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Identificación y Desarrollo de Categorías Conceptuales

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MARCO TEÓRICO

II. MARCO TEÓRICO

2.3 Identificación y Desarrollo de Categorías Conceptuales

En esta investigación se realizará una presentación de los principales términos conceptuales que se manejarán en el desarrollo del trabajo con el fin de delimitar e identificar plenamente el sentido que se le da a cada término que de manera recurrente se hace referencia.

Para comenzar a entender un tema tan complejo como es la adopción, que es una de las manifestaciones más grandes de amor del ser humano, primero tenemos que entender que el hombre es un animal racional, compuesto por cuerpo y alma, y a diferencia de otros seres vivos, se distingue por su inteligencia y voluntad, que lo hacen ser único e irrepetible, y por su propia naturaleza es un ser social.

El hombre tiene una esencia compuesta por su corporeidad y su alma, y en él existen accidentes que lo van perfeccionando como persona, esto quiere decir que entre los hombres puede haber diferencias accidentales (por ejemplo las virtudes), pero nunca esenciales, todos están dotados de razón (aunque sea en potencia)”

(Dezza, 1989:113), lo que significa que hay distintos grados en el desarrollo del ingenio, pero el valor del hombre es el mismo, aún cuando haya casos en los que se presente un impedimento físico o intelectual.

Esto nos lleva a entender que el hombre es único, pero cambia dependiendo de sus circunstancias, esto quiere decir que no es lo mismo nacer en un rancho, en una tribu o en la ciudad, ni en un siglo ni en otro, y esto ocurre con los niños albergados, en los que se centra nuestra investigación, tienen el mismo valor que todos los demás, pero son especiales, sus circunstancias les dan otro cristal con el cual ellos ven su realidad, desafortunadamente viven en Casa DIF porque fueron remitidos por el Ministerio Público, esto significa que pasaron por un proceso jurídico derivado de algún tipo de maltrato o abandono, y por lo tanto esos niños no son iguales a los de otras casas hogar, tienen características muy particulares que más adelante se presentarán.

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Para explicar mejor las diferencias entre el hombre, según Dezza (1989), se puede comparar un hombre salvaje y uno civilizado, en donde las oposiciones entre ambos son puramente accidentales y no esenciales, lo que nos conlleva a señalar que un hombre salvaje tiene la capacidad de progresar y convertirse en civilizado, porque puede tener ideas morales (del bien y del mal) y religiosas (algo superior a él), mientras tanto un animal irracional nunca podrá educarse.

Entonces, accidente es aquella realidad que modifica la sustancia sin cambiar la esencia, como es la ciencia para el hombre, el calor para el agua, y por lo tanto los accidentes de los niños albergados son eso, particularidades que pueden modificarse.

En este sentido, el hombre tiene dos sustancias incompletas que son el alma y el cuerpo, dos principios en un único ser, por lo cual el alma no está en el cuerpo como en otro ser, a la manera de cómo el accidente está en la sustancia, sino que constituye con el cuerpo el ser mismo sustancial que es el hombre.

Filosóficamente la naturaleza es el primer principio intrínseco de las operaciones de un ser, por lo que un movimiento natural es aquello que proviene de la naturaleza, así el razonar es propio de la naturaleza del hombre y vegetar es propio de la naturaleza de la planta.

Por lo anterior, podemos decir que la característica de la sustancia es la de existir en sí y por sí, en contraposición al accidente que no es capaz de existir en sí, sino que tiene necesidad de un sujeto en el cual pueda existir, y al accidente es en el que se puede trabajar con los niños albergados, porque su esencia es la de cualquier hombre, sólo hay que modificar los accidentes, y en eso tendrán que trabajar los padres adoptantes.

Después de que se abordó la esencia del hombre desde el punto de vista filosófico, ahora podemos acercarnos a lo que es la persona humana, pero primero debemos

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entender que el hombre es hombre, por estar constituido por elementos exactos de la naturaleza de la especie humana, aunque no existan dos idénticamente iguales.

Aunque la materia (características biológicas) lo distinguen y es parte de su ser, no es todo lo que lo hace único en cuanto hombre, ya que existen otros rasgos importantes que tienen que ver con otras dimensiones como el aspecto psicológico, los sentimientos y las emociones, lo intelectual, racional, la libertad, voluntad, etc., así como un ámbito social en el cual se desenvuelve, pues ello lo impregna de una cultura específica que también le aporta una manera muy particular de ver la vida y que también está relacionada con el ámbito moral.

