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Libranos de La Ansiedad - JC Moreno

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Academic year: 2021

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Líbranos de la Ansiedad

JC Moreno

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Visita el sitio de internet del autor: VayanAlMundo.org

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Citas Bíblicas provienen de Biblia de Jerusalén Latinoamericana

Bilbao: Desclée de Brouwer, 2007

Copyright © 2017 JC Moreno Publicaciones Vayan Al Mundo Todos los derechos reservados

ISBN: 1537092375 ISBN-13: 978-1537092379

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DEDICATORIA

Quisiera dedicar este libro a todos los que sufren de alguna ansiedad o preocupación, para que encuentren consolación en el Señor que vino a darnos vida en abundancia (Juan 10,10). Como cristianos, nuestra postura es una de alegría, como nos recomendó san Pablo: “estén alegres en el Señor; se los repito: estén alegres” (Filipenses 4, 4)

Ad maiorem Dei gloriam JC Moreno

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INDICE

Reconocimientos Introducción Pág. i Pág. 1 1 ¿Qué es la ansiedad? Pág. 7

2 Ansiedad por las finanzas

Pág. 13 3 Ansiedad social Pág. 21 4 Ansiedad por la

acción del diablo

Pág. 31 5 Ansiedad escatológica Pág. 41 6 Ansiedad por la muerte Pág. 47 7 Ansiedad por la incertidumbre Pág. 53 8 Ansiedad Religiosa Pág. 59 9 Consejos Prácticos Pág. 65 10 Conclusión Pág. 71

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RECONOCIMIENTOS

Gracias a mi esposa Elizabeth por su constante apoyo en el apostolado. Bien dice la palabra de Dios: “¿Quién encontrará a una mujer ideal?

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INTRODUCCION

A través de toda la existencia de la humanidad, y especialmente en los últimos tiempos, hemos experimentado eventos preocupantes, tales como matanzas masivas, eventos de terrorismo, cambio climático, colapso económico, cambio de estructuras políticas, el crecimiento de la vigilancia furtiva de parte del gobierno en sus ciudadanos, genocidios, enfermedades y epidemias que afectan a gran número de personas, etc. Pareciera que la lista pudiera continuar indefinidamente. Escribo gran parte del libro en los días finales del año 2016, días en los que invariablemente se hacen recuentos de lo que sucedió en los pasados 12 meses, y revisando este año, la balanza parecería dejarnos peor para el año nuevo de lo que estábamos antes…

Reflexionando sobre estos eventos, mucha gente llegaría a la conclusión de que el fin del mundo se avecina. Y la verdad es que no se equivocan - desde la venida de Jesucristo estamos viviendo en los últimos días. El Catecismo de la Iglesia Católica nos dice que "El final de la historia ha llegado ya a nosotros y la renovación del mundo está ya decidida de manera irrevocable e incluso de alguna manera real está ya por anticipado en este mundo” (#670). En lo que si se equivocan las personas que piensan que el fin del mundo está cerca es en la fecha que vaticinan… ¡Añade el miedo al fin del mundo a la lista!… Es penoso cuando predicadores cristianos vaticinan una fecha del fin del mundo, cuando ni siquiera Jesús conocía la fecha y nos enseña que “Mas de aquel día y hora, nadie sabe nada, ni los ángeles de los cielos, ni el Hijo, sino sólo el Padre” (Mt 24,36). Muy al contrario de estas corrientes que buscan incitar la ansiedad de la gente, Jesús muchas

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veces durante su ministerio terrenal nos exhorto a la calma, a tener confianza en Dios. Mi razón para escribir este libro es enfrentar algunas de las muchas y diferentes causas de ansiedades y miedos que comúnmente tenemos en nuestras vidas, y ponerlas a la luz de las Sagradas Escrituras para recordar y tener bien presente el amor que Dios nos tiene, amor tan grande que no desdeña mandar a su único hijo a salvarnos.

Perspectiva Médica

Los profesionales en las áreas de cuidado de salud como los doctores, psiquiatras, psicólogos, trabajadores sociales entre otros, usan un manual para diagnosticar enfermedades mentales conocido por sus siglas en inglés como “DSM” (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders) - hoy en día en su quinta edición. En el área de desórdenes relacionados con la ansiedad este manual contiene una cantidad impresionante de condiciones. Entre las varias condiciones enlistadas están: agorafobia, desorden obsesivo-compulsivo, desorden de estrés post-traumático, desorden de estrés agudo, desorden de estrés generalizado, etc. La ansiedad como enfermedad es algo muy real para muchas personas. Este libro no está dirigido primordialmente para persones que padecen de una ansiedad clínica. Estoy convencido que nuestro Señor Jesús vino con poder para sanar enfermedades tanto físicas como mentales, y que transmitió este poder a sus apóstoles, y a través de ellos a su Iglesia hasta nuestros días. Por tanto, las oraciones son fuentes del poder sanador de Jesús aún en nuestros días, y pueden ayudar incluso a las personas diagnosticadas con padecimientos de ansiedad. La ciencia en sus estudios concuerda que practicar la fe tiene beneficios para la salud.[1]

Habiendo dicho esto, si tu crees padecer de alguna enfermedad mental, no dejes de acudir con un doctor. Dios nos dio su poder sanador, pero también nos ha dado razón e inteligencia que propiamente son aplicados en la medicina para ayudarnos a recobrar la salud, y esto va de acuerdo al plan de Dios. Aparte de eso, mi especialidad es el estudio de la teología, no la medicina. Este libro mas bien tiene el propósito de ayudarte a reconocer diferentes fuentes de ansiedades y miedos que causan intranquilidad en tu vida y mostrarte diferentes consejos y enseñanzas que Dios nos ha dado para superar esta ansiedad y vivir una vida más completa. Jesús en su ministerio terrenal nos dijo “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Juan 10,10). Como verás a través de este libro, Jesús muchas veces nos enseñó a dejar a un lado la ansiedad.

La ansiedad es algo que nos distrae de nuestro propósito en la vida de conocer y amar a Dios, sirviéndole al servir a los más necesitados de nuestro entorno. La ansiedad es muy mala para el cristiano, como escribió san Francisco de Sales:

“La ansiedad es el mayor mal que puede sobrevenir a un alma, fuera del pecado; porque, así como las sediciones y revueltas intestinas (sic) de una nación la arruinan enteramente, e impiden que pueda resistir al extranjero, de la misma manera nuestro corazón, cuando está interiormente perturbado e inquieto, pierde la

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fuerza para conservar las virtudes que había adquirido, y también la manera de resistir las tentaciones del enemigo, el cual hace entonces toda clase de esfuerzos para pescar a río revuelto, como suele decirse.”[2]

A través de la lectura y meditación de la Palabra de Dios, así como de oraciones y consejos prácticos quiero mostrarte unas ayudas para enfrentar esos momentos de ansiedad que todos experimentamos en nuestras vidas. Espero en Dios que mi pequeño aporte te ayude a que estos momentos sean cada vez menos, y que guiados por su palabra vayamos creciendo cada vez más en amor y confianza en Dios que como todo buen padre quiere lo mejor para sus hijos.

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1 ¿QUÉ ES LA ANSIEDAD?

Como lo mencione, mi propósito para esta obra es ayudarte a reconocer y superar las raíces de ciertas situaciones que causan ansiedad, miedos y estrés. Vivir con miedos y ansiedades nos distrae de nuestra labor como cristianos: buscar el Reino de Dios y su justicia (Mateo 6,33). Te recalco que no busco tratar situaciones que requieren una intervención médica, pero pienso que es muy importante lidiar con esto no sólo porque nos limita y no nos deja vivir nuestra vida en plenitud, sino también porque si no tratamos con situaciones de ansiedad, si que pueden volverse un padecimiento crónico. De acuerdo al Dr. C. George Borre, la ansiedad esta en la raíz de muchos, si no todos, los trastornos psicológicos.[3]

En esta obra trato de ansiedad y miedo como emociones humanas. Muchas veces los cristianos pensamos que no debemos tener “malas emociones,” como el enojo, la ansiedad, la tristeza, etc. La realidad es que si estamos vivos, vamos a experimentar diferentes emociones. Dios nos creo así, con todo y nuestras emociones. Debemos tener una buena medida de conocimiento propio para saber nuestro temperamento, lo que nos afecta negativa y positivamente. Las emociones también se pueden encausar para el bien, como el enojo ante las injusticias que nos lleva a la acción para combatirlas. El mejor ejemplo de esto es el enojo de Jesús ante los cambistas en el Templo:

Entró Jesús en el Templo y echó fuera a todos los que vendían y compraban en el Templo; volcó las mesas de los cambistas y los puestos de los vendedores de palomas. Y les dijo: “Está escrito: Mi Casa será llamada Casa de oración. ¡Pero ustedes están haciendo de ella una cueva de bandidos!” (Mateo 21,12-13).

