La Educación del Ser en el marco de la Filosofía para Niños: El niño como centro del proceso de aprendizaje

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Texto completo

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Trabajo Fin de Máster

La Educación del Ser en el marco de

la Filosofía para Niños:

El niño como centro del proceso de aprendizaje

The Education of Being within the

area of Philosophy for Children:

The child as the center of the education process

Autora

Cristina Rivero Merino

Director

David Pérez Chico

Facultad de Educación

Máster en Profesorado de Secundaria 2018/2019

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ÍNDICE

1.

Introducción………..………….………3

2.

La Filosofía y el niño……….………5

2.1

El método Lipman: Filosofía para niños….8

2.2

El niño filósofo de Jordi Nomen…………10

3.

El cambio más allá de la filosofía…...……17

3.1

La educación del ser………..…19

4.

Propuesta educativa………...….…27

5.

Conclusión………...………....30

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1.

Introducción

Desde los albores de la filosofía, la figura del niño ha sido una pieza fundamental en un sinfín de teorías que lo sitúan como un ideal (creativo, poderoso, sabio, libre, inocente…), un estado de armonía y perfección del que nos alejamos al crecer y dejar de fascinarnos con el mundo, un estado con el que soñamos, al que deseamos volver, y al que nunca podremos regresar. En Rousseau el niño es la libertad lejos de las convenciones socioculturales; en Nietzsche, el paso previo al superhombre, cargado de creatividad y voluntad de poder; en el Gorgias, se expone que solo los niños pueden hacer filosofía… Y, sin embargo, todos estos filósofos que sueñan con volver a ser niños se enredan en teorías que consideran demasiado elevadas y reservadas solo a mentes maduras y complejas.

Idealizan al niño, pero lo han desterrado de la filosofía, no tiene más papel que el de ser una figura idílica a la que nunca podremos volver, pero con la que soñamos a la par que, fuera de nuestras ensoñaciones y de vuelta a la práctica, olvidamos en un cajón hasta que crezca lo suficiente para sumergirse en las profundas y aterradoras profundidades filosóficas.

Lo mismo sucede con la educación, nace por y para el niño, para moldear las jóvenes mentes y llenarlas de saberes y conocimientos, surgen debates acerca de cómo educar mejor, qué asignaturas debemos dar, a partir de qué edad, cuando debería comenzar la escolarización, o a cuándo debería introducirse el bilingüismo.

Pero hace tiempo que la educación olvidó al niño, por mucho que lo esconda, en su centro no hay más que una carcasa vacía llena de leyes educativas cambiantes al son del giro político, así como docentes que o bien nunca quisieron serlo y llegaron a la educación por efecto rebote, o docentes carcomidos por el sistema que han ido empequeñeciéndose cada vez más, que han olvidado como innovarse.

Por supuesto, existen también grandes docentes que saben acercar sus asignaturas a los alumnos, y son un gran referente, así como una importante figura de apoyo para cientos de estudiantes, cuya vida se ve influida sobremanera por su paso por el sistema educativo. Pero hemos olvidado al niño.

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4 Los temarios permanecen, con ligeros cambios; los métodos, son los mismos; los recursos, escasos; y poco a poco el alumno que accedió por primera vez al sistema educativo, lleno de curiosidad, creatividad y ganas de aprender, se desvanece en un fantasma de sí mismo, condenado a mantenerse seis horas en una silla, recibiendo una sarta de conceptos y teorías que nada tienen que ver con su persona, a simple vista, y que considera inservibles.

¿Cómo hemos llegado a eso? ¿Cómo hemos podido olvidar al niño?

Considero que este olvido es tremendamente significativo, por lo que en mi trabajo propongo un nuevo modelo, un nuevo paradigma educativo, una suerte de amalgama entre las teorías de Matthew Lipman (Filosofía para Niños) y las teorías de Luis Cacho (La Educación del Ser), las cuales parten del alumno como figura central del aprendizaje, revolviendo el edificio educativo y cambiando sus pilares para sostenerlos sobre el niño, esa figura libre, inocente, creativa; que escapa de la idealización de viejos filósofos para ser el protagonista de su educación.

Considero también la necesidad de una filosofía no solo como asignatura, sino con un carácter interdisciplinar, como parte indispensable del nuevo método a la hora de impartir las diferentes clases.

Confinar la filosofía a unas horas en un aula a la semana es matar el propio espíritu que representa, si queremos enseñar filosofía a los niños, debemos tener en cuenta que, al fin y al cabo, la filosofía también es una niña, que no disfruta tampoco de estar encerrada y que solo quiere seguir jugando, y descubriendo el mundo a su paso.

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2.

La Filosofía y el niño

¿Cómo acercar la filosofía al niño sin que esta le abrume? ¿Es necesario enseñarle a un niño de 8 años cómo funciona el imperativo categórico kantiano?

Hemos elevado tanto la filosofía, la hemos alejado tanto de la realidad que termina por parecer que solo los catedráticos pueden entenderla, y a la hora de enseñarla en los cursos superiores del instituto, saturamos a los alumnos con teorías que se centran en memorizar, pero que, en su mayoría, olvidarán hecho el examen.

Pocos alumnos abandonan el instituto con unos conocimientos reales de filosofía, en muchos casos es la filosofía de 1º de Bachillerato, más centrada en conceptos y dilemas morales, la que realmente se queda en el alumno, mientras que los diferentes autores vistos en 2º de Bachillerato se convierten en una lista de nombres extraños y teorías alejadas del mundo, al menos desde el punto de vista del alumno.

Olvidamos mostrarles que la filosofía está presente en su día a día, que no pertenece a libros polvorientos ni autores olvidados, sino que todos y cada uno de ellos hacen filosofía de forma continua. Es necesario, por lo tanto, hacerlos conscientes de su existencia filosófica.

Lipman (1923-2010) fue un filósofo estadounidense que dedicó una parte de su vida a desarrollar un modelo teórico-práctico que acercase la filosofía a los niños, al aula, de tal forma que el niño evolucionase hacia un pensamiento crítico, así como una conciencia de sí mismo y de la sociedad en la que vive; de tal forma que el “producto final” sea un ciudadano político, capaz de discernir por sí mismo y con gran capacidad discursiva. ¿Cómo logramos esto?

En su libro La filosofía en el aula, Lipman expone, primero, los diferentes aspectos a mejorar en la educación actual (teniendo en cuenta que la primera edición del libro de realizó en 1992, algunos de estos aspectos ya han sido tomados en cuenta y mejorados, pero aún son necesarios muchos cambios en educación).

Considera que uno de los principales aspectos a trabajar es el hecho de que hemos generado un sistema de educación industrial que lleva a los alumnos a memorizar los contenidos para volcarlos en un examen, alrededor del cual se estructura irremediablemente el currículum escolar y la forma de estructurar la clase. Esto se traduce

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6 en que los alumnos no están adquiriendo conocimientos de forma significativa, sino que los adquieren de forma puntual y fragmentaria, lo necesario para superar el trámite calificativo.

Esto es aplicable a todas las materias, no solo a la filosofía.

El alumno medio de secundaria no es capaz de gestionar la ingente cantidad de información impartida en las diferentes materias del curso, por lo que su cerebro termina por discriminar y seleccionar para la memoria a largo plazo pedazos de información que por alguna razón le parecieron más relevantes, por lo que los alumnos salen del sistema con un conocimiento incompleto y fragmentado del cual no han sacado, en la mayoría de los casos, ningún provecho.

