APÉNDICE AL CAPÍTULO IV
D. Juan ve con tristeza pero sin envidia las ventajas que le lleva su rival; y aunque con poca esperanza se resuelve á declarar á la
hermosa joven la vehemencia de sus sentimientos. Esta escena de
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«arrollada de mano maestra, es una de las mejores de la comedia, pues presenta en original contraste la resignada timidez del galán con el franco despejo de la dama, resultando de aquí una situación eminentemente cómica. Apenas ha comenzado D. Juan ápintarcon apasionados colores la impresión que le causan las gracias de la be
lla D? Ana, cuando ésta le interrumpe diciéndole:
h? Ana.
Tened D. Juan, esto ¿para.
Todo en que amor me tenéis?
D. Juan.
No, porque ya lo sabéis, Y en vano el tiempo gastara.
DÎ Ana.
¿En que os morís?
D. Juan.
No, sefiora, Pues ni en morir parará;
Que en el alma vivirá El amor que os tengo ahora.
D* Ana.
¿Pára en pedirme que os quiera?
D.Juan.
Ni llega, sefiora, ahí;
Que no hay méritos en mi Para que á tal me atreviera.
DI Ana.
Pues decid lo que queréis.
D. Juan.
Quiero,. . . Sólo sé que os quiero, Y que remedio no espero,
Viendo lo que merecéis.
Como el mísero doliente Q-.tc en el lecho íat'gado.
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A cualquier parte inclinado, Los mismos dolores siente, Y por huir del tormento Que en cada lado es mayor, Busca alivio á su dolor En el mismo movimiento;
Así yo con mi cuidado Vengo á vos, dueño querido.
No de esperanza inducido, Sino de dolor forzado;
Por no morir con callallo, No por sanar con decillo;
Que es imposible el sufrillo Como lo es el remediallo.
Y así no os ha de ofender Que me atreva á declarar, Pues va junto el confesar Que no os puedo merecer.
D‘ Ana.
¿Queréis más?
D. Juan.
¿Qué más que vos?
Si queréis saber mi estado, En que os quiero está cifrado.
D“ Ana.
Pues, señor D. Juan, adiós.
I). Juan.
Tened. ¿No me respondéis?
¿Desta suerte me dejáis?
D* Ana.
¿No habéis dicho que me amáis?
D. Juan;
Yo lo he dicho, y vos lo veis.
D* Ana.
¿No decís que vuestro intento
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No et pedirme que.yo osqúiera, Porque atrevimiento fuera?
D. Juan.
Así lo he dicho, y lo siento, D“ Ana.
¿No decís que no tenéis Esperanza de ablandarme?
D. Juan.
Yo lo he dicho.
Da Ana.
Y que igualarme En méritos no podéis,
¿Vuestra lengua no afirmó?
D. Juan.
Yo lo he dicho de ese modo.
Di Ana. Pues si vos lo decís todo
¿Qué queréis que os diga yo? (Pase) D. Juan.
¡Oh! venga la muerte, acabe Con vida tan desdichada Que sólo puede su espada Remediar pena tan grave.
¿Qué delito cometí En quererte, ingrata fiera?
¡Quiera Dios!. .. Pero no quiera;
Que te quiero más que á mi.
Muy distinta era la condición de Ü. Mendo, que podía llamarse un feliz mortal, especialmente favorecido en asuntos de amores, de lo cual se jactaba con ese vanistorio, inseparable compañero de la fatuidad:
M9 En el signo de León Marte y Venus concurrieron De mi nacimiento el día, Y si hay cierta astrologia, Ellos amable me hicieron.
Amante correspondido de D? Ana con quien pronto efectuaría su enlace, conservaba aún relaciones con la prima de aquella, D?
Lucrecia, la cual no dejaba de cansar con celos impertinentes á su veleidoso galán, despreciando por ende las amarteladas instancias de un Conde.
Recién llegado á Madrid el Duque de Urbina, se acompaña de D. Juan y D. Mendo,con quienes va también Beltrán, criado del pri
mero, en un paseo nocturno para que le informen sobre el estado y cualidades de los principales vecinos, y sobre los peligros y ase
chanzas en que suelen caer los forasteros. Esto da lugar á las res*
puestas antitéticas de los acompañantes, pues los elogios del prime*
ro son contestados por el segundo con satíricos comentarios más ó menos picantes:
D. Mendo.
Esta es la Calle Mayor.
D. Juan.
Las Indias de nuestro polo.
D. Mendo.
Sí hay Indias de emprobecer, Yo también Indias la nombro.
D. Juan.
Es gran tercera de gustos.
D. Mendo.
Y gran cosaria de tontos.
D. Juan.
Aquí compran las mujeres.
D. Mendo.
Y nos venden á nosotros.
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Duque.
¿Qgién habita en esta casa?
D. Juan.
D. Lope de Lara, un mozo, Muy rico, pero más noble.
D. Mendo.
Y menos noble que tonto.
(Hacen dentro ruido de baile.)
Duque. Tened, que bailan allí.
D. Juan.
San Juan es fiesta de todos.
D. Mendo.
Yo aseguro que van éstos Más alegres que devotos.
Duque.
¿Quién vive aquí?
D. Juan.
Una viuda
Muy honrada y de buen rostro.
D. Mendo.
Casta es la que no es rogada:
Alegres tiene los ojos.
Beltrán
¡Bien haya tan buena lengua!
¡Vive Cristo, que es un Momo!
D. Juan.
Esta imagen puso aquí Un extranjero devoto.
D. Mendo.
Y entre aquestas devociones No le sabe mal un logro.
«S»
D. Juan.
Un regidor desta villa Hizo este hospital famoso.
D. Mendo.
Y también hizo los pobres.
Beltrán.
(Por Dios que lo arraza todo.)
En este momento aparecen en la ventana D? Ana y Celia, pues aquella había vuelto de Alcalá con objeto de pasar la noche de San Juan en Madrid, y al pasar por el frente de su casa se continúa el diálogo en los siguientes términos:
Duque.
¿Cuyos son estos balcones?
D.Juan.
De D? Ana de Contreras:
El sol por sus vidrieras Suele abrasar corazones.
D· Ana.
Escucha, que hablan de mí. (Λ/. à Celia. )
Duque.
jEs la viuda de Siqueo?
D. Juan.
La misma.
Duque.
Verla deseo.
D. Mendo.
Pues agora no está aquí.
(Ni yo en mí, que estoy sin ella.)
D. Juan hace luego un cumplido elogio de D? Ana, puniendo por