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Evolución del desempleo juvenil en España

4. En la línea de salida: la inserción laboral

4.2. Evolución del desempleo juvenil en España

El gráfico 4.1 muestra la tasa de desempleo de hombres y mujeres según cuatro grupos de edad: 16-19, 20-24, 25-29 y 30-34 años. Para ambos sexos se aprecia claramente la influencia del ciclo económico.

Los años 1985 y 1994 marcan los máximos niveles de paro en Es- paña. La diferencia fundamental entre ambos años es que en 1985 se llegó al máximo desempleo después de un aumento prolongado, mientras que el punto de máximo paro en 1994 se alcanzó en un periodo de tiempo mucho más corto. Entre los jóvenes, ambas crisis situaron las tasas de desempleo en cuotas muy similares. Tam- bién se puede comprobar que las tasas de desempleo de los jóvenes con edades de 16 a 19 años, tanto varones como mujeres, se han incrementado relativamente más que las de los otros grupos de la

GRÁFICO 4.1: Tasas de paro juvenil

Fuente:Encuesta de Población Activa (EPA).

población activa. De hecho, el gráfico muestra cómo las variaciones de las tasas de paro son más pronunciadas entre los más jóvenes.

Esto significa que durante la crisis del empleo los jóvenes sufren re- lativamente más que los adultos y en las fases expansivas del ciclo económico los jóvenes se benefician relativamente más que los otros grupos de la población.

Sin embargo, si comparamos las tasas de paro del año 1991 —má- ximo punto del ciclo expansivo— con las de 2003, se puede compro- bar que la tasa de paro de los jóvenes de 16 a 19 años no se ha acerca- do tanto a la de los otros grupos en el último año indicado; es decir, para este grupo de la población, la mejora relativa ha sido menor en esta fase expansiva de la economía que en la anterior. Esto se observa tanto entre los hombres como entre las mujeres. Además, si compara- mos las tasas de paro de 1999 y de 2003, se puede afirmar que la re- ducción de la tasa se ha desacelerado considerablemente en todos los colectivos. Otra indicación de los problemas que parecen tener los más jóvenes (16-19 años) es que su tasa de desempleo en 2003 es, de hecho, mayor que la que tenían en 1991. Por su parte, los otros gru- pos han alcanzado ya una tasa más baja que la que llegaron a tener en 1991; esto es especialmente claro entre los varones de 20-24 años.

Finalmente, nótese cómo la tasa de paro de los más jóvenes (16-19 años) se mantuvo relativamente elevada en los primeros años de la recupe- ración económica, entre 1994 y 1997. Hasta 1998 no se aprecia un descenso significativo del paro más joven, tanto entre los varones como entre las mujeres.

Para entender mejor la evolución de las tasas relativas de desem- pleo de los más jóvenes, hay que tener en cuenta que el peso de la población activa juvenil se ha reducido sustancialmente en los últi- mos años, en parte debido a la reducción de la tasa de natalidad, pero, sobre todo, como consecuencia del retraso progresivo de la edad de incorporación al mercado de trabajo. El que los jóvenes pa- sen ahora más tiempo en el sistema educativo significa que aportan mucho más capital humano a la economía en su conjunto. Esto, en combinación con una decreciente presión de la oferta de trabajo ju- venil, debería haber reducido las dificultades de los jóvenes para en- contrar trabajo. Los datos no parecen apoyar esta predicción. El que en el año 1994, de máximo desempleo, la tasa de paro juvenil fuera tan alta como diez años antes hace pensar que el mercado de trabajo

se endureció para los jóvenes. Esta comparación es razonable por- que ambos entornos temporales son fases bajas del ciclo. Pero, si comparamos dos fases altas del ciclo como son 1991 y 2003, la con- clusión es la misma: con bastante menos jóvenes en el mercado de trabajo y dado que los que están tienen mayor nivel educativo, la mejora en el paro juvenil tendría que haber sido mucho más nota- ble. Sólo la evolución de la tasa de paro del grupo de 20-24 años pa- rece dar ciertos motivos para un diagnóstico más optimista.

Para profundizar en este asunto se obtienen las tasas de paro te- niendo en cuenta el nivel educativo. Está claro que la incorporación al mercado de trabajo más tardía y con mejor equipamiento educativo de los jóvenes es un hecho. La pregunta que surge inmediatamente es si el mercado ha absorbido adecuadamente ese aumento de capital hu- mano, es decir, sin empeorar la situación laboral de los jóvenes con más estudios frente a los que tienen menos, pero tienen más experiencia.

Para responder a esta pregunta se ha elaborado el cuadro 4.1, para hombres y para mujeres. En él se muestran las tasas de desempleo de los grupos de edad 16-19, 20-24, 25-29 y 30-34 años según tres niveles educativos: primario, secundario y universitario. El grupo de 30-34 años se incluye como término de comparación. Para mantener la pers- pectiva temporal, se presentan las tasas de paro para varios años.

A fin de interpretar correctamente la información que propor- ciona este cuadro y poder hacer comparaciones entre los distintos grupos de edad, hay que tener en cuenta varios puntos importantes.

En primer lugar, que al comparar grupos de la misma edad y distin- tos niveles educativos hay que tener en cuenta su experiencia labo- ral, que se puede medir como el tiempo transcurrido desde la fina- lización de los estudios hasta la actualidad. En segundo lugar, que detrás de la tasa de paro está la decisión sobre los estudios seguidos y la duración de los mismos. Por qué unos jóvenes acceden a los es- tudios superiores y otros no resulta difícil de dirimir (véase más ade- lante). Finalmente, hay que tener en cuenta que muchos jóvenes compatibilizan el seguimiento de algún tipo de estudios con el em- pleo o la búsqueda de trabajo. Éstas son algunas de las dificultades con las que nos enfrentamos a la hora de analizar el mercado de tra- bajo juvenil, lo que hace más complicado obtener conclusiones cla- ras y definitivas sobre el tema que nos interesa: la igualdad de opor- tunidades.

