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CANTOS DEL PEREGRIN

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JOSÉ MÁRMOL

(2)

J O S É M Á R M O L

CANTOS DEL PEREGRIN

PRÓLOGO Y EDICIÓN CRÍTICA

de RAFAEL A L B E R T O A R R I E T A

C L Á S I C O S A R G E I N O

E D I C I O N E S E S T R A D A

B O L Í V A R 466 • 1943 • BUENOS AIRES

(3)

Régimen Legal de la Propiedad Intelectual Ley 11.723.

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Í N D I C E

Página

José Mármol y los Cantos del Peregrino, prólogo de Rafael Alberto A r r i e t a :

El proscrito IX Reverso del proscrito XIV

Génesis y composición de los Cantos X V I I I

El poema X X V I Harold austral X X X V I I

El m a r y la noche X L I Advertencia general. — E s t a edición. Las notas.

Los manuscritos X L I I Introducción, por J u a n María Gutiérrez ; . XLIX

CANTOS D E L P E R E G R I N O

CANTO PRIMERO 3

Canto del Peregrino. — La América 12

CANTO SEGUNDO 21

Canto del Peregrino. — A María 38

CANTO TERCERO 43

Canto del Peregrino. — A Buenos Aires 68

CANTO CUARTO 73

Canto del Peregrino. — La noche oscura 101

CANTO QUINTO 111

Canto del Peregrino. — Crepúsculo 129 Canto del Peregrino. — Desencanto 131 Canto del Peregrino. — A Emilia 135

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312 í n d i c e

Página.

CANTO SEXTO 143

A la luna 143 A las estrellas. — En el m a r 148

Oración del Peregrino 158 Canto del Peregrino. - Súplica 165

CANTOS SÉPTIMO, OCTAVO, NOVENO y DÉCIMO (único

fragmento) 177 Las nubes 177

CANTO UNDÉCIMO 187

Al Brasil 187 Canto del Peregrino. — Adiós al Janeiro 231

CANTO DUODÉCIMO 237

Canto del Peregrino. — Al Plata 285 Notas de los Cantos del Peregrino 293

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J O S É M Á R M O L Y L O S C A N T O S D E L P E R E G R I N O

E L P R O S C R I T O

¿6 José Mármol, joven". Así quedó inscripto en el libro J de entradas de la policía de Buenos Aires, el 19 de abril de 1839. No era, por cierto, nada más, nada menos que esa actualidad expectante, y únicamente por serlo no había de hallarse como también lo anotó el amanuense policial incomunicado y con una barra de grillos. Mas el documento no menciona la causa; agrega que re- cuperó la libertad el día 7. Tampoco las someras cons- tancias nos dan indicios de lo acontecido durante aquella semana de encierro; nos lo dirá el propio encarcelado, años después: "Solo, sumido en un calabozo donde apenas entraba la luz del día por una pequeña claraboya, yo no olvidaré nunca el placer que sentí cuando el Jefe de Policía consintió en que se me permitiese hacer traer al-

gunas velas y algunos libros. Y fué sobre la llama de esas velas donde carbonicé algunos palitos de yerba mate, para escribir con ellos, sobre las paredes de mi calabozo, los primeros versos contra Rosas y los primeros jura- mentos de mi alma de diez y nueve años de hacer contra el tirano y por la libertad de mi patria, todo cuanto he hecho y sigo haciendo en el largo período de mi des- tierro" C1).

(1) Nota del capítulo XV, tercera p a r t e , de Amalia. Rectifiquemos la edad que se a t r i b u í a , con su propia fe de bautismo (publicada por don Mariano de Vedia y Mitre, a quien se debe también el conocimiento de la anotación policial) : nació en Buenos Aires el 2 de diciembre de 1817 y fué bautizado el 3 del mes y año siguientes en la iglesia p a r r o q u i a l de La Merced.

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VIII P r ó l o g o Joven y poeta: doble motivo para no rehusar la ten- tación del destierro y unirse a los proscritos que ya fus- tigaban con la pluma al régimen despótico de su pais.

Precisamente por el delito de recibir periódicos de la ciudad trasplatina, habíasele hecho purgar con siete días de celda su complicidad pasiva. A fines de junio fué des- cubierta, la conjuración que costó la, vida a los Maza, y la policía duplicó su temible celo. A fines de octubre es- talló la insurrección del sur; vencida el 7 de noviembre, se inició el terror. Mármol, que se consideraba sospechoso y vigilado, desde tiempo atrás, decidió fugarse. El 21 de noviembre, a las diez y media de la noche, entraba en el puerto de Montevideo una goleta de la armada fran- cesa. De ella descendió el joven vorteño a un bote que lo condujo al desembarcadero, ¡Salvo!

