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ARQUITECTURA DE TIERRA EN CORO Y LA VELA. VENEZUELA

L

experiencia y reconocida trayectoria, que ha construido con barro desde su infancia y que forma albañiles de diferentes edades a través de la práctica de la restauración. De esta manera se mantiene viva la cultura constructiva local así como los edificios construidos con un material que requiere constantes labores de mantenimiento como es la tierra cruda.

HISTORIA DEL SITIO

Las ciudades de Coro y su puerto llamado La Vela fueron emplazadas por los conquistadores españoles en el siglo XVI en un punto estratégico entre Sudamérica y Las Antillas, que era el puente con Europa. Se encuentran en la costa caribeña de América del Sur, en la región que en la actualidad corresponde a las Municipalidades de Miranda y Colina, al norte de la República Bolivariana de Vene- zuela.

La región estuvo poblada originalmente por el grupo étnico llamado Caquetio. Sin embargo, debido a la escasa monumentalidad de sus edificaciones y al uso de materiales deleznables, los únicos restos que se conservan de la presencia indígena precolombina son una serie de canalizaciones que hicieron con fines agrícolas, para aprovechar y controlar las aguas del Río Coro.

La ciudad de Santa Ana de Coro fue fundada en 1528 como un centro de población que concentraba actividades comerciales, agrícolas y de gobierno regional. También fue el centro de la cristia- nización de la provincia y en 1531 se estableció ahí el primer obispa- do de América del Sur (González, 2002: 17,18).

La villa del siglo XVI estuvo construida principalmente con arquitectura de bajareque, es decir, muros y entrepisos formados por entramados de troncos y varas que eran embarrados para su pro- tección. Los techos se cubrían con material vegetal proveniente de hojas de palma o junco, de manera similar a las viviendas vernáculas que se conservan en la actualidad en muchas áreas tropicales del mundo. Solamente algunas casas de personajes destacados, edificios civiles e iglesias, combinaban muros de adobe, ladrillo y piedra con estructuras de madera para sus cubiertas, como fue el caso de la ca- tedral, cuya construcción empezó en 1583.

La estructura urbana se desarrolló a partir de un trazado planificado que aprovechaba la forma plana de su terreno. Su confi- guración obedecía a las Ordenanzas del Rey Felipe II de España, que promovían el diseño reticular de las ciudades, la distribución regular de las manzanas y calles, así como la ubicación de los edificios per-

tenecientes al poder político, económico y religioso, en torno a una plaza de armas al centro de los poblados (Kubler, 1984: 95).

Sin embargo, la privilegiada localización de Coro y la vulnerabilidad de sus materiales constructivos la hacían fácil presa de los ataques piratas, por lo que a principios del siglo XVII, la sede del gobierno provincial y del obispado fueron transferidos a la ciudad de Caracas, que estaba mejor refugiada de la costa.

Además de los continuos ataques piratas, en 1681 la región fue gravemente dañada por desastrosos ciclones, por lo que se tomó la decisión de substituir los muros de bajareque y techos de fibras vegetales por construcciones de adobe y teja, a fin de darles mayor resistencia y durabilidad.

Figura 2. La Casa de los Arcaya. Coro. Fuente: autor

Aunque la estructura urbana de Coro no cambió, los ma- teriales constructivos introducidos en el siglo XVIII le dieron una fisonomía diferente, caracterizada por la masividad de sus fachadas y la limitación de sus aperturas hacia la calle. Como la ciudad nunca tuvo murallas defensivas la propia arquitectura adquirió un desarro- llo introvertido en el que los zaguanes, patios y huertas eran centro de la vida social.

El desarrollo económico empezó a marcar diferencias en la arquitectura, de manera que los ciudadanos más ricos y poderosos, establecidos en las zonas centrales edificaron sus casonas con gran- des alturas y embellecieron sus fachadas con portadas ricamente or-

namentadas. Mientras tanto, la mayoría de la población, establecida en la periferia, tenía viviendas más pequeñas y con decoraciones más modestas. Pero a pesar de esta diferencia dimensional y ornamental, uno de los rasgos más destacables de Coro fue la unidad material, formal, espacial y estilística que adquirió a partir del siglo XVIII.

Figura 3.- Imagen urbana de una de las calles tradicionales de Coro.

Fuente: autor

La economía del pueblo que se derivaba del comercio, la siembra de azúcar, café y la crianza de ovejas, incrementó el poder político de Coro y le hicieron recuperar en 1812 la sede del gobierno provincial. Sin embargo, este estatus provocó nuevas destrucciones en la ciudad a consecuencia de la guerra de independencia de 1821.

