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Gran Mente Gran Corazon

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Academic year: 2021

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Gran Mente

Gran Corazón

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Prólogo

Puedo decirlo más alto, pero no más claro: el proceso Big Mind, creado por e! maestro zen Dennis Genpo M erze! es, con toda probabilidad, e! descubrimiento más original e importante realizado, dentro de! ámbito de! budismo, en los últimos dos siglos. El proceso Gran Mente es un camino sorprendentemente original, profundo y eficaz para llegar a despertar o, lo que es lo mismo, desvelar nuestra Naturaleza Verdadera. Se trata de un método tan sencillo y universal que no sólo puede ser empleado por quienes siguen un determinado camino espiritual, sea éste el que fuere, sino también, en sí mismo, para realizar el Yo Verdadero, al que también se conoce con los nombres de Dios, A1á,Jehová, Brahman, Tao, Ein Sof, etc. El nombre, a fin de cuentas, es lo que menos importa, porque la esencia del proceso Gran Mente es la Vacuidad misma que, al carecer de contenido concreto, todo lo abarca y todo lo integra.

Esta realización de nuestra Naturaleza Verdadera, de nuestra Realidad Última, se denomina, en el zen, kensho o satori (que literalmente significa «ver nuestra Naturaleza Verdadera-o descubrir la Gran Mente y el Gran Corazón) y sé por experiencia propia que, para poder alcanzar un satori profundo, son necesarios muchos años de práctica extraordinariamente difícil.

Estoy plenamente convencido -porque lo he presenciado en reiteradas ocasiones -de que, durante el proceso Gran Mente, pue-de presentarse, como en el zen, un kensho que nos permite atisbar súbitamente nuestra Naturaleza Verdadera, a la que, después de haber reconocido, podemos visitar prácticamente en cualquier momento. Se trata, ni más ni menos, del descubrimiento de nuestro Yo Verdadero y Último, de la Realidad Última, del Fundamento de Todo Ser -llámalo como quieras

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GRAN MENTE, GRAN CORAZÓN

porque, una vez más, «llaman muchos a 10 que, en realidad, es Uno». Es evidente que esta comprensión o kensho inicial, por más poderoso que sea, puede volverse más profundo por medio de la práctica continua y, en este sentido, Genpo nos proporciona instrucciones muy sencillas para seguir ahondando en este despertar inicial mediante la meditación. ¡Despierta! ¡Estoy completamente seguro de que puedes hacerlo!

Pero Genpo no elaboró este proceso partiendo exclusivamente del budismo, sino que también incluyó algunos de los hallazgos esenciales de la psicología occidental -especialmente, el concepto de subpersonalidades y el llamado «diálogo de voces,,-, integrando de manera sorprendentemente novedosa 10 mejor de Oriente (o, rlicho de otro modo, 10 mejor de las tradiciones contemplativas) con 10 mejor de Occidente. De este modo, no sólo tuvo en cuenta la Realidad Infinita, ~ino también la realidad y los yoes finitos, ayudándonos a tomarnos conscientes de ellos y contribuyendo muy positivamente, de ese modo, a nuestra salud y nuestra integridad. Pero 10 más sorprendente, en mi opinión, es la sencillez y eficacia con que ha logrado integrar 10 Infinito con los yoes finitos.

El proceso Gran Mente trabaja con nuestra mente y con nuestros estados de conciencia tal y como son ahora mismo. Lo que quizás ignores, si nunca has experimentado un satori o un despertar, es que quien ahora está leyendo esta página es la Gran Mente, Dios o el Espíritu. Yeso es algo tan inmediato y evidente que resulta imposible de ver. Este libro es un simple manual que te explicará el modo de conectar con la Gran Mente y con el Gran Corazón, revelándote una dimensión de tu conciencia que ya está iluminada, un aspecto de tu ser que ya está completamente despierto y es uno con el Espíritu. Cuando descubras eso s~ desvelará, ante ti, un mundo completamente diferente.

Estoy convencido de que este libro abrirá el ojo de tu mente y te mostrará que, en este mismo instante -¡es decir, ahora mismo!-tu Yo Verdadero se halla total y completamente presente viendo a través de tus ojos, escuchando a través de tus oídos y sosteniendo este libro entre sus manos. Yeso siempre ha sido así, pero estaba demasiado cerca como para poder verlo, era demasiado evidente como para poder advertirlo y era

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PRÓLOGO

demasiado sencillo corno para poder creerlo. Éste es el extraordinario descubrimiento que te depara este libro.

En ellntegral Institute consideramos que este proceso es tan profundo y eficaz que lo hemos convertido en una parte esencial de nuestros programas, de nuestros seminarios y de ruestra Práctica Vital Integral. Y, como creo que su eficacia se aproxima al 100%, casi me atrevo a prometer que, cuando concluyas la lectura de este libro, te hallarás entre los iluminados, aunque verás, ciertamente, con ojos de principiante.

Genpo no incluye la psicología evolutiva en su integración de lo mejor de Oriente y lo mejor de Occidente por la sencilla razón de que poco importa, para emprender el proceso Gran Mente, el estadio del desarrollo en el que uno se encuentre. Este proceso funciona igual tanto si uno se encuentra en el estadio mágico como en el mítico, en el racional, en el pluralista, en el integral o en el supraintegral. Es posible, pues, emprenderlo desde casi cualquier estadio y despertar a la Realidad Infinita y omnipresente de Todos los Seres que todo lo impregna (de nuevo aquí el nombre es lo que menos importa) . Pero, si uno quiere, puede estudiar la relación que existe entre esos distintos estadios y la Gran Mente, porque Genpo Roshi es miembro fundador del Integral Spiritual Center y del Integral Institute, y su contribución para establecer la relación existente entre los estadios de conciencia y los estados de conciencia ha sido, como explico en mi libro Espiritualidad Integral, esencial.

Pero empieza aquí, con este libro y este simple y a la vez profundo proceso, y prepárate para descubrir tu Verdadera naturaleza, posiblemente por primera vez; algo gozoso en cualquier caso. Con este libro aprenderás a integrar los yoesfinitos y dualistas (el Escéptico, el Controlador, la Víctima, el Yo Herido, la Ira, la Mente que Busca, etc.) con las múltiples manifestaciones del Yo Infinito y No dual (la Gran Mente, el Gran Corazón, la Compasión Integrada Femenina y Masculina, el Gran Gozo, el Ser Humano Plenamente Integrado que Funciona Libremente, etc.). Lo que te aguarda tras la lectura de este libro, amigo mío, es el auténtico sabor de todo esto, y me complace mucho poder invitarte a que relajes tu mente, descanses en el presente y permitas que tu conciencia se

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GRAN MENTE, GRAN CORAz6N

libere porque, de hecho, ya es libre, a leer este libro y a sumergirte sencillamente en él, dejando que sus palabras te atraviesen hasta que "tú» se convierta en «Tú" -es decir, en tu Identidad más profunda, tu Naturaleza Verdadera, Infinita y Eterna. Este libro es, en realidad, un manual para despertar a este Yo Soy que ya está mirando, ahora mismo, a través de tus ojos.

Añado mis propias bendiciones a las maravillosas palabras de despertar que contiene este libro espléndido, deseando que su mérito contribuya a que todos los seres sensibles puedan despertar y descubran también qué, y quiénes, realmente son. La Gran Mente carece de asidero al que el sufrimiento pueda agarrarse y tampoco caben en ella el odio ni la ira. Del Gran Corazón emergen, muy al contrario, una gratitud y una alegría inexplicables que danzan sin cesar en la claridad y el reconocimiento más profundos y asombrosos. La Gran Mente y el Gran Corazón son una inagotable cornucopia de la que no cesan de brotar la alegría, la felicidad, la compasión y la sabiduría despiertas que, originándose en lo más profundo de nuestra mente y nuestro corazón, se derraman en el mundo como una cascada exuberante e incontrolable de resplandor, liberación, beatitud, luminosidad, celebración y gozo.

Mírame, amigo mío, y escucha muy atentamente, porque te estoy hablando completamente en serio: ¿No ha llegado ya para ti el momento de despertar? ¿No escuchas acaso cómo los paladines de la sabiduría te sacuden y susurran al oído ,, ¡Despierta! ¡Despierta! ¡Esto no es más que un sueño!.? ¿No es cierto que ya lo sabías? ¿No sabías que, en lo más profundo de tu ser, siempre has estado despierto? ¿No era eso, precisamente, lo que siempre habías estado buscando? Ahora ha llegado ya el momento de poner fin a la Gran Búsqueda. Mientras sigas buscando, anhelarás un momento futuro que sea mejor que éste, pero lo cierto es que éste es el único instante que realmente importa. ¿Por qué sigues huyendo de tu propio despertar?

