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4 La fotografía en la investigación cualitativa

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Estrategias de investigación cualitativa II

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La fotografía en la investigación cualitativa: entre la sociología y la antropología visual

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La fotografía en la investigación cualitativa: entre la sociología

y la antropología visual

Aldo Ameigeiras

Introducción

Las imágenes ocupan un lugar central en la vida de las personas en el mundo contemporáneo. Una presencia constituida en una instan- cia de enorme significación a nivel simbólico y social, favorecida por la expansión de la cultura visual y por la magnitud de las transformacio- nes tecnológicas (Laplantine, 2013; Rampley, 2006). La fotografía, en particular, nos ofrece una muestra de lo planteado tanto por el impacto en ella de las nuevas tecnologías como por la facilidad de su acceso y por la multiplicación de su uso social. Pero no solo se ha complejizado tecnológicamente su equipamiento y se han extendido los conocimientos técnicos sino que, además, al ampliarse su posibilidad de acceso se ha pasado de su utilización por parte del círculo reducido de los fotógrafos a un público ampliado de usuarios. De esta manera, desde las cámaras de última tecnología hasta el pequeño y práctico mecanismo del celular tanto niños como jóvenes y adultos son capaces de registrar lo inme- diato de captar lo imprevisible, de percibir lo cotidiano, de registrar los rostros o los comportamientos de los seres queridos. Asimismo, se ha generado un contexto en el cual la tarea y la producción de los fotógrafos profesionales son altamente valoradas, y nos encontramos diariamente con múltiples exposiciones y manifestaciones artísticas, periodísticas, académicas que dan cuenta de sus posibilidades y usos.

La ciencia social no ha permanecido indiferente a estos fenómenos llevando a cabo, desde los primeros momentos, aproximaciones teóricas

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y metodológicas para su conocimiento e implementación profesional. De allí, la importancia temprana brindada a la utilización de la fotografía e incrementada, posteriormente, por la presencia de recursos audiovi- suales que multiplicaron las probabilidades de su empleo en la investi- gación en general y en la investigación cualitativa en particular. Este último, un ámbito en el cual la apelación a la fotografía aparece como un recurso metodológico de enormes posibilidades. Un camino inimagina- ble para los pioneros de la ciencia social pero especialmente fecundo de creatividad y comunicación para la investigación. Es que los desarrollos al respecto de los fundadores de la etnografía, como los que comenza- ron con las propuestas en sociología visual, se ven hoy superados, de un lado, por los profundos replanteos epistemológicos que atraviesa el campo académico y, de otro, por los avances tecnológicos. Los últimos años, especialmente, han presenciado el incremento de investigaciones sociales en las que la fotografía ha nutrido el arsenal metodológico, so- ciológico, artístico e histórico como así también el de una variedad de disciplinas vinculadas con los estudios y las prácticas socioculturales.

Es que la fotografía posee una enorme potencialidad tanto por su ca- pacidad de “congelar la acción” como de producir “documentos sociales”

pero también por constituir una “unidad de sentido visual” que, explici- tada adecuadamente, posibilita “crear discursos” (De la Torre, 2012: 13).

Asumida por algunos como un instrumento más al que se puede apelar en la investigación social o valorada por otros como una importante po- sibilidad metodológica, conforma una propuesta que no podemos obviar en nuestras estrategias cualitativas de investigación social. Afirmacio- nes ratificadas por la utilización, cada vez más extensa, que hacen los investigadores de las ciencias sociales de la cámara fotográfica en el trabajo de campo, con distintas características y finalidades. Sin em- bargo, son importantes los interrogantes y los desafíos que se generan en relación con el uso de la fotografía. Desde este aspecto, nos interesa plantear algunas apreciaciones que estamos considerando a partir de su empleo en nuestro trabajo de investigación cualitativa que nos lleva no solo a incorporarla como un instrumento metodológico en el trabajo de campo sino también como un recurso que contribuye a la comprensión del sentido social. Una experiencia que hemos desarrollado principal- mente vinculada a nuestras investigaciones sobre el fenómeno religioso en la sociedad argentina, y que trataremos de compartir con los lectores.

Asimismo, nos proponemos proveer en el marco de nuestras posi- bilidades, a quienes se interesan en el tema, de una reflexión y, simul- táneamente, de elementos que les permitan profundizar en el conoci- miento de las características y potencialidades de la fotografía, para que consideren las probabilidades de incorporarla en su bagaje de recursos como investigadores. Se trata de una aproximación que se propone apor- tar elementos para el conocimiento de los principales debates existentes al respecto y de algunas de las muchas investigaciones y experiencias

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realizadas. Al mismo tiempo, nos interesa invitarlos a transitar por esta gratificante experiencia de profundizar la mirada de la realidad a través de la apelación a la fotografía en la investigación social. Una visión sustentada en la maravillosa posibilidad de la vista, pero nu- trida cualitativamente por el imprescindible “aprendizaje de la mirada”

(Ameigeiras, 2006: 119). Un propósito que nos llevará a transitar por cuatro instancias estrechamente vinculadas. En primer lugar, abordar los comienzos de la incorporación de la fotografía en la investigación, deteniéndonos especialmente en la significación que tuvo para la cien- cia social. En segundo lugar, considerar las principales perspectivas y planteos metodológicos y, al unísono, explicitar los aspectos centrales del estado actual del debate sobre el tema. En tercer lugar, presentar algu- nas investigaciones cualitativas del fenómeno religioso en las que se ha utilizado el recurso fotográfico para pasar finalmente, en cuarto lugar, a considerar algunas propuestas de trabajo y de análisis de fotografías en la investigación social cualitativa. Desarrollaremos, para concluir, algunas breves apreciaciones a manera de reflexión final.

1. Fotografía e investigación cualitativa:

antecedentes y características

¿Qué antecedentes y experiencias fundamentan la incorporación de la fotografía en la investigación social?

¿Cuál es la significación de la incorporación de la fotografía en la investigación social cualitativa?

