasión porque “la compasión más honda, no un sentimentalismo, ni una obra de caridad externa (limosna material), sino de comunión, a través de la palabra”.6

Jesús se dedica con todas sus fuerzas y corazón a la gente. La compasión no es un sentimiento sin sentido ni profundidad. Los evangelios nos recuerdan, que la vida pública de Jesús está llena de una voluntad interior que sale al encuentro del otro. Con una cercanía sin precedentes, haciendo redención del género humano. Es cercano con los que sufren y amigo de los pobres, porque nos ama. El gran milagro de la solidaridad como es la multiplicación de los panes es precisamente eso, dar alimento a todos aquellos que le siguen. Es sentir con ellos el hambre, su estar a la intemperie, animarlos y ayudarles. Allí es donde los discípulos se hacen partícipes de su misión, que es la misión del corazón.

3. ANTROPOLOGÍA Y COMPASIÓN

Si ponemos la mirada en la compasión desde la perspectiva antropológica, podemos decir que es una actitud concomitante a la naturaleza humana. Es decir, que forma parte de la característica esencial del ser humano en todas sus dimensiones. Desde esta perspectiva podemos pensar en el caso de los neandertales y del homo heidelbergensis; como hecho constatable en el que la compasión tiene su origen en lo más propio del ser humano. Que desarrollaron fuertes compromisos hacia el bienestar de los demás como tal. Martín Gelabert Ballester nos dice en su artículo Sentido teológico de la compasión que “Existen evidencias arqueológicas de la atención a individuos heridos, enfermos, discapacitados o ancianos durante largo tiempo, individuos que no hubieran sobrevivido sin la ayuda de sus congéneres”.7

Todos nosotros como seres humanos, no soportamos el sufrimiento de los demás. La realidad que viven los necesitados mueve muchas cosas en nosotros que nos colocan a reflexionar y accionar desde la compasión. No somos indolentes ni indiferentes al dolor humano. Hemos nacido para compadecernos por los hermanos que tenemos a nuestro alrededor. Las guerras, las situaciones de violencia, el desprecio y menosprecio, racismo, la

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Pagola y Pikaza, Entrañable Dios, 86.

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explotación infantil, el tráfico y trata humano, etc. Son sombras que nos hacen preguntarnos ¿Qué nos está pasando? Qué está pasando con la dimensión humana nuestra. Pero a pesar de esas situaciones que han escalado tanto en nuestras sociedades, la compasión no deja de visibilizarse en los distintos espacios hoy.

3.1 Dios de amor

En sintonía con lo que hemos comentado en el párrafo anterior, podemos decir que la compasión inicia por lo más propio que es el amor. Sin amor, nuestras acciones serían infecundas y perdidas en una vida hostil y sin sentido. Cuando el ser humano se vuelca con todo hacia sus prójimos, es porque existe un corazón encendido, ardiente y fervoroso, que descubriendo su propia miseria; apuestan por amar y compadecerse. Todo esto se da cuando salimos de nuestro propio egoísmo y visión del mundo de manera individualista. Porque el egoísmo es una dimensión que muchos llevamos, obstaculizando que la compasión florezca. Éste produce dolor y tristeza y sufrimiento al hombre. Daña la búsqueda de una compasión en favor de los necesitados. Pero ciertamente es asunto de amor. Querernos a nosotros mismos es un proceso humano, benéfico y hasta trascendental. Porque para amar y ser compasivos con los otros, tenemos que amarnos. Si no lo hacemos, estaría faltando un rasgo central de nuestra naturaleza humana.

El amor humano es el mayor aliado de la compasión. Vivir en sintonía con la imagen de un Dios compasivo, despierta mucha sensibilidad en nosotros. Por eso la imagen de un Dios que es compasión, nos ilumina en torno a que el amor se haga cada vez más realidad en los que nos rodean. Somos seres compuestos por los afectos y para generar comunión en los otros, es importante nuestro mundo interior para así poder ponerle amor a la compasión. Se necesita la caridad, pero no se trata solo de dar cosas, es más bien escuchar y hablar con quién estamos invitados a echarle una mano. Es una actitud de vida constante. No se hace de vez en cuando con la persona, de acuerdo con las distintas situaciones y circunstancias. Más bien tiene una constancia permanente en nuestra propia vida y en la de los otros.

La compasión la podemos entender como relación de unos con los otros en sus distintas realidades, etapas y procesos de vida. Es comunión humana y gratuita que se va gestando desde lo más profundo de nuestro corazón. Por eso, no podemos reducirla a una

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mera comprensión de ver a la otra persona que sufre con lástima, como suele ocurrir con cierta regularidad, es más bien un modo de ser que crea fraternidad y solidaridad con el necesitado.

3.4 Vida, historia y sociedad

La compasión es un principio ético que reflexiona en torno a lo que hacemos y no, a nivel de nuestro comportamiento humano en la sociedad. Esta noción nos abre la puerta a otras perspectivas, ya sea, a nivel filosófico, social o antropológico por sus vastos vínculos y raíces cristianas y sociales que guarda las cuales hasta las podemos estudiar por niveles. El suelo nutricio de la virtud y la caridad es la compasión por su esencia y mística. Ciertamente implica que nos descentremos del egoísmo que nos gobierna y no dejarnos implicar por este descontrol inmoderado de amor a nosotros mismos. La base de la compasión es que sufrimiento de la otra persona mueva todo lo que somos y se convierta en nuestro motivo por excelencia. Constantemente en nosotros pasa que bloqueamos nuestras tendencias personales hacia el egoísmo, no queriendo hacer sufrir a la otra persona por solo pensar en nosotros mismos. Pero si esto no se da entonces hacemos sufrir al otro y en vez de ser entes de compasión nos convertimos en generadores de sufrimiento. Así, si hacemos todo lo contrario y somos hombres y mujeres de compasión, vencemos esos egoísmos que oprimen y destruyen; hacemos de la compasión una realidad activa y visible en este mundo.

