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Biblioteca Digital de Albacete «Tomás Navarro Tomás»

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LA GUERRA DE SUCESIÓN EN ESPAÑA Y LA BATALLA DE ALMANSA

Europa en la encrucijada

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LA GUERRA DE SUCESIÓN EN ESPAÑA

Y LA BATALLA DE ALMANSA

Europa en la encrucijada Francisco García González

(coord.)

Humanidades Mbawte

UNIViRSIDAD DL CASULLA-LA MANCHA

Afl»4TAJAE4T0 DE AMAUSA

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"CUALQUIER FORMA DE REPRODUCCIÓN, DISTRIBUCIÓN, COMUNICACIÓN PÚBLICA O TRANSFORMACIÓN DE ESTA OBRA SOLO PUEDE SER REALIZADA CO. LA AUTORIZACIÓN DE SUS TITULARES, SALVO EXCEPCIÓN PREVISTA POR LA LEY. DIRÍJASE n CEDRO (CENTRO ESPAÑOL DE DERECHOS REPBOGRÁFICOS,

WWW.CEOBO.ORG ) SI NECESITA FOTOCOPIAR O ESCANEAR ALGÚN FRAGMENTO DE ESTA OBRA".

© Francisco García González, 2009

© I.A.A. Thompson, 2009

© Ricardo García Cárcel, 2009

© Carlos Martínez Shaw, 2009

© Friedrich Edelmayer, 2009

© C. Storrs, 2009

© Pedro Losa Serrano, 2009

© Rosa María López Campillo, 2009

© Lucien Bély, 2009

© Giovanni Murgia, 2009

© Pedro Cardim, 2009

© Joaquim Albareda, 2009

© Carmen Pérez Aparicio, 2009

© Ricardo Franch Benavent, 2009

© James Casey, 2009

• José A. Armillas Vicente, 2009

• Juan Hernández Franco, 2009

• Sebastián Molina Puche, 2009

• Pere Molas Ribaha, 2009

• Rosa María Alabrús, 2009

© José Manuel de Bernardo Ares, 2009

© Elena Echevarría Pereda, 2009

© María Victoria López.-Cordón Cortezo, 2009 © Emilio Ortega Arjonilla, 2009

© María de los Ángeles Pérez Samper, 2009

© Cristina Pineda Torra (tr.), 2009 © Daniel Aznar (tr.), 2009

Imagen de la cubierta: Batalla de Almansa, Philippo Pallota y Buenaventura Liglio, 1707. ©Museo del Prado (en depósito en la Cortes Valencianas)

© Diseño editorial y de cubierta: Ramiro Domínguez

©Sílex® ediciones S.L., 2007

el Alcalá, n.° 202. 28028 Madrid www.silexediciones.com [email protected] ISBN: 978-84-7737-232-5

Depósito Legal: M -47730-2009

Dirección editorial: Ramiro Domínguez Edición: Cristina Pineda Torra

Coordinación editorial: Cristina Pineda Torra y Angela Gutiérrez Producción: Equipo Sílex

Fotomecánica: Preyfot

Impreso en España por: ELECE, Industria gráfica (Printed in Spain)

Queda rigurosamente prohibida sin la autorización escrita de los titulares del "copyright", bajo las sancio- nes establecidas en las leyes, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedi- miento, comprendidos la reproducción y el tratamiento informático, y la distribución de ejemplares de ella

mediante alquiler o préstamos públicos.

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Contenido

INTRODUCCIÓN. LA GUERRA DE SUCESIÓN, LA BATALLA DE ALMANSA

O EL PRINCIPIO GLORIOSO DE LOS FELICES SUCESOS QUE Yo LOGRARA ... 11 Francisco García González

EL CONFLICTO GENERAL.

L& GUERRA DE SUCESIÓN EN EUROPA y AMÉRICA

ALMANSA Y LA GUERRA EN EUROPA EN TORNO A 1700:

CAMBIOS Y PERMANENCIAS ...31 I.A.A. Thompson

LA GUERRA DE SUCESIÓN EN ESPAÑA ...51 Ricardo García Cárcel

LA GUERRA DE SUCESIÓN EN AMÉRICA ...71 Carlos Martínez Shaw

LA GUERRA DE SUCESIÓN ESPAÑOLA EN EL SACRO IMPERIO ...95 Friedrich Edelmayer

INGLATERRA Y LA GUERRA DE SUCESIÓN ESPAÑOLA ...109 Christopher Storrs

LA GUERRA DE SUCESIÓN ESPAÑOLA Y LA OPINIÓN PÚBLICA INGLESA ...133 Pedro Losa Serrano / Rosa María López Campillo

LA GUERRA DE SUCESIÓN DE ESPAÑA EN FRANCIA ...169 Lucien Bély

L& GUERRA DE SUCESIÓN ESPAÑOLA EN ITALIA ...187 Giovanni Murgia

PORTUGAL EN LA GUERRA POR LA SUCESIÓN

DE LA MONARQUÍA ESPAÑOLA ...231 Pedro Cardim

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EL CONFLICTO INTERNO.

LA GUERRA DE SUCESIÓN Y ALMANSA

DEFENDER A UN REY, CONVENCER A EUROPA: RAZONES E IMÁGENES

DE LA PROPAGANDA CASTELLANA DURANTE LA CONTIENDA SUCESORIA .... 285 María Victoria López-Cordón Cortezo

LA CORONA DE ARAGÓN EN LA GUERRA DE SUCESIÓN:

EL PROYECTO AUSTRACISTA ...307 Joaquim Albareda

EL REINO DE VALENCIA EN EL CONFLICTO INTERNACIONAL

POR LA SUCESIÓN DE LA MONARQUÍA ... 325

Carmen Pérez Aparicio

LA INCIDENCIA DE LA GUERRA DE SUCESIÓN EN LAS RELACIONES

ECONÓMICAS DEL REINO DE VALENCIA CON EL INTERIOR PENINSULAR .. . . 359

Ricardo Francl, Benaven:

LA GUERRA DE SUCESIÓN EN LA HISTORIOGRAFÍA ESPAÑOLA:

LA PERSPECTIVA CATALANO-VALENCIANA ...379 James Case,

Los EFECTOS DE LA BATALLA DE ALMANSA EN EL REINO DE ARAGÓN ...397 José A. Armillas Vicente

Los EJÉRCITOS DE ESTA FRONTERA.

EL REINO DE MURCIA Y LA BATALLA DE ALMANSA ...415 Juan Hernández Franco / Sebastián Molina Puche

LA VILLA DE ALMANSA EN LA GUERRA DE SUCESIÓN ... 435

Francisco García González

EL DUQUE DE BERWICK, VENCEDOR DE ALMANSA ...475 Pere Molas Ribalta

ALMANSA Y EL PENSAMIENTO BORBÓNICO Y AUSTRACISTA

DEL SIGLO XVIII ...487 Rosa María Alabrús

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ALMANSA EN LA CORRESPONDENCIA ENTRE Luis XIV Y FELIPE V ... 501 José Manuel de Bernardo Ares / Elena Echeverría Pereda / Emilio Ortega Arjonilla

LA BATALLA DE ALMANSA EN PALABRAS DE MUJERES ... 529 María de los Ángeles Pérez Samper

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Introducción

La Guerra de Sucesión, la batalla de Almansa o el principio glorioso de los felices sucesos que Yo lograra

Francisco García González Universidad de Castilla-La Mancha

En una Real Cédula del día ig de julio de 1707 Felipe V concedía a la villa de Almansa diferentes mercedes y honores como reconocimiento a su esfuerzo y sacri- ficio por la causa borbónica. En ella se hacía especial hincapié en un hecho: que

fuesse en sus Campos el Theatro de la mas sangrienta Batalla que hasta ahora se avia visto en España, logrando de ellos mis Catholicas Armas la mayor victoria; y siendo esta el principio glorioso de los felices sucesos que Yo lograra, y se esperavan continuar, mediante la voluntad Divina'.

