CAPÍTULO 2 MARCO TEÓRICO
2.3. Desarrollo evolutivo de la fuerza, el control motor y la flexibilidad en las
2.3.1. Etapas de desarrollo dentro de las categorías de edad del fútbol base
2.3.1.1. Etapa prepuberal: benjamines y alevines (de 8 a 12 años).
Este periodo es considerado como la etapa prepuberal, también conocida como infancia intermedia (del inglés “middle childhood”), la cual se caracteriza por una tasa de crecimiento constante y por ser una de las etapas más importantes en el desarrollo de la coordinación neuromuscular (Malina, 1994; Myer et al., 2011). En esta etapa el sistema nervioso se encuentra en su mayor momento de plasticidad y desarrollo natural (Borms
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et al., 1987). Esta fase será clave en el desarrollo de multitud de capacidades principalmente derivadas del desarrollo neuronal a nivel central y periférico (Lloyd &
Oliver, 2012; Viru et al., 1999).
La etapa prepuberal es considerada como un periodo de gran variabilidad biológica, en gran medida derivada del hecho de que exista un pronunciado ritmo de crecimiento constante, considerándose en términos de maduración como los años previos al pico de velocidad de crecimiento (PHV, del inglés “peak height velocity“). Este hecho da lugar a cambios muy importantes a nivel físico y motor (Mirkov et al., 2010; Yagüe &
De La Fuente, 1998). Es importante señalar que durante estas edades Kanehisa et al.
(1994) observaron que el músculo esquelético del niño prepúbere tiene poco tono y definición, debido a un insuficiente desarrollo del tejido muscular, concretamente del área de sección transversal muscular anatómica (CSA, del inglés “muscle cross-sectional area”) del cuádriceps femoral, siendo a partir de los siete años en adelante, cuando se aprecia un aumento moderado en el área de las fibras de los músculos estudiados. Por lo tanto, se considera que las adaptaciones del control motor y de las expresiones de fuerza, como veremos en apartados posteriores, pueden estar menos relacionados con la hipertrofia y más probablemente asociadas con el desarrollo neural (Myer et al., 2011).
Por otra parte, las estructuras músculo-tendinosas en estas edades son más compliantes que en posteriores fases de crecimiento, desempeñando un papel clave en la protección de los niños más pequeños de las lesiones deportivas (Kubo et al., 2001).
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2.3.1.2. Adolescencia temprana - Pubertad: Infantiles (de 13 a 14 años).
La etapa de infantiles coincide con la fase inicial, a nivel biológico, de lo que conocemos como adolescencia temprana, pubertad o también conocido como primera adolescencia (del inglés, “maturity onset”) (Brown et al., 2017).
Esta etapa del desarrollo se caracteriza principalmente por los cambios hormonales a nivel del hipotálamo, los cuales van a provocar una tasa acelerada de crecimiento caracterizada por un pico brusco en la velocidad de crecimiento de las extremidades y el peso (Philippaerts et al., 2006). Esta etapa de madurez sexual destaca por ser un período de modificaciones corporales intensas, debido a alteraciones y adaptaciones no solo neuronales, propias de la etapa anterior, si no también hormonales y metabólicas que estimulan de forma más pronunciada las ganancias de masa muscular a partir de los 12 años (Roemmich & Rogol, 1995). Concretamente, a partir de estas edades se produce un crecimiento en la secreción de hormonas androgénicas anabólicas, principalmente la testosterona sérica y la hormona de crecimiento (GH, del inglés “growth hormone”) (Hansen et al., 1999; Viru et al., 1999). Se considera la tasa máxima de crecimiento lineal del esqueleto (un promedio de 9 cm durante) se da alrededor de la edad de 14 años en varones (Brown et al., 2017; Mirwald et al., 2002).