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Ante el abuso de los cambistas, que habían ocupado la explanada del Templo dedicada a la presencia de los gentiles para que también ellos pudieran orar a Dios, Jesús se indigna de sobremanera y les vuelca sus mesas. Jesús nos da el ejemplo de como emociones como el enojo pueden ser justificadas y a veces hasta necesarias.

Lo que también es cierto es que las emociones van y vienen de acuerdo a muchas circunstancias (nuestro estado de ánimo, nivel de cansancio, estado de salud, etc.) y por lo tanto deben de estar regidas por la razón y la voluntad. Hay que recalcarlo, sentir y expresar emociones no es algo necesariamente malo. En los evangelios tenemos muchísimos ejemplos de como Jesús en su humanidad vivió todo un rango de emociones:

Ira: Entonces, mirándolos con ira, apenado por la dureza de su corazón … (Marcos 14,3)

Enfado: Mas Jesús, al ver esto, se enfadó y les dijo: “Dejen que los niños vengan a mí, no se lo impidan, porque de los que son como éstos es el Reino de Dios.” (Marcos 10,14)

Angustia: Viéndola llorar Jesús y que también lloraban los judíos que la acompañaban, se conmovió interiormente, se turbó. (Juan 11,33)

Alegría: Entonces Jesús les dijo abiertamente: “Lázaro ha muerto, y me alegro por ustedes de no haber estado allí, para que crean. Pero vayamos allá.” (Juan 11,14-15)

Compasión: Movido a compasión Jesús tocó sus ojos, y al instante recobraron la vista; y le siguieron. (Mateo 20,34)

Admiración: Al oír esto, Jesús quedó admirado de él, y volviéndose dijo a la muchedumbre que le seguía: “Les digo que ni en Israel he encontrado una fe tan grande.”(Lucas 7, 9)

Turbación: Cuando dijo estas palabras, Jesús se turbó en su interior y declaró: “En verdad, en verdad les digo que uno de ustedes me entregará.” (Juan 13, 21)

Agonía: Toma consigo a Pedro, Santiago y Juan, y comenzó a sentir pavor y angustia. Y les dice: “Mi alma está triste hasta el punto de morir; quédense aquí y velen.” (Marcos 14, 32-34)

¡Pero sobre todo amor!: Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. (Juan 13, 1)

En el Antiguo Testamento, los Salmos, que son Palabra de Dios hecha oración, también nos presentan la gama de emociones humanas.

Tristeza: “El recuerdo me llena de nostalgia.” (Sal 42,5)

Angustia: “En mi angustia grité a Yahvé, pedí socorro a mi Dios; desde su templo escuchó mi voz, resonó mi socorro en sus oídos.” (Sal 18,7) “No te alejes de mí, que la angustia está cerca,

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que no hay quien me socorra!” (Sal 22,12)

Alegría: “Te doy gracias, Yahvé, de todo corazón, voy a proclamar todas tus maravillas; quiero alegrarme y gozar en ti…” (Sal 9,2-3)

“Lo conviertes en eterna bendición, lo llenas de alegría en tu presencia.” (Sal 21,7)

Venganza: “Levántate, Señor, lleno de cólera,

álzate contra la ira de mis opresores.” (Sal 7,7) ¡Dios de la venganza, Yahvé, Dios de la venganza, aparece! (Sal 94,1)

Esperanza: “Pues tú eres mi esperanza, Señor, mi confianza desde joven, Yahvé.” (Sal 71,5) Feliz quien se apoya en el Dios de Jacob, quien tiene su esperanza en Yahvé, su Dios. (Sal 146,5)

Maravilla: “¡Yahvé, Señor nuestro, qué glorioso es tu nombre en toda la tierra!” (Sal 8,10)

Confianza: “Confíen en ti los que conocen tu nombre, pues no abandonas a los que te buscan, Yahvé.” (Sal 9, 11)

En los evangelios oímos la constante exhortación de hacer a un lado la ansiedad y la preocupación: “Por eso les digo: No anden preocupados por su propia vida, qué comerán, ni por su propio cuerpo, con qué se vestirán. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?” (Mateo 6,25) Para el cristiano, la orientación constante debe ser a la alegría, como nos exhorta san Pablo: “Estén siempre alegres en el Señor; se lo repito, estén alegres” (Fil 4,4). Debemos estar alegres, no por un optimismo ingenuo, sino porque nosotros tenemos la certeza de la victoria asegurada por nuestro Señor Jesucristo.

Quizás me equivoque, pero me parece que algunas veces la ansiedad está conectada con el egoísmo: mientras más vivimos centrados en nosotros mismos, más nos preocupamos por lo que nos pasa. Las personas más felices parecen ser aquellas que viven entregadas a los demás y esto es lo que la Iglesia nos enseña al recordarnos que el hombre no puede encontrar su propia plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo a los demás. [4]

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2 ANSIEDAD POR LAS FINANZAS

La vida diaria en sí acarrea muchas oportunidades para darle entrada a las preocupaciones. Para todos, y sobretodo para los que somos padres de familia nos preocupa el tener suficiente dinero, que el lugar en el que vivimos sea adecuado, que lo que vestimos este presentable, que el vehículo que manejamos esté en buen estado, y así podríamos seguir hasta que la lista llegara a ocupar un par de páginas. Lo primero que debemos hacer es asesorar la situación de una manera razonable. ¿En realidad el problema es que no tenemos dinero suficiente, o se trata más bien de que gastamos más de lo que ganamos? Muchas veces lo que percibimos como un problema de dinero es algo que nosotros mismos nos hemos causado.

La sociedad en que vivimos hoy en día constantemente nos impulsa al consumismo y a desechar lo que ya no sirve. Los productos que compramos parecen estar diseñados para durar un corto tiempo, con una obsolescencia planificada. Caemos víctimas del mercadeo y nos vemos envueltos en un imparable ciclo de comprar el último teléfono inteligente, la más reciente computadora, los zapatos que estén de moda, o cualquier otra cosa que la sociedad considera como el más reciente cacharro indispensable. Y si lo escribo no es como juez, sino como participante de este ciclo. Recuerdo vívidamente la primera vez que viaje a mi natal país de México después de pasar un par de años en los Estados Unidos. Cuando regresé fue para mi palpable la ruidosa cacofonía producida por el mercadeo. Sentí realmente como mis sentidos eran constantemente bombardeados de imágenes peleando por mi atención. Este ruido causado por la publicidad se puede convertir en un verdadero problema para el cristiano. Como mínimo es una gran distracción. El problema al que me refiero es que se vuelve cada vez más difícil de escuchar la voz de Dios en medio de tanto ruido, tanta distracción. Nuestro corazón

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necesita del silencio para poder escuchar la voz de Dios.

Aparte del problema que el consumismo nos causa para nuestras finanzas está también la deformación de nuestro carácter. El vivir obsesionados con las compras o los productos que son muchas veces innecesarios o dispensables, invariablemente nos vuelve superficiales. Nos vuelve superficiales y comenzamos a medir a las personas por sus posesiones. Y lo que es peor aún, esta mentalidad también nos lleva a ver a las personas como posesiones - útiles únicamente en la medida en que nos sirven para ascender de posición y así tener mas bienes. Esa mentalidad de desechar lo que no sirve desemboca en muchos problemas que tenemos al traducir esta actitud a las personas: el maltrato y abuso de ancianos, niños, personas con discapacidad, o cualquier persona que no “sirve” o es útil para la sociedad. Esta mentalidad de utilitarismo va de la mano con el consumismo, y es algo que debemos rechazar como algo aborrecible que nos separa de Dios.