Más allá del voluntarismo, en aquel momento era difícil que Felipe Y pudiera vaticinar el futuro teniendo en cuenta los fracasos anteriores del ejército borbónico y la situación de incertidumbre en la que se encontraba el panorama internacional en aquel verano de 1707. A trescientos años vista, con la perspectiva histórica que nos proporciona el tiempo, podemos tratar de comprender en su justa medida cómo se inserta y se explica un hecho concreto como la batalla de Almansa en el contexto más amplio de la Guerra de Sucesión y, por lo tanto, en la lucha por la hegemonía euro- pea. Porque, qué supuso esta batalla en la evolución del conflicto o hasta qué punto influyó en su trayectoria y en sus resultados tanto en España como en Europa, son algunas de las cuestiones que pretende responder este libro. Por sus profundas con- secuencias, Almansa justificaría sin ninguna duda que las batallas, como afirma I.A.A. Thompson, no son meras anécdotas de la historia.

En una guerra oscilante y discontinua donde la balanza se podía inclinar hacia uno u otro bando; en una guerra de victorias frágiles y cambiantes donde se fueron truncando las expectativas de brevedad y donde el rumbo de los acontecimientos podía variar a cada instante, no podemos dejar de dar importancia a la cronología,

1 Véase la reproducción de dicha cédula en E López Iglesias y M.J. Ortíz López, De la muy noble, muy leal y felicísima villa de Almansa e intrahistoria de la célebre batalla que se libró en su campo en 1707,

Almansa, 5998, Apéndice V, P.

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FINcIsco GARCÍA GONZÁLEZ

al tiempo corto. Todos los autores de esta obra se esmeran por precisar con detalle la progresión del conflicto en los distintos espacios que analizan. Incluso, algunos abor- dan el tema desde una dimensión temporal más personal e individualizada a través del intercambio de cartas entre protagonistas claves de esta historia, o atendiendo a su trayectoria biográfica como ocurre con el caso del duque de Berwick. Pero los acontecimientos y sus consecuencias resultan incomprensibles sin encajarlos en el análisis de procesos más amplios de media y larga duración. Sabemos ahora que la batalla que tuvo lugar ci 25 de abril de 1707 en las inmediaciones de Almansa signi- ficó para Felipe V el comienzo de un complejo proceso que culminaría con la ins- tauración de la monarquía borbónica en España. Pero, ¿el futuro estaba escrito?,

¿la continuación de los "felices sucesos" tras la batalla estaba clara? ¿Qué explica la opción elegida entre los contendientes en aquél conflicto internacional?, ¿por qué el giro político en casos como Portugal o los reinos de la Corona de Aragón, por ejem- plo?, ¿se debía a aspectos circunstanciales? ¿Cómo influyó el paso del tiempo en la toma de decisiones, en las relaciones de fuerza de los bandos enfrentados y en la reso- lución del conflicto? ¿Por qué podemos hablar de Europa en la encrucijada? Según la real cédula mencionada anteriormente, se podría deducir que el éxito de la bata- lla fue de Felipe V pero, ¿cuál fue su nivel de protagonismo?, ¿se trata de una victo- ria castellana?, ¿sus repercusiones fueron sólo decisivas en clave interna? Para centrar ci problema creemos, como concluye José Manuel de Bernardo Ares y sus colabora- dores, que "la batalla de Almansa fue una victoria francesa y no castellana. Los altos mandos, el grueso del Ejército, los recursos, la estrategia, etcétera, fueron franceses.

Una victoria sobre los aliados librada en los campos de Castilla pero en el contexto más amplio de una guerra europea, que si bien abrió las puertas a la entronización de Felipe V como rey de España, puso en marcha un proceso de negociación que concluyó con la configuración política de una nueva Europa".

El objetivo de este libro es profundizar en el significado de la batalla de Almansa en su doble plano nacional e internacional. La batalla fue un acontecimiento bélico de primera magnitud. Su importancia sin embargo desborda esa dimensión estricta- mente militar. Por sus repercusiones se convierte en un hito fundamental para la comprensión del futuro desarrollo de la historia de España y de Europa. Por ello hemos dividido el contenido de la obra en dos partes, una referida al conflicto euro- peo —sin olvidar su vertiente americana— analizado en contextos nacionales distin- tos', y otra en clave interna centrándonos en el enfrentamiento entre los reinos de la

2 Aunque por distintas circunstancias no se ha podido incluir un trabajo sobre Holanda, su presencia es constante en las distintas colaboraciones del libro por su enorme contribución a la causa aliada. Su ejér- cito era uno de los más grandes y como mínimo en torno a 1.500 soldados —casi el diez por cien del

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INTRODUCCIÓN

Monarquía. Dos caras del mismo problema que en los textos aparecen en mayor o menor medida interconectadas y que no se comprenden la una sin la otra. Porque en este volumen colectivo, en el que participan algunos de los más destacados expertos en la materia, se dan cita verdaderas miradas cruzadas que ponen de manifiesto la necesidad de combinar perspectivas diferentes para abordar en toda su complejidad una cuestión que no es exclusiva de la historia peninsular, sino un proceso europeo de más largo alcance.

Efectivamente, la Guerra de Sucesión fue mucho más que un conflicto español.

Sin prestar atención a su dimensión internacional no podemos entender ni sus orí- genes, ni su evolución ni sus consecuencias. La contribución de otros países europeos sería decisiva dentro y fuera de España. La batalla de Almansa es emblemática para comprender este papel del exterior. Almansa en este sentido simboliza a Europa. Allí lucharon alrededor de 40.000 soldados procedentes de diez nacionalidades: del lado borbónico, franceses y españoles junto con un regimiento de irlandeses y algunos valones, suizos e italianos; y del lado aliado una gran mezcla también de ingleses, holandeses, portugueses, alemanes y hugonotes franceses. Por lo tanto, Almansa no es otra cosa que el "espejo" de la guerra al convenirse en el teatro de operaciones mili- tares en el que participaron soldados de casi toda Europa. Un acontecimiento que tuvo lugar en la "raya fronteriza" entre la Corona de Castilla y de Aragón pero de alcance europeo y que igualmente tuvo importantes repercusiones en América dado que España se transformó en el escenario privilegiado de las relaciones internaciona- les del momento. Como afirma Friedrich Edelmayer en su estudio sobre la Guerra de Sucesión en el Sacro Imperio, "la batalla de Almansa cambiaba sin duda alguna toda la situación bélica en el entorno de la Península Ibérica durante la Guerra de Sucesión española. Permitió a las tropas de Felipe V la reconquista de Aragón y Valencia convirtiéndose así en el punto de partida de la expulsión definitiva de los Austrias de la Península Ibérica. Lo que significó para el archiduque Carlos el prin- cipio del fin de sus sueños de convertirse en verdadero Rey Católico, abrió a Felipe V el camino hacia una reforma profunda de la Monarquía de España'. Sin embargo, como enfatiza dicho profesor, "la Guerra de Sucesión española ni fue una guerra local ni peninsular, sino una de las primeras guerras mundiales". Porque, siguiendo a Carlos Martínez Shaw, no era únicamente el cambio de dinastía en la Monarquía española lo que estaba en juego, sino la recomposición de la hegemonía política a

total— participarían en la batalla de Almansa. Por otro lado, si bien el conflicto interno se aborda de manera específica en la segunda parte de la publicación, hemos creído conveniente presentar una refle- xión de conjunto sobre España realizada por uno de los mejores conocedores del tema como es Ricardo García Cárcel. En concordancia con los otros países europeos, nuestra intención es ofrecer aquí cambien una visión global y sintética del conflicto que supere la fragmentación analítica.

