Tres Poetisas Italianas Del Renacimiento

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Texto completo

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Tres poetisas

italianas

del Renacimiento

Vittoria Colonna Gaspara Stampa

Chiara Matraini

Prólogo y traducción de Luis M artínez de M erlo

Edición bilingüe

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poesía Hiperión, 126

TRES POETISAS ITALIANAS DEL RENACIMIENTO

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EBELLO D O PPO n.MORfREVIVEREANtHORA;

TRES

POETISAS

ITALIANAS

DEL

RENACIMIENTO

VITTORIA COLONNA

GASPARA STAMPA

CHIARA MATRA1NI

Traducción y prólogo de LUIS M ARTÍNEZ DE MERLO

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poesía Hiperión

Colección dirigida por Jesús Munárriz Diseño gráfico: Equipo 109

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PRÓLOGO

Uno de los rasgos más interesantes entre los muchos que contri­ buyen a hacer de la cultura italiana del Renacimiento una primera y decidida avanzadilla de la modernidad, es sin duda alguna la irrupción de la mujer (no ya como un caso aislado y excepcional, sino aportando un suficiente número de voces diversas como para considerarlas como un fenómeno de conjunto) en el panorama lite­ rario -líric o , para ser más exactos- del momento, de tal manera que ninguna antología o trabajo sobre este período de la poesía en Italia podría prescindir de una nutrida representación de la poesía femenina, o al menos de la inclusión de sus voces más significativas.

La irrupción de este granado grupo de poetisas en el panorama literario del Renacimiento italiano no es más que la casi necesaria culminación de un largo proceso de incremento de “lo femenino” como fermento cultural, que se va abriendo paso lentamente a tra­ vés de los siglos medievales a partir de un doble culto: el primero, a la dama, que será central en el ámbito trovadoresco provenzal; el segundo a M aría, en sus más delicados atributos de doncellez y de hermosura, impulsado por el ternurismo franciscano y no tan aleja­ do del primero como pudiera parecer. Este proceso alcanza un punto culminante en la estética “stilnovista” en la Florencia de

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no sólo emotiva sino también intelectual, que la convierten en una interlocutora válida para un tan sutil juego de sentimientos y de conceptos como estos poetas le proponen: (“Donne ch ’avete inte- letto d ’amore” , “Voi ch ’entendendo il terzo ciel movete” , etc.).

Beatriz primero y, más adelante, Laura son dos jalones impres­ cindibles, ya con nombre propio, en esta evolución, a la que ten­ dremos que sumar la voz iluminada de Catalina de Siena, y que llegará a su apogeo a finales del siglo XV en dos ámbitos, si bien diferentes en tantos aspectos, unificados por el espíritu refinado, desenvuelto, culto, libre que los caracteriza, y por saber crear, uno y otro, un espacio fecundo de intercambio comunicativo entre los dos sexos: en primer lugar, las cortes aristocráticas de la Italia septentrional, en las que la soberana alcanza su mayor prestigio en su condición de “mecenas” y centro de un microcosmos donde la cultura en todas sus manifestaciones alcanza un prestigio inusitado, desde la especulación filosófica a las efímeras arquitecturas de la fiesta (Isabel de Este, en Mantua; Lucrecia Borgia, en Ferrara; Catalina Com aro, la reina viuda de Chipre, en su corte de Asoli) y, por otro lado, no menos decisivo para el desarrollo cultural, y en la base, como veremos, del florecimiento poético del siguiente siglo, los salones de las grandes y afamadas cortesanas “honestas” de las ciudades mercantiles y cosmopolitas, Génova, y sobre todo Venecia, herederas de las antiguas y refinadas “hetairas” griegas, frecuentadas por príncipes, por sabios, por artistas, cuya influencia puede ser comparada a la de las grandes damas ilustradas del sete­ cientos.

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Lesbos (de la que obviamente las poetisas del siglo XVI se recla­ marán herederas) resuena a través de quince siglos vacíos y silen­ ciosos. Un examen más detenido que el simple repaso de las histo­ rias literarias al uso podría revelamos, más bien, que la presencia de voces femeninas en el desarrollo de la lírica es una proporción más o menos constante en los momentos en que ésta ha alcanzado un mayor florecimiento, y que al lado de la lista de poetas ilustres (si bien sus obras hayan sido en muchas ocasiones las primeras en perderse, en siglos en los que la transmisión literaria constituía una empresa tan ardua, sujeta a tantos azares y a tantas ignoran­ cias) hemos de colocar los nombres de las poetisas que con ellos participaron en la tarea creadora, compitiendo con ellos y triunfan­ do sobre ellos en muchas ocasiones.

En efecto, la lírica griega arcaica no sólo nos ha legado la obra fundamental de Safo. Junto a ella aparece la figura de Corina de Tanagra, celebrada aún por Ovidio y Propercio, de cuya belleza se hace eco Pausanias, que le atribuye una victoria poética sobre el propio Píndaro. De Telesila, también citada por Pausanias, creado­ ra de un metro llamado “telesileo” por los retóricos alejandrinos; de Megalóstrata, la corego espartana amada por el poeta Alemán; de Erífanis, autora de diversos “nomios” , poemas amorosos en que una muchacha busca a su amado perdido. Las antologías de epigramas helenísticos nos han dejado también los nombres de Nó- side de Locros, Anite de Tegea, de quien se nos conserva un bellí­ simo poemita en que la pequeña Miro descubre por vez primera el misterio de la muerte al contemplar cómo Hades le ha arrebatado sus juguetes preferidos: una cigarra y un saltamontes; y la principal de ellas,JErina de Telos, muerta a los 19 años, autora de un extenso

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Muchos siglos más tarde (y pasando por alto la insólita figura de la monja alemana Rosvita -siglo X - y la riquísima lírica feme­ nina de al-Andalus), cuando renazca la lírica europea en lenguas romances, a partir de la obra monumental de los trovadores pro- venzales, encontraremos, junto a ellos, a diversas “trobairitzs” : Azalais de Porcairaguas, Castelloza y, sobre todas ellas, la enig­ mática y fascinante Condesa de Día, de la que se conservan cuatro canciones, en las que el deseo amoroso se manifiesta con una in­ tensidad y una sinceridad que no serán alcanzadas ni aun por sus colegas renacentistas, y que más se acerca a la voz apasionada y estremecedora que leemos en las cartas de Eloísa:

Bien quisiera a mi caballero

tener en mis brazos desnudo una noche, que él se tenga por dichoso

sólo- con que yo le hiciese de almohada (...) Bello amigo, amable y bueno

¿cuándo os tendré en mi poder? ¡Ojalá durmiera con vos una noche y os diera un beso amoroso!

Sabed que gran deseo tendría de teneros en lugar del marido, con tal que me hubierais jurado hacer lo que yo quisiera.

