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El apoyo emocional se refiere al grado en que la necesidad emocional básica de una persona relativa a resolver problemas en el trabajo es gratificada a través de la interacción con otras personas.
Las variables organizacionales señaladas pueden convertirse en generadoras de estrés al actuar de factores barrera y dificultar el proceso de enseñanza/aprendizaje desarrollado para alcanzar los objetivos de aprendizaje fijados por el profesor. La importancia de los factores barrera en el desarrollo del estrés ha sido destacada por diferentes modelos teóricos tanto de carácter general como modelo psicológico-social de estrés y burnout al afirmar que las barreras pedagógicas que interfieren el desarrollo del proceso instruccional no sólo dificultan alcanzar los objetivos de aprendizaje sino que además provocan burnout en el profesorado.
Autores como Salanova, Cifre, Grau, Llorens y Martínez (2005) se expresan en la misma línea cuando argumentan que “los obstáculos organizacionales son los factores del ambiente de trabajo que tienen capacidad para restringir el desempeño, requieren que las personas ejerzan un esfuerzo adicional (físico o psicológico) para superarlos, y se asocian a ciertos costes físicos o psicológicos” (p. 163).
Finalmente consideran señalar que dichas barreras pedagógicas (o potenciales estresores) no son variables estáticas, sino dinámicas y cambiantes en función del espacio-tiempo.
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experimenten fuertes presiones y contradicciones, que pueden generar una experiencia estresante (Riart, Arís, y otros, 2013).
La realidad es siempre compleja y cuando se hace referencia a estos fenómenos se hace muy difícil hacer la tarea de separar cada una de ellas.
Al reflexionar sobre las mayores controversias en la actualidad nos encontramos que:
• Con la aparición de Internet se rompe la idea de una educación basada en la “transmisión de paquetes de conocimientos acumulados" para convertirse en un aprendizaje de cómo ser capaz de acceder en la red, y obtener el máximo provecho Hay que aprender a seleccionar la información y a proporcionar instrumentos para procesarla con criterios constructivos.
• La sociedad-red plantea grandes retos en el mundo educativo. Estamos ante una verdadera revolución social y educativa. Este nuevo paradigma educativo provoca que el docente no sepa exactamente como “enseñar”
a sus alumnos y evidentemente acentúa el estrés, el personal, el de su colectivo y el estrés social general.
• Así mismo, se constata una crisis de valores. Nuevas generaciones con referentes mentales y laborales diferentes y actitudes sociales diferentes. Esto constituye un elemento importante en las nuevas generaciones que, en este punto pueden ser especialmente erráticas en normas, actitud e incluso valores sociales y laborales.
• Por último, nos referimos a una difícil previsión de futuro a nivel social y comunitario. Vivir en la actual sociedad del conocimiento implica desarrollar nuevas habilidades y una actitud de aprendizaje continuado a lo largo de la vida.
En este contexto es relevante la misión de los maestros para interpretar y proyectar el perfil competencial del entorno a los itinerarios formativos, integrar nuevas maneras de construir conocimiento y adecuar la calidad de la enseñanza. -Si la educación quiere promover cambios sociales lo que
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tiene que hacer es educar personas: participativas, independientes, críticas, flexibles y creativas.
Pero la escuela, y los profesores no son más que uno de los agentes socializadores, su acción depende y a la vez refleja totalmente de los rasgos de la sociedad. Los maestros no pueden hacer el trabajo solo, pero sobre todo, no lo pueden hacer si están angustiados o estresados. Las instituciones, la administración y los propios docentes tienen que ser conscientes de la importancia de la prevención de la salud profesional. Es preciso un esfuerzo para incrementar las intervenciones, que ayuden los docentes a afrontar con eficacia las tensiones del día a día y del futuro inmediato.
Por ende, ya casi nadie pone en tela de juicio que la profesión docente es siempre una actividad ambivalente. Por una parte, la enseñanza puede vivirse con optimismo, y convertirse en una forma de autorrealización profesional, ya que en ella podemos darle sentido a toda una vida. Por otra parte, no es posible esconder la otra cara de la profesión docente: una profesión exigente, a veces físicamente agotadora, sujeta siempre al juicio de un público que con sus preguntas nos pone a prueba, no solo en nuestros conocimientos, sino también en nuestra propia coherencia personal.