Deja ya de buscar, date un respiro y empieza a leer este manual, que te enseñará a Despertar al momento presente. Entonces dejarás de mirar hacia otro lado. ¿No es cierto que, cuando entonces nos encontremos,

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PROLOGO

nos reconoceremos? Con una sonrisa de complicidad en el rostro que dejará atisbar el fondo de nuestro ser, nos miraremos a los ojos y veremos al uno y único Yo, a la Gran Mente y al Gran Corazón y los días y noches de búsqueda angustiosa perderán súbitamente su doloroso significado.

Demos las gracias al roshi Dennis Genpo Merzel por haber descubierto un método tan sencillo y original para Despertar al momento presente. Ante él me postro y, ofreciendo su mérito a todos los seres sensibles, dejo en manos del lector, con mis bendiciones infinitas, este extraordinario libro.

Ken Wilber

Denver, Colorado, EE.UU. febrero de 2007

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Introducción

Este libro relata el viaje de un hombre muy especial. Genpo Roshi nació y fue educado en Occidente, pero no ignoró la emergencia, muy temprana en su vida, de su naturaleza espiritual, y utilizó el vehículo del budismo zen para transmitir sus experiencias espirituales.

Cuando, en 1983, conocimos a Genpo Roshi que, a la sazón, era instructor del Zen Center de Los Angeles, la respuesta inmediata de Hal fue muy positiva. El centro estaba atravesando, por aquel entonces, una situación muy conflictiva y Genpo era un hombre muy amable y que mostraba una gran sabiduría práctica. En esa época, Hal empezó a trabajar para e! Zen Center, dirigiendo un taller de diálogo de voces, relaciones y psicología de los yoes en e! que participaron los miembros de la comunidad, y luego nos encargamos de dirigir la formación de los miembros de la comunidad que se mostraron interesados.

Mucho ha llovido desde entonces y, durante todo este tiempo, hemos asistido con auténtico placer a las enseñanzas espirituales de Genpo y al desarrollo de su obra que, recientemente, se ha centrado en la elaboración de métodos para la activación de la Gran Mente. Nos sentimos honrados por su inclusión de algunas de las ideas básicas de la psicología de los yoes y de ciertos aspectos del diálogo de voces en la metodología originalmente diseñada para acceder a la energía de la Gran Mente.

Parte del placer de nuestro trabajo se deriva de las distintas y creativas formas en que las personas han utilizado, a lo largo de! tiempo, tanto el método del diálogo de voces como la psicología de los yoes. Son muchos los formadores y consultores de gestión que han aplicado el método al ámbito empresarial desarrollando, para ello, nuevos lenguajes y nuevos formatos. Los danzaterapeutas y los terapeutas de orientación

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GRAN MENTE, GRAN CORAZÓN

corporal lo emplean para ayudar a las personas a aclarar y reconocer los muchos yoes que configuran el psiquismo y a los que puede accederse a través del cuerpo. En este sentido, nuestro trabajo y nuestras ideas han sido tan utilizados por buscadores espirituales, astrólogos, médicos y científicos como por psicoterapeutas e instructores de diversas tradiciones. Muchos de los buscadores espirituales que se han interesado en nuestro trabajo parecen verse atraídos por el budismo como marco de referencia de su propia búsqueda y consideran nuestra aportación como una encarnación de los principios básicos del budismo.

Para nosotros es muy importante distinguir la teoría y la aplicación de la psicología de los yoes de la técnica práctica del diálogo de voces. Este último es un procedimiento que permite a un facilitador adecuadamente entrenado ayudar al cliente a contener y explorar la energía encerrada en sus diferentes yoes. En esa situación, el facilitador no se identifica ni pretende lograr nada especial del yo con el que está trabajando. El único objetivo del trabajo con los yoes consiste, desde nuestra perspectiva, en el desarrollo de un Yo consciente que sea capaz de sostener simultáneamente los opuestos, es decir, las energías y los yoes contrapuestos.

Pero hay quienes creen que su principal valor radica en la posibilidad de acceder a ciertos yoes que, por razones muy diversas, resultan valiosos. Hay muchos facilitadores, por ejemplo, que enfatizan la energía del -ser» para compensar, de ese modo, una deficiencia característica de la cultura occidental, centrada casi exclusivamente en el «hacer» y en los logros. En este sentido, la energía del _ser. proporciona una primera introducción a la energía espiritual.

Otro claro ejemplo en este sentido nos 10 proporciona la obra de Judith Stone, una de las instructoras del trabajo con el diálogo de voces que ha desarrollado un método propio llamado _diálogo corporal». El suyo es un enfoque que puede movilizar el cuerpo y muchos de sus sistemas con resultados ciertamente sorprendentes, poniendo el diálogo de voces al servicio del objetivo concreto de enseñar a las personas a sintonizar con su propio cuerpo.

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INTRODUCCIÓN

Genpo, por su parte, ha utilizado su conocimiento de la psicología de los yoes para desarrollar una aplicación única del método del diálogo de voces. Más que ocuparse de las energías tal y como van presentándose, Genpo se ha centrado específicamente en ayudar a las personas a experimentar la Gran Mente y los muchos yoes espirituales relacionados. Vivimos en una época en la que la gente está necesitada de experiencia espiritual yeso es, precisamente, lo que Genpo proporciona a un número de personas cada vez mayor.

Como pone claramente de manifiesto en este libro, Genpo es un explorador del mundo espiritual y un gran maestro. En él, ilustra el funcionamiento de su método desplegando el diálogo entre sus diferentes yoes y permitiendo, de ese modo, que muchas de sus voces espirituales interiores hablen directamente al lector. El libro también está dirigido al buscador cuyos yoes espirituales están esperando que se los «invite» a dar un paso hacia adelante y manifestarse. La popularidad que está alcan-zando su obra evidencia claramente las profundas resonancias que despierta este enfoque en los yoes que escuchan sus acordes.

Hal Stone, Ph.D. y Sidra Stone, Ph.D. Albion, California, EE.UU.

febrero de 2007

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Prefacio

Estamos atravesando tiempos muy difíciles. Nos preocupamos por nuestros hijos, por nuestros padres, por nuestras parejas, por nuestros amigos y por nuestros seres queridos. Qyeremos tener más empatía y establecer relaciones más profundas, y también nos gustaría despertar todo el amplio potencial de nuestros hijos, de nuestra familia y hasta de nosotros mismos, para ser cada día más felices y poder disfrutar más de la vida.

Cada nuevo dia genera nuevas tensiones e inquietudes sobre nuestra seguridad económica, por no mencionar las amenazas del terrorismo, de las bombas sucias, del calentamiento global y de las catástrofes naturales. Todos queremos estar más en paz con nosotros mismos y vivir despojados del miedo, la ira y la ansiedad.

Este libro proporciona una de las mejores herramientas derivadas de la fusión entre Oriente y Occidente que puede ayudarte a afrontar más adecuadamente todos esos problemas. Con él podrás trabajar con tus pensamientos, sentimientos y emociones, contemplar tus problemas desde una nueva perspectiva y darte cuenta del modo en que tu identificación básica con el yo y sus nociones alienta tu

inseguridad y tu sufrimiento. También puede ayudarte a ver más claramente en tu interior, a estar menos atrapado en una visión limitada del yo y a funcionar, en consecuencia, más libremente, como un ser humano plenamente integrado.

Este libro es eLresultado de más de treinta y cinco años de estudio, dificultades y búsqueda de un método capaz de transmitir a cualquier persona la experiencia de una vida más plena, libre y despierta. Está escrito en un lenguaje sencillo y no es necesario, por tanto, para entenderlo, ser un erudito ni un practicante budista. Su objetivo consiste en facilitar a todo el mundo el acceso a enseñanzas tan importantes como accesibles y necesarias.

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GRAN MENTE, GRAN CORAZÓN

Aunque la vía de desarrollo que he elegido y seguido a lo largo de toda mi vida ha sido el zen, son muchos los caminos que podrían haberme orientado en la misma dirección. De hecho, desde el mismo instante en que empecé a desarrollar el proceso Big Mind (Gran Mente) descrito en este libro, lo he compartido con miles de personas de todas las edades, desde niños y adolescentes hasta ancianos y enfermos terminales. Y debo decir que ha demostrado la misma eficacia en personas que se mueven en ámbitos muy diferentes (desde educadores hasta médicos, terapeutas, ejecutivos, líderes del mundo empresaria! y político, abogados, jueces, mediadores, atletas y artistas, entre otros) y de confesiones muy distintas (desde monjas y sacerdotes católicos hasta ministros protestantes, obispos mormones, rabinos judíos, swamis hindúes, lamas budistas, maestros zen, escépticos e incluso personas completamente ajenas a! mundo de la religión), demostrando así su compatibilidad con todas las confesiones y con todas las creencias. Confío, por tanto, en que resulte útil y valioso para todo el mundo en el Camino que, más allá de nuestras diferencias, todos compartimos.