Con Christine de Pizzan (1365-1431), hija de un astrólogo de los reyes~de Francia y de Aragón, y viuda desde los veinticinco años, nos encontramos ya con la primera intelectual profesional,

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encontramos un anticipo de los lamentos de Vittoria Colonna un siglo más tarde:

Sólita estoy y sólita quiero estar; sólita me ha dejado mi dulce amigo; sólita estoy sin compañero ni maestro; sólita estoy, desdichada y enfurecida; sólita estoy de languidez aquejada; sólita estoy más que ninguna abandonada; sólita estoy al quedar sin amigo.

Las poetisas italianas, por tanto, no son una floración espontá­ nea, sino las herederas de una larguísima tradición, a las que el amplio desarrollo de la imprenta en Italia, y una mayor considera­ ción general por la tarea intelectual y artística de la mujer, pone en óptimas condiciones para encontrar eco y aplauso para su obra.

Aristócratas y cortesanas, mujeres de una esmerada educación social y humanística, acostumbradas al trato de igual a igual con sus colegas varones, con quienes se cartean o de quienes reciben el rendido homenaje, las poetisas italianas se lanzan a la conquista y al dominio de una lengua poética (el código petrarquista) que en un principio las tenía a ellas mismas por objeto, reverenciado hasta la adoración, sí, pero pasivo, sumiso, mudo; y se atreven, con una fuerza y una intensidad que la continuada práctica de los poetas había terminado casi por desgastar en aras de la convención, a dar rienda suelta a la expresión de su vehemencia amorosa (in vita o

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Verónica Gámbara, nacida en 1485, hija del conde de Protalboi- no -cerca de B rescia- y esposa de Giberto X de Coreggio, que tras la muerte de su esposo se vio obligada a defender sus estados de la codicia de Galleotto Pico della Mirandola, y cuyas rimas fueron alabadas por el propio cardenal Bembo; Verónica Franco, nacida en 1546, esposa de un médico y cortesana “honesta” en Venecia, frecuentada por los personajes de más alto rango y visitada por Enrique III de Francia, que supo apartarse de la tiranía estética del Petrarquismo, y es autora de una poesía coloquial y discursiva, seguidora del ejemplo del “capitolo” en “terza rima” de Ariosto; Issabella di Morra, hija del Señor de Favalle, en la Italia meridio­ nal, que arrastró una vida llena de desventuras, comenzando por el exilio junto a su padre, que había seguido el bando de los franceses cuando éstos fueron expulsado de Nápoles por los españoles, si­ guiendo por el encierro al que fue sometida por sus hermanos en el castillo de Favalle y concluyendo con la muerte que estos mis­ mos le dieron al conocer sus relaciones amorosas con Diego de Sandoval, al que a su vez asesinaron los feroces hermanos; Laura Terracina, nacida en 1510, corresponsal de ilustres poetas napolita­ nos como Luigi Tansillo, y que escribe asumiendo una óptica mas­ culina; la también napolitana de origen español M aría de Cardona, marquesa de Padulo, casada con un hermano defduque de Ferrara, y a la que Garcilaso dedica un soneto (“Ilustre honor del nombre de Cardona”) en que la llama, cómo no, décima musa; Bárbara Torelli, afamada por su saber y por su belleza que la hizo protago­ nista de una historia de amor y sangre, en la que su segundo mari­ do, Ercole Strozzi Ferrarese, fue asesinado en 1508 por los parien­ tes del esposo anteriormente abandonado; Laura Battiferri, nacida

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que se incluyen unos amores con Bernardo Tasso y Piero Mannelli, y la amistad con importantes intelectuales de la época, como B. Verchi, fue redimida por los duques de Florencia de ostentar el infamante velo amarillo que caracterizaba a las cortesanas, y murió en Roma en 1556.

Son éstas algunas de las perlas de mayor realce que componen este espléndido collar, cuyas obras han conseguido llegar hasta nuestros días, pero que de ningún modo debieron ser las únicas.

Tres son las poetisas que hemos recogido en la presente antolo­ gía: Vittoria Colonna, Gaspara Stampa y Chiara Matraini. Las dos primeras, sin duda, las de mayor relevancia y, en cualquier caso, las más renombradas; la tercera menos conocida, pero de una obra no menos personal.

Vit t o r ia Co l o n n a, uno de los personajes más interesantes en una época tan pródiga en “grandres hombres” , nació en 1490 \de Fabrizzio Colonna e Inés de Montefeltro, en el seno de una de las familias más antiguas de la aristocracia romana. Ya desde la infan­ cia comenzó sus estudios de latín y a escribir sus primeros versos en un círculo intelectual al que pertenecieron Sannazzaro y Bernar­ do Tasso. A los diecisiete años se desposó con Francisco Ferrante de Ávalos, futuro marqués de Pescara, con el que se hallaba pro­ metida desde niños y con el que no tendría descendencia.

Su marido, decidido partidario de la causa imperial, fue hecho prisionero por los franceses en Rávena en 1512 y, tras haber sido nombrado capitán general de las tropas de Carlos V en Italia, en 1521, murió en la batalla de Pavía en 1525. Desde ese momento, su viuda se dedicó a cultivar la memoria del marido, y a una intenj- sa vida espiritual, viviendo largas temporadas en diversos conventos.

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más avanzados del reformismo italiano (Valdés, Ochino, Vermigli, Carnesecchi), que la llevaron a sustentar opiniones muy cercanas a la heterodoxia - la justificación por la fe - aunque la presión de su confesor, el cardenal Pole, evitó su total ruptura con Roma. El mundo espiritual de la Colonna es, de todos modos, un mundo austero, desolado, rígido, cercano a la dureza calvinista.

La desconfianza del papa hacia ella, y la caída en desgracia de su familia en favor de los recién llegados Famese, ensombrecieron sus últimos días. Vittoria Colonna, cuyo retrato nos han legado Sebastiano del Piombo y Pontormo, murió en Roma en 1547, apre­ tando, como quiere la tradición romántica, la mano de su platónico enamorado, Miguel Ángel.

Admirada y querida, Vittoria Colonna no se salvó de los ataques de algunos colegas: Lasca, en un poema ligeramente irónico, nos la presenta leyendo rimas espirituales en una reunión religiosa de Ochino, en Florencia, y Niccoló Franco dedica este cruel soneto a su devoción por el marido difunto:

Cual emisario, oh Príapo, aquí vengo de parte de una poetisa nuestra,

manifestando todos los respetos que se le deben a un emperador.

Dicen que siempre te hallas en su pecho y al escuchar por la mañana misa,

Dios sabe, si te ruega, que hasta ella se extraña de que tanto amor le nazca.

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Ga s p a r a St a m p a es tal vez, hoy en día, la más popular de las poetisas de su tiempo, y el propio Rilke la cita como modelo de amante en su primera elegía duinesa.

