CAPÍTULO 1.- MARCO TEÓRICO
1.2. EL APRENDIZAJE EN ESTUDIANTES UNIVERSITARIOS… 64
1.2.5. Fomento del aprendizaje
1.2.5.3. Aspectos cognitivos del aprendizaje
memoria a largo plazo y estar relacionados con el resto de los contenidos existentes, hecho que no ocurre si no se utilizan las estrategias de aprendizaje adecuadas (Bueno y Pérez, 2007).
Para obtener un mayor rendimiento académico las estrategias de aprendizaje deben siempre aplicarse a un contenido que sea específico, debido a la estrecha relación existente entre el contenido y el contexto (Fuchs et al., 2003;
Cardelle-Elawar, 1995; Montague, 1997). Por otra parte, también se ha observado que se pueden obtener buenos resultados mediante el entrenamiento de estrategias de aprendizaje generales (Cerillo, 2002; Fernández, Beltrán y Martínez, 2001; Gargallo, 2002). Por tanto, lo más beneficioso para el aprendizaje sería la combinación de estrategias de aprendizaje generales aplicadas a un contexto específico.
Se ha podido comprobar que siguiendo algunos programas de entrenamiento cognitivo se ha mejorado la inteligencia general, el razonamiento, y la resolución de los problemas (Bueno y Pérez, 2007).
(Gardner, 1988).
Las estrategias de aprendizaje presentan una serie de rasgos característicos (Pozo, Gonzalo y Postigo, 1993; Rinaudo y Vélez, 2000). Son procedimientos voluntarios e intencionados que se aplican de forma controlada, necesitando tanto la planificación como el consiguiente control en la ejecución. Necesitan un esfuerzo al requerir la puesta en marcha de los recursos y capacidades del alumno. Se pueden descomponer en elementos más simples: las técnicas de aprendizaje y las habilidades.
Los procedimientos específicos utilizados como estrategias de aprendizaje se conocen como tácticas o técnicas de aprendizaje. Las habilidades son las capacidades desarrolladas por medio de la práctica y que el alumno puede utilizar de forma consciente o inconsciente (Schmeck, 1988; Schunk, 1991).
Se pueden clasificar las estrategias de aprendizaje en los siguientes grupos:
estrategias cognitivas, estrategias metacognitivas y estrategias de manejo de recursos (González y Tourón, 1992).
1.2.5.3.1. Las estrategias cognitivas.
Las estrategias cognitivas hacen referencia a la manera que tiene el alumno de integrar la nueva información aprendida. Durante el proceso de aprendizaje, el estudiante selecciona la información más relevante, la organiza de una manera coherente y la incorpora a su cuerpo de conocimientos (Mayer, 1992).
Dentro de las estrategias cognitivas se pueden diferenciar diferentes grupos:
estrategias de repaso, estrategias de elaboración y estrategias de organización (Pintrich y García, 1993; Weinstein et al., 2000).
1.2.5.3.1.1. Las estrategias de repaso.
Las estrategias de repaso son procedimientos sencillos y superficiales que permiten recordar la información obtenida mediante la utilización de la repetición.
Aunque estas estrategias de repaso facilitan la atención y los procesos de codificación, no posibilitan la integración de la información adquirida con el conocimiento previo que posee el alumno (Rinaudo et al., 2003).
1.2.5.3.1.2. Las estrategias de elaboración y de organización.
Las estrategias de elaboración son procedimientos intermedios que permiten la transformación de la información obtenida, posibilitando el establecimiento de interrelaciones entre los conocimientos previos que posee el alumno y los nuevos conocimientos adquiridos (Marugán, Martín, Catalina y Román, 2003).
Las estrategias de organización son procedimientos profundos que ahondan en las conexiones internas y que permiten al alumno estructurar toda la información, tanto la nueva como la existente, así como seleccionar cuáles son las ideas principales (Martínez y Galán, 2000).
1.2.5.3.1.3. El pensamiento crítico.
El pensamiento crítico hace referencia al esfuerzo que realizan los alumnos para procesar de una manera más profunda, reflexiva y sobre todo crítica, toda la información obtenida (Moreira, 2005).
1.2.5.3.2. Las estrategias metacognitivas.
Las estrategias metacognitivas son estrategias que permiten el descubrimiento de todos los procesos mentales que intervienen en el aprendizaje, posibilitando su regulación y control con el fin de conseguir unos determinados objetivos de aprendizaje (González y Tourón, 1992).