Ante esto, Lipman propone, y es algo que en la actualidad se ha implementado o se está intentando plantear en las propuestas de innovación educativa, que enseñemos al alumno no largas listas de eventos y teorías, sino a pensar dentro de la materia, a pensar matemáticamente, históricamente, filosóficamente.

Lipman considera que aprender a controlar una asignatura debería ser como aprender a hablar un idioma, si no logras comunicarte dentro de su lenguaje, realmente no puedes decir que sabes hablar ese idioma (o que controlas esa asignatura) (Lipman, Sharp, Oscayan, 2002).

Los niños no deben aprender filosofía, deben practicar filosofía, y solo así terminarán por hacerla y aplicarla de forma natural a su día a día.

Otro aspecto por mejorar, según Lipman, es la importancia que recibe la capacidad expresiva en educación. No hemos enseñado a los alumnos a comunicar, a comunicarse, a expresar sus ideales y convicciones; así como tampoco les hemos enseñado a ser críticos con su propio pensamiento y a estar abiertos a otras posturas.

Hemos enseñado al alumnado que su trabajo en el aula es permanecer en silencio, sin molestar al docente y al resto de compañeros, sin darle real importancia a si está atendiendo a lo que está diciendo el profesor siempre y cuando no interfiera con el buen funcionamiento de la clase.

Lipman nos llama a incitar al niño a discutir, a expresarse, a cuestionar aquello que no le parezca fiable, y de ese modo afianzar mejor los conceptos; así como recuperar poco a poco esa confianza en sí mismo que muchos alumnos pierden durante su proceso escolar,

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7 acostumbrados a que sus intervenciones en clase son recibidas con, en el mejor de los casos, indiferencia por parte del docente.

En la escuela contemporánea no se pide al niño que participe, sino que permanezca callado. Sin embargo, esperamos que esos niños callados terminen por llegar a ser los emprendedores del mañana, los que den un paso al frente y cambien la sociedad.

Lipman señala que solo devolviéndoles la voz a los niños podrán llegar a ser adultos plenos, seguros de sí mismos y que saben comportarse y expresarse dentro de un debate organizado, ya sea de carácter social, político o de cualquier otra índole.

Es de vital importancia que aprendamos desde jóvenes a expresarnos, así como las normas de respeto y tolerancia hacia los demás y sus opiniones, sin por eso vernos subsumidos al resto de personas.

Por último, Lipman entiende que en las escuelas se ha sucedido una suerte de fragmentación en el currículum, no solo dentro de las propias asignaturas, sino fuera de estas, en su relación con otras. Hemos dividido el conocimiento en cajas, en etiquetas con las que nos sentimos cómodos, y hemos olvidado que todo está relacionado y que todo parte de la misma base: la filosofía (Lipman et al, 2002).

Al incluir la filosofía en el currículum escolar, según Lipman, es posible para los alumnos ver las conexiones que existen entre las diferentes materias, como finos hilos de un tapiz que solo podemos apreciar si nos ponemos muy muy cerca. Podemos ver cómo nació el método científico y cómo se separó del tronco filosófico, cómo el lenguaje se convirtió en una disciplina propia, la importancia de la geometría en el pensamiento filosófico, los primeros pasos de la astronomía. Al intentar alejarse de su origen, las materias han terminado por convertirse en islas con puentes rotos, cuyos habitantes podrían convivir en armonía, pero que se niegan a cruzar de un lado a otro del mar.

Esta idea de la filosofía como el gran tronco del conocimiento del cual se escinden el resto de disciplinas y ciencias, defendida por Lipman en sus obras, no está libre de polémica, y puede resultar problemática a la hora de defender la Filosofía para Niños, ya que es una idea que se encuentra en la base de la teoría, la idea de una materia primigenia que ha perdido el prestigio, pero de la cual salen todas las demás; y en cierto modo pareciera que Lipman justifica la necesidad de estudiar filosofía a través de esta idea de conocimiento inicial.

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8 ¿Cómo mejoramos la educación? ¿Es posible introducir el cambio en solo una asignatura? Para que funcione, el cambio debe darse en todos y cada uno de los aspectos de la escuela, de forma que se vea una mejora de forma integral en el centro, no reducida al espacio físico y temporal de una única asignatura.

Para cambiar la educación, debemos cambiar la forma de educar de los docentes. Es necesario una formación del profesorado que pase por olvidar los antiguos métodos que nos anclan a unos resultados no deseados, y trabajar de forma consciente por un cambio metodológico y personal que no solo cambie la asignatura y la forma de darla, sino de forma íntegra al propio docente; ya que, si el profesorado no está convencido con el nuevo método, terminará por sabotearlo y volver al antiguo, dentro del cual se siente cómodo y en el que sabe cómo actuar, y entonces el nuevo paradigma no habrá servido para nada. ¿Cuál es el método que propone Lipman? La Filosofía para Niños (FPN).

2.1

El método Lipman: Filosofía para Niños

Dentro del marco de la Filosofía para Niños, encontramos un currículum articulado desde preescolar hasta los 18 años, en el cual se abarcan, desde diferentes perspectivas, cantidad de dilemas morales y situaciones que incitan al alumno a pensar, posicionarse y evaluar la realidad y la sociedad en la cual vive.

El currículum se fracciona en diferentes franjas de edad, para las cuales Lipman y su equipo diseñaron diferentes herramientas educativas en el formato de cuentos o historias filosóficas, acompañados de un manual de ejercicios y un manual para el docente que debe acompañar la práctica. Así, los niños se encuentran con novelas filosóficas en las cuales se plantean dilemas morales o situaciones a sujetos de su edad, en momentos que podrían darse perfectamente (y de hecho se dan) en el día a día de los alumnos.

Con estas novelas Lipman busca lograr dos objetivos:

- Los alumnos ven, tengan la edad que tengan, a iguales enfrentándose a situaciones y solucionándolas desde la lógica, la reflexión y el debate; es decir, refleja que la filosofía y el razonamiento no están reservados a los adultos.

- Los alumnos aprecian que se dan dilemas y situaciones filosóficas o que requieren de la filosofía en el día a día, de forma continua; es decir, perciben que la filosofía

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9 existe fuera de los libros “antiguos”, que es algo que está inscrito en el tejido de la realidad.

La filosofía se escapa del aula y se vuelve niña, se vuelve sencilla pero necesaria, y es justo así como conseguimos que los alumnos vayan desarrollando un pensamiento filosófico y un buen sentido crítico.

Partiendo de estos textos, se crean a su alrededor una serie de actividades, presentes tanto en el cuadernillo de actividades como en el manual del profesor que va con cada una de las novelas filosóficas, en los cuales se explica como abordar cada tema, que actividades son más pertinentes, y las preguntas necesarias para encauzar una buena conversación filosófica respecto a cualquier tema que aparezca en la novela.

En el aula se crean círculos de discusión, moderados por los tutores, los cuales intentan en todo momento ser simples facilitadores de la conversación, pero nunca dirigirla ni quitarle la voz y el protagonismo del aprendizaje a los alumnos, cada opinión tiene el mismo valor, siempre y cuando respete las normas básicas del debate y el respeto hacia los otros. Esto provoca un ambiente en el cual el niño no tiene miedo a expresarse, donde sabe que su voz va a ser escuchada y que sus opiniones son tenidas en cuenta.