Nació en Padua en 1523 de familia noble, y en 1531 se trasladó a Venecia con su hermano Baltasar -tam bién p oeta- y su hermana Casandra -q ue publicaría postumamente sus R im as-. En Venecia es muy posible que la Stampa llevara una vida de cortesana “ho­ nesta” , y también cultivó la música, con la cual debía acompañar sus composiciones. Este oficio de cantante y cortesana la puso en contacto con el conde Collaltino di Collalto, con quien mantuvo una apasionada y atormentada relación amorosa, debido a las con­ tinuas ausencias del amado, de lo que dan buena fe algunos poe­ mas aquí recogidos, y que la abandonó finalmente para marchar a Francia. Tras su partida, nuestra poetisa sostuvo nuevas relaciones amorosas y murió muy joven, en 1554, dejando acaso el siguiente epitafio:

Por amar mucho y ser poco amada vivió y murió feliz.

La obra de la Stampa, espontánea, confesional, alejada de la “gravitas” humanista, fue redescubierta por los románticos, que valoraron, quizás con exceso, sus aspectos personales y pasionales: y el mismo Benedetto Croce entendió su cancionero como un dia­ rio sentimental y auténtico, sin advertir, como señala la crítica actual, lo que de convencionalmente petrarquista tenía esta poesía, por lo demás tan llena de atractivo para un lector moderno.

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libros de meditación religiosa: Consideraiioni sopra i salmi peni-

tenziali, Dialoghi spirituali, Lettere, etc.

El ejemplo de estas poetisas se extendió pronto a otros ámbitos donde triunfaba el renacimiento: Louise Labé, en Lyon, cultiva una poesía amorosa muy en consonancia con la temática y las formas utilizadas por sus colegas italianas, al igual que, medio siglo más tarde, un breve pero significativo círculo de poetisas andaluzas, entre las que sobresale doña Hipolitina de Narváez, amada por Pedro de Espinosa antes de su conversión a la vida eremítica.

* * *

Como es mi costumbre, he traducido los sonetos aquí incluidos en endecasílabos blancos, verso a verso, procurando conservar el ritmo de los originales y la mayor literalidad posible. La humildad es la única excusa del atrevimiento. Salvo en casos excepcionales, en que interesa tanto la obra original como la labor del traductor, descreo de las traducciones de verso rimadas. Conozco, como Cer­ vantes advertía en algún pasaje célebre, lo inútil de la labor del traductor, sobre todo en lenguas tan cercanas como el castellano y el italiano; pero, como el propio Cervantes sabe, hay tareas más perniciosas, y el trasvasar poesía es un trabajo divertido a la par que inocente para los ratos de aburrimiento.

En efecto, comenzada esta breve antología como un mero ensa­ yo para matar el tiempo hace ya varios años, en la Línea de la Concepción, la mayor parte de los textos están traducidos en Me­

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Scrivo sol per sfogar V interna doglia,

di che si pasce il cor, ch’altro non vole,

e non per giunger lume al mio bel sole,

che lasciò in terra sì onorata spoglia.

Giusta cagione a lamentar m ’invoglia;

ch’io scemi la sua gloria assai mi dole;

per altra penna e più saggie parole

verrà chi a morte il suo gran nome toglia.

La pura fé, l’ardor, l’intensa pena

mi scusi appo ciascun, grave cotanto

che né ragion né tempo mai l’affrena.

Amaro lagrimar, non dolce canto,

foschio sospiri e non voce serena,

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Tan sólo escribo para ahogar el llanto

que a mi pecho alimenta únicamente,

y no por añadir luz a mi sol,

que dejó en tierra tan preciados restos.

Justa razón a lamentar me empuja;

mucho me duele el reducir su gloria;

con palabras más sabias y otra pluma

quitarán a la muerte otros su fama.

Mi fe pura, mi ardor, mi interna pena

ante todos me excuse, que es tan grave

que no la enfrenan la razón ni el tiempo.

Un amargo llorar, no un dulce canto,

no voz serena, lúgubres suspiros,

no en estilo, en dolor me dan ventaja.

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Perché del Tauro rinfiammato corno

mandi virtù, che con novei colori

orni la terra de’ suoi vaghi fiori,

e più bello rimeni Apollo il giorno;

e perch’io veggià fonte o prato adorno

di leggiadre alme e pargoletti amori,

o dotti spirti a ’ piè de' sacri allori

con chiare note aprir l'aere d ’intorno;

non s ’allegra il cor tristo, o punto sgombra

della cura mortai che sempre il preme:

sì le mie pene son tenaci e sole:

ché quanta gioia lieti amanti ingombra

e quanto qui diletta, il mio bel sole

con l’alma luce sua m ’ascose insieme.

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Aunque del toro el inflamado cuerno

con los colores nuevos que derrama

orne la tierra con sus lindas flores,

y más bello conduzca Apolo el día;

y aunque adornados vea prado y fuentes

de juguetonas almas y amorcillos,

y de sabios que al pie de sacros lauros

rasguen el aire con sus dulces notas;

no ríe el corazón ni se libera

del cuidado mortal que le acongoja:

tan firmes y tenaces son mis penas.

Que cuanto gozo llena a los amantes

y los alegra aquí, mi sol hermoso

con su luz inmortal todo lo esconde.

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Quando morte disciolse il caro nodo

che il cielo avvinse la natura e amore,

tolse agli occhi V obietto e il cibo al core,

ma strinse Valme in più congiunto modo.

Questo è quel laccio ond’io mi pregio e lodo,

che mi trae fuor d ’ogni mondano errore:

e mi tien nella via ferma d ’onore,

ove de’ miei desir cangiati godo.

Sterili i corpi fur, Valme feconde,

che il suo valor lasciò raggio sì chiaro,

che sarà lume ancor del nome mio.

Se d ’altre grazie mi fu il cielo avaro,

e se il mio caro ben morte m ’asconde,

pur con lui vivo: ed è quanto desio.

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Al desatar la muerte el nudo amado

que ataron cielo, amor, naturaleza,

me robó mi alimento y mi deleite,

mas ató el alma en forma aún más estrecha.

Este es el lazo aquel que alabo y precio,

que de cualquier mundano error me aparta:

y me mantiene en el camino honesto

donde me gozo en mi querer mudado.

Yermos los cuerpos, mas fecunda el alma,

pues su valor dejó tan claro rayo

que ha de ser siempre luz del nombre mío.

Si me fue el cielo avaro en otras gracias,

y si mi amado bien me hurta la muerte,

vivo con él: esto es cuanto deseo.

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Prima ne' chiari or negli oscuri panni

ritiene amor sovra il mio core impero:

ché vincerlo col lungo tempo spero,

ma più s'avanza col girar degli anni.

Pur la noia de’ miei gravosi danni

s'acqueta per quel dolce alto pensiero,

eh'ombreggiandomi il bel sembiante altero

cresce l'ardor, ma fa mancar gli affanni.

Immaginata luce arde e consuma,

sostiene e pasce l'alma e 'l foco antico

con vigor nuovo più l'avviva e 'ncende.

Il chiaro suo valor, che 7 mondo alluma

di belli esempi, mi fa il duol sì amico,

che assai mi giova più che non m'offende.

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Antes en telas blancas y ahora en negras

tiene imperio el Amor sobre mi pecho:

vencerlo espero en el correr del tiempo,

mas con el paso de los años crece.