Corridos ocho días, gloriábase de ser el huésped de moda, celebrado en las redacciones, en la tertulia polí- tica del Café de don Antonio, en el hogar de algunas fa- milias expatriadas. Juan Bautista Alberdi, entre los ar- gentinos, fué su mentor desde el día siguiente al des- embarco; Juan Carlos Gómez, entre los uruguayos, su amigo fraternal. El 29 anotó, con transparente júbilo, en su diario íntimo: "De la novedad siempre se puede sacar un gran partido — mis versos meten ruido — mi nombre se divulga y se disputan los hombres mi amistad".

Si los versos escritos en la pared carcelaria habían sido los primeros que compusiera contra Rosas,. es pro-

bable que fuesen de sentimiento lírico los que le daban repentina, popularidad. Dos composiciones de esa especie, La tarde y El suspiro, que llevan esta data: "Montevideo, diciembre de 1839", deben contarse entre las primeras de su proscripción. No podían ser muchas las cosechadas

en la otra orilla, si nos atenemos a la nota que puso al pie de su canto Al 25 de mayo: "Estos versos son de los primeros que escribió su autor; con ellos concurrió

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P r ó l o g o IX en 184-1 a un certamen poético1'. Y en ese histórico cer- tamen, José Mármol revelóse poeta de la libertad. . .

Son muy conocidos los detalles de aquel acto realizado en el teatro Coliseo de Montevideo, en homenaje a la- fecha de la Revolución, momentos después del combate naval trabado frente al puerto entre las escuadrillas de Brown y Garibaldi. Además de la medalla de oro con- ferida a la mejor composición, el jurado, constituido por Florencio Várelo,, Manuel Herrera, Cándido Juanicó, Juan Andrés Gelly y Francisco Araucho, decidió premiar a otras tres, entre las diez presentadas bajo seudónimos y lemas individuales. Al revelarse el nombre de los autores, durante la sesión pública, don Juan María Gutiérrez ob- tuvo la medalla; don Luis L. Domínguez el primer accé- sit, Mármol el segundo, y la última distinción corres- pondió a alguien que no se presentó a recibirla. Floren- cio Várela, .autor del informe de la comisión, leído al co- menzar la ceremonia, dijo en él, refiriéndose a Mármol, estas palabras que, en parte, hubieran podido escribirse años después como juicio de toda su obra: "La elevación, la novedad, el frescor, la abundancia de sus ideas, sor- prenden en la primera lectura y hacen casi olvidar los pecados contra el arte que la fuerzan a flaquear ante los ojos de la crítica. Frecuente violación de la sintaxis y de la pureza de la lengua, inexactitud aunque no tan co- mún en la rima; quebrantamiento de las condiciones de versificación que el mismo poeta se impone, y una que otra locución sumamente oscura, son los defectos que empañan el terso brillo de las ideas y luchan con el ele- vado entono de esta pieza". Pero el público reunido en la sala del Coliseo no tuvo en cuenta esos reparos; aplau- dió estruendosamente, como a ninguna otra, la compo- sición imperfecta, y desde aquella hora consagró poeta predilecto al joven emigrado que, según se reveló en- tonces y la tradición ha repetido, presentóse a recibir su premio con un frac prestado. .. Don Juan Bautista Al-

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X Prólogo berdi, cronista oficioso de la fiesta poética, mezcló en su publicación el alegato estético, de vibración polémica, a la narración pertinente; y como admirador y amigo tutelar de Mármol, destacó la preferencia manifiesta del auditorio.

Antes de cumplirse el año, estrenó Mármol dos dra- mas en verso, ambos desvinculados de los acontecimien- tos políticos. Recibió el publico montevideano con gran- des aplausos a El Poeta, y un crítico, en defensa de los progresos del autor, según dijera, consideró exagerada aquella aprobación. Semanas después aplaudióse a E l Cruzado, y Alberdi se adelantó al crítico (quien, con mo- tivo de "los elogios tributados" al cantor patriótico del certamen, ya había escrito: "Pobre joven, lo extravían"), para decirle: "El modo como se extravió el pobre joven

fué dando a luz a los diez meses, un drama en cinco actos y en verso, representado tres veces con aplausos.

Cuando los elogios tributados al autor de El Poeta, el mismo señor A. N. A. dijo, con un celo que recomienda su sensibilidad: Pobre joven, lo pierden. Afortunadamente

el señor Mármol no se perdió, sino que dio a los 20 días otro drama más perfecto que el anterior". ..

El sitio de la ciudad, el viaje a Europa de sus amigos don Juan Bautista Alberdi y don Juan María Gutiérrez, y el traslado de Juan Carlos Gómez a Chile, determinaron la partida del poeta, a Río de Janeiro. Quiso después ra- dicarse en Chile; pero su barco volvió al puerto flumi- nense sin haber podido llegar al Pacífico, si bien tornó con preciosa carga: los C A N T O S DEL PEREGRINO, nacidos a bordo. Permaneció Mármol en la capital brasileña dos años más, felices entre todos, y regresó en 18 kQ a Mon- tevideo, travesía que dio los dos últimos cantos a aquel poema. El periodismo absorbió entonces al poeta. Pero su culto a Mayo lo rescataba. En el famoso apostrofe de 18 US había escrito:

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Prólogo XI

¡Ah, Rosas! No se puede reverenciar a Mayo sin arrojarte eterna, terrible maldición. . .