Hay que dejar claro, el dinero en si no es el problema; el dinero es una herramienta, un medio. El problema está en nuestra actitud ante su uso: “Porque la raíz de todos los males es el afán de dinero, y algunos, por dejarse llevar de él, se extraviaron en la fe y se atormentaron con muchos sufrimientos” (1 Timoteo 6:10). La dificultad es cuando caemos en una cierta idolatría del dinero - volviendo este afán por obtenerlo el centro de nuestras vida. Ciertamente las riquezas pueden volverse un obstáculo en nuestra vida espiritual, como el joven rico de los evangelios. En la perspectiva de muchos este joven era alguien bueno: seguía los mandamientos, no era adúltero, no robaba, no mentía, no era injusto y honraba a su padre y a su madre. Pero cuando Jesús le pide dejar sus bienes, él “abatido por estas palabras, se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes” (Ver Marcos 10,17-22). El seguir los mandamientos de la Ley al pie de la letra no es suficiente para ser santos, se requiere que Dios sea nuestro todo en todo. En el pasaje siguiente del evangelio Jesús nos dice: “¡Qué difícil es que los que tienen riquezas entren en el Reino de Dios!”

Una vez más, nuestro Señor Jesús nos enseña cual debe ser nuestra actitud: “Busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y todas esas cosas se les darán por añadidura” (Mateo 6,33). Cuando buscamos la felicidad en las cosas secundarias como las riquezas, el reconocimiento, el poder, o la fama, tomemos en cuenta que al final de nuestros días no podemos llevarnos estas cosas y también perdemos las cosas primarias, como la gracia de Dios.

Hablemos ahora de unas cuantas maneras de enfrentar estas ansiedades que nos trae la vida diaria. Como lo decía, asesora la situación de manera fría y razonable. Para mi que fui entrenado en los negocios, se que la solución para una compañía (como para una familia) que está perdiendo dinero es ya sea cortar gastos o aumentar las ganancias. En el área de cortar gastos analicemos lo siguiente: la preocupación por la vivienda en que

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resido, ¿se debe a una necesidad real, o quiero cambiar de vivienda porque el compadre se compró una casa con cinco cuartos, mientras la mía tiene sólo tres? Mientras que es muy razonable querer moverse a una residencia en una zona más segura, más cerca del trabajo o que nos brinda alguna otra facilidad, el querer hacerlo por competencia no lo es. Otra situación similar es con los vestidos. El querer vestirse a la moda es muy difícil de justificar. Hoy en día hay que hacer consciencia sobre las compañías que apoyamos con nuestras compras. Muchas de las compañías que producen ropa de moda utilizan métodos de trabajo que son problemáticos para nosotros los cristianos: emplean a niños menores de edad, robándoles su niñez en arduas jornadas laborales; tienen condiciones de trabajo infrahumanas que tratan a los empleados como piezas de maquinaria; ofrecen salarios tan bajos que se aproximan a una esclavitud moderna. No estoy sugiriendo que imitemos a Juan el Bautista al pie de la letra, vistiendo ropa de pelo de camello y comiendo langostas y miel, pero el vestirnos con sencillez puede ser algo que nos quite la preocupación de perseguir la siempre-cambiante moda, y nos puede liberar el presupuesto para poder ayudar a los más necesitados. Hablando de los pobres y ropas, en la perspectiva judía el hombre que poseía dos túnicas se consideraba que le estaba robando una al pobre. Esto es algo digno de considerar. Si tenemos muchas prendas de ropas, esto significa que posiblemente no le estamos dando al pobre las que necesita.

Una solución que puede ayudarte es el hacer un presupuesto. Muchos de nosotros no realizamos planeación financiara alguna. Tenemos más o menos en mente los gastos fijos de cada mes: la renta, el carro, la electricidad, los seguros, etc. Algunos otros gastos no los tenemos tan presentes: la despensa, entretenimiento, ropa, entre otros. Para ayudarte a balancear tu presupuesto te recomiendo que escribas lo que gastas en estas áreas y lo compares con tus ganancias, y haz ajustes si es necesario. Tal vez no te habías dado cuenta de que gastas demasiado en salir a comer fuera de casa, o que los gastos de despensa son más alto de lo que debieran ser. Si nunca has hecho un presupuesto hay muchos artículos en línea que te pueden ayudar.[5]

Para evitar la ansiedad en esta área debemos por un lado ser conscientes administradores de nuestras finanzas, y por el otro debemos practicar el poner nuestra confianza en Dios. Considera este pasaje para tu meditación:

“Miren las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y su Padre celestial las alimenta. ¿No valen ustedes más que ellas? Por lo demás, ¿quién de ustedes puede, por más que se preocupe, añadir una sola hora a la medida de su vida?” (Mateo 6,26-27).

Parecería de más decirlo, pero muchos de nosotros necesitamos oírlo otra vez claramente: las posesiones no nos traen la felicidad. La felicidad viene más bien de entregarnos en servicio a Dios sirviendo a los demás. ¡Haz la prueba y verás!

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3 ANSIEDAD SOCIAL

Estoy convencido que una de las grandes fuentes de ansiedad en nuestros días es que vivimos en medio de un constante ruido - ya no sabemos vivir y apreciar el silencio. Cuando el momento llama a guardar silencio, uno inmediatamente se siente incómodo, como cuando entramos en un ascensor con otras personas, o en por ejemplo en la misa. En la misa apenas entramos en un momento de silencio (como es propio en el ritmo y orden de la liturgia) y la gente comienza a voltear a su alrededor para ver porque se ha detenido la ceremonia: ¿será que se le olvidó al padrecito su parte? Este vivir en un estado de constante ruido no nos deja escuchar la voz Dios.

Parecería que el silencio incomoda al ser humano moderno. Analiza tu vida y dime si estas situaciones son parte de tu experiencia:

Llegas a tu casa de estar fuera, y prendes la televisión, sin tener un plan de ver algo, sólo para mantenerte compañía.

Te subes al carro e inmediatamente prendes la radio.

Cuando vas al baño te llevas una revista, o un periódico para tener algo en que ocupar tu mente.

Estás en misa y en el primer instante de silencio tu mente se desconecta del momento y comienzas a pensar en otra cosa

Como lo dije anteriormente, no ofrezco estas situaciones como condenación, ¡sino porque me pasan a mi también!

Una de las causas del presente estado de nuestra mente es el mundo en que vivimos es uno que se la pasa virtualmente “conectado” las 24 horas del día. Escribo “conectado” entre comillas, porque la conexión con el mundo virtual de la televisión o el internet más bien nos desconecta del mundo presente, del momento en el que vivimos. Cuando vamos caminando por una calle llena de gente, notamos que muchas de ellas, en vez de poner

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atención a su alrededor, tienen los ojos fijos en sus teléfonos celulares. Otra situación que es aún peor es el estar revisando las pantallas al ir conduciendo nuestro vehículo -¡cuantos accidentes y hasta vidas se pierden por no querer perderse un texto! Recientemente tuve muy por presente el estado en el que vivimos al viajar a una ciudad vecina donde es contra la ley el revisar el teléfono mientras conduces tu auto. Fue impresionante para mi notar que todos los conductores iban haciendo precisamente lo que todo conductor debe hacer: ¡poner su atención de lleno en conducir! Este comportamiento no debería sorprenderme, pero en la ciudad donde vivo no es penalizado el revisar el celular mientras manejas, y todo mundo se la pasa haciendo esto…

En lo personal, una fuente de distracción viene del constantemente estar leyendo noticias. Reflexionando en el porque tengo este hábito lo puedo trazar a los eventos del 9/11 con el peor ataque terrorista en los Estados Unidos. Los ataques sucedieron durante la mañana, y yo no me di cuenta hasta que mi compañero de apartamento regresó de sus clases y me informó. Sentí una cierta ansiedad que duró varios días, y desde entonces reviso las noticias varias veces durante el día.

Hay varios problemas con esta tendencia a estar constantemente conectado virtualmente. Estos comportamientos pueden llegar a ser lo suficientemente serios como para ser catalogados como un tipo de adicción. Hay estudios que indican que las personas que constantemente revisan su cuenta de Facebook sufren de depresión y ansiedad.[6] Esto no es algo que deba sorprender a nadie. Las cosas que las personas

comparten en las redes sociales son muchas veces las cosas fuera de lo común que les suceden: salir de viajes, estrenar algún objeto, alguna comida especial, etc. Los que leen estas cosas invariablemente sienten una cierta inferioridad ante lo que perciben es la mediocridad de sus propias vidas. Hay que recordar que en muchos de los casos lo que comparte la gente en las redes sociales no es sino una “careta” que oculta lo ordinario de sus vidas. Incluso el contar y comparar el número de seguidores o “amigos” que tenemos en cuentas de Twitter, Facebook o Instagram pueden llevar a ciertas personas a sentirse menos que otras. Analiza tu uso de estas redes sociales, y cuida que tu comportamiento en ellas no sea una falta a la verdad. Nuestro Señor Jesús nos dijo: “yo soy el camino, la verdad y la vida”(Juan 14:6), hay que cuidar que nuestras acciones no nos aparten de él.