También la angustia de mis graves cuitas

se calma con mis altos pensamientos,

pues con la sombra de su altivo rostro

crece el ardor, mas cesan los afanes.

La imaginada luz arde y consume,

mantiene al alma, y el antiguo fuego

con vigor nuevo más la aviva y prende.

Su ilustre fama con ejemplos bellos

alumbra el mundo y del dolor me amiga,

y más me regocija que me daña.

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Questo nodo gentil che l’alma stringe,

poiché l’alta cagion fatta è immortale,

discaccia dal mio cor tutto quel male

che gli amanti a furor spesso costringe,

tanto l’immagin false or non dipinge

Amor nella mia mente, né m ’assale

timor, né l’aureo né 7 piombato strale

tra freni e sproni or mi ritiene, or spinge.

Con salda fede in quell’immobil stato

me l’appresenta un fido e bel pensiero,

sopra le stelle, la fortuna e ’l fato.

Né men sdegnoso un giorno né più altero

l’altro; ma sempre stabile e beato:

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Este nudo gentil que a mi alma aprieta,

desde que es ya inmortal tan alta causa,

libra a mi corazón de aquellos males

que a los amantes mueve a enfurecerse;

pues no pinta la imagen falsa ahora

el Amor en mi mente, ni me asalta

el temor, ni la flecha áurea o de plomo

entre el freno o la espuela, ata o empuja.

Con firme fe en aquel estado inmóvil,

un bello y fiel pensar me lo presenta,

por encima de estrellas, hado o suerte.

Ni un día menos desdeñoso ni otro

más altivo, mas siempre estable y santo:

este amor que es el bueno, el firme, el cierto.

(26)

Quando 7 gran lume appar nell’oriente,

che 7 negro manto della notte sgombra,

e dalla terra il gelo e la fredd’ombra

dissolve e scaccia col suo raggio ardente:

de’ primi affanni, ch’avea dolcemente

il sonno mitigati, allor m ’ingombra:

ond’ogni mio piacer dispiega in ombra,

quando da ciascun lato ha V altre spente.

Così mi sforza la nimica sorte

la tenebre cercar, fuggir la luce,

odiar la vita e desiar la morte.

Quel che gli altri occhi appanna a ’ miei riluce,

perché chiudendo lor, s ’apron le-porte

(27)

Cuando el gran resplandor por el oriente

levanta el negro manto de la noche,

y al hielo y sombra fría de la tierra

los disuelve y ahuyenta con sus rayos:

con las primeras cuitas, que mi sueño

mitigó dulcemente, ahora me oprime:

arroja sombra en todos mis placeres

cuando en iodos los otros la levanta.

Así me fuerza la enemiga estrella

a escapar de la luz y amar lo oscuro,

a odiar la vida y desear la muerte.

Luce en los míos si a otros ojos ciega,

porque se abren las puertas, si los cierro,

a la ocasión que hasta mi sol conduce.

(28)

Nella dolce stagion non s ’incolora

dì tanti fiori oppur fronde novelle

la terra, né sparir fa tante stelle

nel più sereno d e l la vaga aurora;

con quanti alti pensier s ’erge ed onora

Vanima accesa, ricca ancor di quelle

grazie del lume mio, eh’altiere e belle

mostra ardente memoria d ’ora in ora.

Tal potess’io ritrarle in queste carte

qual l’ho impresse nel cor! che mille amanti

accenderei di casti fuochi eterni.

Ma chi potria narrar Valme cosparte

luci del mortai velo, e quegli interni

raggi della virtù sì vivi e tanti?

(29)

En la dulce estación no se encolora

con tantas flores y con frondas nuevas

la tierra, ni amortece estrella tanta

la hermosa aurora en el más calmo cielo;

que cuanto pensamiento surge y honra

al alma ardiente, rica aún de aquellas

gracias de mi esplendor, que hermoso y noble

muestra ardiente memoria hora tras hora.

Si pudiese copiarlo en estas letras

cual lo imprimo en mi pecho, a mil amantes

encendiera de eterno y casto fuego.

Mas ¿quién narrar pudiera las excelsas

luces del mortal velo, y los internos

rayos de su virtud, tántos, tan vivos?

(30)

Di gioia in gioia, d ’una in altra schiera

di dolci e bei pensier, V amor superno

mi guida fuor del freddo arido verno

alla sua verde e calda primavera.

Forse il Signor, fin che di molle cera

mi vegga il petto, onde 7 sigillo eterno

m'imprima dentro nel più vivo interno

del cor la fede sua fondata e vera,

non vuol con l’aspra croce al sentier erto,

ma col giogo soave e peso lieve

condurmi al porto per la via men dura:

o forse ancor, come benigno esperto

padre e maestro, in questa pace breve

a lunga guerra m ’arma e m ’assecura.

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De gozo en gozo, de una a otra sarta

de dulces pensamientos, el supremo

amor me lleva del invierno estéril

a su cálida y verde primavera.

Acaso Dios, mientras de cera blanda

mi pecho ve, donde su eterno sello

del corazón me imprime en lo más hondo

su fe cierta y fundada, no desea

que con la áspera cruz haga el camino,

mas con un suave yugo y leve peso

me lleva a puerto por la senda fácil.

O bien, acaso, cual benigno experto,

padre y maestro, en esta paz tan grave,

me arma y dispone para larga guerra.

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Se per serbar la notte il vivo ardore

dei carboni da noi la séra accensi

nel legno incenerito, arso, conviensi

coprirgli sì che non si mostrin fuor e;

quanto più si conviene a tutte V ore

chiudere in modo d ’ogrì intorno i sensi,

che sian ministri a serbar vivi e intensi

i bei spirti divini entro del core?

Se s'apre in questa fredda notte oscura

per noi la porta all’inimico vento,

le scintille del cor dureran poco.

Ordinar ne convien con sottil cura

il senso, onde non sia deWalma spento

per le insidie di fuor V interno foco.

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Si para conservar de noche el fuego

de las brasas prendidas en la tarde

en el tronco encendido, es necesario

cubrirlas y que no se manifiesten;

cuánto más es preciso, hora tras hora,

cerrar a todo entorno los sentidos,

para que guarden vivos los hermosos

espíritus divinos en el pecho.

Si abrimos en la oscura y fría noche

la puerta al enemigo viento, poco

del corazón han de durar las brasas.

Hay que ordenar con un sutil cuidado

los sentidos, no apaguen en nuestra alma

las insidias de afuera el fuego interno.

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Se guarda il picciol spazio della terra

Valma, mercé del del, grande e immortale,

non scorge obietto al suo desire uguale,

né trova pace in sì continua guerra.

Del vero albergo a sé medesma serra

la porta, e tanto scende quanto sale;

mentre fra le fallaci inutil scale

del labirinto uman vaneggia ed erra.

Non ha del fil di questa vita il fine,

e pur trama ed ordisce, apre e raccoglie,

tira e rallenta la suafragil tela!

Ma solo il voler nostro erge e ritoglie

dalla nebbia mortai, ch'intorno il vela,

la fede delle cose alte e divine.

