CAPÍTULO IV
131
A nivel descriptivo, el presente estudio logra reflejar un mayor predominio de docentes de la muestra estudiada con niveles bajos de resiliencia, tanto a nivel global como en las dimensiones competencia personal y aceptación de sí mismo y de la vida.
Estos resultados son casi coincidentes con los hallados por estudiosos como Cassullo y García (2015) quienes investigaron las Competencias Socio Emocionales y su Relación con el Afrontamiento en Futuros Profesores de Nivel Medio. En esta investigación se antepone la idea que los profesores se enfrentan a sucesos vitales estresantes que se visualizan en la violencia, exclusión social, la conflictividad familiar y la incapacidad de la escuela para compensar las carencias y desigualdades, entre otros. Según estos investigadores, a la luz de los resultados, el desarrollo de las Competencias Socioemocionales parece representar una tarea necesaria que contribuirán de forma positiva al bienestar personal y social de los sujetos. De acuerdo a los resultados arrojados por este estudio, es mucho lo que los docentes, y la comunidad educativa en su conjunto, pueden hacer en relación a la disminución de episodios con alta carga de estrés para todos los actores educacionales. Es por ello que se considera necesario el trabajo respecto al fortalecimiento de las prácticas de docentes u otros actores que propenden a la resolución de los conflictos por vías del diálogo y el consenso.
De modo colateral, Véliz (2014), alcanza su análisis sobre la resiliencia organizacional: el desafío de cuidar a las personas, mejorando la calidad de vida en las empresas. En la aportación se reflexiona sobre cómo construir y cuidar organizaciones, haciéndolas internamente fuertes, en armonía, y verosímiles, fortaleciéndolas aún más, para lograr que perduren en el tiempo. Alcanza, desde una dimensión resiliente y apreciativa, una serie de distinciones (o factores protectores) que hacen de las empresas, instituciones con mayores herramientas y posibilidades para resistir en la sociedad actual. Resiliencia Organizacional hace preguntas al mundo individual y grupal de las personas, haciéndose cargo del conjunto de los factores que hacen que un trabajador o funcionario viva una experiencia laboral nutritiva. Por la misma razón, alerta a las organizaciones a salir del clásico paradigma laboral caracterizado por un
132
conjunto de rutinas desgastadoras y sin sentido que llevan consigo el estrés, la desmotivación, la competitividad mal entendida, la desconfianza, la deslealtad, la baja productividad, etc. Así, este volumen muestra reflexiones, preguntas y casos concretos, para articular nuevos modelos fundados en el cuidado de las personas, una cultura más saludable, estable, sistémica y eficaz, y que también incentiven la promoción de empresas más flexibles, adaptativas, apreciativas y conectadas con sus trabajadores.
En la actualidad, la deducción más importante que se desprende de las investigaciones sobre resiliencia es la formación de personas socialmente competentes que tengan conciencia de su identidad, que puedan tomar decisiones, establecer metas y creer en un futuro mejor, satisfacer sus necesidades básicas de afecto, relación, respeto, metas, poder y significado, constituyéndose en personas productivas, felices y saludables.
Es de destacar que el ejercicio profesional de la educación es una actividad de relación interpersonal en la que el profesorado trabaja con su alumnado en el aula, pero también, en relación con sus compañeros (as), los directivos del centro, el personal administrativo, las familias del alumnado y otros profesionales de la comunidad.
La resiliencia es una de las variables más estudiadas en la actualidad por las implicancias que tiene para la prevención y la promoción del desarrollo humano.
La resiliencia hace referencia a la fortaleza ante la adversidad. Puede definirse como “La capacidad humana para enfrentar, sobreponerse y ser fortalecido o transformado por experiencias de adversidad. En el ámbito laboral, ayuda a encajar acontecimientos adversos, incertidumbre, fracaso y conflicto, convirtiendo la experiencia en un cambio positivo, una ocasión de progresar.
Como señala Salanova (2005) no es tanto la capacidad para salir ileso de la batalla, sino de ser “vencedor”. Implica dos procesos: oposición y ataque, por lo que la persona es capaz de desplegar fortalezas ante los obstáculos y obtener buenos resultados, tiene competencia social, habilidad para resolver problemas, autonomía y orientación a metas futuras. Como es más tolerante a la ambigüedad puede afrontar mejor los cambios y los riesgos.