También existe el problema de revisar constantemente las redes sociales usando nuestros teléfonos celulares u otros aparatos inteligentes. De acuerdo a los estudios[7]

la gente en promedio revisa sus teléfonos entre 80-100 veces al día. ¡El ser separados de nuestros aparatos se convierte en una fuente de ansiedad!

El estar siempre “conectados” nos causa males físicos, desde dolores de cabeza a dolores del cuello ya que tenemos que encorvarnos para ver las pantallas. El uso constante de estos aparatos contribuye también a nuestra ya muy sedentaria vida.

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¿Cuál es la solución para tantos males?

En primera instancia, como en todo caso de adicción, hay que ser sinceros con uno mismo, dejar de engañarnos y reconocer que la manera en que estamos viviendo no es ideal, y tomar la decisión de mejorar las cosas. Este comportamiento como mínimo nos hace perder el tiempo; tiempo ya perdido no se puede recuperar jamás y lo podríamos mejor invertir en estudiar y aprender más de Dios y en ayudar a los demás. En los peores casos este comportamiento puede causar los serios problemas de los que hablamos. A muchos de nosotros nos encanta engañarnos a nosotros mismos, pero nuestro Dios es un Dios de la verdad y no de la mentira. Hay que despojar de nuestra vida toda mentira y todo engaño. Lo primero entonces es reconocer que tenemos un problema y tomar la decisión de mejorar las cosas. Reconoce que no eres perfecto, pero con la ayuda de Dios podemos mejorar. Aquí te ofrezco algunos consejos prácticos.

Uso del Celular en la casa

Haz el esfuerzo por no llevar en el bolsillo o en tus manos el teléfono celular dentro de tu casa. Personalmente algo que me ha ayudado a mi es reemplazar el impulso de revisar Facebook con otra actividad más provechosa, como leer un libro, o mejor aun, leer la Biblia. Si llegas a revisar el teléfono, en vez de revisar Facebook, usa otras aplicaciones que te dejen algún provecho, como Bible Memory, que te ayuda a memorizar pasajes de la Biblia.

Desarrolla un pasatiempo

“La ociosidad es madre de todos los vicios” dice un dicho popular, y la experiencia de muchos lo confirma. El tiempo que desperdiciamos revisando el teléfono lo podríamos llenar con algún pasatiempo más provechoso. Las posibilidades son ilimitadas. ¿Haz querido aprender a tocar un instrumento musical por mucho tiempo? Invierte el tiempo ahorrado al no revisar tu teléfono, y verás como en unos meses vas a poder lograrlo. ¿Te causa ansiedad que tus amigos se vayan de vacaciones a lugares exóticos mientras tu estás en casa? Haz a un lado el celular y activa tu creatividad con algún trabajo manual como carpintería, jardinería o pintura. Nuestras viviendas siempre están en necesidad de alguna reparación, ¿cierto?

Acompañamiento espiritual

Busca el apoyo de un amigo o compañero espiritual. No tienes que enfrentar éste, ni a ningún otro problema por ti mismo. Parte de la humildad que se requiere para reconocer que tenemos un problema frecuentemente incluye el hecho de que no podemos resolverlo nosotros mismos. Esto no es ninguna debilidad. Nuestra fe católica tiene una gran tradición de acompañamiento espiritual - el uso de algún compañero o guía

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en las cosas espirituales. La realidad es que por muy inteligentes que seamos, no tenemos todas las respuestas. A veces nuestra exceso de confianza propia no nos permite ver soluciones o alternativas que alguien con otra perspectiva nos puede dar. Además está comprobado que el tener a alguien como un amigo a quien rendirle cuentas es una manera muy efectiva para ayudarnos a mantenernos en el buen camino y cumplir nuestros propósitos. Para salir adelante y crecer espiritualmente es muy importante el tener un buen amigo de confianza con una sólida formación, o un acompañante espiritual. Si el concepto de un acompañante o guía espiritual es ajeno para ti, busca ayuda en alguna casa de retiros católica - ahí usualmente te pueden asesorar.

Ayuda profesional

Está casi por demás decirlo, pero si el problema es grave y esta afectando tu vida de manera significativa, consulta con un profesional. Tenemos que hacer a un lado el estigma que tiene en nuestra sociedad (especialmente para los hispanos) el recurrir a un doctor. Nuestro bienestar y el de nuestras familias es mas importante que “el que dirán.”

Practica la oración y el silencio

“La práctica hace al maestro” dice otro dicho popular. En este como en muchos otros casos también es cierto. Trata de estar consciente y tomar un espacio de silencio. Si nunca lo haz hecho comienza por unos cuantos minutos y ve aumentando el periodo de tiempo que pasas en silencio poco a poco. Si se te olvida hacerlo, o te sientes aburrido o que no funciona, ten paciencia. Mucha gente exitosa reporta que dedican un tiempo en la mañana para la meditación o la oración.

La ansiedad que sentí después de los ataques terroristas no la superé hasta que por medio de la oración conscientemente puse mi confianza en Dios. El orar nunca es tiempo perdido y es esencial para mantener viva nuestra relación con Dios.

Incluso en la oración debemos de guardar silencio. A veces pasamos nuestros momentos de oración con una lista interminable de peticiones para Dios. Es muy bueno presentarle nuestras necesidades a Dios, pero también debemos guardar silencio para darnos la oportunidad de escuchar lo que Dios tiene para nosotros. En el silencio no tenemos que preocuparnos de tener palabras o pensamientos sublimes con los cuales dirigirnos a nuestro Dios. En el silencio podemos aquietar el alma y gozarnos de la presencia de Dios. Muchas veces nos pasa lo que le pasó al profeta Elías quien esperaba el encuentro con Dios en el monte Horeb. Pasaron vientos huracanados, terremoto y fuego - pero Dios no estaba ahí. Después vino una brisa suave, y fue ahí donde estaba Dios (ver 1 Reyes 19,9-13). Muchas veces buscamos el contacto con Dios por medio de una fuerte predicación, una estruendosa música de alabanza, incluso danzas y gritos de júbilo. Todo esto es bueno, pero no hay que olvidarnos que es en silencio donde seguramente viene Dios a nuestro encuentro.

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4 ANSIEDAD POR LA ACCION DEL DIABLO

Por razones misteriosas para mi, nuestra cultura hispana tiende muy a menudo a atribuir las cosas malas que nos pasan en la vida a la acción del diablo. Caíste enfermo -el diablo te está atacando. Perdiste tu trabajo o te fue mal en los negocios - -el diablo no quiere que triunfes. Alguien es exitoso - de seguro hizo trato con el diablo. Alguien hizo algo malo - es porque se le metió el diablo. Recuerdo que cuando era niño la gente comúnmente decía que no debíamos recoger comida que se caía al suelo - ¡porque ya se la chupó el diablo! Aunque esta última admonición tenía el buen propósito de evitar comer comida contaminada por microbios, esta actitud en general es muy dañina por al menos un par de razones: primero, porque borra la noción de responsabilidad personal -ya nada es culpa mía, sino del diablo; y segundo, porque causa que las personas vivan en constante temor de la acción de un ser maligno que se llega a creer más poderoso que ellos y que Dios mismo.

Una de las cosas más difíciles de hacer para el ser humano es aceptar responsabilidad de nuestras acciones. Para la mayoría de nosotros es más fácil echarle la culpa a alguien mas de nuestras faltas. Cuando uno se enferma, algunas veces se debe a que uno no cuidó de su salud, problemas genéticos, etc. Por ejemplo, en el caso de la obesidad y toda la variedad de condiciones que van ligadas a ella. Si uno no cuida lo que come y termina sufriendo de un ataque cardíaco porque las arterias están saturadas de grasa debido a años y años de comer alimentos dañinos para la salud, ¡la culpa no es del diablo! Si uno nunca en la vida hace ejercicio ni por equivocación, ni tampoco cuida su alimentación, no debe sorprendernos que nuestro cuerpo tenga problemas de salud. En el campo de la salud muchas veces vivimos sumergidos por miedos que ignoran descubrimientos científicos. ¿Cuántas veces no oímos a las abuelitas dar el consejo “cúbrete, no te vaya dar frío y te enfermes.” Es como si las bacterias y virus nunca se hubieran descubierto… ¡el frío no es lo que causa la enfermedad! Se enferma uno más

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frecuente en temporadas frías porque la gente pasa más tiempo en los interiores y se comparten así los microbios más fácilmente.