Cuatro años más tarde, saludó en el sol del día augusto al "astro de vida y esperanzas lleno". En la fecha patria de 184-9, rindió nuevamente su homenaje lírico:

Bajo el sol de este día

siempre se prosternó la ánima mía.

Mandé siemnre a tu altar ¡patria del alma!

desde extranjera tierra, alguna palma.

Reiteró su imprecación poética al tirano en 1850, y en este año fechó su Canto de los proscritos :

Preguntad a la aurora de Mayo

por la frente que le alza el proscrito;

preguntad si su rayo bendito no le baña orgulloso la sien. . .

1851 fué el año de la publicación fragmentaria de Amalia y de la compilación de sus poesías sueltas (2) . Al siguiente, poco después de Caseros, José Mármol se reintegraba, a Buenos Aires.

(2) A r m o n í a s , de José Mármol (Montevideo, 1851). El volumen, de 200 páginas, compuesto en la i m p r e n t a U r u g u a y a n a , del mismo formato Que las e n t r e g a s de los C A N T O S DEL PEREGRINO, contiene 40 composiciones poéticas y se cierra con los pensamientos en prosa "A T e r e s a " . No figuran en la colección el canto premiado en el certamen ni los versos escritos en las paredes de la cárcel. Tres años después, el a u t o r reeditó su obra : Poesías de José Mármol (Segunda edición. Buenos Aires. I m p r e n t a Ame- ricana, Sta. Clara, número 62. 1854). E s t a reedición consta de t r e s volú- menes en 8^ que suman en total u n a s 650 páginas : los dos p r i m e r o s dedi- cados a las poesías s u e l t a s ; el último (1855), a los dos d r a m a s . Después del pi'ólogo especialmente escrito p a r a esta segunda edición, inicia el con- j u n t o lírico el canto AI 25 de Mayo de 1841, que lleva esta nota al pie :

"Estos versos son de los primeros que escribió el autor ; con ellos concurrió en 1841 a u n certamen poético". Se incorporan, animismo, otras dos p i e z a s : A Bolivia (Montevideo, abril de 1846) y Brindis (Buenos Aires, 1852).

Dieciocho años después de la m u e r t e del poeta, su hijo don J u a n A., en el tomo primero y único de las Obras, hizo u n a selección de aquellas "poe- sías diversas", encabezada por Lamentos, con esta nota al pie : "Estos versos fueron escritos la misma noche que fui conducido a la cárcel. Estoy con- vencido que ellos no merecen ni el nombre de medianos, pero fueron pro- ducidos cuando el infortunio a^abó de enlazarse a mi destino y es fuerza recordarlos con respeto. José M á r m o l " . El volumen agregó, además, las si-

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XII Prólogo

REVERSO DEL PROSCRITO

L

a tiranía de su país reveló poeta a José Mármol. Toda su obra lírica fruteció y terminó en el destierro.

La vuelta a la patria libertada hizo enmudecer definiti- vamente al cantor de la libertad. ¡Y tenía 35 años!

Aquel raudal de asombrosa fluidez que señalaba al lírico mejor dotado de su generación, cesó en forma re- pentina. ¡Ya no hay grandeza que cantar!, suspiró me- lancólicamente el "Harold de la patria", cuando vuelto a ella de otras tierras y de la vastedad de los mares, hallóse con la realidad deformadora de sus sueños. Aérea, imponderable, de estofa entretejida por el recuerdo poe-

tizante y la esperanza absolutoria, con hilos de nostalgia, de anhelo, de voluptuoso infortunio, la patria, rimada con todos los sentimientos desde la proscripción, convertíase casi inmediatamente en polvo y lodo, costumbre y vicio, monotonía y vulgaridad, cuando el proscrito, después de cerrar su coloquio con vientos y olas, tornaba al suelo nativo, y en él, a la vida cotidiana, pequeña, áspera. "Ya no hay grandeza que cantar". Ya era el sueño de carne y hueso; ya tenía visceras y hundía los pies en el fango de la calle. . .

A los dos años de regresar, confesó en el prólogo de sus Poesías aquella decepción: "El poeta se agita hoy

dentro de sí mismo, se busca, se interroga y no se en-

grnie^es cornnosici'nes : La t a r d e y El Suspiro (Montevideo, diciembre de 1839), U n a t a r d e en el Dacá (Mercedes, enero de 1841), El j u r a m e n t o

(mayo, 1841), Montevideo (a) (Montevideo, 1842), Despedida (Río de J a - near- nP'-ieniVive A* "844), A Teresa (M^-ntevideo. junio de 1846), A ella en u n j a r d í n (Montevideo, noviembre de 1846), Destellos del dclor (Montevi- deo, noviembre de 1848), A u n a señorita (sin fecha) y El poeta Mármol al poeta Mitre. El canto de la p a t r i a (Buenos Aires, octubre 21 de 1860).