Sin embargo, considero que el método Lipman sigue siendo un modelo de enseñanza muy estructurado y cerrado en torno a las novelas filosóficas escritas por el propio Lipman, con un marcado temario a través de los diferentes años, que no se adapta al desarrollo del niño, no es un aprendizaje personalizado, sino un método estándar aplicado por igual a todos los niños. Se considera que porcentaje de información, que grado de abstracción puede soportar cada edad, manteniendo en todo momento la uniformidad de la clase, ya que todos avanzan al mismo momento mediante actividades grupales.

Por otra parte, no se tiene en cuenta los diferentes tipos que tenemos de aprender, centrándose en todo momento en la conversación y el lenguaje, no se tienen en cuenta las necesidades de cada niño.

A su vez, debemos considerar que no todos los alumnos participarán por igual en el aula, algunos se expresarán más y otros menos, algunos no dirán nada, o si lo hacen, será por la obligación a hacerlo para ser evaluados. Esto crea un ambiente desigual en la clase, ya que unas voces siempre se escucharán más que otras, por muy bien dirigida que esté la

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10 sesión, y habrá alumnos que terminen por desconectar de la conversación, abandonando por tanto el proceso de aprendizaje.

Por último, tampoco resulta fácil calificar y evaluar el método, es demasiado abstracto, ya que, mientras que las actividades más prácticas podrían ser evaluadas con un criterio más marcado, los debates y conversaciones, incluso mediante rúbricas especializadas, son difíciles de calificar y evaluar.

Es decir, a criterio personal, Lipman marca unas pautas a seguir que de forma abierta resultan atractivas y novedosas, y por supuesto lo son, pero a fin de cuentas sigue proponiéndonos un modelo cerrado, que no tiene en cuenta la diversidad en el aula y que funciona bien para un grupo reducido de alumnos, si bien encaja con una forma más efectiva de impartir filosofía, lejos de los libros de texto de enseñanza memorística. Debemos entonces encontrar un método más abierto, con más posibilidades y que acoja los diferentes tipos de niños en el aula, que entienda las diferentes velocidades de aprendizaje y qué necesita cada uno para desarrollarse de forma óptima.

2.2

El niño filósofo de Jordi Nomen

Jordi Nomen (1965) es profesor de filosofía y ciencias sociales en la escuela Sadako de Barcelona. En su obra, El niño filósofo. Cómo enseñar a los niños a pensar por sí mismos, Nomen hace una defensa de la educación filosófica en niños, tomando en momentos a Lipman como referente, enfocándose en el desarrollo intelectual, personal y social de los niños.

Al igual que Lipman, Nomen señala la necesidad de formar al profesorado no solo en filosofía, sino en la determinada forma de impartirla; es importante que los docentes sean capaces de generar en el alumnado el perfil que se busca, es decir, el de un pensador filosóficamente activo. Expone, además, que los niños se sienten atraídos hacia el mundo, sienten admiración por los sucesos que les rodean, y se hacen preguntas acerca de ellas, unas de carácter más filosófico, y otras más cotidianas, pero el germen ya existe: el niño se cuestiona la realidad, y la ve de forma totalmente diferente a como la ven los adultos, están abiertos a una multitud de respuestas y las consideran válidas siempre y cuando sean coherentes, a diferencia de los adultos, que se vuelven “serios” (Nomen pone como

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11 ejemplo un fragmento de El principito, en el cual conversa con un hombre de negocios que cree poseer las estrellas) (Nomen, 2018).

Los niños, en su inocencia e inicial desconocimiento, explican el mundo con las herramientas que tienen, es decir, desde su propio cuerpo y la naturaleza; algo que ya hacían en la antigüedad a través de los mitos y las leyendas. El niño cree que la lluvia es el llanto de alguien, y los griegos consideraban las tormentas la ira del dios Zeus. Más adelante, el niño considerará otras opciones, se irá formando e irá descubriendo que no hay nadie triste en el cielo que nos moje con sus lágrimas, sino que es todo causa de sucesos meteorológicos.

Debemos, según Nomen, incitar a los niños a pensar fuera del dualismo establecido en la sociedad, escapar del “sí/no”, plantearse que hay más de dos posibilidades, más de dos respuestas (Nomen, 2018). Los alumnos deben poder enfrentarse a un mundo vivo, no inmóvil; un mundo en constante cambio y donde coexisten una multitud de perspectivas que no tiene por qué imponerse unas sobre otras, siempre y cuando sean coherentes entre sí y para con la realidad. Nomen señala que es importante establecer diferencias entre las opiniones y la verdad, porque la verdad no es cuestionable; podemos someterla a pruebas para ratificarla, pero no podemos opinar acerca, por ejemplo, de si respiramos o no. Es obvio que respiramos.

Hay que cultivar, tanto en niños como en adultos, el uso del pensamiento crítico, o “ventana crítica”, en palabras de Nomen; es decir, los niños deben ser capaces de opinar y de defender su opinión, pero también deben ser conscientes de que sus opiniones valen tanto como los hechos y argumentos que usen para defenderse.

Otro aspecto por cultivar es la “ventana artística y creativa”, la imaginación de los alumnos; en este aspecto, se nos llama a tener cuidado de apropiarnos de la imaginación del niño y no dejarle espacio para ejercerla (Nomen,2018). El niño es un ser creador por naturaleza, la realidad que los adultos ya consideran descubierta es un mundo lleno de posibilidades, un lienzo sin abrir. Sin esta imaginación, sin esta creatividad, sin estar abiertos a múltiples opciones y posibilidades, muchos avances actuales no hubiesen salido adelante. Es por ello por lo que la creatividad debe ser tenida en cuenta, según Nomen, como algo central dentro del desarrollo personal del alumnado.

También debemos tener en cuenta la “ventana filosófica”, concentrada en la capacidad de los niños de realizar preguntas en busca de comprensión, la necesidad por comprender no

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12 solo el mundo que habitamos y la sociedad en la que vivimos, sino cómo funcionamos los propios seres humanos. A todos se nos han planteado, en algún momento, las famosas cuestiones de qué somos, por qué estamos aquí y qué pasará cuando muramos. Sin embargo, solemos estar acostumbrados a responder a las preguntas de los niños con respuestas ya aprendidas, cerrando cualquier tipo de reflexión. Nomen nos incita a responder al niño con más preguntas, “¿Por qué crees que es así? ¿Cómo crees tú que sucede esto?”, para que el propio niño encuentre sus propias respuestas, razonando e imaginando las diferentes posibilidades. Debemos tener en cuenta, sin embargo, y así transmitirlo a los jóvenes, que no cualquier respuesta es válida, sino que es necesario que lo que decimos, lo que pensamos y lo que hacemos sea coherente, para que el mundo sea asumible (Nomen, 2018). Los niños aprenden todo a través del ejemplo, ya sea hablar, vestir de una forma determinada, o su forma de comer. Por ello, nosotros mismos, ya sea como docentes, como padres o como simples habitantes de la misma sociedad, debemos ser conscientes de que si hay disonancias entre lo que decimos y cómo actuamos, el niño no solo se sentirá confuso, y normalmente señalará la disonancia, sino que terminará por imitar cómo actuamos, más que lo que decimos.

Por último, Nomen abre una ventana más, la “ventana del juego”, proponiendo el juego como una gran oportunidad, una gran herramienta dentro del aprendizaje de los jóvenes, ya que, mediante el juego de roles, los alumnos pueden llegar no solo a comprender que nuestra propia identidad es una construcción permanente (Nomen, 2018), sino que también, desde el juego, se enfrentan a diferentes situaciones y problemas que se ven forzados a resolver de forma creativa. Se presenta pues como una forma de aprender espontánea, libre, que aleja el aprendizaje de la monotonía para convertirlo en algo divertido y vivo, que, como el niño, no deja de cambiar y adaptarse.