Cuando pasan acontecimientos desagradables como perder el trabajo, muchas veces no es culpa nuestra (aunque a veces sí que lo es). Si nos va mal en los negocios muchas veces es porque no se planearon bien. ¿Pero, achacárselos al diablo? Difícilmente es el caso. Eso de decir que alguien exitoso hizo trato con el diablo es plenamente envidia.

Consideremos el caso que les di de ejemplo antes - el decir que alguien es malo porque está poseído, aunque es definitivamente posible, la explicación es usualmente que uno se “vuelve malo” decisión tras decisión, pecado tras pecado. Es un hecho que el pecado nos separa de Dios. Mientras más pecados cometemos sin arrepentirnos y buscar a Dios, nuestro corazón se va endureciendo cada vez más y más.

Enseñanza del Padre Fortea

En Enero del 2016 tuve la oportunidad de acompañar al padre Fortea durante un fin de semana en el que visitó Houston para una conferencia de evangelización y catequesis. El padre Fortea es un sacerdote español que se dedica al ministerio de exorcismo. Si no conoces sobre la labor del padre Fortea, te recomiendo que visites su blog donde escribe casi a diario en esta dirección: http://blogdelpadrefortea.blogspot.com/.

Algo que me quedo muy grabado de lo mucho que compartió con nosotros durante esos días, es la necesidad que tenemos de hacer a un lado todo miedo y ansiedad acerca del demonio. El nos comentó (y me tocó presenciar personalmente) como mucha gente vive agobiada, pensando que sus achaques y sus males se deben a la acción del demonio. Durante su estancia una tras otra persona se acercaba a él pidiendo que le hiciera oración de liberación. Una tras otra vez, el padre Fortea les hacia oración y les decía que no tenían de que preocuparse, que no había nada malo con ellos. En una de sus predicas nos habló del miedo en el que mucha gente vive, y como con esta actitud le estamos asignando al demonio más poder del que tiene en verdad. Le estamos dando al demonio poder, y le estamos degradando a Dios su omnipotencia y su bondad. La realidad del cristiano está enraizada en la fe en Dios que nos ama, que nos ha creado por amor. Nuestra fe esta basada en un Dios que quiere lo mejor para nosotros, que desea que tengamos vida y vida en abundancia. El padre Fortea nos enseñó como nuestro Dios es un Dios que busca la comunión, el encuentro con nosotros. Desde su revelación a Moisés en el pasaje de la zarza que ardía, pero no se consumía, nuestro Dios se muestra a sí mismo, quiere que le conozcamos. Este mismo Dios que nos ama libera a su pueblo de Egipto, salvándolos de la esclavitud. Dios camina con su pueblo, guiándolo en su marcha por el desierto en forma de una columna de fuego por la noche y una columna de nube por el día. Una de las primeras cosas que Dios hace después del Éxodo es establecer su presencia entre su pueblo en la Tienda de la Presencia. Todo esto nos muestra a un Dios que quiere estar con nosotros, nos acompaña y nos protege. Este

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mismo Dios que nos ama, nos acompaña y nos protege no nos dejaría a la merced del demonio. Una vez más, el tener esta actitud de constante miedo le está quitando a Dios su gloria, y le está dando al demonio más poder del que tiene.

Habiendo dicho todo esto, hay que afirmar que el demonio existe, no estamos negando esto (esto lleva a muchos otros diferentes problemas), y que en ocasión puede suceder las posesiones demoníacas. Cuando sucede una posesión, no se da por casualidad. El demonio no puede entrar a donde no a sido invitado. Cuando se da un caso de posesión lo más usual es que tomó lugar porque la persona le dio entrada. Para el cristiano que ora constantemente, que acude a la gracia de Dios en los sacramentos y que busca hacer el bien, esto no debe preocuparle. Estas preocupaciones usualmente entran en el corazón de la persona sin formación, con una fe un tanto desviada.

Desde mi punto de vista, este tipo de ansiedad se debe en parte a una falta de fe. Nos falta fe en un Dios todopoderoso que nos creó, nos ama y nos protege. Para superar este tipo de ansiedad debemos corregir la imagen de Dios que hemos mal formado y debemos ejercitar nuestra fe y nuestra confianza en Dios. Para formarnos una imagen de Dios más fiel medita en pasajes que hablan del poder y la grandeza de Dios. Por ejemplo,

Mateo 19,26

Jesús, mirándolos fijamente, dijo: “Para los hombres eso es imposible, mas para Dios todo es posible.”

Génesis 18,14

¿Hay algo difícil para Yahvé? En el plazo fijado volveré, al término de un embarazo, y Sara tendrá un hijo.

Salmo 93,1

Reina Yahvé, vestido de majestad, Yahvé, vestido y ceñido de poder, y así el orbe está seguro, no vacila.

Salmo 115,3

Nuestro Dios está en el cielo, y hace todo cuanto quiere. Sabiduría 7,25

Es un soplo del poder de Dios, una emanación pura de la gloria del Omnipotente; por eso, nada contaminado la afecta.

Para los que padecen de esta ansiedad hay un falta fe en un Dios todopoderoso. Irónicamente, este es un punto que explícitamente profesamos cada domingo en el Credo durante la misa: “Creo en Dios Padre, todopoderoso…” Parecería que no estamos convencidos completamente de esta fe que profesamos. De hecho, me ha tocado presenciar a personas explícitamente hablar de un Dios bueno del Nuevo Testamento, y

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un “dios malo” del Antiguo Testamento… ¡Qué confundidas están algunas personas! No hay más que un sólo Dios, que es nuestro padre y nos ama como tal. Un sólo Dios padre todopoderoso es lo que proclamamos en el Credo. Tenemos un Dios que con una sola Palabra creó al mundo. Esta misma Palabra se encarnó y habitó entre nosotros (Juan 1,14). Jesús el Verbo Encarnado con su palabra nos sana y nos da la salvación. Tenemos que ejercitar nuestra fe en el Dios que “hace cuanto quiere” (Salmo 115,3).

La oración sincera y humilde es una gran ayuda en superar este miedo. Una oración llena de confianza en nuestro Dios todopoderoso y que todo lo puede es antídoto ante esta ansiedad. La oración dirigida a pedir la intercesión de los ángeles es también una gran arma, sobre todo la oración dirigida al que venció a Satanás, el arcángel Miguel:

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha.

Sé nuestro amparo contra las perversidad y asechanzas del demonio.

Que Dios reprima su poder es nuestra humilde súplica, y tú príncipe de la milicia celestial con el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas. Amén.

Otra gran fuente con la que Dios nos extiende su protección es a través de los sacramentos y los sacramentales. Con el Bautismo hemos sido ungidos como hijos de Dios. En la Reconciliación reconocemos en humildad nuestros pecados, y esta humildad realmente vence al Maligno. Con la Sagrada Comunión nuestra alma se vuelve morada para el mismo Dios, Jesucristo en su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad. Incluso los sacramentales de nuestra fe como la señal de la cruz, el agua bendita, y las oraciones de la Iglesia son de gran ayuda. Con estas ayudas, ¿quién nos separará del amor de Cristo? (Romanos 8,35)

En el fondo, esta ansiedad es reflexión de la búsqueda la gente está haciendo sobre el problema del mal: si Dios es todopoderoso y bueno, ¿por qué existe el mal en el mundo? No hay respuesta fácil para esta pregunta. En su sabiduría Dios creó el mundo en movimiento hacia su destino final. En este mundo viven juntos los justos y los pecadores, la salud y la enfermedad, el bien y el mal. El mal moral entra al mundo como consecuencia del pecado. No se puede decir que Dios haya creado o desee el mal. Si Dios permite el mal es porque el puede sacar consecuencias buenas de este mal – como dice el dicho: “Dios escribe derecho en renglones torcidos.” Para nosotros los cristianos, “en todas las cosas interviene Dios para bien de los que lo aman” (Romanos 8,28). El Catecismo de lglesia Católica #314 nos enseña:

“Sólo al final, cuando tenga fin nuestro conocimiento parcial, cuando veamos a Dios “cara a cara” (1 Co 13:12), nos serán plenamente conocidos los caminos por los cuales, incluso a través de los dramas del mal y del pecado, Dios habrá conducido su creación hasta el reposo de ese Sabbat definitivo, en vista del cual creó el cielo y la tierra.”