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Fiiscisco GARCÍA GONZÁLEZ

escala mundial. De ahí que también América y el mar se convirtieran en escenario del enfrentamiento dinástico y que la primera instancia en pagar los costos de la guerra fiera la Carrera de Indias y el sistema comercial ultramarino español. Las potencias marítimas, Inglaterra y Holanda, no buscarán ampliar sus dominios terri- toriales en el nuevo continente sino lograr sus objetivos comerciales, la ampliación de sus mercados a unos territorios monopolizados por Francia y España. Con todo, no hay que descartar, como insinúa Pedro Cardim, que detrás de la imposible polí- tica de neutralidad de la monarquía portuguesa, entre otros factores, estaban sus colonias. Un reino carente de recursos navales importantes podía considerar que, para mantener sus dominios ultramarinos, debía contar con el apoyo de las poten- cias marítimas y el austracismo era la mejor opción.

Hablamos, pues, de la lucha por la hegemonía de un conjunto de potencias que componen ese espacio todavía abierto que era Europa en aquel tiempo. En su exten- so artículo Giovanni Murgia aborda el caso de la península italiana, uno de los terri- torios más abiertos y codiciados tras el fin del predominio español que sería el esce- nario de sangrientos enfrentamientos y complejos juegos diplomáticos para su control. Pero, quedémonos con el caso de algunas de estas grandes potencias. Para Inglaterra, según Christopher Storrs, la Guerra de la Sucesión Española fue un pe- ríodo decisivo y el papel de los ingleses o británicos en el campo de Almansa es una muestra de un fenómeno mucho más grande e importante. Además de ser el momento de su emergencia como gran potencia europea 3 , el conflicto fue también una guerra de la sucesión inglesa (o británica), y una guerra civil inglesa (o británi- ca). Finalmente, la guerra influyó de manera decisiva en la Unión de Inglaterra y Escocia en el año 1707, el mismo año de la batalla de Almansa. Los paralelismos exis- tentes entre las trayectorias de España y del Reino Unido en este conflicto son para él muy claros: al mismo tiempo que Felipe V creó un nuevo estado español, incor- porando los reinos de Aragón y de Valencia en un estado esencialmente castellano, el Tratado de Unión crearía un nuevo estado "británico". No debe sorprendernos por lo tanto que las expectativas que llevaba acarreadas dicho acuerdo fueran ensombre- cidas en cierto modo con el fracaso de Almansa.

Hasta entonces los ingleses habían obtenido muchos éxitos tanto en la tierra como en el mar, dentro y fuera de España. Pero en abril del año 1707 el ejército aliado fue derrotado en Almansa con la pérdida de un gran número de soldados y de unidades militares inglesas. De manera inmediata la derrota acentuaría el

3 Todo lo contrario a lo que le ocurriría a Holanda en su opinión. La destrucción de sus tropas en Almansa y otras batallas (sobre todo la de Malplaquet en 1709 y la de Denain en 1752) así como el gasto que le acarreó el conflicto, contribuiría de modo decisivo a la pérdida de su papel de gran potencia después de la Guerra de Sucesión.

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INTRODUCCIÓN

pesimismo del general Gaiway sobre las posibilidades futuras para los aliados en España. Su decisión en la práctica de abandonar el territorio embarcando, entre otras medidas, a los soldados de refuerzo recién llegados a Alicante facilitaría la reconquista por parte de los Borbones de Aragón y Valencia. Igualmente, el clima de desánimo que se instaló en Portugal según Pedro Cardim facilitaría la progresión de las fuerzas de Felipe V en la frontera luso-española. El marqués de las Minas, héroe de la toma de Madrid, sería víctima, como Galway, de la derrota de Almansa, acabando ambos destituidos. En general, la derrota tuvo también unas consecuen- cias inmediatas entre los austracistas al abrir un debate sobre las responsabilidades de la misma, aumentando las discrepancias entre los aliados. En especial, el papel de los portugueses sería severamente reprochado acusados de abandonar vergonzo- samente el campo de batalla.

Después de tantos esfuerzos y esperanzas, la derrota contribuiría a endurecer las divisiones políticas en Inglaterra. Sin descartar todavía las oportunidades que ofrecía la guerra en la Península, las pérdidas en esta batalla, la necesidad de enviar más sol- dados y dinero así como el duro golpe que supuso la reconquista de Aragón y Valencia por las tropas borbónicas, contribuyeron a una creciente desilusión en Inglaterra. Cada vez más en Gran Bretaña existía una sensación creciente de que la guerra en España se estaba perdiendo, algo a lo que contribuyó decisivamente a la derrota en Almansa.

No hay que olvidar que la guerra se desarrolló en dos niveles: el del choque arma- do y el del enfrentamiento mediático. Como acertadamente señalan Pedro Losa Serrano y Rosa María López Campillo, en Inglaterra, igual que en España, las partes rivales acudieron con ardor a los medios escritos en campañas no menos encarniza- das que las militares. Si la sátira política era ya importante en Inglaterra antes, con la declaración de la guerra, la violenta ofensiva y contraofensiva del debate arreciará de manera prodigiosa. En esta contienda, los dos principales partidos, whigs y tories —e indirectamente el propio Gobierno y la Monarquía— apelarían a la opinión pública utilizando hábilmente todos los medios de persuasión pública, que incluía toda la gama de géneros desde la ruidosa hoja volandera a los panfletos discursivos, los ensa- yos periodísticos, periódicos, sermones y la sofisticada poesía entre otros. La contro- versia sobre la Guerra de Sucesión española fue el primer ejemplo en Gran Bretaña de debate público de una importante cuestión nacional con la participación comple- ta de todos los medios de comunicación. Es, por lo tanto, un magnífico ejemplo para comprender el poder de la prensa y de la opinión pública en el desarrollo de los acon- tecimientos de su tiempo.

Durante este periodo vemos cómo se fue configurando un terreno público de confrontación, un espacio en el que grupos sociales con una identidad política lle- varon a cabo campañas de propaganda para sostener sus propios fines gracias a

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FIt.NcIsco GARCÍA GONZÁLEZ

equipos de personas especializadas en ello". Debido a la expansión de estos "pape- les" circularon por toda Europa las razones de los pretendientes en la Guerra de Sucesión, la marcha de los acontecimientos en los diferentes frentes de batalla, las victorias y las derrotas según intereses partidistas', las noticias sobre lo que sucedía en las respectivas Cortes o la predisposición —sentida o no— de algunos príncipes y notables a apoyar a alguno de los bandos enfrentados. El ejemplo valenciano puede ser paradigmático en este sentido. Carmen Pérez Aparicio pone de manifiesto cómo la difusión y cristalización de la causa imperial para sumarse al bando aliado fue el resultado de distintas campañas de propaganda y proselitismo impulsadas desde Viena, Génova, Amsterdam o Lisboa (como base de operaciones aliada) ya desde los primeros años de la guerra. Gacetas, manifiestos, cedulones y toda clase de literatu- ra proimperial circulaba por doquier y se difundía rápidamente gracias a las copias.