Este acusado crecimiento en las dimensiones corporales (causado principalmente por el crecimiento repentino de huesos, tendones, ligamentos y músculos) puede causar desproporciones entre miembros inferiores y miembros superiores en cuanto a tamaño, lo que puede provocar que las capacidades coordinativas se vean afectadas, principalmente, por una alteración brusca y transitoria del esquema corporal (Quatman-Yates et al., 2012).
Es por ello que, durante el crecimiento acelerado del adolescente (entre 12 y 14 años de edad), multitud de estudios hayan demostrado la existencia de un período transitorio de
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disminución de la coordinación motora (Beunen & Malina, 1988; Lillegard et al., 1997;
Malina, 1994). Pudiendo ser un factor de riesgo de lesión importante en estas edades (Malina, 2010), estos autores realizaron un seguimiento durante seis años en 292 niños de 9 a 16 años de edad de una academias de fútbol de élite de la Premier League inglesa con el objetivo de investigar la asociación de la edad esquelética relativa junto a otros factores de riesgo en la incidencia de lesiones. El estudio sugirió que los niños entre 13 y 14 años tenían un alto riesgo de lesiones en el entrenamiento y los partidos quizás debido a niveles inferiores de fuerza muscular, potencia y coordinación.
En definitiva, se puede considerar esta etapa de fútbol en categoría infantil como una de las fases más críticas o sensibles del desarrollo físico, la cual no se pueden desaprovechar para el desarrollo de adaptaciones de ciertas capacidades físicas y coordinativas, ya que se considera un momento de entrenamiento oportuno para que el joven deportista alcance su futuro potencial en las posteriores categorías (ver Figura 7).
Figura 7. Modelo de desarrollo físico en diferentes etapas del desarrollo formativo. El tamaño de fuente se refiere a la importancia; los cuadros azules claros se refieren a periodos de adaptación preadolescentes, los cuadros azules oscuros se refieren a períodos de adaptación de los adolescentes. HMB = habilidades motrices básicas; HDE = habilidades deportivas específicas. Fuente: Modificado de Lloyd & Oliver (2012).
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2.3.1.3. Adolescencia: Cadetes (de 15 a 16 años).
Es en la adolescencia, en edades en torno a los 15-16 años de edad (PHV/post - PHV), cuando se detiene el incesante ritmo de crecimiento en la estatura (disminución de la tasa de crecimiento) (Nikolaidis & Vassilios Karydis, 2011). No obstante, el peso sigue experimentando ganancias rápidas a causa de un aumento del porcentaje de masa magra corporal (LBM), del inglés “lean body mass”), debido al desarrollo del tejido muscular relacionado con la hipertrofia muscular dependiente del aumento de las concentraciones circulantes de andrógenos, concretamente de la testosterona (Hernández et al., 2018;
Nikolaidis & Vassilios Karydis, 2011; Viru et al., 1999).
Lambertz et al. (2003) observaron que el aumento máximo de la masa muscular se produce a partir de estas edades, después de que la velocidad de crecimiento haya alcanzado su punto máximo en los hombres. Del mismo modo Kanehisa et al. (1995) observaron un aumento intensivo del CSA del músculo y de las fibras musculares con la edad, informando de que los grupos de mayor edad eran significativamente más fuertes y con una mayor CSA muscular que los grupos de menor edad. En la misma línea, Hernández et al. (2018) en un reciente estudio con jugadores jóvenes de fútbol en el que se determinó el pico de crecimiento, el estado madurativo y se analizaron las medidas antropométricas relacionadas con el desarrollo corporal, como se muestra en la Figura 8, reportaron incrementos en las áreas musculares tras el pico de crecimiento. Este hecho comienza a ser especialmente notable en el rango de edad correspondiente a la categoría cadete y juvenil.
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Figura 8. Incrementos en las áreas transversales de los músculos. Fuente: Modificado de Hernández Camacho et al. (2018).
Por lo tanto, a partir de este periodo de edad, debido a la rápida adaptación de las dimensiones corporales y al aumento de la masa muscular se recuperará la pérdida de coordinación provocada por el “estirón” vivido durante la pubertad, mejorando la capacidad para realizar tareas que requieren mayores niveles de fuerza muscular y coordinación motriz (Lloyd et al., 2014).