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Pongamos nuestra confianza en nuestro Dios todopoderoso, que todo lo que pasa últimamente es para nuestro bien. Como nos enseña san Pablo: “Si Dios está por nosotros ¿quién contra nosotros? (Romanos 8,31)”

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5 ANSIEDAD ESCATOLOGICA

Una fuente de ansiedad que brota periódicamente es la ansiedad derivada por el fin del mundo. Basta que algún predicador o supuesto profeta se decida a proclamar que sabe con seguridad la fecha del fin del mundo para causar un pánico para muchas personas. Aquí en Estados Unidos se han dado varios casos de personas que se creían profetas con el papel de desencadenar evento apocalípticos. Dos de los más famosos casos que tristemente envolvieron la pérdida de la vida de muchas personas son los de Charles Mason1 y David Koresh. Charles Manson se convirtió en un asesino en serie leyendo el

libro del Apocalipsis y revolviendo en su confusión con drogas, canciones de los Beatles, etc. Manson determinó que era él el quinto jinete del apocalipsis. Por su parte David Koresh era un ex miembro de los Adventistas del Séptimo Día (secta que continuamente ha hecho predicciones del fin del mundo), y leyendo el Apocalipsis determinó que él era destinado a romper los siete sellos y desencadenar el fin del mundo. 76 personas murieron cuando hubo un enfrentamiento con las autoridades en su complejo religioso en Waco, Texas.

Este miedo al fin del mundo brota cuando a algún productor de Hollywood se le ocurre hacer una película que describe como se va a acabar el mundo debido a un volcán, terremoto, inundación, invasión extra-terrestre, etc. Uno de los ejemplos más recientes de esto fue con la película “2012” que trataba del fin de la raza humana debido a inestabilidad geológica del planeta. El año 2012 hace referencia a la supuesta predicción del fin del mundo por los mayas, ya que su calendario famosamente termina precisamente en este año. Recuerdo muy bien como la gente antes de llegar a esta fecha me preguntaba que pensaba de esto. Yo siempre contestaba lo que siempre he contestado ante cualquier predicción del fin del mundo: “boberías inventadas para asustar a la gente.” Más después los estudiosos declararon que los mayas no estaban prediciendo el fin del mundo, sino que simplemente se les acabó el espacio en la piedra donde

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estamparon su calendario…

Otro ejemplo fue el pánico en que mucha gente vivía en los años y meses antes de la vuelta al milenio, el año 2000. No solamente se predecía el fin del mundo como se ha hecho muchas veces en la historia (cada milenio o medio milenio o cien años parecen ser buenas oportunidades para estas predicciones…), también se predecía un caos en la sociedad debido a un problema con la programación de muchas computadoras que se descompondrían al no poder manejar la transición del año 99 al año 00. En aquel entonces yo estudiaba cursos para un bachillerato en administración de empresas en la Universidad de Texas en San Antonio. Participaba activamente en el ministerio de estudiantes católicos y recuerdo muy bien como en la última misa del semestre de invierno una estudiante durante los anuncios tomó el micrófono para anunciarnos que debíamos prepararnos porque ya venía el fin del mundo, de acuerdo a su abuelita… Como bien sabes ninguna de estas predicciones fueron ciertas, pero el miedo que causaron si que lo fue. Mucha gente se preparó construyendo refugios en sus casas y llenándolos de víveres.

Otro ejemplo es cuando grupos religiosos, como por ejemplo los Testigos de Jehová, han declarado una y otra vez que el mundo ya se va a acabar. ¿Porque la gente cae tan frecuentemente en estás declaraciones?

Incluso la Palabra de Dios es fuente de esta ansiedad. Mucha gente tiene un cierto miedo a leer el libro de Apocalipsis, ya que contiene imágenes fuertes que consideran describen cosas futuras. La mayoría de biblistas serios concuerdan en enseñar que la persecución que este libro describe no se trata de algo futuro, sino de algo que estaba viviendo la comunidad cristiana en los primeros años de la Iglesia. El libro del Apocalipsis surge como respuesta a la persecución de la Iglesia por parte del emperador romano Nerón, quien ultimadamente desencadena una gran persecución de cristianos al culparles por el gran incendio que destruyó gran parte de la gran ciudad de Roma, incendio que muchos historiadores sospechan lo ocasionó él mismo.

La realidad es que el mundo no es eterno y va a llegar a su fin algún día. Pero cuando llegará ese día nadie lo sabe con certitud. Jesús predicó sobre estos temas y cuando le preguntaron sus discípulos por una fecha más precisa se negó a responderles diciendo: “Mas de aquel día y hora, nadie sabe nada, ni los ángeles de los cielos, ni el Hijo, sino sólo el Padre” (Mateo 24,36).

La perspectiva cristiana es que desde la venida de Jesucristo estamos viviendo la última etapa de la historia humana. Jesús vino a establecer el principio del fin, mas no sabemos cuanto tiempo va a durar esta última etapa. Podría ser 10,000 años o más… Muchas veces los cristianos nos preguntamos ¿porqué se tarda tanto en regresar Jesús? Si es así es por su misericordia, ya que el plazo se ha alargado para darnos la oportunidad

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de cambiar y convertirnos a él. Sea cuando sea que se acabe el mundo no debe preocuparnos tanto ya que lo más probable es que primero llegue nuestra muerte, que es el fin, no del mundo, pero si de nuestro mundo. Para esto si que tenemos que estar preparados.

Soluciones

Arraiga en tu corazón la convicción de las palabras de Jesús: “Nadie sabe el día ni la hora.” Cualquier persona o grupo que clame saber la fecha exacta, incluso por “revelación divina” está mintiendo, y están clamando saber más de lo que nuestro Señor Jesús sabía. Tenemos que desarrollar la confianza en Jesús y en su palabra que nunca nos va a defraudar. Algo que nos puede ayudar a desarrollar esta confianza en Dios es meditar sobre pasajes de las Escrituras que hablan de la confianza en Dios:

Salmo 27

Yahvé es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? Yahvé, el refugio de mi vida, ¿ante quién temblaré? Salmo 31

En ti, Yahvé, me cobijo, ¡nunca quede defraudado!

¡Líbrame conforme a tu justicia, tiende a mí tu oído, date prisa! Sé mi roca de refugio, alcázar donde me salve.

Salmo 143

Hazme sentir tu amor por la mañana, pues yo cuento contigo; muéstrame el camino que he de seguir, pues estoy pendiente de ti. Proverbios 3,5-6

Confía en Yahvé de todo corazón y no te fíes de tu inteligencia; reconócelo en todos tus caminos y él enderezará tus sendas. 1 Juan 4,16

Y nosotros hemos conocido y hemos creído en el amor que Dios nos tiene.

Dios es Amor: y el que permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él.

Las Sagradas Escrituras están repletas de pasajes que nos exhortan a poner nuestra confianza en Dios (en este sitio de internet puedes encontrar 48 pasajes:

https://dailyverses.net/es/confianza) , estos son solamente cinco de los muchísimos pasajes que Dios tiene para ti. Como dice el salmista, pon tu confianza en el Señor y no serás defraudado.

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6 ANSIEDAD POR LA MUERTE

Una de las razones que me viene a la mente este tipo de ansiedad es el recuento de celebridades que murieron en el año que termina. Este año del 2016 parecería especialmente prominente en el número de artistas y celebridades que pasaron a mejor vida. La lista incluye a Juan Gabriel, Fidel Castro, Muhamed Ali, Carrie Fisher, Prince, David Bowie, entre muchos otros. La muerte de una celebridad con quien nos identificábamos, como la muerte de un ser querido, puede llevarnos a tomar una pausa y evaluar nuestra propia vida con la conclusión de que no somos eternos y que también a nosotros nos va a llegar el fin de nuestros días.

La ansiedad causada por el miedo a la muerte es una que es hasta cierto punto natural. Dios ha implantado en nuestra naturaleza el instinto de defender nuestra vida y por tanto, evitar la muerte. Por eso el temer por nuestra vida no es algo fuera de lo normal. Incluso el tener este miedo puede ser algo sano, ya que el miedo a la muerte nos lleva a evitar situaciones donde se ponga en riesgo nuestra vida.