Porque, fue sin duda en España donde contó muchísimo la batalla de la opinión pública, "la trascendencia de la representación más allá de la realidad, el parecer más que ser", en palabras de Ricardo García Cárcel. Ambos bandos generaron una inmensa publicística plagada de acusaciones cruzadas que tuvieron una amplia difu- sión'. Con contenidos y formas muy variados como analiza desde el caso castellano María Victoria López-Cordón, combinaron imágenes y palabras, el relato en prosa con letrillas y romances, dando forma escrita a opiniones y rumores que circulaban de boca en boca. De este modo, sin apenas entrar en competencia, pudieron convi- vir las expresiones cultas con el desenfado de los juegos de palabras y el romance.

Toda una "estrategia de guerra" donde, según dicha profesora, los partidarios de Felipe V parece que llevaron cierta ventaja ya que los excesos de las tropas del archi- duque contaban con el agravante añadido de ser cometidos por herejes y extranjeros, insuflando así en el conflicto argumentos de guerra de religión. Y esto, a pesar de que, como recuerda Edelmayer, "la casa de Austria defendía que Dios la quería más que a otras casas reinantes".

Como expone con meridiana claridad Rosa María Alabrús, fue inmediatamente después de la batalla de Almansa cuando quedó muy bien explicitada por la publi- cística borbónica y austracista la confrontación irreversible de las opciones políticas que representaban unos y otros. La batalla fue el punto de partida de una radicaliza- ción extrema de los dos bandos. En el Reino de Valencia los borbónicos llevaron a

3b. Una situación que E Benigno, Espejos de la revolución. Conflicto e identidad política en la Europa

Moderna, Crítica, Barcelona, 1000, p. 68, data ya desde la crisis del siglo xvii.

Para la batalla de Almansa es muy ilustrativa la descripción realizada por Enriquez de Navarra en su

Laurel histórico y panegírico real de las gloriosas empresas del Rey Nuestro Señor Felipe Ve! Animoso hasta el mes de noviembre de 1707.

Sobre el tema véase por ejemplo la reciente síntesis de D. González Cruz, Propaganda e información en tiempos de guerra. España y América (1700-1754), Sílex, Madrid, 2009.

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INTRODUCCIÓN

cabo una represión feroz siendo emblemáticos casos como el de Játiva. Mientras, en Cataluña, también se incrementaron las medidas contra los felipistas. Desde el punto de vista del discurso, para dicha autora la contribución de Almansa puede observar- se en algunas variables fundamentales por cada lado. Para los borbónicos, la prime- ra es la voluntad de cuantificar las víctimas, exagerando su número; la segunda, es la de silenciar la represión efectuada en Valencia, después de la batalla; la tercera, es la obsesión por la revalorización de la imagen de Felipe V y la cuarta, la demostración de que no todo el discurso borbónico era unívoco ni se tenía el mismo criterio.

Incluso en algunos panfletos se expresaba hasta el rechazo a Francia. Dos siglos de enfrentamientos y de rivalidad hacían que la monarquía vecina no fuera mucho más popular que entre los aragoneses. De ahí el esfuerzo por "castellanizar" al rey del que habla María Victoria López-Cordón: no sólo había que legitimarlo fuera sino tam- bién dentro. Por su parte, continúa Alabrús, entre los austracistas cinco son los argu- mentos que más se repiten, sobre todo en Cataluña: el silencio de la victoria borbó- nica en Almansa; la incitación a la guerra contra Francia ante el discurso amenazador borbónico; la denuncia de las pretensiones regalistas y fiscales de Felipe V y la cama- rilla francesa de su entorno; el ahondamiento en la vieja llaga de la acusación de huida de Felipe V en 1706 y la ratificación de la apuesta constitucional catalana de

1705-1706 a favor del archiduque Carlos. Sería, sin embargo, el clero quien, tanto en Castilla como en la Corona de Aragón, actuaría como uno de los principales agen- tes propagandistas de sus respectivas causas: disponían de sus propias imprentas, componían canciones y difundían sermones alejados de la retórica en aras de la cla- ridad expresiva, influían en la población mediante la predicación y la confesión y no escatimaron en utilizar los medios que tenían a su alcance (organizando reuniones, estableciendo contactos, etc). Un papel que quizá habría que resaltar más en los rei- nos aragoneses: gracias al estatuto jurídico especial que disfrutaban, el gobierno bor- bónico no pudo actuar con contundencia para frenar su activismo y, además, la polí- tica regalista francesa desató la controversia entre los propios partidarios del monarca en Castilla.

Comprender la apuesta por uno u otro bando en el conflicto internacional que en realidad supuso la Guerra de Sucesión difícilmente puede hacerse teniendo en cuenta sólo el factor dinástico. Fundamentos sentimentales, históricos, religiosos, jurídicos y de legitimidad muy diferentes se utilizaban como argumentos entre los que apoyaban a una u otra causa. Pero detrás de las ideas estaban también los pro- yectos económicos y las ventajas materiales. Entre las razones que se apuntan para explicar los motivos del cambio de fidelidad dinástica en los reinos de la Corona de Aragón está por ejemplo la antigua enemistad con Francia, la buena memoria de los fueros mantenidos por la dinastía austriaca frente a los temores de la trayectoria abso- lutista de los Borbones y la sempiterna fidelidad de la Casa de Austria a la defensa

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FRANCISCO GARCÍA GONZÁLEZ

del catolicismo. Pero también la competencia con los mercaderes franceses. Francia representaba un peligro para los intereses económicos de amplios sectores sociales en la Corona de Aragón. Para Pérez Aparicio las concesiones hechas por Felipe Y a favor de los comerciantes galos y la llegada masiva de manufacturas francesas contribuye- ron a favorecer la causa aliada entre los valencianos. Por el contrario, como muestra del carácter complementario de los intereses ingleses y los de la Corona de Aragón -en concreto de los valencianos—, hay que destacar la propuesta realizada a principios del verano de 1706 de convertir Alicante en puerto franco para las mercaderías ingle- sas y holandesas. Alicante había adquirido en las últimas décadas una importancia comercial muy significativa. Como ratifica Ricardo Franch, se había convertido en el principal puerto de reexportación de productos hacia el norte de Europa y viceversa, estando bien conectado con el resto de los reinos de la Corona de Aragón, Murcia, Andalucía y gran parte de Castilla la Nueva, incluida la capital de la Monarquía a tra- vés, sobre todo, del eje de comunicaciones que pasaba por Almansa. La evolución de los acontecimientos militares impidió llevar a cabo el mencionado proyecto pero, en la práctica, Alicante con los Borbones consolidaría su función como principal puer- to de conexión con el Mediterráneo. Por otro lado, la política mercantilista adopta- da por la monarquía favoreció también la realización de los intercambios al proceder a la eliminación de las trabas aduaneras y reducir los gravámenes fiscales que dificul- taban la articulación del mercado interior. Una intensificación de las relaciones comerciales derivadas en realidad del vigor del crecimiento económico valenciano y de su complementariedad productiva con otras regiones del centro y del sur penin- sular que contribuyó a intensificar la utilización por vía terrestre de esa ruta que pasa- ba por Almansa. Porque, sobre la cuestión de si la Guerra de Sucesión en Valencia sentó las bases de la prosperidad o representó sólo una interrupción en un proceso ya en vías de desarrollo, creemos con Ricardo Franch que fue un paréntesis en el "largo siglo" de crecimiento que se había iniciado desde mediados del siglo xvii.

