PRODUCTOS MEDITERRÁNEOS Y GLOBALIZACIÓN
V. EL ACOMPAÑAMIENTO POR LAS ADMINISTRACIONES
una socialización de las pérdidas generadas por repetidas alertas fi- tosanitarias?
¿No estaremos viviendo en el sector hortofrutícola la misma si- tuación que estamos observando en Holanda, en la Bretaña france- sa o en partes de Cataluña con una excesiva concentración de ga- nadería porcina que no sólo con- tamina con nitratos, sino que mul- tiplica las dificultades para el control de enfermedades?
1.4. La escasa concentración de la oferta
No bastará con seguir hacien- do lo que veníamos haciendo en el pasado, aunque sea lo que ha permitido éxitos indudables. A ve- ces, incluso lo que fueron fuerzas en el pasado se pueden transfor- mar en debilidades para afrontar el futuro.
Esta reflexión se refiere, en pri- mer lugar, al minifundio produc- tivoque caracteriza la estructura de la propiedad de ciertas regio- nes, e incluso a núcleos importan- tes de la agricultura familiar. Se puede extender también al mini- fundio comercial. Eduardo Baa- monde, director general de la Confederación de Cooperativas Agrarias, señalaba recientemente en los actos conmemorativos del 30 aniversario de COEXPHALque
«mientras que una cooperativa es- pañola de media factura 4 millo- nes de euros y tiene una media de 22,5 trabajadores, en Holanda la facturación media asciende por empresa a 1.026 millones de eu- ros y 1.355 trabajadores» (6).
La gran diversidad de opera- dores ha sido un factor de dina- mismo, de competitividad, de mo- dernidad, de competencia interna y externa, y uno de los factores que han contribuido al éxito de estos años. Cabe preguntarse en
qué medida lo que fue fuerza no se ha transformado en flaqueza.
2. El olivar
En el caso del aceite de oliva, que está en fase expansiva, este crecimiento está produciéndose al mismo tiempo que una mayor segmentación del mercado basa- da en estrategias de calidad (Ana- nia y DAndrea, 2007).
El escenario es más positivo que en el caso de las frutas y hor- talizas, con operadores económi- cos de gran tamaño como la coo- perativa Hojiblanca, que tiene un acuerdo con Cargill, o la empresa líder mundial SOSCuetara, lo que no quiere decir que no quede mu- cho por hacer.
Como señalaba Tió (2003), «el interés miope de la agricultura po- dría ser el de aprovechar un mal año climatológico para elevar los precios interiores, sin valorar la quiebra que ello provocaría en la cadena de valor añadido, que a corto plazo provoca la deslocali- zación industrial. Las decisiones estratégicas implican la necesidad de preservar el complejo agroali- mentario en toda su extensión».
Añadiríamos por nuestra cuenta que esto es aún más cierto cuan- do se debe ejercer el liderazgo mundial.
La explosión de la producción española no está exenta de pro- blemas. ¿Puede una economía co- mo Jaén depender exclusivamen- te del monocultivo olivarero? Nos referimos a la fragilidad económi- ca que esto representa. La crisis del orujo ayer y la del girasol hoy son las orejas del lobo que podría algún día devorar las ovejas del rebaño olivarero.
Nos referimos también al pro- blema medioambiental que se plantea, al ser el olivar un cultivo
que ocupa grandes superficies. Se trata, por ejemplo, del riesgo de desertificación que dicho mono- cultivo acrecienta. El hecho de que este riesgo sea abordado en una revista de un gran distribuidor es- pañol, Eroski (2002), enfocada a sus clientes, es otro ejemplo más de cuanto hemos venido explici- tando hasta ahora.
V. EL ACOMPAÑAMIENTO POR
en la diferencia entre los precios percibidos por los agricultores y los pagados por los consumido- res. Éste es un tema muy media- tizado, pero otros también son importantes, tales como el de las relaciones entre la gran distribu- ción y sus suministradores. La al- ternativa es entre códigos de bue- na conducta negociados por las partes o una reglamentación más intervencionista.
Producción integrada y ecoló- gica.Cada vez menos productos van a estar disponibles para los tratamientos fitosanitarios, los tra- tamientos aéreos (por ejemplo contra la mosca del olivo) están en entredicho y las exigencias de calidad van a aumentar. El que no quiera jugar en este tablero haría bien en retirarse lo antes posible.
