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mna \liUa bd ~eñotío bt ltTiUena tn lo~ ~iglo~
XIII, XIV 1! XV
EDITA: AYUNTAMIENTO DE AlMAN5A
'ISBN: 84-500-4503-7 Depósito legal: AB-223-1981 Impreso en Talleres Tip.-Offset GA
Julión Gómez Avendaño. Carmen, 11. Albacete
gurelio ,retei:.fNarín
almansa fflrbirual
mna \lilla bd utñorío bt 19'illtna tn Iou ul!Jlou XIII, XIV 1? XV
1981
INDICE GENERAL
Página INTROD,UCCION ... ... ... ... ... ... ... ... ... .... ... ... ... ... 9
CAPITULO 1
EL SIGLO XIII. CONQUISTA Y REPOBLACION DE ALMANSA.
DON MANUEL. ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... 17 CAPITULO 11
DON JUAN MANUEL, EL REPOBLADOR. ... ... ... ... ... ... ... 37 CA'PITULO 111
LOS HEij.EDEROS DE DON JUAN MANUEL. LA GUERRA CIVIL Y SUS CONS'ECUENCIAS. ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... 57 CAPITULO IV
DON ALFONSO DE ARAGON, PRIMER MARQUES DE VILLENA y LA' MONARQUIA PREAUTORITARIA DE ENRIQUE 111. ... ... 67 CAPITULO V
LA REGENCIA DE DON FERNANDO DE ANTEQUERA. LA REINA CATALINA DE LANCASTER y SU HIJA DOÑA MARIA, PRIMERA DUQUESA DE VILLENA ... ... ... .... ... ... ... ... ... 85 CAPITULO VI
LOS INFANTES DE ARAGON. EL MAESTRE DON ENRIQUE Y EL REY DON JUAN DE NAVARRA. ... ... ... ... ... ... ... ... ... 93
CAPITULO VII
EL SEÑORIO DE JUAN PACHECO, MAESTRE DE SANTIAGO Y MARQUES DE VILLENA. ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... 105 CAPITULO VIII
EL MARQUES DIEGO LOPEZ PACHECO. LA GUERRA DEL MARQUESADO Y EL FIN DEL REGIMEN SEÑORIAL EN ALMANSA ... .. . ... . .. ... . . . .. . .. . . .. .. . .. . . .. ... ... ... ... 121 CAPITULO IX
SOCIEDAD Y ECONOMIA
EL SECTOR PRIMARIO. AGRICULTURA, GANADERIA. OTRAS FUENTES DE RIQUEZA. ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... 139 EL SECTOR SECUNDARIO. LOS MENESTRALES Y LA ACTIVI DAD ARTESANAL. ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... 148 EL SECTOR TERCIARIO. ARRENDADORES DE RENTAS Y SERVICIOS. CARGOS PUBLICaS. EL MUNICIPIO Y SUS
FUNCIONES ... ... ... ." ,., 152
CONCLUSION y EPILOGO 169
APENDICE DOCUMENTAL 177
BIBLIOGRAFIA 269
Introducción
Contemplamos en este libro un aspecto parcial-espacial y tempo- ralmente hablando- del gran proceso histórico españoly universal.
Un pequeño rincón llamado Almansa, célula minúscula del cuerpo de Castilla, será nuestro campo de observación de la mecánica interna que ha regido la evolución del occidente europeo durante la Baja Edad Media, período transcurrido bajo el signo dt;l sistelna señorial deri- vado del modo de producción feudal. Los municipios tratan de resis- tirse a la ·nobleza, que busca desesperadamente rentas y vasallos para conservar su podery mantener un sistenla basado en el privilegioyla fuerza militar, que la Monarquía, progresivamente imbuída del con- cepto romanista del Estado, parece poco dispuesta a respetar.· La dinámica de las tensiones económicas, la dialéctica provocada entre las clases por las diferencias que la riqueza y el trabajo han creado entre los hombres, hace que los villanos se enfrenten con sus señores, los nobles con sus monarcas, y los monarcas con sus súbditos. En cada momento concreto, la correlación siempre cambiante de las fuerzas existentes, hará que una' u otra de las partes imponga su voluntad. En Almansa, la más débil fue siempre el pueblo, que se vio dominado por reyes y caballeros, aunque alguna vez se dieran actos de resistencia que muestran una cierta evolución, paralela, aunque mucho más retrasada, a la que a niveles más generales está dirigiendo al mundo europeo a la inevitable sustitución del marco productivo y político heredado de la Alta Edad Media por el estado moderno y la economía puesta al servicio de la Corona, que en Castilla introducen, tras los intentos de Enrique 111, los Reyes Católicos.
~s necesaria esta puntualización para advertir al lector de que, a pesar de lo concreto de nuestro tema, no se ha emprendido su estudio sólo con una visión erudita y localista de la Historia, sin que ello signifique menosprecio alguno hacia la labor, tantas veces incom- prendida, de quienes se afanaron por rescatar el pasado de sus pue- blos. Por el contrario, partimos de la idea de que Almansa, como la mayor ciudad y la más pequeña aldea, tiene una historia digna de ser conocida y muy similar en rasgos generales a la del resto de las comunidades humanas. En ella han vivido-: muerto y trabajado hom- bres que trataron de arrancar a la hostil naturaleza sus riquezas; unas personas han disfrutado los bienes producidos por la labor de otras valiéndose de distintos modos de apropiación, y se han dado, como consecuencia, tensiones y luchas por-el poder económico y político, al ritmo de las cuales se ha ido modificando, ante la presión de las nuevas realidades infraestructurales, el conjunto de normas legales de hábitos y costumbres, que rigen el comportamiento social de los pueblos. Es decir, en esencia, se han manifestado aqu( a escala reducida y mucho menos compleja, los mismosfenómenos que carac- terizan el desenvolvimiento histórico de la Europa' Occidental. El cómo y el porqué de este devenir puede indagarse a diferentes niveles (desde el estrictamente local al continental) pero no deberá perderse de vista que el resultado de la investigación será siempre 'el mismo, el mejor conocimiento de una parcela más o menos amplia del acontecer histórico, que nunca podrá aparecer desligada de su entorno, que la condiciona, la hace y la deshace constantemente. El análisis y obser- vación de los diversos factores que en proporciones variantes inciden en la evolución de las sociedades, grandes o pequeñas, es lo que, a nuestro entender, constituye el objeto de la Historia, esa ciencia que estudIa las relaciones de los hombres entre síy con el medio en que se desenvuelven a lo largo de los años.
Para el especialista, este libro tendrá el interés que tiene para un médico o un biólogo el examen de una célula, igual en esencia a cualquier otra, pero individualizada por una serie de pequeños rasgos distintivos que la hacen única e irrepetible; para el simple curioso, el placer que encuentra quien abre un álbum de viejas fotografías fami- liares o pasea por las callejas antiguas de su pueblo disfrutando el sabor que en ellas han dejado los siglos. Quisiéramos advertir, no obstante, a ambos tipos de posibles lectores que en estas páginas
encontrarán parte de lo que buscan, pero no todo, pues el objeto del autor ha sido doble: el de difundir la historia de Almansa para que sus vecinos la conozcan de la manera más amena posible, y el de realizar una tarea cientlficamente útil, que ayude a los estudiosos a recompo- ner el impresionante cuadro de nuestra Edad Media. Esperamos ha- ber cubierto, al menos en parte, estos propósitos; haber proporcio- nado una diversión provechosa al hombre de la calle y un modesto ladrillo a los constructores del gran edificio histórico. Tendrán que disculparnos éstos ciertas licencias de estilo, la escasez de referencias ,bibliográficas, que se han sacrificado en pro de una mayor comodidad de la lectura, y la poca profundidad con que algunos sugerentes temas se han tratado. Por su parte, el vecino de Almansa, a quienfundamen- talmente va dirigido este trabajo, y el lector interesado sencillamente en lo que de anecdótico hay en él, encontrarán sin duda farragoso el texto, demasiadas las notas y los documentos transcritos en el apén- dice, y fuera de lugar las conexiones que se establecen con sucesos o situaciones alejadas de la realidad almanseña a la que se hace refe- rencia. Aún a riesgo de no contentar a unos ni a otros, el autor entiende que no cabe hacer cultura popular sin un cierto enfoque científico, y que la ciencia academicista y desvinculada del interés del pueblo que la mantiene carece de objeto.