1.1. Los antecedentes: fotógrafos y fotografías

El invento de Niepce, perfeccionado por J. Daguerre, irrumpió en 1839 como un gran descubrimiento que sorprende pero que, rápi- damente, avanzó incorporando nuevas tecnologías que en muy poco tiempo se expandieron por el mundo. En 1843 llegaron a Buenos Aires los primeros daguerrotipos, y ya a partir de 1850 el trabajo de distin- tos fotógrafos fue acompañando los acontecimientos y las situaciones de nuestra sociedad. Podemos mencionar tres tipos de instancias que se desarrollaron en dicho período. La primera, caracterizada por las fotos de personas destacadas de la política, los negocios y las activida- des militares en la sociedad del momento. Una situación desde la cual se avanzó, en segundo lugar, hacia la realización de fotos de eventos sociales que acompañaron la vida cotidiana de las familias para pasar, luego, a una tercera instancia en que se trató de registrar aconteci- mientos sociales y actividades laborales tanto en la ciudad como en las

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provincias. Imágenes que permiten observar lo que en ese contexto era valorado y lo que no lo era o, al menos, no había sido significativo para los fotógrafos o para quienes encargaban las fotografías. Una situación que podemos observar en la Argentina en una diversidad de fotógrafos que han trascendido por la relevancia de sus fotografías testimoniales de situaciones y personajes. Nos encontramos así con Panunzi en 1865 y sus imágenes de indios y gauchos; con Schille en 1856, en la localidad de Esperanza, con fotografías que reflejaban la vida cotidiana del lugar;

con las realizaciones de Tappia sobre los colonos de Santa Fe, con las fotografías de Paganelli sobre el trabajo en los ingenios de Tucumán, y las de Paillet en 1856 sobre las colonias agrícolas en Santa Fe; entre muchos otros que constituyen una muestra elocuente de lo señalado.

Antecedentes documentales muy importantes que hacen evidente un compromiso de los fotógrafos en sus producciones fotográficas en rela- ción con distintas problemáticas sociales. Una instancia que, en algunos casos, ha producido un registro insustituible dado la carencia de otro tipo de testimonio, reflexión o análisis que documentara la existencia de dichos sujetos, acontecimientos y problemas. Un ejemplo interesante lo constituye el trabajo de Bialet Massé Informe sobre la situación de la clase obrera (1904) en el cual, junto con los registros escritos con importantes reflexiones y denuncias sobre las pésimas condiciones de trabajo a que estaban sometidos muchos trabajadores en dicho momento, se incorporan fotografías que constituyen un valioso documento social.

Posteriormente, desde una perspectiva histórica y cultural, dis- tintos abordajes han permitido no solo realizar registros fotográficos muy importantes sino también recuperar, compilar y editar realizacio- nes de otros fotógrafos efectuadas en diversos momentos, constituyén- dose en un bagaje sumamente valioso tanto a nivel testimonial como, académico y cultural. Una tarea con la que contribuyeron numerosos trabajos de especialistas como el de Priamo (2005), Adelman, Cuarte- rolo y Priamo (1995) o Giordano (2004), entre los de otros destacados académicos.

Paulatinamente, la fotografía se consolidó y expandió por el mundo. Una situación que, empero, no estaba exenta de tensiones vin- culadas tanto a las resistencias a los cambios tecnológicos como a los cuestionamientos sobre el carácter artístico de la fotografía. Desde fines del siglo XIX la fotografía se instaló también en las revistas en un contexto de incremento de la cultura visual, que se tradujo entre otras instancias en el surgimiento, hacia 1895, del género magazine (Torres, 2010; Ohmann, 1996). Luego, ya en las décadas del 50 y el 60, continuó el avance de la fotografía favorecida tanto por las transformaciones tecnológicas como por la situación económica. Un contexto en el que las revistas ilustradas incorporaban claramente las imágenes fotográficas.

Más tarde, las fotografías comenzaron a estar presentes en la prensa, lo cual constituyó un fenómeno de enorme relevancia por su ca-

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pacidad de reproducción masiva (Freund, 1993: 96). En este sentido, la llamada fotografía social, en el marco del arte social con connotaciones políticas, adquiere una importancia fundamental para documentar y testimoniar la vida de los sujetos y la existencia de situaciones de vida marginales y excluidas por la sociedad, como sucedió, por ejemplo, en Estados Unidos, en un momento clave de crisis y desocupación que en- contró su expresión y testimonio visual con las fotos de Hine o de Doro- thea Lange, entre otros, y que marcaron un punto clave de la fotografía social (Meltzer, 1978). En 1935, durante la gran depresión en Estados Unidos, la fotografía de Lange sobre “La madre migrante”, realizada para documentar la terrible situación de los trabajadores migrantes, tuvo un enorme impacto y se convirtió en una muestra clara de la situa- ción de pobreza y hambre que muchos vivían por entonces. Comenzaba, pues, a consolidarse el aporte de la fotografía que la habría de convertir rápidamente en un recurso metodológico relevante para la investigación social en general y cualitativa en particular. Un escenario que hacia los años 80 se traslada de igual forma al mundo académico y ratifica una fuerte reconsideración de la relevancia de lo visual (Staley, 2009: 23;

Flick, 2007). Momentos que nos permiten comenzar a analizar la paula- tina pero creciente significación que en la investigación cualitativa, en especial, comenzó a adquirir la presencia de las imágenes y el uso de la fotografía.

1.2. La fotografía en la investigación social cualitativa

La relevancia creciente de la imagen ha incrementado la impor- tancia de la cultura visual y su enorme gravitación en la trama socio- cultural de la sociedad. Una situación en la cual las implicancias de la diversidad de recursos accesibles a los grandes públicos ha contri- buido a su incorporación como un elemento infaltable en sus distintos lenguajes y soportes. Es interesante observar cómo el surgimiento de la fotografía se produce de modo concomitante con el nacimiento de la ciencia social (Chaplin, 1994). Un tipo de relevancia de lo visual que desde los abordajes de Berger (1972) o de Sontag (1973) se profundiza en las investigaciones y trabajos que se despliegan en la ciencia social desde la sociología, la antropología, los estudios culturales y las comu- nicaciones. Así, los avances en el registro de las imágenes, la eclosión de la imagen digital en el marco de la cultura del siglo XX y comienzos del XXI provocan un ampliación notable de la preeminencia de la imagen conformando una instancia nueva de la presencia de lo humano y de sus manifestaciones simbólico-icónicas. Lo visual pasa a desempeñar un papel determinante en la cultura de la sociedad actual en la que emerge y ocupa un lugar particular en el que se “crean y discuten significados”

pero, aún más, se genera una instancia que se constituye en un “impor- tante desafío a la noción del mundo como un texto escrito” (Mirzoeff,