133
Derivado de la aplicación de la perspectiva de la Psicología Positiva al mundo de las organizaciones y de los recursos humanos, el capital psicológico incluye el conjunto de fortalezas personales y capacidades psicológicas de los profesionales que pueden ser medidas, desarrolladas y gestionadas para conseguir la mejora del funcionamiento de las organizaciones y el bienestar de los trabajadores (Salanova, 2005). Las investigaciones han identificado algunas de estas características psicológicas, entre ellas la autoeficacia, el optimismo y la esperanza, la resistencia y la resiliencia, y el afrontamiento.
En este sentido, Salanova y cols. (2005) añaden que las organizaciones saludables y resilientes se caracterizan por tener puestos de trabajo saludables que promueven el bienestar y el compromiso con el trabajo por parte de los empleados. Hoy día son numerosos los estudios que hacen referencia a situaciones laborales que afectan la salud de los trabajadores. Un ambiente laboral resiliente, es aquel que en momentos de cambios provocados por circunstancias económicas o sociales y / o producto de las tensiones propias del fenómeno de la globalización o el mercado, son capaces presentar un desempeño superior a otras y obtienen beneficios adicionales a partir de situaciones adversas o imprevistas. Son instituciones que se reconocen a sí mismas como formadas por personas y por tanto más allá de sus estructuras o límites jurídicos, se perciben como dependientes de la dinámica humana y por tanto deberá poner atención a los estados psicológicos y físicos de sus integrantes. Son instituciones que, si bien no son impermeables a las tensiones externas e internas, saben sobreponerse en situaciones de crisis, buscando en sus propios trabajadores los recursos y potencialidades que le permitan seguir adelante. Son instituciones que estarán atentas a los cambios ambientales y por tanto reaccionarán oportunamente frente a las exigencias del entorno, siendo capaces de renovarse y ajustarse a las nuevas demandas y son instituciones innovadoras y creativas, que valorarán las capacidades de sus trabajadores y tomarán en cuenta sus aportes.
La preocupación por cómo debe ser y actuar el profesorado, y cuáles deben ser las características que le configuran como profesional son cuestiones que continúan abiertas en la actualidad y cuya definición no está exenta de
134
complejidad. Pues se trata de un colectivo diverso, heterogéneo, contradictorio y cambiante.
Casi todos estamos convencidos que la resiliencia implica más que el sólo ser invulnerable ante eventos estresantes o la habilidad para recuperarse ante las adversidades. Más bien, es un proceso dinámico que cualquier individuo puede tener o implementar para que el desarrollo normal se lleve a cabo en diversas condiciones biológicas, específicamente genéticas y medioambientales, a pesar de la adversidad. Para nadie es desconocido que la docencia es un trabajo complejo y difícil, pues los docentes están constantemente expuestos a diversas fuentes de riesgo psico social como el estrés laboral, producto del contacto prolongado con los estudiantes, dentro de un contexto económico, social y organizacional, que les es muchas veces adverso. Para revertir los diversos riesgos psicosociales, hace falta investigar en mayor medida otras variables como los estilos de afrontamiento, la sobrecarga laboral, etc; pero también se deben implementar medidas organizacionales para capacitar a los docentes y fomentar formas de trabajo y relaciones laborales más saludables.
De otra parte, a nivel descriptivo, el presente estudio también logra reflejar un mayor predominio de docentes de la muestra estudiada con niveles altos de estrés laboral.
Estos resultados son corroborados por estudios como el de Arias y Jiménez (2013), sobre el burnout en docentes de Educación Básica Regular de Arequipa remarcan el panorama crítico que atraviesan los docentes. Encontraron que el 93,7% de los profesores tiene un nivel moderado de burnout y el 6,3% tienen un nivel severo, mientras que el 91,5% de las docentes tiene un nivel moderado y el 7,5% tiene un nivel severo de síndrome de burnout. Un mayor porcentaje de varones que de mujeres obtiene puntuaciones más elevadas en agotamiento emocional, despersonalización y baja realización personal. Además, se hallaron relaciones muy particulares entre las dimensiones del síndrome de burnout y las variables sociolaborales analizadas. De manera general, el tipo de gestión se relaciona con la despersonalización y la baja realización personal. De esta manera, los profesores de instituciones educativas de gestión nacional
135
presentan mayor despersonalización y los profesores de instituciones educativas privadas presentan menos realización profesional. Este dato es congruente con un hecho percibido en las instituciones educativas nacionales y privadas, ya que, mientras en las primeras los docentes demuestran mayor distanciamiento con sus estudiantes, en las segundas, están expuestos a más trabajo dentro y fuera de la escuela. Este hecho deviene en su baja realización personal, más aún, si el sueldo que se recibe en las instituciones educativas privadas es en muchos casos inferior al que reciben los profesores que trabajan en colegios nacionales.