Una dimensión importante de la compasión es mirar a nuestro lado. Ver con los ojos a quienes tenemos cerca. La compasión es sentir con quienes tenemos cerca y lejos. Un hecho histórico importante en esta vía de lo que es la compasión, lo encontramos en la vida de Antonio Montesinos. Este fraile de la comunidad dominica en la isla La Española, denunció las injusticias cometidas por los conquistadores y encomenderos españoles, que en el sermón del cuarto domingo de Adviento hizo la pregunta: ¿Estos no son hombre? Ante esto podemos compartir:

Estos, los que están junto a nosotros, a nuestro lado, y en nombre de quienes os hablamos. Compasión es exactamente eso: sentirse al lado de quien sufre y ponerse en su

lugar. Y, ampliando más el concepto, habría que decir: compasión es estar al lado del amado (sea cual sea su situación) y ponerse en su lugar.8

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Tenemos que precisar que compadecerse con la otra persona no es imitar lo que la otra parte vive y pasa. Esto no sería una adecuada compasión. Es ayudar y acompañar a la persona en sus dramas de dificultad, es más bien, comprender la situación del necesitado en su sufrimiento. Constantemente nos podemos confundir con que tener compasión es si emocionalmente nos identificamos con la persona y creemos que ser compasivos es replicar lo mismo. Esa sería una compasión que en vez de ayudar complejiza la situación del sufriente.

Una gran cantidad de mujeres y hombres han hecho grandes acciones en sus vidas que podemos decir que es un vivo ejemplo de lo que es compasión. Esto lo vemos en diversos campos, desde lo religioso, político, deportivo, militar, etc., que nos dicen mucho como sociedad que la compasión no ha desaparecido. Más aún, existen seres humanos que son protagonistas discretos de compasión. A quienes podemos encontrarles en nuestras comunidades rurales, barrios y ciudades. Que hacen posibles verdaderos milagros humanos de compasión. Podríamos citar un hecho que es una muestra muy importante de compasión:

El jueves 12 de enero del año 2012 a las 4:53 pm, aconteció un terremoto en Haití. Se calcula que los muertos pasaron de 200,000. Ya nos podemos imaginar todo el dolor, la desesperación, abandono, hambre, desprotección, etc., que experimentó y siga experimentando esa hermana nación. Algo que llamó fuertemente la atención de la comunidad internacional, es que una mujer dominicana, al ver la situación se preguntó qué hacer. Es cuando tras darse cuenta de tantos bebés que quedaron huérfanos y a quienes había que amamantar, decidió acoger a varios de estos pequeños, con permiso de las autoridades y amamantarlos de sus propios senos. Fueron imágenes que conmovieron al mundo. Gestos de Dios en medio del dolor y el sufrimiento humano. Vimos que un mundo nuevo y mejor es posible, gracias al buen corazón de esta pobre mujer de escasos recursos económicos pero rica en compasión y amor. Eso es una antropología de la compasión, el ser humano ayudando a la otra parte en su calamidad. Una experiencia de compasión como esta genera oración y fe. Porque su fe ha sido un creer solidario. Desde lo pequeño o lo mucho, hacemos y damos compasión. La compasión puede ser una brújula de nuestra labor pastoral y de lo que predicamos en esta tierra.

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La compasión tiene implicaciones con la dignidad humana, la paz y la lucha por la justicia. No importa de qué creencias religiosas seamos. Ser compasivos es una característica fundamental a la que está llamado todo ser humano. Una compasión configurada desde Dios requiere que las diversas situaciones de dolor y sufrimiento en el ser humano, esté en un constante análisis, reflexión y lucidez para el pleno sentido que guarda la compasión.

4. ESPACIOS SOCIALES NECESITADOS DE COMPASIÓN HOY

Hay escenarios sociales necesitados de compasión. Con rostros, nombres y lugares específicos. La realidad del trabajo infantil en la República Dominicana es uno de ellos. La vida clama demandando compasión en pro y en favor de tantos niños y niñas que son maltratados y explotados a nivel laboral en la nación caribeña. Lo más triste y complicado de todo, es que en pleno siglo XXI, donde se supone que este tipo de situaciones no han de darse, son reales en estos momentos. Podemos decir, que hay muchas instituciones a nivel de estado, fundaciones y organizaciones internacionales que hacen un gran esfuerzo, pero la cantidad de trabajo no es poco. Más aún, se hacen esfuerzos a nivel del Estado Dominicano, pero luego desaparecen sus esfuerzos y políticas a la velocidad de la luz.

Este un problema social que genera una mirada compasiva que lleve a la acción en pro de una transformación social. Los campos de la región sur de la República Dominicana, específicamente en las zonas rurales de la provincia de Elías Piña; allí el trabajo infantil es evidente. Nos podemos encontrar con niños y niñas que trabajan la agricultura y la crianza de ganado. Siendo así una realidad que causa gran conmoción.