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Nota del autor

Los lectores que no estén familiarizados con el zen ni con el proceso Big Mind (Gran Mente) tal ·vez quieran, antes de emprender la lectura de este libro, escuchar el breve

ejemplo de quince minutos del proceso que incluimos en nuestra página web www.liebremarzo.com (en donde el lector interesado podrá descargarse varios archivos de audio en inglés relativos al proceso Gran Mente,

o Big Mind). Se trata de parte de una conversación espontánea e inédita con Sheila Hamilton, una joven desconocida que no tenía ninguna experiencia previa con el zen ni con el proceso Gran Mente. Creo que el lector lo disfrutará y podrá, de ese modo, entender mucho mejor este libro.

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GRAN MENTE, GRAN CORAZóN

Existe una conciencia trascendente, una Gran Mente y un Gran Corazón a los que todo el mundo puede acceder y cuya realización reconocemos como origen de la paz, la felicidad, la satisfacción, el coraje y la alegría verdadera. Pero, puesto que ignoramos el modo de acceder a ella, es decir, cómo cobrar conciencia de ella, desconocemos también el modo de encarnarla y expresarla.

Durante los últimos treinta y seis años he estado buscando un método para que todo el mundo pudiera establecer contacto con esa conciencia. Y, después de mucho estudio y de enfrentarme con éxito a muchas dificultades, acabé descubriendo, en junio de 1999, un método muy sencillo y eficaz que, desde entonces, he estado investigando y perfeccionando y al que he acabado por llamar proceso Gran Mente/Gran Corazón o, simplemente, proceso Gran Mente.

Todo empezó un fin de semana de febrero de 1971 durante una acampada con un par de amigos en el desierto de Mojave. Sentado a solas en la cima de un pequeño promontorio me preguntaba cómo, a los veintiséis años, había acabado complicándome tanto la vida. Me hallaba atrapado en una relación que, ciertamente, había empezado de manera muy diferente. Ya había pasado por otra relación que, para no terminar loco, acabé rompiendo, pero ahora, tres años después, volvían a aflorar los mis

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mas sentimientos, razón por la cual tomé la determinación de pasar unos días en el desierto para contemplar mi vida con cierta perspectiva.

Desde la cima de ese otero podía ver mi furgoneta Volkswagen estacionada, a unos tres kilómetros de distancia, en el lugar en el que habíamos decidido acampar ese fin de semana. Entonces empecé a pensar en mi apartamento de Long Beach (California), donde trabajaba, como profesor de educación especial de cuarto, quinto y sexto grado, en una escuela primaria y donde vivía, con mi novia, frente a la playa. Dos preguntas acudieron entonces espontáneamente a mi mente: ¿Cómo pude haberme complicado tanto la vida y cuál era mi verdadero hogar?

¿Cuál es mi verdadero hogar? Ésta es U)1a buena pregunta que todos deberíamos formularnos. De hecho, ése es el comienzo, cuando nos damos cuenta de que hemos perdido o carecemos de algo, pero no sabemos de qué se trata. Esa sensación, ese misterio, constituye una especie de despertar a lo que podríamos denominar espiritualidad o simplemente conciencia, que nos lleva, por más que ignoremos de qué se trata, a buscar lo que hemos perdido.

La mente despierta, sea cual sea el nombre que le demos, siempre está tratando de aflorar, enviándonos señales para que regresemos a nuestro auténtico hogar. Alguien dijo, en cierta ocasión, que nuestro único problema es la nostalgia de nuestro auténtico hogar y que, cuando no estamos realmente en casa, enfermamos. Pero nuestro hogar, obviamente, siempre está en el lugar en que nos encontramos. ¿Por qué, entonces, no lo sentimos así? ¿Por qué nos sentimos tan alienados de nuestro hogar Yde nosotros mismos?

Creo que una de las cosas que siempre estamos buscando es poder sentirnos, estemos donde estemos, en casa; es decir, poder sentirnos en casa en nuestro cuerpo y poder sentirnos en casa en nuestro yo. En este sentido, es como si nosotros, como las palomas, dispusiéramos de una especie de instinto que nos impulsa a encontrar el camino de vuelta a casa.

Yo la llamo la Mente que Busca el Camino o la Mente que Busca la Verdad. En muchas ocasiones, esa mente permanece aletargada pero, en

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GRAN MENTE, GRAN CORAZÓN

el mismo instante en que despierta, toda nuestra vida experimenta una sacudida muy profunda. Entonces se reordenan nuestras prioridades y las cosas que más importantes nos parecían -como la seguridad, la fama, las posesiones o la riqueza-pierden el valor que les atribuíamos y lo más importante pasa a ser descubrir quiénes somos.

Eso fue, precisamente, lo que me ocurrió en 1971, en la cima de esa montaña ubicada en mitad del desierto de Mojave. Súbitamente mi mundo se desplomó y experimenté algo completamente nuevo e inesperado. Entonces me convertí en el Universo, me fundí con el Creador y con todas las criaturas y me di cuenta de la estrecha relación que une todas las cosas, que todo está conectado con todo lo demás y que lo que sucede a cualquiera de las cosas de este mundo acaba afectando a todas las demás.

Fue como si, después de haber estado loco toda la vida, hubiese recuperado súbitamente la cordura ... aunque no fue eso, precisamente, lo que entendió mi madre. Repentinamente me di entonces cuenta, por primera vez en mi vida, de que todo tenía sentido y de que mi búsqueda de seguridad, riqueza y fama era tan ridícula como absurda. Estaba completamente en paz. Lo único que realmente me importaba era compartir esa experiencia con los demás y descubrir más cosas sobre este sorprendente viaje llamado vida, dos deseos que, desde entonces, jamás han dejado de inspirarme. De ellos, a fin de cuentas, se deriva la motivación que me ha llevado a contar esta historia y a escribir este libro.

Aunque en ese momento no pude explicarme lo que acababa de ocurrir, sabía de manera intuitiva que se trataba de algo extraordinario. De hecho, la persona que bajó de esa montaña no tenía nada que ver con la que había subido a ella. Fue como si, en mi interior, se hubiese activado una energía poderosa e indescriptible que me hubiese fundido con Dios. El mundo entero estaba en mí y yo era el mundo entero. Yo era todas las cosas y todas las cosas eran yo. Entonces sentí como si mi vida fuese una locomotora lanzada a ciento cincuenta kilómetros por hora que, repentinamente, hubiese cambiado de dirección. Después de esa experiencia, la Gran Compasión afloró naturalmente sin necesidad de re

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GRAN MENTE, GRAN CORAZÓN

alizar esfuerzo alguno. Lo único que me importaba era despertar y contribuir como mejor pudiera a que otros también despertasen.

Esa misma noche, el amigo que me acompañó me dijo que hablaba como si fuese un maestro zen. Y aunque, por aquel entonces, no sabía absolutamente nada sobre el zen ni sobre los maestros zen, la energía interna que sentía, como si me hallase movido por algo más grande que mi limitado cuerpo, me impidió conciliar el sueño. A la mañana siguiente, me senté en el campamento, claramente consciente de lo que tenía que hacer y de que mi vida jamás volvería a ser la misma. El domingo por la noche, cuando regresé a Long Beach, rompí con mi pareja y emprendí el camino en el que todavía me encuentro.

Creo que todos tenemos la sensación de que hay algo más, algo más grande. Cuando somos niños jugamos -yo, al menos, así lo hice-con los misteriosos conceptos de infinito y de eternidad, lo que, en ocasiones, nos lleva a preguntarnos por el significado de la muerte o la existencia de Dios. Pero, como no había sido educado en ninguna confesión religiosa, tampoco tenía ninguna creencia concreta sobre la vida después de la muerte. ¿Cómo será -me preguntaba-la muerte? ¿Será acaso -me respondía asustado-como dejar de ser consciente por toda la eternidad?