La recuperación de los edificios históricos fue muy lenta a lo largo del siglo XIX debido a la complicado reconfiguración de las es- tructuras sociales, por lo que no fue sino hasta principios del siglo XX cuando la economía de la región volvió a florecer. Sin embargo, a partir de ese momento el eje del desarrollo ya no fue la producción agrícola y el comercio sino la explotación petrolera (González, 2002: 21).

La conexión entre la dinámica ciudad de Coro y el mar se daba a través del pequeño puerto de La Vela, localizado a una distan- cia de doce kilómetros en línea recta. Durante los siglos XVI y XVII se trataba simplemente de un pequeño asentamiento de precarias viviendas dispersas junto al muelle. Pero, gracias al desarrollo eco- nómico de la región, en 1781 se establece como un conjunto urbano

mejor consolidado cuya edificación se realizó como una continua- ción de la tradición constructiva local de bajareque, cuyos rasgos se conservan hasta la fecha.

Figura 4.- Viviendas de bajareque en La Vela. Fuente: autor Empero, la economía de La Vela siempre estuvo a la sombra de la ciudad de Santa Ana de Coro, por lo que nunca alcanzó a tener un desarrollo propio. La mayoría de sus pobladores eran marinos, pescadores, porteadores, artesanos y pequeños comerciantes pobres, por lo que su arquitectura se caracteriza por tener espacios austeros y escasas decoraciones en sus fachadas.

La estructura urbana del puerto no evidencia un trazado claramente planificado sino que se generó de una manera orgánica que aprovechaba las condiciones naturales de la pendiente y per- meabilidad del terreno. Su forma longitudinal sobre cuatro o cinco calles tendidas perpendicularmente a la costa, obedece al flujo de las escorrentías pluviales hacia el mar.

Pero paradójicamente, la falta de recursos económicos que ha caracterizado a la sociedad local, ha hecho que la modesta arqui- tectura de La Vela se haya mantenido prácticamente inalterada por más de doscientos años.

VALORES PATRIMONIALES

Los criterios utilizados para la aceptación de sitios históri- cos que han de formar parte de la Lista de Patrimonio Cultural de la Humanidad de UNESCO, se encuentran en un documento anexo

al texto de la Convención de 1972. Ahí se detalla que “los bienes culturales deben: I) representar una obra maestra del genio creativo humano, o II) ser la manifestación de un intercambio considerable de valores humanos durante un determinado periodo o en un área cultural específica, en el desarrollo de la arquitectura, las artes mo- numentales, la planificación urbana o el diseño paisajístico, o III) aportar un testimonio único o por lo menos excepcional de una tra- dición cultural o de una civilización que sigue viva o desapareció, o IV) ser ejemplo sobresaliente de un tipo de edificio, conjunto arqui- tectónico, tecnológico o paisajístico que ilustre una o más etapas sig- nificativas de la historia de la humanidad, o V) constituir un ejem- plo sobresaliente del hábitat, establecimiento humano tradicional o del uso de la tierra, que sea representativo de una o más culturas, especialmente si se han vuelto vulnerables por efectos de cambios irreversibles, o VI) estar asociados directamente o tangiblemente con acontecimientos o tradiciones vivas, con ideas o creencias, o con obras artísticas o literarias de significado universal excepcional”

(UNESCO, 1998: 6).

Figura 5.- Patio interior característico de las casas de La Vela.

Fuente: autor

Cada país al momento de postular un sitio ante Patrimo- nio Mundial presenta un formato dentro del que se exponen las ca- racterísticas de su localización geográfica, el nombre con el que es conocido, los datos de su propietario, su situación jurídica, la admi-

nistración responsable, los planes y programas de protección a los que está sujeto, una descripción general, datos históricos, estado de conservación y una justificación a modo de conclusión en la que se detallan, de la manera más clara y sintetizada posible, sus “valores universales excepcionales” (Guerrero, 2000: 45).

En 1993 que se realizó el expediente para poner a la consi- deración del Comité del Patrimonio Mundial el caso de Coro y La Vela, se decidió hacerlo bajo los criterios IV y V pues se trataba de destacar la permanencia de los sistemas constructivos a lo largo de la historia, pero al mismo tiempo, poner en relieve su vulnerabilidad.