Teniendo en cuenta estas “ventanas”, Nomen expone que la filosofía logrará desarrollar en el niño tanto su pensamiento crítico como su pensamiento creativo, siempre y cuando sus educadores sean capaces de alejarlo del dualismo y acercarlo al pluralismo, es decir la idea de que varias ideas acerca de la misma situación son válidas, pero que algunas serás más válidas o más ciertas que otras, en función a los argumentos que las sostengan. Es importante que todos aceptemos que nuestras ideas pueden ser sujetas a análisis, que nadie conoce la verdad de forma completa, de igual su edad o de donde provenga. El pensamiento crítico le ayudará a analizar las diferentes opiniones y argumentos de forma racional y lógica, mientras que el pensamiento creativo le servirá para idear las diferentes

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13 soluciones a toda situación o problemática que puedan presentarse durante el transcurso de su vida. Según Nomen, “el pensamiento creativo permite habituar la mente a transitar otras rutas (…), y servir así como motor de nuevas ideas que después el pensamiento crítico podrá evaluar” (Nomen, 2018).

Favoreciendo este desarrollo, el “producto” final será un conjunto de jóvenes críticos, creativos, que son autónomos y capaces de enfrentarse al día a día de la sociedad.

Partiendo de esto, Nomen nos plantea si existe la “inteligencia filosófica”, haciendo referencia a la teoría de las inteligencias múltiples de Gardner (1998), las cuales se dividen en inteligencia lingüística, lógica-matemática, musical, cinética-espacial, interpersonal, intrapersonal, naturalista y existencial; siendo estas dos últimas las más nuevas, añadidas en 2007 a la teoría. Nomen considera que, de pertenecer a alguna, la filosofía podría encuadrarse dentro de la inteligencia existencial, que es aquella que se centra en la comprensión de la propia existencia con todo lo que conlleva esa pretensión (entender la muerte, la realidad, la sociedad…); aunque no podemos entender la filosofía sin aspectos de la inteligencia intrapersonal y la inteligencia interpersonal. Alejándose de Gardner, Nomen nos propone desarrollar la inteligencia filosófica en todos los jóvenes, defendiendo la filosofía como una forma de vivir, no como una doctrina.

A fin de desarrollar dicha inteligencia, Nomen propone el diálogo filosófico, el diálogo mayéutico socrático, como forma de aprendizaje en niños; algo que ya hemos visto en Lipman, que propone fomentar el pensamiento crítico en los niños desde el diálogo y el debate de forma controlada. Desde el diálogo, Nomen pretende que el alumno profundice en sus ideas y opiniones, y las revise a la hora de contrastarla con el resto de los participantes del diálogo, que entienda las diferentes posturas y cómo se sostienen, que se enriquezca de ellas; en definitiva, que aprenda a través del contacto con diferentes perspectivas, de forma crítica y razonada. Es también necesario, al igual que en el método propuesto por Lipman, un facilitador o conductor del diálogo que se muestre neutral, aunque en este caso se plantea más de forma externa, mientras que en Lipman el facilitador aportaba a veces sus propias opiniones (siempre manteniendo que eran iguales a las del resto y sin creerse en posesión de la verdad), en Nomen el facilitador debe simplemente conducir el diálogo y actuar en caso de que algún razonamiento no esté bien soportado o contenga alguna falacia. Se debe mantener un diálogo filosófico ordenado, en el cual se consensue y se coopere entre los participantes, no debe ser un ejercicio de convencer al otro, sino de escuchar y razonar. El objetivo no es tener la razón, sino llegar

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14 a practicar una forma de pensamiento y actuación que lleve a una mejora de la democracia, algo que solo será posible si educamos a los ciudadanos desde jóvenes, no solo en la escuela, sino también en casa.

Nomen plantea, por lo tanto, un modelo de aprendizaje fuertemente basado en el modelo de la Filosofía para Niños ya defendido por Lipman, si bien se preocupa de realizar una investigación intensiva acerca de los diferentes cambios en las teorías de enseñanza desde la propuesta de Lipman hasta la actualidad, tomando en cuenta diferentes teorías e ideas nuevas. Sin embargo, no dejo de considerarlo una vuelta de tuerca más al mismo modelo de la FPN, aunque quizás aún más enfocado en el desarrollo personal del niño para llevarlo a ser un ciudadano activo y comprometido con la sociedad en la que se desarrolla. Su acercamiento al diálogo mayéutico me parece también más abierto que el de Lipman, más libre a la hora de tener en cuenta al niño y el pluralismo de opiniones; convierte al docente en regidor del debate, pero siempre desde un punto neutro, simplemente centrado en gestionar los posibles problemas con la coherencia y cohesión de los argumentos, pero no con lo defendido en sí. Considero que este aspecto es muy positivo, si bien sigue siendo, al fin y al cabo, un modelo de clase basado puramente en el diálogo que no contempla la variedad de alumnos presentes en el aula.

Por otra parte, señala la necesidad no solo de aplicar el diálogo en el aula, sino también en el día a día en las familias, lo cual es una propuesta sumamente interesante y a la que me adscribo, pero debemos tener en cuenta la dificultad de lo propuesto y pensar cómo enfrentarnos al reto. ¿Debemos crear escuelas de padres? ¿Cursos en los colegios? Esto servirá para las unidades familiares más volcadas con la educación de sus hijos, o aquellas muy implicadas en el colegio, pero ¿qué pasará con aquellas que se encuentran totalmente apartadas de esa situación? El componente familiar es de vital importancia en la educación de los jóvenes, y si no hay una buena compenetración entre la familia y la escuela, es el niño, el alumno, el que sufre las consecuencias.

Por último, Nomen no solo teoriza sobre la educación filosófica en su libro, sino que en la segunda parte de la obra nos propone un temario de 12 preguntas, que pasaré a enunciar, acerca de diferentes filósofos y las cuestiones que el propio Nomen considera más importantes inculcar y desarrollar en los niños. El temario se estructuraría de la siguiente forma:

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15 2. Aristóteles. ¿Cómo podemos decidir lo que está bien?

3. Epicuro. ¿El placer debe ser el fin último de nuestros actos? 4. Séneca. ¿Debemos tener miedo a la muerte?

5. Spinoza. ¿Cómo se puede conseguir la alegría? 6. Montaigne. ¿Es importante tener buenos amigos? 7. Rousseau. ¿Para qué sirve la educación?

8. Kant. ¿Qué debemos hacer?

9. Nietzsche. ¿Hay que ser creativo para vivir? 10.Wittgenstein. ¿Hay que opinar sobre todo? 11.Arendt. ¿Qué es la maldad?

12.Fromm. ¿Es más importante tener o ser?

En estas cuestiones, Nomen estructura un temario, que, si bien muy completo y con cuestiones que podrían, sin ninguna duda, ser planteadas por los propios alumnos, está orientada a una tradición extremadamente occidental, y enmarcada dentro del currículum típico de filosofía. Considero importante señalar además la escasez de autoras, así como la falta de preguntas acerca de la tolerancia, la igualdad y el respeto.