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Si un pequeño montón de tierra guarda,

merced a Dios, el alma eterna y grande,

no halla un objeto igual a su deseo

ni encuentra paz en guerra tan continua.

Del albergue veraz cierra a sí misma

la puerta, y tanto baja cuanto sube;

y entre escaleras vanas y falaces

del laberinto humano, anda y delira.

No tiene el fin del hilo de la vida

pero trama y dispone, coge y suelta,

afloja y tira de su frágil tela.

Mas al deseo sólo lo redime

de la niebla mortal que lo entorpece,

la fe en las cosas altas y divinas.

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(37)

Quant’ho più da lontan l’aspetto vostro,

più lo sento ne V alma a parte a parte

scolpito e vivo, e ’n ciascheduna parte

insignorirsi del mortai suo chiostro.

Né poggio, sasso, o valle Amor m ’ha mostro

fin dove il Serchio arriva o dove parte,

ch’io non vi veda con mirabil arte

scritto il nome eh’adorna il secol nostro.

Così potesse del mio amor fa r fede

il cor che nel partir vi lassai in pegno,

ond’ ugual fosse amor sempre tra noi;

ché sì nel petto il bel nodo mi sede

ch’unqua noi cangerà tempo né sdegno,

ma sempre v’amerò viva e dapoi.

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Cuanto más lejos tengo vuestro rostro

más lo siento en el alma claramente

tallado y vivo, y en sus partes todas

de su claustro mortal* apoderarse.

Ni cerro, monte o valle amor me enseña

de donde nace el Serquio** a donde muere,

en que no vea escrito, con tal arte,

el nombre del que adorna nuestro siglo.

Así pudiera de mi amor dar fe

el corazón que al irse dejé en prenda,

e igual fuese el amor entre nosotros;

que el dulce nudo tanto me subyuga

que ni el desdén ni el tiempo ha de cambiarlo,

mas siempre os amaré , viva y después.

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Viva mia bella e dolce calamita

che, partendo, con sì mirabil modo

stringeste l’alma in quel tenace nodo

eh’a voi sol la terrà più sempre unita;

non è la mente mia da voi smarrita,

se ben, lontana a voi, di voi non godo

l’amata vista, anzi via più sempr’odo

da voi chiamarmi ove il desio m ’invita.

Per voi sì puro laccio Amor m ’avinse

di salda e pura fede al collo intorno

eh’ogn’altra umil catena sdegna il core.

Sciols’ogni nodo quando questo strinse,

e ruppe Varco con vittoria il giorno

eh’in me f e ’ eterno l’ultimo suo ardore.

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Mi bello y dulce imán vivo que al irse,

de una manera tan maravillosa

mi alma estrechaste con tan dulce nudo,

que sólo unida a vos la tendrá siempre;

no está de vos mi mente separada,

si bien, lejos de vos, de vos no gozo

la adorada visión, mas siempre escucho

llamarme a donde invita mi deseo.

Por vos tan puro lazo Amor me anuda

de estable y pura fe en tomo a mi cuello,

que el corazón desprecia otras cadenas.

Cuando éste aprieta afloja cualquier nudo,

y rompió el arco, victorioso, el día

(41)

Fera son io di questo ombroso loco,

che vo con la saetta in mezzo al core,

fuggendo, lassa, il fin del mio dolore,

e cerco chi mi strugge a poco a poco.

E com’augel che fra le penne il foco

si sente acceso, onde volando fuor e

dal dolce nido suo, mentre l’ardore

fugge, con l’ale più raccende il foco;

tal io fra queste fronde a l’aura estiva

con Vali del desio volando in alto,

cerco il foco fuggir che meco porto.

Ma quanto vado più di riva in riva

per fuggire 7 mio mal, con fiero assalto

(42)

Fiera yo soy de este lugar umbrío

que con la flecha en la mitad del pecho

huyo, triste, el final de mis pesares

y el cerco que me oprime lentamente.

Y cual ave que el fuego entre las plumas

siente arder, por lo cual volando sale

del dulce nido, mientras del incendio

huye, el fuego reaviva con las alas;

así yo al aura estiva entre las sombras,

volando a lo alto en alas del deseo,

busco escapar del fuego que me quema.

Pero cuando más voy de orilla a orilla

huyendo de mi mal, con fiero asalto

lenta muerte procuro al vivir corto.

(43)

Questi venti contrari e così fieri

che sospingon qui V onde in questi scogli

sembran de’ miei nemici i grandi orgogli

contra a gl’alti miei stabili pensieri.

E quegl’orridi nembi e così neri

là ’ve più 7 tempo rio par che si accogli,

sembran li spessi miei gravi cordogli

contra ad ogni mia pace empi guerrieri;

e quella stanca e deboi navicella

a cui si vede tronco arbore e sarte,

senza nocchiero, infra Vorribil’onde,

sembra l’alma mia afflitta e di sua stella

priva e di tutte sue speranze sparte,

poi che l’alma sua luce il d e l gl’asconde.

(44)

Estos vientos contrarios y tan fieros

que a las olas golpean en las rocas,

son cual de mi enemigo ei gran orgullo

contra mi alto y mi firme pensamiento.

Y esas hórridas nubes tan sombrías,

donde la tempestad más se enardece,

son como mis congojas pesarosas,

contra mi paz guerreros desalmados;

y la cansada y débil navecilla

que trunca está de mástiles y jarcias,

sin timonel entre terribles ondas,

como mi alma afligida, y de su estrella

privada y separada de su anhelo,

(45)

Ritorna, alma del del, candida Luna,

al primo giro tuo lucente e bella,

e con l'usato albor tuo rinovella

il diadema d ’argento ch’or s ’imbruna.

Las c’ir per terra all’ombra atra importuna

l’amato Endimion, cacciando quella

fera che più gli piace, e di tua stella

eterni raggi alla tua fronte aduna.

Volgi i begli occhi al tuo divino Sole,

proprio oggetto di te verace e degno,

ponendo a’ cervi tuoi veloci il freno.

Rompi con saldo et onorato sdegno

ogn’empia nebbia e vii ch’oscurar vuole

il tuo lucido d e l chiaro e sereno.

(46)

Regresa, alma del cielo, blanca luna

luciente y bella, al círculo primero

y con tu acostumbrado albor renueva

la diadema de plata, ahora empañada.

Deja que por la tierra en sombra oscura

tu querido Endimión cazando vaya

la fiera que le plazca, y de tu lumbre

junta rayos eternos en tu frente.

Vuelve al divino sol los bellos ojos,

única meta en ti veraz y digna,

poniendo el freno a tus veloces ciervos.

Rompe con un desdén honesto y firme

la niebla impía y vil que te oscurece

tu cielo claro, lúcido y sereno.

(47)

Corri’esser può che in tanta doglia i’ viva,

rimasta senza te, dolce mia vita,

e fra sì perigliose onde smarrita,

del mar del pianger mio non giunga a riva?