Figura 6.- Casa en ruinas en Coro. Fuente: autor

Coro y La Vela son un destacado ejemplo de ciudades histó- ricas que conservan gran parte de la relación con el medio ambiente que tuvieron desde su origen colonial. Son una muestra representa- tiva de la organización urbana que se gestó durante la colonización española de finales del siglo XVI en las zonas costeras del Caribe y Sudamérica, pero al mismo tiempo, poseen un carácter muy singu- lar derivado de los materiales constructivos utilizados a lo largo de su historia. Se trata de ciudades hermanadas por su pasado y por su arquitectura, la cual manifiesta una gran diversidad de respuestas formales y tipológicas, armonizadas por su escala humana.

Se considera que Santa Ana de Coro es la más grande pobla- ción construida con arquitectura vernácula de tierra que se conserva tanto en Venezuela como en toda la región Caribeña. Esta ciudad, al igual que el puerto de La Vela, cuenta con el mérito de mantener casi

inalterada su estructura urbana desde el siglo XVIII.

Como consecuencia de la ubicación geográfica de estos po- blados y su papel como puente entre Europa y América del Sur, su arquitectura combina diversas influencias estilísticas y tradiciones constructivas de origen indígena, mudéjar, canario, antillano, ale- mán y holandés (González, 2002: 24).

Otro importante valor radica en el hecho de que la construc- ción con tierra cruda es una actividad que ha permanecido como una tradición popular. La sabiduría constructiva sigue viva gracias a la transmisión práctica que desarrollan los artesanos organizados en cooperativas en donde participan trabajadores de diferentes genera- ciones (Reyes, 1996: 62-63).

En ambas poblaciones las instituciones encargadas de es- tructurar el expediente para su inscripción ante UNESCO optaron por declarar solamente una porción de su zona central, ya que con- taban con un mejor nivel de conservación e integridad, así como por considerar que eran las que tenían una mayor densidad de monu- mentos destacados.

Figura 7.- Exconvento de San Francisco, Coro. Fuente: autor

En el caso de Coro la zona protegida cubre veinticinco hec- táreas, y posee cincuenta inmuebles patrimoniales, muchos de los cuales son Monumentos Históricos Nacionales entre los que des- tacan: la Cruz de San Clemente, cuatro iglesias, el convento de San Francisco, la capilla del antiguo Hospital Real y once grandes edifi- cios institucionales y de viviendas de élite.

La arquitectura que predomina en Coro es de un solo nivel y posee muros de adobe recubiertos con revoques de barro y final- mente pintados a la cal con pigmentos minerales de colores intensos.

Los muros son masivos y tienen escasas ventanas, las cuales suelen estar protegidas con enrejados de madera o de metal. Se destacan en el perfil urbano las ornamentadas portadas de sus accesos prin- cipales, cuyas dimensiones y calidad buscaban poner en evidencia la riqueza de la familia que las habitaba.

Los techos cuentan con una estructura de par y nudillo con vigas y tensores de madera de sección rectangular o redonda. Es- tas vigas soportan una cama de tablas o de carrizos sobre la que se asientan las tejas de tipo árabe, las cuales se fijan con gruesas capas de barro mezclado con paja. Llama la atención el hecho de que las casas de todos los estratos económicos poseen el mismo sistema de cubiertas. Solamente cambia la calidad y el diseño de las armaduras de las estructuras.

Figura 8. Techo de “torta de barro” en una casa monumental de Coro.

Fuente: autor

La zona considerada dentro de la lista de Patrimonio Mun- dial del puerto de La Vela abarca la mayor parte de su centro histó- rico e incluye 166 inmuebles que casi en su totalidad son viviendas tradicionales de pequeñas dimensiones. Los edificios más destaca- dos son la Aduana, la Capitanía del Puerto, la Alcaldía y la Iglesia del Carmen.

A diferencia de Santa Ana de Coro, en el puerto de La Vela la mayor parte de los muros de las viviendas es de bajareque. La es- tructura portante se conforma por una serie de troncos insertos en la cimentación que se atan con bejuco a travesaños horizontales de carrizo o de ramas de menor diámetro que dan estabilidad al con- junto.

Esta estructura finalmente es recubierta por capas de lodo mezclado con paja en sus paños interiores y exteriores. Las paredes reciben capas protectoras de mezclas de cal y arena con pigmentos minerales de colores muy intensos. Los techos tienen una estructura similar a las paredes pero sólo reciben la capa de barro en su cara externa sobre la que se asientan tejas de barro tipo árabe, al igual que en la arquitectura de Coro.

Figura 9.-Vivienda de bajareque dañada por las lluvias. La Vela.