Este trabajo 'no es en absoluto, ni lo pretende, completo ni exhaus-, tivo. Muchos aspectos quedan simplemente esbozados y son sucepti- bies de ampliación en monografías más detalladas. Nos pareció, simplemente, que era ya hora de sacar a la luz una visión general de la historia de Almansa entre el reinado de Alfonso el Sabio y el adveni- miento de los Reyes Católicos, peri'odo tan apasionante como mal conocido. Pero somos conscientes de que los archivos nacionales y locales guardan todavía documentacióf1; que no ha sido consultada, y de que esta pobre obra puede y debe ser susiancialmente mejorada por personas más capaces y dotadas de mayores medios. Hemos pen- sado, sin embargo, que las gentes de Almansa no tenían porqué esperar más para conocer algo de su historia, y hemos puesto manos a la obra. Ojalá sea de algún provecho. '
Nuestrasfuentes han sido casi exclusivamente documentales. Las tres publicaciones que sobre Almansa conocemos (la de Pérez y Ruiz de Alarcón, la de Rodríguez Serrano, y el in.forme de Lampérez y
Romea sobre el castillo) son tan pobresy llenas de inexactitudes, que
podrían escribirse muchas páginas para desmentir sus errores y co- rregir interpretaciones deforn1adas. Lo mismo cabe decir de las viejas crónic.as provinciales de Blanchy Roa. Por tanto, hemos optado por dejar a un lado unas y otras y ceñirnos en exclusiva a los testimonios legados en pergaminosy papeles amarillentos por los propios prota- gonistas de los hechos, que no engañan, contrastando sus informa- ciones con las escasas noticias que proporcionan las distintas cróni- cas de los Reye.s de Castilla y con alguna bibliografía más rnoderna.
Aquíqueremos dejar escrito sólo aquéllo que cuenta con un suficiente respaldo, y limitar al máximo la formulación de hipótesis.
.Precisamente por lo expuesto, hemos huido deliberadamente de adentrarnos en terrenos de por síresbaladizos, pero que lo son mucho más para quien carece de unos mínimos conocimientos en determina- das disciplinas. Arrancamos nuestra exposición a partir del tnomento de la reconquista, y renunciamos a bucear en la antigüedad de la ciudad o en su vida bajo la dorninación musulmana, así como a entrar en la polémicay debatida cuestión del significado del topónimo «AI- mansa», de raigambre clara/nente nlusulmana, pero de etimología discutida por diversos eruditos, la mayor parte de los cuales no cono- cen la lengua árabe.S(queremos, no obstante, apuntar al respecto la opinión del arabista Sr. Pacheco Paniagua, que nos nzerece la mayor garantía de seriedad y conocimiento de la materia, expuesta en una carta-comunicación suya al Instituto de Estudios Albacetenses, regis- trada en el archivo de esta institución con el número 311/79. Según ella, hay varios términos árabes que pudieran haber dado nombre a Alnzansa: «al-manzah» o «al-manzaha» (lugar ameno, jardín); «al- manzah» (lugar de enligración, lugar de retiro o alejado); e incluso al-manza~(lugar disputado o en litigio). Estas ideas son matizadas por el propio~eñorPacheco con la sensata apreciación de que «nunca es prudente aventurarse en aclarar un topónimo hispanoárabe especu':
lando a base de simples conjeturas etimológicas y evoluciones fonéti- cas»,y la recomendación de acudir en lo posible a las fuentes docu- mentales y a la bibliograf{a geográfica arábigo hispánica, donde tal vez cabr{a encontrar la primera base informativa segura, a partir de la cual pudiésemos comenzar la indagación etimológica.
Volviendo a los materiales utilizados para nuestro trabajo, hay que decir que algunas historias locqles, como la de Caudete, de Sánchez Díaz, La de Montealegre, de Zuazo, o el estudio del pleito de los
Alhorines, de Soler García, han resultado útiles a la hora de situar la villa de Almansa en su entorno. Mucho más, en función de su abun- dante documentación, lo ha sido la «Relación de Villena», del mismo Sol~r,ylas magnificas obras de Torres Fontes, imprescindibles siem- . pre para el estudio del reino de Murcia entre los siglos XIII y XV. Las colecciones diplomáticas hechas o dirigidas por éste, los inventarios de archivos como el que León Tello públicó del de Los Duques' de Frías, las cartas que nos ofrece Molina, o eL riquísimo apéndice documental del
«Don Juan Manuel» ,de, Giménez Soler, han aportado una gran canti- dad de valiosos datos. Merino Alvarezy Cascales,los clásicos de la historiografía murciana, sirven también para crear el marco histórico yproporcionan noticias de interés. Las demás publicaciones maneja- , das sólo ayudan a la ambientacióny al conocimiento de las generali- dades, pero facilitan pocos detalles nuevos.
La proximidad de la inquieta frontera aragonesa y su emplaza- miento en la ruta comercial entre el Levante valenciano y Castilla perfilan también la realidad histórica de Almansa, convirtiéndola en plaza fuerte, puerto secoy primera aduana de la región, y lugar de escala para el tráfico entre los dos reinos. Sin embargo, la extremada debilidad e inestabilidad de la base demográfica del Marquesado y la constante 'exposición al peligro impiden un desarrollo más espectacu- lar de su importancia municipal. Las obras de infraestructura em- prendidas por el concejo en el siglo XIV·permitirán que la agricultura tenga en la villa un papel relativamente importante en el conjunto de su pobre actividad económica, pero la industria se resintió de los inconvenientes causados por un mercado demasiado reducido y por la conzpetencia que, en la compra de materias primas y lafabricación de productos de calidad, le hicieron los mercaderesylos talleres de otras localidades castellanas y valencianas.
Con taninsuficientesfundament~seconómicos, el régimen comu- nal nunca llegará a ser fuerte en Almansa, al faltar el apoyo de una burguesía preparada,y se tarnbaleará ante la potenciq de los señores que la dominan. La monarquía acabó luego, bajo los Reyes Católicos, con las últimas libertades de los villanos de Almansa, que con tanto trabajo las habían defendido en los siglos anteriores. Sus desespera- dos esfuerzos por salvar del naufragio de sus libertades aquellas costumbresyusos que garantizaban, al menos, las inmunidades tribu- tarias de los vecinos, fueron extinguién"dose paulatinamente, y la villa
acabÓ por integrarse como una pieza más en la maquinaria del estado moderno. Este proceso de sometimiento y pérdida progresiva de la personalidad del municipio medieval se prolongaría aún, bajo los Hab'sburgo, durante más de una centuria, pero su estudio no se emprenderá en este libro, que se propone únicamente analizar el período transcurrido entre la reconquista del territorio y el adveni- miento delfin del régimen señorial en los años setenta del siglo
xv.
Hemos dividido el estudio, por razones derivadas de la documen- tación disponible, y para mayor comodidad, en nueve capítulos enca- b~zadospor otros tantos epígrafes que se refieren a los hechos más sobresalientes de los distintos períodos o al nombre del señor que marcó con 'su personalidad cada momento de la historia de Almansa.
El noveno viene a ser una panorámica de la situación social y econó- mica de la villa cuando está a punto de culminar su andadura medieval, un análisis de las transformaciones operadas y un intento de aproxi- mación al conocimiento de las élites y las estructuras del poder local.