Algunos de los resultados que se derivan del cuadro 4.1 se pue- den sistematizar de la siguiente manera: entre los varones, se comparan el grupo de 16-19 años con estudios primarios y el grupo de 20-24 años con estudios secundarios —la diferencia de edad es para tener en cuenta, en cierta medida, el momento de entrada al mercado de trabajo—. Se observa claramente una tasa de paro más elevada para el primer grupo en todos los años. Similar diferencia se observa, con niveles absolutos más elevados, entre las mujeres. Asi- mismo, conviene resaltar que la diferencia en la tasa de paro entre los indicados grupos se incrementó de 1987 a 2003. La misma pau- ta se obtiene cuando se comparan los jóvenes con estudios prima- rios y los que tienen estudios secundarios, dejando una diferencia de edad de cinco años entre los primeros y los segundos. Esto pue-

Hombres

Primarios Secundarios Universitarios

16-19 20-24 25-29 30-34 16-19 20-24 25-29 30-34 16-19 20-24 25-29 30-34

1987 40,21 33,18 25,08 14,53 37,21 30,83 18,14 8,40 27,51 23,37 8,87 1991 24,34 28,89 20,09 13,65 20,63 20,64 13,81 8,13 26,18 16,59 5,07 1995 44,04 34,98 28,58 26,45 35,54 30,74 22,22 14,96 36,77 28,30 11,91 1999 28,93 22,02 18,00 15,57 28,59 18,40 12,65 8,39 25,73 17,43 8,29 2003 32,75 18,39 11,98 12,94 27,59 15,85 9,15 7,88 15,89 11,71 5,07 CUADRO 4.1:Tasa de paro según nivel de estudios y grupos de edad

Fuente:Encuesta de Población Activa (EPA).

Mujeres

Primarios Secundarios Universitarios

16-19 20-24 25-29 30-34 16-19 20-24 25-29 30-34 16-19 20-24 25-29 30-34

1987 53,60 41,38 30,88 25,75 54,89 47,28 30,78 19,82 53,29 32,29 16,84 1991 44,91 37,84 36,10 26,48 39,27 35,81 29,21 23,86 34,25 24,68 12,20 1995 57,20 52,31 47,66 37,04 54,93 44,31 35,55 32,63 52,08 34,74 18,14 1999 52,78 32,37 36,07 32,75 45,56 33,64 26,08 23,81 38,51 26,03 13,73 2003 52,01 32,96 32,50 27,55 40,06 23,24 20,30 19,01 22,58 15,34 9,86

de interpretarse como uno de los efectos positivos de la educación sobre las condiciones en las que se produce la integración en el mercado de trabajo. Sin embargo, la educación no parece acelerar sustancialmente esa integración, como se pone de manifiesto al comparar las tasas de paro de grupos con la misma edad pero dife- rentes niveles educativos.

Si comparamos las tasas de paro de los jóvenes de 20-24 años con estudios secundarios y de los jóvenes de 25-29 años con estudios uni- versitarios, se comprueba que sus tasas de paro se han ido aproxi- mando y alejando en el tiempo: en 1987 había una diferencia de ocho puntos a favor de los segundos, mientras que en 1999 las tasas eran muy parecidas (en torno al 18%) y en 2003 la diferencia era de cuatro puntos. Entre las mujeres, se observa una pauta similar, pero menos pronunciada: las diferencias en las tasas de paro de los indi- cados grupos de edad y estudio entre las mujeres era de unos diez puntos porcentuales en 1987 y sigue siendo todavía una diferencia positiva, aunque menor, en 2003, de ocho puntos porcentuales.

Esto se puede interpretar como una cierta pérdida de la ventaja re- lativa de los jóvenes con estudios superiores, lo cual puede relacio- narse con el notable aumento de su oferta (INE, 1999)12.

Si ahora comparamos los grupos de 25-29 y de 30-34 años según distintos niveles educativos, en 1991 y 2003, los dos años más altos de los respectivos ciclos con los datos utilizados, se obtienen resulta- dos interesantes. Entre los varones con niveles educativos de Prima- ria o Secundaria, se observa una mejora relativa en el tiempo por parte del grupo más joven. Lo mismo sucede entre las mujeres. Sin embargo, para el nivel de estudios universitarios no ocurre exacta- mente lo mismo. Tanto entre los hombres como entre las mujeres, la diferencia absoluta y la relativa en las tasas de paro eran más elevadas en 1991 que en 1999 en ambos grupos de edad, pero al comparar 1999 y 2003 se observa que la tendencia de mejora ha desaparecido.

Otro resultado que se puede destacar del cuadro 4.1 es la gran diferencia entre las tasas de paro de las mujeres y las de los hombres

12En el curso 1986-1987 había unos novecientos mil alumnos matriculados en la en- señanza superior en España; diez años más tarde esa cifra era 1,54 millones aproxima- damente, casi el doble. El aumento de mujeres universitarias ha sido relativamente más intenso que el de varones.

en el grupo de 30-34 años con estudios secundarios. Por ejemplo, en 2003 las respectivas tasas eran el 19,01% entre las mujeres y el 7,88%

entre los hombres. Ésta es una diferencia enorme que por supuesto reincide sobre las desventajas de las mujeres en el mercado de tra- bajo (véase el capítulo siguiente).