Pensamos que es una situación social que necesita compasión. Donde muchas veces en dichos espacios, es costumbre que los niños hasta dejen de ir a la escuela para dedicarse al trabajo de la tierra y al cuidado de animales. Planteamos que si la compasión es un sentimiento que nos vincula con los semejantes que lleva a compadecerse de los que sufren, estamos diciendo que el trabajo infantil en la República Dominicana es un espacio que necesita compasión. Una atención de parte del estado y de las demás instituciones sociales.

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4.1 Una realidad que nos interpela

Para ubicarnos y contextualizar un poco lo que estamos tratando, la provincia de Elías Piña es la más pobre del país. Así el Programa de las Naciones para el Desarrollo (PNUD), dice lo siguiente:

La provincia de Elías Piña está ubicada en el extremo oeste de la República Dominicana y pertenece conjuntamente con San Juan a la región de planificación El Valle. Es una de las 5 provincias fronterizas, abarcando el 39.8% de toda la frontera con Haití. La provincia está compuesta por seis municipios: Comendador, Bánica, El Llano, Hondo Valle, Pedro Santana y Juan Santiago, siendo Comendador la cabecera provincial y municipal que constituye el centro de comercio y servicios de la provincia.9

Como podemos notar, es una provincia fronteriza. Considerada hasta estos momentos la más deprimida social, política y económicamente hablando de la República Dominicana. Gran parte de los infantes que habitan en sus tierras son de estrato social pobre, muchas familias se encuentran sumidas en la miseria. Es decir, por debajo de los índices considerados como pobreza. Constatamos que en muchas familias de los campos de la sociedad dominicana que un infante trabaje es signo de que será un buen hombre o una buena mujer. Que haga cosas parecidas a sus padres con respecto a esta dimensión, muestra en muchas familias que los infantes son agentes de entereza, moralidad y rectitud. Es decir, para ellos es visto como algo bueno y válido porque sus familiares también fueron formados de esa manera.

El mismo informe de las Naciones Unidas para el desarrollo plantea que las condiciones de vida en dicha provincia son complejas y podemos decir desde nuestra interpretación, que son las razones que se dan para que este tipo de situaciones acontezcan con referencia al trabajo infantil, como problema humano necesitado de compasión. “Elías Piña es la provincia más pobre del país lo que indica que concentra el mayor porcentaje de población viviendo en pobreza extrema en el país. La situación de privación y falta de oportunidades de la población se manifiesta en todas las áreas en la provincia”.10

Esta es una población que expresa bastante vulnerabilidad. Como podemos ver, eso significa que tenemos muchos niños y niñas, y no solo en la provincia de Elías Piña, que se dedican plenamente o a medio tiempo al trabajo. Lo que permite afirmar que no están

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Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, “Perfil socioeconómico y medio ambiental”, 208.

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haciendo ni viviendo lo que hacen los niños en estas etapas de sus vidas. Según la UNICEF:

Los niños y adolescentes en trabajo infantil suman 304 mil. Este número con respecto al total de personas entre 5 y 17 años de edad es equivalente a una tasa de 12%. Los niños y adolescentes en trabajo infantil representan el 79% de todos los ocupados en la producción económica. Esto indica que, de cada 100 niños y adolescentes ocupados, casi 80 se encuentran realizando trabajos que no son aptos para personas menores de 18 años.11

El trabajo infantil en Elías Piña nos debe interpelar. Reconocemos que muchas veces no sabemos qué hacer, pero si tenemos la seguridad de que es importante caminar hacia algo. Pensamos que no hay más mirada compasiva desde Jesús que aquella que es capaz de condolerse del dolor ajeno. Solo hay que recorrer los campos de esa bella provincia, con sonrisas y paisajes naturales espectaculares. Pero un lugar donde habitan niños y niñas sufridos por el trabajo infantil. Más aún, el nivel de pobreza es tal, que hasta ya se ha convertido en una cultura de la pobreza. Donde se cuenta con potencialidades y unos que otros recursos, pero la desesperanza y la falta de formación, no les permite darse cuenta de que pueden salir adelante.

Podemos pensar cuales son esos motivos que han dado lugar para que el trabajo infantil sea tan latente en esta zona, y es como toda zona fronteriza en muchos de nuestros países latinoamericanos, lo que sobra es lo que se envía para allá y en muchas ocasiones no se envía nada. A la vez nos encontramos con un aspecto fuerte, y es que ya se ha convertido en un modo de ser y de vivir. Es una realidad donde la vida clama invitándonos a movernos y a compadecernos de esta situación. Un sufrimiento con rostros vivos, con nombres y procesos.

La República Dominicana contiene en sus leyes la ilegalidad del trabajo infantil y por ende es condenatorio, pero esto en el día a día no se persigue. Comprendemos que más que perseguir, reprimir y condenar, que es importante en esta vertiente se necesita crear políticas educativas, comunitarias, sociales, y familiares para ir trabajando este mal. Lo que estamos diciendo es que exista una real política de seguimiento constante y

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Fondo de Naciones Unidas para la Infancia, “Dinámica del trabajo infantil en la República Dominicana”, 17.

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acompañamiento en este tema. La palabra constancia en este tema es determinante porque creemos que es eso lo que hace falta.