Hay una parte de nosotros que siempre está formulándose preguntas y esbozando respuestas. Recuerdo una conversación que, a este respecto, mantuve, en torno a 1973, con mi hermana Carol, en su casa de Marin County, durante la que le pregunté: -Jamás te has preguntado cosas tales como '¿Qüén soy?', '¿A dónde voy?', '¿Q¡é es todo esto?' y '¿Por qué estoy aquí?' •.•En cierta ocasión lo hice -respondió ella-, pero no tardé en darme cuenta de que, si seguía dándole vueltas, acabaría volviéndome loca. Desde entonces, ya no he vuelto a formularme ese tipo de preguntas». Y estaba en lo cierto, porque pensar mucho en estas cosas puede re-sultar ciertamente aterrador.

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GRAN MENTE, GRAN CORAZÓN

Además de la nostalgia por volver a casa, el anhelo de plenitud y de satisfacción también nos lleva a cuestionamos las cosas y a buscar. Hay veces, como sucedió en mi caso, en el que se trata de un deseo de libertad y de liberación, mientras que, en otros casos, asume la forma de una búsqueda de la Verdad (con mayúsculas) o de lo Divino, de Dios, del Absoluto o de la Realidad y en otros, finalmente, consiste en la búsqueda del despertar o de la iluminación.

Son muchos los nombres con los que nos referimos a esta Verdad, que es lo trascendente. Empleamos muchas palabras para tratar de aprehender lo inasible. Pero el problema, precisamente, consiste en que la realidad es inasible, porque toda aprehensión requiere, obviamente, de dos términos -lo que aprehendemos y la persona que lleva a cabo la aprehensión-y la realidad es, de hecho, no-dos, es no dual. No hay modo alguno, pues, de aprehender la realidad, porque la realidad se encuentra más allá tanto del aprehensor como de lo aprehendido. Todo intento de aprehensión está, en consecuencia, abocado al fracaso.

Por ello resultan tan infructuosos todos nuestros intentos habituales de satisfacer el anhelo de Absoluto porque, para ello, es necesario ir más allá de la dualidad. Y esto es algo que, hasta el momento, siempre se ha realizado por una de las dos vías siguientes: por la gracia de Dios (es decir, viéndose premiado por la gracia divina mientras uno está buscando ... o no buscando) o después de años y años de esfuerw, búsqueda, meditación u oración diligentes hasta que llega un momento kármico especial en el que, sin saber muy bien cómo, nos encontramos ahí y nos damos cuenta de que en ningún momento habíamos abandonado ese lugar. Ése es nuestro auténtico hogar, un hogar que jamás hemos abandonado. Ese estado y esa conciencia son omnipresentes y son siempre accesibles. Es por ello que el despertar consiste, en última instancia, en darnos cuenta de quienes realmente somos.

Pero ¿por qué nos resulta esto tan difícil de realizar? Ésta es una pregunta que, desde mi primera experiencia de febrero de 1971, jamás he dejado de formularme. Después de haberme entrenado durante todos estos años en los métodos tradicionales del zen y de haberme convertido

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GRAN MENTE, GRAN CORAZÓN

finalmente en maestro zen, me doy cuenta de que el zen es un modo de acceder a esa conciencia.

El entrenamiento tradicional parecía no tener fin, pero al zen también se le

conoce como la .escuela abrupta» del budismo. Hay una forma inmediata y súbita

de despertar a esta Gran Mente. Sabemos que, después de años y años de entrenamiento y de práctica, tiene lugar una realización súbita. Pero ¿por qué no puede, esa realización súbita, si es omnipresente, ser alcanzada u obtenida por cualquier persona en cualquier momento?

Ésta es la pregunta que, durante todos estos años, he estado formulándome, porque me parece que el tiempo tiene, en este sentido, una importancia crucial. Si

seguimos avanzando como lo hemos hecho hasta ahora, acabaremos quedándonos

sin tiempo. El reto al que nos enfrentamos consiste en provocar un despertar que, hasta el momento, sólo resultaba accesible a unos pocos buscadores talentosos de las grandes tradiciones espirituales de todo el mundo.

Desde el momento en que, en 1973, empecé a encargarme de las clases introductorias del Zen Center de Los Angeles y durante los veinticinco años en que he estado enseñando zen de manera más o menos tradicional, siempre he estado experimentando con diferentes posibilidades. En 1978, esbocé lo que entonces

bauticé como .Meditación Guiada Gran Mente», llamada así porque la experiencia

que había tenido en 1971 era una experiencia Gran Mente/Gran Corazón. En esa

meditación guiada empezaba pidiendo a los participantes que, partiendo de su

situación real inmediata, se abriesen a las personas que les rodeaban, a la sala, al barrio, a la ciudad, al estado, al país, al mundo y, finalmente, a todo el cosmos y,

una vez que se habían expandido de ese modo, les invitaba a adentrarse en los dominios de lo trascendente y de lo ilimitado. Pero, por más que esa meditación

guiada funcionase, con el paso del tiempo dejó de satisfacerme porque, de algún modo, sabía que todavía debía descubrir un método más sencillo y más directo.

En julio de 1999 ocurrió algo completamente nuevo. Llevaba nueve meses

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GRAN MENTE, GRAN CoRAZÓN

terior, algO iba creciendo, aunque no tenía e! menor indicio de lo que se trataba. En tomo a mi quincuagésimo cumpleaños estaba trabajando, en uno de los talleres que habitualmente dirigía, con un joven, frente a un grupo de unas cincuenta o sesenta personas, y, en e! momento en que le pedí que hablase con la voz de la Gran Mente, asistí al nacimiento del proceso Gran Mente. Y es que, por más que se tratase de un principiante, es decir, de una persona que jamás había estudiado zen, cuando empezó a hablar, lo hizo con tanta claridad que mi mente experimentó una auténtica conmoción. Entonces me di cuenta de! cambio que esa persona había experimentado porque, en e! mismo instante en que le pedí hablar con la Gran Mente, ésta estaba ahí.

Durante todos esos años de enseñanza -que, por aquel entonces, ya eran más de veinticinco--había considerado imposible que un principiante pudiese avanzar más allá del yo. Es cierto que había quienes, esforzándose seriamente en e! estudio y en la práctica de sentarse en la postura de meditación -y también con lo que parecía mucha suerte-, podían liberarse de esas limitaciones y, yendo más allá de las restricciones impuestas por el yo limitado, adentrarse en e! espacio que ahora denomino Gran Mente/Gran Corazón. Pero ahí había un principiante que parecía acceder a ese mismo lugar después de solicitarle simplemente hablar como la Gran Mente. Así fue, en suma, como nació el proceso Gran Mente.

Pero ese parto no concluyó hasta tres meses después durante un viaje a Europa, momento en el cual pude advertir su forma y su estructura, aunque todavía de un modo vagamente premonitorio. Decidí mantener el nombre Gran Mente (Big Mind) por razones estrictamente personales, como una forma de honrar a mi padre (cuyo nombre era Ben Merzel, de ahí las iniciales), a mimaestro Taizan Maezumi Roshi ya mi hijo (que se llama Tai, que en japonés significa «grande»). (Y también hay que decir incidentalmente que, en japonés, Gran Mente es Taishin o Daishin.) Así pues, e! proceso ya tenía un nombre, pero todavía no se hallaba plenamente desarrollado.

Desde entonces han pasado más de ocho años, el proceso sigue floreciendo y todavía no está completamente desarrollado. Pero, aunque ig

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nore la dirección en la que seguirá creciendo, espero y deseo que llegue a desempeñar un pape! clave en nuestro país y en el mundo como método para enseñar y ayudar a la gente a expandir su conciencia.

El proceso Gran Mente ha impregnado mi enseñanza hasta e! punto de acabar integrándose completamente en ella. Y, puesto que se trata de un método muy accesible, sencillo y evidente, estoy plenamente convencido de que posibilitar, desde e! mismo comienzo, e! acceso de las personas a la Gran Mente es, realmente, la dirección más sabia que podemos

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La unión de Oriente

y

Occidente:

los dos pilares en los que se

asienta elproceso Gran Mente

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LA UNIÓN DE ORIENTE y OcCIDENTE

En 1983, el templo zen de Los Angeles se hallaba en crisis y todo e! mundo era consciente de la necesidad de emprender un trabajo terapéutico que nos permitiese

superar los problemas y la confusión. Para ello invitamos a Hal y Sidra Stone al Zen Center para que trabajaran con todos nosotros y fuimos muchos los que, durante ese tiempo, empezamos a estudiar, con Hal, e! «diálogo de voces».

Hal y Sidra eran los descubridores de esa técnica terapéutica concreta. Ambos

tenían una formación psicoterapéutica muy rica y muy diversa. Hal había sido

analista junguiano, director de la asociación analítica junguia na de Los Angeles y

también había estudiado terapia gestalt y otras corrientes terapéuticas a la sazón

muy conocidas y, durante los años sesenta, entre ambos habían elaborado y puesto a

punto la técnica de! diálogo de voces.

