CIUDAD DE ALBACETE
3. LA BENEFICENCIA LOCAL Y PROVINCIAL
La legislación del Trienio Liberal va a constituir un hito importante en la configuración futura de la atención a la infan- cia, con la aprobación por las Cortes el 27 de diciembre de 1921 del Reglamento General de Beneficencia y su promulga- ción el 6 de febrero de 1822. A partir de este momento las Jun- tas Municipales de Beneficencia se van a encargar de la regu- lación del ramo de los niños expósitos. Con la llegada de los Cien Mil Hijos de San Luis y la vuelta al absolutismo Fernan- dino se produce un retroceso en la aplicación de la Ley de Beneficencia, que será restablecida por disposición de 8 de septiembre de 1836, por consecuencia del incipiente cambio político liberal. Desde este año hasta la mitad de la década siguiente vamos a asistir a un destacado protagonismo de la Junta Municipal de Beneficencia.
En efecto, el título 3° del Reglamento de 27 de diciembre de 1821 disponía, en el artículo 40, que las Juntas Municipales de Beneficencia tenían bajo su dirección, entre otras compe- tencias, las Casas de Maternidad, las de Socorro, Hospitales de Enfermos y Socorros Domiciliarios, y en los pueblos donde no existieran las primeras la propia Junta tenía atribuida directa- mente la competencia sobre el cuidado de recibir los niiios expósitos yfonnarles el asiento correspondiente en un libro que tendrán al efecto.
Con la publicación de la nueva Ley de Beneficencia de 20 de junio de 1849 y su Reglamento de 14 de mayo de 1852, las Juntas Municipales van perdiendo el protagonismo que habían alcanzado hasta la mitad de la década y van centrando su actuación en otros ámbitos de la atención social, en especial en la denominada beneficencia domiciliara, y será la Junta Pro- vincial de Beneficencia la que asuma en la materia que nos ocupa el relevante papel que había desempeñado la Junta Municipal hasta ese momento.
3.1. LA CASA DE MATERNIDAD Y EXPÓSITOS.
(19/7/1844 - 1/10/1995)
Por tanto, con la Ley de 6 de febrero de 1822 y su desarro- llo posterior de 8 de septiembre de 1836, se establecen las Casas de Maternidad y Expósitos bajo la dirección y vigilan- cia de las Juntas Municipales de Beneficencia. Con anteriori- dad ya venía encargándose el municipio de la atención de los niños expósitos que eran abandonados por sus padres en el momento de su nacimiento. El sistema se asentaba en las libranzas mensuales a las distintas amas de cría que se realiza- ban por el Mayordomo de Propios de la villa, y cuyas cantida- des se hacían demasiado onerosas para los fondos públicos municipales.
Lo elevado del presupuesto para atender a las nodrizas lle- vará al Síndico General del Ayuntamiento, Francisco Antonio de la Bastida, a elaborar un documento en el que plantea a la Corporación que se imite a la vecina provincia de Cuenca en lo referido a la atención de los niños expósitos. Aquí encontra- mos la primera propuesta que conducirá posteriormente a la creación de la Casa de Maternidad y Expósitos.
3.1.1. La inauguración de la Casa de Maternidad Para la instalación de la Casa de Maternidad la Junta supe- rior de ventas de Bienes Nacionales va a ceder el antiguo Con- vento de Monjas Franciscas, situado en la calle del Padre Romano. Previamente se había pensado ubicarla en la antigua Casa Hospicio que el Convento de Nuestra Señora de Los Lla- nos poseía en la calle de la Caba. Con anterioridad, la Junta Superior de Bienes Nacionales había cedido aquel Convento de Franciscas para destinarlo a Presidio el2ü de mayo de 1843.
Disponiendo de este inmueble la Casa de Maternidad será inaugurada, como tal, en el día19 de julio del año de 1844 y,
curiosamente, el establecilniento que pasará a convertirse en prisión quince años más tarde será el antedicho Hospicio y Fábrica de los LLanos.
Según instrucciones de la autoridad provincial ese mislno día debían quedar internadas en el establecimiento un número de nodrizas con sus expósitos. Se encargará interinalTIente de su administración, y a iniciativa del Jefe Superior Político de la Provincia, una Junta de Beneficencia especial.
La competencia en la administración del nuevo estable- cimiento no va a resultar, en modo alguno, un asunto pacífico.
