A. Servicios de crédito
3. Instituciones de crédito representativas
3.1. La banca de desarrollo
3.1.1. Banco Nacional de Crédito Rural ( BANRURAL )
3.1.1.6. Balance del desempeño antes y después de la reforma
Con base en los dos criterios básicos de evaluación de desempeño utilizados, BANRURAL transitó de una situación de amplio alcance de sus servicios de crédito y baja autosuficiencia financiera hasta antes de 1990, a una situación de bajo alcance y baja autosuficiencia después de la re- forma a la que fue sometido. En efecto, después de brindar crédito a 1.5 millones de prestatarios en 1985, para el 2000 redujo su alcance en 85%
al acreditar solamente a 232 mil clientes. Este drástico descenso de su al- cance no se acompañó de una mejora significativa de la autosuficiencia, pues de registrar un Índice de Dependencia de Subsidios (IDS) de 197%
en 1982, para 1998 dicho índice fue de 171%.
La combinación de una baja autosuficiencia con un bajo alcance constituye un claro indicador que da cuenta de que la baja autosufi- ciencia registrada por BANRURAL antes de 1990 no tenía su origen (ex- clusivamente) en la prestación de servicios de crédito a productores con alta siniestralidad, pues actualmente sólo acredita a prestatarios con potencial productivo y aún registra una elevada dependencia de subsidios, además de la elevada cartera vencida. Muy probablemente el problema tenía su origen más bien en la prestación exclusiva de ser- vicios de crédito a un importante segmento de productores que care- cían de capacidad y hasta de voluntad de endeudamiento, lo que su- mado al arraigado clientelismo y a la práctica generalizada de simula- ción de siniestros, dieron como resultado bajos niveles de recupera- ción y, por tanto, elevada dependencia de subsidios.
A diferencia de lo que ocurría con los subsidios transferidos hasta antes de 1990, cuando se orientaron tanto al propio BANRURAL para cubrir gastos de operación como a los propios prestatarios a través de tasas de interés subsidiadas, después de 1990 los subsidios se canalizan casi exclusivamente al banco, que ante los bajos niveles de recupera- ción de cartera y la reducida movilización de ahorros, ha requerido de la asunción de pasivos por montos considerables por parte del gobier- no para darle viabilidad institucional16.
Figura 3-8 Optimización del desempeño de
BANRURAL
Fuente: Adaptado de Yaron et. al., 1999.
Alcance amplio
Autosuficiencia baja Autosuficiencia elevada
Alcance bajo
Antes de 1990 Después
de 1990
Servicios financieros autosuficientes con alcance bajo entre la clientela meta
Servicios financieros autosuficientes que llegan
a la clientela meta Servicios financieros
subsidiados con bajo alcance a la clientela meta
Servicios financieros muy subsidiados que llegan a la
clientela meta
16 Incluso, para el año 2000 el BANRURAL recurrió a un endeudamiento por $ 4,048 millo- nes, después de seis años de no hacerlo (BANRURAL, 2001).
MANRRUBIO MUÑOZ,HORACIO SANTOYO Y REYES ALTAMIRANO 99
Si bien es cierto que BANRURAL ha registrado significativos avances en materia de eficiencia, todo parece indicar que bajo una estructura administrativa altamente centralizada en los bancos regionales y en el banco nacional, así como por la elevada especialización en un eslabón de la intermediación financiera —el crédito—, las posibilidades de me- jora por las vías ya transitadas (como la reducción de fuentes de costo fijo y el crecimiento intensivo) tienden a estrecharse considerablemen- te; a menos que se considere la posibilidad de reducir al mínimo las es- tructuras regionales y el propio banco nacional que, hoy por hoy, con- centran 39% del personal de todo el sistema.
Si actualmente la red de las 207 sucursales es capaz de captar depó- sitos equivalentes al monto total de la cartera, y en estas mismas unida- des de atención directa se genera información básica para gestionar descuentos equivalentes a 72% de la cartera total con la banca de desa- rrollo de segundo piso, especialmente con los FIRA, ¿qué función desem- peñan las estructuras regionales y la nacional? En realidad dichas estruc- turas sólo son centros de costos y están actuando como verdaderos las- tres que impiden a las sucursales aumentar el valor de la relación clien- te/banco al estar imposibilitadas a utilizar los depósitos captados entre su propia clientela, toda vez que estos son destinados por completo a cubrir gastos de operación de las estructuras centrales que prácticamente no aportan ningún servicio relevante a la red de sucursales.
El hecho de que para el 2000 el número de ahorradores por em- pleado duplicara al número de prestatarios por empleado, constituye la prueba más fehaciente de la posibilidad real de transformar al
BANRURAL en un auténtico intermediario financiero, sepultando defini- tivamente a la institución especializada en la oferta de crédito que acumula ya más de 70 años de existencia. La realidad que hoy vive el campo es diametralmente distinta a la situación prevaleciente en 1926, año en que se fundó la primera institución que 50 años después se fu- sionara al sistema BANRURAL. Los activos de que disponen los produc- tores no sólo se restringen a la tierra y mano de obra, como ocurría en los tiempos post–revolucionarios y de la reforma agraria. Hoy, las fuen- tes de ingreso de los habitantes rurales están muy diversificadas y van más allá de la explotación directa de la tierra.
Por tal motivo, la demanda de servicios financieros no sólo se res- tringe al crédito, pues es cada vez mayor el número de habitantes, con o sin tierra, que también demandan servicios de ahorro que brinden conveniencia, liquidez, seguridad y reciprocidad. El BANRURAL debe adaptarse a esta nueva realidad, lo cual implica no sólo trascender la
visión unidimensional de las finanzas, sino también reconocer que la prestación de servicios financieros a los habitantes rurales requiere del diseño de nuevas tecnologías de intermediación que deleguen parte del proceso de selección, supervisión y movilización de ahorros en los propios pobladores rurales.
En los hechos, BANRURAL ya opera como banco de primer piso pa- ra la banca de desarrollo de segundo piso, misma que ante la creciente reticencia que ha mostrado la banca comercial a financiar al sector ru- ral, se ha quedado sin los canales tradicionales de distribución que paulatinamente han sido cubiertos por BANRURAL ante la mirada caute- losa y temerosa de la banca de segundo piso, particularmente los FIRA, que paradójicamente ven en ello una amenaza a su propia existencia.
En efecto, aunque ambas instituciones parecen complementarse al actuar una como fuente de descuento para la otra, lo cierto es que por el carácter de banca de desarrollo que las dos tienen y por el hecho de que los FIRA se crearon para inducir la participación de la banca co- mercial, todo parece indicar que bajo el contexto actual, una de las dos instituciones sobra o que alguna debiera asimilarse a la otra. Ante la ausencia de una definición de política que formalice los hechos, los
FIRA seguirán utilizando a BANRURAL como canal de distribución de úl- tima instancia, mientras que BANRURAL seguirá empleando toda su red de sucursales para captar depósitos caros que luego serán consumidos en la operación, cancelando con ello la posibilidad de actuar como un auténtico intermediario financiero frente a la clientela rural.