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El autor científico -ttécnico frente a la vida - ACTA

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Academic year: 2023

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Autores científico-técnicos y académicos

Ya que ACTA comienza su andadura con un Manual Formativo para todos sus asociados, a los cuales nos invita a colaborar, reclamamos del sufrido lector la comprensión y paciencia necesa- rias para leer estas consideraciones; también sería bueno que en alguno de los lectores se desatara el afán de polémica, lo que daría lugar a un interesante cambio de impresiones en una Tribuna de Opinión improvisada.

Según el título que encabeza el artículo, éste va dirigido a un pequeño grupo de personas que dedican su tiempo y esfuerzo a labores científicas y técnicas, es decir que basan el conocimiento de las cosas en sus principios y causas, dándoles luego las aplicaciones específicas de cada caso;

esto hace que, al margen de las características de cada uno como persona, también tengamos nues- tra forma de ser como grupo y, con toda probabi- lidad, la especialización es uno de los sellos más específicos de nuestra profesión.

La complejidad y diversidad de la vida moderna hacen que hoy en día sea prácticamen- te imposible la figura del enciclopedista que abar- ca todos los saberes, y se hace indispensable la especialización. No cabe duda de que esto es bueno para adquirir los conocimientos que nece-

sita un profesional serio, pero existen algunos peligros que trataremos de analizar.

Se cuenta la historia de tres picapedreros o canteros que se encontraban realizando su trabajo ante la obra que estaban levantando; pasó por allí un curioso que preguntó a cada uno de ellos por su labor. El primero le contestó con cierta apatía y aburrimiento: "Ya lo ve, picando piedra". El segundo contestó con una visión más amplia:

"Aquí estoy, ganando el pan para mí y mi fami- lia". El tercero habló en plural, con sentido de for- mar parte de un equipo, y demostrando un cierto orgullo por el oficio que realizaba. Su respuesta fue: "Estamos construyendo una Catedral".

Estas tres actitudes de apatía, conformismo o ilusión ante la labor profesional pueden también hacerse extensivas al entorno que nos rodea, dando lugar a esos comportamientos vitales de los cuales somos testigos diariamente.

Ante la vida única e irrepetible que a cada uno de nosotros nos toca vivir caben las tres posturas de los canteros mencionados.

Vemos con frecuencia, en cualquiera de los ambientes sociales en los que nos desenvolva-

El autor científico-técnico

frente a la vida

Los peligros de la especialización

José Pérez Pérez

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mos, al clásico tipo aburrido, apático y pasota que deja transcurrir los días con total indiferencia ante los acontecimientos que ocurren en su entorno; "él sigue picando su piedra" mientras el mundo y su historia continúan su camino.

El profesional científico-técnico enmarcado en esa actitud se refugiará en su especialización para huir de la realidad que le envuelve, consi- derando un asalto a su intimidad y a su sagrada labor cualquier intromisión que viniera del exte- rior a interrumpir su seráfico aislamiento.

En el segundo picapedrero vemos reflejada a esa persona más abierta a la realidad, muy amiga de su yo y de todo lo que sea suyo, con un sentido posesivo de la familia, de sus amigos y que se considera el centro del Universo, ya que no concibe el mundo sin estar él en medio de todo.

A propósito de lo dicho, recordamos la escena de una película bastante antigua en la que un viejo General explica a sus subordinados el desa- rrollo de la última batalla; encima de la mesa del lugar dónde se encontraban había un enorme frutero rebosante de diversas clases de frutas, que el intrépido militar empleaba para indicar a sus oyentes la disposición de las tropas que inter- vinieron en la contienda; con unas cerezas seña- laba la posición de la tropa, mientras que unas manzanas indicaban dónde se encontraban sus mandos; llegó el momento de señalar al audito- rio dónde se hallaba él; sin dudarlo un momento y considerándolo muy natural, dijo con desme- surado orgullo: "aquí estaba YO".

Sirva el precedente comentario para el autor científico-técnico que pudiera encontrarse en semejante situación, cosa bastante improbable, ya que la humildad profesional y humana es un ingrediente muy necesario en nuestra pragmática profesión.

No obstante, siempre cabe la excepción y el caso aislado en toda regla de carácter general.

El caso del cantero que trabajaba para ayudar a levantar una catedral simboliza el estadio más avanzado de la dignidad y categoría humanas porque orienta su labor a un sentido propio de su naturaleza, considerando que las demás cir- cunstancias se darán "por añadidura".

Leemos en la Biblia que el hombre fue creado

"Ut Operaretur", dicen las palabras latinas, es decir, para que trabajara, para completar la obra de la Creación, para ser señor de las cosas y dominar todo lo creado; vemos pues que, al igual que el pájaro nació para volar, el "ser humano" (que es el auténtico significado de la palabra hombre, con sus dos acepciones de varón y mujer) nació para trabajar; las tristes secuelas del trabajo, el sudor, la fatiga, el cansan- cio, el dolor, la apatía, el aburrimiento, etc, son posteriores al acto del mandato imperativo dado a la criatura en el inicio.