Reconocemos que existen muchas fundaciones de la Iglesia Católica que trabajan mucho desde este campo, por lo cual se convierten en instituciones promotoras de compasión en medio del dolor. Que se gastan y se entregan constantemente en pro de una cultura y una vida de compasión. Allí es claro que su filosofía son el amor y la misericordia. Impulsadas por el deseo y las ganas de servir a Dios por medio de su pueblo. Elías Piña es una porción del pueblo de Dios que quiere cada vez más, caminar hacia un desarrollo humano y espiritual, deseando que el ejercicio de la misericordia se constituya en una acción transformadora de la situación.

5. EL CIEGO BARTIMEO Y EL ENCUENTRO CON JESÚS MC 10, 46-52

El evangelista San Marcos en su capítulo 10, 46-52, nos narra el encuentro de Jesús con el ciego Bartimeo. Un vivo pasaje de la compasión de Jesús por su pueblo. La curación de este ciego está llena de detalles especiales de parte de Jesús, Bartimeo y sus discípulos. Donde el maestro pasa delante de este pobre hombre que está tirado a un lado del camino. Son hechos, sucesos y procesos que nos hablan en vivo y en directo. Bartimeo es el vivo reflejo de una sociedad que margina, no permite acercarse y quiere enmudecer las voces de los más necesitados de este mundo. Pero la voz de este hombre al llamar a Jesús, no se detiene, mientras cada vez más quieren callarle el habla más fuerte. La compasión muchas veces nos llama una y otra vez y no somos capaces ni de siquiera prestarle atención. Los seguidores de Jesús lo que hacen es tratar de que este hombre sufrido no se acerque a Jesús. Pero Jesús sabe y conoce lo que pasa alrededor y pide que le lleven al hijo de Timeo, le da la curación y el ciego sale en camino siguiendo a Jesús, dando gracias y reconociendo que Jesús es el Hijo de Dios.

Es una escena evangélica que se encuentra inserta en un momento importante de la vida pública de Jesús. Donde es tangible el amor y la misericordia de parte de Dios. Jesús hace una curación en público, por lo tanto, es la misericordia de Dios operativa en medio de

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todos. Ver cómo Dios obra entre la multitud, en la vida ordinaria y común. El encuentro con este mendigo al borde del camino es el mayor signo de compasión y muestra de amor de que el Reino de Dios es de los más frágiles y pequeños de este mundo.

5.1 Ceguera y contemplación

Nos encontramos hoy con cegueras humanas que nos imposibilitan la mirada y el deseo de ver los lugares y personas necesitados de compasión. Estamos distraídos en un sinfín de situaciones, ofertas y realidades que nos apartan de nuestros horizontes más importantes. El ser contemplativos en la acción demanda de nuestra persona poder contemplar a Dios actuando en las acciones misericordiosas de este mundo. Mirando a Dios Creador, dándose en las vidas y corazones de los pequeños de nuestra historia y presente.

San Ignacio de Loyola en sus Ejercicios Espirituales nos habla de que Dios se nos da de distintas formas y maneras en este mundo. Un Padre generoso que es movimiento y creación de los elementos creados.

El segundo mirar cómo Dios habita en las criaturas, en los elementos dando ser, en las plantas vegetando, en los animales sensando, en los hombres dando entender; y así en mí dándome ser, animando, sensando, y haciéndome entender; asimismo haciendo templo de mí seyendo criado a la similitud e imagen de su divina majestad.12

Y es desde estas formas y modos como Dios se comunica a sus criaturas, mirándonos con ojos de acogida, familiaridad y amor. Jesús es el misericordioso que habita en las buenas obras de este mundo, más aún, en las compasivas. El Señor acompaña nuestro dolor y nos cura regalándonos su perdón que es fuente de reconciliación. Quien nos interpela hacernos capaces de darnos cuenta y accionar ante el dolor humano.

5.2 Bartimeo y la situación en la sociedad dominicana

El pasaje evangélico que tenemos de fondo y tras lo cual queremos seguir analizando y reflexionando, es la curación al ciego de Jericó. Un hombre que, tras su curación, en medio de toda la realidad de agobio y desesperanza supo dejarlo todo y seguir al Señor. Él es un vivo ejemplo de lo que es encarnar en la propia vida el dolor humano y

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ser protagonista de la indiferencia e insensibilidad en la cual hoy vivimos. Bartimeo es signo de la vulnerabilidad de todos hoy en materia de salud, educación, vivienda, etc, en el que estamos necesitados en América Latina y más específicamente en República Dominicana, de una real y efectiva política de calidad a nivel social. Yendo más allá del poder del dinero de la riqueza, del dominio y de la corrupción de nuestros gobiernos. “El ciego no pide un signo de dominio; simplemente quiere ver, vivir en plenitud. Jesús descubre y valora su fe, y le responde que vaya y vea, viviendo en libertad, conforme a su deseo. Pero él en vez de marchar se une a Jesús y le sigue, subiendo con él hacia Jerusalén (10,52b)”.13

Bartimeo es un hombre con una historia, tal vez cargada de fracasos, dolor y desesperanza. Pero su vida ha cambiado rotundamente con Jesús. Ese devolver la vista a Bartimeo no es solo una curación física, sino que también espiritual.

