Fase IV. Elaboración del informe final. Componer un todo
Capítulo 3. Experiencia y saber en la formación inicial de docentes
3.2 Balance de experiencia, balance de saber. La relación de pensamiento con lo vivido
3.2.2 Tensiones formativas que habitan en las vivencias
(I) La tensión entre el carácter institucionalizado y personal de la formación en la vivencia del tiempo formativo
Al escribir sobre el significado de lo vivido aquel cuatrimestre durante la cursada de Taller de la Práctica Docente II, Clara30, una de las estudiantes del grupo decía:
El espacio de la práctica docente II significó para mí un momento de pausa y reflexión. Siento que no podemos darnos ese lugar en otros espacios ya que el tiempo se mide en función de las actividades evaluativas que se deben llevar a cabo y eso no da mucho lugar al detenimiento para pensar dónde estamos y qué estamos haciendo. (B10)
Al hacer este planteo Clara (me) traía a pensar nuevamente la vivencia del tiempo en la formación. Digo nuevamente porque esta cuestión había sido expuesta al inicio del trabajo de campo -en los relatos, en las conversaciones con el grupo, en las clases- dejando al descubierto la paradoja de la doble cualidad del tiempo vivido en la formación: como obstáculo y como condición de saber.31 La interpretación de Clara aporta a ahondar en este
30 En esta segunda parte del análisis, opté por darle un nombre de ficción a cada estudiante para facilitar la lectura, pero también porque siento que resguardar la identidad de las y los estudiantes que participaron detrás de una letra y/o número despersonaliza y desarraiga sus palabras de manera contradictoria al interés de centrarme en la experiencia que me orienta como investigadora.
31 El análisis de la vivencia paradójica del tiempo de la formación está en el apartado 3.1.2 (IV) de este mismo capítulo.
173
sentido puesto que al conectarlo con la evaluación (nos) deja entrever diferentes modos de habitarlo y, consecuentemente, de habitar los espacios formativos o asignaturas que cursan.
El tiempo medido “en función de las actividades evaluativas que se deben llevar a cabo”
es una expresión que describe con claridad la vivencia de un tiempo institucionalizado que se despliega al ritmo de la evaluación, un tiempo despersonalizado que no aloja un sentido formativo propio, porque como dice Clara, “no da mucho lugar al detenimiento para pensar dónde estamos y qué estamos haciendo”.Siguiendo su interpretación, el tiempo que admite
“la pausa”, el “detenimiento” para pensar y pensarse en situación -tal como lo había experimentado en Taller II- (le) creaba la oportunidad de habitar los espacios formativos de manera más reflexiva y original; y esto es, según (nos) narra, condición de posibilidad para llegar a saber y “a ser buenos docentes”:
Creo que mientras exista el lugar para la pausa podemos llegar a ser buenos docentes, considero necesario el detenimiento para ver a dónde hemos llegado y qué ha cambiado, si queremos ese cambio o preferimos tomar otra dirección. Pero ¿cómo podríamos mirarnos y repensarlo todo si no dejamos de avanzar? En un futuro, ¿cómo podría darme cuenta de si mi práctica docente puede mejorar o cambiar si no me tomo el tiempo para mirarla? Eso quizás sea el principal aprendizaje que me ha dejado esta materia, junto con la certeza (y paz, podría decirse) de saber que no estoy sola. (B10)
Asimismo, el modo de experimentar la materia que narra Clara, deja entrever formas diferenciadas de tramitar el conocimiento o el saber en los espacios formativos: uno es el
“gran desarrollo teórico”, según se supone o “se espera” en las aulas universitarias; el otro, es un modo más reflexivo, personal y complejo que conecta con el devenir docente -según dice haberlo vivenciado en el Taller II- lo cual configura una forma de relación con el saber que reivindica:
Hubo en la materia varios espacios de “catarsis”, en el sentido en que pudimos expresar lo que nos pasa con la carrera y sus contratiempos, sumados a las dudas que surgen en (supongo) el devenir como futuros docentes. (...)
