1.3 Sociedades estatales
1.3.2 Las ciudades antiguas
1.3.3.2 Los templos
37 subir una grandiosa escalinata. Los palacios residenciales, llamados quihuitáo (“hermoso palacio” en zapoteca) son de menores dimensiones conformados por doce o más cuartos sobre una plataforma baja cuadrangular de 20 a 25 m. por lado. Estos cuartos, que presentan grandes bloques de piedra formando sus jamabas y dinteles, fueron la residencia de las familias nobles y de sirvientes; no parece haber en ellos habitaciones para artesanos (figura 13). Un poco en el interior del palacio, muy cerca de la entrada, había un muro, un pasillo o algún elemento arquitectónico que impedía ver hacia el interior o pasar directamente al conjunto.
Figura 13: Plantas en perspectiva de palacios residenciales zapotecas de Monte Albán.
(Flannery, 1998:24; Marcus, 2001: 256)
38 Los templos de la religión oficial del estado generalmente forman parte de los núcleos monumentales de las ciudades.
La estandarización en la forma incluye las plantas constructivas de los templos, la orientación del edificio y la decoración. En el caso de los templos mesopotámicos, desde el siglo IV a.C. se establece la planta tripartita, con una nave alargada en el centro que presenta en el extremo principal un altar y una mesa para ofrendas (Flannery, Op. cit.). A los lados largos de la nave principal se construían pequeñas habitaciones que servían de almacenes para lo ofrendado. Eran estructuras de ladrillos o adobe que en el exterior tenían decoración de contrafuertes y en al interior aplanados de cal con motivos pintados. Las esquinas del edificio orientadas a los cuatro puntos cardinales (Fig. 14)
Figura 14: Planta del templo mesopotámico de Eridú, construido alrededor del año 4,000 a.C. Ya muestra la planta tripartita (nave principal y cuartos adosados) que caracterizarán a los templos en
tiempos dinásticos del estado sumerio. (Flannery 1998: 38)
Para Mesoamérica, en las regiones del Valle de Oaxaca y Valle de México Flannery (1998: 40) considera que los templos más comunes de los tiempos pre- estatales son de dos cuartos acomodados juntos en una planta relativamente
39 estandarizada y que tal pasó a los tiempos estatales. El cuarto interior era más sagrado en el cual los sacerdotes realizaban sus ritos, y uno menos sagrado al exterior (Figs. 15 y 16).
Figura 15: Plantas de templos estandarizados de: a, Templo X de Monte Albán, Oaxaca; b, templo de Chichén Itzá, Yucatán; c, Templo de la Cruz de Palenque, Chiapas. (Flannery, 1998)
Figura 16: Secuencia de 3 templos estandarizados en San José Mogote, Oaxaca, 100 a.C. a 250 d.C., época aldeana (Marcus y Flannery, 2006: Fig. 7)
40 No obstante que en algunas zonas de Mesoamérica hay variación en las plantas de los templos, podemos decir que una constante es el hecho de que siempre hay espacios o habitaciones reservadas para especialistas rituales o de mayor sacralidad que otras. Un elemento adicional común es la ubicación de los templos con las fachadas hacia los cuatro puntos cardinales y sobre basamentos piramidales o plataformas (Figura 17).
Figura 16: Plantas de algunos templos de las tierras bajas mayas del periodo Clásico: a. Templo de las Inscripciones, Palenque. b. Pirámide del Adivino, Uxmal. c. Templo, Uaxactún. d. Estructura K-
S, Piedras Negras. e. “El Castillo”, Chichén Iztá. f .Templo VII, Comalcalco. g. Templo I, Tikal. h.
Templo de las “Siete Muñecas”, Dzibilchaltún (Redibujado de Gutiérrez, 2010, 69).
En el caso del estado chimú en la costa del Perú los templos estandarizados tienen una planta de U cerrada, los más importantes ubicados sobre plataformas escalonadas elaboradas de adobe a los cuales se accedía por rampas. Junto a estos templos generalmente se ubicaban las habitaciones de los sacerdotes.