O mia scorta celeste eletta e diva,

puot’esser ver che sia da te sbandita

su in d e l quella pietà che mi dea aita

e 7 cor nel pianto a ’ dolenti occhi apriva?

Tu pur m ’amasti, e di virtude ardente

fu qui 7 tuo amore, al mio pur sempre uguale,

il qual ancor non hai d ’avere sdegno.

Deh, se come ti calse, ancor ti cale

di me che vivo misera e dolente,

mostrami di pietade un caro segno.

(48)

¿Cómo puedo vivir en tanta pena

al quedar yo sin ti, mi dulce vida,

perdida entre el peligro de las ondas,

sin ver del mar de mi llorar la orilla?

Oh celeste, suprema y santa guía,

¿desterrado de ti pudiera verse

en el cielo el favor que me ayudaba,

y el pecho abría al llanto de mis ojos?

Mas tú me amaste, y de virtud ardiente

fue aquí tu amor, tan puro como el mío,

que desdeñar debido nunca hubieras.

Ah, si aún te ocupas como te ocupabas

de mí, que vivo mísera y doliente,

dame de tu favor un signo amado.

(49)
(50)

Io assimiglio il mio signor al cielo

meco sovente. Il suo bel viso è 7 sole;

gli occhi, le stelle; e 7 suon de le parole

è l’armonia, che fa 7 signor di Deio.

Le tempeste, le piogge, i tuoni e 7 gelo

son i suoi sdegni, quando irar si suole;

le bonacce e 7 sereno è quando vuole

squarciar de l’ire sue benigno il velo.

La primavera e 7 germogliar de’ fiori

è quando ei fa fiorir la mia speranza,

promettendo tenermi in questo stato.

L ’orrido verno è poi, quando cangiato

minaccia di mutar pensieri e stanza,

spogliata me de’ miei più ricchi onori.

(51)

A mi Señor comparo con el cielo

favorable; es el sol su bello rostro;

las estrellas sus ojos; y su acento

es del Señor de Délo* la armonía.

La tempestad, la lluvia, el hielo, el trueno

son sus desdenes, si él se encoleriza;

la bonanza, la calma es cuando quiere

benigno el velo alzar de sus enojos.

La primavera, el brote de las flores

cuando hace florecer mis esperanzas,

prometiendo guardarme en este estado.

Luego el hórrido invierno, cuando cambia

y amenaza mudar morada y gusto,

(52)

Quando V veggio apparir il mio bel reggio,

parmi veder il sol, quand’ esce fora;

quando fa meco poi dolce dimora,

assembra il sol che faccia suo viaggio.

E tanta nel cor gioia e vigor aggio,

tanta ne mostro nel sembiante allora,

quanto V erba, che pinge il sol ancora

a mezzo giorno nel più vago maggio.

Quando poi parte il mio sol finalmente,

parmi Valtro veder, che scolorita

lasci la terra andando in occidente,

ma Valtro torna, e rende luce e vita;

e del mio chiaro e lucido oriente

è 7 tornar dubbio e certa la partita.

(53)

Al ver aparecer mi hermoso rayo*

ver me parece el sol cuando despunta;

cuando luego conmigo dulce queda,

parece el sol que sigue su viaje.

Y tanta fuerza y dicha en mi alma tengo,

y tanta muestro en el semblante entonces,

como la hierba por el sol pintada

en el más lindo mayo al mediodía.

Cuando luego mi sol por fin se marcha,

contemplo al otro, que descolorida

deja la tierra yéndose a occidente,

mas vuelve el otro y luz y vida vuelven;

y de mi claro oriente iluminado

(54)

Altero nido, ove 7 mio vivo sole

prese da prima il suo terreno incarco;

onde però va più leggero e scarco

di quel che da tutt' altri andar si suole;

V vorrei dir, ma non so fa r parole

di tanti e tanti pregi, onde sei carco;

perché lo stil a Valta impresa è parco,

e via più a chi f onora entro e ti cole.

Perciò mi taccio, e prego 7 d e l che sempre

ti serbi in questo lieto e vago stato,

in queste care e graziose tempre;

e renda ognor più chiaro e più lodato

il tuo signor e mio, e eh'i' mi stempre

sempre nel mio bel foco alto e pregiato.

(55)

Altivo nido* en que mi sol viviente

vistió el velo mortal por vez primera,

y al que va más ligero y descargado

de lo que suele andar a cualquier otro.

Hablar quisiera, pero no sé cómo,

de tanto y tanto mérito que guardas;

que a tal empresa no da alcance el arte,

y aún menos el de quien te honra y venera.

Por eso callo y le suplico al cielo

que conserve tu dulce y bello estado,

con la misma apariencia alegre y cara;

y aun haga más loado y más famoso

a tu señor y el mío, y me destruya

(56)

Onde, che questo mar turbate spesso,

come turba anco me la gelosia,

venite a starvi meco in compagnia,

poi che mi séte sì care e sì presso:

così fiero Austro ed Aquilon con esso

men importuno e men crudo vi sia;

così triegua talor Eolo vi dia,

quel eh’a me da Vamor non m ’è concesso.

Lassa, ch’io ho da pianger tanto e tanto,

che l’umor, che per gli occhi verso fore,

è poco o nulla, se fosse altrettanto.

Voi mi darete voi del vostro umore

quanto mi basti a disfogar il pianto,

che si conviene a l’alto mio dolore.

(57)

Olas que con frecuencia el mar turbáis

cual me turban a mí también los celos,

venid a hacerme un rato compañía,

pues tan caras me sois y tan cercanas.

Así el fiero Aquilón y el Austro fiero

os sean menos crudos e importunos,

así os conceda Eolo alguna tregua,

ya que el amor a mí no me lo otorga.

Y tanto y tanto he de llorar, ay triste,

que el humor que derramo por los ojos

si fuese como el mar, es poco o nada;

vosotras me daréis de vuestro humor

lo que precise a desfogar el llanto

que a tan alto dolor se corresponde.

(58)

Io son da V aspettar ornai sì stanca

sì vinta dal dolor e dal disio,

per la sì poca fede e molto oblio

di chi del suo tornar, lassa, mi manca,

che lei, che 7 mondo impalidisce e ’mbianca

con la sua falce e dà V ultimo fio,

chiamo talor per refrigerio mio,

sì 7 dolor nel mio petto si rinfranca.

Ed ella si fa sorda al mio chiamare,

schernendo i miei pensier fallaci e folli,

come sta sordo anch’egli al suo tornare.

Così col pianto, ond’ho gli occhi miei molli,

fo pietose quest’onde e questo mare;

(59)

Estoy ya de esperar tan fatigada,

del deseo y la pena tan vencida,

por la tan poca fe y el mucho olvido

de quien me niega, ay triste, su regreso,

que a quien pálido y blanco el mundo vuelve

con su guadaña y da el dolor postrero,

llamo para que sea mi refugio,

así el dolor mi pecho enseñorea.

Mas ella se hace sorda a mis reclamos,

burlando de mis vanos pensamientos,

al igual que está él sordo, y no regresa.