De este modo, para la propia villa de Almansa, como hemos analizado nosotros, tras el primer momento del impacto bélico, las nuevas posibilidades económicas abiertas con el recobrado impulso comercial de los puertos levantinos le permitieron gozar de una mayor diversificación de las actividades artesano-comerciales. Se evita- ba así la dependencia absoluta del arcaico sistema agrícola que la caracterizaba. No hay que descartar, pues, a los factores exógenos para comprender la recuperación y el crecimiento almanseño tras la guerra. Otra cosa es quién tuvo el protagonismo.

Las medidas benefactoras de la Monarquía —entre ellas la concesión de una feria fran- ca— no tuvieron un "efecto llamada" sobre la población. A tenor del análisis de los matrimonios —los únicos libros parroquiales de la villa que disponemos de forma continua, incluidos los años de la guerra—, es muy difícil que el crecimiento demo- gráfico en Almansa tras la Guerra de Sucesión hasta el primer tercio del siglo xviii

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INTRODUCCIÓN

procediera del exterior: no hay más novios foráneos en los años posteriores a la guerra que en tos anteriores.

Para James Casey aún queda mucho por hacer para establecer la "sociología" de los dos bandos en cada uno de los reinos de la Corona de Aragón. Todavía, como cree también Joaquim Albareda, no estamos en condiciones de explicar de manera satisfactoria los puntos en común de su apuesta austracista. Pero, para este autor, además del papel clave de la propaganda y de la intervención aliada en el proceso de extensión de la rebelión o del sentimiento antifrancés, se observan coincidencias sig- nificativas en los objetivos económicos de los grupos dirigentes y en el rechazo por la injerencia de Luis XIV en los asuntos internos de la Monarquía. Ambos aspectos contribuyeron a favorecer la causa aliada en los reinos aragoneses. Porque, más que colaboración entre las coronas de España y Francia, lo que existía era una dependen- cia y sumisión hispana de las directrices llegadas del otro lado de los Pirineos. En este punto De Bernardo Ares y sus colaboradores son contundentes: el gobierno efectivo no estaba en Madrid sino en Versalles. A través del análisis de la correspondencia real, comprueban que los reyes eran meros delegados de Luis XIV que gobernaba a través de sus eficaces secretarios de Estado mediante el permanente contacto con la emba- jada y los jefes militares en España. La puesta en práctica entre 1703 y 1705 de una política con tintes despóticos era incompatible, sobre todo en Cataluña, con el desarrollo constitucional y político alcanzado y con un proyecto económico que pro- pugnaba a su vez el desarrollo mercantil e industrial. Algo que suponía no favorecer solo la entrada de productos franceses sino también permitir comerciar con holan- deses e ingleses. En cualquier caso, si bien podemos considerar a los aspectos econó- micos como la punta del iceberg, en realidad el principal elemento de convergencia en los territorios de la Corona de Aragón, el espacio compartido como afirma Albareda, era la defensa del modelo constitucional que articulaba sus sociedades mediante los fueros y las constituciones. Se trata de una inquietud social comparti- da de forma transversal como señala dicho autor que justificaría que, una vez aboli- dos los fueros tras la batalla de Almansa, se produjera una concordancia entre perso- nas de bandos opuestos y abiertamente enfrentadas como observa Pérez Aparicio porque, la derogación general de los fueros, fue motivo de desconsuelo para unos y de preocupación para otros en palabras de Armillas. Una situación muy diferente a la portuguesa. Aquí la cuestión constitucional resultó irrelevante para la toma de posiciones ante el conflicto como nos muestra Pedro Cardim en su extenso artículo.

Teniendo en cuenta este marco, Pérez Aparicio tiene claro que las rebeliones de la Corona de Aragón se insertan plenamente en el ámbito de la estrategia aliada desde el principio. En su opinión, en 1700 hubiera sido una temeridad que estos reinos manifestaran su discrepancia con el testamento de Carlos II; por el contrario, era más pragmático esperar la respuesta que pudieran dar tanto el emperador como

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FRANCISCO GARCÍA GONZÁLEZ

otros países europeos. A partir de 1705, la presencia y el impulso del archiduque y de la armada favorecerían la cristalización de la disidencia. James Casey, tras aludir a las principales propuestas historiográficas catalano-valencianas sobre la Guerra de Sucesión, recurre a la pluma magistral del padre Miñana para la descripción de la rebelión. Desde el caso de Valencia abunda en el comportamiento tanto de los gru- pos de élite como de los campesinos. Contrasta dichas descripciones con las aporta- ciones realizadas por los historiadores en los últimos años, en especial de Cataluña.

Por supuesto no todos eran partidarios del archiduque Carlos como analiza también Armillas en Aragón y los tonos más o menos acentuados de guerra civil que fue adquiriendo la Guerra de Sucesión los encontramos en todos los reinos. El recuerdo por ejemplo de la Segunda Germanía en Valencia y la revuelta de los Barretines en Cataluña se traducirían en posturas enfrentadas. En este punto, creemos que una vía de investigación que habría que potenciar en el futuro es el estudio de las redes clien- telares y de patronazgo para la configuración de los bandos y facciones. Casey alude a la tradición familiar para la defensa de la causa austracista. A tenor del caso de la nobleza y siguiendo a Chiquillo Pérez, cree que las relaciones de parentesco conta- ban poco en general en la formación de los dos bandos. Incluso, algunas de estas familias se dividieron conscientemente como estrategia de futuro. Sin embargo, si vamos más allá del parentesco consanguíneo y ampliamos el campo sociológico de análisis, a buen seguro nos llevaríamos no pocas sorpresas.

El protagonismo de la batalla de Almansa en la Guerra de Sucesión viene condi- cionado por una decisión previa, el desplazamiento del frente de la guerra de la fron- tera con Portugal al Mediterráneo. De este modo el conflicto afectó de lleno a los rei- nos de Valencia y de Murcia. A un lado y otro de la "raya fronteriza' sufrieron los mismos desastres derivados de la guerra, con la presencia de los ejércitos contendien- tes, el alojamientos de tropas, la requisa de caballos, mulas y otros medios de trans- porte, el destrozo de las cosechas, los saqueos, los asaltos, el saqueo de algunas pla- zas, etc. Y también, y no menos importante, la movilización de las milicias concejiles, un verdadero "ejército de la frontera" utilizando la expresión de Juan Hernández Franco y Sebastián Molina Puche. No cabe duda que son las tropas regulares las que realizaron las acciones bélicas más importantes y decisorias como demuestra el ejem- plo de la batalla de Almansa. En ella se enfrentaban dos ejércitos "profesionales". Sin embargo, tanto las tareas de vanguardia y allanamiento del terreno como las de vigi- lancia, defensa y ocupación del territorio van a recaer en manos de ese otro tipo de tropas "irregulares". En este sentido, Almansa y su comarca así como el conjunto del Reino de Murcia con el obispo Belluga al frente, por su naturaleza limítrofe con el de Valencia, va a ser uno de los territorios más implicados en esa guerra secundaria, de segunda fila, pero en modo alguno irrelevante, que va a enfrentar, sobre todo, a milicias y vecinos de una y otra parte de la frontera.