41 1.3.3.3 Tumbas reales
Algunos investigadores han tomado como indicador de gobierno estatal la presencia en los sitios antiguos de enterramientos con grandes ofrendas o grandes tumbas. Sin embargo, esto no siempre es así. Al respecto de esa generalización a partir de sólo ese indicador, Flannery apunta:
Desafortunadamente, las tumbas son pistas algo escurridizas, ya que no hay una clara distinción entre el entierro de un rey y el entierro de un jefe supremo. Algunos jefes supremos en Panamá, por ejemplo fueron enterrados sobre un capa de 20 o más empleados sacrificados, acompañados de joyería de oro (Lothrop 1937). (Flannery, 1998:46)
¿Cómo distinguir entre la tumba de un jefe cacical y la de un rey o jefe de estado?
La respuesta está en las variaciones de riqueza entre la tumba de un rey, la de un noble y la de la gente común o plebeya. Pero tal respuesta no se puede dar sino hasta que se tiene una muestra de entierros que permitan diferenciar el estatus de los inhumados. En los cacicazgos, al no existir clases sociales, hay un continuum de estatus en el que no hay plebeyos en sentido estricto, sólo los cacicazgos muy desarrollados presentan una separación clara entre el cacique y el resto de la gente.
En los estados, la brecha entre los nobles y los plebeyos es grande; de hecho, en algunos reinos la diferencia entre la tumba de un rey y las de nobles menores puede llegar a ser tan grande que éstos últimos parecen, en comparación, una “clase media”. (Flannery, Ibid.)
Para Mesopotamia hay tumbas reales indudables para el periodo Dinástico, una de las más conocidas es la del rey A-bar-gi de la ciudad de Ur, quien fue sepultado junto con su esposa en una cámara abovedada. Su tumba fue saqueada pero en un espacio adjunto llamado “pozo de la muerte” había más de sesenta servidores sacrificados entre los que se encontraban sirvientas, damas de compañía, soldados, mozos con todo y carretas de bueyes, músicos con sus arpas (Wooley, 1934, citado en Flannery, Op. cit.).
42 En Perú la tumba real más famosa es la del “Señor de Sipán” descubierta en 1987 en Valle de Lambayeque. Se trata de la tumba preincaica de un alto gobernante moche que ejerció su mandato alrededor del año 300 d.C. y que fue localizada en una de las principales estructuras piramidales de adobe en el lugar. El rey de Sipán fue sepultado en un ataúd de madera y vestido de gran riqueza. Sus adornos corporales incluían objetos de oro, plata, turquesa, concha y cientos de discos de oro y cobre. Junto con él varias personas de su familia en ataúdes de carrizo. Adicionalmente, en la tumba, hay sirvientes, guardianes y animales sacrificados así como cientos de vasijas que contenían alimentos (Walter Alva, citado en Flannery, Op. cit.) (Fig. 18).
Figura 18: Tumba real del llamado “Señor de Sipán”, ubicada en Sipán, Chiclayo, distrito de Zaña, Perú (Fuente: arqueologiaaldia.com).
Otras tumbas reales de Perú se encuentran formando parte de los palacios chimús como el de Chan Chan antes descrito. Por lo general se encuentran en un extremo
43 del área amurallada y se les conoce como “mausoleos”, dado que además del rey están sepultados ahí, en pequeñas habitaciones que se alineaban con la de éste, nobles o sirvientes sacrificados. Debido a la destrucción y al saqueo no se conoce una tumba real chimú intacta.
Las tumbas reales en Mesoamérica son más comunes en la región del Valle de Oaxaca y en las tierras bajas mayas. En Teotihuacan, debido a su estado corporativo, no se ha encontrado aún la tumba de un gran gobernante. Al respecto de esto último Manzanilla (2007) ha dicho:
Quienes gobernaron sucesivamente Teotihuacan por seis siglos escondieron sus caras y tumbas, no revelaron sus nombres, no hicieron patentes sus hazañas, disimularon sus moradas en el mar de conjuntos arquitectónicos. Singular reto intelectual el comprender cómo estuvo regido el estado teotihuacano y su capital.
Esto, al parecer, es otra de las regularidades en los estados corporativos, la ausencia de indudables tumbas de gobernantes supremos. De acuerdo a Manzanilla (Op. cit.) y Wrigth (1976), en la misma situación están Tula, Mohenjo- Daro y Uruk del IV milenio a.C.