Desarrollo rural y organizacio- nes de productores.Para acompa- ñar a los productores agrarios que estarán dispuestos a construir fu- turo, dispondremos esencialmen- te de los instrumentos previstos en los programas de desarrollo rural y en los programas operativos de las organizaciones de productores para las frutas y hortalizas. La pro- puesta de la Comisión, incluida en el «chequeo de la PAC», de permi- tir a los estados miembros que así lo decidan el desarrollo de organi- zaciones de productores en otros sectores abre una vía de desarro- llo interesante.
Ayudas desacopladas y regio- nalizadas.Habrá de profundizarse también en el proceso de reforma de la PAC. La legitimidad de las ayu- das futuras a los agricultores euro- peos se basará en la compensación de los costes adicionales que se les imponen para responder a las de- mandas de la sociedad. García Al- varez-Coque (2003) reconocía que
«los productores hortofrutícolas comunitarios tienen razones para quejarse de la competencia des- leal de aquellos países que no cum-
plen unas normativas ambiental y laboral tan estrictas como las que pretendemos cumplir en la Unión Europea». Por esto, la Comisión, paso a paso, está avanzando ha- cia un sistema de ayudas más des- acopladas, con el horizonte pues- to en un sistema regional que no discrimine entre los productores de una misma región en función de sus cultivos históricos. La elegibi- lidad a las ayudas directas de to- das las tierras plantadas de olivar y cultivadas con frutas y hortalizas son dos modestos pasos ya dados en esta dirección. Las propuestas del «chequeo médico de la PAC» aprobadas por la Comisión en ma- yo 2008 contiene algunos pasos más. Se trata, por ejemplo, de la flexibilidad suplementaria dada a los estados miembros para la uti- lización del artículo «ex 69», con transferencias posibles del apoyo entre sectores productivos (7). Pe- ro aún quedará mucho camino por recorrer (García Azcárate, 2008).
Cuando se empezó a hablar de libertad de cultivo en las frutas y hortalizas, fueron los productores de estos cultivos los que expresa- ron temores de ver sus mercados invadidos por productores de ce- reales en búsqueda de alternati- vas. Nunca compartimos estos te- mores porque las producciones especializadas requieren fuertes inversiones en capital circulante, implican, entre otros, ciertos ni- veles de riesgos productivos y de precios, así como mayores nece- sidades de mano de obra. Hoy son las empresas de transformación de frutas y hortalizas las que te- men verse privadas de la materia prima suficiente. Evidentemente, tendrán que ofrecer precios sufi- cientemente remuneradores para conseguir mantener a sus sumi- nistradores.
Eco-condicionalidad.Quien di- ga «ayudas directas» dice también eco-condicionalidad. Como seña- lan, por ejemplo, Ceña, Gallardo
y Ramos (2007), «la eco-condicio- nalidad impuesta por la reforma intermedia de la PAC, al mismo tiempo que el desacoplamiento de las ayudas al olivar, pueden ser un buen instrumento para conse- guir un sistema de producción de aceite de oliva sostenible». La eco- condicionalidad del futuro será más simple, más centrada en las condiciones propias de la explo- tación agraria, pero también más y mejor controlada, aplicada y sancionada.
Política de calidad.Se trata de facilitar la segmentación estraté- gica de los mercados, tanto con las denominaciones de origen co- mo con reglas claras y transparen- tes de etiquetado.
Política de infraestructuras.De- pendemos demasiado del trans- porte de mercancías por carrete- ra. Hasta ahora sólo eran ventajas, de coste y de flexibilidad. La satu- ración de las autopistas y los cos- tes medioambientales han pues- to esta ventaja en entredicho. No es un cambio fácil, razón por la cual hay que iniciarlo lo antes po- sible y adoptar las estrategias in- versoras adecuadas: los centros de conexión inter-modales y el desarrollo de las autovías ferrovia- rias, por ejemplo.
NOTAS
(*) Las opiniones expresadas en esta con- tribución sólo comprometen a su autor y no a la Institución para la cual trabaja. El manuscri- to de este artículo se terminó en el mes de ju- nio de 2008.