Por último, hemos dedicado unas páginas a las conclusiones genera- les y aprovechado la base que éstas nos brindan para" lanzar una mirada rápida a lo que será elfuturo que aguarda a la población bajo la monarquía autoritaria, etapa que renunciamos a examinar con detenimiento, pero que ofrece perspectivas del mayor interés. Con- cluimos con un apéndice documental en el que hemos pretendido incluir las muestra$ más significativas a nuestro entender de la docu- mentación utilizada. Algunas de ellas han sido publicadas ya por nosotros mismos o por otros autores, pero creemos que no debe faltar en un libro sobre la Almansa medieval una transcripción completa del Elcuerdo que puso en funcionamiento la acequia de Alpera, o de los privilegi~sque Alfonso X concedió al1J1unicipio en los primeros tiem- pos de su poblamiento cristiano.
Sólo nos queda ya agradecer al personal de los distintos archivos consultados y a las personas que nos han ayudado en la tarea, como nuestro amigo Tomás Tárraga, entusiasta de Almansaysus cosas, las facilidades y la colaboración que nos han ofrecido. A losfunciona~io~
del Ayuntamiento, a la Corporación Municipal y al alcalde, D. Vlrgl- nio Sánchez, a cuya amigable. petición se. debe la realización de este estudio, la expresión de la más sincera gratitud por su preocupación. y apoyo moral, y nuestra felicitación por la iniciativa.
Son los documentos, inéditos en su mayor parte, que transcribimos en el apéndice como muestra más significativa de los que se han utilizado, y otros que hemos podido encontrar en diferentes archivos, los que proporcionan la mayoría de las noticias históricas recogidas en este libro. El Archivo General de Simancas, si exceptuamos lo contenido en el R.G.S., cuya datación es algo posterior al período que estudiamos, conserva poco que sea aprovechable para nuestro tra- bajo. El Histórico Nacional y la Academia de la Historia deben tener más, pero no hemos podido hacer en ellos la investigación que hubié- semos deseado. Es sobre todo en el propio Archivo, Municipal de Almansa yen el Histórico Provincial de Alabaceie donde se encuentra el grueso de la documentación utilizable. El de Almansa, muy sa- queado y maltratado por el tiempo, tiene hoy día un sólo pergamino medieval, el que recoge la sentencia de1434entre Almansa y Ayora, pero guarda dos libros del mayor interés: el primero, roto y perdido' en su mitad, recoge traslados de privilegios que abarcan desde el siglo XIII a principios del XV; el segundo, un libro de cuentasyordenanzas (LeO)del Concejo, ofrece datos de gran valor sobre la vida cotidiana de la villa, la política local, las relaciones con los señores y la economía alrnanseña de la segunda mitad del
xv.
Incluye, además, un buen número de traslados de cartas de los reyes y de los Pacheco, marque-"ses de Vil/ena.
Mayor volumen de originales relativos "a Almansa, y traídos segu- ramente de esta localidad, se conserva en el~rchivoHistórico Pro- vincial de Albacete: desde privilegios rodados de Alfonso X a cartas de confirmación solemne de los Reyes Católicos, alguna de el/as en letra .gótica y con miniaturas en la primera página. Los libros, pergaminos y papeles de otros pueblos, como Albace!e y Chinchilla, también custo- diados aquí, hacen interesantes referencias a Almansa, proporcio- nando un material escaso, pero valioso. Por desgracia, han resultado estériles nuestros intentos de buscar en el Archivo de los Duques de Frías, donde se encuentra una buena parte de nuestra historia provin- cial, pues el castillo de Montemayor, donde se halla, permanece cerrado la mayor parte del año. Nos consta también 4ue hay personas en la propia Almansa que guardan en sus casas documentos antiguos, no sabemos de qué procedencia, pero nos ha sido imposible localizar- los. A pesar de ello, creemos que la i~formación manejada es sufi-
ciente para intentar esta primera aproximación a la Historia Medieval de Almansa, que deberá ampliarse en el futuro ahondando en la que proporcione nuevos hallazgos documentales.
A lo largo de la Baja Edad Media, la villa de Almansa ofrece el panorama típico de las poblaciones casi permanentemente sometidas al régimen señorial. Aunque se den en ella algunas muestras de rebeldía, manifestación de sus anhelos de libertad y cambio, la in- fraestructura económica y demográfica, las relaciones de producción, basadas en la explotación de una riquezafundamentalmente agrícola y ganadera, en la posesión de la tierra y las rentas, en la vinculación personal que conlleva la prestación de servicios, y en el privilegio cómo máxima norma jurídica , no eran las más adecuadas para crear una burguesía capaz de romper las estructuras imperantes. Salvo las intervenciones esporádicas de Pedro I'y Enrique 111, la Corona se mantuvo alejada del señorío de Villena, al queAlma~sapertenecía, y esta independencia, este apartamiento respecto al resto de Castilla, marcó una de las características más acusadas que, a lo largo del período que estudiamos, contribuyeron también a dar personalidad propia a la comarca, que llegó a convertirse en un verdadero «estado dentro del estado».
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EL SIGLO XIII. CONQUISTA Y REPOBLACION DE ALMANSA.
DON MANUEL
Cuando comienza el siglo XIII, las tierras manchegas del reino de Murcia se encuentran convertidas en un verdadero infierno. Varios siglos de correrías cristianasymusulmanas las han transformado en un desierto inhóspito, en una tierra de nadie, quemada y arrasada, donde sólo resisten algunas guarniciones militares musulmanas parapetadas tras las almenas de fuertes castillos y alcazabas. La única vida urbana de cierta importancia se concentra en Alcaraz y Chinchilla. El res~o
son pequeñas aldeas oprimidas por el miedo y con una economía condicionada por la falta de brazos, las malas cosechas, y los efectos catastróficos de la guerra. Cuando, en 1212, la batalla de Las Navas hace perder a los últimos taifas el apoyo de los almohades, que les había permitido hasta el momento resistir el creciente poderío cris- tiano, el débil reino de Murcia se convierte de inmediato en el primer objetivo de la expansión que castellanos y aragoneses habían proyec- tado.
La caída de Alcalá del Júcar, Ves, Jorquera, Alcaraz, Riópar, Las Peñas de San Pedro,yotras poblaciones, en manos castellanas, marca el inicio de la presión incansable que entregará las secas tierras de Montearagón, y todo el principado murciano, a Fernando 111. Desde estas plazas, ydesde los concejos situados en elsu~de la actual provin- cia de Cuenca, rápidas cabalgadas arrasaron año tras año los indefen- sos campos de Chinchilla, Almansa, Hellín o Tobarra, paso obligado hacia las comarcas levantinas y murcianas. El hambre devastadora que siguió al año 1213 vaciaba los pueblos de moros, que se retiraban hacia lugares más ricosy seguros. Grandes ejércitos organizados por 17
los concejos de la Mancha y la Transierra, por el arzobispo de Toledo, o por las órdenes militares, atacaron tierras hoy valencianas durante los años 20, y llegaron a poner sit~o a Requena aún antes. Del lado aragonés, los caballeros de Jaime1,poco dispuestos a dejarse ganarl~
partida por Castilla, y deseosos de alcanzar antes-ysobrepasarlosSI
fuera posible-los límites de expansión acordados en Cazola, redobla- ban sus esfuerzos, ganando diversas localidades entre 1238 y 1240.
Villena, combatida largo tiempo por los aragoneses, se entregó a la orden de Calatrava, que la mantuvo en tenencia para evitar conflictos entre aquellos y los castellanos, que consideraban esta plaza incluída en su área de expansión, de acuerdo con lo estipulado en Cazola. A duras penas, las guarniciones murcianas controlaban todavía la Man- cha albacetense, pero su resistencia se derrumbaba sin remedio (1).