(a) Pertenece a u n folleto cuva p o r t a d a dice : Poesías de D. José Már- mol v D. J u a n Ca^'^s Gómez. Montevideo. I ^ T i w + a del T ^ a ^ n a l l0/*2.

Contiene dos composiciones : la de Mármol, dedicada a Gómez, t i t u l a d a Montevideo, y la de Gómez, dedicada a Mármol, t i t u l a d a Ei m a r .

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Prólogo XIII euentra. Sacerdote de una sublime religión, está de ro-

dillas en el templo, con la mano sobre el corazón; pero el fuego sagrado se ha extinguido en la pira, y el ídolo ha desaparecido del altar". O como dicho fuera en forma menos sibilina y a renglón siguiente: "Los poetas ar-

gentinos han hallado su país; pero buscan su patria, y no la encuentran". Dos generaciones, cada una con "su coro de poetas", habían surcado, según la expresión del prologuista de 185U, "el mar de la revolución argentina" : la muy gloriosa de la Independencia, y la que acababa de sacrificarse por la libertad en el destierro. Derrocada la tiranía, terminada la peregrinación de los desterrados

¿qué asunto era digno del canto de los aedos de la segun- da? "Situación indecisa, de transición, en que la vulga- ridad se enseñorea porque ella sola puede representarla candorosamente seguimos leyendo en el citado prólo- go la musa argentina, sin hallar una desgracia ni una gloria que esté a la altura de sus inspiraciones, se ha ve- lado, y un eco solo de su lira no se ha oído para saludar una libertad incompleta y un triunfo más incompleto aún". Y a falta de nuevos cantos el poeta decidió reeditar los de su etapa grandiosa. Hubiérase dicho que lamentaba

la terminación de su destierro, fuente de grandes inspi- raciones. Lo cierto fué que su musa juvenil, apenas en- trada en madurez, le negó frutos: necesitaba ser fecunda- da por el ostracismo. La única composición que le conce- dió al volver, lo declara: el brindis del 25 de mayo de 1852, en contestación a otro de don Juan María Gutiérrez.

Recojo de tus labios la inspiración, y brindo por los amargos días de nuestra juventud, aquellos que perdidos en playas extranjeras pasaban en nosotros sin porvenir ni luz.

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XIV Prólogo

Los dos hemos cantado las glorias de la patria;

los dos hemos llorado su bárbara opresión;

los mares, el desierto

y el llano y las montañas, conocen de nosotros

la noble inspiración.

Los dos hemos rondado las puertas de la patria, besando los umbrales del suspirado Edén;

los dos, al fin, nos vemos donde nos ver quisimos:

en el sagrado templo de nuestra ardiente fe.

En brazos de la patria y en medio de la vida, Gutiérrez, aun tenemos un voto hecho ante Dios:

tenemos que ser siempre para la tiranía,

proscritos y poetas.

Tal es nuestra misión.

Pero no volvió a ser proscrito, y se apagó el poeta. Lus- tros más tarde, en 1870, Estanislao del Campo le solicitó un prólogo para el volumen poético que apareció aquel año.

Y a quince años de distancia, volvió el autor de Armonías a repetir su argumentación desoladora. Los poetas inmor- tales son aquellos que, aparte de su genio, se inspiraron en grandes acontecimientos históricos. "Dos grandes épo- cas ha atravesado la República Argentina: la de su inde- pendencia, la de su libertad; y en ambas, los poetas más notables son aquellos que han acompañado a la patria en su peregrinación de fuego y sangre". Después de 1852, los grandes poetas deben callar para no empequeñe- cer su obra con asuntos insignificantes. "Durante este

tiempo volvamos a sus propias palabras ninguna idea grande ha conmovido el alma argentina. La desmem-

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Prólogo XV hración de la República no fué nunca una idea popular, ni siquiera un propósito serio y deliberado en nadie. Pre-

texto en unos, amenaza en otros, no pasó nunca a la región de los hechos y no pudo, por consiguiente, apa- sionar al pueblo en sentido de la integridad o en favor de la desmembración. ¿Qué entusiasmo podía levantar

entonces la mente de un poeta, en una cuestión que no existia para nadie seriamente? Vida de organización, y de progreso material, en un pueblo lleno de vitalidad y de medios, podía servir para levantar la postrada Repú- blica a la altura civil, política y económica en que hoy la vemos; pero no podía prestar a los poetas nuevos el fuego sacro de las inspiraciones pasadas, bajo los grandes o afligentes días de la patria".

O sea que los jóvenes rimadores, privados de la ven- turosa proscripción, nacidos demasiado tarde, hallábanse reducidos a su propia alma y a temas eternos como el amor y la muerte.. .