Así también lo plantea un estudio sobre “La Precarización del trabajo: el caso de los maestros de educación básica en América Latina” Padilla (2014) quien a través de un análisis de corte cualitativo investigó el significado que le otorgan los docentes a sus condiciones laborales, a partir de lo hallado interpreta que existe niveles altos de malestar docente, el cual experimentan los profesores tanto del establecimiento municipal, como del establecimiento particular, consecuencia del deterioro de sus condiciones de trabajo, provocado en gran parte por las transformaciones económicas, políticas y sociales ocurridas a nivel latinoamericano como en el país.
También Gismero y otros (2012) alcanzan un análisis sobre las “Estrategias de Afrontamiento Cognitivo, Auto-eficacia y variables laborales. Orientaciones para prevenir el Estrés Docente”. En el artículo se evidencia cómo los profesores se enfrentan a menudo a muy diversas situaciones de estrés en su trabajo que pueden llegar a poner en juego su bienestar psicológico. Las denominadas estrategias de afrontamiento son respuestas ante una situación estresante puestas en marcha para tratar de manejarla o neutralizarla. Los resultados sugieren la importancia de adecuar las intervenciones para prevenir el estrés al nivel educativo y tipo de centro en que trabajen los docentes, así como la necesidad de diseñar iniciativas formativas de calidad que resulten útiles para su práctica cotidiana y les hagan percibirse significativamente más eficaces.
Como planteamos en líneas anteriores, diversos autores coinciden en señalar que el trabajo docente es una profesión exigente, en la que los profesionales suelen desarrollar su trabajo en organizaciones sujetas a cambios frecuentes en
136
sus políticas y actividades y con severas restricciones en sus recursos. Se han puesto de manifiesto niveles altos de insatisfacción laboral y estrés laboral, asociados especialmente a aspectos organizativos, a la falta de proyección de la carrera profesional, al salario bajo o al desconocimiento y el poco reconocimiento de su trabajo.
Los profesores se enfrentan a menudo a muy diversas situaciones de estrés en su trabajo que pueden llegar a poner en juego su bienestar psicológico. En la literatura sobre estrés laboral de las últimas décadas hay numerosos estudios dirigidos a investigar este problema en este colectivo. Incluso en los medios de comunicación aparecen con frecuencia noticias relativas a la complejidad del trabajo de profesor actualmente y a los numerosos estresores a los que parece estar sometido el colectivo docente. Entre estos se han destacado las dificultades para hacer frente a los problemas de comportamiento y falta de motivación de los estudiantes, la diversidad del alumnado y los escasos recursos para afrontarla, la sobrecarga de funciones y tareas y la falta de tiempo para realizarlas. Estas demandas en el trabajo de los docentes junto con las continuas reformas en la legislación educativa, y los cambios en las familias y su relación con la escuela, parecen situar con frecuencia al profesor en situaciones de conflicto y ambigüedad en el desempeño de su rol.
Como plantea Orgambídez-A (2015), el fin del siglo XX y principios del XXI se han caracterizado por contextos socio-económicos turbulentos, lo que ha propiciado un aumento de los estresores psicológicos en el trabajo. Las demandas laborales elevadas agotan al empleado provocando el síndrome de quemarse en el trabajo. Por lo que en general, el estrés se vincula a la insatisfacción, el desgaste emocional y el malestar psicológico, en una espiral de deterioro de la salud. Los resultados hallados en diversos estudioso reportan al estrés como una demanda laboral implicada en el proceso de deterioro de la salud, que afectaría negativamente a la motivación experimentada en el trabajo.
Considerando el eje central de análisis el presente estudio analizó la relación existente entre la resiliencia y el estrés laboral de los docentes del Distrito de Colcabamba – Huancavelica.