Resulta interesante, por otra parte, el acercamiento de Nomen a estas preguntas. A diferencia de Lipman, que basa el aprendizaje en sus propias novelas, Nomen inicia la reflexión desde una introducción teórica al autor y sus principales ideas, para luego introducir un fragmento de texto (cuento, novela, teatro…) que presente dilemas o ideas relacionadas con la teoría a tratar. Tras este texto, se proponen tres tipos de actividades; primero, una serie de preguntas diseñadas para pautar el diálogo acerca del texto leído, seguidamente, una pauta de juego en la cual se propone una dinámica de clase diseñada para que el alumnado se enfrente a la situación de forma práctica a la problemática que da lugar a la pregunta propuesta en la unidad; y por último, una pauta de arte, en las cuales se les pide al alumnado que cree, o analice obras relacionadas con el tema.

Si bien esto permite alcanzar más formas de aprendizaje y más tipos de alumnado, sigue siendo un método increíblemente pautado y cerrado, teniendo en cuenta la importancia que se le da a la libertad del niño previamente, ahora queremos que analice un texto ya elegido por nosotros, que realice una dinámica establecida, y que piense creativamente, pero dentro de un marco elegido por nosotros.

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16 Considero que es una apertura más, un pequeño paso más hacia dinamizar la educación, ya no solo filosófica, sino de forma estructural, pero que se queda en la teoría y se tambalea ligeramente a la hora de ponerla en la práctica. Debemos abrir más el foco, dar al niño su espacio, darle las herramientas para que sea el protagonista y artífice de su educación.

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3.

El cambio más allá de la filosofía

Al igual que lo óptimo para el desarrollo personal del alumno es que exista una consonancia y una coherencia entre lo sucedido en el colegio y lo sucedido en casa, poco puede hacer una asignatura si es la única que trata de acercarse al alumno de forma diferente. Evidentemente el alumno agradecerá que al menos una asignatura le haga protagonista, pero la disonancia dentro del colegio puede no solo producir problemas en el desarrollo y rendimiento del niño, sino entre los propios docentes, ya que, si un profesor es muy innovador y otros no, irremediablemente surgirán comparaciones tanto por parte de la directiva como por parte de los padres, lo cual no es favorable para el buen funcionamiento del centro.

Pero ¿cómo aplicar el cambio? ¿qué cambio debe ser? ¿cómo enfocar la educación para que sea lo más favorable posible para el alumno?

Tanto Lipman como Nomen proponían hacer al alumno más partícipe de su propio aprendizaje, una figura activa en el aula, en contraste con la acostumbrada escena en la cual el alumno se sienta en su pupitre, escucha y toma apuntes, con esporádicas intervenciones. El alumno es receptor del conocimiento, pero no participa del proceso, por lo que, con el paso de los cursos, apenas ha retenido nada de lo que han intentado inculcarle; el niño sale del sistema escolar sin haber aprendido nada.

Luis Cacho (1965), musicólogo, ex presidente de Fundación Promete y actual Consejero de Educación de la Rioja, ha dedicado parte de su vida a desarrollar un nuevo paradigma educativo aplicable a todo el sistema educativo, no a una asignatura específica, partiendo de un estudio sobre el paradigma educativo actual, continuación del modelo de la era industrial, y analizando el impacto que esta forma de acercarse a la educación tiene para el modelo de alumno actual, para el niño del siglo XXI. Cacho expone que no tiene sentido mejorar el sistema actual mediante “medidas parche”, sino que hay que crear un sistema nuevo, un nuevo paradigma educativo, entendiendo paradigma como “un modelo en el más elevado grado de abstracción y simplicidad” (Cacho, 2015); y cada época tiene sus propios paradigmas, encajados a la perfección dentro de cada una y en consonancia con la realidad y la sociedad en la que surgen. Es necesario, por lo tanto, un cambio de paradigma, ya que nuestra sociedad ha sufrido cambios a los que el sistema educativo no se ha adaptado. Evidentemente, adaptarse a los cambios tecnológicos no es instaurar ordenadores en todas las aulas, o pizarras inteligentes. Lo importante es el niño y cómo

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18 ha cambiado su forma de relacionarse con el conocimiento, y no tanto la forma de ese conocimiento.

Analizando el paradigma educativo industrial, Cacho nos presenta las siguientes ideas; primero, que seguimos actuando bajo un modelo basado en adquirir los conocimientos necesarios para trabajar, se crea una persona estandarizada; seguidamente, la educación se plantea como un proceso grupal, conservador autoritario, imitativo y memorístico, lo cual desemboca en una sociedad conservadora y estática. Esto provoca que todo aquel que no encaje en el sistema quede excluido de este, con unas tasas de abandono escolar superiores al 20%. (Cacho, 2015). Esto le lleva a afirmar que lo que encontramos a diario en las aulas no es el fracaso del alumno, sino el fracaso del sistema.

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Cacho propone, partiendo de un nuevo modelo antropológico basado en los nuevos conocimientos acerca de nuestra propia especie (inteligencias múltiples, PNL, avances en neurología…), crear un paradigma educativo que ponga en el centro de este sistema a la persona, al receptor de conocimiento; en nuestro caso, al niño. ¿Cómo? Desde un paradigma educativo vocacional, diseñado para el desarrollo del talento de todas las personas, considerando que todas las personas tienen una pasión o un interés genuino, pretende usar la energía que el individuo invierte en aquello que le interesa, aplicando esa energía en un proceso de aprendizaje que se sale del sistema educativo, se alarga durante la vida, porque no es solo un proceso de aprendizaje, sino también un proceso de desarrollo personal, ya que Cacho entiende que la educación tiene que estar unida de forma irrevocable al desarrollo personal del individuo. El resultado de esta propuesta centrada en el desarrollo de las capacidades y la identidad de la persona sería una sociedad

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19 diversa e innovadora, solo posible desde una educación centrada en la persona. (Cacho, 2015).

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¿Cuál es ese paradigma que nos propone Cacho? La Educación del Ser.

3.1 La Educación del Ser

En el dossier La Educación del Ser. Un nuevo paradigma educativo para el desarrollo del talento, encontramos explicada la propuesta educativa de Cacho, si bien sigue en construcción hoy, adaptándose y creciendo alrededor de los alumnos. La Educación del Ser se presenta como un paradigma educativo inspirado en la naturaleza humana, en contraposición con el paradigma vigente enfocado a la funcionalidad del sistema de producción propio de la era industrial. Al poner a la persona en el centro del aprendizaje, todo cambia, ya que se busca la validación del individuo, su desarrollo personal, se incita a que practique su capacidad de expresarse y la defensa de sus ideas propias; siendo además una de las prioridades el equilibrio emocional y social del alumno (Cacho, 2015). El modelo es por lo tanto un modelo de educación personalizada, pero también de educación vocacional. ¿Qué significa esto? Si partimos de la premisa de que queremos ayudar al desarrollo de la identidad y el talento de los diferentes individuos, debemos

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20 crear por lo tanto un entorno que permita ese desarrollo, priorizar el alumno por encima de la clase. Se toman en cuenta los intereses, la capacidad, la voluntad y el estado emocional de cada alumno, como centros irrevocables de cada proceso educativo, por lo tanto, en el aula no trataríamos con un proceso unánime, sino con una suerte de individuos en diferentes estadios de desarrollo, por lo que cada alumno está siendo tratado de acorde a sus necesidades educativas, y no como un punto más de una gran masa que recibe conocimientos. Queda claro por lo tanto a qué se refiere Cacho cuando reivindica una educación personalizada, pero ¿a qué se refiere con educación vocacional? Dentro de ese espacio personalizado, debemos crear un entorno que favorezca el encuentro vocacional, es decir, debemos facilitar al alumno que descubra qué es aquello que le interesa, que le apasiona; en contraposición con una elección en muchos casos apresurada antes de pasar al bachillerato. Para facilitar este encuentro, Cacho nos incita a permitir que los alumnos exploren diferentes contextos, siempre supervisados desde una figura de acompañamiento educativo, con especial énfasis en la palabra acompañamiento, ya que el docente no debe ser un guía o un juez, sino un acompañante más del proceso. Además, es de vital importancia dentro de este camino de descubrimiento vocacional recibir algún tipo de

feedback social que le permita al individuo sentir y expresar sus emociones, mostrar su experimentación al resto, compartir sus descubrimientos con la clase.