Era, en verdad, la ingenua justificación de su largo mu- tismo. "Ya no hay grandeza que cantar". Don Pedro Go- yena se encargó de refutar la argumentación desde las pá- ginas de la Revista Argentina, en nombre de la lírica uni- versal, hija del sentimiento. del poeta. Pero lo hizo con transparente saña, enconado por el juicio despectivo acerca, de los críticos que Mármol publicara, poco antes, bajo seudónimo, en un diario local. "La musa no concede ya al señor Mármol dijo el señor Goyena los favores en- vidiables a los cuales debe su gloria de poeta. Desde la caída de la tiranía hasta el presente, no ha habido rue- gos ni amenazas que consigan ablandar el corazón de la bella desdeñosa. . ." Y relacionando las declaraciones del prólogo de Armonías con la tesis negativa del prólogo á los versos de Del Campo, interpretó el pensamiento recón- dito en estas palabras : "No canto ya y nadie podrá can- tar, porque ha pasado el tiempo de la poesía: solamente los grandes acontecimientos históricos pueden ser fuente

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XVI Prólogo de la inspiración''. Y agregó por su cuenta: "El señor Mármol tiene en menos la poesía intima, como la zorra tenía en poco las uvas. . "

Un nuevo artículo periodístico, referente a. . . ¡la zar- zuela!, y en el que se consideraba a la crítica literaria "la ocupación más inferior del espíritu humano, porque vive de los defectos de las producciones de aquel género", Sué atribuido al callado poeta. Y el Sainte-Beuve por-

teño, desde la misma revista, reanudó el ataque. Pero esa vez con armas mucho más filosas y mayor violencia; ac-

titud insólita en quien, como reconocería Groussac años después, mostrábase "indulgente hasta la debilidad con otros de menor calibre". El vapuleo resultó de imprevisi- ble crueldad por una tremenda coincidencia: la creciente

ceguera y los achaques de la víctima, anunciadores de su muerte próxima, acaecida el 12 de agosto de 1871 en la ciudad nativa.

GÉNESIS Y COMPOSICIÓN DE LOS CANTOS A los seis meses de haberse embarcado juntos en Monte- y$ video, don Juan Bautista Alberdi y don Juan María Gutiérrez partieron de El Havre, de regreso a América, en barcos distintos y con horas de diferencia. Era a fines de octubre de 184-3. Alberdi llegó a Río de Janeiro el 14 de diciembre. Instalóse en el Hotel de Europa, y al enterar- se que residía en la ciudad y se hospedaba en su mismo albergue José Mármol, se "sorprendió muy agradable- mente" (3). Pasaron el mes de enero en íntima compa- ñía y durante el intercambio de ideas y proyectos que fe- cundó su intimidad, el prosista habló al poeta del poema El Edén, compuesto a bordo del buque así llamado, en viaje a Europa.

(3) Alberdi, Escritos postumos, t. XVI, p á g 10.

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Prólogo XVII Son conocidos, por páginas postumas del propio Alberdi, los pormenores de aquella creación. "Las lecturas agrada-

bles dijo en ellas absorbían la mañana. ¿Cuál más agradable que la de los poemas marítimos de lord Byron, inspirados tal vez como los leímos, a la sombra de las velas, al ruido armonioso de las olas, en el silencio animado de los mares? Ya fuese inspiración de esa literatura, ya de las escenas que la inspiraron a ella misma, yo emprendí por pasatiempo la composición a que di el nombre de El Edén, Lo que yo escribía en prosa por la mañana, Gutié- rrez lo ponía en versos elegantes por la noche. Yo le de- jaba entera libertad, si bien él no la tomaba. Cuanto más se alejaba de mi texto, más contento estaba yo, pero él lo estaba menos. El manantial era el mar; el pensa- miento, la poesía de Byron". Y acerca del conocimiento que tuvo Mármol del poema, las mismas páginas agregan:

((Vuelto de Europa, yo viví con Mármol en Río de Janeiro todo el mes de enero de mil ochocientos cuarenta y cuatro.

Hablando del Edén, quiso conocer algo del manuscrito.

Yo no tenía sino mi prosa (4). Recostado en un sofá, me escuchaba un día la lectura de algunos trozos, y recuerdo que más de una vez se levantó, se compuso el jopo y ex- clamó entusiasmado : ¡ Qué original ! ¡ Qué nuevo ! E s un»

poesía sin precedente" (5) . Sin precedente en la litera- tura rioplatense, pues Mármol ya conocía a Byron, como

(4) En efecto, los versos estaban sepultos en las carpetas de Gutiérrez, como lo revela esta c a r t a del rimador, dirigida al coautor, d a t a d a el 20 de mayo de 1845 en V a l p a r a í s o : "Usted conoce t a n t o como yo la historia de estes versos. H a n permanecido e n t r e mis parceles, sin revisión ni lima, desde que nos separamos en E u r o p a . Sobre la cubierta que los g u a r d a b a yo había escrito esta a d v e r t e n c i a : " L a insph'ación y los pensamientos de este poema, pertenecen a mi amigo D. J u a n B a u t i s t a Alberdi". El fondo de los pensamientos del o r igi na l y m u c h a p a r t e de sus galas, h a n desaparecido al sujetarlos al t o r m e n t o de la medida y de la rima. El Edén es en mis versos la copia descolorida de u n cuadro de maestro. L a p a r t e que le ad- j u n t o es la más correcta, quedando las otras condenadas al olvido, sin a b l a c i ó n , a n t e el t r i b u n a l de mi pronia c r í t i c a . . . " Gutiérrez, P o e s í a s

(Buenos Aires, 1869). N o t a s del a u t o r , p á g s . 335-6.