La rivalidad entre la autoridad local y la provincial estarán pre- sentes en la documentación de la época. La Junta de Benefi- cencia creada "ad hoc" para la administración de la Casa de Maternidad continuará en la gestión hasta que se hacen cargo de la Institución las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl.
Nos hallamos en el mes de junio del año de 1846 y seis de estas religiosas empiezan a prestar sus servicios en la Casa, con Sor Francisca Sádaba como Superiora.
3.1.2. La Ley de 1849 y la titularidad provincial del establecimiento
Como indicalTIos más arriba, por mor de la Ley General de Beneficencia de 20 de Junio de 1849 la Casa de Maternidad pasará a ser provincial en virtud de esa disposición, dándose por zanjado definitivamente el conflicto provocado por su titu- laridad.
La población que era atendida en la Casa de Maternidad y Expósitos estaba constituida por varias categorías. En primer lugar se hallaban las mujeres gestantes sin recursos; la Institu- ción es conocida en los primeros momentos también COlno el Asilo de Parturientas.
En segundo lugar estaban los expósitos. Ya durante el siglo XVIII el fenómeno del abandono de los recién nacidos va adquiriendo una espectacular dimensión que llega a su momento álgido en el siglo XIX. Las inclusas de la época se van a configurar como los establecimientos donde tienen cabi- da estos niños que pueden permanecer en ellas por lo general hasta que alcanzaban la edad de siete años. Este fin cumplirá el nuevo establecimiento. Hasta la edad de los dos años los lac- tantes estaban a cargo de las nodrizas, que podían tener la con- sideración de internas o externas, como veremos más adelante.
A partir de esa edad volvían a la Casa los que habían sido cria- dos por nodrizas externas, para estar al cuidado de las Herma- nas de la Caridad.
Un tercer grupo 10 constituían los huérfanos; varones y mujeres hijos de viudas sin recursos, madres solteras o de padres fallecidos que eran ingresados en virtud de resolución de la Junta Provincial de Beneficencia.
Junto a ellos también encontramos una cuarta categoría que se beneficiaba, asimismo, del establecimiento a cambio de su fuerza de trabajo. Este grupo10formaban un reducido número de sirvientas, que ayudaban a las religiosas en las tareas domésticas y que se encontraban acogidas en la Casa junto a sus hijos pequeños.
La Institución venía recibiendo, desde su creación, a expó- sitos y huérfanos de Albacete y toda su Provincia y muy pron- to se encontrará colapsada por el extraordinario número de menores que debe atender, y que pone de manifiesto la insufi- ciente estructura del edificio y la escasez de amas de cría, tan- to internas como externas.
3.1.3. La Casa de Maternidad desde el Reglamento de Centros de abril de 1875 y la institución de las Nodrizas
Debemos considerar este Reglamento como un documento imprescindible en el estudio de las instituciones que depen- diendo de la Corporación Provincial se dedican a la infancia
marginada. En su capítulo IV regulaba el ingreso de los acogi- dos y establece en los artículos 22 a 26 el de las mujeres emba- razadas, y en los siguientes, hasta el 29, el ingreso de expósitos.
Cualquier mujer gestante, vecina de la provincia, podía ingresar en el departamento llamado delAmparo, acreditando junto a su vecindad hallarse en el séptimo mes de embarazo y ser pobre de solemnidad.
El ingreso de los expósitos se verificaba por el torno exis- tente a la entrada, o por la misma puerta, sin que existiese nin- guna otra formalidad. El torno era un pequeño receptáculo en forma cilíndrica empotrado en el ITIUrO y que giraba sobre un eje. A su lado existía un llamador que era accionado por la per- sona que abandonaba al niño. La Hermana responsable giraba entonces el cilindro de manera que se presentaba un hueco donde se depositaba el recién nacido. Una vez que se había dejado ahí la criatura se volvía de nuevo a girar para recogerla por el otro lado, salvaguardando el anonimato de quien hacía la entrega.
Por su parte, los huérfanos ingresaban a petición de la madre sin recursos, ya fuese viuda o soltera, o de algún fami- liar cercano. En su defecto era el alcalde del pueblo el que cumplía las formalidades de la petición. También podían ingre- sar en la Casa de Maternidad y Expósitos aquellos hijos cuyos padres se encontraban en la Casa de Misericordia.