Aunque quizás no haya visualizado en la materia un gran desarrollo teórico (digo “aunque”
como si realmente fuera algo negativo, pero es porque eso es lo que se espera de las materias,
¿no?) creo que todo se articuló justamente en la reflexión como docentes en formación, en nuestra situación particular, con nuestras voces y la orientación de los profesores. (B10) Al valorar la relación con el saber propiciada y protagonizada en este espacio formativo -“creo que todo se articuló justamente en la reflexión(...)”- y reconocer el “detenimiento”
necesario como el principal aprendizaje que le “ha dejado esta materia”, Clara da cuenta de
174
un saber del tiempo que fue elaborando de manera relacional y experiencial, junto a otro saber que nombra como “certeza”: el saber que no está sola.
En otras palabras, al narrar su experiencia en el balance que hace, identifica las huellas de ese espacio formativo: saberes experienciales que son fruto de lo vivido en primera persona antes que de la apropiación de saberes teóricos.
Según su balance (me) deja entrever, ese saber experiencial del tiempo que elabora es un saber docente incipiente en tanto está conectado a la propia comprensión de la vivencia del oficio,
En la práctica concreta con los adolescentes de la escuela [X] creo que el tiempo también tuvo algo que ver. Siento que pasó muy rápido, que la urgencia quizás nos quitó un poco de creatividad y de observación del grupo. Creo que los chicos no llegaron a entusiasmarse con nuestras propuestas y me preocupó, hasta que entendí que no todo sale bien en un primer intento, que ellos también necesitan su tiempo para pensar, para producir, para expresarse.
(B10)
Y también (está conectado) al sentido del propio hacer profesional que va creando:
[Entendí] que no puedo pedirles respuestas inmediatas, que no puedo pedir mucho en realidad, porque mi rol como docente es principalmente el de dar. Darles espacio, herramientas, literatura, y demás para que ellos lo tomen y lo utilicen a su tiempo y a su modo. (B10) En ese movimiento de saber que Clara protagoniza al ver(se) y pensar(se) en el tiempo que le brinda Taller II, también va confrontando sus ideas previas, sus saberes personales, y abriéndose un camino de saber otro que enlaza reflexivamente con la vivencia del oficio; en este sentido, articulando lo que vive como estudiante con el oficio que ensaya, va labrando una posición de saber con sentido propio.
Al seguir el hilo de su pensamiento sobre el tiempo pude advertir cómo de manera personal y original, desde esa posición Clara va integrando en un todo -amalgamando- las propias ideas y creencias, la teoría, la práctica del oficio y la experiencia en la relación de pensamiento que crea con lo vivido donde también se expresa su pensar sobre el tiempo:
Creo que conformarme como docente crítica es más complicado de lo que parece, que no basta con tomar ese posicionamiento y anunciarlo (aunque es un comienzo) sino que supone recordarlo, saber que el otro probablemente no responda a mi tiempo y modo aunque mis intenciones sean las mejores. Implica saber que yo también a veces dudo y demoro en tomar la voz, que también demoro en responder a lo que me enseñan, que también necesito tiempo.
La práctica docente entonces es saber que estamos proyectando encuentros (...) [y] Que lo institucional (que nos lleva a hacerlo todo como una carrera) nos va a condicionar la mayor parte del tiempo, pero mientras existan espacios para recordar dónde estamos, qué queremos
175
hacer y cómo lo llevaremos a cabo podemos volver a enfocarnos en construir esos encuentros.
(B10)
En relación con el saber que no está sola que Clara identifica -también como una huella de la experiencia- la vivencia del tiempo en este espacio formativo como un tiempo más reflexivo en el que puede detenerse a mirar y pensar, al margen del ritmo que la evaluación impone a los procesos formativos. Este detenimiento le trae la posibilidad de verse y reconocerse siendo parte de un grupo que comparte inquietudes y emociones, de experimentar sensaciones “muy significativas” -una sensación de “resguardo, de unidad, de menor soledad”- y de darle un significado personal a las instancias de trabajo colectivas compartidas en el contexto de esa asignatura: saber que no está sola.