Metámonos ahora en otra escena que nos ayude a comprender mejor ese concepto, tan en boga en nuestros días, denominado autorrealiza- ción. Acompañamos a uno de los personajes de Dante a través de las tenebrosas moradas de la muerte, asistiendo a la escena en la cual uno de los que van a ser juzgados contempla absorto dos estatuas de sí mismo; una de ellas bastante defor- me de apariencia y la otra perfecta en su realiza- ción. A la pregunta del interesado por las causas de tamaña diferencia, contesta su acompañante que la última de las estatuas, la bella y perfecta, es la representación de lo que su Creador y Señor esperaba que hubiera llegado a ser y que la otra estatua, fea y deforme, era un reflejo de lo que realmente había conseguido ser en la vida terre- nal que se le concedió.

Tratando de sacar alguna consecuencia de la escena que acabamos de contemplar, podemos pensar que "realizarse" consiste en llegar a ser aquello para lo cual ha sido uno programado, (si se me perdona la expresión), desde la eternidad;

en una palabra, ser uno mismo, sin tapujos o mascaradas, ni doble vida que encubra nuestro auténtico ser.

Porque la vida es un don y por ello considera- mos falsa la afirmación de quienes manifiestan que ellos son los únicos dueños de sus vidas, ya que nadie ha sido capaz de darse a sí mismo la vida y como un don recibido hemos de ser capa- ces de administrarlo.

Una de las características de todos los seres humanos es el deseo y persecución de la felici- dad, algo bastante difícil de conseguir pero que cada uno de nosotros persigue con ahínco, aun- que pocos son los afortunados que se aproximan 64 Autores científico-técnicos y académicos

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a ella; lo que sí varía bastante es el lugar o meta donde consideramos que puede hallarse. Hay quien piensa que se encuentra en la búsqueda del placer, en pasarlo bien y evitar cualquier pro- blema o complicación; otros la buscan en el poder y su lucimiento, en que se reconozca en todo y por todos sus excelencias en el hacer o en el decir.

Por último, podríamos considerar la postura de la persona que conoce sus propias limitaciones y que, aun siendo consciente de la extraordinaria dignidad implícita en todo ser humano, no se considera el ombligo del Universo, sino una pieza más que ayuda con su labor, grande o pequeña, a la edificación del mundo en que vive.

Esta actitud fundamental ante la vida le hace tener los ojos muy abiertos ante los aconteci- mientos diarios y, aunque su labor sea muy espe- cializada, su espíritu flexible y deportivo le hará admirarse y participar en las cosas pequeñas de cada día.

Disponibilidad, una buena dosis de buen humor para no magnificar las pequeñeces, y acti- tud de servicio para colaborar, sin pasar factura, en los acontecimientos grandes o pequeños que ocurran en su entorno y en los cuales tenga posi- bilidades de intervenir, son los ingredientes que podrían ser suficientes para obtener una buena ración de esa felicidad tan difícil de conseguir.

Dice una expresión popular que “el trabajo es salud”, aunque algún gracioso añada que

“entonces viva la tuberculosis”, y, como casi todos los refranes, tiene una buena parte de razón, aunque consideramos que no toda. Pues, volviendo al tema que nos ocupa, una fijación y exceso de dedicación a nuestra querida y absor- bente especialidad nos podría "sorber el seso", y terminaríamos tan chalados como el famoso hidalgo de la Mancha, aunque se nos notara menos.

Ojo, pues si en algún momento vivimos obse- sionados con un monotema profesional, sea el

que fuere, y los demás asuntos de la vida nos

"resbalan", tal y como se dice vulgarmente;

entonces, y sin pérdida de tiempo, será necesario aplicar con esfuerzo y tesón la terapia indicada anteriomente, y si a pesar de todo la enfermedad obsesiva se nos resistiera, no cabe duda de que sería un buen momento para tomarnos unas merecidas vacaciones.

Como comprenderá el sufrido lector que haya tenido la paciencia de llegar hasta aquí, estas líneas escritas con bastante prisa delante del ordenador, no tienen afán moralizante, sino tal y como sugeríamos al principio, abrir en estas páginas un foro de opiniones y de ideas persona- les y libres, que podrían servir para incrementar nuestro mutuo conocimiento y afecto.

De lo que no cabe ninguna duda es de que nos encontramos sumergidos en una etapa de la Historia, de la cual no podemos ni debemos excluirnos, caracterizada por un relativismo moral y ético que pone en tela de juicio una serie de valores que han sido el soporte de la civiliza- ción y cultura durante muchos siglos.

También es cierto que las ideas, al margen de la razón de la fuerza impuesta alguna vez por la espada, son las que han configurado el mundo.

Consideramos que las razones expuestas son suficientes para concienciarnos a todos, o a algu- nos de los que hemos hecho profesión de la téc- nica, panacea del mundo moderno, para aportar nuestro granito de arena, desde el puesto que nos ha tocado ocupar.

Sería muy bueno ayudar, en lo poco o mucho que podamos, a que en nuestro entorno se dis- frute de una vida más humana, más limpia y, por consiguiente, más honesta.

Queda, pues, lanzado el guante para que este primer número de ACTA sea el inicio de un inte- resante cambio de impresiones que haga ampliar nuestros horizontes mentales, sin olvidar nunca que convencer, al fin y al cabo, es vencer juntos.

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Referencias

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