En este pasaje evangélico de Marcos 10, 46-52, es notorio que Jesús hace nuevas todas las cosas, renovando tantas situaciones de menosprecio, sufrimiento y marginalidad humana en nuestro mundo. La compasión hemos de comprenderla como una acción interior que se manifiesta a lo interno siendo capaz de ir va más allá de un aspecto de solo justicia como muchas veces pensamos. Ésta traspasa las fronteras de una ley rígida y normativa, como la que se vivía en tiempos de Jesús y pasa a celebrar una verdadera vivencia de la alegría del Evangelio.

Los bartimeos de hoy no son pocos, a quienes les pasamos por delante de sus vidas y ni siquiera le miramos ni escuchamos sus clamores. Una sociedad que sí tiene muchos valores, potencialidades y oportunidades, pero también vemos su rostro de desprecio, olvido e indiferencia hacia tantos que necesitan siquiera de nuestra mirada compasiva desde el amor y la fe en nuestro Señor.

La invitación que Jesús nos hace es a comprender que la compasión es don y compromiso de un corazón que se abre al otro, desde latidos humanos de comunión junto a Dios es presencia constante en medio de nosotros. “Nuestro mundo necesita, más que nunca, de mujeres y varones llenos de misericordia, cercanos, transparentando la cercanía

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de Dios que consuela, camina con su pueblo y engendra esperanza”.14 Bartimeo es el terreno fértil donde Jesús sembró esperanza. De nuestra parte queda seguir construyendo un Reino de compasión desde nuestros espacios cotidianos.

La compasión de Jesús a Bartimeo no fue una simple curación para que todos vieran que Él era el Mesías, sino que con ello se pone de manifiesto su inclinación personal al mendigo de Jericó. Es así como podemos afirmar que: “El ciego en el camino representa al género humano irredento”.15

Todos necesitados de que Jesús nos continúe sanando y enviando como al mendigo. Donde las palabras y acciones del Señor no son pasivas, sino todo lo contrario, fuertemente activas. Jesús lo que hizo por el ciego fue compartir su amor con él. A lo que hoy nos preguntamos: ¿Somos conscientes en la comprensión de la compasión como exigencia, solidaridad y camino con los otros desde la presencia de Dios? Jesús con la curación al ciego Bartimeo continúa construyendo comunión y relación con los que sufren y son maltratados en este mundo.

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Gelabert Ballester, “Sentido teológico de la compasión”, 221.

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II CAPÍTULO

APROXIMACIÓN SOCIOLÓGICA

1. REALIDAD DEL TRABAJO INFANTIL EN ELÍAS PIÑA (PROVINCIA DE LA REGIÓN SUR DE LA REPÚBLICA DOMINICANA).

1.2 La cruda realidad del trabajo infantil

La región sur de la República Dominicana está compuesta por 10 provincias en su totalidad. Una de estas provincias es Elías Piña. Ubicada al suroeste de la isla de Santo Domingo. Dicha provincia pertenece política y administrativamente a la región El Valle. Hace frontera al oeste de la isla con la República de Haití. Se le considera el territorio provincial con la mayor cantidad de kilómetros fronterizos con Haití, comparados con las otras provincias fronterizas como son Pedernales, Independencia y Dajabón. Depende exclusivamente de la agricultura y del comercio fronterizo.

A nivel histórico, Elías Piña tiene una importante relevancia, lo cual le ha dado su posición en el país, considerada como una ciudad de fuertes luchas independentistas y de una fuerte identidad social dominicana.

La historia documentada sobre la evolución espacial de la provincia se remonta a los tiempos de la colonización. Los poblados más antiguos son los de Bánica y Comendador, la actual ciudad cabecera, que se establecieron en el siglo XVI y XVII, respectivamente. Sin embargo, éstos no adquieren carácter legal como demarcación político-administrativa sino hasta 1907.16

Elías Piña es considerada como una de las provincias con mayores índices de necesidades en materia de salud, alimentación, empleo, educación y vivienda. Por lo que es

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considerada la provincia más pobre. Una tierra productora de una amplia variedad de alimentos para el consumo humano y de un potencial comercial con Haití bastante considerable. Este tipo de situaciones son muy evidentes en gran parte de las provincias del sur dominicano. Ello nos invita a emprender grandes caminos de construcción y desarrollo humano en las personas de esta provincia. Se necesita un esfuerzo considerable en lo referente a la formación a las familias, la distribución de tierras entre los campesinos, educación, salud y vivienda digna. Comprendemos que es un esfuerzo entre todos los actores para ir contrarrestando las distintitas realidades de pobreza y marginalidad social presentes en Elías Piña. Más aún, tenemos por delante la gran tarea de crear consciencia en contra del trabajo infantil presente en los campos y en la ciudad de esta provincia.

La realidad del trabajo infantil en la región sur dominicana y más específicamente en Elías Piña, es un drama social y teológico, que demanda de nuestra parte una comprensión de la situación social que vive la gente y su modo de ser, costumbres e interacciones con el entorno. Básicamente en esta porción geográfica de la República Dominicana, el trabajo infantil se da en el campo y en un muy bajo número, en la ciudad. Su población se dedica mayoritariamente a labores tales como: el cultivo y la siembra de aguacate, vegetales, piña, víveres y otros alimentos. Así como también a la preparación de terrenos y cuidado de animales. La dinámica en la ciudad es desde la venta de productos en las calles como son ropas, plásticos, bebidas, limpiadores de calzados y las llamadas comidas rápidas. Nos causa mucha sorpresa que el 75% de los niños y adolescentes que se encuentran en el trabajo infantil, son masculinos. En este sentido la Oficina Nacional de Estadística nos comparte el dato que veremos a continuación: “…la tasa de niños y adolescentes activos es igualmente desigual; de 18% y 6%, respectivamente. Según grupo de edad y sexo, la tasa de niños menores de 14 años es de casi 15%, y la de los adolescentes alcanza el 26%”.17 Como vemos, tenemos una tasa considerable de niños y adolescentes en situaciones vulnerables. Por ello, desde la teología podemos ir reflexionando y accionando en pro de una transformación de esta realidad desde lo que Dios nos dice en una sintonía con la vida que nos interpela.