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2003; Bryson, Holly y Moxey, 1994). Las imágenes, en distintas formas, soportes y modalidades, configuran elementos inescindibles de la trama sociocultural pasando a constituir elementos que ya sea a través de las prácticas sociales y simbólicas en la vida cotidiana como a través de los medios de comunicación o la dinámica de las redes sociales nos acercan representaciones de sujetos, de hechos y acontecimientos, atravesando la porosidad de las culturas y redefiniendo las fronteras de lo perceptible y conocido. Pero, por otro lado, se advierte un predominio y expansión de la imagen que atraviesa al conjunto de la cotidianeidad social tanto en espacios domésticos y comerciales como fundamentalmente públicos en los cuales se multiplican las cámaras con distintos usos y finalidades pero con evidentes funciones de ordenamiento y control social. Es inte- resante al respecto lo señalado por Richard (2006: 103) al explicitar que

“la cultura posmoderna de la globalización capitalista es una cultura de la imagen. Una cultura que deriva del predominio cotidiano de lo visual en las formas de percibir el mundo y de entender con él”. Apreciaciones que enfatizan el lugar de las imágenes en la sociedad actual (Archuf y Devalle, 2009). Una circunstancia que, no obstante, no debe hacernos olvidar que dicho predominio se produce en un contexto global en el que confluye una gran diversidad de perspectivas locales que explicitan distintas formas de percibir el mundo, de concebir lo real y de represen- tarlo, formas enmarcadas en procesos de cruces culturales y de pujas de sentido (González, 1994: 84).

La fotografía se expande por el mundo en general y por Latinoa- mérica en particular rescatando visualmente lugares cercanos a la vida cotidiana de mujeres y hombres, testimoniando y documentando relacio- nes y conflictos sociales, desde acontecimientos relevantes con repercu- siones colectivas hasta aquellos otros aparentemente insignificantes con características de la vida familiar en el transcurso de la cotidianeidad.

Situaciones en las que el registro visual se explicita de distintas mane- ras, en las que lo estético se articula con lo testimonial, lo histórico con lo social, y lo cultural con lo político. La mirada sensible y la construc- ción estética de los fotógrafos han sembrado de imágenes la realidad de una sociedad Latinoamericana en crecimiento, pero también de una sociedad, asimétrica, desigual, conflictiva que, sin embargo, estuvo au- sente en muchas ocasiones en los trabajos aparecidos en publicaciones académicas. Detrás de las famosas imágenes familiares en que mujeres y hombres se posicionan “frente a la cámara”, de las fotos de “encuentros colectivos” y de distintos entornos sociales, de actividades, profesiones y oficios, aparecen costumbres, estructuras de poder, usos, contextos.

Fotos en las cuales se hace manifiesta una realidad, pero, al mismo tiempo, ausencia de fotos sobre otras realidades que no contaban con la posibilidad de dicho testimonio documental. Cámaras, fotógrafos, mira- das que sin estar aún claramente inscriptas en un proyecto de investi- gación, ni tampoco formar parte del arsenal metodológico de las ciencias

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sociales han pasado a constituir un legado fundamental para conocer, analizar y comprender la realidad social. En ese marco, surge la rele- vancia de la fotografía en la investigación social estrechamente vincu- lada con la posibilidad de ampliar nuestros esfuerzos de comprensión y abordaje de la realidad asumiendo esa trama visual preponderante. Un hecho que agudiza la relevancia del aprender a ver y a valorar la mirada en cuanto la fotografía posibilita el acrecentamiento de la capacidad de observación visual, como ha señalado Bourdieu (2003) al considerarla como “una forma de intensificar la mirada”.

Una relevancia de la mirada que, sin embargo, no debe hacer ol- vidar que siempre están en juego otros sentidos y saberes que exceden a la imagen en sí misma (Dussel, 2006: 280). Una mirada que implica la existencia de otras miradas o, más aún, de una “intersección de mi- radas que fecunda” el proceso de conocimiento y complejiza las inter- pretaciones. Una instancia que significativiza una realidad compleja y desafiante, que moviliza recuerdos y evocaciones, que explicita inten- cionalidades, y que cobra sentido en un contexto y una trama socio- cultural (Lorin, 2017). Desde esta perspectiva, es necesario considerar dos niveles de profundización del registro visual. En primer lugar, la peculiaridad de la investigación cualitativa en general y la etnografía en particular que asume como pocas la relevancia que el cuerpo del inves- tigador y su capacidad sensitiva poseen en la práctica de investigación (Laplantine, 2005). Es que el primer registro del investigador social, primordialmente en su inserción en el campo, pasa básicamente por la capacidad de sus sentidos de brindarle información. Lo que ve, lo que escucha, lo que percibe gravita sobre todo en la forma en que construye el conocimiento. De esta manera, la cámara fotográfica constituye un instrumento que potencializa las posibilidades de registro visual y que aporta a la capacidad semántica de la mirada inserta siempre “en el seno de una experiencia cultural” (Breton, 2007: 14). En segundo lugar, la necesidad de considerar que el registro visual no solo contribuye al relevamiento general de la información, sino que brinda en su especifi- cidad un acceso a aspectos difíciles –y muchas veces imposibles– de ser asumidos exclusivamente con la descripción textual o el lenguaje oral.

Si bien requiere de abordajes metodológicos específicos para su análi- sis (Godolphim, 1995; Rivera Cusicanqui, 2018), posibilita también la construcción de “textos visuales” en los que la construcción narrativa conforma un aporte de enorme significación para la interpretación de los fenómenos.