Ante la presión de castellanosyaragoneses, de calatravos y santia- guistas, y habida cuenta de que poca ayuda cabía esperar del oportu- nista -monarca granadino, Ibn Hud, el desamparado rey deMu~cia, optó por pactar con el más fuerte de sus enemigos, y envió a su propio hijo, Admed, a tratar con Fernando III las condiciones de unap~zlo menos deshonrosa posible, que poco después se .firmaría en Alcara,z. Sin embargo, la ofensiva castellana, que ya en 1241 había pues.to el estan- darte de Alarcón en el castillo de Albacete,. no se detuvo durante las conversaciones. Antes de que Ahmed y el infante don Alfonso se sentaran a la mesa de negociación en Alcaraz, Chinchilla había sido ocupada por los castellanos y don Pelayo Pérez Correa hapía llevado las cruces rojas de Santiago hasta la mitad del camino de Murcia. Los moros de Tobarra entregaron la villa y el castillo al infante don Al- fonso; Ifellín tuvo que rendirse, y es presumibleque también Almansa lo hiciera. Al menos en lo referente a la actual provincia de Albacete, el
1. Existe una abundante bibliografía sobre este período. Señalemos, ~ ~ítulode eje~pl?,la
. . , t'l bra de MERINO ALVAREZ Abelardo - Geografía historzca de la prOVinCia de
VIeJa, pero uI ,o . , . . . I
Murcia. Madrid, 1915; la de Ballesteros Berelta, Antonio.- La ReconquISta de MurCia! e itifante don Alfonso. «Murgetana», 1, y su valioso estudio sobre Alfonso X. Un magnIfico resumen del momento histórico puede encontrarse en TORRES~ONTES,Juan.- Fuerosy privilegios de Alfonso X al Reino de Murcia. Vol. III de la ColeCClÓ? dedocumen~ospara la . Historia del Reino de Murcia (en adelante citadacomoCODOM), Murcia, 1973. Vel mismo autor
esLa conquista de Murcia en 1266 por don Jaime I de Aragón. Murcia, 1967.
Para el período anterior hay que recurrir a las distintas crónicas musulmanas,yalcomp/~tí
simo estudio de Julio GONZALEZ sobre El reino de Castilla en época de Alfonso V!II.Madr~~, 1960. Mucho más reciente es su Conquistayrepoblación de Castilla la Nueva,especialmente utll para nuestra comarca.·
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tratado de Alcaraz, que respetaba la soberanía del reino murciano a cambio de la entrega de la mitad de sus rentas °a Castilla, quedaba convertido en papel mojado en el mismo momento de su firma (2).
No sabemos en qué circunstancias se produjo la ocupación de Almansa, y carecemos de constancia documental acerca de una su- puesta donación a la orden de Calatrava, que algunos autores señalan.
Con' toda probabilidad, la resistencia musulmana sería mínima, como ocurrió en todo este sector de la frontera, que se hundió violenta y rápidamente. Al entrar en ella, los cristianos encontrarían sin duda una población musulmana muy debilitada por los avatares que había atra- vesado la comarca. En tales circunstancias, la casteIIanización no hubiera sido dificil. Pero el aporte humano de los conquistadores no es grande; los guerreros prefieren seguir las banderas reconquistadoras, que en otras regiones les proporcionarán mayores oportunidades de conseguir gloria y riqueza. Pocos son los invasores que se sienten atraídos a establecerse en tierras de agricultura poco prometedora, disputadas entre Castilla y Aragón, y expuestas siempre a una reacción violenta de los mudéjares murcianos o valencianos. A pesar de su situación en la antigua red caminera de la comarca y de su clima, algo mejor que el de las vecinas localidades manchegas, Almansa no debió ser una excepción a esta regla general. La castellanización no pudo pasar, pues, en un primer momento, de ser un ligero barniz, impuesto más por la guarnición militar que por una nutrida presencia de colonos.
Sin embargo, la importancia relativa de los cristianos en una villa que difícilmente albergaría una mediana comunidad musulmana pudo ser grande. Los campos y alquerías, por el contrario, debieron estar casi por completo en manos de los infieles (3).
Son estos tiempos difíciles de historiar en lo que se refiere a la comarca de Almansa. La Corona de Castilla, que en un principio no dudó en dar a las poblaciones conquistadas todas las garantías de permanencia en realengo (casos de Alarcón o Alcaraz), se veía ahora demasiado comprometida con las órdenesycon los señores que hicie-
2. Véase TORRES FONTES (CODOM 111; pág. XXVI Ysigs.), laCRONICA DE ALFONSO X (B.A.E. LX.pág. 8),yeldoc. 11 de mi pequeño estudio Alcaraz, un enclave castellano en la frontera del Siglo XIII. Albacete, 1974, p. 136, donde se transcribe la donación a Alcaraz de
Tobarra, poblada aún exclusivamente por moros.
3. MERINO.- Ob.cit. Pago 227.
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ron posible la conquista. Durante los años cuarenta, las tierras incor- poradas en este sector manchego del reino de Murcia fueron reparti- das, en tenencia o en señorío, a distintos caballeros, que las intercam- biaron frecuentemente, las vendieron o compraron, como si fuesen cosa propia, y dictaron normas y disposiciones, casi siempre abusivas, para su gobierno y regimiento (4). Aunque nominalmente la zona seguía sujeta a la autoridad del rey moro de Murcia, lo cierto es que, tal vez por haber sido ocupada la mayor parte de sus pueblos en los días inmediatos al pacto de Alcaraz, sólo estos señores, y los comendado- res de las órdenes militares, imponían la ley, haciendo necesario.
algunas veces que el propio infante don Alfonso, en su calidad de auténtico virrey de las tierras ocupadas, les llamara la atención.
Aunque tenemos noticias al respecto acerca de la mayor parte de las localidades vecinas, no sabemos a ciencia cierta qué persona o personas rigieron los destinos' de Almansa durante la primera ocupa- ción castellana. La rapidez de la conquista, que dificultó el asenta- miento" como ya hemos dicho, creó multitud de problemas, que son hoy otras tantas lagunas en el conocimiento histórico de la región, otros tantos interrogantes abiertos. ¿Cuál pudiera ser el número apro- ximado de pobladores de las tres religiones? ¿Hasta dónde se exten- dían los límites municipales de Almansa? ¿Cuáles fueron las relaciones de este concejo con los Guzmán, dominadores de un extenso territorio en la comarca, con las Ordenes militares deCala~ravay Santiago, que tanta influencia ejercieron en la conquista, o con la vecina y poco amigable frontera aragonesa? No podemos decirlo y dudamos incluso que en la misma época fueran cuestiones claras. Los límites jurisdic- cionales fueron ftiados tan sumariamente por los conquistadores, que, aún años más tarde, su imprecisión motivaría abundantes conflictos, y si no los hubo en un principio, ello debe atribuirse más bien a la escasez de colonos que a una hipotética armonía entre los nuevos municipios.
Los regímenes de tenencia de las diversas poblaciones fueron cam- biantes y dispares, y los caballeros que las dominaron se preocuparon también muy poco de esclarecer sus jurisdicciones. Los problemas comenzarían más tarde, cuando, asentado mínimamente el pobla-
4. GONZALEZ.- Repoblación de Castilla la Nueva. Vol. II p. 37.
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miento cristiano y fortalecido el rágimen municipal, los intereses de las oligarquías locales chocasen entre sí (5).
Ignoramos asimismo si la conquista cristiana de Almansa significó el desmembramiento de las tierras que le pertenecieron bajo el dominio musulmán. No sabemos si las alquerías del término y los lugarejos de Alpera, Carcelén y Bonete pasarían al 'dominio de otras personas o continuarían vinculadas a·Almansa. Es probable i.ncluso que quedaran abandonadas, al no disponer de fortificaciones de mediana importan- cia, .pues la obsesión de los caballeros que ocuparon la comarca era la posesión de castillos, según queda patente.en multitud de documentos.
Es evidente que, en los años cuarenta y en zona tan dura como ésta, una almena valía más que una hectárea de la mejor tierra, y que los primeros castellanos en ella establecidos entendían mejor el manejo de la lanza que el del arado.