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Toda esta realidad de niños sumergidos en el penoso mundo del trabajo infantil, teniendo como suelo nutricio la compasión de Jesús, conlleva la necesidad de asumir la pasión que viven estas personas en situaciones de dolor. Es decir, la compasión implica que miremos el dolor y reflexionemos acerca de la vida de estos pequeños y nos traslademos a su lugar humano y espiritual en el cual se encuentran. Urge tomar conciencia desde el acompañamiento social y político a estas situaciones dolorosas. Reconocemos que en muchas ocasiones nos encontraremos con la situación de que no tendremos nada que darles, pero pensamos que lo más importante es que estemos a su lado y no permitir que sufran solos las situaciones de trabajo forzoso y menosprecio de gran parte de este mundo. Una lectura que se puede hacer en clave teológica nos lleva a reconocer la compasión como una de las virtudes más nobles del ser humano que encarna el dinamismo de la salvación que Jesús nos ofrece.

Lo que se encuentra en lo más profundo de esta situación es que los niños y adolescentes que están sumergidos en la triste dinámica del trabajo infantil lo hacen porque sus padres no tienen empleo, por situaciones de costumbres o por el bajo nivel de formación y escolaridad de sus padres. A partir de los anterior es posible afirmar que el trabajo infantil guarda en sus entrañas razones muy particulares y únicas que no pueden ser toleradas ni permitidas en ningún lugar de este mundo. Con esto les estamos quitando una de las etapas más preciosas a un ser humano como lo es la niñez.

1.3 Una realidad que nos interroga

Desde la persona de Jesús, conviene preguntarnos: ¿qué diría Él ante estos dramas humanos? Podemos deducir que el mismo Jesús acompañaría a estos niños y a sus familias, y haría ver a las autoridades responsables que este tipo de trabajo es inhumano, que no existe un cuidado y una protección hacia nuestros niños hoy.

Como seres de corazón y compasivos ante el dolor humano, miramos que es una situación, social y política que merece de nuestra parte una especial y profunda reflexión. Desde lo más fundamental que encierra la compasión, ella quiere denunciar y transformar esta realidad. La compasión tiene algo único: y es que aquí en este problema, nos impulsa, ante todo, hacer algo con miras a cambiar esta realidad que destruye la armonía con la vida.

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Ante este dolor humano, todo nuestro cuerpo está interconectado desde Dios en relación de unos con otros, para darnos cuenta, ser solidarios y cooperar con esta causa.

En la República Dominicana y de manera muy específica en la región sur, nos encontramos con unas limitadas ofertas de empleos y trabajos que generan en la vida de las familias graves y complejas situaciones. Regularmente esto hace que muchos padres tomen la triste decisión de enviar a sus hijos a los trabajos en el campo y en la ciudad. Generando así, estrategias de sobrevivencia para tener algunos ingresos, además de lo poco que ellos mismos llevan al hogar. Podemos encontrarnos con muchos niños y adolescentes que a la hora de preguntarles cómo llegaron a trabajar allí, nos digan que sus padres los enviaron porque en la casa ya no había nada para comer.

La presencia del trabajo infantil está asociada con altas tasas de desempleo y de empleo informal. El sector informal se define como aquel que incluye actividades generadoras de ingresos llevadas a cabo por la mayoría de pobres urbanos que van desde las que generan los menores ingresos, como recoger y seleccionar basura, limpiar zapatos, hasta empresas más productivas con varios empleados como la pesca a pequeña escala, minería, explotación de canteras, actividades agrícolas y comerciales.18

Con la dinámica del trabajo infantil, nos encontramos con otro elemento que no es el factor económico al que podríamos considerar como la mayor razón, sino más bien la comprensión que tienen sus padres de que este trabajo es formativo. Para vastas familias, de manera muy especial las de Elías Piña y más las de la región sur, el trabajo en los hijos es parte importante de la vida en su crecimiento humano. Pues se tiene la noción que mientras más los niños y adolescentes trabajan, mejores seres humanos serán. De alguna manera nosotros estamos de acuerdo con algo de esta visión con este modo de formar, pero no en la idea de hasta sumir a la persona en esta etapa de su vida, por completo al solo trabajo, que en gran parte de los casos es explotación. No es lo mismo un niño o un adolescente que ayuda a sus padres con labores domésticas o de otro tipo, siempre y cuando sea algo puntual, que lo haga con total regularidad sumiendo al niño y al adolescente en situaciones forzosas y de dolor.