De acuerdo con Chavarría (2001), las diferencias más genuinas entre los hombres no son aquellas con las que se nace, ni las que se desarrollan a lo largo de la vida como producto de la influencia del ambiente, sino aquellas que el sujeto ha promovido de manera consciente y por voluntad propia, capacidades que lejos de ser heredadas son decididas y conquistadas por su voluntad y esfuerzo, y eso lo llevan a construir su propio destino personal único.

Es aquí, refiere Chavarría (2001), en donde surge el concepto de “persona”, cuando no se habla de un ser humano genérico, sino que es concreto y particular, que se diferencia de los demás por esos caracteres que lo hacen singular, y que responden a sus aptitudes y aspiraciones más profundas, que son un rasgo cualitativo en su ser, porque se desarrollan en el sujeto de manera progresiva y permanente porque él lo sabe, lo desea y pone para ello sus facultades en práctica, que es su propio proceso educativo, lo que significa que el hombre se hace persona por y a través de la educación, “porque la educación lleva al hombre a su plenitud como persona”.(Chavarría, 2001: 39).

En este sentido, la persona tiene una serie de posibilidades perfectivas que ha de actualizar con su propio esfuerzo, tiene la capacidad de recibir estímulos e influencias que sean acordes a sus necesidades y para integrarlos en su propio ser

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de manera que efectivamente le perfeccionen, y a esta capacidad se le denomina educabilidad o facultad propia del hombre de ser educado.

La educabilidad equivale a la perfectibilidad, y esta capacidad es la que tienen los niños albergados, sólo hay que proveerles de los medios necesarios por parte de los futuros padres para que continúen por el sendero de su propio perfeccionamiento como personas.

Para que ellos puedan tener un mejor futuro, es preciso que se cumpla con uno de sus derechos para que este desarrollo se dé de una manera más rápida y positiva, y es integrarlos a una familia, al ser el hábitat natural e ideal en el cual deben nacer, crecer y morir los seres humanos.

¿Por qué pugnar por una familia?, “porque es ahí en donde los seres humanos empezamos a aprender a ser personas, porque la familia constituye una comunidad de amor y solidaridad insustituible para la transmisión de valores humanos”

(Chavarría, 2005:15), y su fortaleza se encuentra en el amor conyugal, por lo que los miembros que integran esta estructura primaria de convivencia se relacionan con una historia de donación, amor y reglas.

En la familia existe lo que los niños albergados requieren, una historia en común, que es el apego a una relación, para que los lazos del amor se fortalezcan, independientemente si son por consanguinidad o por filiación, lo importante es compartir esa intimidad que sólo puede dar la familia, en el que cada miembro tiene una biografía que es importante para los demás.

La familia es una estructura de humanización y por lo tanto un patrimonio social, pues es en este comunidad de intimidad en donde se asume y se da, y por tanto se resguardan los derechos más originarios de cada una de las personas que la integran, y en donde cada miembro es importante sólo por existir, no por desempeñar en la vida social un rol en especial.

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En la familia cada persona es valorada y amada por lo que es, por el solo hecho de ser ella, se le da un valor personal e irrepetible a la vida humana, participando de sus ideales, sus aficiones, y compartiendo alegrías y penas, así como poniendo los medios para que superen errores, ya que es el entorno doméstico en el que se favorece el desarrollo de las virtudes morales, actitudes sociales, hábitos de comportamiento, así como habilidades y destrezas.

Pero para que haya una familia primeramente se tiene que dar un matrimonio, que para efectos de esta investigación es el cimiento básico sobre el cual se debe edificar la familia para el niño adoptante, sobre todo porque la ley permite a personas solteras la adopción de menores, pero la autora de la presente tesis considera que al niño hay que darle el bien mayor, que es una familia.

Puede haber algunos casos de excepción en donde es mejor para los menores ser insertados nuevamente a su familia extensa, aún cuando ya no sea con sus padres biológicos, sobre todo porque será preferible esa relación de afectividad y apego con sus familiares, que iniciar una nueva etapa con una familia distinta, en donde existe un rompimiento de costumbres y en la que se tiene que dar una nueva adaptación.

Pero en el caso de que los niños no puedan ser reinsertados en su familia consanguínea, la mejor opción será sin duda otra familia unida por un matrimonio, al ser una relación que sobresale por la culminación del amor entre un hombre y una mujer en la unión conyugal jurídicamente reconocida, y en la cual ambos adquieren ciertos derechos y obligaciones.

El matrimonio es el fundamento básico de una familia, es el que da estabilidad emocional, física, y financiera a todos sus miembros, y apoyados en Millán (1989), el matrimonio, por intención de la naturaleza, se ordena a la educación de la prole, no sólo por largo tiempo, sino por toda la vida de la prole.