Por el lado clínico el miedo a morir como fobia o padecimiento puede ser el resultado de un episodio, por ejemplo un ataque de pánico. En un ataque de pánico se siente que el corazón late muy rápido, nos falta el aliento, a veces la visión parece borrosa - siente uno como que se va a morir. En estos casos el miedo a la muerte es un síntoma de este ataque de pánico y no es fuera de lo común. El problema es cuando este miedo a la muerte es algo con lo que se vive constantemente e incluso llega a afectar nuestro comportamiento. Ejemplos de esto es evitar situaciones que son completamente seguras, pero en la mente afectada se evitan por causar peligro de muerte (evitar el zoológico, evitar lugares elevados, evitar hospitales, evitar lugares con mucha gente, etc.). Los psicólogos usualmente tratan este miedo como tratan muchos otros, por un proceso de

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exposición y desensibilización.[8]

En el caso de alguien que tenga miedo ir al zoológico porque teme que los animales lo van a atacar y matarlo, la desensibilización gradual envolvería en poco a poco ir exponiendo a la persona, primero virtualmente con la imaginación y después realmente, a imágenes y situaciones que envuelvan animales. Hoy en día las ciencias médicas utilizan incluso nuevas tecnologías de realidad virtual para tratar diferentes fobias.[9] Con estos tratamientos y con el tiempo la persona se va

acostumbrando y supera estas fobias.

La aversión a la muerte tiene incluso una explicación teológica: fuimos creados para la vida eterna con Dios y no fue sino por el pecado que se distorsiona el plan original de Dios. San Pablo, hablándonos de la redención traída por Cristo nos dice: “Por tanto, como por un hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado la muerte y así la muerte alcanzó a todos los hombres, ya que todos pecaron” (Romanos 5,12). La muerte entró al mundo por el pecado y nuestra aversión puede verse como una reacción primordial a la incursión de la muerte al plan divino. Pero la historia no se queda ahí. Jesucristo con su muerte nos ha abierto las puertas del cielo, por amor nos ha traído la salvación del pecado. Jesús vino a salvarnos venciendo a la muerte y al pecado. Vemos en varios pasajes anticipos de su victoriosa resurrección:

Juan 11 - la resurrección de Lázaro

Marcos 5 - la resurrección de la hija de Jairo

Estos pasajes presagian su gloriosa resurrección, y su propia resurrección es anticipo de nuestra resurrección al final de los tiempos. Por eso san Pablo llama a Jesús “el principio, primogénito entre los muertos” (Col 1:18).

La enseñanza del papa Francisco

Se siente una gran satisfacción estar en sintonía con la enseñanza del papa. Recién había terminado de escribir el texto de este capítulo cuando leí el encabezado: “El Papa Francisco declara: No le tengas miedo a la muerte.[10]” En efecto, en uno de sus discursos

el papa Francisco dijo que el pensar en la muerte, lejos de darnos miedo, para nosotros que creemos en Dios, debe ser “una luz que ilumina nuestra vida.” El papa en su enseñanza nos dice que pensar en la muerte nos debe de llevar a pensar en la herencia de fe que debemos dejar para nuestros hijos, como lo hizo el rey David con su hijo Salomón.

Miedo a la persecución

Arriba mencionamos lo natural que puede ser el miedo a la muerte, pero hay que tener en cuenta que para nosotros los cristianos existe el concepto del martirio: el entregar nuestra vida como testimonio de nuestra fe. De hecho a través de la historia hay

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numerosos ejemplos de personas que dan la vida en defensa de la fe y esto es algo que consideramos sumamente admirable y digno. Desde san Esteban hasta los mártires mexicanos cristeros, desde san Policarpo a los asesinados por el grupo radical Isis por ser cristianos, la historia de la Iglesia está repleta de ejemplos de estas personas. En la enseñanza de Jesús, no debemos temer a los que nos persigan y puedan llegar a desear nuestra muerte, ya que hay alguien mucho peor: “Y no teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; teman más bien al que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la gehenna” (Mt 10,28).

Para nosotros los cristianos la muerte no tiene la última palabra. Para nosotros los cristianos la muerte no tiene ya poder - Cristo ha vencido a la muerte. Jesús con su obediencia y sumisión a la voluntad del Padre nos restaura la gracia y la dicha que perdimos por el pecado de nuestros primeros padres y él nos muestra el camino a seguir.

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7 ANSIEDAD POR LA INCERTIDUMBRE

Una ansiedad que es muy común en nuestros días es la derivada por la incertidumbre que nos rodea. Los seres humanos tenemos la tendencia de ser criaturas de hábito. Nos sentamos en la misma banca de la Iglesia cada domingo, compramos la misma marca de pasta de dientes, tenemos nuestros pantalones favoritos que siempre nos ponemos, etc. Incluso la sabiduría popular parece apoyar este sentimiento con el dicho: “mas vale malo conocido, que bueno por conocer.”

En estos días de cambio tan rápido, desde cambios tecnológicos, cambio climático, cambios en la sociedad en la definición de la familia y el matrimonio, muchas veces podemos llegar a sentirnos como que no sabemos la dirección que lleva el mundo. Sin lugar a dudas, este tipo de incertidumbre puede ser producto de un evento más o menos catastrófico: la perdida del salario por perder un trabajo, la perdida de salud ante un accidente o enfermedad prolongada, los cambios que vienen con la perdida de un ser querido, etc. Como lo mencioné anteriormente, los sentimientos que experimentamos ante estas perdidas son normales. Como resultado de estas perdidas, usualmente experimentamos un proceso de “duelo.” La psiquiatra Elisabeth Kubler-Ross postuló cinco etapas con las que la gente usualmente responden a la perdida de un ser querido, y que han sido aplicados a otro tipo de perdidas:[11]

Negación Ira

Negociación Depresión Aceptación

Dentro de este proceso el apoyarse en nuestra fe puede ser una fuente de consuelo ante estos tiempos difíciles. Siempre recuerdo la perspectiva de santa Teresa de Ávila

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que nos enseñaba que lo peor que nos pudiera ocurrir en esta tierra, estando en el cielo con la perspectiva eterna, nos va a parecer como una mala noche en un hotel.[12]

Hay cosas sobre las cuales no tenemos control alguno, pero para aquellas en las que tenemos alguna medida de control aplica otro famoso dicho de san Agustín: “ora como si todo dependiera de Dios y trabaja como si todo dependiera de ti.” No podemos evitar ser despedidos si hay una caída en la economía, pero si podemos capacitarnos y aprender cosas que nos hagan indispensables en el trabajo, o nos ayuden a encontrar otro rápidamente. No podemos evitar la muerte, pero si podemos cuidarnos con una dieta balanceada y ejercitando el cuerpo para mantenernos saludables. Tampoco podemos evitar la muerte de un ser querido, pero si podemos tratar de tener una buena relación con la persona, conviviendo el mayor tiempo posible, perdonando y pidiendo perdón prontamente. Pongamos nuestra parte en donde podamos y dejemos lo demás en las manos de Dios. Ten siempre presente que nuestro Dios es un Dios de amor que quiere lo mejor para nosotros, quiere nuestra felicidad.

Muchas veces nos es difícil el dejar las cosas en manos de Dios, ya que estamos muy acostumbrados a llevar las riendas de nuestras vidas. Cuida que esto no se deba a un orgullo desmedido, un orgullo que nos lleve a considerarnos como nuestros propios dioses, haciendo a un lado al Dios verdadero. Para evitar esto debemos practicar constantemente el abandono a Divina Providencia. Recita constantemente esta oración, dejando que sus palabras echen raíces en tu corazón:

Señor, Dios, el Único, El Que Es, presente en todo lugar y presente especialmente en mí, cuando me habitas con tu Gracia.

Tú que conoces todo lo que soy y lo que no soy, lo que tengo y lo que no tengo, lo que realmente necesito y lo que creo necesitar.

Tú que me provees todo aquello que es necesario para mi salvación, y todo lo verdaderamente necesario para mi diario vivir,

a Ti, Dios Amor, Omnisciente y Omnipresente, me acojo, me entrego, en Ti me abandono, confiando en tu Divina Providencia

por la que me das mucho más de lo que necesito para lo verdaderamente importante, para lo único importante, que es mi salvación eterna.

Amén.[13]

La oración va cambiando poco a poco nuestro corazón, lo va moldeando al Sagrado Corazón, haciéndolo capaz de amor y docilidad a los designios de Dios. Con nuestra oración cooperamos con la Providencia de Dios y su designio de amor con los hombres.