(1) http://www.thegreenery.com/?pag=213 (2) El olivar tradicional requiere 1.500 m³ por hectárea y el intensivo 2.500 m³, frente a los 5.000-8.000 m³ del maíz, Datos recogi- dos de CEÑA, GALLARDOy RAMOS(2007).
(3) Esta diferenciación entre exigencias del consumidor y exigencias del ciudadano, es útil conceptualmente pero subjetiva. Algunos consumidores están dispuesto a pagar en cier- tas condiciones por ellas y no en otras. Tam- bién evolucionan con el tiempo. En realidad, no hay un consumidor sino muchos consumi- dores. El mismo individuo que se preocupa por
PRODUCTOS MEDITERRÁNEOS Y GLOBALIZACIÓN
PAPELES DE ECONOMÍA ESPAÑOLA, N.º 117, 2008. ISSN: 0210-9107. «ECONOMÍA AGROALIMENTARIA. NUEVOS ENFOQUES Y PERSPECTIVAS»
6-Productos mediterraneos.qxp 08/10/2008 9:32 PÆgina 84
el bienestar de las gallinas cuando compra hue- vos en el supermercado no siempre tiene la misma reacción frente a un bocadillo de tor- tilla en un bar.
(4) http://www;libroblancoagricultura.com/pu blicacion/pdf/Cap01a10_T2.pdf
(5) http://www.mapa.es/es/ministerio/pags/pla taforma_conocimiento/biblioteca_virtual.htm
(6) http://www.agrodigital;com/PIArtStd.as p?CodArt=57385
(7) http://ec.europa.eu/agriculture/health- check/index_fr.htm
BIBLIOGRAFÍA
AUGIER, P.; GASIOREK, M., y LAITONG, C. (2005),
«The impact of rules of Origin on trade flows». Economy Policy, 20, n°43: 567- 623. Un resumen esta disponible en http://www.blackwell-synergy.com/
doi/abs/10.1111/j.1468-0327.2005.00146.x ANANIA, G., y DANDREA, M.R.P. (2007), «The glo- bal market for olive oil: Actors, trenes, prospects and research needs»: 103, EAAE Seminar Barcelona. Disponible en http://age- consearch.umn.edu/handle/123456789/
27212
BRENTON, P., y MANCHIN, M. (2003), Trade Policy Issues for the Euro-Med Partnership,CEPS. Disponible en http://shop.ceps.eu/Book- Detail.php?item_id=1031
BRIZ, J.; DEFELIPE, I., y GARCA, M. (2007), «Food safety in agricultural internacional trade: The Spanish experience in Mediterranean pro- ducts»: 105, EAAESeminar. Bolgna. Dispo- nible en http://ageconsearch.umn.edu/han- dle/123456789/28989
CEÑADELGADO, F.; GALLARDOCOBOS, R., y RA-
MOSREAL, F. (2007), «Efectos territoriales de la expansión del olivar en Andalucía e implicaciones de los nuevos escenarios sec- toriales», en Políticas agrarias y ajuste es- tructural en la agricultura española.Serie Estudios n°162, MAPA.
DANSE, M. (2008), GHGCalculation Tool for Hor- ticultural Supply ChaínFRESH2008. Dispo- nible en http://www.mintel.webbler.co.uk/
?lid=146
DEPABLOVALENCIANO, J., y PÉREZMESA, J.C.
(2004), «El entramado de empresas alme- rienses de economía social dedicadas a la comercialización agraria: descripción, pro- blemas generales y perspectivas de com- petitividad». Revista de estudios Agroso- ciales y Pesqueros, n°202: 71-100.
Disponible en http://www.mapa.es/es/mi- nisterio/pags/Biblioteca/revistas/art_datos.as p?articuloid=832&codrevista=REEAP
EROSKI (2002), « Alertan del problema de deser- tificación que tiene Jaén por el monoculti- vo del olivar», 8 de diciembre. Disponible en http://www.consumer.es/web/es/medio_am- biente/2002/12/08/54993.php
GALLARDOCOBOS, R., y CEÑADELGADO, F. (2007),
«El proceso de ajuste estructural en el oli- var de Andalucía», en Políticas agrarias y ajuste estructural en la agricultura espa- ñola, Serie Estudios, n° 162, MAPA. GARCÍAALVARE-COQUE, J. M. (1998), «La agri-
cultura valenciana: un hecho diferencial».