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El matrimonio constituye una comunidad total de vida entre el hombre y la mujer, y no se limita a un contrato social, existe una unión conyugal en la que ambos velan por el bien del otro y de los hijos que vendrán como descendencia.

Asimismo, el papel de la familia en la formación del los hijos es fundamental por el servicio que presta, ya que la labor de los padres es esencialmente ser educadores, o dicho de otro modo, el significado de la paternidad es esencialmente educativo, por lo cual los padres adoptantes, que son aquellos que están interesados en un niño albergado, tendrán una función preponderante en la vida del menor, pues de ellos dependerá la educación que reciba el niño.

Entiéndase como educación el perfeccionamiento de la persona, y para el caso de la investigación, la educación desde la perspectiva filosófica de Santo Tomás, es algo que el padre da al hijo, ya que el oficio del padre no sólo es la procreación, sino también la educación.

Lo natural es que la educación la realicen los padres, y la excepción, que eduque otra persona, cuando las circunstancias lo requieren, como puede ser un pariente o el propio gobierno que debe velar por el bienestar integral del niño.

Educar consistirá en promover ese desarrollo integral ajeno, en orientar a otros hacia la capacitación y asimilación de valores de su propia persona, de tal manera que les perfeccione, es decir, les haga ser cada vez mejores. Con ello también podrán hacer cosas mejores aportando con creatividad una mejora social. (Chavarría, 2005: 36).

Desde el punto de vista filosófico, la educación no es una realidad sustancial, sino algo que se inscribe en el dominio de los accidentes, así lo manifiesta Millán (1989), cuando dice que “La educación no es un ente, la educación no es un ser, sino forma de un ser, mas no es forma sustancial sino forma accidental”. (Millán,1989:30).

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El proceso educativo es un proceso de perfeccionamiento y éste puede ser de dos maneras. El perfeccionamiento natural (evolución de la naturaleza sin finalidad alguna), y el perfeccionamiento intencional, que exige conocimiento del fin, que es obra del intelecto y tendencia a realizarlo, que es tarea de la voluntad, en todo caso, intervención humana aprovechando los factores naturales. (Chavarría, 2005:91).

La educación intencional es lo que puede ayudar a los niños albergados a promover su perfeccionamiento como personas, pues ellos tienen la capacidad para hacerlo, y los padres adoptantes son quienes deberán convertirse en los primeros gestores de ese desarrollo y crecimiento personal, pues serán ellos los principales educadores, es decir, las personas al servicio del perfeccionamiento ajeno, sin embargo, al mismo tiempo ellos siguen siendo educandos, porque el ser humano es perfectible de manera vitalicia y nunca termina su educación.

Los futuros padres serán los nuevos responsables de la educación de esos niños, no obstante, es necesario resaltar que la labor educativa no sólo depende del educador, sino de la voluntad del educando, por lo que el valor del educador no está en los resultados obtenidos, él sólo es una parte importante en el proceso de aprendizaje, quien tiene la última palabra es el educando porque es él quien hará propio lo transmitido.

El panorama no es fácil, y como lo señala Chavarría (2005), la meta de los padres adoptantes debe ser la educación integral de su hijo, que en otras palabras significa el proceso de desarrollo humano en el que se da el desenvolvimiento de todas las facultades humanas, la mejora y enriquecimiento de la persona en todo aquello en lo que le es posible mejorar, en todas las áreas de su personalidad, en todas las ramas de la cultura. Esto coincide con la recepción de valores y la creación de bienes culturales por cada persona.

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En este proceso educativo, los padres adoptantes tienen que considerar algunas características de los niños, que los hacen diferentes a los de otras casas hogar, sobre todo porque de los que están disponibles para adopción, que se les llama niños con situación jurídica resuelta porque la institución ya ganó el juicio de pérdida de patria potestad, son menores en situación vulnerable, debido a que, tanto la madre como el padre no se hicieron cargo de ellos como correspondía, y en el peor de los casos, quizá fueron víctimas de maltrato psicológico, físico o en el más lamentable de los asuntos, fueron abusados sexualmente, y esto les deja secuelas con las cuales deben trabajar con un profesional tanto los padres adoptantes como los hijos adoptivos.

Los padres adoptantes deben tomar conciencia que el solicitar la adopción de un niño de la Casa DIF no es tan sencillo, y menos si tienen más de cinco años, sobre todo porque se rompe el sueño de todo matrimonio de llegar y que inmediatamente le digan que le tienen un niño expósito para que se lo lleve, eso casi no ocurre, son muy pocos los casos que se presentan, realmente es complicada la llegada de esos niños, que son los abandonados y de los que se desconoce completamente a sus padres o familiares cercanos, al no haber rastro de sus orígenes, aún cuando se inicia la investigación por parte del Ministerio Público para dar con sus padres.