Los estudios sobre trabajo de los docentes ha crecido en cantidad, en contundencia teórica y metodológica los últimos veinte años, pero se ha descuidado a los factores de riesgo psicosocial (Cornejo, 2009). Esto evidencia la existe escasa investigación acerca de la condición laboral docente o salud laboral física y mental en el Perú, sobre todo en el ámbito de la educación rural.
La realidad de vulnerabilidad en que se desenvuelve el profesor hoy en día es una constante de manifestaciones de enojo, ira, decepción, desesperanza, desmotivación, etc. Como consecuencia de la sobrecarga del trabajo impuesto por las instituciones en donde ejercen sus funciones y los objetivos para alcanzar metas en aprendizajes los lleva a trabajar fuera
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de las horas de su contrato, el bajo reconocimiento a su labor, los precarios sueldos junto con el proceso de proletarización, las múltiples dificultades por la falta de materiales de apoyo y de infraestructura para llevar a cabo sus clases, están expuestos a un alto nivel de inestabilidad de continuidad laboral, ejercer un mínimo de autonomía en la clase a causa de la estandarización, además de la falta de interés y apoyo por parte de las autoridades para resolver los problemas que los aquejan; son el escenario de las condiciones laborales de los docentes (Terachi, 2012 ).
Actualmente el rol docente ha cambiado y se han constatado profundas modificaciones del contexto social y, concretamente, en las relaciones interpersonales que se establecen en el ámbito educativo. Basta echar una breve ojeada a los medios de comunicación, (televisión, prensa, etc.) para observar cómo se responsabiliza a los maestros de problemas de diversa índole, desde los que se dan tanto dentro del contexto escolar, en lo que atañe a las relaciones profesorado-alumnado (conflicto escolar, falta de asimilación de los contenidos curriculares ente los estudiantes, etc.), así como los referentes a cuestiones de tipo social, (violencia, desprestigio, adicciones, malos hábitos, etc.).
Podemos considerar que estrés laboral docente es un problema social y de salud pública. Algunos profesionales se ven forzados a implicarse durante muchas horas en las inquietudes de las personas con las que realizan su actividad laboral. Este es el caso de los maestros y docentes en general, cuya relación profesional se centra en el niño o el adolescente y, concretamente, en sus problemas, dificultades e inquietudes. El ejercicio continuado de la función docente en tales condiciones, va creando una acumulación de sensaciones, así como un desgaste personal y el profesorado se siente, personalmente y profesionalmente, abrumado y desconcertado, con fuertes contradicciones entre sus derechos y deberes.
Todo ello puede conducir al estrés crónico y comportar el cansancio emocional y, finalmente, el estado definido como agotado, “quemado”.
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Por ello, en el entendimiento y estudio actual de la resiliencia es importante tomar en cuenta que puede ser vista como un proceso en el que es necesario que el docente se encuentre expuesto a una importante carga de estrés y adversidad, y sus esfuerzos por contender con ellos terminen orientándose hacia una adaptación positiva a pesar de sufrir agresiones a lo largo del proceso de desarrollo. Una vez echado a andar el proceso resiliente, podríamos anticipar tres escenarios de respuesta:
• Que los individuos en riesgo muestren una mejor evolución a la esperada.
• Que una adaptación positiva se mantenga a pesar de experiencias estresantes.
• Que se llegue a una buena recuperación después de un trauma.
Vanistendael (1994) distingue cinco dimensiones de la resiliencia: la existencia de redes sociales informales, el sentido de la vida (trascendencia), una autoestima positiva, la presencia de aptitudes y destrezas, y tener sentido del humor.
Según Otero (2014), los recursos personales constituyen un poderoso tamiz de la influencia negativa de los estresores, constituye uno de los aspectos con mayor consenso en el ámbito de la Psicología Positiva que asocia el burnout con niveles bajos de resiliencia. Aspecto que ha conducido a investigadores a considerar su mejora para mitigar el riesgo de estrés en el ámbito laboral.