137
Los resultados dan cuenta de una relación inversa y significativa entre los dos factores estudiados. Este hallazgo permite aseverar y entender a la resiliencia como proceso dinámico y positivo de conducta que modula ostensiblemente al estrés laboral de los docentes investigados. Desde la perspectiva de la Psicología Positiva es urgente y necesario clarificar, desde la investigación, no sólo si las variables positivas tienen un rol mediador entre los potenciales estresores.
Este planteamiento halla consistencia en los planteamientos vertidos por estudiosos como Otero-López, Villardefrancos y Santiago (2014) quienes investigaron: Estrés, variables positivas y burnout: un modelo explicativo. En el estudio plantearon que los recursos personales como la resiliencia constituyen un poderoso tamiz de la influencia negativa de los estresores en el proceso de burnout constituyen uno de los aspectos con mayor consenso en el ámbito de la Psicología Positiva. No es menos cierto que la identificación de cuáles son y cómo actúan estas “competencias o fortalezas personales” sería crucial para potenciar la salud y el bienestar en el trabajo docente. Parece entonces urgente y necesario clarificar, desde la investigación, no sólo si las variables positivas tienen un rol mediador entre los potenciales estresores y el burnout, sino también cuáles son las rutas alternativas de influencia en el malestar laboral.
Pues bien, el objetivo fundamental de este trabajo es analizar un modelo de influencias en el que los niveles de estrés percibidos por el docente a partir de distintas conductas problemáticas de los alumnos (agresiones verbales al profesor, agresiones entre alumnos, vandalismo) constituyen las variables exógenas, mientras que distintas variables personales positivas (optimismo, hardiness, satisfacción vital) se postulan como mediadoras y el burnout como variable endógena. Los resultados obtenidos, a partir de una muestra de 523 profesores de enseñanza secundaria, confirman que la “resiliencia” del docente (optimismo y hardiness) y la satisfacción vital median en el impacto negativo que los estresores derivados del comportamiento de los alumnos tienen en la experiencia de burnout.
Lo planteado encuentra acicate en los planteamientos teóricos formulados por los seguidores de la psicología positiva. Es decir, Frente a la tradicional visión
138
del estrés desde la psicología del trabajo y de las organizaciones, ha aparecido una perspectiva positiva centrada en la potenciación del bienestar y de la motivación de los trabajadores (Martínez, J 2015). Esta perspectiva asume que existen dos tipos de características en cualquier trabajo: demandas y recursos laborales. Las demandas laborales son características de la organización que precisan de un esfuerzo por parte del empleado para ser realizadas, lo que conlleva un coste físico y/o psicológico. En cambio, los recursos laborales, como es el caso de la resiliencia, son las características físicas, psicológicas, sociales u organizacionales que permiten hacer frente a las demandas. Además, son funcionales en la consecución de los objetivos, reducen las demandas laborales y sus costes asociados y estimulan el desarrollo personal y profesional (Monroy, B.G y Palacios, 2011). Estudios recientes ponen de manifiesto que en general el conflicto, la sobrecarga y la ambigüedad de rol se relacionan negativamente con la resiliencia, la satisfacción laboral y la implicación con el trabajo y positivamente con la ansiedad, la depresión, el síndrome de quemarse en el trabajo y los trastornos psicosomáticos.
Por otro lado, los profesores encuentran escasos los recursos tanto personales como institucionales de que disponen para hacer frente a este tipo de situaciones estresantes en su trabajo. Manifiestan además haber recibido escasa o inadecuada formación, tanto inicial como continua.
En esa misma dirección También Martínez (2015), planteó el estudio: Cómo se defiende el profesorado de secundaria del estrés. Los resultados derivados del análisis descriptivo e inferencial muestran que las estrategias de autofocalización negativa (AFN) y de expresión emocional abierta (EEA) son utilizadas en mayor medida cuando el profesorado presenta indicadores del síndrome. Por otro lado, las estrategias de focalización en la solución del problema (FSP) y la reevaluación positiva (REP) se relacionan con una mayor realización personal en el trabajo y por tanto menores niveles de estrés. En conclusión, el conocimiento de las estrategias más eficaces para combatir el burnout permitirá diseñar programas de prevención más ajustados a la realidad educativa.