¿Por qué es necesario que la educación tenga un carácter vocacional? A la hora de trabajar o estudiar, nos resulta más sencillo dedicar tiempo a aquello que nos apasiona. Si nos acercamos a la educación desde la pasión, desde el talento de los alumnos, estos se sentirán más realizados y su rendimiento mejorará; en contraposición con el tiempo de trabajo dedicado a algo que se siente impuesto (Cacho, 2015). Al unir el proceso educativo a la pasión del alumno se produce además una suerte de compromiso que de otra forma sería complejo alcanzar.

Por último, se reivindica también una educación incluyente, que no inclusiva. La educación incluyente se refiere a la propia relación entre el docente y el alumno; así como las metodologías implementadas en el aula. Es decir, que nos abramos al alumno como es, un conjunto de situaciones, emociones e intereses que deben ser explorados en el aula; no como un ente que debemos adaptar al sistema educativo. Para ello, es necesario el diseño de espacios no limitantes. ¿Cómo hacemos esto?

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21 La Educación del Ser se presenta con cuatro niveles de aplicación, manteniendo en el centro la persona como prioridad del aprendizaje, y entendiendo los conocimientos y competencias adquiridos durante el proceso de aprendizaje como instrumentos dentro del desarrollo y la autorrealización personal, que desembocan de forma irrevocable en la autonomía del individuo. Esto da lugar a los siguientes niveles; en primer lugar, el nivel antropológico, que se identifica con el desarrollo personal del individuo el cual ya hemos expuesto previamente; en segundo lugar, el nivel relacional, que se centra en la relación interpersonal entre el docente y el alumno, tratado previamente cuando hemos desarrollado la necesidad de una educación personalizada e incluyente; en tercer lugar, a nivel didáctico, en relación con la metodología didáctica a aplicar en el aula, ya que no es posible el cambio si la metodología seguida en el aula sigue actuando enfocada hacia los objetivos de un paradigma educativo anterior; y por último, el nivel organizacional, es decir, el diseño estructural de la propia intervención educativa (Cacho, 2015). 3

Si todo el proyecto no está enfocado al desarrollo personal del alumno, desde la base estructural al acompañamiento en último momento del niño, el sistema se desmorona, es necesario que exista coherencia y cohesión dentro del paradigma para que este funcione correctamente.

Dentro de cada nivel encontramos una serie de elementos indispensables para el buen funcionamiento del paradigma. Encuentro especialmente interesante los elementos comprendidos dentro del nivel antropológico, ya que es donde encontramos lo que Cacho denomina el Ciclo de Desarrollo Personal, que recorren los individuos en su camino no solo educativo, sino vital. Partiendo de una visión holística del ser humano, como una “mónada indivisible”, se considera que todo aquello que se relacione con la persona tiene

3 Imagen cedida por Fundación Promete.

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22 un impacto a nivel global en ella, produciendo un aprendizaje y permitiendo el desarrollo de la persona de forma integral.

El Ciclo de Desarrollo Personal se nos presenta en la forma de cuatro planos, dos de carácter interno y dos de carácter externo, que, recorriéndolos de forma cíclica, hacen que el sujeto se desarrolle a su máxima capacidad.

Estos cuatro planos son:

- El Ser Creativo: partiendo de la idea de las inteligencias múltiples de Gardner, se plantea que todos poseemos algún tipo de inteligencia o talento, dentro de los cuales existen una serie de ideas con las que nos identificamos y por las que queremos trabajar. En el ciclo creativo, el alumno, usando tanto su razón y conocimientos como su imaginación, idea y planifica aquello que quiere hacer, aquello a lo que va a dedicar su esfuerzo. El alumno toma una decisión en la que trabajará. 4

-El Ser Emprendedor: una vez diseñada la idea, es necesario llevarla a cabo, hacer el proyecto. La Educación del Ser contempla que el emprendimiento es un aspecto más de la personalidad y por lo tanto desarrollable, y considera importante desarrollar este aspecto en los jóvenes, ya que implica formarlos en la capacidad de tomar decisiones, tolerar la incertidumbre, así como la colaboración con otros, entre otras cosas. Es por ello por lo que encontramos dentro del paradigma un modelo de aprendizaje basado en proyectos personales publicables (PPP), con la intención de promover en el alumno los valores y competencias de forma estructural, no como contenidos sino como componentes de su persona.

4 Imagen cedida por Fundación Promete

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23 - El Ser Social: un aspecto central de proyecto es que debe ser publicable, debemos poder comunicarlo a los demás para recibir el estímulo social, el feedback que, ya sea positivo o negativo, ayuda o a la reafirmación del proyecto, o a su mejora y revisión. Es necesario además que el individuo aprenda a aceptar la crítica, así como a generar críticas constructivas para el resto de los individuos.

- El Ser Interior: por último, el alumno se ve inmerso en un momento de reflexión, en el cual toma en cuenta tanto lo vivido durante el proceso de creación del proyecto, como lo recibido a la hora de comunicarlo a la sociedad. Es necesario que se le den herramientas psicológicas apropiadas para que la crítica y las dificultades sean integradas como oportunidades para mejorar, en vez de suponer un problema dentro del desarrollo del alumno.

Por lo tanto, el desarrollo personal tiene lugar llevando a cabo nuestras ideas, mostrándolas al mundo y siendo capaz de integrar como positivo y constructivo aquello que nos devuelven los demás acerca de nuestro trabajo. El ciclo lleva a las personas a conocerse a sí mismas. Este enfoque, al centrarse en la persona, en vez de en un temario o unos hitos escolares a seguir, se hace válido para los individuos no solo en su proceso escolar, sino en cualquier momento de su vida.

Seguidamente, encontramos una exposición de lo referente al siguiente nivel, el nivel relacional, que comprende los diferentes valores que tienen lugar en la Educación del Ser, es decir, qué es aquello que se pretende potenciar y fomentar en los alumnos. Asimismo, se nos habla del acompañamiento educativo, pieza fundamental del nuevo paradigma, ya que defiende una figura docente basada en el diálogo mayéutico, acompañando al alumno de forma no dirigista no solo en su camino académico, sino también en el descubrimiento del funcionamiento de sus propias emociones. Se acompaña al alumno, se le ofrecen múltiples alternativas, se le apoya, de tal forma que el alumno termina por integrar los valores de forma natural, por imitación y a través de su interacción con el docente. Educamos desde el ejemplo.