Los niños a los cuales hace referencia la investigación son a los de Casa DIF, que es un albergue o internado temporal mientras se resuelve su situación jurídica para reintegrarlos a su hogar, o bien pelear la pérdida de la patria potestad, dependiendo del caso, y ser dados en adopción. Mientras se encuentran en esta institución, se les proporciona asistencia social a menores de ambos sexos, ofreciéndoles educación formal en escuelas públicas, cuidados físicos y de salud, alimentación, y también recreación.

A diferencia de otros hospicios, que son asilos en los que se da alojamiento y educación a niños pobres, abandonados o huérfanos (menor que pierde a su padre o madre o a alguno de los dos y que no es cuidado por ninguno de ellos), entre los

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cuales también se encuentran las Casas Cuna, como establecimientos que atienden a menores de ambos sexo entre los 0 y 8 años, Casa DIF es diferente, sobresale por un trabajo jurídico arduo para que no se institucionalicen los niños en ese sitio, debido a que los infantes están de manera transitoria mientras se resuelve su situación legal, y da cabida a niñas de 0 a 12 años, y a niños de 0 a 8 años, pero si no logran ser adoptados, son canalizados a otra casa hogar en donde se recibe a niñas y niños de una edad superior a las referidas, sin embargo, a partir de esta edad todas las casas hogar que hay en el país son de carácter privado, ninguna depende del Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF).

En términos de albergues se conoce como institucionalización, cuando un niño dura más de dos años en una casa hogar (establecimiento que atiende a niños y niñas hasta los 18 años) mientras se resuelve su situación jurídica, ya que pasan los años y los menores siguen viviendo ahí en espera de regresar con sus parientes o con una familia nueva.

La institucionalización le aporta al niño las herramientas necesarias para que se prepare intelectualmente y también les dan valores, pero no pueden tener ese apego y seguridad que brinda una familia, porque aparte de la orfandad física que tiene, porque carece de la presencia física de su padre, madre o de ambos, presenta una orfandad psicológica, que es cuando los niños se dan cuenta de que sus padres no se hacen cargo de ellos por distintas causas.

Los orfanatos e internados, son instituciones que se encargan del cuidado de los menores de edad, huérfanos o abandonados, o de niños y adolescentes que las propias autoridades han separado de sus progenitores. En estos lugares se les brinda protección y seguridad, pero carecen del contacto permanente y el amor de una familia, aún cuando la posean, ya que hay casos en donde son los propios padres, por situaciones económicas, que los dejan ahí porque no los pueden mantener, y esto es lo que ocurre en la Ciudad de los Niños, que algunos tienen un contacto esporádico con sus padres.

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Es necesario resaltar estas diferencias conceptuales porque en Casa DIF la situación de los niños no es tan libre como en la Ciudad de los Niños o en otras Casas Hogar, aquí si los padres quieren ver a sus hijos tiene que ser bajo la supervisión y autorización de las autoridades competentes del DIF Estatal, sobre todo porque esos niños están inmersos en un proceso legal que debe seguir sus tiempos.

Los padres adoptantes al saber las características de la institución a la cual acuden para buscar un hijo, deben considerar el gran paso que darán, porque ese niño será para toda la vida, no para que se arrepientan y lo regresen a las primeras dificultades.

La adopción es un acto jurídico que permite al padre adoptivo y al niño adoptado tener los mismos derechos, privilegios y responsabilidades que tienen las familias de nacimiento. Los padres asumen el compromiso legal de velar por cubrir las necesidades físicas y emocionales del niño, al transferirles a ellos la patria potestad del menor.

Por otro lado, la adopción también es una cuestión de adaptación, es decir:

Un acoplamiento activo al medio, una lucha en la que se reordena de acuerdo con los objetivos de la persona interesada: el ambiente se modifica, pero en este proceso la persona también sufre modificaciones, es una posición interactiva. Es lograr determinadas habilidades sociales que le permitan interactuar con las demás personas sin fricciones. (Bigge y Hunt ,1991: 121).

En la adaptación al medio, se puede aplicar la teoría de Piaget (1964, citado en Santrock 2006), quien pensaba que a medida que un niño intenta comprender el mundo, su cerebro en desarrollo crea esquemas que son acciones o representaciones mentales para organizar el conocimiento.

Propone que, al igual que el cuerpo físico, mismo que tiene estructuras que permiten adaptarse al mundo, el ser humano construye estructuras mentales para adaptarse al mundo. La adaptación implica ajustes a las nuevas necesidades del entorno. La

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