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V Domingo del Tiempo
Ordinario
10 de febrero de 2013
Monición
Queridos hermanos, celebramos hoy la eucaristía correspondiente al V domingo del tiempo ordinario. Jesús de Nazaret llama hoy a sus discípulos. Y ellos, fascinados desde el principio, parece que ni siquiera se lo piensan. Le siguen sin dudar. Tal vez, nosotros hemos sido menos rápidos y menos valientes. Y nos hemos hecho de rogar. Quién sabe si Jesús todavía espera que nosotros demos un paso firme en su seguimiento. Deberíamos, hoy profundizar en nuestra auténtica vocación y mejorar el talante cristiano que debe impregnar nuestras vidas. Hoy es un gran día para comenzar a vivir en la cercanía permanente de Jesús de Nazaret.
Primera Lectura
Lectura del Libro de Isaías (6,1-2a.3-8)
El año de la muerte del rey Ozías, vi al Señor sentado sobre un trono alto y excelso: la orla de su manto llenaba el templo. Y vi serafines en pie junto a él. Y se gritaban uno a otro diciendo: ¡Santo, santo, santo, el Señor de los Ejércitos, la tierra está llena de su gloria! Y temblaban las jambas de las puertas al clamor de su voz, y el templo estaba lleno de humo. Yo dije: ¡Ay de mi, estoy perdido! Yo, hombre de labios impuros, que habito en medio de un pueblo de labios impuros, he visto con mis ojos al Rey y Señor de los Ejércitos. Y voló hacia mi uno de los serafines, con un ascua en la mano, que había cogido del altar con unas tenazas; la aplicó a mi boca y me dijo: Mira; esto ha tocado tus labios, ha desaparecido tu culpa, está perdonado tu pecado. Entonces escuché la voz del Señor que decía: ¿A quién mandaré? ¿Quién irá por mí? Contesté: Aquí estoy, mándame.
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Salmo responsorial (Salmo 137.)
R/. “Delante de los ángeles tañeré para ti, Señor” Te doy gracias, Señor, de todo corazón;
delante de los ángeles tañeré por ti, me postraré hacia tu santuario. R.-
Daré gracias a tu nombre por tu misericordia y tu lealtad. Cuando te invoqué, me escuchaste,
acreciste el valor de mi alma. R.-
Que te den gracias, Señor, los reyes de la tierra. al escuchar el oráculo de tu boca;
canten los caminos del Señor, porque la gloria del Señor es grande. R.-
Tu derecha me salva.
El Señor completará sus favores conmigo: Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos. R.-
Segunda Lectura
Lectura de la Primera Carta del Apóstol San Pablo a los Corintios (15, 1-11) Hermanos: Os recuerdo el Evangelio que os proclamé y que vosotros aceptasteis, y en el que estáis fundados, y que os está salvando, si es que conserváis el Evangelio que os proclamé; de lo contrario, se ha malogrado nuestra adhesión a la fe. Porque lo primero que yo os transmití, tal como lo había recibido, fue esto: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se le apareció a Cefas y más tarde a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos juntos, la mayoría de los cuales viven todavía, otros han muerto; después se le apareció a Santiago, después a todos los Apóstoles; por último, como a un aborto, se me apareció también a mí. Porque yo soy el menor de los Apóstoles, y no soy digno de llamarme apóstol, porque he perseguido a la Iglesia de Dios. Pero por la gracia de Dios soy lo que soy y su gracia no se ha frustrado en mí. Antes bien, he trabajado más que todos ellos. Aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios conmigo. Pues bien; tanto ellos como yo esto es lo que predicamos; esto es lo que habéis creído.
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Aleluya
“Venid a mí –dice el Señor-- y os haré pescadores de hombres.”
Evangelio
+Lectura del Santo Evangelio según San Lucas (5, 1-11)
En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la Palabra de Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret; y vio dos barcas que estaban junto a la orilla: los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que le apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: Rema mar adentro y echad las redes para pescar. Simón contestó: Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes.
Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces grande, que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús diciendo: Apártate de mí, Señor, que soy un pecador.
Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo pasaba a Santiago y Juan, hijos del Zebedeo, que eran compañeros de Simón: No temas: desde ahora, serás pescador de hombres. Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.