De esta forma, la utilización de la cámara fotográfica en el trabajo de campo en la investigación social cualitativa abre nuevas posibilidades, ya sea para la sociología como para la etnografía visual, para la documen- tación histórica como para la comunicación social (Mason, 2005; Staley, 2009). En su apreciación como “arte intermedio” (Bourdieu, 1979) o como

“fuente de sentidos” (Suárez, 2008a), como “documento social” (Freund,

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1993) o “archivo visual” (Troya, 2012) y, además, desde otras perspec- tivas, como “recurso narrativo” (Godolphim, 1995), la fotografía puede contribuir con el esfuerzo del investigador por relevar y comprender la complejidad de la realidad social. Una diversidad de posibilidades que fecundan la pluralidad metodológica que contiene el morral del investi- gador y que valora la incorporación del dato visual en la investigación cualitativa (Banks, 2008). La fotografía supone, entonces, un planteo que contribuye en el desarrollo de estrategias cualitativas de investigación tendientes a profundizar la tarea de “desciframiento” de lo humano. Una situación en la que las marcas y las huellas de las propias percepciones constituyen un insumo imprescindible de nuestras interpretaciones, a las que apelamos permanentemente en nuestro trabajo de campo. Allí apare- cen una diversidad de instancias, desde la intencionalidad del fotógrafo a la capacidad de captar lo imprevisible que se presenta en el momento o el lugar inesperado, desde la carga de la imagen significante para quien fotografía a la significación de la imagen para quien es fotografiado. Pero, más aún, nos encontramos ante la significación de las fotografías para quienes posteriormente las ven e interpretan. Recuperando lo explicitado por Bourdieu (1989: 22):

[...] la fotografía más insignificante expresa además de las intencio- nes explícitas de quien la ha tomado, el sistema de los esquemas de percepción, de pensamiento, y de apreciación común a todo un grupo.

Una fotografía no es solo congelar o fijar una imagen, como si toda la realidad se mostrara en dicha toma o la fotografía fuese un reflejo de aquella. Por el contrario, ya no puede sostenerse simplemente la afir- mación de que la fotografía es la representación de la realidad y, menos aún, en la época en que la tecnología digital se ha manifestado con sus múltiples posibilidades de trabajo sobre la fotografía (Mirzoeff, 2003).

Desde esta perspectiva, la fotografía suma una instancia más en el flujo de significaciones que conforman el devenir de lo humano. Se constituye en un recurso metodológicamente adecuado con potencialidad iconográ- fica sujeta a una interpretación que no reemplaza ni la presencia ni la capacidad dialógica del sujeto investigador en el campo. Apelando a las sabias y actuales palabras de Wright Mills (1969) que consideraba la ciencia social como la práctica de un oficio, la fotografía se constituye en una herramienta indispensable no solo del oficio sino de esta artesanía existencial que implica la investigación cualitativa que a la vez que abre nuevos desafíos e interrogantes, se transforma en una contribución a la pluralidad metodológica en las ciencias sociales.

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2. Planteos teórico-metodológicos

¿Cuáles son esos principales desafíos e interrogantes que se generan frente al uso de la fotografía en la investigación social?

¿Cuáles son los planteos y los debates teórico-metodológicos que surgen?

2.1. El recorrido en las ciencias sociales

Luego de considerar aspectos vinculados con los antecedentes y la relevancia de la fotografía, nos interesa presentar el recorrido rea- lizado en las ciencias sociales con la utilización de la fotografía, como así también exhibir las principales temáticas y perspectivas en debate.

Debemos tener en cuenta que desde los comienzos de la utilización de la fotografía en la ciencia social distintos sociólogos y antropólogos han realizado planteos que marcan contribuciones fundamentales no solo para comprender su relevancia en la investigación, sino para hacer frente a los interrogantes y desafíos que se generaron en torno a su empleo. Preguntas en cuanto a los alcances y las limitaciones de la cá- mara fotográfica, de su utilidad en el trabajo de campo, del método más conveniente para su mejor aprovechamiento, de las discusiones respecto a su carácter representativo de la realidad o de las formas más adecua- das de proceder al análisis de las fotografías. Es que si el manejo de las cámaras y la capacidad del investigador para utilizarlas en el trabajo de campo constituyen una condición necesaria, esto no es suficiente para garantizar su empleo en la investigación social cualitativa. Es menester tener en cuenta las representaciones e interpretaciones que se generan en torno a las fotografías así como las características de los marcos in- terpretativos que orientan y gravitan en la mirada del investigador en el campo.

La antropología comenzó tempranamente a incorporar la fotogra- fía en sus investigaciones. Fueron los pioneros de la etnografía quienes hicieron de la utilización de la cámara fotográfica un instrumento inse- parable de sus registros de campo que, como otros en ciencia social, no estuvo exento de cuestionamientos en el marco de los registros colonia- les y poscoloniales (Naranjo, 2006). Es el caso relevante de Bronislaw Malinowsky (1922) en quien se percibe desde un primer momento en el despliegue de sus trabajos la utilización de la fotografía, apelación que se irá acrecentando hasta 1929, imbuida de una perspectiva positivista que no dudaba del carácter real, objetivo e irrefutable de lo fotografiado.

Paulatinamente, comenzó un uso de la fotografía que se explicitó, asi- mismo, en la tarea de ilustrar registros y situaciones como constituyendo una parte estrechamente unida a la descripción etnográfica realizada (Samain, 1995: 27). En esa línea de apelación a la fotografía en el trabajo

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de campo podemos destacar a manera de ejemplo la obra efectuada por Bateson y Mead (1942) en la que realizan unas 25000 fotografías, de las que luego solamente una parte fue seleccionada para la elaboración final del texto (Rodríguez Gutierrez, 1995: 244). Comienza así un recorrido al que se le sumarán numerosos e importantes aportes que constituirán el cimiento de la antropología visual desde distintos posicionamientos epistemológicos (Masotta, 2013). De hecho, desde los trabajos de Bateson y Mead en adelante se recorre un extenso camino de aportes que alcanzó un importante desarrollo tanto en Estados Unidos como en Europa. Una situación que también se desplegó en Latinoamérica con sus peculiari- dades (Ruby, 2007). En la presentación de un interesante dossier sobre la antropología visual en América Latina en los últimos años, Andrade y Zamorano (2012: 11) plantean que se trata todavía de “un campo emer- gente” a la vez que explicitan cómo a través de los distintos artículos que constituyen el dossier pueden observarse los principales temas e interro- gantes vinculados con la antropología visual. Aparecen así tipos de abor- daje que, como la realización de archivos visuales, las construcciones visuales del otro o distintas propuestas etnográficas participativas pue- den contribuir a los debates en torno a los “fenómenos de visualidad en Latinoamérica”. En la misma dirección, son de destacar los aportes de trabajos realizados en Ecuador, Paraguay, Chile, Guatemala y México.