Y con el llanto que mis ojos baña

hago piadoso al mar y al oleaje;

y él vive alegremente en sus collados.

(60)

Se d’arder e d ’amar io non mi stanco,

anzi crescermi ognor questo e quel sento,

e di questo e di quello io non mi pento,

come Amor sa, che mi sta sempre al fianco,

onde avien che la speme ognor vien manco,

da me sparendo come nebbia al vento,

la speme, che 7 mio cor può fa r contento,

senza cui non si vive, e non vissi anco?

Nel mezzo del mio cor spesso mi dice

un’incognita téma: «O miserella,

non fia 7 tuo stato gran tempo felice;

ché fra non molto porìa sparir quella

luce degli occhi tuoi vera beatrice,

ed ogni gioia tua sparir con ella.»

(61)

Si de arder y de amar nunca me canso,

antes siento acrecer lo uno y lo otro,

y de lo uno y de lo otro no me duelo,

cual sabe Amor que está a mi lado siempre,

¿por qué siempre me deja la esperanza,

cual niebla por el viento combatida,

la esperanza, contento de mi pecho,

sin la cual no se vive, y no he vivido?

En medio de mi pecho a veces dice

un incógnito miedo: “Oh pobrecilla,

no has de vivir feliz por mucho tiempo;

pues puede abandonarte sin tardanza

la luz que es de tus ojos la ventura,

y con ello acabar todos tus gozos.”

(62)

Voi, che ’n marmi, in colori, in bronzo, in cera

imitate e vincete la natura,

formando questa e queir altra figura,

che poi somigli a la sua forma vera,

venite tutti in graziosa schiera

a formar la più bella creatura,

che facesse giamai la prima cura,

poi che con le sue man f é ’ la primiera.

Ritraggete il mio conte, e siavi a mente

qual è dentro ritrarlo, e qual è fo r e;

si che a tanta opra non manchi niente.

Fategli solamente doppio il core,

come vedrete ch’egli ha veramente

il suo e 7 mio, che gli ha donato Amore.

(63)

Los que en mármol, colores, bronce o cera

imitáis y vencéis a la natura,

esta o aquella imagen fabricando,

que luego a su modelo se parecen,

acudid todos en gracioso grupo.

a formar la criatura más hermosa

que nunca hiciese la Primera Causa*,

luego de hacer sus manos la primera.

Retratad a mi conde, y con buen tino

cual es por dentro y cual por fuera hacedle,

tal que nada le falte a tan gran obra.

Tan sólo el corazón hacedle doble,

como veréis que de verdad lo tiene:

el suyo, el mío que el Amor le ha dado.

(64)

Ritraggete poi me da Valtra parte,

come vedrete ch’io sono in effetto:

viva senz'alma e senza cor nel petto

per miraeoi d ’Amor raro e nov’arte;

quasi nave che vada senza sarte,

senza timon, senza vele e trinchetto,

mirando sempre al lume benedetto

de la sua tramontana, ovunque parte.

Ed avertite che sia 7 mio sembiante

de la parte sinistra afflitto e mesto,

e da la destra allegro e trionfante:

il mio stato felice vuol dir questo,

or che mi trovo il mio signor davante;

quello, il timor che sarà d'altra presto.

(65)

Retratadme después por la otra parte,

como veréis que me hallo ciertamente:

viva sin corazón ni alma en el pecho,

por milagro de Amor, por arte raro.

Cual nave que sin jarcias navegase,

sin timón, sin trinquetes y sin velas,

la luz bendita siempre contemplando

de su estrella polar, a donde él vaya.

Y procurad que se halle mi semblante

a la izquierda doliente y afligido,

y a la derecha alegre y victorioso.

Esto mi dicha representa, ahora

que encuentro a mi señor presente; aquello

el miedo de que pronto sea de otra.

(66)

Or che torna la dolce primavera

a tutto il mondo, a me sola si parte;

e va da noi lontana in quella parte,

ov’ è del sol più fredda assai la sfera.

E que’ vermigli e bianchi fior, che ’n schiera

Amor nel viso di sua man comparte

del mio signor, del gran figlio di Marte,

daranno agli occhi miei V ultima sera,

e fioriranno a gente, ove non fia

chi spiri e viva sol del lor odore,

come fa la penosa vita mia.

O troppo iniquo, e troppo ingiusto Amore,

a comportar che degli amanti stia

(67)

Cuando la dulce primavera vuelve

a todo el mundo, sólo a mí me deja;

y a ese país se marcha al alejarse,

que el sol menos calienta con su esfera*.

Y esas flores que siembra con su mano

Amor, rojas y blancas, en el rostro

de mi señor, del gran hijo de Marte,

a mis ojos darán la última noche,

floreciendo a personas que no viven

ni respiran tan sólo con su aroma,

cual le sucede a mi penosa vida.

¡Oh cuán injusto, Amor, o cuán inicuo,

que toleras que estén de los amantes

el corazón y el cuerpo tan lejanos!

(68)

La mia vita è un mar; l’acqua è 7 mio pianto,

i venti sono laure de* sospiri,

la speranza è la nave, i miei desiri

la vela e i remi, che la caccian tanto.

La tramontana mia è il lume santo

de’ miei duo chiari, duo stellanti giri,

a ’ quai convien eh’ancor lontana V miri

senza timon, senza nocchier a canto.

Le perigliose e sùbite tempeste

son le teme e le fredde gelosie,

al dispartirsi tarde, al venir preste.

Bonacce non vi son, perchè dal die

che voi, conte, da me lontan vi feste,

partir con voi Vore serene mie.

(69)

Mi vivir es un mar; mi llanto el agua;

los vientos son el aire de suspiros;

la esperanza es la nave, mis deseos

los remos y las velas que la empujan.

La tramontana mía es la luz santa

de mis dos claros, dos lucientes ojos,

a los que aún contemplo desde lejos

sin tener timonel ni gobernalle.

Las peligrosas tempestades súbitas

son los temores, los helados celos

que tarde marchan y que presto vienen.

No hay bonanzas aquí, pues desde el día

que vos, conde, de mí lejos marchasteis,

con vos partieron mis dichosas horas.

(70)

Con quai degne accoglienze o quai parole

raccorrò io il mio gradito' amante,

che torna a me con tante glorie e tante,

quante in un sol non vide forse il sole?

Qual color or di rose, or di viole

fia 7 mio? qual cor or saldo ed or tremante,

condotta innanzi a quel divin sembiante,

ch’ardir e téma insieme dar mi suole?

Osarò io con queste fide braccia

cingerli il caro collo, ed accostare

la mia tremante a la sua viva faccia?

Lassa, che pur a tanto ben penare

temo che 7 cor di gioia non si sfaccia:

chi Vha provato se lo può pensare.

(71)

¿Con qué digna acogida o qué palabras

recibiré a mi amante tan preciado,

que vuelve a mí con tanta gloría y tanta

cuanta el sol no haya visto en uno solo?*

¿Cuál será mi color, de viola o rosa?

¿Cómo mi corazón, tremante o firme,

ante el divino rostro conducida

que arrojo y miedo juntos suele darme?