Resulta que si bien uno comenta con sus compañeros más cercanos lo que nos pasa, y ellos nos dicen que otros también piensan lo mismo, no tenía constancia de que estuviéramos todos en la misma situación, con las mismas frustraciones y preocupaciones. Eso fue muy significativo ya que, al igual que ocurre cuando uno lee en un libro una frase que quizás uno creyó que nadie más pensaría o que describe exactamente lo que nos pasa cuando uno nunca pudo hacerlo, el saber que el grupo comparte conmigo las mismas emociones da cierta sensación de resguardo, de unidad, de menor soledad. (B10)
La vivencia del tiempo condicionando por la organización institucional de la formación y de la educación escolar, el ritmo de la evaluación o por las urgencias del calendario académico que delimitan -y limitan- al aprendizaje, al saber y a la formación como procesos personales, es compartida con otras compañeras como lo advierte y expresa Marcela en su propio balance:
Cuando me detengo a pensar acerca de lo que aconteció durante la cursada de la Práctica Docente II inmediatamente aparece la cuestión del tiempo, en lo efímero que ha sido, en la rapidez con que todo sucedió. De manera que no tengo del todo asimilada esta experiencia, pero voy a intentar reflexionar acerca de las pocas clases que compartimos. (B15)
La vivencia del tiempo “efímero” que narra Marcela, no solo le confirma el detenimiento necesario para asimilar la experiencia, sino que también, -en su singular interpretación- configura un parámetro personal a través del cual discierne y valora las clases de manera original, en tanto el tiempo le evidencia el vínculo pedagógico que se crea o no:
Trayendo la cuestión del tiempo de nuevo puedo decir que las clases pasaban rápidamente, lo cual es bueno. Cuando no se está mirando constantemente la hora y pensando a qué hora se termina la clase significa que lo que se está exponiendo no es agradable, resulta tedioso o hay alguna cuestión que hace que no exista conexión entre el docente y los estudiantes. Pero en esta materia las clases se pasaban sin que tuviera demasiado conciencia de ello, por lo tanto creo que se ha creado un vínculo entre los docentes y nosotros. (B15)
176
En un sentido similar, pero desde una posición más crítica y con mayor angustia, Niria (B14) expresa los efectos del ritmo del tiempo institucionalizado en sí misma, en su formación y saber:
Pensar(me) ya cursando y terminando el tercer año de la carrera advierto y me permito criticarme el ritmo al que realizo cada una de las materias, sin llegar a interiorizar o completar mi formación.
Me siento incompleta, vacía de conocimientos. El ritmo en el que transito la carrera no me dejan [ilegible]. Estoy segura que elegí esta carrera porque me apasiona pero me invaden las preguntas de pensar(me) frente a una clase y creer que no voy a saber responder.
Aprobar sin interiorizar, sin hacer la pausa, detenerme a estudiar una materia con tiempo, completo y no desde el apuro de una fecha en la que presento el trabajo práctico y luego el final. Me reprocho o le reprocho a mi situación el no darme la oportunidad de transitar este paso por mi formación con tranquilidad y sin los apuros del trabajo o del tiempo que no se detiene. (B14)
Las disonancias entre el tiempo institucionalizado y el tiempo personal de formación - ese que les permite verse, pensarse, asimilar la experiencia o, si se quiere, hacer la experiencia de saber- resuenan también en las vivencias de Mariela:
Me parece que es necesario hacer una pausa y detenernos a reflexionar cómo nos posicionamos como futuros docentes, y he llegado a la conclusión que estas pausas son necesarias y beneficiosas para los alumnos y en este sentido coincido con Carlos Skliar que el sistema educativo es “puro Kronos” (es una secuencia armada) y no solo a lo largo de la vida sino también en el interior de la vida.
Y repican en los modos de entender y pensarse enseñando en el aula, no sólo en términos de la inseguridad o falta de confianza en sí, como expresaba Niria, sino también, haciendo lugar a interpretaciones originales que abren paso a saberes personales, como se aprecia en las palabras de Clara -según vimos- y también en las de Mariela:
He llegado a la conclusión que al estar mediado por ese tiempo (kronos) muchas veces los docentes (sin quererlo) se limitan a dar sus clases porque les urge cumplir con un programa de contenidos previamente establecido por el sistema educativo, y descuidan un aspecto importante en todo proceso educativo que son las diversas historias, subjetividades de sus alumnos. (B19)
Interpretaciones originales que (le) abren caminos posibles a recorrer como docentes:
Como futura docente no me gustaría caer en esa encrucijada que es: me tomo un tiempo para reflexionar y para escuchar a mis alumnos o simplemente me limito a dar mi clase. Abogo por la primera posibilidad. (B19)
En relación al habitar el aula como docente, Clara expresaba en un sentido similar cómo el tomarse un tiempo para mirar su propia práctica en la escuela le despertaba ciertas
177
sospechas sobre el modo en que la urgencia podía socavar la presencia -propia y de los chicos- en la relación educativa:
En la práctica concreta con los adolescentes de la escuela [X] creo que el tiempo también tuvo algo que ver. Siento que pasó muy rápido, que la urgencia quizás nos quitó un poco de creatividad y de observación del grupo. Creo que los chicos no llegaron a entusiasmarse con nuestras propuestas y me preocupó, hasta que entendí que no todo sale bien en un primer intento, que ellos también necesitan su tiempo para pensar, para producir, para expresarse.