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INTRODUCCIÓN

Esta situación se mantuvo después de la victoria de Almansa porque quedaron guarniciones aliadas en algunas poblaciones valencianas aunque los restos del ejército austracista se replegaron hacia Cataluña arrastrando tras de sí un gran número de exi- liados. De este modo, sin estar en primera línea, la guerra continuó en esta zona del sureste levantino hasta la rendición del castillo de Alicante en abril de 1709. En cual- quier caso, es importante remarcar que, antes y después de la batalla de Almansa, se fue desarrollando un tipo de conflicto soterrado: la delincuencia derivada de las dis- putas vecinales, acentuada aprovechando los años de la guerra. Sobre todo en las zonas fronterizas como en la propia villa de Almansa y su comarca, los robos siempre fueron una constante. Desde la segunda mitad del siglo xvii era algo muy corriente al poder refugiarse los bandidos en el Reino de Valencia donde la justicia castellana no podía actuar. Ahora, tras la derrota de Almansa, los robos y la inseguridad no cesa- rían como nos consta por quejas y denuncias ante los tribunales y por descripciones desoladoras como las de Miñana ante la multitud de fugitivos que recorrían los cami- nos. Como señalan Hernández Franco y Molina Puche en su texto, la vecindad crea lazos de solidaridad pero también provoca roces y enfrentamientos, un aspecto al que también alude James Casey según el cuadro de "guerra rústica" que nos presenta Miñana en Valencia. Una guerra cruel y sangrienta donde los "migueletes" eran más criminales que patriotas dedicándose al pillaje y a extender el terror a su paso.

Después de Almansa, frente a la represión de unos, Felipe V concedió gracias y mercedes a otros como recompensa al respaldo recibido. Una vía que garantizaba lealtades y afianzaba el apoyo de las autoridades locales. Tras la batalla, tanto en Murcia como en Aragón o en Valencia se concedieron a muchas villas y ciudades títulos como el de "fidelísima" (Zaragoza o Borja en Aragón, Villena o Yecla en Murcia y otros similares en Morelia, Jávea, Elda, Carcagente); se añadió al escudo de armas alguna muestra de gratitud real como la flor de lis de los Borbones; se eximió de algún impuesto; se autorizó la celebración de ferias y mercados francos, etc. Entre los particulares, se concedieron igualmente algunos títulos nobiliarios, hábitos de órdenes militares, privilegios de hidalguía, señoríos, etc. Un comportamiento que también comprobamos en Almansa. Algunas familias fueron premiadas y la villa añadió al título de Muy Noble y Muy Leal el de "felicísima" al haber sido elegida por la "fortuna" como "teatro glorioso de los felices triunfos" de la Corona. Un título curioso a pesar de haber quedado hipotecada para el futuro y desbordada por los casi

io.000 muertos y heridos que tuvo que enterrar y asistir.

Centrándonos en el desarrollo de la propia batalla, gracias a la contribución de I.A.A. Thompson conocemos en detalle el despliegue táctico realizado y el tipo de armamento utilizado. El número de efectivos participantes no excedería mucho de los 40.000. Comparada con otros enfrentamientos bélicos anteriores y posterio- res, sería similar a otros grandes choques que después tuvieron lugar en España

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durante la Guerra de Sucesión (46.000 en la batalla de Almenara ó 42.000 en Zaragoza durante el año 1710) pero supondría la cuarta o la quinta parte de las bata- llas más significativas de este conflicto en los Paises Bajos y Francia (122.000 en Ramillies en 1706, 16o.000 en Oudenarde en 1708, 190.000 en Malplaquer en 1709).

Un volumen de soldados —de muy distinta procedencia por otro lado— inaudito en otros tiempos y que era el resultado del rápido crecimiento producido en Europa a lo largo del último tercio del siglo xvii. Tras analizar los cambios acaecidos en las guerras europeas desde la Baja Edad Media, Thompson considera que en Almansa alcanzarían su punto culminante las transformaciones que durante mucho tiempo se venían gestando en el arte y la práctica de la guerra. A partir de aquí, las armas, las unidades y los conceptos tácticos sufrirían pocas alteraciones a lo largo del siglo xviii justificando calificativos tan extraordinarios como los que mucho más tarde haría Federico el Grande de Prusia.

Pero Almansa para la época fue una clara excepción. En la Guerra de Sucesión ci combate no significaba principalmente la batalla, un suceso antes evitado que buscado y raras veces decisivo como explica Thompson. En este sentido es curioso siguiendo a Pere Molas que la fama de Berwick se alcanzara con la batalla campal de Almansa, una batalla que él no quería dar porque no era partidario de aventurar la Corona en una acción. Al "valeroso campeón", como se le calificaba en algún panfleto, no le gustaba dar batallas. Molas nos ofrece algunos de sus planteamien- tos militares. Tenía presentes "las contingencias de los sucesos de una batalla y la irreparable consecuencia que podía tener la pérdida de ella". Prefería la guerra de movimientos y, sobre todo, los asedios o, en su caso, la defensa de una plaza fuerte.

Durante el mes de abril de 1707 además, junto a sus reticencias estratégicas, Berwick era renuente a aceptar el combate porque estaba a punto de llegar el nuevo comandante de las tropas francesas en España, el duque de Orleáns, y prefería espe- rar los refuerzos en un lugar ventajoso como era Almansa. Fue el avance de los ene- migos para intentar precisamente aprovecharse de no haber recibido todavía dichos refuerzos lo que disipó cualquier tipo de duda entablando el combate el día 25 de abril de 1707. Como sabemos, en esta ocasión la fortuna sonrió al lado borbónico.

Al contrario, como él presentía, en un solo día se hipotecó nada menos que el por- venir de dos reinos, Valencia y Aragón, incorporándose definitivamente al ámbito felipista, produciendo un grave quebranto en el ejército aliado y un poderoso incre- mento en la moral y capacidad de iniciativa de las armas hispano-francesas. A par- tir de entonces el soporte bélico del archiduque quedaría reducido a Cataluña.

En el contexto general de la guerra, la victoria de Almansa es la primera desde hace tiempo para los Borbones y parece indicar según Lucien Bély que, a pesar de tantos sinsabores, la suerte de Felipe V no era desesperada. La batalla señala un respiro para unos ejércitos borbónicos que, hasta ese momento, no habían hecho

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INTRODUCCIÓN

nada más que sufrir severas derrotas. Desde 1706 las tropas francesas luchaban a la defensiva para impedir incluso la invasión de su propio territorio. A partir de 1707,

con este éxito, los aliados se vieron sometidos a no pocas tensiones internas. El ejem- plo paradigmático en este sentido es Inglaterra como ya comentamos. Mientras, en España, como apunta García Cárcel, Valencia y Aragón perderían sus fueros y se abriría una nueva etapa que, con diversas fluctuaciones, se puede caracterizar como del "resistencialismo austracista": sería ahora el austracismo quien se situaría a la defensiva, con notables fracturas internas en la definición política.

La satisfacción por el triunfo de Almansa duraría poco y muy pronto resurgieron los temores y las preocupaciones. Las continuas alternativas de la guerra no permi- tían ni un momento de tranquilidad. Las cartas entre los reyes y las damas de la corte así los transmiten en primera persona como comprobamos en los textos de Pérez Samper y de Bernardo Ares. El año de 1707, que había traído a los Borbones gran- des alegrías, les trajo también grandes disgustos. Los "felices sucesos que se esperaba continuar" fracasaron con la pérdida de Italia tal y como expone con profusión Giovanni Murgia y los graves problemas que se acentuaban en los Países Bajos.

En los años siguientes aún sufrirían reveses considerables tanto en España y sus pose- siones (pérdida de Menorca y Orán en 1708, derrotas en las batallas de Almenar y Zaragoza en 1710) como en Europa, con victorias austracistas sonadas como la de Oudenarde en 1708 y Malplaquet el año siguiente.

A pesar de todo, el nacimiento de un príncipe heredero cuatro meses después de la batalla del 25 de abril y las reformas llevadas a cabo en los reinos de Valencia y Aragón afianzaron el poder de Felipe V. En los decretos de Nueva Planta al final se impusieron los criterios de consejeros franceses como Amelot o castellanos como Macanaz (curiosamente nacido en la villa de Hellín, próxima a Almansa). En su opi- nión, la raíz de la rebelión se encontraba en el mismo sistema político, de ahí que se apostara por la derogación de los fueros y la unificación del ordenamiento jurídico.