2.3.1.4. Adolescencia avanzada: Juveniles (de 16 y a 19 años).
Es en esta etapa de desarrollo (post-PHV), conocida como adolescencia avanzada, se alcanza la madurez física completa, lográndose una estabilización de la talla y el peso (Brown et al., 2017; Portella et al., 2011). Los aumentos en la masa muscular en esta etapa son mayores que en cualquier otra edad (ver Figura 8), aunque a un ritmo más lento (Hernández et al., 2018; Soarez et al., 2012). Los cambios en las propiedades morfológicas del músculo que se dan en estas edades, también van a venir acompañados de cambios en las propiedades mecánicas y estructurales, mediante una disminución en la complianza muscular y un aumento de la “stiffness“ muscular (Charcharis et al., 2019;
Kubo et al., 2001).
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Así pues, en estas últimas categorías de formación las adaptaciones al entrenamiento relacionadas con la madurez suelen ser el resultado del aumento de las concentraciones de andrógenos, la diferenciación del tipo de fibra, los niveles de fosfato de creatina y un mayor desarrollo arquitectónico de las unidades musculo-tendinosas (Hernández et al., 2018; Myer et al., 2011). Por lo tanto, el control motor y la fuerza, como veremos en apartados posteriores, pueden estar más relacionados con el aumento de hipertrofia muscular.
No obstante, durante estas edades de la adolescencia, el deportista ha alcanzado una mayor madurez neural (se supone que se ha completado proceso mielinización) (Viru et al., 1999), y por lo tanto, un mejor control de la función/actividad muscular (reclutamiento sincrónico de todas las unidades motoras de los músculos agonistas) la cual en edades anteriores estaba menos desarrollada. Este factor también va a permite mejores niveles de fuerza y coordinación motora (Kraemer et al., 1989; Myer et al., 2011).
Figura 9. Etapas de desarrollo durante las categorías de formación. PHV = peak height velocity. Fuente:
Modificado de Lloyd & Oliver (2012).
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Una vez estudiadas las características de cada una de las etapas de crecimiento y desarrollo que se dan en las distintas categorías competitivas del fútbol formativo (ver Figura 9), se puede entender mejor cómo evolucionan de forma natural, e independientemente del entorno y estímulos de entrenamiento, las capacidades más determinantes del ROM activo (la fuerza, la flexibilidad y el control motor). A partir de ello podremos entender como el proceso de entrenamiento y formación del joven jugador de fútbol puede afectar al desarrollo de estas capacidades (Feldman et al., 1999; Rommers et al., 2019).
Como se ha indicado anteriormente, estas etapas sensibles constituyen momentos de gran adaptabilidad en el desarrollo de cada una de las capacidades citadas, siendo muy importante su aprovechamiento inmediato (Lillegard et al., 1997). El rendimiento de estas capacidades y, por lo tanto, también del ROM activo, están comprometidas por la edad y el nivel de desarrollo evolutivo de los jugadores (García-Pinillos et al., 2014), así como la naturaleza de los estímulos ambientales- contextuales que modulen dicho desarrollo (Alesi et al., 2015; Brown et al., 2017).
El entrenamiento deportivo es uno de los factores contextuales más importantes, dado que suele incidir de forma específica en el desarrollo de las capacidades físicas y coordinativas del practicante (Marques et al., 2017). La priorización del entrenamiento de cada una de estas capacidades ha de adaptarse y respetar el desarrollo evolutivo y madurativo del joven futbolista (Lloyd et al., 2015; Philippaerts et al., 2006).
Una vez estudiadas las distintas etapas de desarrollo y crecimiento por las que atraviesa el jugador de fútbol durante su etapa formativa, pasamos a analizar de forma específica la evolución de las capacidades de fuerza, control motor y flexibilidad dentro de cada una de las categorías de formación.
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