Si bien es cierto que las contiendas por cuestión de términos no debieron ser grandes en esta época entre concejos vecinos, que no tenían claras sus jurisdicciones, pero tampoco precisaban esclarecer- las, dada la escasa necesidad de tierras que tenían sus pocos poblado- res, no ocurría lo mismo en la frontera con Aragón. Allí había razones políticas de peso que enfrentaban al joven príncipe don Alfonso y a Jaime el Conquistador. Ambos se acusaban mutuamente, y con razón, de haber incumplido el tratado de Cazola, y se preocupaban de tomar la mayor cantidad posible de fortalezas, que les darían una ventajosa posición a la hora de las negociacionesyles permitirían adentrarse aún más en el territorio que había sido de los musulmanes. La intromisión castellana en Játiva, EnguerayMogente, y la ocupación aragonesa de Villena, Sax, Caudete y Bugarra, contrarias ambas al espíritu de aquel pacto, provocaron un conflicto que a punto estuvo de degenerar en guerra abierta. No es necesario advertir que tal tensión repercutiría inmediatamente en las localidades próximas que, como Almansa, es- taban en peligro ante una eventual ruptura de las hostilidades.
En Almizra -y no en Almansa, como algunos autores han afir- mado- tuvo lugar la histórica entrevista de 1244, en la que don Alfonso y don Jaime solventaron sus diferencias, se devolvieron las plazas indebidamente ocupadas, y establecieron unos límites duraderos que,
5. Ver nuestro pequeño trabajo: Convenios ,juntasyhermandades medievales en la Mancha de Montearagón. Anales del Centro Asociado de Albacete de la U .N .E. D. Año 1979. Pags. 216-251.
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en esencia, respondían a las orientaciones deCazol~(6). Con la devo- lución a Castilla de Caudete, Villena y Sax, volvió la tranquilidad a esta frontera. Pero don Alfonso había aprendido que era preciso repoblar la tierra y poner a buen recaudo sus fortalezas. Su propio hermano, el infante don Fadrique, se haría cargo de la custodia de Villena, y tal vez también, como sugiere Rodríguez Serrano (7), de Almansa y otras plazas, aunque esta hipótesis dista mucho de ser demostrable.Sanc~o
Sánchez de Mazuelo, otro hombre de confianza, gobernó Caudete, la torre de Pechín- en Montealegre, Albatana y'otras localidades, si bien no tardó en desprenderse de ellas para dar paso a la influencia de' la Orden de Santiago y de un misterioso personaje, don Gregorio, a quien dio Caudete y Pechín contando con el permiso del ya rey AlfonsoX(8).
No sabemos si será cierta la noticia que Julio González proporciona acerca de una importante repoblación de Almansa llevada a cabo en 1248 por parte de cien caballeros castellanos (9). Aunque nada de particular tendría que así fuera, pues es un hecho que el príncipe don Alfonso tuvo siempre conciencia de la necesidad de repoblar la tierra, la verdad es que la cifra de hombres de armas parece excesiva en aquel momento y en esta comarca. Él mencionado autor alude a un docu- mento que, según él, se conservaba en el Archivo Municipal, y que nosotros no hemos podido encontrar. Sí hemos visto, en cambio, en el Archivo Histórico Provincial de Albacete, otro privilegio, procedente seguramente de Almansa, fechado en Atienza, el4 de agosto de 1257, por el que Alfonso Xpuebla de cristianos la villa de Requena, repar- tiendo entre ellos -hasta 30 caballeros y escuderos hidalgos, 30 caba- lleros ciudadanos, y un número no determinado de peones-las casas y heredades que le pertenecían en la villa, y otorgándoles el fuero de
6. TORRES FüNTES, Juan.-La delimitación del Sureste Peninsular. Murcia, 1950.
7. RODRIGUEZ SERRANO, José Luis.-El castillo de Almansa. Almansa, 1974. Véase también SOLER GARCIA, José María.-La relación de Vi/lena de 1575. Alicante, Instituto de Estudios Alicantinos, 1974. P"90 Y 138.
8. SOLER GARCIA, JoséMaría.-Aportación al estudio del pleito de los Alhorines. 1Congreso de Historia del País Valenciano. Vol. 111. Valencia, 1976. Pago 13.
Sin embargo, el4 de agosto de 1253, Sancho Sánchez había vendido Caudete, Pechín,yotras aldeas, a la Orden de Santiago. TORRES FONTES.-CODOA-f. 11. doc. XVII.
9. Repoblación de Castilía la Nueva. p.361.
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Cuenca (10). No tenemos, sin embargo, constancia documental de que medidas similares se tomaran en el caso de Almansa, aunque sabemos que en este último año el Rey anduvo por estas tierras, y se preocupó del bienestar de sus súbditos, contestando desde Murcia, el 17 de abril de 1257, a ciertas quejas y peticiones del concejo almanseño, sobre las vej~cionesque sufrían sus vecinos (11). En junio o julio debió pasar AlfonsoXpor Almansa, pues el día4de este último mes se encontraba muy cerca, en Alpera, desde donde otorgó un privilegio a los vecinos de Alicante (12).
Si la proximidad de la frontera aragonesa pudo atizar la interven- ción de la corona castellana para iniciar una primera repoblación, el verdadero impulso del asentamiento cristiano sería motivado por otro peligro, que vino a superponerse a éste en los años sesenta. El descon- tento de los mudéjares murcianos por el incumplimiento del tratado de Alcaraz en lo referente a las libertades de la población islámica del reino de Murcia originó una rebelión generalizada contra la ocupación cristiana. Los sublevados contaban con el apoyo de Granada y con la repercusión inmediata del movimiento en las tierras valencianas de conquista aragonesa, donde muchos moros se pusieron también en pie de guerra. La expulsión masiva que en esta última comarca había tenido lugar a partir de 1248 (más de 100.000 infieles, concentrados en Montesa, fueron guiados hasta Villena, desde donde la mayor parte pasaronaMurcia y Granada) restó virulencia a la insurrección valen- ciana, pero la hizo más fuerte en Murcia (13). La zona manchega de este' reino, menos poblada de musulmanes, permaneció casi al margen del problema, pero las villas más próximas al conflicto, aunque no se vieran directamente afectadas, debieron quedar en situación peli- grosa. La Corona se volcaría entonces hacia los puntos más avanza-
10. Arch. Hist. Prov. Albacete. MUN. Carpeta 1, Pergamino 1.
11. BALLESTEROS.-Alfonso X. p. 176.
12. TORRES FONTES.-CODOM. 111. Doc. XLII. Este documento se encuentra también inserto en el traslado de los fueros de Alicante que transcribimos al final de este libro. Ver Apéndice Documental. Doc. XXIX.
13. SOBREQUES VIDAL, Santiago.-La Baja Edad Media Peninsular. En el vol. 11 de la Historia social de EspañayAmérica, de Vicens, 1972. Pago 28.
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dos, otorgando privilegios para conseguir su repoblación efectiva por cristianos (14).
Contra lo que se ha dicho por parte de algunos autores, los moros de Almansa no llegaron a sublevarse (15), tal vez por ser pocos. Hay documentos que así lo prueban. El15 de abril de 1262, antes de que el peligro surgiera, Alfonso X otorgaba en Sevilla a los pobladores cris- tianos de Almansa, «que es en la nuestra conquista el regno.de Murc;ia-
», el fuero y las franquezas que gozaban los de Requena (16). Como 'hemos apuntado, Requena había recibido el fuero de Cuenca, espe- cialmente apropiado para crear fuertes concejos urbanos en zonas fronterizas, en 1257. El privilegio rodado por el que Alfonso X trans- mite a Almansa este beneficio hace ya hincapié en que se concede
«para guarda de. la tierra». Es de suponer que, además de los usos previstos en los compendios forales de la familia conquense, pasarían también a los cristianos de Almansa las ventajas adquiridas por los de Requena: derecho a repartir por caballerías y peonías las propiedades de la Corona, licencia para comprar a los moros -con ciertas limitacio- nes- sus heredades, exención de pago de portazgo en Moya, Cuenca, Huete, Alarcón, Jorquera, Ves, Ayora y Chinchilla, y de impuestos sobre el consumo de pan, viandayganados que comprasen para llevar a su villa (17). Desde luego, está claro que se intentaba afianzar la colonización castellana, minimizar el componente demográfico mu- sulmán,ycrear una fuerte línea defensiva que protegiera
Lá
Mancha.En la misma línea, el9y 13 de octubre de 1264, sendos privilegios de Alfonso X, dados en Sevilla (18), concedían a los moradores presen- tes yfuturos de Almansa, «porque e/lagar se pueble meior», el fuero de las franquezas de Cuenca, el heredamiento «que dizen elfondón del Almugrón», los lugares de Alpera, Carcelén y Bonete, y la alquería de
14. TORRES FONTES.- La conquista de Murcia . .. Pags. 93 y sigs.
15. Ignoramos en qué pueda basar RODRIG VEZ SERRANO su idea de que Almansa cayó en .poder de los rebeldes. TORRES FÜNTES (Conquista de Murcia. pago 95) desmieJlte tal afirma- ción con documentos. Tampoco sabemos nada de la pretendida donación de Almansa a la orden del Temple, en la que insisten varios autores, pero que parece más improbable todavía.