Las tumbas reales tienen muy buenos ejemplos en el área maya. El más famoso es la Tumba de Pakal I, señor de Palenque, que gobernó alrededor del año 650 d.C. Fue descubierta por Alberto Ruz en 1952 cuando realizaba excavaciones en el Templo de las Inscripciones. En esta tumba, ubicada al interior del templo, se colocó el cuerpo del rey dentro de un sarcófago monolítico y cubierto con una gran loza bellamente labrada. Al parecer, dadas las dimensiones y peso del sarcófago, el templo encima de la cámara funeraria se construyó posteriormente (Fig. 21). El rey, que tenía varios acompañantes sacrificados alrededor del sarcófago y en la entrada de la cámara, fue ataviado con los adornos de su alto rango que incluían collares, ajorcas, orejeras, máscaras pectorales y una máscara funeraria, todo lo cual formaba un conjunto de cientos de piezas de jade junto con algunos otros adornos de concha y hueso (Fig. 19).
44 Otra de las tumbas reales mayas conocida es la del Señor de Calakmul, localizado por Folan et al. (1995) bajo el piso del cuarto 6 de la Estructura III de Calakmul, ciudad antigua ubicada en el estado de Campeche. En la tumba con forma de cámara se localizaron los restos, que al parecer estaba envuelto en una estera o petate, rodeado de vasijas con ofrendas. Su ajuar funerario incluyó tres máscaras de mosaico de jade, una para su cinturón, otra para su pecho y una para su cara, similar ésta ultima a la localizada en la Tumba de Pakal I en Palenque (Fig. 20), así también se incluyó una espina de mantarralla, conchas de Spondilus y una perla.
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Figura 19: Sarcófago y máscara funeraria del rey Pakal I de Palenque (Fuente:
misteriosancestrales.blogspot y Fototeca INAH).
Figura 20: Cámara y máscara funerias del gobernante hallado en la Estructura III de la ciudad maya de Calakmul (Flannery 1998: 52).
45 Del Valle de Oaxaca son conocidas las tumbas reales 7 y 104 de Monte Albán. La primera de ellas de un rey mixteco, descubierta por Alfonso Caso en 1932, es la reutilización durante el siglo XV d.C. como lugar de enterramiento de la parte noreste del área monumental de Monte Albán. En la cámara que conforma la tumba 7 se encontró el esqueleto en posición extendida de un hombre adornado con joyas de oro y plata acompañado de vasijas, urnas funerarias y otros objetos de concha, hueso, cristal de roca y turquesa (Fig. 21).
Foto 21: Izquierda, cámara de la Tumba 7 de Monte Albán, lugar de enterramiento de un rey mixteco. (Fuente: Fototeca INAH). Derecha, tumba de personaje zapoteca de alto rango en Monte
Albán, conocida como Tumba 104. (Fuente: Arquelogía Mexicana. com)
La tumba 104, descubierta por Ignacio Bernal, Alfonso Caso y Jorge Acosta en 1947, se ubica en el noroeste de Monte Albán bajo un complejo palaciego zapoteca, fue construida alrededor del año 600 d.C. Es una cámara decorada profusamente con pintura mural y nichos y con una fachada que simula ser la de un edificio decorado con molduras “doble escapulario”. Al interior se encontró el esqueleto de una persona zapoteca de alto rango en posición extendida, acompañado con objetos de jadeíta, concha y hueso además de varias vasijas, de entre ellas algunas del tipo efigie (ver Fig. 21, derecha).
46 1.3.3.4 Niveles de asentamiento y posición central.
Investigadores como Kent Flannery y Joyce Marcus han propuesto que el patrón de asentamientos puede manifestar la presencia de un estado en una región. A partir de información de superficie acerca de la distribución de los sitios, tamaños y complejidades se puede saber si algunos ocupaban lugares centrales y si tenían la jerarquía suficiente para ser considerados la sede de un gobierno estatal. Son así dos pistas que se unen: jerarquía y centralidad (Flannery, 1998; Marcus, 1998).
Siguiendo a Wrigth y Johnson (1975, citados en Flannery, 1998) Flannery afirma que la información de superficie y los estudios comparativos permiten decir que los cacicazgos pueden llegar a tener una jerarquía de asentamiento hasta 3 niveles: la jefatura o aldea grande, la aldea y el caserío; mientras que los estados arcaicos al menos 4 niveles: la ciudad, los pueblos, las aldeas grandes y las aldeas pequeñas. Esa es una regla que han sido fructífera en el estudio de los patrones de asentamiento en el Valle de Oaxaca, en las tierras baja mayas y en las costas de Perú.