¿Osaré yo con estos fieles brazos

ceñir su amado cuello, y acercar

a la suya vivaz mi cara trémula?

Triste yo, que ante pena tan hermosa

de gozo temo que se rompa el pecho:

quien lo ha probado imaginarlo puede.

(72)

O notte, a me più chiara e più beata

che i più beati giorni ed i più chiari,

notte degna da’ primi e da’ più rari

ingegni esser, non pur da me, lodata;

tu de le gioie mie sola sei stata

fida ministra; tu tutti gli amari

de la mia vita hai fatto dolci e cari,

resomi in braccio lui che m ’ha legata.

Sol mi mancò che non divenni allora

la fortunata Alcmena, a cui sté tanto

più de l’usato a ritornar l’aurora.

Pur così bene io non potrò mai tanto

dir di te, notte candida, ch’ancora

da la materia non sia vinto il canto.

(73)

Oh noche, para mí dichosa y clara

más que el día más claro y más dichoso,

noche digna de ser por las más grandes

y raras mentes, no por mí, alabada.

Tú de mi gozo has sido únicamente

dispensadora fiel, tú la amargura

de mi vida en dulzores has trocado

al ponerme en los brazos que me anudan.

Me faltó únicamente el convertirme

en la dichosa Alcmena*, a quien la Aurora

en regresar tardó más de lo usado.

Aunque tan grande bien, cándida noche

decir de ti no pueda, porque entonces

al canto el argumento vencería.

(74)

Chi mi darà di lagrime un gran fonte,

ch’io sfoghi a pieno il mio dolor immenso,

che m ’assale e trafige, quando io penso

al poco amor del mio spietato conte?

Tosto che 7 sol degli occhi suoi tramonte

agli occhi miei, a ’ quali è raro accenso,

tanto ha di me non più memoria o senso,

quanto una tigre del più aspro monte.

Ben è 7 mio stato e 7 destin crudo e fero,

ché tosto che da me vi dipartite,

voi cangiate, signor, luogo e pensiero.

«Io ti scriverò subito» mi dite

«ch’io sarò giunto al loco ove andar chero;>>

e poi la vostra fede a me tradite.

(75)

¿Quién me dará de lágrimas gran fuente,

con que pueda verter la inmensa pena

que me ataca y me hiere, si recuerdo

el poco amor de mi impiadoso conde?

Cuando el sol de sus ojos se le oculta

a los míos, que alumbra pocas veces, ,

de mí tanto se acuerda o se conmueve,

cual tigresa del monte más salvaje.

Es tan crudo mi estado y mi destino

que en cuanto que de mí os habéis marchado,

mudáis, señor, lugar y pensamiento.

“Te escribiré -decís-, en cuanto alcance

el sitio aquel al que llegar deseo”;

mas luego traicionáis vuestra palabra.

(76)

Se poteste, signor, con V occhio interno

penetrar i segreti del mio core,

come vedete queste ombre di fuor e

apertamente con questo occhio esterno,

vi vedreste le pene de l’inferno,

un abisso infinito di dolore,

quanta mai gelosia, quanto timore

Amor ha dato o può dar in eterno.

E vedreste voi stesso seder donno

in mezzo a l ’alma, cui tanti tormenti

non han potuto mai cavarvi, o ponno;

e tutti altri disir vedreste spenti,

od oppressi da grave ed alto sonno,

e sol quei d ’aver voi desti ed ardenti.

(77)

Si con la vista interna vos pudierais

penetrar los secretos de mi pecho,

como veis estas sombras exteriores

con la vista de fuera claramente,

las penas del infierno en él veríais,

un abismo infinito de dolores,

y todos los temores y los celos

que Amor dio o puede dar de siglo en siglo.

Y, soberano en medio de mi alma,

veros podréis, de la que tantas penas

no han podido arrancaros ni un instante;

y otro cualquier deseovya apagado,

o sepulto por alto y grave sueño;

y el de teneros sólo en pie y ardiente.

(78)

Voi potete, signor, ben tèrmi voi

con quel cor d ’indurato diamante,

e farvi d ’altra donna novo amante:

di che cosa non è, che più m ’annoi;

ma non potete già ritórmi poi

l ’imagin vostra, il vostro almo sembiante,

che giorno e notte mi sta sempre innante,

poi che mi fece Amor de’ servi suoi;

non potete ritórmi quei desiri,

che m’acceser di voi sì caldamente,

il foco, il pianto, che per gli occhi verso.

Questi mi fien ne’ miei gravi martiri

dolce sostegno, e la memoria ardente

del diletto provato, c’han disperso.

(79)

De vos mismo, señor, podéis privarme

con vuestro pecho de diamante duro,

y de otra dama nuevo amante haceros,

que no hay cosa que más dolor me diera;

mas no podréis después arrebatarme

vuestra imagen, vuestro sereno rostro,

que presente lo tengo noche y día,

desde que sierva suya Amor me hizo.

Privarme no podréis de esos deseos

que me encienden de vos con tanto ardor,

el fuego, el llanto que mis ojos vierten.

Estos serán en mis tormentos crudos

dulce sostén, y la memoria ardiente

de los probados gozos, que rompieron.

(80)

Quasi uom che rimaner de’ tosto senza

il cibo, onde nudrir suol la sua vita,

più d e ll usato a prenderne s’aita,

fin che gli è presso posto in sua presenza;

convien eh’innanzi a Vaspra dipartenza

eh’a sì crudi digiuni l’alma invita,

ella più de l’usato sia nodrita,

per poter poi soffrir sì dura assenza.

Però, vaghi occhi miei, mirate fiso

più de l’usato, anzi bevete il bene

e 7 bel del vostro amato e caro viso.

E voi, orecchie, oltra l’usato piene

restate del parlar, che 7 paradiso

certo armonia più dolce non contiene.

(81)

Cual hombre al que de pronto se le priva

de la comida con que se alimenta,

más de lo usado lucha por hallarla,

hasta que ante su vista se la ponen;

preciso es que ante marcha tan penosa

que a un ayuno tan cruel al alma invita,

más de lo usado sea alimentada

para poder sufrir tan dura ausencia.

Y así, miradle fijo, ojitos míos,

más de lo usado, hasta beber lo bueno

y bello del amado y caro rostro.

Y más llenos, oídos, de lo usado,

quedaros de su hablar, que el paraíso

armonías más dulces no contiene.

(82)

Amor, lo stato tuo è proprio quale

è una ruota, che mai sempre gira,

e chi v’è suso or canta ed or sospira,

e senza mai fermarsi or scende or sale.

Or ti chiama fedele, or disleale;

or fa pace con teco, ed or s’adira;

ora ti si dà in prenda, or si ritira;

or nel ben teme, ed or spera nel male;

or s’alza al cielo, or cade ne l’inferno;

or è lunge dal lido, or giunge in porto;

or trema a mezza state, or suda il verno.

Oi, lassa me, nel mio maggior conforto

sono assalita d ’un sospetto interno,

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