16. Véase, al final de este libro, el Apéndice Documental. Doc.I.
17. Arch. Hist. Prov. Albacete. MUN. Carpeta 1, Pergamino1.
18. Apéndice Documental. Docs. 11 y IIl.
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Borjaharón (o Boriarón), con todos sus términos, montes y riquezas, como1os tenían los moros almanseños en tiempo de los almohades. La tarea de repartir tierras por caballerías y peonías entre los pobladores' del lugar se encomienda a don Gregario, no sabemos si por ser hombre de confianza de la Corona' y capitán de las fuerzas reales, o porque tuviera algún poder de tenencia o señorío sobre Almansa. De cualquier manera, Jos beneficiosos efectos de estos documentos debieron de- jarse sentir, aunque fuera mínimamente, 'impidiendo que la plaza ca- yera en manos de los rebeldes musulmanes en momentos tan difíciles.
El15 de febrero de 1265, AlfonsoX volvía a'conceder a los cristianos de Almansa el fuero de Cuenca, ampliado con las franquezas de Alicante, ratificando la donación de las ya mencionadas alquerías (19).
Ello demuestra que Almansa no había sucumbido ante los mudéjares, y también que el Rey se interesaba por mantener bien poblado este estratégico enclave.
Elmomento era sumamente comprometido para las armas cristia- nas, que habían visto a los rebeldes adueñarse de varias plazas impor- tantes y de la mayor parte de las zonas rurales, donde su número era mayoritario. En las cercanías de Almansa, aunque el lugar no cayó en poder del enemigo, es muy probable que se dieran focos de rebeldía.
No parece que los almanseños llegasen a dominar Alpera, que pudo ser una de las sublevadas, según se deduce de su posterior donación a uno de los caballeros aragoneses encargados de reprimir a los mudéjares (20). Es fácil que lo mismo sucediera en "otras alquerías y pequeñas cortijadas del término. El 27 de octubre de 1265, Alfonso X, preocu- pado sin duda por la dificil situación de la comarca, ordenaba al concejo de Alicante que diera a los de Almansa traslado de su fuero y franquezas, pues era su vo~untadque gozaran de ellos (21).
19. TORRES FONTES.- CODOM. 111. Pags. 83-85. Transcribe este privilegio, publicado ya anteriormente por GONZALEZ TOMAS, en su Colección de Pril'ilegios, franquezas, exencio- nesyfueros concedidos a varios pueblosycorporaciones de la Corona de Castilla. Madrid, 1833.
Vol. VI. p. 138-141.
20. TORRES FONTES..- CODOM.JJ. pago 28.
21. Este documento, transcrito anteriormente en numerosas ocasiones, y publicado con sus repetidas confirmaciones hasta Fernando VII, bajo los títulos: «Privilegios y Franquezas de la Muy Noble, LealyFelicúima ciudad de Almansa» (Granada, Imp. Nicolás Moreno, 1830), y
«Privilegios y Franquezas de la Muy Noble y Leal~'illade Almansa» (Murcia, Imp. Felipe Díaz, 1749), no se nos ha conservado en su integridad. Han desaparecido las sucesivas copias confir- madas, y hoy sólo tenemos la de los Reyes Católicos, que transcribimos en el Apéndice documen- tal (Doc. XXIX). TORRES FONTES (CODOM. /J/.pag.83) también lo ofrece.
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En dici,embre de 1265, los reyes de Castilla y Aragón, alarmados ante el problema mudéjar, se reunieron en Alcaraz, pactando una alianza contra el enemigo común. Jaime 1se comprometía a recobrar y devolver a Castilla el reino de Murcia, mientras Alfonso X dirigiría la guerra contra Granada. El alzamiento musulmán, ya muy quebrantado por la campaña recientemente llevada a cabo en estas tierras por el infante don Pedro, y por la falta creciente de apoyo granadino, no pudo resistir el empuje de las tropas aragonesas; mandadas por el propio don Jaime, y de las del infante don Manuel, hermano del monarca caste- llano (22). Ambos se dirigieron hacia Villena, pasando seguramente por A.lmansa y disipando los temores de sus habitantes. Las últimas plazas en poder de los sublevados no tardaron en rendirse, y un buen número de aragoneses, con autorización de su soberano, vinieron a establecerse en las poblaciones murcianas. Algunos caballeros reci- bieron de Jaime 1 señoríos en las tierras recién ocupadas. Uno de ellos fue don Guillén de Rocafull, que el 13 de septiembre de 1266 obtuvo el lugar y castillo de Alpera, a pesar de que poco antes Alfonso X lo había concedido a los castellanos de Almansa (23). Esta donación a uno de los guerreros del Conquistador nos hace pensar si no sería el de Alpera uno de los pueblos recuperados de manos de los mudéjares. En tal caso, Almansa no habría llegado siquiera a poblarlo de cristianos, seguramente, en los dos años anteriores.
Aunque Alfonso X parecía haberse comprometido con su suegro, Jaime 1, a entregar el reino de Murcia a don Manuel, su hermano, lo cierto es que, una vez sometida la rebelión mudéjar, el Rey Sabio no quiso cumplir tal palabra. Ocupó militarmente las fortalezas, permi- tiendo la permanencia de los aragoneses asentados, perdonó a los moros y les dejó quedarse en sus heredades, sobre todo a causa dela dificultad de encontrar pobladores cristianos (24), y convirtió el Reino de Murcia en uno más de los que integraban la corona castellana, suprimiendo el estatuto pactado en Alcaraz en 1243. Nuevos caballe- ros recibieron las tierras reconquistadas, y entre ellos, a modo de compensación por haberle privado de lo prometido, el. infante don
22. TORRES FONTES.- La conquista de Murcia . .. pago 126.
23. TORRES FONTES.- CODOMJJ. Pag, 28.
24. Crónica de Alfonso X. B.A.E. LX. Pago 11.
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Manuel obtuvo de su hermano un buen número de villas y castillos, un territorio tan extenso y dotado de tan amplios poderes, que pronto se convertiría en un señorío casi autónomo dentro de Castilla, un estado tapón que, desde el valle del Vinalopó, se extendía hasta las tierras manchegas de Chinchilla, controlando la frontera aragonesa y las rutas de Murcia. En el centro de esta vasta comarca, Almansa fue incorpo- rada también a los dominios de don Manuel, que no tardaron en absorber a otros más pequeños y efímeros, y que andando el tiempo se convertirían en el más importante señorío del Reino.
Desconocemos con exactitud la fecha en que Almansa pasó a ser posesión del infante don Manuel, pero sí puede afirmarse que los comienzos de su lenta recuperación poblacional y económica se hallan precisamente en el período que siguió al aplastamiento de la rebelión musulmana, y que adquiere un muy limitado auge coincidiendo con el mandato del hermano del Rey. No cabe pensar en un desarrollo espec- tacular, aunque el peligro se hubiera alejado, permitiendo un cierto incremento del tráfico por los caminos, junto a los cuales florecieron algunas pueblas propiciadas por don Manuel o la orden de Santiago (25). Sobrequés ha señalado ya que la escasez de noticias conservadas referentes a esta com.arca es por sí misma un indicio de la poca entidad demográfica que la región seguía teniendo (26).