Vida Rural, 1 de abril. Disponible en http://www.mapa.es/ministerio/pags/bi- blioteca/revistas/pdf_vrural%2FVru- ral_1988_63_108_111pdf
(2003), «El sector de frutas y hortalizas», comunicación a la jornada temática sobre la agricultura española en el marco de la PAC, Madrid 6 y 7 de febrero. Disponible en http://www.libroblancoagricultura.com/li- broblanco/jtematica/pac/comunicaciones/jm _galvarez_coque.pdf
(2004), «La asociación euromediterránea y su incidencia en la agricultura». Vida Ru- ral, 1 de diciembre: 70-73. Disponible en http://www.mapa.es/ministerio/pags/bi- blioteca/revistas/pdf_vrural%2FVru- ral_2004_200_70_73.pdf
GARCÍAAZCÁRATE, T. (2008), «Le bilan de santé de la Politique Agricole Commune», Re- vue du Marché Commun et de lUnion Eu- ropéenne, n° 514, febrero: 73-79.
GARCÍAMARTÍNEZ, P.; CUESTAAGUILAR, M.J.; JIMÉ-
NEZÁVILA, J.M.; CANCERPOMAR, L., y PANIZA
CABRERA, A. (2005), «La influencia de la PAC en las transformaciones de los paisajes ru- rales mediterráneos. El caso de Cárcheles (Jaén)», I Congreso de Cultura del olivo. Dis- ponible en http://dialnet.unirioja.es/servlet/fi- chero_articulo?codigo=2523654 KRAUTTER, M. (2008), Pesticides in Fruits and
Vegetables, FRESH2008. Disponible en http://www.mintel.webbler.co.uk/?lid=146 MAERTENS, M., y SWINNEN, J.F.M. (2007), «Stan- dard as barriers and catalysts for trade, growth and poverty reduction», Journal of International Agricultural Trade and De- velopment, volume 4, n.º 1: 1-15.
MATE, V. (2008), «Fruta demasiado madura:
les exportaciones hortofrutícolas se estan- can y las importaciones crecen al 20». EL PAISNegocios4 de mayo: 39.
MEUNIER, F. (2008), «Flambée agricole: la faute à lurbanisation». Disponible en http://www;telos-eu.com/fr/article/flam- bee_agricole_la_faite_a_l_urbanisation MUSA, S. (2005), An Economic Análisis of Food
safety Standards and its Implication on Agri-
cultural Trade in the Context of EU-MEDPart- nership: The Case of SPSStandards and EUREPGAP agreements. Research n°FEM22- 12 FEMISE disponible en: http://www.femi- se.org/PDF/ao22/FEM2212.pdf
O.L. NILSSON, F.; LINDBERG, E., y SURRY, Y. (2006),
«Are the Mediterranean countries compe- titive in fresh fruit and vegetable exports?»:
98, EAAE Seminar Crete. Disponible en http://ageconsearch.umn;edu/han- dle/123456789/26494
ORR, S. (2008), Businesss and water, FRESH 2008. Disponible en http://www.mintel.
webbler.co.uk/?lid=146
PAPASSEIT, P. (2008), «Almería, una horticultu- ra moderna», Horticultura, n° 205: marzo 42-50.
REARDON, T.; CODRON, J.-C.; BUSCH, L.; BINGEN, J., y HARRIS, C. (1999), «Global change in agrifood grades and standards: Agribusi- ness strategic responses in developing coun- tries», International Food and Agribusiness Management Review, 2(3/4): 421-435. Dis- ponible en http://www.ifama.org/tamu/ia- ma/nonmember/OpenIFAMR/Articles/v2i3- 4/421-435.pdf
ROOZER, N. (2008), Solidaridad: Mainstreaming and Responsible Practices in the Fruit Sector, FRESH 2008. Disponible en http://www.mintel.webbler.co.uk/?lid=146 ROSSENEU, F. (2008), Carbon Footprint Deve- lopments, FRESH 2008. Disponible en http://www.mintel.webbler.co.uk/?lid=146 SUMPSIVIÑAS, J.M. (1977), «Delimitación del área de agricultura mediterránea en Espa- ña», Agricultura y Sociedad: n° 4: 81-116.