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Reflexión
“Todo Cristiano tiene una vocación” - La Palabra de Dios de hoy es profundamente vocacional. Cuando hablamos de vocación no nos referimos sólo a los curas y a las monjas. Todo cristiano tiene una vocación. Esta palabra en su origen significa “llamada”. Y Dios nos llama. Nos llamó en el momento de nuestro Bautismo, nos ha seguido llamando en nuestra vida (al matrimonio, al sacerdocio, a la vida consagrada, al compromiso seglar…), y nos sigue llamando hoy, aquí y ahora, con su palabra que es VIVA y PERSONAL, a la que debemos prestar mucha atención, y a través de la VIDA ACTUAL, con sus vaivenes y sus dificultades. Nuestro Dios está activo y sigue llamando.- La primera reacción puede ser pensar: “a mi no, ¡uf! con lo trasto que soy yo y la de pecados que tengo”; o a lo mejor: “pero si yo no valgo para eso, con la de gente buena que habrá por ahí y se va a fijar Dios en mí, ¡venga ya!”. Tranquilos, todos lo hemos pensado. También el profeta Isaías, que fue un profeta grande, empezó dudando: “yo, hombre de labios impuros, que habito en medio de un pueblo de labios impuros…”. Y que te voy a contar de Pedro, el apóstol primero, el de las llaves del reino de los cielos. Cuando Jesús le dijo que volviera a echar las redes para pescar, casi se parte de risa, pero como le consideraba un “maestro” se lo dijo con educación: “hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada”. Pedro pensaría que no iba a dejar mal a Jesús y “le hizo el favor”. La reacción fue la misma que la de Isaías y que la tuya y la mía: “apártate de mi, Señor, que soy un pecador”, “que yo no valgo para esto, que soy un trasto, que hay otros mejores que yo” (y seguramente sería verdad). Pedro vive el proceso de pasar de considerar a Jesús como “maestro” a considerarle como “señor” (que es lo mismo que decir Dios, salvador, Mesías…), aun sintiéndose indigno de Él.
- Pero Jesús nos da una lección de confianza. Dios llama y confía su tarea de “pescadores de hombres” a gente sencilla como Isaías, Pedro, Andrés, Santiago, Juan, Pablo, tú, yo… Dios se fija en quien nunca lo hubiéramos imaginado (o ¿quién se iba a imaginar que Pablo, el gran perseguidor de la Iglesia, fuera llamado para ser el gran apóstol del Evangelio?). “¿A quién mandaré? ¿Quién irá por mí? ¡Aquí estoy, mándame!”. “No temas, desde ahora serás pescador de hombres”. No pensemos que esto es sólo un relato nostálgico del pasado. Dios sigue llamando hoy a personas que, con la fuerza del Espíritu Santo, se dejan transformar para ser “pescadores de hombres”, constructores del Reino de Dios desde sus familias, sus trabajos, sus amigos, desde la sociedad y la Iglesia. ¿Cómo escuchar hoy su voz? Esa es la gran pregunta que nos debemos hacer. Cuando preparaba esta reflexión, leía un texto que responde bien a esta pregunta y que voy a compartir con vosotros:
“Para escuchar hay que prestar atención. Para escuchar al Dios que hoy nos habla es necesario prestar atención a lo que nos dice nuestro interior, nuestros
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deseos, nuestras frustraciones; se hace necesario prestar atención a la vida real, a lo que les sucede a los otros, a los sufrimientos que llevan por fuera y se ven y los que se llevan por dentro y no se ven; es imprescindible prestar atención a la palabra y a la vida de Jesucristo. Si así lo hacemos, iniciamos un camino distinto al de la distracción que la sociedad de consumo nos vende, superamos el miedo y el egoísmo que sólo desean ocultarnos y alejarnos de la realidad personal, social y divina. Y si así nos aventuramos, estamos dejando las ventanas abiertas para que la palabra de Jesús entre en nuestra casa, nos sane, nos devuelva la alegría y nos salve”.