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1.4 Un llamado a la solidaridad

Al mirar y darnos cuenta de lo que causa el trabajo infantil en la persona misma, en su familia y en la sociedad, nos sentimos invitados a volcarnos para afrontar este mal con una actitud solidaria, en el que la solidaridad es vecina de la compasión. Esta solidaridad, mueve desde lo más profundo, a reaccionar responsablemente ante las situaciones humanas y los dramas sociales. La perspectiva compasiva es ir al encuentro de estos niños y adolescentes para darles vida, abrigo, alimento y calor humano como nos pide Jesús (Cfr. Mt 25, 34-40). La invitación es a movilizarnos para ayudar a contrarrestar este mal social; movilizarnos para una construcción de una humanidad libre de trabajo infantil, donde nuestros mayores aliados son la solidaridad, la igualdad humana y la esperanza.

Un tema que merece de nuestra parte, toda la atención es la educación de los niños y adolescentes que se encuentran sumergidos lastimosamente en esta realidad. Como muy bien comprendemos, la educación es el camino por el cual la persona puede salir de la pobreza y marginalidad. Por ello es central que se piense una educación que dé respuestas y acompañe a las personas que están sumidas en estas situaciones sociales y a la vez que se preocupe por integrar a aquellos que son los responsables de que esta cultura del trabajo infantil sea una constante, más aún de manera muy especial en Elías Piña. Vemos que la razón de este drama de explotación es la falta de oportunidades y la ausencia de servicios básicos, acompañado de la poca formación educativa de muchos de los pobladores de esta provincia y región.

Jesucristo se hace visible en el dolor humano latente en estas realidades de necesidad evidenciadas en el trabajo infantil. Su compasión llega hasta los más lejanos corazones de los niños y adolescentes que con sus rostros llenos de esperanza, tienen derecho a no ser explotados. Jesús condena esta situación. Realidades que no son sólo latentes en un área geográfica o en un pueblo y una ciudad específica de la República Dominicana, sino que también en otras partes del mundo. El Señor nos invita a compadecernos como Él ante este dolor humano, especialmente ante el dolor de los pequeños, frágiles, débiles y vulnerables de este mundo, a quienes debemos proteger y cuidar.

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Pensamos que la compasión de Jesús ante el trabajo infantil se hace realidad, en las manos, los corazones y los recursos materiales que tienen muchas organizaciones y personas en contra del trabajo infantil, hombres y mujeres que luchan por eliminar esta explotación, donde las vías para ir saliendo de este mal general es la familia y la educación. Para quienes están luchando en contra del trabajo infantil, es comprensible que se están enfrentando a un problema que se ha convertido en una cultura, en un modo de ser y actuar de muchas familias con sus hijos. El Señor llega a esta realidad, sintiendo con ella, invitándonos a un accionar por la vida de los más pequeños.

En estos momentos el mundo vive fuertes tensiones y quiebres a nivel humano y social. Por nuestra mente no pasa que actualmente el trabajo infantil sea una realidad y lo es. Encontrar el rostro sufriente de Jesús en estos niños y adolescentes, nos invita alzar la voz en contra de los sistemas y estructuras actuales que debilitan una convivencia humana. La compasión de Jesús es transformadora de situaciones, lugares y personas que necesitan liberación. Ahí en el trabajo infantil hoy, continuamos crucificando a Jesús. Ante este dolor, al Señor se le conmueven las entrañas por la ceguera que vive la sociedad, de manera especial la dominicana debido a esta situación. Jesús se solidariza con los niños y adolescentes explotados y marginados principalmente por quienes tienen que velar por su seguridad y protección; “el interior de Jesús se conmueve ante la vista de la miseria, el dolor o la desgracia humana”.19

2. CEGUERAS DE LAS AUTORIDADES DOMINICANAS

2.1 Respuestas insuficientes ante el problema del trabajo infantil

Da mucho dolor y angustia, la sordera y la ceguera consciente e inconsciente de las autoridades de la República Dominicana con respeto a esta situación social que vive el país. Es algo que nos causa conmoción y desesperanza. Las políticas sociales y públicas que emprende el gobierno dominicano son de corta duración, es decir, resultan siendo respuestas fugaces, donde no existe una clara política de lucha en contra de la explotación

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infantil. Se publican artículos, se hacen de vez en cuando algunas campañas, pero no basta, hace falta más que eso. Por tanto, se necesita una política de estado seria y sistemática, que agrupe a personas e instituciones que trabajan el tema de manera constante. Una actitud urgente es de integrar dentro de la dirección del estado el tema del trabajo infantil. Las respuestas que se ven actualmente son realizadas por instituciones que están más allá del gobierno central. De manera muy especial instituciones internacionales como es el caso de la UNICEF y nacionales, como por ejemplo la Fundación La Merced. Éstos son como una especie de regalos que Dios da a la República Dominicana en su lucha contra el trabajo infantil en todas sus dimensiones.

Según el Departamento de Trabajo de los Estados Unidos, a través de su embajada en la República Dominicana, concluyó que el país ha tenido un avance muy mínimo en su lucha por erradicar el trabajo infantil. Esto es lo que nos dice el Departamento del Trabajo de los Estados Unidos: “los niños en la República Dominicana participan en las peores formas de trabajo infantil, incluso la agricultura y la explotación sexual comercial, a veces como resultado de la trata de personas”.20

Si bien se ha realizado un gran esfuerzo de parte del estado dominicano por ir instaurando iniciativas para sacar a los niños y adolescentes de este tipo de explotación, no ha significado un avance, debido a que antes del año 2014, si los niños no tenían actas de nacimiento no podían ser inscriptos en las escuelas públicas y privadas. Ya a partir del año antes mencionado, todo niño y adolescente puede asistir a la escuela sin una declaración de nacimiento. Esto confirmado por el Ministerio de Educación de la República Dominicana, por medio de un comunicado emitido a la opinión pública nacional el 16 de abril del año 2014.