Fuente: autor

La arquitectura de ambas ciudades siempre recibió labores de mantenimiento preventivo y substitución de elementos dañados gracias a las cuales se conservó en relativo equilibrio. Pero, a partir

del fuerte deterioro sufrido como consecuencia de inusuales lluvias que se presentaron durante dos años consecutivos, en abril de 2005 se adoptó la decisión de incluir al conjunto en la Lista del Patrimo- nio Mundial en Peligro, argumentando que: “Se había producido un grave deterioro de los materiales, estructuras, arquitectura y cohe- rencia urbanística y una pérdida significativa de la autenticidad his- tórica y de la integridad. Había una falta de una eficaz y consolidada estructura de gestión; los bienes del Patrimonio Mundial no se ma- nejaba como una entidad integrada y no había un plan de conserva- ción” (WHC, 2008:8).

AFECCIONES

Son varios los factores que afectan a ambas ciudades pero el cambio climático ocupa el primer lugar. Este problema se manifiesta en las periódicas precipitaciones pluviales que en los últimos veinte años han tenido una intensidad creciente. Las lluvias han cambiado las condiciones de todo el entorno natural que está dejando de ser una zona semidesértica para convertirse en una selva baja.

Lógicamente este fenómeno afecta directamente a la tierra cruda, que es el material constructivo predominante y que represen- ta uno de sus valores patrimoniales. Las lluvias han generado dis- tintos grados de afectación que van desde filtraciones en los techos, erosión de la torta de barro sobre la que se asientan las tejas, pérdida de materia y de capacidad de carga de los muros, deformación de las estructuras, pudrición de componentes de madera, grietas y de- rrumbes (Rodríguez, 2007: 92).

Vinculado con lo anterior se encuentra el grave problema del subsuelo constituido por arcillas expansivas, que con las lluvias provocan desniveles que afectan a los edificios, las calles y la infraes- tructura subterránea.

Volúmenes de lluvia excepcionales concentrados en el sitio desde octubre de 2010 hasta enero de 2011, trajeron como conse- cuencia afectaciones importantes en el patrimonio construido y motivaron una declaratoria de estado de emergencia por parte del gobierno nacional.

Entonces se destinaron importantes recursos materiales y humanos con los que se desarrolló un diagnóstico detallado del patrimonio, se colocaron lonas impermeables sobre los tejados de muchos inmuebles históricos y se empezaron a intervenir cerca de cincuenta casas que presentaban riesgo de colapso (Leal, 2007: 118).

Entre los datos arrojados en el diagnóstico destaca el hecho de que

mayoría de los inmuebles afectados por las precipitaciones estaban deshabitados y en total abandono. No habían recibido acciones de mantenimiento preventivo por parte de sus propietarios muchos de los cuales eran ancianos de escasos recursos económicos.

Figura 10.- Vivienda de adobe colapsada en Coro. Fuente: autor Otras viviendas han sido heredadas por nuevas generacio- nes de pobladores que ya no las habitan debido a que han optado por irse a vivir fuera del centro histórico o de la ciudad. En algunos casos se presenta el fenómeno de que los herederos de este patrimonio lo abandonan de manera intencional en espera de su desplome para poder construir edificios de nueva planta.

Por otra parte, muchos propietarios que sí habitan sus in- muebles y que se interesan por conservarlos, tienen dificultades para adquirir los materiales constructivos necesarios, los cuales suelen estar fuera del mercado habitual o tienen costos excesivos.

Este problema económico ha incidido en el uso de materia- les constructivos de mala calidad o incompatibles con la arquitectu- ra de tierra tales como el cemento, el concreto armado y las pinturas impermeables (Rodríguez, 2007: 93).

Gran parte de los deterioros de las fachadas son consecuen- cia del uso de revoques de cemento que, al no permitir la correcta evaporación del agua absorbida por capilaridad, provocan la desin- tegración de los adobes o recubrimientos del bajareque, sin que los usuarios se percaten del problema hasta que éste adquiere tal di-

mensión que se colapsan secciones completas de muros (Guerrero, 2008:26).

Otro caso crítico se deriva del uso de vigas, morillos y lar- gueros con secciones dimensionales menores a las requeridas por su longitud. Este problema se evidencia en la deformación de las estructuras que soportan los techos, lo que a su vez genera acumu- laciones de agua así como sobrecargas en puntos críticos de muros y columnas.

A la escala urbana de Coro, las costosas labores de pavimen- tación e introducción de drenaje pluvial que el gobierno concluyó después de varios años de trabajo, desafortunadamente resultaron ineficaces ante la intensidad de las lluvias.