(5) Juan María Gutiérrez (La Biblioteca, t. III, p á g s . 181-83. Buenos Aires, 1897).

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XVIII Prólogo lo sugiere el epígrafe en inglés de su canto premiado en el certamen de Montevideo.

Decidido Alberdi a trasladarse a Chile, poco le costó seducir a su amigo. "Hubimos de ser compañeros de viaje para Chile, en el Tobías — escribió el primero en las páginas citadas —, Mármol lo vio, y tuvo miedo de embarcarse en él. Yo vi la Rumena, buque chileno que él prefirió, y le tuve miedo a mi vez. Los dos teníamos ra- zón. Yo puse setenta dío,s para ir de Río a Valparaíso, y Mármol empleó setenta días en ir al Cabo de Hornos y volver a Río de Janeiro. En esa peregrinación compuso el PEREGRINO. La composición del poema, si tal puede lla- marse, duró tanto como el viaje, es decir, dos meses..."

No se embarcó Alberdi en el Tobías, sino en el barco in- glés Benjamín Hort, el 6 de febrero, y Mármol lo des- pidió a bordo. Pronto se arrepintió de la elección. "Al dejar tierra escribió en su diario me parecía que marchaba al patíbulo: He dejado un buque en que iban los míos, en. que iba Mármol, en que se habla mi lengua, en que yo era conocido. . . Nada feliz, nada risueño me augura el corazón" (6) . Después de transcurrir un mes de mortificante navegación carne salada y noches febri- les, con la navaja al lado para abreviar las penurias del naufragio probable —, concibió un poema burlesco en

venganza del viaje y del barco. El 5 de marzo anotó en su diario: "Se debe titular El Benjamín. Hoy lo comien- zo. Será el reverso del Edén". Comenzado "más allá de los 50 grados de latitud, austral y proseguido en frente del Cabo de Hornos, durante los veinte días perdidos en es- fuerzos para superarlo" como declaró más tarde en la dedicatoria del poema., impreso fué terminado en el Benjamín H o r t — a pesar de que la obra se tituló Tobías o la cárcel a la vela —, antes de tocar suelo chileno, en abril de 18UU-

(6) Escritos postumos, t. XVI, p á g s . 81-33.

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Prólogo SIX Uno de los temas de El Edén había sido éste: "El mar es el Parnaso de la musa moderna", Y el doble viaje aus- tral lo confirmaba. Mientras Alberdi escribía su nuevo poema oceánico, Mármol, que seguía la estela del Benja- mín Hort a bordo de la Rumena (7) iba componiendo los seis primeros cantos de E L PEREGRINO. Pero su barco, arrastrado a la zona polar, no pudo llegar al Pacífico y retornó maltrecho, sin hacer escalas, al punto de partida, Miguel Irigoyen, poeta y proscrito que también había dejado Montevideo para residir en Río, vio "llegar la Rumena a este puerto de arribada, después de setenta días de viaje, sin haber podido doblar el Cabo, a pesar de sus esfuerzos", y temió por el barco en que iba Alberdi, Al escribírselo a éste, en junio, ya enterado de su arribo, agregaba: "Mármol ha desistido de su viaje a Chile; no

(7) Las referencias cronológicas de n u e s t r a historia l i t e r a r i a r o m á n - tica, por p a r t e de los mismos p r o t a g o n i s t a s , suelen p r e s e n t a r alteraciones y trastruecos que inducen a e r r o r y confusión. L a apariencia incontrover- tible del testimonio, es peligroso escollo pa^a la confianza de quien r e m o n t a esa corriente. P o r q u e repetidas comprobaciones demuestran que la fluen- cia del tiempo debió t e n e r m a r e a s descuidadas y riberas instables p a r a aquellos espíritus imaginativos, según las constancias de su propio cua- derno de bitácora ; y u n Echeverría, u n Gutiérrez, u n López, nos exponen a encalladuras si, p a r a documentar su navegación, seguimos fielmente sus confesados i t i n e r a r i o s . . .

Mármol se suma a t a n curiosa despreocupación en u n a nota del canto V de su poema : "Nosotros nos embarcamos p a r a Chile el 17 de febrero de 1843 — escribió en ella — ; y días a n t e s supimos que nuestro amigo el señor Gutiérrez debía salir de Marsella p a r a Montevideo en el mes de m a r z o . Nuestro querido Alberdi había salido del J a n e i r o p a r a Chile pocos días antes que nosotros ; y cuando escribíamos este canto a principios de abril»

enfrente a las costas patagónicas, suponíamos al señor Várela en viaje de Europa p a r a Montevideo, como lo estaba efectivamente".