El conocimiento de las estrategias metacognitivas precisa saber cuáles son las capacidades e intereses del alumno, cuáles son las características y necesidades de la tarea a realizar y cuál es el tipo de estrategia que se ha empleado en el proceso de aprendizaje (Flavell, 1987; Justicia, 1996).
De esta manera, la metacognición regula eficazmente el resto de estrategias de aprendizaje, posibilitando que el alumno pueda conocer qué estrategia concreta debe utilizar y cuándo la debe poner en práctica.
Al mismo tiempo, le permite valorar su eficacia para decidir si es preciso mantenerlas o cambiarlas, en función de las características propias del estudiante y de la tarea que se debe realizar (Kurtz, 1990).
Las estrategias metacognitivas vienen determinadas por diferentes procesos
(Pintrich et al., 1991):
La planificación de las actividades que se van a realizar en función del conocimiento previo que el alumno posee, facilitando con ello la compresión y la organización de la nueva información obtenida.
El control de las actividades mediante la evaluación de la atención prestada, lo que posibilita la crítica del nuevo material informativo.
Y la regulación continúa de las actividades para modificarlas o mantenerlas atendiendo a los controles previos.
En resumen, se pueden definir como estrategias metacognitivas al conjunto de procedimientos que permiten al alumno conocer las estrategias cognitivas que ha utilizado para el procesamiento de la información (Monereo y Clariana, 1993).
1.2.5.3.3. Las estrategias de manejo de recursos.
Las estrategias de manejo de los recursos son aquellas estrategias de apoyo al proceso de aprendizaje que permiten una adecuada realización de la tarea, mediante la correcta utilización de diferentes tipos de recursos disponibles (González y Tourón, 1992).
Estas estrategias integran la motivación, las intenciones y las metas, determinando aquellas estrategias que van a ser utilizadas en el proceso de aprendizaje (Beltrán, 1993; Justicia, 1996).
Las estrategias de manejo de los recursos incluyen: la organización del tiempo de estudio para planificar los momentos que se van a emplear para el estudio, la adecuación del ambiente de estudio para que se encuentre libre de cualquier tipo de distracción (Printich et al., 1991), la persistencia en el esfuerzo que indica el compromiso que tiene el alumno con los objetivos propuestos (Pintrich et al., 1991; Pintrich y García, 1993) y el aprendizaje con pares que informa de la capacidad que tiene el estudiante para trabajar en grupo, permitiéndole tanto buscar ayuda ante las posibles dificultades como ofrecer la suya a los compañeros (Coll y Solé, 1990; Ross y Cousins, 1995; Rinaudo, Donolo y Chiecher, 1999; Ryan, Pintrich y Midgley, 2001).
Analizando todo lo expuesto, se puede deducir que los estudiantes suelen disponer de una serie de estrategias para mejorar el aprendizaje cuya puesta en
marcha depende, entre otros factores, de las metas académicas que se proponga el alumno (aprendizaje, calificaciones) y de los propósitos e intenciones que guían su conducta ante una tarea de aprendizaje particular.
Por tanto, se puede afirmar que utilizar las estrategias adecuadas no es sinónimo de éxito porque es necesario además conocer cómo, cuándo y por qué deben ser utilizadas, así como evaluar su eficacia para determinar si son las adecuadas para alcanzar el objetivo propuesto o si por el contrario, no lo son y deben ser modificarlas.
Además de lo expuesto anteriormente, es preciso que el alumno esté lo suficientemente motivado para iniciar y mantener dichas estrategias hasta la resolución de la tarea encomendada.
Aunque estas estrategias deben ser puestas en marcha y mantenidas en cualquier entorno, ya sea presencial o virtual, es en este último donde el estudiante debe ser más activo para lograr alcanzar sus objetivos de aprendizaje (Onrubia, 2005).
También se debe destacar que todos estos aspectos motivacionales y cognitivos que van a determinar el proceso de aprendizaje dependen en gran medida de la personalidad del alumno. La personalidad del estudiante va a influir en el tipo y grado de motivación que presente así como en las estrategias cognitivas que va a utilizar durante el aprendizaje, determinando en gran medida el rendimiento obtenido. Por ello es necesario, para poder comprender dicho proceso en su totalidad, analizarlo en su conjunto teniendo siempre en cuenta las características propias de la personalidad de cada alumno (Madrid et al., 1994;
Torres, Rodríguez y Acosta, 2013).