Especial atención merecen la figura de las nodrizas del Departamento de Lactancia. Las Nodrizas al cargo de la Casa de Maternidad podían ser de dos clases internas y externas. Las Nodrizas internas, que se encontraban constantemente en el establecimiento, se encargaban de lactar y asistir a los expósi- tos que iban llegando, mientras que a éstos no se les buscase una Nodriza externa. Para su ingreso debían acreditar median- te los certificados correspondientes, expedidos por las autori- dades civiles y eclesiásticas de su pueblo, que eran viudas o casadas y de buena conducta. Estaba terminantemente prohibi- do que las solteras ejerciesen como Nodrizas internas. Sus obligaciones eran en esencia lactar a los niños en las horas seiialadas para ello en el Establecimiento, asearlos, vestirlos y cuidarlos, así como cuidar tanlbién a los destetados menores de siete años.
3.1.4. El departamento del Amparo y las secciones de Párvulos y Educandas.
De conformidad con lo que prevenía el artículo 41 de Ley de 23 de Enero de 1822, la Casa de Maternidad y Expósitos debía disponer, en cuanto a la estructura del establecimiento, de tres departamentos: uno de refugio para las mujeres emba- razadas y paridas; otro para la lactancia de los niños; y otro para educar a éstos hasta la edad de seis años. Respecto al segundo departamento, para lactancia de niños expósitos, ya nos hemos referido a él en el anterior epígrafe.
Por su parte, el artículo 43 del Reglamento de la Casa de Maternidad de 1898 consagraba como el fin último delAmpa- ro evitar crímenes que pudiesen cometerse con el estímulo de ocultar la deshonra de la que fue víctima de la seducción o el engaño. En elDepartamento del Amparo ingresaban, como antes indicábamos, las solteras embarazadas a partir del sépti- mo mes de gestación.
Finalmente, quedaría el tercero, un departamento para pre- servar y educar a los niños, hasta la edad de seis años. Una vez terminado el período de lactancia los niños ingresaban en este departamento, en laSección de Párvulos, que estaba al cuida- do de otra religiosa. Esta Hermana era, a su vez, la titular de la Escuela a la que asistían los pequeños. Por su parte, las niñas pasaban desde esta sección a una de Educandas cuando a la vista de su desarrollo físico y estado intelectual se consideraba oportuno. En esta nueva Sección de Educandas podían per- manecer hasta la edad de 20 años. Estaban, igualmente, al cui-
dado de otra Hermana de la Caridad y asistían a una Escuela desempeñada por ésta y otra religiosa.
3.1.5.La Última etapa de la Casa de Maternidad Con el advenimiento de la República las relaciones entre la nueva Superiora de la Casa de Maternidad y Expósitos y las autoridades locales republicanas se empiezan a distanciar (la antigua Superiora, Sor Nicasia Mira, había fallecido el 13 de agosto de 1931). Estos roces se acentuarán con la primera visi- ta que efectúa a la Institución el recién nombrado Diputado- Visitador, José Hernández de la Asunción, en la que realiza una valoración muy crítica respecto a la situación en que se encon- traban las camas y en especial la Escuela tan falta de luz e higiene que procedería decretar su clausura. Dos meses des- pués de esta denuncia a la Comisión Gestora de la Diputación el señor Hernández de la Asunción va a proponer a su vezel cese del personal religioso, que se lleva a efecto, en sesión de 25 de mayo de 1936.
La agitada etapa de la guerra civil va a estar presidida por multitud de sucesos que jalonan de cambios un establecimien- to que se caracterizará por el elevado número de población flo- tante que acogía. Los ingresos de niños, muchos evacuados de Madrid y otras provincias, se producían casi con tanta fre- cuencia como sus bajas para ser restituidos de nuevo a sus hogares. Es asimismo característico de esta etapa la vertigino- sa sucesión de responsables de la Institución y los gestos de solidaridad hacia el establecimiento de parte de distintas orga- nizaciones entre las que cabría citar el Frente Popular de Villa- palacios, la Agrupación de Carniceros en colectividad La Unión y la Sociedad de Obreros del Vestir, ambos del sindica- to UGT, o la propuesta del Comité de Mujeres contra la Gue- rra y el Fascio.
Ruégole urgentemente disponga vuelvan a Casa de Miseri- cordia, Hospital y Maternidad y Expósitos Hernlanas que prestaban antiguamente servicios. Saludos.
Es el escueto texto del telegrama que el Presidente de la Diputación enviará a Sor Justa Domínguez, Visitadora de las Hijas de la Caridad, a la localidad de Sangüesa en Navarra, el día 11 de abril de ]939, solamente diez días más tarde de la finalización de la Guerra Civil. La vida cotidiana que van a enfrentar las religiosas a su vuelta va a ser más dura que la vivida por la Institución en la propia guerra.