El 5 de abril de 1843, Alberdi y Gutiérrez p a r t i e r o n juntos de Montevideo p a r a Europa, y hacia fin del año regresaron al Brasil, con días de dife- rencia, en barcos distintos. "Vuelto de Europa, yo viví con Mármol en Río de J a n e i r o todo el mes de enero de mil ochocientos c u a r e n . a y c u a t r o " — nos dice Alberdi, anotando con letras el año ; y el 8 del mes siguiente partió p a r a Chile: "pocos días antes que nosotros", a g r e g a Mármol.

La última cifra de la fecha m e n^s da el poeta, puede ser u n a e r r a t a de la edición que hiciera el hijo en 1889. P e r o la m i s m a n o t a ofrece o t r a confusión inequívoca Si antes de embarcarse suno que Gu iérrez vo vía de Europa, fué, sin duda, por conducto de Alberdi. Y éste h a dejado escrito que él y su compañero de viaje se embarcaron de regreso, en naves distintas, a comienzos del mes de noviembre de 1844, en el p u e r t o de El H a v r e .

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X X Prólogo quiere volver a emprenderla con el gigante que guarda nuestras fronteras. No sé si hace bien o mal, desde que no llevaba a ese pais un objeto cierto, ni una profe- sión, ni una posición creada" (8). Permaneció, efectiva-

mente, en Rio, donde ya se hallaba Gutiérrez.

Debió de ser el versificador de El Edén uno de los pri- meros en conocer los cantos marítimos de Mármol, y esa circunstancia determinó, sin duda, que el autor le solicita- ra un prólogo para los mismos. ¿Advirtió don Juan Ma- ría alguna relación entre las dos obras, aparte de la de su elemento inspirador? Así lo daría a entender Alberdi en sus páginas postumas sobre aquél: uGutiérrez me preguntó una vez si Mármol conocía El Edén antes de concebir su Peregrino". Y el propio Alberdi no ocultó la sospecha de que su prosa de navegante hubiera originado aquel oleaje lírico: "Yo sospecho que el Peregrino viene del Edén, como el Edén de Childe-Harold. Tales parentescos no se prueban sino por sospechas"'. Pero si algo supuso

Gutiérrez y no podía ir más allá de una sugestión de ambiente —, no lo transparenta su efusivo prólogo, donde reconoce en el autor al intérprete de su generación, al retratista de lo que no se creía "pudiera representarse

con la palabra, ni tomar cuerpo con los incompletos re- cursos del lenguaje". Profundamente conmovido, además, por el sentimiento nostálgico del poema, que era el suyo propio, compuso versos dirigidos al autor, que llevan fecha

del 14 de enero de 184-5, y entre ellos los solidarios que transcribo :

Joven poeta, ven mano de amigo

pongo sobre tu sien te absuelvo, llora.

¿Cómo no ha de llorar quien va mendigo de Patria y Libertad, y en cada hora escucha en el martillo que la suena caer una gota al cáliz de su pena?

(8) Ibidem, p á g s . 91-92.

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Prólogo .X..X.1 Llora, pero con lágrima sublime,

como el órgano santo cuando gime a par del salmo; como llora el día dentro la tumba de la noche fría.

Cual tú sabes llorar, cual Carlos llora, Harold, tu Peregrino. ..

Gutiérrez coleccionaba ya materiales poéticos para su antología americana de lengua española tres años antes había proyectado con Teodoro Miguel Vüardebó y Andrés Lamas, en Montevideo, una recopilación semejante que los acontecimientos políticos malograran y escogió tres fragmentos de El Peregrino en el mar, como se titu- laba entonces el poema, para llevárselos a Chile. Partió en marzo de 18J+5. En marzo había llegado a Río, procedente de aquel país y de paso a Europa, don Domingo Faustino Sarmiento. La carta datada en la capital brasileña, que figura en sus Viajes, refleja el doble deslumbramiento que le produjeron la naturaleza tropical y los cantos de su compatriota. "Una joya encontré en Río de Janeiro, Már- mol, el joven poeta que preludia su lira cuando no hay oídos sino orejas en su patria para escucharlo... El Pe- regrino, que no verá la luz porque a nadie interesará leer- lo, es el raudal de poesía más brillante de pedrería que hasta hoy ha producido la América. . . Me ha dejado ató- nito, espantado Mármol con la lectura de su poema. . . Imposible seguir aquel torrente de pensamientos y de imágenes que van cayéndose y levantándose como el agua que desciende de los Andes. . . "

No obstante el mal augurio del viajero, el poema co- menzó a ver la luz al año siguiente. Don Juan María Gu- tiérrez publicó en Valparaíso, en febrero de 184-6, la pri- mera de las trece entregas que, por riguroso orden alfa-

bético de autores constituirían su América poética, y al llegar la publicación a la letra de su apellido, Mármol tuvo su sitio en ella, y los tres fragmentos — Los trópicos, A Buenos Aires bajo su latitud y Las Nubes — fueron anun-

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XXII Prólogo ciados como "de un poema manuscrito"'. Además, acom- pañó a esta última composición la siguiente nota: "Llega en este momento (noviembre de 18£6) el núm. 26 ^ del

"Comercio del Plata" y en él vemos anunciado al públi- co el duodécimo canto del Peregrino, impreso en Montevi- deo en el mes de agosto último".