Los artículos de Troya (2012) sobre lo que denomina “segundo encuen- tro” en la fotografía etnográfica, como los de Reyero (2007) sobre los usos dados por indígenas a las imágenes fotográficas, hacen explícita tanto las viabilidades de utilización de la fotografía como la fecundidad de ex- periencias existentes sobre la temática. Resultan muy interesantes en el dossier los comentarios finales realizados por León (2012: 99-103) quien, frente a la explicitación de los compiladores del carácter emergente de la antropología visual en Latinoamérica, reivindica la existencia de “una larga tradición” en la antropología latinoamericana relacionada con la investigación de imágenes, por lo cual se pregunta si la supuesta invisi- bilidad de estas no está vinculada con relaciones asimétricas de poder y prestigio que imponen las academias del norte.

La sociología, por el contrario, incorporó tardíamente el uso de la fotografía en la investigación social, incluso algunos primeros planteos fueron desplazados por el predominio de metodologías positivistas, como ocurrió en antropología y en la ciencia social en general, que hicieron de la investigación cuantitativa y sus resultados la forma científica por excelencia. Fue necesario esperar hasta la década del 70 para que co- mience a constituirse la denominada sociología visual a través del aporte de destacados investigadores. Así, los planteos de Becker (1974) desde una perspectiva enmarcada en el interaccionismo simbólico constituirán un hito fundamental en los comienzos de la década del 70, incluyendo propuestas que iluminan la relación entre la sociología, la fotografía y el arte. No solo incorpora elementos que fecundan la teoría sino que

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emergen sustentados en una experiencia de campo que revaloriza el uso de la fotografía. Del mismo modo, los aportes de Bourdieu (1979) consti- tuyen también una contribución clave que enfatiza, entre muchos otros aspectos, tanto la constitución como el uso social de la fotografía, su apropiación en los sectores populares y, muy especialmente, la reflexión sociológica sobre la utilización de la fotografía en sus investigaciones, considerando el valor del recurso fotográfico como una herramienta me- todológica. Una apreciación que se acrecienta a partir de su experiencia en el trabajo de investigación en Argelia, en la cual apela a la fotografía como un recurso metodológico de enorme relevancia en su trabajo de campo, como señala Schultheis (2011) enfatizando que para Bourdieu la fotografía era también una “forma de compromiso político [...] un ver para hacer ver [...]”. A estos aportes se le suman, en primera instancia, los planteos de Freund (1993) y Ferrarotti (1979) y, posteriormente, los de Becker (1974) y Barthes (1998). Una diversidad de estudios, inves- tigaciones y planteos que en las décadas del 80 y el 90 desarrollaron aportes teóricos y metodológicos vinculados con esta relevante función de la imagen, como con la incorporación de lo visual en la investigación.

Comenzaron, además, a aparecer publicaciones científicas especializa- das en el tema ligadas a la ciencia social (Collier y Collier, 1986; Harper, 1987; Denzin, 1989; Smith y Woodward, 1998). Una instancia que se irá incrementando a partir de 2000 con numerosos trabajos y análisis que consideran a la fotografía como un recurso importante remarcando, in- cluso, la relevancia de la sociología visual no solo desde una perspectiva exclusivamente metodológica (Faccioli y Losacco, 2003, 2010; Ciampi, 2007). A estos aportes se le sumarán, además, reflexiones sustantivas sobre la temática desde la filosofía (Benjamin, 2004). Una situación que se ve acompañada por revistas científicas que comienzan a incorporar lo visual como un elemento relevante y presente en investigaciones y trabajos en general.

2.2. Los problemas y los debates

Son varios los aspectos que en el desarrollo de la sociología y la an- tropología visual han sido abordados y discutidos en un diálogo abierto y fluido con la filosofía, los estudios culturales, las investigaciones comu- nicativas y los planteos artísticos. Muchos de ellos vinculados con la ca- racterísticas de la fotografía, con sus posibilidades icónicas y artísticas, con el carácter reproductivo o creativo de la realidad, con la gravitación de la tecnología y, fundamentalmente, con el protagonismo del fotógrafo, la subjetividad de quienes son fotografiados y la interpretación del re- ceptor. Problemáticas y situaciones que han generado a su vez posiciona- mientos y debates interesantes a considerar, al menos, en una primera aproximación general frente a los desafíos que implican para la ciencia social los usos de la fotografía.

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Una primera problemática de relevancia tiene que ver con un planteo que muchas veces se diluye, encubre o desplaza bajo la euforia de las nuevas tecnologías y posibilidades audiovisuales, y que se vin- cula con la apreciación acerca de la naturaleza de la “realidad”. Una instancia que nos enfrenta con una diversidad de interrogantes conec- tados con una perspectiva óntica manifiesta tras la pregunta acerca de si la fotografía implica una reproducción lisa y llana de lo real o es una representación de lo real (Marzal Felici, 2009; Bazin, 1990). Un interrogante que coexiste con la apreciación generalizada del sentido común que considera que la fotografía es la “verdad”, en consonancia con la reiterada frase que asevera que “una imagen vale más que mil palabras”. Como señala Sontag (2006: 42), “la fotografía presume que sabemos algo del mundo si lo aceptamos como la cámara lo registra.