El establecimiento será atendido por un número que osci- 1aba entre 12 y 14 religiosas. Cada una de ellas se encargaba de un cOlnetido específico y asignada a espacios diferenciados.
La enseñanza y la instrucción las van a seguir recibiendo todas y todos los internos de las mismas Hermanas. Pero, sin duda, los talleres de bordado, confección, y el taller de costura para las internas más mayores, van a ser las realizaciones que más proyección den a la Casa y que contribuyan de una manera determinante a su economía.
A finales de la primavera de 1955 la Casa de Maternidad y Expósitos dejará de existir tal y como fuese concebida en el siglo pasado. Por otra parte, al inicio de la década ya había empezado a funcionar el pabellón de Maternidad en el Hospi- tal Provincial. Anexo a éste se va a inaugurar el día 12 de sep- tiembre de 1955 un denominado "Pabellón de la Cuna" a don- de va a ser trasladada la población de internos más pequeños existentes en la Institución de la calle de las Monjas; en defi- nitiva, la sección de la "Casa-Cuna" propiamente dicha. Este pabellón continuará funcionando como una instalación anexa a la Maternidad, en el complejo hospitalario, hasta el año de 1971 en que se inaugura la nueva "Casa-Cuna" en un edificio contiguo al Colegio de la Virgen Milagrosa, en la Avenida de La Mancha, recuperando con ello la Institución parte de sus raíces.
Por lo demás, las niñas mayores y las jóvenes de la antigua
Casa de Maternidad van a pasar a residir en el mes de junio de aquel año de 1955 a ese flamante "Internado Benéfico de la Virgen Milagrosa".
3.2.LA CASA DE MISERICORDIA: CASA PROVINCIAL DE "HUÉRFANOSy DESAMPARADOS" (1862-1955)
La ley de 1822 denominará Casas de Socorro a aquellas destinadas a acoger a los huérfanos desamparados y a los niños de las Casas de Maternidad que habían cumplido la edad de seis años, así como también a los impedidos y a los demás pobres de ambos sexos que no tuvieran recurso alguno para proporcionarse el sustento diario. Por su parte, la Ley de 1849 y su Reglamento de 1852, establecen ya la obligatoriedad de que en cada capital de provincia exista, al menos, una Casa de Misericordia destinada a los pobres incapaces de un trabajo suficiente para ganar su propia subsistencia.
3.2.1.El Asilo de Mendicidad, la Casa de Misericordia yla llegada de las Hijas de la Caridad
En el año 1852, coincidiendo con la entrada en vigor del Reglamento de Beneficencia que prevenía la obligatoriedad de las Casas de Misericordia a que antes nos referíamos, se va a crear por iniciativa popular un Asilo de Mendicidad. Sánchez Torres fija la fecha del 1 de febrero como el momento en que se crea esta institución, que se caracterizará por las enormes dificultades económicas para su subsistencia.
Paulatinamente se va imponiendo la idea según la cual la única forma de viabilidad del Asilo de Mendicidad va a ser la aportación de un fuerte apoyo público. En realidad, nos halla- mos ante un momento que se va a constituir como el paso pre- vio para que meses después, en el verano de 1862, se declare dicho Asi lo como establecimiento provincial y adquiera la denominación de Casa de Misericordia.
En el mes de septiembre de 1862 las sesiones de la Junta Provincial de Beneficencia van a dedicarse especialmente a la búsqueda de un nuevo sitio en donde ubicar la nueva "Casa de Misericordia" que, con el carácter de provincial, debía reorga- nizarse con arreglo a la Ley del ramo.
Acorde con lo anterior, el momento más trascendente para la institución que estudiamos se va a producir en la sesión de la Junta de 16 de septiembre de ese año. En el transcurso de la misma se adoptará el acuerdo de aprobar las bases para el arrendamiento que presenta el dueño de la posada llamada del Puente y que posteriormente se adquirirá. En este empla- zamiento, con sucesivas ampliaciones, la Casa de Misericordia va a permanecer hasta el día de hoy.
Una de las cuestiones que va a preocupar, desde los prime- ros momentos, a los responsables de la Casa de Misericordia, la constituirá la tarea de dotar al establecimiento de los nece- sarios recursos educativos y formativos para los niños y jóve- nes acogidos. Junto a esa formación elemental, también de for- ma temprana quiere dotarse al establecimiento de talleres para los niños que habían sido trasladados desde la Casa de Mater- nidad y Expósitos.