Esa técnica me pareció que complementaba perfectamente nuestra práctica zen,

proporcionando a los occidentales algo de lo que habitualmente carece la formación zen tradicional. Muchos de nosotros -incluyendo tres que han acabado convirtiéndose en maestros-empezamos entonces a acudir dos o tres horas, un par de días por semana, a casa de Hal y Sidra a estudiar el diálogo de voces.

La técnica del diálogo de voces, un proceso que apunta a elevar el nivel de

cOnciencia y la conciencia de uno mismo, se asienta en dos fundamentos básicos, la terapia junguiana y la terapia gestalt y, aunque no soy terapeuta, considero que se

trata de la mejor de las terapias a las que pudimos apelar. Obviamente, existen distintas terapias para personas y problemas diferentes, pero el diálogo de voces me parece sumamente eficaz.

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Lo que más me gusta del diálogo de voces es que convierte al entrenamiento zen en algo realmente sano y arraigado. No olvidemos que el zen es, básicamente, una práctica radical que aspira a liberarnos de todas nuestras identificaciones y a cortar, cortar y seguir cortando las cadenas y ataduras que nos atrapan, 10 que, en ocasiones, nos hace sentir psicológicamente muy desarraigados.

Aunque fueron muchas las personas que, después de más de doce años de este tipo de trabajo en el ZCLA, habían experimentado algún tipo de despertar, algún tipo de apertura espontánea, no por ello habíamos resuelto nuestros problemas psicológicos. Porque hay que decir que la práctica espiritual no siempre resuelve los problemas psicológicos más profundos. De hecho, podemos sentarnos en meditación durante veinte, treinta o cuarenta años y no hacer sino enterrar cada vez más nuestros problemas. Éste es uno de los aspectos negativos de la meditación sen-tada, porque podemos avanzar en la práctica tradicional del zen, podemos resolver

koan tras koan (es decir, las preguntas típicas del zen que nos abren a comprensiones que se encuentran más allá del intelecto) sin acceder, por ello, al meollo de nuestros problemas psicológicos.

El diálogo de voces nos permitió asentarnos en algo que era muy occidental y psicológicamente muy sano. Sabíamos -algunos de nosotros, al menos-que habíamos descubierto algo extraordinariamente valioso e importante, razón por la cual seguimos empleándolo.

A mí me gustaba mucho y me pareció absolutamente necesario para que el zen acabase arraigando en Occidente. Entonces empecé a utilizarlo a 10 largo de mi enseñanza y empecé a dirigir talleres que llamé diálogo de voces. En 1998, sin embargo, me di cuenta de que mi interés no se centraba tanto en los aspectos psicológicos de este enfoque como en su aplicación a la enseñanza zen. Ése fue, precisamente, el motivo que me llevó a desarrollar 10 que, en 1999, acabé denominando proceso Gran Mente; éste, en consecuencia, se asienta en dos raÍCes fundamentales: el zen y el diálogo de voces.

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LA UNIÓN DE ORJENTE Y OCCIDENTE

Cómo funciona

el

diálogo de voces

Hal Y Sidra Stone sabían bien que, dentro de cada uno de nosotros, hay muchas facetas y subpersonalidades diferentes; una visión que, en mi opinión, es muy junguiana. Pero esas subpersonalidades pueden acabar convirtiéndose en sombras que no reconocemos como propias. Hay aspectos de nosotros que, por el simple hecho de que nos desagradan o nos hacen sentir mal, acabamos repudiando. Todos hemos tenido, en algún que otro momento de nuestra vida, la experiencia de tomar una determinada decisión y perseverar en ella, aunque hayamos olvidado dónde y cuándo la tomamos. No es de extrañar por ejemplo que, si nos desagrada estar enfadados, si no creemos tener derecho a estar enfadados o si nuestros padres nos enseñaron que no es bueno estar enfadados, acabemos repudiando nuestra ira.

Pero el hecho es que reprimir una determinada voz no implica su desaparición, sino tan sólo su rechazo, con 10 cual acaba simplemente soterrándose y convirtiéndose en el agente oculto de una serie de «operaciones encubiertas». Por ello, puedo estar realmente enfadado contigo sin darme cuenta, no obstante, de mi ira. Y poco importa entonces, si no me doy cuenta, que resulte evidente para todo el mundo. Cuando, en tal caso, veo la ira de otra persona, me disgusta y, al estar rechazando mi propia ira, tiendo a alejarme, a tener miedo o a enfadarme con las personas que se muestran enfadadas. Así pues, una forma muy rápida de descubrir las facetas enajenadas de mí mismo tiene que ver con aquellas cualidades que me desagradan de los demás, porque muy probablemente se trate de cualidades que he acabado enajenando de mi propio ser.

Los Stone se dieron cuenta de que 10 que, en tal caso, uno tiene que hacer es restablecer el contacto con esas voces reprimidas, sacarlas a la luz con la ayuda de un facilitador que solicite hablar con ellas y nos permita, de ese modo, emprender un diálogo que las rescate del olvido. En este sentido, el diálogo de voces permite que se manifiesten las facetas reprimidas, que salgan a la luz y se reintegren en nuestra propia vida.

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.GRAN MENTE, GRAN CORAZÓN

El proceso Gran Mente también pone de relieve esas voces reprimidas, pero no se queda simplemente ahí. En 1983, Hal nos dio una llave mágica que sirve para abrir muchas puertas, un complemento perfecto para nuestra formación zen que nos permitió sanar psicológicamente. Pero, hasta junio de 1999, no me di cuenta de que esa llave también servía.para abrir la puerta de lo trascendente.

Existen ciertos aspectos de nuestro yo que, si bien son omnipresentes, siempre han permanecido aletargados. No se trata, en este sentido, de facetas que se hayan visto reprimidas y enajenadas de nuestro ser, porque lo cierto es que jamás las hemos poseído. A esas voces que siempre han estado ahí pero que nunca han despertado, como, por ejemplo, la Gran Mente -o como quiera que decidamos llamar a lo trascendente-, suelo denominarlas voces dormidas. Por ello el proceso Gran Mente apunta a despertar las voces o aspectos que, si bien están ahí, todavía no han despertado.

Del mismo modo que Hal y Sidra Stone sabían que las voces de las

subpersonalidades estaban ahí, yo tampoco tenía la menor duda de que lo mismo

ocurre con lo trascendente. Después de veintiocho años aproximados de práctica, sabía, con una certeza absoluta y sin el menor atisbo de duda, que la Gran Mente, el Gran Corazón y las demás facetas trascendentes se hallan, de algún modo, presentes de continuo en todos nosotros. Lo que ignoraba, hasta junio de 1999, era su gran accesibilidad.

Los practicantes de los años setenta, ochenta e incluso noventa nos tomábamos las cosas muy en serio y nos sentábamos a meditar durante muchas horas llegando, en ocasiones, a realizar retiros de meditación sentada de noventa días. (En 1988, por ejemplo, llevamos a cabo en Bar Harbar [Mainel un retiro de noventa días con diez horas de meditación sentada diaria, tomándonos libres tan sólo un par de días, el trigésimo yel sexagésimo, para hacer la colada.) Lo que conseguíamos en esos di-latados retiros era sentarnos durante un tiempo interminable y acabar rendidos.

El agotamiento es una de las formas más tradicionales de despojarnos del ego porque, cuando estamos exhaustos, también lo está nuestro

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LA UNIÓN DE ORIENTE y OCCIDENTE

ego, en cuyo caso mal podremos iniciar una pelea O alentar una resistencia, con lo que acabamos arrojando la toalla y dándonos por vencidos. Y, en ese momento de entrega plena, precisamente, tiene lugar la comprensión. Ésa ha sido la técnica,

confirmada por miles de años de experiencia, más habitualmente empleada.

Pero es muy osado tratar de mejorar algo que ha sido llevado a cabo y puesto a

prueba durante dos mil quinientos años y es muy probable que cualquiera que pregunte por qué no podemos mejorar a los viejos maestros sea llamado toda clase de cosas. Es por ello que, cuando empecé a incluir e! proceso Gran Mente en mi enseñanza, algunos de mis discípulos más antiguos se mostraron muy reacios y

también hub~ quienes consideraron una herejía apelar a métodos tan apartados de!

canon tradicional. Después de casi veintiocho años de atenerme al camino marcado

por la tradición, no hubiera tenido empacho alguno en renunciar a mi método de haber visto que su eficacia era inferior a la práctica tradicional. Lo que me

sorprendió -y todavía sigue sorprendiéndome-es que esta técnica permite a casi todo e! mundo, desde e! principiante hasta e! practicante avanzado, acceder a esas voces trascendentes y empezar entonces a hablar de manera clara, precisa y sincera de su

experiencia de esas voces.