Disponible en http://www.mapa.es/es/mi- nisterio/pags/Biblioteca/revistas/art_datos.as p?articuloid=1334&codrevista=AyS TIÓSARALEGUI, C. (2003), «La adaptación de las
producciones a la evolución de los merca- dos», ponencia en la Jornada Temática so- bre la Agricultura Española en el Marco de la PAC, Madrid. Disponible en http://www.li- broblancoagricultura.com/libroblanco/jte- matica/pac/ponencias/pdf/c_tio.pdf VERMEULEN, H.; JORDAAN, D.; KORSTEN, L., y KIRS-
TEN, J. (2006), «Private standards, handling and hygiene in fruit export supply chains:
A preliminary evaluation of the economic impact of parallel standards», Internatio- nal Association of Agricultural Economists Conference, Gold Coast, Australia, August 12-18, 2006. Disponible en http://agecon- search.umn.edu/handle/123456789/9890 VERWOERTS, R. (2008), New Frontiers for New Technologies, FRESH2008. Disponible en http://www.mintel.webbler.co.uk/?lid=146
I. INTRODUCCIÓN
O fue casualidad que de- trás del origen de las pri- meras civilizaciones huma- nas (Mesopotamia, Egipto, etc.) se escondiera la misma fuerza motora: la agricultura de regadío.
Efectivamente, sólo cuando los seres humanos aprendieron a combinar adecuadamente los fac- tores trabajo, tierra y agua se pu- dieron generar los excedentes de alimentos necesarios para permi- tir la especialización del trabajo y el comercio, como condicionan- tes indispensables para la emer- gencia de las primeras ciudades e imperios.
La relevancia de este tipo par- ticular de agricultura se debe tan- to a su mayor productividad (au- mento de los rendimientos de los cultivos existentes) como a la po- sibilidad de desarrollar nuevos cul- tivos (cultivos de verano y cultivos permanentes frutales). Am- bos factores han hecho que des- de la antigüedad el regadío se considere una actividad básica pa- ra la supervivencia y el progreso social y económico de la humani- dad. Se explica así cómo desde en- tonces la superficie regada en el mundo no ha parado de crecer, hasta llegar hoy en día a los 280 millones de hectáreas (FAO, 2007), haciendo del regadío un elemen- to clave para la alimentación del planeta (NN.UU., 2003).
España no ha sido ajena al de- sarrollo de la agricultura de rega- dío. Este tipo de agricultura co- menzó ya su andadura en nuestro país en tiempos anteriores a la do- minación romana, evolucionando lentamente hasta llegar al millón
de hectáreas al comienzo del si- glo XX (MAPA, 2001). No obstan- te, ha sido en el pasado siglo, y muy especialmente en su segun- da mitad, cuando la expansión del regadío ha sido más intensa, gra- cias a la iniciativa de los poderes públicos. Estas políticas de fomen- to del regadío han estado justifi- cadas básicamente en los positi- vos efectos socioeconómicos que producía en los territorios donde éste se implantaba. Así cabe afir- mar que las transformaciones de secanos en regadíos ha sido has- ta nuestros días la principal polí- tica de desarrollo rural en nuestro país. De esta forma, España se ha situado como el decimotercer país del mundo y el primero de la Unión Europea en superficie re- gada, con casi 3,5 millones de hectáreas.
En cualquier caso, el modelo de expansión del regadío que ha pri- mado hasta fechas recientes pare- ce estar agotado en la actualidad.
Las limitaciones derivadas de la es- casez creciente de recursos hídri- cos en nuestro país, así como las nuevas demandas postmaterialis- tas de la sociedad española en re- lación con un renovado desarrollo rural sostenible se sitúan detrás de este cambio de tendencia.
En este sentido, cabe destacar que, desde la década de los ochen- ta del siglo pasado, la economía del agua en España ha entrado en una fase de «madurez», en el sen- tido propuesto por Randall (1981), caracterizada por la concurrencia de una demanda alta y creciente, una oferta rígida a largo plazo, una obsolescencia en diversas in- fraestructuras hidráulicas, una fuerte competencia entre distin-