Pero esto es lo opuesto a la comprensión que empieza cuando no se acepta el mundo por su apariencia”. Planteos y afirmaciones que alu- den, de alguna manera, a una apreciación de lo visual como instancia definitoria de la realidad y de las fotos como una “evidencia” incuestio- nable. No obstante, surgen cada vez con más fuerza una variedad de cuestionamientos que nos permiten considerar que la supuesta “ver- dad” siempre es una proposición sobre la realidad y que lo visual, cons- tituyendo un aporte, no agota ni expresa la compleja conformación de eso que denominamos realidad. Al respecto, es interesante el aporte de Bourdieu en tanto sostiene que estimar que la fotografía constituye un registro “realista y objetivo del mundo visible” se debe a que “se le han atribuido desde su origen usos sociales considerados realistas y objetivos” (Bourdieu, 2003: 136). Es que la fotografía también es el resultado de una construcción que tiene la peculiaridad de ser el pro- ducto de apreciaciones, interpretaciones e interacciones de los sujetos en un contexto histórico y cultural, y en un tiempo particular. Dubois (1986) alude a tres instancias que se fueron dando en el tiempo res- pecto a varios de los interrogantes planteados. La consideración de la fotografía como ícono, como símbolo o como index. En primer lugar, entender la fotografía como un “espejo de lo real”, una reproducción que asegura a quien la ve que el investigador “había estado allí”. En se- gundo lugar, apreciar la fotografía como la “transformación de lo real”, un símbolo que explicita que la imagen está codificada y, finalmente, la fotografía como “huella de lo real” en donde esta “no tiene sentido en sí misma”, sino que es testimonial y designa. Está en juego aquí un aspecto central vinculado con la potencialidad del registro fotográfico y que es necesario explicitar. El primero de los casos especialmente es el que da lugar a una apreciación extendida en su uso en el trabajo de campo manifestado en aquellas imágenes que tienden a documentar y testimoniar una presencia o un acontecimiento. Una foto que, con todo, requiere de manera imprescindible de una interpretación que genera el fotógrafo y que produce el fotografiado.

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Una situación que nos conduce a considerar una segunda proble- mática vinculada precisamente con el papel del sujeto en el marco de la investigación social, en cuanto a que si bien constituye un recurso relevante para el trabajo de campo y las imágenes fotográficas aportan información valiosa que es necesario analizar, la fotografía no reem- plaza el protagonismo del sujeto ni su capacidad interpretativa y co- municativa. Del mismo modo, ni lo visual agota la complejidad de las situaciones y los hechos, como hemos señalado, ni el registro fotográfico reemplaza el registro de campo. Es el sujeto quien recorta una situa- ción, opta por un acontecimiento, selecciona una persona entre cientos o miles de ellas, quien ejerce su responsabilidad al elegir la imagen que capta y que construye las representaciones y las interpreta. Estamos haciendo referencia a un sujeto “quien en un contexto determinado y en el marco de cosmovisiones, perspectivas epistemológicas y marcos interpretativos” (Ameigeiras, 2016: 6) lleva a cabo la construcción de la toma fotográfica. Un sujeto productor de dicho registro visual, pero un registro productor de una imagen en donde “se refleja la subjetividad del camarógrafo” (Ortega Olivares, 2009: 167). Como lo señala Suárez (2008a: 24):

El fotógrafo, como cualquier otro productor cultural, utiliza técnicas para mostrar un mundo que está marcado por su propia mirada. Así, una foto nunca es imparcial, opta, demarca, sugiere y en el límite impone una visión del mundo, esta puede ser de manera subjetiva u objetiva, el caso es que en toda imagen está impreso el sistema subje- tivo de categorías sociales (socialmente creadas) que tiene el fotógrafo.

El autor nos remite, de este modo, a categorías sociales que, clara- mente, responden a apreciaciones insertas en marcos interpretativos, lo cual nos lleva a tener en cuenta que también el sujeto fotografiado o que comparte el recurso fotográfico posee su propia cosmovisión y sus mar- cos interpretativos. Procesos desplegados ante distintas situaciones en el trabajo de campo que conforman el sustento básico de nuestro análisis y en los que es necesario considerar, más allá de los aspectos técnicos imprescindibles, los desafíos existentes en la recepción y análisis de las imágenes. Es que la imagen fotográfica está lejos de constituir un regis- tro inequívoco de lo considerado como real, tampoco constituye una “ré- plica exacta, impoluta y objetiva de la realidad retratada” (Lisón Arcal, 1999: 33). Como explicita Bourdieu (2003: 43) respecto de la producción de la imagen “la toma sigue dependiendo de una decisión que involucra valores estéticos y éticos”.

Una tercera problemática que concierne directamente a la ciencia social tiene que ver con la necesidad de contar con planteos acerca de los aportes que supone la utilización de la fotografía a partir del momento

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en que esta “fija” el momento y lo desvincula de la dinámica propia de los acontecimientos. Allí aparece la necesidad de ponderar adecuadamente el aporte de la fotografía en cuanto a su capacidad de relevamiento de objetos y de usos vinculados con la cultura material de situaciones y acontecimientos explicitados en un momento y un lugar en particular.

Un tipo de relevamiento a través del cual considerar, por medio de foca- lizaciones y ampliaciones, una profundización de la mirada no accesible de otra manera. Al respecto, el trabajo de Turra Magni (1995) sobre los habitantes de la calle en Porto Alegre en Brasil constituye un ejemplo importante de lo planteado. A través de una investigación que buscaba conocer tanto el modo de vida como la morfología social y la cultura material del grupo se procede a la utilización del recurso fotográfico sumado a los registros de campo. Durante tres años produce en la inves- tigación unos 400 registros visuales de los cuales finalmente integrarán el texto etnográfico unas 170 fotografías. Imágenes que permiten relevar comportamientos y gestos pero, al mismo tiempo, objetos desplegados en el espacio, en uso o usados, dejados como residuos o abandonados en los traslados a los que se encuentran sometidos generalmente los habitantes de la calle por el tipo de vida que llevan a cabo. La investigación realiza, pues, una reconstrucción del hábitat, de los usos y las costumbres en situaciones de marginación que no aparecen como resultado exclusiva- mente de un relato a cargo de los protagonistas. Las fotos muestran el lugar en el cual individuos solos en situación de calle, en parejas o gru- pos habitan por un tiempo corto un lugar hasta decidir o verse obligados a abandonarlo para dirigirse a otro lado. Un tipo de relevamiento visual de la cultura material que constituye un aporte sumamente relevante para los trabajos de investigación en el campo.