Se producía en consecuencia una ruptura constitucional que ponía fin a la monar- quía compuesta de los Austrias. Una decisión que, según Armillas, con toda seguri- dad se podía rentabilizar de forma inmediata, primero, en la propaganda bélica, renovando el apoyo de los castellanos recelosos de las peculiaridades de la Corona de Aragón; y, segundo, con su incorporación fiscal al sostenimiento de las crecientes cargas de la monarquía. Almansa se situaba así en el momento crítico de la contien- da. Aunque la guerra continuaría siete años más, estamos de acuerdo con Henry Kamen al afirmar que es en esta batalla donde el duque de Berwick aseguró la sucesión borbónica para España`. Después, con los éxitos conseguidos por el duque

6 H. Kamen, Felipe V. El Rey que reinó dos veces, Temas de Hoy, Madrid, z000, P. 79.

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de Vendóme 7 en Brihuega y Villaviciosa a finales de 1710, se ponía de manifiesto que no sería fácil expulsar a Felipe V de su trono. Sería ahora cuando, según las palabras del secretario de estado francés Torcy, "cambiaba sin lugar a dudas por completo el cariz de los asuntos de España, y al mismo tiempo de los de toda Europa".

Al prolongarse el conflicto, la situación europea se transformó radicalmente. En

1710, los tories, más favorables a la paz, ganaban las elecciones en Inglaterra. A estas alturas del conflicto, incluso las victorias dividían a unos aliados cuyos intereses no eran iguales, dinásticos y territoriales para los Habsburgo, comerciales y coloniales para las potencias marítimas. Los ingleses tenían claro sus propios intereses y objeti- vos y estaban dispuestos a abandonar a sus aliados cuando la situación se volviera más dificil y en cuanto los Borbones pagasen el precio adecuado. Por su parte, para Francia cada vez más España aparecía como una pesada carga. Pronto empezarían las negociaciones secretas para firmar la paz. El acuerdo definitivo se demoraría, pero en todo el proceso quedó claro que los Reinos de la Corona de Aragón, vinculados desde el primer momento a la causa y a la estrategia aliada según Pérez Aparicio, vie- ron cómo en los tratados internacionales fueron ignorados completamente. Por su parte, Luis XIV negociaba en nombre de su nieto, aunque era España y no Francia quien hacía las concesiones.

Dentro de las distintas iniciativas que vienen celebrándose desde el año z000 en relación al tercer centenario de la llegada al trono de Felipe Y, no podía pasar desapercibida la batalla de Almansa y sus consecuencias". La instauración de la dinas- tía borbónica en nuestro país está despertando una atención especial en los últimos años sobresaliendo temas como la Guerra de Sucesión (e igualmente la guerra contra Napoleón) 9. Gracias a ello no sólo se están proporcionando nuevas informaciones

7 El héroe de Almansa, el duque de Berwick, había pasado a un segundo plano. Como escribe Molas, a pesar de los triunfos obtenidos en España, de 1708 a 1714 no tuvo un papel de primer orden en el desarrollo de la guerra. Su enemigo, el duque de Vendóme, terminó ocupando su posición privilegiada.

Sólo tras su muerte volvería a ser el favorito de la corte española para mandar los ejércitos haciéndose cargo a principios de 1714 del sitio de Barcelona.

8 Un artículo muy oportuno sería por ejemplo el de M.A. Pérez Samper, "En el tercer centenario de la batalla de Almansa", en Boletín de la Real Academia de la Historia, r. CCIV, cuaderno II, pp. 171-197. Y con un tono más divulgativo, el trabajo de R. Alabrús, "Almansa, adiós a los fueros", en La Aventura de la Historia, año 9, n.° loa, pp. 22-31.

9 En general ambos temas son cada vez más frecuentado en la actualidad por nuestra historiografía y en especial por los hispanistas franceses. Véase M.V. López-Cordón, "La monarquía española y su direc- ción política en el hispanismo francés: actores, instituciones y política exterior", en F. García González, La historia moderna de España y el hispanismo francés, Marcial Pons-Facultad de Humanidades de Albacete, Madrid, 2009, pp. 262 y Ss.

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INTRODUCCIÓN

sobre lo que sucedió en aquel periodo sino también nuevas miradas e interpretacio- nes sobre un tema siempre abierto y polémico ya desde el mismo momento de los acontecimientos. El libro creemos que aparece en un momento propicio para pro- fundizar en este período crucial de la historia de España y de Europa al hilo de dis- tintas iniciativas y publicaciones que se han desarrollado y se seguirán desarrollando con especial profusión hasta 2014 coincidiendo, a su vez, con el tercer centenario de los acuerdos de paz y el final de la guerra. Prueba del interés que despierta el tema son los numerosos encuentros, seminarios, congresos y obras colectivas que van apa- reciendo en los últimos años. Actividades donde es manifiesta la complementariedad de investigadores españoles y de otras procedencias confirmando la vitalidad de la historiografia española y su consolidada internacionalización`. Precisamente, este libro surge de una iniciativa previa, el Encuentro Internacional Almansa, encrucija- da de Europa. La Guerra de Sucesión y el III Centenario de la Batalla de Almansa orga- nizada por el área de Historia Moderna de la Facultad de Humanidades de Albacete (Universidad de Castilla-La Mancha) y que tuve el honor de dirigir en la propia ciu- dad de Almansa los días 16, 17 y i8 de abril de 2007. A los prestigiosos historiadores que participaron en aquel evento se sumaron después otros excelentes especialistas con el propósito de presentar una síntesis del conflicto que, situando a Almansa en el centro de su discurso, sirviera para impulsar nuevas perspectivas de investigación en el futuro.

El vigor y el dinamismo académico que demuestra la organización de este tipo de reuniones científicas no pueden oscurecer el interés, la inquietud social y el apoyo oficial que despierta el conocimiento de nuestro pasado. El mencionado encuentro contó por ejemplo con la colaboración de distintas instituciones como el Instituto de Estudios Albacetenses "D. Juan Manuel" de la Excelentísima Diputación de Albacete, el Centro de Estudios de Castilla-La Mancha, la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha y el Ministerio de Defensa con su secretario, el albacetense Francisco José Pardo Piqueras, al frente. Pero sería injusto no mencionar que, en rea- lidad, aquel encuentro y esta publicación se suman a los esfuerzos que desde hace tiempo se vienen realizando en Almansa impulsados por su Ayuntamiento y por Asociaciones Culturales como Torre Grande o 1707 Almansa Histórica. Sin ellos todo el trabajo realizado hubiera sido imposible. Entre otros colectivos, con su enco- miable labor divulgativa e investigadora a nivel localht, se está propiciando el lo Como botón de muestra véase A. Álvarez-Ossorio, B.J. García y V. León Sanz, (eds.), La pérdida de Europa. La Guerra de Sucesión por la Monarquía de España, Fundación Carlos de Amberes-Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, Madrid, 2007; o F. Edelmayer, V. León Sanz, J.J. Ruiz Rodríguez, Hispania-Austria fIL Der Spanische Erbfolgekrieg (La Guerra de Sucesión española), Universidad de Viena-Universidad de Alcalá de Henares, Viena, 2oo8.