(B10)
Poniendo en perspectiva los balances que enfocan o hacen referencias a la vivencia del tiempo, diría que en las vivencias de la tensión entre el tiempo institucionalizado y el tiempo personal de la formación que narran, hay un aprendizaje particular de lo que denominaría tiempo pedagógico, un saber del tiempo que en palabras de Clara designa el detenimiento necesario para mirar y pensar, ver y verse en situación, en fin, para aprender, saber, formarse.
Ese aprendizaje se hace o elabora en lo vivido como estudiante en la universidad, especialmente, en la bisagra que hace la práctica del oficio y aquellos espacios que liberados del ritmo de la evaluación y de urgencias académicas -aunque sea relativamente- (les) crean la oportunidad de pensarse en el presente que habitan como estudiantes en formación y de proyectarse en un futuro profesional muy próximo, al verse enseñando en relación con otros.
En ese marco, la vivencia del tiempo de la formación institucionalizada mediada por la reflexión sobre sí, hace sentido y se vuelve foco de atención y cuidado en la relación educativa que desean crear como docentes; y así, quien se forma va elaborando un saber relacional y personal que configura lo que entiendo como saber docente incipiente: un saber pedagógico que no es meramente pragmático sino que tiene un fundamento experiencial en tanto es fruto de la experiencia formativa que viven de manera singular.
(II) La tensión entre el lugar de estudiante y habitar la futura profesión en la vivencia del espacio formativo
Además de la vivencia del tiempo, las experiencias del Taller II narradas en los balances (me) enfocaron en la vivencia del espacio de la formación como un doble lugar: el que se habita en tanto estudiante y el que se ensaya como docente en formación. En este sentido, Cintia (B11) narraba que esta materia -al igual que la de otra cursada anteriormente- le
178
había significado asumir un doble reto/invitación: el de enfrentarse a su futura profesión y el de repensar su propio paso por la universidad.
Mi paso por este taller me significa, como el año pasado, un reto, una invitación a enfrentarme a mi futura profesión. Trabajar en una intervención en la escuela de adultos es algo que nunca había pensado como opción y que, no obstante fue y es muy gratificante para mí.
(...) Me gustaría agregar que lo que más me conmovió de este paso por la materia fue la propuesta de que la vida transcurre en tres tiempos. Al pensarla aplicado a mi año sentí mucha melancolía al darme cuenta de que no estoy disfrutando la lectura, la cursada, ni otras instancias de la vida como lo hacía antes por estar preocupada en aprobar, en terminar la carrera. Fue una invitación a repensar mi propio paso por la universidad. (B11)
Al pensar lo vivido en las aulas donde transcurre gran parte de su formación -el aula universitaria y el aula escolar- Cintia deja traslucir, por un lado, la naturaleza dual del espacio de la formación que habita como estudiante y, paralelamente, el que habita al ensayar el oficio para el que se prepara. Por otro lado, da cuenta del trabajo sobre sí que realiza: sobre sus modos de ver, de pensar y de actuar tanto en el lugar de docente como de estudiante en formación, desde lo vivido en ese espacio complejo:
En un principio sentí ansiedad al pensar como serían [los alumnos] si me pondrían atención (...) o si lograría interesarlos con las propuestas de trabajo. Me daba bastante miedo hacerlo pero una vez ahí la experiencia fue mucho mejor de lo que había pensado (...), me sacó de mi lugar de seguridad pero me hizo darme cuenta de lo necesario que es que todos los estudiantes tengan la posibilidad de ser escuchados, (...). (B11)
Entre esos dos lugares que habitan quienes se forman van tendiendo puentes de manera personal -singular y propia- en el que van se van desprendiendo de ansiedades y miedos, ganando confianza y saberes -como narra Cintia- pero también descubriendo tensiones que (las/los) movilizan a repensarse y reposicionarse en tanto sujetos de la formación. Así lo evidencia Judith al narrar su experiencia del Taller II de manera cercana a ella, esto es, repensando su paso por la universidad -su lugar de estudiante en formación- y pensando el oficio para el que se prepara al enfrentarse a la futura profesión:
La experiencia [de prácticas] se desarrolló (...) [con] chicas y chicos que integran una “Murga”
(...). El primer encuentro con l@s chic@s lo viví como lo que fue, un encuentro para conocernos, y traté de estar lo más atenta posible y escucharl@s.