Respecto al nivel didáctico, se nos ofrece una explicación del modelo de Proyecto Personal Publicable (PPP) que comprender la metodología didáctica de la Educación del Ser. Enmarcado dentro de la metodología de aprendizaje por proyectos, es un giro más, diferenciado del resto de aprendizaje por proyectos por dos razones. Primero, es de carácter personal, pertenece a cada alumno y es ideado, definido y liderado por el individuo, no es elegido de una lista proporcionada por el docente o de la guía de la

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24 asignatura, sino que el diseño y la idea pertenecen al alumno. Esto nos garantiza la implicación del niño con el proyecto, es autoimpuesto, y nos asegura además el desarrollo personal de este, ya que hacer nos hace, según Cacho; el alumno crece a través de la realización de su proyecto y va definiendo sus capacidades e intereses durante el proceso de este, llegando a sorprenderse a sí mismo. La segunda característica definitoria es el carácter de publicable que tiene el proyecto, necesario para que el alumno recorra el ciclo de desarrollo personal explicado previamente, en este caso, el ser social, ya que a través del feedback social recibido, el alumno percibe su proyecto de forma más completa y rica, que le permite o mejorarlo, o aprender para nuevos proyectos en el futuro. De nada sirve una obra si la escondemos en un cajón, es necesario mostrarla y aprender de lo que recibimos de los demás al verla.

Por último, nos acercamos al nivel organizativo. ¿Cómo adaptamos los entornos al nuevo paradigma? Se contempla la necesidad no solo de actuar en colegios e institutos, sino también en el entorno familiar y en los diferentes entornos que pueda encontrarse el alumno, como puede ser el entorno deportivo. La Educación del Ser se ha probado en tres entornos diferentes; Mi Colegio Promete, Club Deportivo Promete y Campus Promete. En este caso, nos centraremos en Mi Colegio Promete (MCP), ya que, si bien el rediseño y la aplicación del método a otros entornos es sumamente interesante, considero necesario prestar más atención al entorno en el cual nos movemos, el colegio.

MCP se ha implementado actualmente tanto en horario lectivo mediante Proyecto de Innovación Educativa (PIE) como de forma extraescolar en el Programa de Refuerzo, Orientación y Apoyo (PROA) en colegios de Logroño, en la Rioja, tanto en el CEIP San Francisco como en el CEIP Vuelo Madrid-Manila. Al aplicar el método, se busca fomentar una mejora del éxito escolar y la inclusión social, ya que no está diseñado para un entorno específico, sino que es aplicable a cualquier entorno y a cualquier tipo de alumno. El proyecto cambia ligeramente en su aplicación en función al entorno, ya que no es lo mismo realizarlo de forma extraescolar, que integrado dentro del propio horario lectivo.

Comenzando por el PROA, la actuación se centra en diseñar un espacio extraescolar en el cual, además de un apoyo en las asignaturas que el alumno necesite, se plantea el diseño y la creación de un proyecto personal publicable, unas horas a la semana, por lo que encaja sin problemas dentro del día a día normal del alumno. Se busca además la personalización de la educación mediante ratios muy bajas, que permiten al alumno beneficiarse de la

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25 atención de un docente que comparte con otros alumnos, pero permite también al docente dedicar más tiempo y recursos a cada alumno, proponiendo una ratio de entre 4 y 10 alumnos por docente. Estableciendo además un compromiso de participación no solo con el alumno, sino también con la familia y el centro, se consigue que el niño se mantenga en el proyecto de forma continuada, llegando a presentar su proyecto en un show escolar final al que puede asistir cualquier integrante de la comunidad educativa. Finalmente, el curso se cierra con una autoevaluación del alumno acerca de lo vivido y una evaluación de los realizadores del método (en este caso, Fundación Promete), que luego pasa a las familias y al centro. (Cacho, 2015)

Con respecto al PIE, ha seguido una implementación en el aula diferente a la del PROA; ya que actúa en horario lectivo y dentro de un sistema en el cual se siguen esperando el cumplimiento de unas competencias y unos logros de aprendizaje establecidos por el gobierno a nivel regional y nacional. Por ello, se ha planteado la metodología de proyectos personales publicables como un aditivo a las metodologías ya usadas en el centro en horario lectivo, dedicando menos tiempo a ellos que si hubiesen sido planteados como actividad extraescolar, ya que la prioridad reside en el cumplimiento del currículo lectivo estipulado. Sin embargo, incluso con menos tiempo de actuación, se percibe una mejora en el rendimiento de los alumnos, habiendo una relación directa entre el tiempo de actuación y la mejora, percibiendo un rendimiento óptimo en aquellos centros y aulas donde ha habido mayor exposición a la metodología de proyectos personales publicables5. No solo se percibe una mejora de los alumnos en las aulas, sino que también se percibe un descenso del absentismo escolar y de los conflictos en el aula durante el período de actuación de la metodología en comparación con datos previos a la implicación de este. Teniendo en cuenta los datos cedidos y habiendo realizado un estudio acerca del paradigma propuesto, entiendo y considero que la Educación del Ser es quizá la teoría observada que más se acerca a mis consideraciones acerca de cómo debería ser la educación, no solo con respecto a la filosofía sino a nivel estructural dentro del propio funcionamiento de todo el sistema educativo. Sin embargo, debemos tener en cuenta una serie de factores; la metodología propuesta se enfrenta a un gran reto, el factor recursos, ya que una de sus propuestas es una ratio menor que permita una educación más

5Datos cedidos por Fundación Promete y contenidos en el Informe de Evaluación de Mi Colegio Promete

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26 personalizada, lo cual requiere de más profesionales formados no solo en las áreas de conocimiento, sino también en el método dentro del cual deben funcionar, lo cual no solo requiere recursos humanos, sino recursos económicos destinados a la formación de profesionales. Hasta ahora, la propuesta de Fundación Promete reside en el uso de voluntariado dentro de los proyectos, lo cual ha producido resultados muy favorables a la vez que abarata el coste del proyecto tanto como para el centro como para el gobierno. Sin embargo, puede resultar un reto encontrar voluntariado suficiente para una implantación no solo ya a nivel de centro, sino a nivel de todos los centros españoles; así como la correcta formación de estos individuos.

Por otra parte, el coste económico que plantea el proyecto, ya no solo en formación, sino a nivel de materiales para desarrollar los proyectos, así como la creación de los espacios necesarios para el desarrollo de estos proyectos y su presentación final resulta muy elevado.

Sería necesaria una implantación del proyecto de forma integral en la sociedad, lo cual es un proceso lento, que sin embargo ya ha comenzado de forma paulatina.

Con respecto al desarrollo del niño, en La Educación del Ser sí considero que hemos devuelto las riendas de la educación al niño, le hemos vuelto el protagonista de su desarrollo, le hemos dado un espacio para que crezca y sea autónomo, para que se forme como persona.

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4.

Propuesta educativa

Teniendo en cuenta las tres teorías analizadas, tanto sus fortalezas como sus flaquezas, me dispongo a exponer una suerte de amalgama teórica, considerando lo estudiado y observado. Entiendo que la metodología de la Educación del Ser podría ser muy positiva implementada dentro de la asignatura de Filosofía, y es quizá una forma más “amable” de acercarla a los cursos iniciales, ya que mediante la metodología de proyectos personales publicables cubriríamos uno de los aspectos señalados tanto por Lipman como por Nomen: la necesidad de que la filosofía se vuelva cotidiana y, por lo tanto, necesaria. Ya sea un proyecto de carácter artístico, científico o de investigación social, las huellas de la filosofía se encuentran en todos ellos, y considero extremadamente interesante hacer conscientes a los niños de que la filosofía no solo está en el día a día, sino también en aquello que les apasiona.

Por otra parte, desde la implantación de la Educación del Ser a nivel integral dentro del centro, fuera del aula de filosofía, al incluir dentro de su paradigma el uso del diálogo mayéutico a la hora de acompañar al niño, no solo se está acompañando al alumno, sino que se está desarrollando en este el uso de dicho diálogo, también estaríamos enseñando al niño a pensar y discernir de forma filosófica.