Una cuarta problemática tiene que ver especialmente en las cien- cias sociales con el lugar que ocupan los sujetos protagonistas de la fotografía. ¿Les corresponde un papel pasivo como meros protagonistas, a lo sumo, espectadores en un escenario determinado? ¿Qué dicen tales sujetos sobre la fotografía que los contiene, tomada, en muchos casos, sin su previa autorización? ¿Cómo construyen su mirada sobre los acon- tecimientos en los que son protagonistas? Se trata de considerar el lugar que dichos sujetos protagonistas tienen en el proceso interpretativo del producto fotográfico (D’Angelo y Torricella 2013). Está en juego el desa- fío de una interacción con los otros en cuyo marco se puede generar una relación social conducente a la construcción de un proceso interpretativo común o, por el contrario, posibilitar el avance hacia una mirada que particulariza e identifica el fenómeno (González Granados, 2011). Una perspectiva que puede llevar tanto a compartir las imágenes fotográ- ficas con los sujetos intervinientes en la búsqueda de sus comentarios como también a acordar que cada uno de los protagonistas realice una toma de la escena acorde al establecimiento de su propia mirada para

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proceder luego a una interpretación compartida. Sobre ambos aspectos se generó una vasta bibliografía que desde los trabajos vinculados con autofotografía hasta los de foto-elucidación han incorporado la posibili- dad del recurso fotográfico y la realización de contactos directos con los protagonistas (Smith y Woodward, 1998; Harper, 2002).

Una quinta problemática generadora también de extensos debates tiene que ver con la magnitud de las transformaciones tecnológicas y la gravitación e incidencia de estas en la potencialidad del recurso meto- dológico. El instrumento emerge como un insumo básico y de enormes posibilidades, principalmente en esta etapa de cambios con la incorpo- ración de las nuevas tecnologías, los equipos digitales y la expansión de las redes. Una situación que lleva a sumar nuevas propuestas de trabajo visual a las tradicionales de la antropología, la sociología visual o los estudios culturales, y que ratifican el carácter de “dato visual” de la foto- grafía. Una instancia que constituye uno de los aspectos más relevantes de la incorporación de los métodos visuales y que, en parte, aún no ha sido suficientemente incorporado en las investigaciones. En este sentido, es Harper (2015: 240) quien explicita un planteo acerca de nuevos usos de la tecnología al servicio de lo visual que se extiende a “la grabación, la organización, la presentación y el análisis de la información visual”.

Un espectro de nuevas tecnologías y, a la vez, de modalidades de utiliza- ción apelando a sitios web, videos, CD-Rom, entrevistas, documentos y, por supuesto, fotografías. El texto de Harper coloca en un lugar central los métodos visuales y remarca las posibilidades que implican para la investigación social. Un tipo de apreciación que no deja de considerar, al mismo tiempo, la necesidad de tener en cuenta las derivaciones éticas relacionadas con los métodos visuales y las responsabilidades que gene- ran para los fotógrafos en la investigación social, fundamentalmente, por la contracara de dichas potencialidades expresada en las múltiples posibilidades de composición, edición e intervención sobre el producto fotográfico que se han incrementado en el último tiempo.

Una reflexión que nos conduce a una sexta problemática que re- quiere ser considerada adecuadamente por las implicancias éticas en la utilización de las fotografías en general y, en particular, por las po- sibilidades de la fotografía digital pero, también, debido a las argucias en la manipulación del material que pueden facilitar las nuevas tecno- logías. De este modo, los cuestionamientos éticos surgidos en el marco de la realización de fotografías constituyen una instancia primordial y, lejos de ser un obstáculo menor, conforman una preocupación que ha ido creciendo en forma proporcional a la difusión de recursos y sus po- tencialidades tecnológicas. Al respecto, distintos autores han abordado la temática (Harper, 2015; Pauwels, 2010; Gold, 1989). Con todo, nos interesa profundizar la perspectiva de Harper, quien le dedica al tema

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un espacio relevante y plantea varios aspectos a considerar desde la discusión en torno al “consentimiento informado de los sujetos y su ano- nimato”, pasando por las consecuencias de la “pérdida de confidenciali- dad”, la consideración de las “normas del contexto” o los “sentimientos de los sujetos”. Encontramos, entonces, una diversidad de instancias en las que reparar. Distintas situaciones en las que se plantea que tanto la

“fotografía documental” como el “fotoperiodismo” apelan a la realización de fotos sin problemas hasta, por el contrario, los planteos de quienes consideran la imprescindible necesidad de comprender “el punto de vista de los sujetos, en especial, de sus ideas sobre cómo y dónde serán usa- das las imágenes” (Harper, 2015: 256). Una postura que se complejiza cuando la posibilidad de fotografiar y poseer la imagen del otro emerge cargada de enorme significación y reparos, ya sea por aspectos de ca- rácter cultural, étnicos como los claramente relacionados con culturas y cosmovisiones de pueblos originarios o tradiciones religiosas. Una serie de situaciones que nos hablan tanto de la relevancia de “la responsabili- dad y el compromiso por parte del investigador” (Bonetto, 2016: 78) como de las inescindibles implicancias éticas que es necesario resguardar en el trabajo del investigador en el campo.

De esta manera, una diversidad de propuestas, investigaciones y estudios explicitan en la actualidad la preocupación y la vigencia de la investigación visual en la ciencia social (Mason, 2005). Algunos autores enfatizan la necesidad de incluir las muestras visuales en los estudios cualitativos como, asimismo, de profundizar su utilización en distintos hechos y acontecimientos (Scagnoli y Verdinelli, 2017). Otros, como Ri- viera (2010), remarcan tanto los elementos en que los recursos visuales pueden ser utilizados en la etnografía, en particular, como la impor- tancia de usar fotografía, video e hipermedia en la investigación cuali- tativa, en general. Trabajos que se suman a una vasta producción que ratifica la relevancia y la vigencia del conjunto de los medios visuales y de la fotografía, en especial, y que preanuncia un auge cada vez mayor de su utilización en la investigación social.

