Han utilizado los servicios de urgencias en el último año el 26% de los niños, frente al 22% de las niñas.
Finalmente, respecto a hábitos de vida, y siempre según la apreciación de los padres, el promedio de horas de sueño de los niños es 9,81 horas diarias, frente a 9,76 de las niñas. Más fuertes que las restantes diferencias son las relativas al hábito del ejerci- cio físico, que es a la larga muy saludable aunque genere en el corto plazo numerosas lesiones leves. El 26% de los niños, frente a sólo el 15% de las niñas, realiza entrenamiento físico varias ve- ces a la semana. En los demás niveles de entrenamiento físico o deporte, las diferencias entre niños y niñas son menores, aunque se mantiene la misma tendencia de menor actividad o mayor se- dentarismo por parte de la niñas. Es una práctica aprendida en la niñez que se hará mucho más fuerte a medida que pasen los años y se intensifiquen las diferencias de modelos sociales y disponibi- lidad de tiempo propio.
yor (10,4%) que las mujeres (9,0%). Donde las diferencias son considerables es en el lugar en que los accidentes se han produ- cido, porque la localización refleja las diferentes pautas espa- cio/temporales según género. La mayoría de los accidentes tie- nen lugar donde más tiempo se pasa y más actividades se realizan. Por ello, el 41,1% de los accidentes sufridos por muje- res tienen lugar en el propio hogar, frente a sólo el 8,6% de los varones, en tanto que el 20,0% de los accidentes de varones, frente a sólo el 5,3% de los de las mujeres, tienen lugar en el centro de trabajo o estudio. Con los datos de las Encuestas Nacionales de Salud no es posible conocer el origen mediato de los accidentes ni en qué medida son resultado de violencia do- méstica (malos tratos, agresiones) o de violencia externa, o si tienen un componente sexual claro (abusos, violaciones, intimi- dación psicológica, etc.). Para este tipo de problemas, con un contenido tanto social y jurídico como estrictamente sanitario, hacen falta otros instrumentos de investigación de los que, desa- fortunadamente, carecemos. Durante 1999, los medios de co- municación y las organizaciones sociales y políticas difundieron frecuentemente los casos de malos tratos, que han sensibilizado altamente a la opinión pública, no sólo respecto a mujeres sino también respecto a niños y ancianos.
Los accidentes de tráfico de varones (35,2% del total de acci- dentes de varones) doblan la proporción (17,9%) de los de muje- res: en parte se debe a un mayor uso del automóvil y otros medios de transporte para desplazarse por motivos profesionales, pero también refleja unas pautas de comportamiento distintas en rela- ción al alcohol, la velocidad, la competitividad y el riesgo. Los ac- cidentes en la calle no debidos al tráfico son prácticamente igua- les para varones y mujeres. La peligrosidad de los accidentes es mayor para los varones; aunque la proporción de los que no ne- cesitaron acudir al sistema sanitario es casi igual para varones y mujeres (18%), y la de quienes acudieron a un centro de urgen- cias también (54% varones y 53% mujeres), la frecuencia de in- greso en hospital es mucho más alta en varones (10 frente a 1%
en mujeres), y en cambio en las mujeres es más elevada la pro- porción de quienes simplemente consultaron a un médico o en- fermera (28 frente a 17%).
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En los indicadores de corto plazo, esto es, los referidos a las dos últimas semanas, las mujeres dan valores de incidencia más altos que los varones: han sufrido más reducciones de su tiempo libre (18 frente a 13,5%), de su actividad principal (18 frente a 11%), han tenido que guardar cama en proporciones algo más al- tas (10 frente a 7,5%), han tomado medicamentos en mucha ma- yor proporción (62 frente a 46%) y han consultado más al mé- dico (30 frente a 21%).
