Principio: Fentanilo Transmucoso (Actiq)
Presentacion: 200, 400, 600, 800, 1200, 1600. cada caja contiene 3 Unidades (40 ).
Comentario:El manejo de esta sustancia requiere colaboración del paciente: es fundamental tam- bién que el paciente y familiares conozcan anticipadamente los efectos secundarios de este poten- te opioide, que incluyen somnolencia, estreñimiento, vértigos, náuseas y vómitos. Otros problemas
prácticos en el uso de este nuevo fármaco serían la sequedad de mucosas ocasionada (que dificul- ta la absorción de esta sustancia) y la tendencia de algunos pacientes a deglutir el fármaco en vez de mantenerlo en la cavidad oral. Adicionalmente debe evitarse la ingesta de alimentos ácidos inmediatamente antes de la administración de fentanilo transmucoso.
Posología: Es precisa una titulación individual de dosis en todos los casos. Debe chuparse sin mas- ticar. Se considera dosis eficaz aquélla en que una unidad de determinada dosis controla cada epi- sodio de dolor. Si no se obtiene una analgesia apropiada a los 15 minutos debe consumirse otra unidad. Sin embargo, no deben usarse más de 2 unidades. Si se hacen necesarias 2 unidades para el tratamiento de episodios consecutivos de dolor irruptivo debe plantearse ascenso de dosis de Actiq. Si aparecen más de 4 episodios de dolor irruptivo al día durante varios días consecutivos debe plantearse el ascenso de dosis del opiáceo de acción prolongada utilizado para el control basal del dolor. Una vez aumentado podría ser necesario aumentar también Actiq.
En especial: mantener fuera del alcance de los niños.
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III Curso de Formación SEOM en Cuidados Continuos
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El dolor es el síntoma más frecuente y severo en el cáncer avanzado. Más del 80% de los pacientes experimentan dolor en esa fase de la enfermedad, y en 2/3 de esos pacientes el dolor es de inten- sidad moderada o severa. El tratamiento de elección para el dolor neoplásico crónico moderado o severo está basado en el uso de los fármacos opioides, entre los cuales la morfina es el paradig- ma, siendo eficaz en el 85% de los casos. La preferencia del uso de la morfina está motivada, no sólo por dicha eficacia analgésica, sino también por su extensa experiencia clínica, flexibilidad de dosis y múltiples formulaciones y vías de administración. Los mitos sobre el uso de la morfina sobre la adicción, tolerancia, dependencia, y depresión respiratoria, actualmente ya han sido cla- ramente superados, por lo que su uso está, en general, ampliamente desarrollado. La morfina es una medicación segura y eficaz cuando es utilizada correctamente, incluso en personas severa- mente debilitadas. La Organización Mundial de la Salud considera a la morfina como la droga de elección para dolor por cáncer de intensidad moderada o severa así como cuando otros analgési- cos más débiles fracasan. Las guías clínicas de la OMS incluyen su uso en el tercer escalón anal- gésico para el manejo del dolor oncológico, con el objetivo de conseguir una reducción del dolor mediante el uso eficaz de un número limitado de fármacos potentes. Así, en el primer escalón se contempla el uso de fármacos no opioides –antiinflamatorios no esteroideos, por ejemplo -, en el segundo escalón se incluyen los opioides débiles –codeína- asociados a fármacos no opioides, y en el tercer escalón se incluyen los opioides mayores como la morfina, asociados a fármacos no opioides.
Una de las características del tratamiento con opioides, sin embargo, es la diferente respuesta entre diferentes individuos, con diferencias significativas en las dosis necesarias, así como en los efectos secundarios. Por ello es difícil predecir de antemano, por las características del paciente, qué opiáceo va a ser el mejor. Esta variabilidad en respuesta y en efectos secundarios es conocida desde hace años, pero sólo recientemente ha podido atribuirse a mecanismos genéticos, con lo que ha surgido, gracias a la farmacogenómica, la posibilidad de individualizar los tratamientos con opioides.
El dolor es una sensación subjetiva compleja que puede variar de un paciente a otro, así como de un momento a otro en el mismo paciente. Debido a esa complejidad interpersonal y temporal, así como a su subjetividad, la valoración del tipo y severidad del dolor no es siempre satisfactoria.
Dado que no existe un test objetivo de valoración, ésta se debe realizar mediante la observación y los detalles verbales suministrados por el paciente. La observación, muy útil en el dolor agudo, apenas proporciona datos en el dolor crónico. La descripción verbal por parte del paciente, suele ser de difícil interpretación dado que el dolor solo puede ser descrito en base a experiencias pasa-