139
Finalmente, exponemos los hallazgos de Rojas y Avilés (2014), quienes investigaron los conocimientos y experiencias de candidatos a maestros sobre la aplicación de prácticas promotoras de resiliencia educativa. El propósito de este estudio fue explorar los conocimientos y experiencias de estudiantes matriculados en la práctica docente de una universidad privada en Puerto Rico, sobre la implantación de prácticas en la sala de clases que contribuyan al desarrollo de la resiliencia educativa. El marco teórico fue el modelo de la Rueda de Resiliencia de Henderson y Milstein. Los participantes fueron seleccionados de la población de estudiantes de práctica docente del nivel elemental y secundario de un recinto de una universidad privada. El diseño fue cualitativo hermenéutico y se utilizó la técnica de entrevistas de grupo focal. Cuatro grupos focales se configuraron: dos para explorar los conocimientos y experiencias de los participantes del nivel elemental y dos para el nivel secundario. Los hallazgos más significativos recayeron en la falta de conocimiento del concepto resiliencia.
A pesar de esta falta de conocimiento, la mayoría de los participantes (70%) mencionaron la aplicación de diversas prácticas que se relacionan con la promoción de la resiliencia educativa y enfatizaron la importancia que tenía para ellos el establecimiento de una relación estudiante-docente caracterizada por apoyo y afecto.
Sin duda, la actividad laboral es uno de los pilares sobre los que se organizan las sociedades, y por ello en los estados modernos los poderes públicos tienen la responsabilidad de velar por la salud y la seguridad e higiene en el trabajo.
Reconocer el derecho de los trabajadores a la protección de su salud y de su integridad, así como de su bienestar físico y psicológico, supone trabajar con seguridad y sin riesgos. Sin embargo, las estadísticas muestran que, incluso en las sociedades más avanzadas, quedan aún aspectos por desarrollar.
Sin duda, uno de los ámbitos laborales donde el total de enfermedades profesionales declaradas va en aumento es el de la educación. Diversos estudios afirman que el estrés, la ansiedad y la depresión son causantes de la mayor parte de bajas laborales en el ámbito de la profesión docente. El estrés laboral produce cansancio y fatiga, irritabilidad, pérdida de motivación hacia el
140
trabajo y sentimientos de falta de realización profesional, disminución de las competencias profesionales y autoevaluaciones negativas.
Por ello, en el trabajo docente se debe esperar reflexión y comunicación, así como la creación de relaciones de confianza y entendimiento entre estudiantes y profesores que posibiliten ambientes de trabajo propicio, sobre todo saludable, para desarrollar los objetivos de aprendizaje. En esta época de cambios, tanto a nivel social como de valores, en la que se exigen a los profesores nuevas competencias docentes para afrontar con éxito este proceso, es fácil comprender las dificultades con las que se encuentran aquellos en el aula y las tensiones emocionales que eso conlleva. Muchas de estas reacciones desembocan en angustia, inseguridad, apatía y perplejidad, pero también en esperanza, ilusión o compromiso ante los cambios que los reformadores de la educación.
Organismos internacionales como la Organización Internacional del Trabajo y la Organización Mundial de la Salud señalan la importancia del problema e impulsan grupos de trabajo y la realización de estudios que permitan un conocimiento más detallado de la situación y de las estrategias de prevención e intervención. Los especialistas en el ámbito subrayan la importancia del desarrollo de nuevas estrategias orientadas a la reducción del estrés, del burnout y del mobbing en el sector docente.
En un estudio realizado en diversas universidades del Reino Unido sobre el concepto de “escuelas saludables”, se aportan sugerencias sobre cómo integrar la salud en el personal, docente y no docente, y en los estudiantes, y se insiste en la necesidad de desarrollar herramientas de evaluación del nivel de salud de todos los grupos (Kammeyer - Mueller, 2009). Igualmente, se anima a aquellas escuelas que deseen conseguir la denominación de instituciones saludables a apoyar iniciativas novedosas que promuevan la mejora de la salud, reduciendo niveles de ansiedad y estrés y alcanzando niveles adecuados de bienestar.
La construcción de entornos educativos saludables implica integrar la salud del personal docente y no docente, así como de los estudiantes. El concepto de bienestar personal involucra aspectos tanto físicos como psicológicos, y se