El asentamiento, no muy importante numérica.mente hablando, debió ser, en cambio, rápido en lo~ primeros momentos, y buena prueba de ello es la premura con que el obispa'do de Cartagena pidió al Monarca la confirmación de los límites territoriales que le correspon- dían antes de la sublevación de Jos moros, con objeto seguramente de proceder al cobro regular de las rentas eclesiásticas. El propio Alfonso X, que pasó buena parte del año en el reino de Murcia repoblando con
«gente muy lucida», a menudo de origen aragonés, el sector más oriental, volvió luego a Andalucía (27). Desde Sevilla contestó en diciembre de 1266 renovando la jurisdicción de la sede cartaginense sobre un dilatado territorio que comprendía las comarcas de Alicante ..
25. GONZALEZ.- Repoblación. " Vol.I.Pago 366-367.
26. SOBREQU ES.- Ob.Cir.Pago 33 y 34. Ofrece interesantes precisiones extractadas sobre el panorama demográfico de la comarca en este momento.
27. CASCALES, Francisco de.- Discursos históricos de la muy noble ciudad de Murcia)' su
Reino. 33 edición. Murcia 1874. Pago 32. . .
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Petrel, Sax, Yillena, la zona de Jorquera ydominios de Gonzalo Ruíz de Atienza, Chinchilla con su término, Letur, Calasparra, toda la parte hoy comprendida en la provincia de Murcia, las tierras de don Manuel, y otras por levante y el sureste. También Almansa quedaba incluida en la jurisdicción eclesiástica de Cartagena C28).
De cualquier nlanera, no hemos de creer que la población cristiana de Almansa hubiera experimentado un gran incremento. Pensemos que el vecino Caudete, perteneciente a don Gregario y su esposa, doña Giralda de Santa Fe, continuaba poblado sólo por mudéjares (29). La incidencia del establecimiento aragonés, ajuzgar por los apellidos que encontramos en Almansa hasta mediados del siglo XIV, fue mayor que en Chinchilla o en otras. localidades más interiores, pero no demasiado grande. La mayor parte de los nuevos pobladores debió venir de las cercanas regiones castellanas, aunque es indudable que también había personas de procedencia aragonesa, y hasta de reinos mucho más lejanos, según parece sugerir el único nombre de vecino de Almansa que de estas fechas conocemos, Ciriando de Viers (30).
En los últimos años sesenta, el Concejo pudo dedicarse a sentar las bases de su futuro desarrollo económico y demográfico. El 14 de diciembre de 1267, respondiendo a sus requerimientos y a las instruc- ciones dadas dos años atrás por Alfonso X, el ayuntamiento de Ali- cante enviaba a los almanseños un traslado de su fuero y franquezas, para que pudieran aplicarlas en su beneficio (31). El lugar se encontró así en posesión de las ventajas del fuero de Requena, el nuevo de Cuenca y del de Alicante, nueva versión del de Córdoba, ampliados mediante privilegios complementarios. Buena falta harían, pues AI- mansa debía encontrarse casi deshabitada, según parece denunciar el
28. TORRES FONTES.- CODOM. l. Pago 37. Ver también MERINO Ob. cit. pago 161.
29. TORRES FONTES.- CODOM11. Pago 41.
30. Este Ciriando de Viers es el enviado de Almansa a quien el concejo de Alicante hizo entrega del traslado de su fuero y sus privilegios. Ver Apéndice Documental. Doc. XXIX.
31. Ver Apéndice Documental, Doc.XXIX. Este documento, conservado en el Arch. Hist.
Prov. de Albacete,MUN. Carpo 3, Libro de pergamino N° 35, es el único ejemplar que conoce- mos de las sucesivas confirmaciones de los privilegios de Alicante que el concejo de Almansa obtuvo a lo largo de su historia. Corresponde a"los Reyes Católicos, y nos hems servido de él para la transcripción que ofrecemos.
28
hecho de que sus tierras hubieran de ser luego repartidas de nuevo por el infante don Manuel entre los pobladores.
A fin de conseguir el arraigo de nuevo colonos, y de acuerdo con las mercedes otorgadas a Alicante, Alfonso X concedía que todas las tierras dadas por la Corona, y las que en adelante diera en el término, fueran repartidas a los vecinos con arreglo a la categoría de cadauno~
Los caballeros beneficiarios de este repartimiento quedarían exentos de pechar diezmos e impuestos reales o señoriales sobre la propiedad, y los cultivadores que por sus propias manos trabajaran los campos tampoco pagarían por los frutos que de eUos obtuvieran. La única condición impuesta a los propietarios era la de hacer vecindad en el lugaryno vender o cambiar sus heredades en el plazo de cinco años. Si así no lo hicieran, el Rey podría quitarles lo concedido y darlo a otro poblador, pero si el dueño fuera cautivado por los moros y necesitara dinero para su rescate, o muriese dejando mandas testamentarias de sus bienes, podrían ser vendidas las parcelas. Los derechos de propie- dad sólo quedaban limitados por la prohibición expresa de dar o vender bienes inmuebles a las órdenes militares, cuyo enorme poder territorial y económico preocupaba a la Corona y a las ciudades. No regía, en cambio, esta prohibición para la Iglesia, que podría recibir o comprar de los vecinos los solares y fincas que el obispo quisiera. No existe tampoco restricción alguna del derecho de entregar bienes muebles a las órdenes o a cualquier otro pod.er eclesiástico (32).
Los vecinos de Almansa debían tener,en ella sus casas mayores pobladas, con sus mujeres e hijos., y estaban obligados a residir al menos siete meses al año. Nadie podía hospedarse por la fuerza en sus viviendas,yel que entrara en ellas quebrantándolas sería condenado a muerte. Si el delincuente se escondiera en el domicilio de un morador de Almansa, éste qu~daríaobligado a permitir un registro judicial, so pena de sufrir el castigo correspondiente -al fugitivo. Por lo demás, la propiedad estaba tan garantizada que, incluso si los moros se apodera- sen de la población o de alguna parte de la tierra donde los vecinos tuvieran heredades, éstas serían devueltas a sus dueños cuando las armas cristianas resCataran lo perdido. La vecindad comportaba, por otra parte, el derecho a conlprar y poseer tierras en todo el reino de Murcia, en las mismas condiciones de franqueza que regían para las del término.
32. lbid.
29
Otros privilegios de carácter económico amparaban a los vecinos de Almansa, pero analogía con los que tenían los de Alicante. Estaban exentos de dar portazgo y diezmo, por tierra y mar, en todo el Reino excepto en Murcia; de pechar veintena, decena y derechos sobre I~
caza.y ~I pescado; y de satisfacer cantidad alguna en concepto de almoJarIfazgo o aduana por las mercancías que sacasen o metiesen en Aragón y lasl~~asque allí llevasen ellos o quienes de ellos las compra- sen. Estas facIlidades para el desarrollo del comercio estaban limita- das, según es normal y frecuente, por la prohibición de vender ciertas cosas, comoarm~~o caballos, en tierra de moros. El mercado interior ta~bie~,.sepotenciaba, al liberar a todos los cristianos del lugar de la oblIgacIon de dar al Rey el dinero de plata con que se gravaba la compraventa de higos, pasas y otros artículos menores. Los mercade- res de fuera~ampocopagarían nada por las cosas menudas que trajeran a la plaza, ni por los derechos del peso y la trugimanía, y sólo el 8% del valor de sus mercancías como almojarifazgo. Esta renta real se arren- dría anualmente en almonedaal mejor postor (33). .