Se señala que no hay que confundir niveles de asentamiento con niveles administrativos, pueden coincidir pero no siempre. Para los estados arcaicos los tres niveles mayores coinciden con tres niveles de administración, pero el cuarto no, es sólo un nivel de asentamiento. Con relación a lo anterior Flannery puntualiza:
Una jerarquización de 4 niveles de asentamiento puede, sin embargo, tener administradores en tres niveles superiores. Esto no significa que hay sólo 3 niveles de administradores en la sociedad. Significa sólo que los administradores del estado (no obstante lo niveles existentes) usualmente no están presentes en las aldeas más pequeñas (Flannery, 1998: 36).
Para el Valle de Oaxaca, la jerarquía de asentamiento de cuatro niveles, se alcanza en la fase Monte Albán I Tardía con la aparición del estado zapoteca entre el año 300 y 100 a.C. (Spencer y Redmon, 2004). En el registro de superficie se observan para esos tiempos un crecimiento marcado y la distribución regional de los asentamientos en un espectro tetramodal.
47 Lo mismo parece suceder en Mesopotamia, según lo reportado por Johnson (1973, citado en Flannery, 1998:44), pues desde antes del Dinástico Temprano (3,100 al 2,700 d.C.) en la Planicie de Susa al suroeste de Irán ya aparece la jerarquía de cuatro niveles, observados a partir del tamaño de los sitios.
Derivado de los estudios del patrón de asentamientos de Calakmul, en las tierras bajas mayas, Marcus (1973) además de encontrar la jerarquización de los asentamientos en cuatro niveles, también encuentra que en torno a los asentamientos principales se forma unan red de lugar central. Tal red, para el territorio homogéneo en que se ubica Calakmul (territorio que pertenece hoy al estado de Campeche), tiene como centro la ciudad, alrededor de ella los sitios del nivel 2; luego, alrededor de los de nivel 2, los de nivel tres; y rodeando a los de nivel 2, los de nivel 4. La centralidad de la ciudad o el sitio del nivel 1 también se observa en las geografías distintas a las tierras bajas mayas, tal como lo muestra la distribución de pueblos alrededor de la ciudad sumeria del Dinástico Temprano de Eshnuna, ubicada a orillas del río Diyala (Johnson, 1972, citado en Flannery, 1998: 19) (Fig. 22).
Figura 22: Red de lugar central de la ciudad maya de Calakmul (izquierda) y red de lugar central de la ciudad sumeria de Eshnunna (derecha) (Marcus, 1973; Flannery, 1998).
48 El considerar una red de lugar central y la jerarquía de asentamiento, junto con otros elementos6, permite, lógicamente, detectar las dependencias o relaciones de un asentamiento con respecto a los demás de su región. Algunos estudiosos del pasado mesoamericano dedicados por completo al estudio de sitios particulares no son muy proclives al estudio regional. La respuesta a esta reticencia puede estar en que esos investigadores consideran a su sitio “el ombligo del mundo”, no dependiente de ningún otro.
6 En el estudio de Calakmul, Joyce Marcus utiliza, además de la jerarquía de asentamiento, el refuerzo epigráfico de los sitios que son mencionados en otros. De esa manera encuentra, por ejemplo, los sitios de nivel 3 mencionados como sujetos de los sitios del nivel 2, y así.
49 Capítulo II
Antecedentes culturales y de investigación en la región prehispánica
La definición de la complejidad social en una región determinada debe iniciar con la delimitación de dicha región, mencionando y discutiendo los elementos culturales que la definen a lo largo del tiempo. Igualmente debe describir los contextos medioambientales en los cuales se desarrollaron los grupos de esa región y, para nuestro caso de estudio, la historia cultural y la complejidad social general de la región lograda por anteriores investigaciones. En este apartado de la tesis abordamos esos temas e incluimos uno más dedicado a la NWAF, la institución que más ha investigado a la región prehispánica zoque, donde expresamos la posibilidad de que sus resultados de investigación estén influenciados por las creencias religiosas de sus principales investigadores.