Pero volvamos al interior del aula de filosofía. Considero que sería interesante una unión entre la FPN y la Educación del Ser, emulando la fórmula seguida en el PIE, tomando en cuenta que ambos métodos han sido probados y ambos han dado resultados favorables en el alumnado. La metodología de Nomen actúa como bisagra entre ambas, ya que, si recordamos, proponía, dentro de cada unidad teórica (a la cual se enfrentaba desde el método mayéutico en una de sus partes) un espacio para el desarrollo artístico, lingüístico o de carácter espacial. Por lo tanto, sería posible crear un ambiente de aula dominado por el diálogo mayéutico, con el añadido de la metodología de proyectos personales publicables, pero, a diferencia de lo propuesto por Nomen, no habría unas directrices cerradas para estos proyectos, no habría un marco dentro del que moverse, sino que el alumno tendría libertad, siempre y cuando se moviese dentro de unos valores estipulados y negociados con los alumnos, para crear y desarrollar el proyecto que desease.

Es importante tener en cuenta los valores a promover dentro del aula, y que no se presenten como algo impuesto, sino que sean dialogados y consensuados con los alumnos. Ante la idea de crear un arma bélica, un alumno puede mostrarse muy decidido a llevar a

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28 cabo su proyecto, y es necesario un proceso mayéutico de reformulación del cual el alumno sea partícipe, para que él mismo llegue a entender los conflictos que surgen con relación al proyecto y lo que promueve. Si se excluye al alumno de este proceso de reformulación, no lo percibirá como algo propio, sino como una censura impuesta desde fuera y contra la cual intentará revelarse.

Es necesario, por lo tanto, ser consciente de la situación en todo momento y hacer partícipe al alumnado de esta, no debemos olvidar en ningún momento la posición del niño como protagonista del aprendizaje, pero sin permitir que su libertad se convierta en libertinaje.

Por lo tanto, propongo una estructura de clase basada en el diálogo mayéutico con los alumnos, tanto en el desarrollo estricto del temario como en la metodología de proyectos, así como en las intervenciones personales que sean necesarias con el alumno, ya que no debemos olvidar que cada alumno tiene unas circunstancias que lleva consigo a todas partes y que forman parte de su realidad y su proceso de aprendizaje. Esta estructura de clase, al ser abierta y basada en proyectos, es aplicable a cualquier edad y nivel educativo, sin importar el currículo a cumplir, si bien considero importante consensuar el temario a tratar con los alumnos, entiendo también la existencia de unos hitos a cumplir estipulados desde el gobierno central. Aún contando con eso, los temas a tratar ya viniesen del aula o de un sistema externo, pueden ser tratados perfectamente desde el diálogo o incluso desde los propios proyectos.

Dentro del aula de filosofía, se plantearía la necesidad de otorgar un espacio de tiempo significativo para la realización de los proyectos personales publicables, lo cual en función al nivel educativo puede resultar complejo teniendo en cuenta las horas lectivas dedicadas a la filosofía, pero en caso de contar con poco tiempo, sería cuestión de reformular la estructura del aula y la forma de trabajar en esta.

Finalmente, el sistema de evaluación sería continuo, centrado tanto en la participación y argumentación de los alumnos durante las sesiones de diálogo mayéutico, como el proceso de realización de los proyectos y el desarrollo personal del alumno, punto central en el modelo.

Un punto que señalar es la dificultad económica a la hora de implementar la necesaria medida de una ratio baja, ya no solo por la metodología de proyectos personales publicables, sino porque también el modelo de diálogo mayéutico necesita de una ratio

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29 bajo. Resulta complejo conseguir voluntariado para todos los cursos y los centros, pero también resulta un problema económico la contratación de profesionales, además de subir el coste del proyecto, lo cual, a no ser que se destine dinero desde el gobierno central, provoca que el método no sea aplicable en cualquier centro, sino solo en aquellos que pueden permitírselo. Esto no es algo que podamos considerar, por lo que debemos incitar al voluntariado como primera opción, y a contratar a ciertos profesionales en caso de última necesidad.

Por último, debemos considerar la formación de los implicados en el proceso educativo, no solo los docentes, sino los alumnos y las familias de estos. Es necesario que todos los pertenecientes a la educación del niño funcionen dentro de la misma dinámica, de la misma metodología, o surgirán disonancias y problemas dentro del desarrollo personal del sujeto. Es importante por lo tanto formar tanto en diálogo mayéutico, lo cual es el primer paso que dar y quizá el más costoso, ya que nos aleja de nuestro dirigismo y dualismo tan inculcado de forma social, como en la metodología de proyectos personales publicables.

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5.

Conclusión

Si bien el modelo propuesto finalmente es ambicioso y necesita de mucha implicación tanto del centro como del entorno del alumno y del propio alumno, considero que sería beneficioso en gran medida, teniendo en cuenta los resultados conseguidos por separado en las metodologías que no solo son inspiración del modelo propuesto, sino que forman parte íntegra de este, podrían llegar a conseguir un desarrollo y una mejora del rendimiento escolar de carácter significativo, ya que si bien sigue habiendo aspectos a mejorar, al unir ambas propuestas las carencias que surgían por separado se suplen en gran medida.

Una opción a tener en cuenta para solucionar el problema de la ratio sería contar con el alumnado que ha sido partícipe del proyecto y ha terminado su paso por el sistema escolar como voluntariado en el aula, pero sería en inicio demasiado utópico y no sería posible, de darse, en todos los centros. Debemos por lo tanto encontrar una solución para hacer sostenible la ratio baja necesaria para el proyecto, haciéndolo a su vez sostenible.

Sin embargo, aún teniendo eso en mente y siendo consciente de las carencias existentes en el método propuesto, considero que su implantación en un aula, en comparación con un grupo control, demostraría sin duda mejoras en el rendimiento del alumnado; y no solo en el alumnado, sino en el propio funcionamiento del centro. La finalidad del trabajo era dar lugar a un método inspirado a través de la FPN y la Educación del Ser, una suerte de metodología que permitiese al alumno, al niño, volver a ser el protagonista de su educación, de su desarrollo como individuo, con acompañantes en el camino, pero que no lo aparten de su lugar en el sistema, el centro. El método propuesto concibe al niño como principio y fin del proceso educativo, no como alguien que recorre un camino hacia cierta salida profesional, sino como un ser completo que se desarrolla como ciudadano sano, formado y autónomo, consciente de sus intereses y necesidades, y capaz de defenderlos frente a la sociedad.

Al preguntarle al niño qué quiere hacer, ofrezcámosle una variedad de tantas posibilidades como pueda imaginar; en vez de marcarle el camino a seguir, recorrámoslo a su lado.

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Bibliografía

- Matthew Lipman, A.M Sharp y F.S Oscayan. (2002). La Filosofía en el Aula. Madrid: Ediciones de la Torre.

- Jordi Nomen. (2018). El niño filósofo. Cómo enseñar a los niños a pensar por sí mismos. Barcelona: Editorial arpa.

- Luis Cacho (2015). La Educación del Ser. Un nuevo paradigma educativo para el desarrollo del talento. La Rioja: Fundación Promete. https://www.promete.org/

Página accedida por última vez el 10 de septiembre de 2019.

- Fundación Promete (2018). Informe de Evaluación de Mi Colegio Promete Curso 2017-2018. La Rioja: Fundación Promete.

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