3. Investigaciones cualitativas del fenómeno religioso con la apelación a registros visuales

3.1. Algunas experiencias en Latinoamérica

Tal como hemos destacado al comienzo de nuestro trabajo, nos de- tendremos en el análisis de la utilización de la fotografía en la investiga- ción social del fenómeno religioso en cuanto dicha consideración se vin- cula con el compromiso de reflexionar sobre la práctica de investigación en la que estamos inmersos. Al respecto, son numerosas las experiencias de investigación vinculadas con este tipo de fenómeno en las cuales se

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apela al empleo de la fotografía, pero debemos tener en cuenta que sus características otorgan una preeminencia especial al uso de este recurso metodológico debido tanto a la fecundidad de la iconografía religiosa como a la polisemia de los símbolos sagrados y la complejidad visual de mitologías y ritualidades. Hay una larga tradición en lo religioso que hace de la “imagen” una mediación simbólica fundamental de lo sagrado. Hemos elegido entre muchas investigaciones sobre la temá- tica, tres realizadas en los últimos años en Latinoamérica. La primera es un trabajo efectuado desde la antropología que se asienta en una investigación etnográfica efectuada por un equipo de investigadores de Argentina, Brasil, México y Estados Unidos, y que aborda ritualidades y simbolismos étnicos. La segunda investigación, plasmada desde la socio- logía, refiere a una indagación llevada a cabo sobre manifestaciones de religiosidad popular en la vida cotidiana en México. La tercera consiste en un relevamiento realizado desde la sociología de la religión de mar- cas religiosas en el ámbito territorial, ejecutado a partir de un abordaje multimetodológico en un trabajo con investigadores de distintas uni- versidades en la Argentina. Las tres experiencias presentadas, si bien permiten observar distintas modalidades de utilización de la fotografía en la investigación en Latinoamérica, ponderan el uso de las fotografías como un registro visual inescindible de los registros escritos de campo y no solamente como una instancia ilustrativa de los textos.

En primer lugar, aludiremos al aporte realizado desde la antropo- logía, apelando al enfoque de la etnografía visual con el trabajo denomi- nado “El don de la ubicuidad: Rituales étnicos multisituados”, resultado de una investigación coordinada por De la Torre (2012) en la que par- ticiparon investigadores de varios países.1 Se trata de un trabajo colec- tivo que, a través de la apelación a la imagen fotográfica y la construc- ción textual, posibilita el tratamiento etnográfico de rituales insertos en tradiciones religiosas. Se examinan así rituales relacionados tanto con las religiosidades aztecas como también afroamericanas, analizados con una perspectiva teórica y metodológica claramente etnográfica que permite indagar sobre manifestaciones complejas pero fecundas atrave- sadas por los fenómenos de la globalización y de la transnacionalización.

Una realización que coordina etnografías individuales que, en su arti- culación colectiva, posibilitaron construir una “etnografía colaborativa y, a la vez, multisituada” (De la Torre, 2012: 9). Un trabajo de campo de-

1. En el trabajo participaron investigadores de distintas universidades y centros de investigación: R. de la Torre (coord.) (Guadalajara, México); Santia- go Bastos (Guadalajara), A. Aguilar Ros (Guadalajara), Kali Argyriadis (Pa- rís, Francia), Stefanía Capone (París), Rodrigo de la Mora (Guadalajara), A.

Frigerio (Buenos Aires, Argentina), C. Gutiérrez Zuñiga (Zapopan, México), Nahayeilli Juárez Huet (Mérida, México), Jorge Marin (Michoacán, México) y P. Ari Oro (Porto Alegre, Brasil).

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sarrollado fundamentalmente por investigadores en distintas áreas te- rritoriales en Latinoamérica que se manifiesta tanto en notas de campo como en textos fotográficos que posibilitan un registro significativo de la temática en cuestión, que ha permitido observar desplazamientos y movilidades características de los rituales a través de un esquema es- pacial. Así, en primer lugar contempla la descripción detallada de cada situación etnográfica para pasar luego a considerar el sentido de com- parabilidad de cada una de estas y culminar analizando los atributos de las fotografías realizadas. De este modo, estas no son solo asumidas como imágenes aisladas sino “como unidades de sentido visual”. Una ins- tancia que constituye, a nuestro entender, un aporte sumamente intere- sante que fecunda los registros textuales etnográficos. En tal aspecto el trabajo constituye una muestra muy significativa de las potencialidades implícitas en esta modalidad fotográfica-etnográfica que va más allá de su valor ilustrativo para constituir una propuesta con capacidad episte- mológica y hermenéutica. No solo está en juego la captación de los hechos particulares sino la “conexión” que se realiza con “otros escenarios” en los que se explicitan. Se generan, en consecuencia, itinerarios en los que se hacen manifiestos los cambios, las hibridaciones, las distintas formas de apreciación y uso. Cada apartado que aborda los diversos rituales despliega, junto al texto etnográfico, aproximadamente 20 fotografías en color de las cuales entre 11 y 13 son pequeñas y están desplegadas al comienzo del texto. El resto son de tamaño grande (10 y 15 cm): al- gunas cubren la totalidad de la página y otras se extienden ocupando prácticamente dos páginas. Se exhibe total de aproximadamente 340 fotografías en un libro de 381 páginas que permiten tener una noción de la magnitud de la obra y de la relevancia que en esta tiene el despliegue visual. Una obra en que la fotografía, lejos de implicar una instancia de ilustración o ejemplificación de lo registrado etnográficamente, se cons- tituye, al mismo tiempo, en parte inescindible de dicho registro que lo nutre y fecunda, avanzando tanto en formas de complementación como de profundización en el campo. Un trabajo que, por otro lado, explicita una manera de operar en la que el registro visual no está escindido del registro etnográfico. Ambos registros no solo convergen en análisis in- tegrados sino que posibilitan replanteos interesantes sobre la temática abordada.

Desde una perspectiva distinta enmarcada en la sociología y es- pecíficamente en la sociología visual relacionada con el relevamiento de fenómenos sociorreligiosos, encontramos el trabajo de Suárez (2012) en México. Se trata de un texto resultado de la utilización de la fotogra- fía en el marco de una investigación sobre un barrio popular urbano en ese país, la colonia El Ajusco que es una de las más antiguas del Distrito Federal y que se explicita en su texto “Ver y creer. Ensayo de sociología visual en la colonia El Ajusco”. Toda la presentación es el resultado de un relevamiento con registros visuales de carácter foto-

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Referencias

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