Por otra parte el problema que presentaba la atención a los dementes va a mover a la Junta Provincial de Beneficencia para que en el año 1864 se dirija a los directores de los tres establecimientos provinciales, sondeándoles con objeto de conocer si alguno de ellos estaría dispuesto a crear en su Insti- tución una sección para atender a esta población. El Director de la Casa de Misericordia va a ser el único que acepte esa invitación de habilitar un espacio para estos enfermos y en consecuencia se procederá a la formación del oportuno expe- diente para la construcción del referido departamento.
El día 7 de agosto de 1866 cinco Hermanas de la Caridad destinadas al establecimiento provincial salen para Albacete, puesto que la Corporación Provincial les había encomendado
su gestión. La Superiora, Sor Luisa Villalba, traerá consigo el Contrato cuyas cláusulas generales son idénticas al que suscri- be la Congregación para el Hospital de San Julián.
Junto a la población de la sección de dementes, el perfil del beneficiario de la Casa de Misericordia se recogía el artículo 4°
del Reglamento de 1875:
En la Casa de Misericordia se acogen a todos aquellos, en núlnero determinado, que faltos de apoyo para atender a su subsistencia no puedan procurársela por su edad avanzada o i111pedilnento ,físico para el trabajo.
Se acogen ade111ás a los huéifanos varones pobres y a los hijos de padres desconocidos o de padres que se hallan alber- gados en el EstablecinIiento, cuando, por haber cunlplido los siete años, no pueden ya ingresar o per111anecer en la Casa de Maternidad.
3.2.2.La Misericordia en el primer tercio del siglo XX Con la llegada del siglo la Casa de Misericordia continua- rá, en sus rasgos generales, sirviendo a ese fin que le otorgaba el artículo 12 del Reglamento de 1852 consistente en la adlni- sión de pobres incapaces de un trabajo suficiente para ganar su sustento, y que posibilitaba que el establecimiento fuera ese auténtico cajón de sastre en que se había ido configurando durante el período pasado: ancianos desamparados; huérfanos varones mayores de ocho años; dementes.
En cuanto a la vida cotidiana a los talleres de sastrería y zapatería, creados el pasado siglo se van a unir en esta época algunos otros, como el de alpargatería. Interés especial conce- deremos a la instalación de un horno en donde se cocerá el pan para los tres establecimientos benéficos.
Respecto a la población acogida, el total de menores y jóvenes varones con edades inferiores a 18 años se situaba entre un 20 y un 30 por 100. Esta quizá sea una de las razones por las cuales la denominación de la Institución va cambiando en este período. Progresivamente se van suprimiendo los ofi- cios y documentos cuyo encabezamiento era el de Casa de Misericordia: el nuevo nombre de"Casa de Huérfanos y De- samparados" va imponiéndose. No obstante, el peso de la población existente en el Departamento de Dementes, que supone un 30 por 100 del total, provocará que se popularice la triste acepción de"Casa de los locos". En cualquier caso, la Casa de Misericordia va a ser conocida como tal hasta fechas muy recientes.
Los años de transición hacia la agitada vida de la guerra civil van a seguir la tónica de la etapa pasada. Un número reducido de jóvenes seguían aprendiendo un oficio en los dis- tintos talleres (ya encontramos el de carpintería), en donde no solamente se capacitaban al adquirir unas herramientas labora- les básicas, sino que su actividad se constituía como una pequeña fuente de ingresos, ya que los asilados que en la Ins- titución realizaban tareas en esos talleres van a seguir perci- biendo unas interesantes gratificaciones.
Mientras, los niños continuarán con su instrucción elemen- tal en una sola aula absolutamente masificada que era capaz de acoger en ocasiones hasta 60 alumnos.
Las cifras de acogidos en este período se va a mantener en los valores pasados. Como ejemplo a 1 de junio del año 1932 el número total de internos va a ser de 218. De esta cifra 69 estarán comprendidos entre la franja de edadde 8 a 16 años.
En cuanto a la etapa de la Guerra Civil vendrá caracterizada, fundamentalmente, por un exceso de población acogida. De ella un porcentaje muy importante lo representaban, al igual que ocurría en la Maternidad, los niños evacuados de otras zonas en conflicto. Por su parte, la Sección de Dementes expe- rimentará durante la década un vertiginoso crecimiento que se debe, en gran medida, a los internamientos de jóvenes Briga- distas. En 1937 un total de 99 miembros de las Brigadas Inter-