El diseño del sistema se basa en el desalojo superficial a través de canaletas que corren junto al desnivel de las aceras y que deberían conducir el agua acumulada a colectores, que finalmente la llevarían a un pozo de absorción. Pero a consecuencia de la varia- ción de las pendientes por los movimientos de los suelos derivados de las arcillas expansivas que los componen, el agua se queda estan- cada. Por otra parte, los pozos de absorción se saturaron en poco tiempo y actualmente sus colectores están totalmente llenos de la tierra y basura arrastrada por las lluvias.

Figura 11.- Empedrado anegado en una de las calles históricas de Coro.

Fuente: autor

El Puerto de la Vela presenta una condición más favorable en este sentido gracias a que la pendiente natural de su emplaza- miento permite el flujo de las aguas de lluvia hacia la costa marina.

Además de estos problemas de origen natural los estudios realiza- dos pusieron en evidencia varias dificultades derivadas de la falta de aplicación de Leyes y Normas a escala nacional y local para la pro- tección del patrimonio. En Coro desde 1996 existe una Ordenanza Municipal que considera algunos aspectos sobre conservación ur- bana pero que no han sido aplicadas convenientemente (Leal, 2007:

118).

Se presentan inconsistencias en los límites de las áreas pro- tegidas y no hay zonas de amortiguamiento formalmente definidas y dotadas de sus correspondientes normas, por lo que se realizan obras inapropiadas. En el entorno inmediato al Centro Histórico, se han construido varios malos ejemplos de arquitectura contemporá- nea, que perturban el paisaje urbano con alturas excesivas, ruptura de las líneas de edificación, morfologías discordantes, uso de mate- riales contrastantes, etcétera.

Figura 12.- Arquitectura discordante en pleno centro de Coro.

Fuente: autor

Para el caso de La Vela esta situación es más compleja ya que no existen instrumentos legales de control urbano. Aunque, como se ha mencionado líneas arriba, su lento desarrollo económico ha limitado el crecimiento de edificios modernos.

En lo que se refiere a la planificación urbana, después de grandes esfuerzos humanos y de colaboración institucional nacional e internacional, en 2006 se concretó un instrumento de conservación llamado Plan Integral de Conservación y Desarrollo (PLINCODE)

que, a partir de un cuidadoso diagnóstico de la situación material de ambas ciudades, planteaba lineamientos a todas las escalas.

Desafortunadamente, como resultado de los cambios que recientemente ha sufrido la Constitución de la República, los cuales plantearon el surgimiento de nuevas formas de organización comu- nitaria, el PLINCODE no se ha podido aplicar porque no existe su- ficiente consenso para su aprobación institucional.

Las actuales estructuras de gobierno rechazaron el Plan bajo el argumento de que se diseñó sin el suficiente apoyo popular y que, por lo tanto, sus propuestas no son representativas de la visión inte- gral de la sociedad.

GESTIÓN COMUNITARIA PARA LA CONSERVACIÓN

A pesar de las adversas condiciones que enfrentan las ciu- dades de Santa Ana de Coro y La Vela para la conservación de su patrimonio edificado, hay que reconocer que han sido atendidas en la medida de las capacidades de los gobiernos y de su comunidad.

Se ha reaccionado de manera responsable ante las emergencias y se realizan acciones para prever problemas futuros derivados del exce- so de lluvias.

La falta de aplicación de Plan Integral y la ausencia de una estructura de gestión han sido superadas gracias a la coordinación de las tareas mediante acuerdos entre el Instituto de Patrimonio Cul- tural (IPC) a escala nacional y los gobiernos municipales de Miran- da para la ciudad de Coro y de Colina para el puerto de La Vela.

Se creó un organismo regional llamado Oficina Técnica de Atención a la Emergencia que involucra a los tres niveles de gobierno. Esta en- tidad coordina la rehabilitación física de las zonas conocidas como

“Áreas UNESCO” así como de su entorno inmediato.

Asimismo, ha ido tomando fuerza el apoyo de los habitantes que al haberse organizado a través de los Consejos Comunales han comenzando a asumir los roles que les asignan las nuevas políticas nacionales de planificación y gestión. Han tenido un activo prota- gonismo en la propuesta de actividades a realizar y en la toma de decisiones.

El trabajo participativo y las modalidades de organización social que están previstas en la nueva Constitución de la República, a las cuales se les ha denominado “Convenio de Gestión” tuvieron que activarse antes de que éste entrara en plena vigencia, debido a la necesidad de resolver la emergencia generada a raíz de las intensas lluvias caídas entre 2010 y 2011.