.A?emás de losp~v~le~io~~eneralesdel Concejo y sus vecinos, que reclbIan co~pletaJurlsdIcclon y propiedad sobre el término y sus fuentes de riqueza, cada uno de los grupos sociales que integraban la población de Almansa quedaba amparado por los que los fueros de Cuenca y Córdoba les otorgaban específicamenteypor las disposicio- nes complementariasque.A~icantey Cartagena habían recibido del rey don Alfonso. Entre los cristianos, los caballeros eran sin duda los más favorecidos. Exentos de pagar pechos reales por sus propiedades a co?dición de mantener armas y un buen caballo, los «burgueses» de AlIcante, y también los ballesteros con montura de valor superior a los 30 maravedís, gozaban de todas las franquezas de los hidalgos de Toledo. Los de Almansa heredaron estas mercedes, y la facultad de tomarsol~adade señores, siempre que ello no redundara en perjuicio de la fidelIdad y los servicios que debían al Monarca. Una vez al año harían un fonsado o expedición militar al servicio del Rey y, si murie-
~an en la acción, sus mujeres quedarían «honrradas» y exentas de Impuestos en memoria suya, y los hijos mantendrían esta misma con- dición distinguida hasta que tuvieran edad de cabalgar y combatir como hombres. Si algún caballero quisiera regresar a visitar sus sola- res de origen, en Castilla, León, Galicia, o alguna otra tierra, debería
33. ¡bid.
30
dejar caballo en el lugar para que sirviese por él, salir en octubre y regresar a primeros de mayo, a tiempo para la expedición, que solía ser en el verano.
Los pobladores cristianos dotados de menores medios de fortuna no aparecen, según los privilegios de Alicante, muy discriminados res'pecto a la caballería. Incluso se contempla la posibilidad de que aquel peón que quisieraypudiera cabalgar en una expedición contra el enemigo «caualgue e entre en las costunbres de los cúalleros» (34).
Muchas menos oportunidades de promoción social tienen las comuni- dades mudéjaryjudía, apartadas de la cristianaysometidas a un trato de inferioridad, como es normal en la época. Ningún converso podrá ostentar en Almansa cargos públicos que ·confieran autoridad sobre los cristianos viejos, y tanto los judíos como los moros libres, en sus querellas con los vecinos de la religión dominadora, deberán atenerse al juicio de un alcalde cristiano.
Como estamento privilegiado, el clero recibe determinadas rentas y queda exento del pago de diezmos al rey por las heredades que la iglesia posea o adquiera en el término. Al igual que las órdenes milita- res y los caballeros nobles, el obispo podría tener propiedades, e incluso aldeas, en tierras del Concejo, pero sus vasallos quedarían
oblig~dosa pechar fazenderas y otros repartimientos con los de otros lugares de la tierra y con los del mismo núcleo capital. Sin embargo, el Municipio no tendría poder para apremiar directamente a los hombres del obispo a pagar estas cantidades, y debería hacerlo a través de un mampostero o intermediario que nombraría la autoridad eclesiástica.
Por el mismo procedimiento se regirían las relaciones entre el Concejo y las gentes de los señores y las órdenes militares que tuvieran hereda- des en su jurisdicción. Sin embargo, la ley con arreglo a la cual se juzgarían estas diferencias sería el fuero de la Villa.
El Concejo aparece estructurado en la manera habitual en la pri- mera mitad del siglo XIII. Los cargos municipales, que fueron desig- nados por el merino del rey en los primeros momentos, son ya, cuando los privilegios de Alicante se conceden a Almansa, propuestos anual- mente por la poblacÍón y sancionados por el merino, entre «aquellos que dixiere el conc;eio que son omnes buenos» yafectos al servicio de la Corona. Eljuez, que deberá ser persona económicamente solvente y poseedora de armas, loriga y caballo, tendrá las llaves
de
la población,34. Ibid.
31
el sello del común, y el estandarte o pendón concejil, con el que marchará en cabeza de la hueste en las acciones militares.· Los alcaI- des, encargados de administrar justicia con arreglo al «libro juzgo», en presencia de los hombres buenos representantes de los vecinos; el
es~ribano y el almotacén, serán elegidos también anualmente, «Q convenenzia de omnes buenos e vezinos de la villa», porel delegado de la autoridad real, señor o merino. Dos hombres buenos estarían, además, encargados de custodiar los sellos del Concejo. El orden público correría a cargo del alguacil (35).
Ind~dablemente,los fueros de Alicantey Cuenca estaban concebi- dos para regir la vida de poblaciones mayores que la de Almansa. Es muy posible que en determinados casos no se aplicaran aquí, por no ser necesarias, algunas de las disposiciones en ellos contenidas, pero parece probable que el municipio almanseño se gobernara en la forma indicada, por jueces, alcaldes y hombres buenos, y que se recurriese con frecuencia a la convocatoria de concejo general abierto y asam- bleario, lo que sería factible, dado el escaso número de vecinos exis- tente durante el siglo XIII en todas las localidades de la comarca. El Concejo contaría, además de con los tributos y pechos municipales, con el aporte económico de las rentasyla administración de los bienes comunales, que abarcaban la mayor parte del término.
La posible existencia en Almansa de un castillo anterior al actual, que en su mayor parte es obra de los siglos XIV y XV, haría también aplicable a este lugar toda la detallada reglamentación casuística que en Alicante regía las relaciones entre la población civil y el alcaide y la guarnición militar de la fortaleza. Un vecino de Almansa sería nom-
brado por el alcaide para mediar entre él y el municipio en calidad de mampostero, ya que estaba prohibido, a fin de evitar enfrentamientos, que se dirimieran directamente las posibles querellas entre las gentes del castillo y las de la Villa. Los hombres del alcaide que cometieran algún atropello serían entregados al alguacil y al alcalde, representan- tes de la justicia municipal. Si el malhechor no fuera de la Villa y cometiera en ella daño, su castigo sería competencia del merino del Rey. De la misma manera, el concejo estaría obligado a capturar a cualquier vecino que, contra lo ordenado, y en deservicio del Mo-
35. ¡bid. El alguacilazgo es el único oficio municipal que se conserva en Almansa, sin perder sus funciones, hasta el siglo XV.
32
narca, hiciera bando o se juramentara con otros para provocar algún daño o alboroto, y entregarlo a las autoridades reales (36).
Los privilegios complementarios del fuero de Alicante que se otor- gan a Almansa abundan talnbién en normas de derecho penal, que traslucen, dentro de la inevitable dureza medieval, un alto y moderno sentido de lajusticia, muy alejado del bárbaro germanismo que inspiró la legislación altomedieval: se excluye a los parientes de responsabili- dades penales por delitos cometidos por un miembro de su familia; se garantiza a la mujer el derecho a no ser obligada a contraer matrimonio contra su voluntad, y se.reconoce la libertad bajo fianza dada por otras personas para los acusados de homicidio, estableciéndose, además, que los presos de la Villa no puedan ser sacados de sujurisdicción. Sin embargo, la pena de muerte sigue siendo aplicada con frecuencia. Se castiga con ella a los que forzasen a una mujer, aunque fuera prostituta, y también a los falsarios, herejes, falsificadores de moneda, asesinos con alevosía, etc. En estos casos, los bienes de los ajusticiados serían confiscados, pero si la sentencia de ejecución se hubiera dado por otra causa, los hijos y parientes tendrían derecho a heredarlos. También se condena con destierro yconfiscación a los traidores, pero en este caso se permite a la mujerya los hijos del reo la permanencia en la población (37).
Naturalmente, la ampliación de las mercedes que gozaban los almanseños debió repercutir favorablemente en el poblamiento, que se iría incrementando lentamente. A este fin resultaría también benefi- ciosa la tranquilidad de la frontera valenciana, propiciada por las magníficas. relaciones entre Alfonso X y su suegro, Jaime l. EllO de agosto de 1268, el rey castellano se dirigía a todos los concejos del reino de Murcia hablándoles del tratado de extradición de malhechores firmado con los aragoneses (38), que aseguraría el renacer de la vida económica y el comercio de esta mal tratada comarca.
Se imponía ya aclarar los límites jurisdiccionales de los distintos concejos, muy confusos hasta entonces a causa de la inestabilidad política y la acusada debilidad demográfica de la comarca. A ello se dirige, a lo largo de los años sesenta y setenta, la larga serie de
36. [bid.
37. [bid.
38. CASCALES.- Oh. Cit. Pago 62.
33