[14]

Lo que podemos hacer también es formarnos intelectualmente, de manera que estemos firmemente convencidos en la Divina Providencia de Dios que conduce y guía

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con amor y sabiduría todas sus criaturas.[15]

Sobre esta incertidumbre nuestro Maestro tiene una enseñanza para nosotros:

“Y del vestido, ¿por qué se preocupan? Observen los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan, ni hilan. Pero yo les digo que ni Salomón, en toda su gloria, se vistió como uno de ellos. Pues si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios así la viste, ¿no lo hará mucho más con ustedes, hombres de poca fe?

No anden, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer?, ¿qué vamos a beber?, ¿con qué vamos a vestirnos? Que por todas esas cosas se afanan los gentiles; pues ya sabe su Padre celestial que tienen necesidad de todo eso.

Busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y todas esas cosas se les darán por añadidura. Así que no se preocupen del mañana: el mañana se preocupará de sí mismo. Cada día tiene bastante con su propia preocupación.

(Mateo 6,28-34).

Dios que nos dio la vida y nuestro cuerpo seguramente también se preocupará por cosas secundarias que apoyan el bienestar de sus criaturas, como la comida y el vestido. Durante el Éxodo Dios manifestó su cuidado por su pueblo brindándole el maná. Dios cuida incluso por su creación, los animales y las flores. Dios se preocupa por todas nosotros y quiere lo mejor. ¡Tanto nos ama, que no dudó mandarnos a su único hijo a salvarnos!

8 ANSIEDAD RELIGIOSA

Una de las satisfacciones de mi trabajo en el área de la evangelización y la formación religiosa es el ver como las personas van creciendo en su conocimiento de Dios, y a la

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vez en su amor hacia Él. En lo personal esto es lo que me motiva a estudiar teología, pues como dijo un teólogo famoso, cada cosa nueva que aprendemos de Dios es una razón más para amarle. Es precioso el escuchar el testimonio del cambio que el Espíritu Santo realiza en la vida personas que se convierten, o más bien que se afianzan en su fe. Dar testimonio de nuestra fe es esencial para atraer otras almas a Cristo.

Lamentablemente, la falta de continuidad en la formación, aunada al recién adquirido celo en la observancia de la fe llevan a algunos hermanos a una cierta ansiedad sobre la observancia de la fe. Por ejemplo, cuando enseño clases sobre el Sacramento de la Reconciliación y Penitencia, forzosamente debo hablar también del pecado. Entrando en este tema no falta quien haga preguntas de esta índole: “¿es pecado hacer x, y, o z?” Hay personas que hacen estas preguntas porque verdaderamente no saben y necesitan una guía. Para estas personas, una formación en el área de moralidad podría ser muy beneficiosa.

Cabe mencionarlo, hay otras personas que hacen esta pregunta más bien por su falta de amor. Yo siempre les digo que no nos hacemos este tipo de pregunta cuando se trata de nuestros seres queridos. Por ejemplo, tu no te preguntas “¿qué tanto le debo de poner de almuerzo a mi esposo? ¿Y si en vez de tres tacos le pongo dos? ¿O en vez de dos, uno?” No, en estos casos quieres darle lo mejor y todo lo que necesita. Pero cuando se trata de Dios sí que preguntamos “¿qué tanto le puedo faltar antes que se convierta en pecado?” De la misma manera mucha gente pregunta: “¿cuenta la misa si llego después de la primera lectura? ¿Y si llego después de la segunda? ¿O que tal si llego después del Evangelio?” Si en verdad amamos a Dios queremos darle lo mejor de nosotros, y no lo menos, las miserias que nos sobran.

Hay muchos cristianos que no han madurado en su fe y aun ven a Dios como un juez, y no como el Padre amoroso y misericordioso que es. Para estas personas vivir la fe es seguir un conjunto de reglas y regulaciones. Desde esta perspectiva, Dios es un juez que está esperando que cometamos el delito para condenarnos. ¡Qué ansiedad es vivir así! De hecho, Martin Lutero, el fundador del protestantismo padecía de una ansiedad similar. Por más que rezara, o que se confesara y comulgara, no sentía el amor de Dios y vivía siempre con una ansiedad porque no se sentía asegurado de su salvación.

Tenemos siempre que invitar a los hermanos a adentrarse en el amor a Dios para vivir la fe, no como un conjunto de reglas, sino como una relación. Las reglas como los Diez Mandamientos y las leyes de la Iglesia están ahí para guiarnos. Seguir reglas no es el fin del Cristianismo. Esto es más bien como un legalismo. El propósito de nuestra vida es conocer, amar y servir a Dios como lo enseñaban antes los catecismos.

¿Como saber si estamos cumpliendo nuestras obligaciones religiosas?

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#2041-2043:

El primer mandamiento (oír misa entera los domingos y fiestas de precepto) exige a los fieles participar en la celebración eucarística, en la que se reúne la comunidad cristiana, el día en que conmemora la Resurrección del Señor, y en aquellas principales fiestas litúrgicas que conmemoran los misterios del Señor, la Virgen María y los santos.

El segundo mandamiento (confesar los pecados mortales al menos una vez al año, y en peligro de muerte, y si se ha de comulgar) asegura la preparación para la Eucaristía mediante la recepción del sacramento de la Reconciliación, que continúa la obra de conversión y de perdón del Bautismo.

El tercer mandamiento (comulgar por Pascua de Resurrección) garantiza un mínimo en la recepción del Cuerpo y la Sangre del Señor en relación con el tiempo de Pascua, origen y centro de la liturgia cristiana.

El cuarto mandamiento (ayunar y abstenerse de comer carne cuando lo manda la Santa Madre Iglesia) asegura los tiempos de ascesis y de penitencia que nos preparan para las fiestas litúrgicas; contribuyen a hacernos adquirir el dominio sobre nuestros instintos y la libertad del corazón.

El quinto mandamiento (ayudar a la Iglesia en sus necesidades) señala la obligación de ayudar, cada uno según su capacidad, a subvenir a las necesidades materiales de la Iglesia.[16]

Toma en cuenta que algunos de estos mandamientos expresan un mínimo requerimiento y no el ideal (por ejemplo, confesar los pecados mortales al menos una vez

al año…). Una vez más, nosotros queremos darle a Dios lo mejor. ¿Con qué frecuencia

debemos confesarnos? - Tan frecuentemente como sea necesario.

¿Qué pasa si lees esta lista, o repasas los Diez mandamientos, o las Bienaventuranzas, y notas que has fallado en estas enseñanzas? No es ocasión para desfallecer y darte por vencido. Es oportunidad de reconocer que somos pecadores y volvernos hacia Dios. Dios que es nuestro Padre quiere que todos nos salvemos. Como el padre amoroso de la parábola del hijo prodigo, Él siempre sale a nuestro encuentro, esperando este momento de conversión, donde ayudados por su gracia lleguemos a la decisión “me levantaré, e iré a casa de mi padre” (ver Lucas 15,11-32).

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9 CONSEJOS PRACTICOS

Aunque mi propósito en este libro es de reflexionar sobre ansiedades y miedos a la luz de la fe, no está de más ofrecer algunos consejos prácticos que, aunados a las reflexiones anteriores, te pueden ayudar. Somos afortunados de que nuestra fe no descarta nada del conocimiento humano cuando éste es verdadero. La enseñanza de san Pablo es “examínenlo todo y quédense con lo bueno” (1 Tesalonicenses 5,21). Entre las cosas que tanto los expertos como el sentido común señalan como antídotos de la ansiedad se encuentran las siguientes cosas:

Dormir bien

Con tantas ocupaciones que tenemos, muchas veces no nos alcanza el día. Y como todos los días tienen el mismo número de horas, a veces intentamos alcanzar a realizar más cosas durmiendo tarde o levantándonos temprano. Esto no siempre rinde los resultados deseados. Recuerdo muy bien mis primeros semestres en la universidad que cuando llegaba el tiempo de los exámenes finales, era costumbre de muchos estudiantes el llevar a cabo sesiones maratónicas de estudio, intentando llenar el cerebro en una noche de todo lo que no aprendimos durante el semestre. En mi experiencia personal esto no trabajó. Después de un par de horas pasadas la hora normal de dormir, ni la mente trabajaba, ni podía permanecer alerta. ¡El resultado era contraproducente! Lo que si bien trabajaba era ser constante en el estudio durante el semestre y no tratar de hacerlo todo a la última hora.

Referencias

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