Sin embargo, la duración del impacto suele ser mayor en los varones. La reducción del tiempo libre les afecta como media 6,93 días, frente a los 6,47 de las mujeres. El impacto sobre la acti- vidad principal dura 7,19 días, frente a 5,70 en las mujeres. Los días de permanencia en cama son 3,65 como media para los varo- nes y 3,40 para las mujeres. El índice combinado de incidencia y duración ofrece un perfil más preciso de las demandas de cuida- dos totales, y es menos diferenciado por género que el de inci- dencia.
La mayor morbilidad y uso de servicios sanitarios por parte de las mujeres adultas es un tema muy conocido y analizado en so- ciología de la salud. A ello contribuyen tanto causas de tipo orgá- nico como culturales y organizativas. Además de los cuidados del aparato reproductivo, que no se corresponden en sentido estricto con enfermedades (prevención de embarazos, cuidados durante la gestación, partos, etc.) y son muy superiores a los de los varo- nes, las mujeresconstruyen su cuerpoen mayor medida que los va- rones (dermatología, estomatología, endocrinología, oftalmolo- gía, etc.) y no están obligadas a parecer fuertes. En ese sentido pueden reconocer más fácilmente su debilidad o necesidad de ayuda médica. Además, las mujeres son las depositarias —por tra- dición cultural— de las funciones de cuidado de la salud de to- dos los miembros del hogar y están más habituadas al contacto con la enfermedad y con las instituciones sanitarias. La mayor fle- xibilidad de sus presupuestos de tiempo (las no asalariadas) tam- bién favorece la accesibilidad a la consulta o tratamiento en el sis- tema sanitario. No es raro que actúen de intermediarias entre el sistema sanitario y sus familiares; por ejemplo, la proporción de mujeres que acudió a la consulta médica solamente para la dis- pensación de recetas fue de 13,4%, frente a sólo el 9,6% entre los
varones. En cambio, el 1% de las consultas de varones, frente a sólo el 0,3% de las mujeres (una tercera parte), tienen una moti- vación burocrático-laboral (partes de alta o baja).
Según esta encuesta el índice de hospitalización anual es, en su conjunto, prácticamente idéntico para varones (7,9%) y para mujeres (8%), aunque en éstas es algo más repetida la utiliza- ción. El número medio de hospitalizaciones es de 1,18% en varo- nes y 1,40% entre mujeres. En cuanto a la duración de las estan- cias, la media es 11,41 días para los varones y 8,19 días para las mujeres. El índice combinado de incidencia, número medio de veces y número medio de días de hospitalización, es 106,34 para los varones y 91,73 para las mujeres. Expresado de otro modo, cada varón adulto requiere al cabo de un año, según la Encuesta Nacional de Salud, un promedio de 1,06 días de hospitalización, mientras que cada mujer requiere 0,92 días de hospitalización.
Sin embargo, la hospitalización tiene causas muy distintas para varones y mujeres, ya que el 25,6% de las hospitalizaciones de las mujeres se deben a partos. Si se excluyesen las hospitaliza- ciones por este motivo, el índice anual de hospitalización para las mujeres en la época actual (6%) sería sensiblemente inferior que para los varones.
El índice de uso de urgencias anualmente es también similar para varones (18%) y mujeres (18,5%).
En cuanto al tipo de sistema sanitario utilizado, sea cual sea el tipo de atención recibida, hay pocas diferencias por género. La más llamativa (por constante, aunque no por su intensidad, que es moderada) es que las mujeres tienden a usar en proporciones más elevadas que los varones los servicios sanitarios privados o particulares, o sufragados a su propio cargo. Se debe principal- mente a que las mujeres que no tienen empleo, aunque cubiertas en la Seguridad Social por su maridos o padres, no disponen de tantas facilidades como los varones para acceder a los servicios sa- nitarios ofrecidos directamente por las empresas o centros de tra- bajo, ni indirectamente, a través de las sociedades médicas que atienden a los empleados. Incluso, para las mujeres con empleo, los centros de trabajo raramente ofrecen in situ los tipos de servi- cios médicos especializados que tienen mayor demanda entre las mujeres (ginecología, endocrinología, etc.).
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