- Prestar atención a nuestro interior, prestar atención a la vida real y prestar atención a la palabra y a la vida de Jesucristo. Así podremos escuchar la llamada de Dios hoy, actualizada, para este momento concreto de nuestra vida y de nuestra historia. Estas son nuestras herramientas. La Eucaristía nos predispone, nos hace receptivos a la llamada, nos ponen en la sintonía de Dios, en su mismo canal, para que no escuchemos ni prefiramos otras voces, otras informaciones, otros entretenimientos, para que no cambiemos de canal. Dios nos habla hoy, aquí y ahora. Prestémosle atención. Nos va la vida y nuestra felicidad en ello.
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Oración de los fieles
Señor sabemos que no somos dignos de enseñar tu Palabra, sin embargo estamos decididos a ello. Por eso te pedimos que nos des la fuerza para no desfallecer en el caminar. Repetimos: R.- FORTALECE NUESTRO CORAZÓN, SEÑOR
- Por el Papa, los obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, para que el Señor los llene de su Espíritu y sepan guiar a la Iglesia hacia la Casa del Padre. (OREMOS)
- Por los poderosos de este mundo para que sean sus acciones en favor de los más necesitados. (OREMOS)
- Por los que se dedican al trabajo en la mar, para que sientan ellos también la llamada del Señor a ir mar adentro. (OREMOS)
- Por los enfermos, los pobres, los necesitados, para la Fuerza que nos viene de lo alto les ayude a superar estos malos momentos. (OREMOS)
- Por las familias, para que el Amor suavice los roces e inquietudes que la rutina nos ofrece. (OREMOS)
- Por los damnificados del terremoto de Haití, para que reciban la ayuda necesaria y puedan reconstruir sus vidas y la convivencia. (OREMOS)
- Por todos los que nos reunimos en torno a tu mesa, para que la Palabra y el Pan partido nos fortalezcan y llevemos a todos el mensaje de Dios. (OREMOS) Se pueden añadir algunas intenciones libres
Oración
Padre, en este andar por el tiempo ordinario, concédenos aquello que pedimos y convierte nuestro cansancio en alabanza perpetua a tu Nombre. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén
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Ofrendas
En la Iglesia, en el mundo, en nuestra tierra, en nuestra parroquia, en nuestra familia…hacen falta personas que REMEN HACIA DENTRO. Es decir, que se arriesguen por conseguir con la ayuda de Dios lo que necesitamos para se felices. Con estos remos queremos decirle al Señor que cuente con nosotros. El mundo está harto de muchas cosas pero, bien lo sabemos, le falta lo más esencial: LA FELICIDAD EN EL CORAZON. Con estas redes queremos simbolizar nuestro deseo de buscar el bienestar en los lugares donde nos indica Jesús: por ejemplo en la FE.
Finalmente, antes de seguir con la Eucaristía, traemos al altar el pan y el vino. Sin la Eucaristía todo lo que nos proponemos sería difícil de llevar a cabo o de cumplir. El pan de Dios es para nosotros la fuerza del que quiere remar en la dirección que Cristo nos marca.
Oración para después de la comunión
Gracias, Señor, por quedarte en mí y junto a cada uno de nosotros hecho alimento, para ayudarnos a recorrer el camino. Gracias por las llamadas que continuamente nos haces a seguirte, a testimoniar con nuestra vida el Evangelio, a ser cepas que den buenos y abundantes frutos. Gracias por insistir en las llamadas, pese a que nuestras respuestas casi siempre son negativas, tibias, faltas de coraje y decisión. No te canses Señor. Ayúdanos con la fuerza de esta comunión a dejarnos transformar, a dejarnos podar y entrecavar, para que seamos cepas renovadas, que cada cosecha dan mejores frutos.
Despedida
Aprovechemos nuestro tiempo. Aprendamos que Jesús de Nazaret nos está llamando. El mundo necesita de nosotros. Llevemos el Amor y la Palabra del Maestro donde nadie los conoce… o ha olvidado. Podéis ir en paz.
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Oración Año de la Fe
¡Oh alto y glorioso Dios!,
ilumina las tinieblas de mi corazón,
dame fe recta, esperanza cierta y caridad perfecta,
sentido y conocimiento,
para que cumpla tu santo y veraz mandamiento.
Amén. Oración de S. Francisco de Asís ante el Cristo
de San Damián.