Este cambio resulta evidente para cualquiera que se halle presente y también ha sorprendido a muchos de los líderes espirituales competentes de las grandes tradiciones y hasta a los escépticos que lo han presenciado. Siempre habrá, por

supuesto, quienes no quieran participar ni explorar por sí mismos e! proceso. En e! momento en que escribo esto, todavía hay quienes están plenamente convencidos de que tal cosa es imposible.

Estoy dispuesto a enfrentarme a todo e! escepticismo y a responder a todas las dudas y críticas que se me planteen con respecto a este proceso, porque creo que supera con creces 10 que hacía antes de 1999 y, en consecuencia, no puedo dar marcha atrás.

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GRAN MENTE. GRAN CORAZÓN

Atravesando

la

Barrera sin Puerta

En el zen hablamos de la Barrera sin Puerta que separa el yo de 10 trascendente.

Pero ¿cómo podemos conseguir, por más que sepamos que se trata de una Barrera sin

Puerta o, dicho en otras palabras, que no hay puerta ni barrera alguna que atravesar, que alguien pueda llegar a verlo así?

La psicología occidental, especialmente el trabajo de Hal y Sidra Stone, me ayudaron a darme cuenta de 10 que mantiene cerrada esa puerta. El regalo -es decir, la llave-que Hal y Sidra me proporcionaron es la comprensión de que, en cada uno de nosotros, esa puerta está custodiada por un guardián, o guardianes, al que llamo Controlador o Protector.

Si queremos atravesar esa barrera y acceder a 10 que se encuentra dentro de los muros del templo, necesitamos contar con el permiso de ese guardián. Y, para ello, hay una fórmula mágica que consiste en pedirlo «por favoflt y pedírselo a uno mismo también forma parte de esa fórmula mágica. No en vano se dice: «Pide y te será dado •.

Por ello, solicitamos permiso para entrar diciendo: «¿Por favor, Controlador, puedo entrar?

o «¿Me permitirías ahora, Controlador-Protector, hablar con ... ?

Las tradiciones nos han ensefiado a relacionarnos con 10 trascendente mediante el esfuerzo y la lucha, invirtiendo mucha energía en ir desde el punto A hasta el punto B. Pero esta estrategia, que tan exitosa resulta en el mundo relativo, no parece funcionar bien en el dominio de 10 absoluto. Recuerdo que cuando, en 1973, me enfrenté a mi primer koan, esforzándome con todas mis fuerzas, toda mi energía y todo mi cuerpo en convertirlo en una realidad y tornarme uno con él, fue como si me golpeara la cabeza

contra la pared, porque nada de eso funcionó. Finalmente caí en la cuenta de que, en

realidad, no se trataba tanto de esforzarse como de dejar de esforzarse, es decir, de soltar. Así fue como, en el mismo instante de arrojar la toalla y de entregarme

completamente, descubrí que ya estaba allí. ¿A qué, pues, debía renunciar? Al intento y al esfuerw de llegar hasta allí.

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LA UNiÓN DE ORIENTE y OccIDENfE

Pero ¿cómo podemos hacer eso mismo con otras personas? Ahí es, precisamente, donde entra en juego el proceso Gran Mente. En lugar de tratar de llegar a algún lugar o de esforzarse en convertirse en algo, uno simplemente pregunta: «¿Podría hablar con...? y, a partir de ahí, habla como si fuera ese personaje. Así es como abandonamos e! intento y e! esfuerzo y trascendemos e! tiempo y el espacio. Así es como, cuando nos preguntan: «¿Podría ahora hablar con la voz de la Gran Mente (o con la Mente Q!¡e No Busca o con cualquier otra voz)?» uno se descubre simplemente ahí, porque esa voz, al ser omnipresente, está siempre ahí. Sólo se nos antoja un misterio cuando ignoramos e! modo de acceder a ella.

En e! mismo instante en que trascendemos esto yeso, e! yo y e! otro, e! yo ye! tú, estamos ahí. Pero, por más oDlIÚpresente que sea, no siempre podemos acceder, porque habituados, como estamos, a buscar, esforzarnos y desear, nos hallamos atrapados en la visión de! ego limitado. Pero nuestra verdadera naturaleza carece de fronteras porque, en ella, no hay yo, e! yo no es más que un límite semejante a la tensión superficial que mantiene a una pompa de jabón.

Pero, en e! mismo instante en que pedimos hablar con la Gran Mente, con e! No-Yo o con la No-Mente, la burbuja estalla y nos descubrimos súbitamente fuera de ella, fuera de los límites de! yo. Entonces nos damos cuenta de que la burbuja está llena de aire y de que el yo, en realidad, no es más que un concepto, una idea y, en última instancia, una mera ilusión.

Pero el yo ilusorio es una manifestación de la Mente, de la Gran Mente. ¿Acaso 10 necesitamos? Por supuesto que sí. Pero ¿necesitamos estar identificados con él las veinticuatro horas de! día, siete días por semana? Evidentemente no, porque, cuando nos identificamos con e! yo y nos convertirnos en e! yo, vivimos sumidos en el miedo, la ansiedad y la tensión, es decir, vivimos sumidos en el sufrimiento. Cuando, por e! contrario, dejamos de identificarnos con e! yo y nos identificamos con 10 que carece de fronteras --es decir, con la Gran Mente (que, a fm de cuentas, no es más que un nombre y que, en consecuencia, podríamos denominar de muchos modos diferentes, como Consciencia Universal, etc.)e! miedo sencillamente desaparece. Cuando nos identificamos, pues, con lo inasible y lo innombrable, el miedo simplemente se desvanece.

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GRAN MENTE, GRAN CORAZÓN

Pero nosotros vivimos atrapados en la perspectiva limitada que nos proporciona nuestro yo, en lo que podríamos denominar la mente dualista (a la que, por cierto, no debemos confundir con la enfermedad psicológica llamada personalidad dual o

personalidad múltiple). El pensamiento dualista es una modalidad de pensamiento que damos por sentada por el simple hecho de que pasamos en ella la mayor parte del tiempo. Por eso nuestra·visión del mundo es dual y lo contemplamos en términos de sujeto y objeto, yo y tú, yo Y el mundo, yo y mis pensamientos, y lo

concebimos en categorías opuestas como bien y mal, correcto y equivocado, yo y

los demás, hermoso y feo, etc. Así se nos ha enseñado y así se nos ha condicionado

durante mucho tiempo a ver el mundo.

Pero hay veces sin embargo en las que, al contemplar un árbol o una hermosa puesta de sol, no los juzgamos ni nos decimos que se trata de un árbol feo o de una hermosa puesta de soL En tales casos, no nos forjamos una opinión al respecto, sino

que simplemente observamos, sin juzgar lo que vemos en términos de hermoso o feo y, en tales ocasiones, tenemos un atisbo de percepción pura, de conciencia no

dual.

Obviamente debemos distinguir lo correcto de 10 equivocado pero, cuando

estamos buscando la paz mental, como sucede en el caso de la meditación, nuestra incapacidad de desconectar de la modalidad dualista de pensamiento se convierte en un auténtico problema. Es como cuando, al ir a dormir, no conseguimos desconectar del rliálogo interno: cuanto más intentamos dormirnos, más difícil nos resulta. O

cuando el cambio de velocidades de nuestro coche se queda trabado en una deter-minada marcha: todas las marchas son útiles, pero no cuando estamos trabados en una en particular. En este sentido, la mente no dual nos proporciona la oportunidad

de silenciar el rliálogo interno en aquellos casos en que es necesario como, por ejemplo, al ir a dormir o al merlitar, mientras que la mente dualista, por su parte,

nos ayuda a elegir uno de los cincuenta tipos de pan diferentes que encontramos en los expositores de un supermercado.

Nosotros no solemos ver las cosas desde una perspectiva no dual; eso es algo que se nos escapa y que, en consecuencia, anhelamos. Nosotros

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LA UNIÓN DE ORIENTE y OCCIDENTE

queremos estar más cerca de la verdad, de la realidad, de Dios, de la naturaleza, de nuestra verdadera naturaleza, de nuestro yo y de los demás. Es como si nuestro yo se hubiese congelado y, de ese modo, hubiera petrificado el flujo natural del universo en forma de pequeños bloques de hielo a los que denominamos «yo». Entonces empezamos a relacionarnos con los demás pedazos de hielo en busca de proximidad e intimi~ dad, pero jamás podremos conseguirlo, porque ese intento es tan absurdo como dos bloques de hielo tratando de hacer el amor. Es evidente que nos relacionamos y hacemos el amor, pero no por ello conseguimos la· intimidad que tan desesperadamente anhelamos. No nos damos cuenta de que el yo es el que está creando el problema. ¡Yo soy el problema!