Con el pasar de los encuentros me surgieron muchas contradicciones, enojos, que me obligan a volver sobre cuestiones como mi rol como educadora, mi estilo de enseñanza, si es que lo tenía, o si lo estaba comenzando a crear.
Cuestiones que se ponían en juego por la propia práctica. De alguna manera creo que comencé a ser estudiante de mi propia práctica. (B1)
179
El comenzar a ser estudiante de la propia práctica como puente que Judith (se) tiende entre uno y otro lugar -el de estudiante y el de docente- la lleva a confrontar sus ideas y saberes teóricos asumidos como propios, con su hacer:
Hasta este momento me pregunto de qué manera creo que se produce un hecho educativo, qué condiciones necesitan para que exista aprendizaje; cómo oriento yo mi propia enseñanza.
Esto me llevó a volver sobre muchas “teorías educativas” que fundamentan mi práctica y ahí me enojo un poco por que sentí que mi práctica no era honesta para con l@s chic@s ni conmigo misma. Porque ante un posicionamiento de entender la enseñanza y el aprendizaje no era honesta ni real mi propuesta de intervención. Esto me hizo sentir angustiada por l@s chic@s porque creo que desde la universidad, y me incluyo, los tomamos para que “nosotros”
estudiantes practiquemos y luego sí continuar. (B1)
Entre otras cuestiones, lo que este balance transparenta con bastante claridad es el modo en el que el pensarse como estudiante, sujeto en formación, se va entrelazando con el desafío de enfrentarse con el oficio -o la futura profesión como dice Cintia- en una dinámica sin fin que conmueve a quien la protagoniza al calar en mayor o menor profundidad en lo que cada una es, siente, espera, desea, teme, en la búsqueda de una forma propia de ser docente, más allá del requisito de hacer las prácticas que como alumna debe cumplir:
Esto me llevó a fortalecer algunas cuestiones (...) pensando y respetando el proceso tan rico y hermoso que es la enseñanza y aprendizaje.
Creo que lo más rico que puedo poner en práctica como ejercicio es ser estudiante de mi propia práctica y proceso y así poder construir una especie de relato autobiográfico de la práctica y así encontrar los medios para organizar la experiencia. (B1)
En este sentido, la experiencia que narra Sol en su balance es cercana al de Judith pero, insisto, tiene connotaciones propias, singulares, ligadas a su historia, a su particular relación con el mundo y, fundamentalmente, a su relación consigo misma:
Al comienzo de las prácticas estaba tranquila porque pensaba que mi elección sería realizar mis prácticas en un espacio formal. Cuando llegó el momento de armar los grupos, mis compañeras de otras materias ya me habían elegido como parte de su grupo para trabajar con un espacio no formal. Inmediatamente me incomodó, aunque en el momento no supe bien por qué.
Yo trabajo en una escuela, principalmente en nivel primario, y ha sido lo mejor que me pudo pasar, siento que realmente quiero vivir y hacer esto todos los días de mi vida. Ese amor, y ese cariño que me transmiten los pequeños es impagable.
Cuando comenzaron las prácticas y llegamos al lugar, conocimos a los chicos, supe por qué no quería estar ahí.
Yo viví toda mi vida en un barrio igual, y mi día a día era igual al de esos chicos.
Cuando volví a ese lugar, desde las prácticas, no tardé ni un segundo en identificarme con ellos.
(...) Particularmente, mi intención, como futura docente en letras era conocerlos, pero más allá de eso, que ellos se conozcan, porque uno no sabe lo valioso que es hasta que alguien más lo