Actualmente es muy notorio ver a muchos niños de descendencia haitiana, trabajando en el comercio informal de manera muy especial en las zonas urbanas de algunas ciudades, quienes no asisten a la escuela porque muchos de sus padres o tutores, creen que no podrán asistir sin su acta de nacimiento. Podemos afirmar que ha habido más inversión en la educación dominicana que ha pasado del 1.8% al 4% del PIB a partir del

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Embajada de los Estados Unidos en la República Dominicana, “Conclusiones sobre las peores formas de trabajo infantil 2016”.

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año 2012. La realidad es que muchos de los niños y adolescentes que se encuentran en situaciones de trabajo, específicamente en los campos dominicanos, no tienen un acta de nacimiento, ni mucho menos sus padres. Esto genera complicaciones muy serias a nivel de su escolaridad y dificultades relacionadas con cuestiones de tipo formales para un claro registro civil.

Tal y como el Ministerio de Educación señaló el 16 de abril de 2014: “el gobierno dominicano garantiza el libre acceso a la educación de todos los niños, niñas y adolescentes, sin importar su nacionalidad, estatus migratorio y aunque no cuenten con sus actas de nacimiento, en cumplimiento de una política del Estado dominicano de equidad e inclusión social…”.21

En este sentido, podemos pensar que cada vez existen más cegueras de parte de las autoridades dominicanas, principalmente aquellas responsables de las políticas públicas de enfrentar este problema. El gobierno si bien apoya con campañas, no va más allá de éstas. Hace falta un trabajo sistemático, perseverante y sostenible humana y económicamente hablando, que sea capaz de llegar a la población en todas sus estructuras, de manera muy especial a las familias más pobres y vulnerables. Una política que involucre a todas las iglesias, instituciones educativas, clubes, centros sociales, barrios y empresas privadas, tratando de incentivar el desarrollo de los pueblos y campos más pobres.

Constantemente nos preguntamos qué es lo que no hace que los gobiernos de la República Dominicana no miren este hecho humano tan evidente a nuestros ojos. Pensamos que la política de éstos es realizar megaproyectos de envergadura a nivel físico que son visibles; en cambio, inversiones a nivel humano, no es rentable, según sus conceptos. O tal vez es que no saben cómo enfrentar la situación. Es muy notoria una cultura de la poca reflexión e investigación en este campo. Más bien se hacen actividades de vez en cuando sin la regularidad propia de los procesos, a la vez reconocemos que no todos los que tienen la responsabilidad de luchar contra el trabajo infantil son irresponsables y poco serios con el asunto.

21 Ministerio de Educación de la República Dominicana, “Educación garantiza inscripción de estudiantes sin

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2.2 El reto de atender adecuadamente al trabajo infantil

Según lo anterior, hace falta inversión y formación en el campo. Más oportunidades para las familias de la ciudad. Elaborar materiales e incluir dentro de los libros de textos dominicanos, la problemática del trabajo infantil.

Hace falta formar al pueblo, de manera que vea cuáles son los problemas que vive y las causas que generan estos dramas sociales. Mejorar la calidad de la educación y acompañar los procesos de las escuelas rurales con entereza y seriedad. Velar para que los gobiernos caigan en la cuenta de que no es un favor qué hacen al país, sino que es su compromiso como servidores públicos. Quienes están más de cerca de las situaciones sociales que vive la República Dominicana, deben ayudar a tomar conciencia de la importancia de ir integrando a trabajadores sociales en este tipo de trabajo que se les ha impuesto a los niños y adolescentes.

La teología aquí tiene mucho que decir a los gobiernos; la Palabra de Dios es fuente central del anuncio y la denuncia. Jesús cuestionó a muchas de las autoridades de su tiempo por el poco vínculo de ellos hacia el dolor ajeno, por su indiferencia ante los que más sufren. Hoy más que nunca Jesús alza su voz ante la falta de compromiso social del estado por esta triste realidad humana que vivimos a diario. Niños y adolescentes que, en vez de vivir bajo el amor, el cuidado y el respecto, se encuentran sumergidos en realidades lastimosas del desprecio, el maltrato, la violación y el desinterés por parte de la sociedad. Jesús compasivo mira esta realidad como aquella que vio en el ciego Bartimeo (Cfr. Mc 10, 46-52), tirado al borde del camino y alza su voz contra ella. Pone en medio este dolor humano y pide de parte del gobierno responsabilidad, prioridad y acciones concretas en pro de una niñez y adolescencia libre del trabajo infantil.

Podemos mencionar que, en los últimos cinco años, el Estado Dominicano ha venido realizando actividades en pro de una sociedad libre del trabajo infantil en todas sus dimensiones. El asunto es que cada vez más las autoridades de la República Dominicana caigan en la cuenta de que este tipo de situación lamentable es una explotación que no va a favor de los derechos de los niños y adolescentes. Este trabajo causa daños a nivel físico, psicológico, educativo y moral. Nos encontramos en una sociedad sumergida en extremos; existe un sobre exceso de protección que no deja que los más pequeños vivan su etapa de

Referencias

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