Y, cuando nos damos cuenta de que el problema reside en el yo, recuperamos nuestro poder. Hasta ese momento hemos ido de un lado a otro o, lo que es bastante más frecuente, hemos asumido engañosamente el papel de víctimas, culpando a todo el mundo y a todas las cosas de nuestros problemas. Pero, mientras no nos demos cuenta de que el problema reside en nosotros, no sabremos qué hacer con él ni, en consecuencia, cómo resolverlo.

Cuando nos damos cuenta de que el problema reside en el yo (o, en términos de zen, de que el koan soy yo), se nos abre la posibilidad de resolverlo, dejando de identificarnos con el ego limitado y estrecho que es la causa de todos los problemas.

¿Cómo? La respuesta es muy sencilla: identificándonos, en su lugar, con lo que se encuentra más allá de los límites del yo. ¿Y qué es eso? El no-yo, la Gran Mente, la no-mente o el Yo Verdadero, llamémosle como queramos. Y es que, cuando nos identificamos con la Gran Mente, por ejemplo, vemos que todo es Gran Mente, que somos todas las cosas y que todas las cosas son yo. Entonces nos damos cuenta de que todo es yo, desde lo infinitamente grande hasta lo infinitesimalmente pequeño.

Esto es, precisamente, lo que la tradición zen denomina atravesar la primera barrera. Entonces es cuando trascendemos la visión limitada que considera al yo como el centro del universo y, en consecuencia, a todo lo que le rodea como algo amenazante y peligroso. Arriesguémonos a atra

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vesar esa barrera y dejaremos de vivir sumidos en el miedo, la ansiedad y la tensión y empezaremos a vivir como nos gusta, es decir, libres del miedo y despojados de todo encadenamiento y obstrucción, responsables de nuestras vidas y sin culpar a nada ni a nadie de las circunstancias en que VIVImos.

Sin requisito

ni

preparación concreta alguna

Lo más sorprendente del proceso Gran Mente en su gran accesibilidad, independientemente de la formación y experiencia de quienes lo emprendan. Y esa accesibilidad depende, en mi opinión, de la sinceridad con que pedimos permiso para hablar con lo trascendente.

Cuando descubrí este proceso pensé que, para que funcionase, debería emplear una fórmula concreta pero, desde entonces, me he dado cuenta de que todos los caminos conducen a Roma. Y ahora que sé que son muchas las vías que nos permiten acceder a lo trascendente, casi cualquier dirección puede servir para ayudar a los demás a seguir el camino de vuelta a casa.

Creo que esto se debe, en parte, al .proceso mismo y, en parte, a la seguridad que con el paso del tiempo he desarrollado, y que cualquier facilitador puede desarrollar también, de que se trata de un proceso que alguien y todos pueden llevar a cabo. Una cosa es creer que uno lo puede hacer y otra, muy distinta, saber que todo el mundo lo puede hacer. Saberlo de forma cierta, la confianza y seguridad de que todo el mundo, en cualquier momento, puede hacerlo, confiere realmente el poder a la gente para hacerlo. Todo lo que tiene que hacer es querer pasar a través del proceso.

Para emprender este proceso no se necesita creer nada especial; la única condición consiste simplemente en estar dispuesto a ello, en cuyo caso, no hay razón alguna que lo impida. Conviene insistir una vez más en que, para llevar a cabo este proceso, no es preciso creer nada ni confiar en nadie, lo único que se necesita es tener cierta confianza en mí o en el facilitador que lo esté dirigiendo. Como dice la frase de la película

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LA IJNlÓN DE ORIENTE y OCCIDENTE

f erry Maguire ..Ayúdame a ayudarte» y, en este sentido, mi única función como facilitador consiste en capacitar a mis alumnos del mismo modo en

que ellos me capacitan a mí.

La vía de la no-búsqueda

Cuando uno llega a un centro de meditación, ya sea oriental u occidental, se le enseña una forma de práctica que, a veces, consiste simplemente en seguir la respiración y que, en otros casos, consiste en etiquetar los pensamientos y las sensaciones que vayan presentándose, contar las respiraciones o formularse preguntas tales como «¿Quién soy yo?». Lo que todas estas prácticas tienen en común es darnos algo que hacer para alcanzar un determinado objetivo o estado mental. En contadas ocasiones, la práctica consiste sencillamente en sentarse. En la mayoría de las tradiciones, son necesarios muchos años de búsqueda antes de poder dar el paso decisivo que nos lleva a reconocer lo absurdo de la búsqueda, porque la misma búsqueda de la verdad o de la iluminación erige la barrera que nos impide alcanzar lo que estamos buscando.

Toda búsqueda procede del yo o, dicho en otras palabras, toda búsqueda es el resultado de la avidez y del deseo, un estado mental insaciable y que carece de fin. Nada de lo que descubramos mientras buscamos, ninguna comprensión y ningún logro nos saciará porque, mientras permanezcamos atrapados en ese engranaje, seguiremos insatisfechos y siempre querremos más.

El proceso Gran Mente nos permite descubrir nuestro 'punto muerto», ese lugar en el que nuestra mente no tiene ninguna marcha puesta y no se halla desesperadamente inmersa en ninguna búsqueda. Desde ahí, podemos cambiar de marcha y poner primera, segunda, tercera, cuarta, quinta, reducir o poner marcha atrás cuando sea necesario. Ésa es una capacidad muy valiosa y que nos proporciona una libertad completa. Cuando, en tal caso, estemos en el supermercado, podremos apelar fácilmente a la modalidad deseante de nuestra mente y encontrar lo que estemos buscando pero, cuando estamos sentados en una parada

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de autobús o tumbados en una playa de Hawaii, podremos desconectar esa modalidad y reposar tranquilamente.

Cuando aprendemos a dejar nuestra mente en punto muerto, es decir, cuando aprendemos a estar tranquilamente relajados y en paz, y a no sumirnos desesperadamente en la búsqueda, descubrimos lo que denomino la mente del nirvana, la mente de la paz y de la libertad completas. De modo que, si te sientas a meditar en un cojín o en una silla y pides simplemente hablar con la Mente que no Busca ni Desea y escuchas la respuesta: .Sí, yo soy la Mente que nO Busca ni Desea» o, dicho en otras palabras, si te identificas con esa mente en lugar de hacerlo inconscientemente con la Mente que Busca y Desea, entonces estarás realmente meditando. Ésta es una forma de meditación, conocida con el nombre de .simplemente sentarse», en la que no hay ambición, meta ni objetivo alguno.

Es como si, en el momento en que das el primer paso de un viaje, apuntases en la dirección correcta. Entonces, en lugar de encaminarte hacia el oeste para ir desde Hawaii hasta Salt Lake City, te dirigirás hacia el este, de modo que, cuanto más avances, es decir, cuanto más larga sea tu práctica, más se encarnarán en tu vida la paz y la libertad. En tal caso, la meditación trabajará a tu favor, en lugar de hacerlo

en tu contra.

Estoy completamente convencido de que éste es, precisamente, el motivo por el cual son tantos los practicantes de distintas tradiciones que, en lugar de acercarse a la Gran Mente, van estrechando su mente y haciéndola cada vez más pequeña, una mente obsesionada en hacer lo correcto y en no perder lo que creen haber ganado con la práctica. Yeso, por más lamentable que parezca, sucede con demasiada frecuencia. A ello se refrrió precisamente Suzuki Roshi en su libro Mente un, mente de principiante, en donde equiparó el objetivo, es decir, la mente zen, a la mente del principiante, porque la mente de principiante es una mente muy abierta y muy despierta que no está saturada de ideas, nociones, verdades y dogmas. Pero la mente de principiante no es sólo una mente abierta, receptiva y que carece de fronteras, sino que, para la fuente, se asemeja más a una vasija, a un vehículo O a un canal. La

mente de prin

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LA UN16 N DE ORlENTE Y O CClDEmE

cipiante está directamente conectada con la fuente, mientras que la mente del practicante avanzado o experto, por el contrario, suele ser una mente muy cerrada, estrecha y dogmática. Lamento decir esto, pero es algo que he advertido con demasiada frecuencia.