1 Para algunas publicaciones específicas sobre la batalla, véase F. López Iglesias y M.J. Ortíz López, De la muy noble, muy lealyfelicísima villa de Almansa e intrahistoria de la célebre batalla que se libró en su

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desarrollo de iniciativas como el hoy en ciernes Centro de Investigación y Documentación Almansa 1707, la recreación histórica de la batalla o la realización de diversos seminarios y coloquios especializados. Entre ellos el Curso de Verano

"La Guerra de Suceción española y la Batalla de Almansa", un curso que tuve oca- sión de dirigir junto con Pedro Losa Serrano durante ci mes de julio del año 2007 y

que es una muestra más de la estrecha colaboración establecida con la Universidad de Castilla-La Mancha.

Puede resultar paradójico que, partiendo de un hecho tan trágico y dramático como fue la batalla del 25 de abril de 1707, una ciudad como Almansa que ha sido estigmatizada desde entonces, se preocupe por mirar a la historia como una apuesta por la paz, el diálogo y la concordia. Almansa uniendo caminos. Almansa como encrucijada y lugar de encuentro. He aquí sus auténticas señas de identidad como se puso de manifiesto en los numerosos actos conmemorativos celebrados con motivo del III Centenario de la Batalla. Y es que, como apunta James Casey, a pesar del su- frimiento, del desastre y de la violencia, todos nos sentimos atraídos por aquellos aspectos del pasado que nos permiten aprender y reflexionar sobre los problemas del presente.

campo en 1707, Olval, Almansa, 1998; J.L. Cervera Torrejón, La Batalla de Almansa, Cortes Valencianas, Valencia, 2000; R. Segura Simó, "La pintura y ci grabado en la guerra de sucesión: la batalla de Almansa", en La Guerra de Sucesión en España y América. Actas XJornadas Nacionales de Historia Militar,

Deimos, Madrid, 1001, pp. 953-986; "La Batalla de Almansa: un día en la historia de Europa", Jornadas de Estudios Locales, n." 5, septiembre, 1004, con artículos de Jesús Gómez Cortés, Herminio Gómez Gascón, José Luis Sánchez Martín, Juan Luis Hernández Piqueras y otros; F. López Iglesias y M.J. Ortíz López, La Guerra de Sucesión. Batalla de Almansa, 1707, Murcia, 1004; J. Torres Aldasoro y J.L. García Morán, Almansa 1707. El primer triunfo de Felipe V Almena, Madrid, 2004; H. Gómez Gascón era/i¡, Almansa. 25 de abril de 1707. Un día en la historia de Europa, Erein, Donostia, 2oo5; M.J. Pereda Hernández, "De villa a ciudad: la evolución histórica de Almansa a lo largo del siglo XVIII", en Al-Basir, n.° 53, 20091 pp. 240-241.

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INTRODUCCIÓN

LA GUERRA DE SucEsióN. ALGUNAS BATALLAS ENTRE 1704 Y 1710

1. Gibraltar, 5 de agosto de 1704 6. Oudenaarde, u dejulio de 1708

a. Blenheim, 13 de agosto de 1704 7. Malplaquet, si de septiembre de 1709

. Ramillies, 23 de mayo de 1706 8. Almenar, 27 de julio de 1750

. Turín, septiembre de 1706 9. Zaragoza, 20 de agosto de 1750

. Almansa, 25 de abril de 5707 io. Brihuega, 9 de diciembre de 1710 H. Villaviciosa, so de diciembre de 1710

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El conflicto general.

La Guerra de Sucesión en Europa y América

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Almansa y la guerra en Europa en torno a

I7 00 :

cambios y permanencias

I.A.A. Thompson

Fellow of the Roya¡ Historical Society

Cuando, un poco antes del mediodía del 2 de abril de 1707, las tropas austracis- tas del conde de Gaiway y del marqués Das Minas, que llegaban al cabo de una mar- cha forzada de algunos treinta kilómetros desde Caudete, empezaron a desembocar en la parte meridional de la llanura de Almansa, encontraron frente a sí el ejército borbónico del duque de Berwick, ordenándose, como en este tiempo era convencio- nal, en dos líneas; la infantería en el centro, la caballería en las dos alas, y la artille- ría de campaña protegiendo las alas'. Las fuerzas de Berwick, aproximadamente, se componían de algo más de 25.000 hombres, y de unos 9.000 caballos. Berwick no solamente contaba con la ventaja del terreno, sino también con una superioridad numérica sobre los aproximados 11.000 infantes y 4.500 caballos del ejército hetero- géneo de Galway. La caballería constituía entre el 30 y 35 por ciento de los ejércitos, y el de Berwick, según todas las informaciones, contaba con una gran ventaja tanto cualitativa como cuantitativa.' Las discrepancias se explican principalmente porque

La literatura sobre la batalla de Almansa no es insignificante, empezando con las relaciones de partici- pantes, como el mismo duque de Berwick, el conde de Pinto, el capitán Henry Hawley (P. Sumner,

"The Battle of Almanza. An eye-witness account by General Hawley", Journal of t/,e Societyfor Army Hisrorical Research, 25:IoI (1947), pp. 27-31; C.T. Atkinson, "More Light on Almanza from che Hawley Papers", Journal of rhe Society for Army Historical Researeb, 25:104 (19), pp. 144-161: agradezco al doc- tor C. Storrs por haberme facilitado copias de estos artículos), ci barón de Friesheim, el general Earle (véase A.J. Veenendaal jr., cd., De Briefivisseling van Anthonie Heinsius 1702-1720, vol. VI, [1707], La Haya, 1984: n.° 450 P. 223, fl. ° 512 P. 258, n.° 537 P. 271, n.° 637 P. 326) y las de los casi contemporá- neos, V. Bacallar y Sanna, marqués de San Felipe (Comentarios de la Guerra de España e historia de su rey Felipe V el Animoso, cd. Carlos Seco Serrano, BAE 99, Madrid, 1957, Pp. 129-130, y J.M. Miñana (La Guerra de Sucesión en Valencia, cd. F.J. Pérez i Duni & J.M. Estellés i González, Valencia, 1985). De las descripciones más modernas destacan las de A. Parnell, The War of the Succession in Spain during the Reign of Queen Anne, 1702-1711, Londres, 1888, pp. 210-222; C. Petrie, The Marshal Duke of Berwick. The picture of an age, Londres, 1953, pp. 210-217, con una transcripción parcial de la relación del mismo duque de Berwick, pp. 211-212; D. Francis, The First Peninsular War ¡702-1713, Londres, 1975, pp. 243- 257; P. Voltes, La Guerra de Sucesión, Barcelona, 1990, pp. 166-173; F.R. López Megías, De la muy noble, muy lea/y felicísima ciudad de Almansa e infrahisroria de la célebre batalla que se libró en su campo en 1707,

Almansa, 1998; J.L.Cervera Torrejón, La batalla de Almansa (25 de abril de 1707), Valencia, 2000; J.

Gómez Cortés, cd., La batalla de Almansa: un día en la historia de Europa, Jornadas de Estudios Locales, n.° 5, Almansa, septiembre 2004; J. de Torres Aldasoro y J.L. García Morán, Almansa 1707. El primer triunfo de Felipe V, Madrid, 2004; ER. López Megías y M.J. Ortiz López, La Guerra de Sucesión: bata- lla de Almansa, 1707, Murcia, zoo; H. Gómez, et al¡¡, Almansa, 25 de abril, 1707. "Un día en la historia de Europa' San Sebastián/Donostia, 2005.

2 Todas las cifras que tenemos son muy inciertas. El total de combatientes varía según las fuentes entre

40 y 70.000. Como Petrie, Francis, Kamen y otros, yo sigo en general a Parnell, The War of the

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Referencias