Por ello me parece muy importante que, cuando las personas aprenden a meditar -o

tan pronto como sea posible, si es que ya han aprendido-se den cuenta de que su único objetivo consiste en cambiar cuanto antes la modalidad buscadora habitual de la mente por la modalidad de la Gran Mente o del Gran Corazón, es decir, la Mente que no Busca ni Desea, la mente que no tiene objetivo ni meta alguna, porque entonces su sentada será mucho más profunda. Lo que, en tal caso, hacen es soltarse, dejar de identificarse con todo lo que se presenta, abrirse y seguir abriéndose para que la mente, en lugar de contraerse y estrecharse, permanezca, por el contrario, completamente abierta y expandida.

El lector debe saber que una de las principales razones que me han impulsado a escribir este libro y a impartir esta enseñanza es la certeza de que, de este modo, puedo ahorrar a la gente años y años de sufrimiento y esfuerzo en la dirección equivocada.

Cualquiera puede hacerlo

El proceso Gran Mente funciona para cualquier persona, independientemente de que haya pensado o no en alcanzar la iluminación y del nivel de desarrollo en que se encuentre, porque se trata de un proceso que todo el mundo puede llevar a cabo con éxito.

A lo largo del tiempo, he ido observando que los principiantes pueden experimentar y entender de inmediato lo que, de otro modo, habría necesitado de años y años de práctica. Inmediatamente entienden mejor cómo meditar y cómo responder las grandes preguntas de la vida. De hecho, la enseñanza se absorbe así mucho más profundamente, porque se absorbe desde el interior hacia afuera más que desde lo exterior hacia adentro. En otras palabras, en lugar de escuchar la enseñanza y tratar de entenderla, hablamos como el maestro.

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De hecho, la enseñanza siempre procede de la experiencia despierta. Tradicionalmente, quienes la reciben tratan de llegar hasta ahí, pero, durante e! proceso Gran Mente, uno descubre que ya está ahí. Ése es e! verdadero significado de los términos «educar» y «facilitar», y nuestra función, en este sentido, consiste en facilitar a la persona e! acceso a la sabiduría omnipresente que ya se encuentra en su interior. De este modo, las palabras de quien se identifica con la Gran Mente, es decir, con la sabiduría trascendente, con la sabidüría que trasciende la dualidad, expresan la sabiduría de! Buda. Y, de! mismo modo, las acciones de quien se identifica con e! Gran Corazón son las de un bodhisattva, es decir, de la persona que pone a los demás por delante de sí mismo.

Toda la sabiduría que nos proporciona la práctica espiritual se encuentra ya en nosotros sin necesidad de leer un solo libro. Pero entiéndase bien que en modo alguno quiero decir con ello que leer esté mal, sino tan sólo que no es necesario, porque la sabiduría de los grandes místicos y maestros espirituales de todos los tiempos se encuentra ya en nuestro interior, aguardando e! momento en que realicemos ese cambio. Durante miles de años, las personas han estado esforzándose en provocar ese cambio sin darse cuenta de que, al hacerlo así, estaban luchando consigo mismos; algo tan absurdo como tratar de levantarse tirando de los cordones de sus zapatos. Es imposible, dicho en otras palabras, salir de la mente que busca utilizando la mente que busca.

Pero esto también ocurre cuando uno está tan exhausto, después de sentarse diez horas al día durante semanas, que acaba rindiéndose. Entonces uno se pregunta cómo llegó hasta ahí y sigue esforzándose durante semanas en volver a ese lugar, cuando lo único que tendría que hacer es pronunciar sencillamente la simple frase: «Por favor».

Y esto es algo que funciona con todos nosotros, especialmente los occidentales, porque nuestra madre nos ha enseñado muchas veces esa frase mágica. Basta simplemente, pues, para establecer contacto con la sabiduría, con pedir permiso al ego: «¿Podría hablar con la Mente que no Busca ni Desea, con la Gran Mente, con e! Gran Corazón o con e! Maestro?-¿Cómo podría, en tal caso, negarse e! ego?

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LA UNIÓN DE ORIENTE y OCCIDENTE

Cuando alguien nos obliga a prepararle una taza de café, podríamos ir a buscarla, aunque quizás lo hiciéramos con resentimiento, ira u hostilidad, o también podríamos responder: «¡Prepáratela tú!». Pero cuando alguien se dirige amablemente a nosotros diciéndonos «¿Serías tan amable de prepararme una taza de café?, no tenemos problema alguno en ir a buscarla y preguntar incluso: «¿Lo quieres con azúcar y un poco leche? y

es que, cuando las cosas se nos piden de manera amable y bondadosa, dificilmente nos resistirnos.

Desde la época en que, en 1972, empecé a sentarme en el Zen Center de Los Angeles, las frases que más escuché de mis maestros japoneses Koryu Roshi y Maezumi Roshi fueron: «¡Abandona cuerpo y mente!», «¡Muere en el zazen!» y "¡Muere en el cojín!». Y aunque, por una parte> quería obedecer, porque siempre he sido una persona complaciente, por la otra, sin embargo, pensaba: «¡Pero qué dices! ¡En modo alguno voy a suicidarme! ¿Por qué iba a morir aquí y ahora? ¡No voy a abandonar mi cuerpo ni mi mente! ¿Por qué debería suicidarme? ¿Por qué debería hacerlo? Es como si me pidieras que saltara de un edificio de diez pisos. Realmente tendrías que darme una buena razón para que lo hiciese, y, aun así, probablemente no lo haría. No diez pisos. Un piso... tal vez sí,>.

Ese tipo de requerimientos no suele funcionar en Occidente y si, en nuestro caso, se hacía, era porque estábamos hechos de una pasta diferente. Quienes empezamos a estudiar zen en los años sesenta y setenta practicábamos artes marciales (yo mismo empecé a practicar karate en 1966) Yno teníamos problema en asumir tápidamente la actitud samurai de ponemos rápidamente manos a la obra. Hoy en día, sin embargo, la gente no es tan ingenua ni siente la misma atracción por cuestiones tan románticas.

Los occidentales tenemos una educación cultural completamente diferente. Nosotros vivimos en el siglo XXI y no somos japoneses. Los japoneses nunca han concedido la misma importancia que nosotros a la sensación de individualidad, a la diferenciación y a la identidad de! ego, sino que se han identificado más con e! emperador, con el shogun y con e! grupo, pero los occidentales atribuimos un valor extraordinario a la

individualidad.

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En este sentido, el proceso Gran Mente nos permite adentrarnos más profundamente en nuestro yo. Pero, ¿qué es 10 que sucede cuando nos adentramos más profundamente en nuestro yo? Aprendemos sobre nuestro yo, el más profundo de los misterios. Nuestros ojos y nuestra mente están enfocados hacia el exterior, hacia las apariencias externas, pero nuestro punto ciego se halla detrás de los ojos y no nos damos cuenta de quién es el que está mirando, escuchando, pensando, conociendo y sintiendo. De él no sabemos absolutamente nada.

El proceso Gran Mente no se basa en luchar con nuestro ego. El Buda dijo que dominar al yo es como pelear contra mil enemigos y derrotarles sin ayuda de nadie, pero son muchas, de ese modo, las batallas que uno pierde antes de ganar la guerra. Mi enfoque, por el contrario, es el menos belicoso que conozco. Lo que hacemos y que, en breve, pasaremos a relatar, consiste en reclutar al ego para que nos ayude a ganar esta guerra. Es como si nos acercásemos al enemigo y le dijéramos: « ¿Me ayudas a derrotarte?» Pero es evidente que ningún enemigo aceptaría este trato si no utilizásemos algún subterfugio o le faltásemos al respeto. De modo que 10 que hacemos es pedirle al ego que nos ayude a derrotarle dándole un trabajo para hacer,

10 que parece dejarle muy contento. Y 10 realmente sorprendente es que, aun sabiendo-lo que está haciendo, realmente nos ayudará... «Ayúdame a ayudarte».

Si pedimos al que llamo Controlador o Controlador-Protector: .¿Me permites hablar con la Mente que no Busca?, responderá: . Claro que sí •.

y

entonces simplemente realizamos el cambio: cambiamos nuestra postura para cambiar nuestra mente.

Cambiar

y

establecer distancia con respecto

al

Yo

El cambio de postura corporal propicia el cambio de la actitud mental estancada en la visión buscadora a otra actitud que no busca. Este cambio físico -y, en consecuencia, mental-nos ayuda a asumir la voz con la que queremos hablar. Este cambio se encuentra más allá del tiempo y del espacio o, mejor dicho, fuera del tiempo y del espacio y, en conse

Referencias

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