El poeta había vuelto nuevamente al Plata el 17 de abril de 184-6, y durante el viaje de Río a Montevideo, su poema habíase enriquecido con los dos cantos finales. Las notas del undécimo están datadas en Montevideo, en no- viembre de aquel año, y la dedicatoria del duodécimo el 19 de julio. El folleto in lfí fué impreso en los talleres del diario de Florencio Várela, y dice en su portada: El Peregrino / Canto duodécimo / Por José Mármol / Monte- video. 1846.

La elección del último canto del 'poema para anticiparlo aisladamente, fué justificada en estas líneas de su pre- facio: "La publicación que hoy hacemos de uno de sus cantos, es puramente debida a la situación. Ella nos ins- pira el deseo de publicar algo del poema que se relaciona directamente con los sucesos actuales, y nos niega los ele- mentos para la publicación de toda la obra. Y elegi- mos el canto duodécimo porque es la vuelta del Peregrino al Plata, mediando un espacio de dos años entre él y los diez primeros cantos del poema". Esa misma página de- clara que no tratándose de una obra orgánica, "cualquie- ra de los cantos puede publicarse separado de los otros, sin alterar el poema y sin necesidad de los anteriores para su inteligencia".

Al año siguiente, en dos entregas sucesivas y de nume- ración corrida (16J+ páginas), se publicaron los cuatro primeros cantos, con el prólogo de Gutiérrez, por la misma imprenta del Comercio del Plata. La cubierta posterior de la entrega inicial, anunciaba: "Este poema se publi- cará en seis entregas, conteniendo dos Cantos cada una".

Pero no aparecieron más.

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1847.

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Facsímil de la p o r t a d a de la p r i m e r a e n t r e g a de los Cantos del P e r e g r i n o .

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Prólogo XXIII El canto V permaneció inédito, probablemente, hasta que don Juan A. Mármol, hijo del poeta, lo publicó junto con los otros en su edición de las obras completas, que no pasó del primer volumen (9), Y si no me resuelvo a compartir el silencio en que la advertencia del editor ocul- ta a dicho canto, mientras especifica las publicaciones anteriores de los demás, es porque también presúmese en ella inédito al canto VI, y éste había sido casi íntegra- mente publicado en los números 3 y 12 de un diario por- teño, El Progreso, a los dos meses de la caída del tirano, y a poco del retomo de Mármol a su ciudad nativa.

Cinco años después, del lk al 30 de enero de 1857, otro diario local de reciente aparición, Reforma Pacífica, pu- blicó in extenso el canto XI, con esta aclaración del autor:

"Todos los CANTOS DEL PEREGRINO, y con especialidad el que va a leerse, están ilustrados con notas sobre la historia V geografía de los lugares descritos en el poema; pero el autor ha creído que, por su demasiada extensión, sería impertinente en un periódico la publicación de las corres- pondientes a este canto".

Los ocho cantos mencionados son los únicos que el hijo del poeta declaraba conocer, en la advertencia de su com- pilación. "Los intermedios del séptimo al décimo inclusi- ve escribió allí no se han publicado; más aún, creo que no han sido escritos". No lo fueron, sin duda alguna.

Y por ello debemos ver en el fragmento titulado Las nu- bes, que adelantó la antología de Gutiérrez, antes que al único sobreviviente de un naufragio, al poblador solitario de una colonia frustrada.. .

(9) OBRAS DE J O S É MÁRMOL. Cantos del P e r e g r i n o . Poesías diversas.

Buenos Aires, 1889.

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XXIV Prólogo

E L P O E M A

ce AT"0 es 3ust° oxidar, como generalmente se olvida, 1Y que el verdugo poético de Rosas es también el autor del espléndido canto a Los Trópicos". Asi advertía don Marcelino Menéndez y Pelayo, después de igua ar los versos "feroces" de Mármol a los yambos de Arquíloco e Iiiponacte. Pero cuando el gran crítico escribió esas palabras (en el prefacio de su Antología Hispano-Ame- ricana, 1895), sólo conocía de los Cantos del Peregrino los fragmentos adelantados por Gutiérrez en América Poética. Medio siglo más tarde, el afortunado pasaje del canto III, citado en aquellas líneas, suele ser aún lo único que muchos argentinos conocen del extenso poema, a pesar de las ediciones popidares del mismo.

El nombre de José Mármol está indisolublemente unido a algunos versos flamígeros (Sí, Rosas, te maldigo. . . Ni el polvo de sus huesos la América tendrá") y a su episódica novela Amalia. Entre aquéllos y ésta, el lírico del océano permanece velado para el conocimiento y la simpatía del gran público. Su Peregrino es casi tan des- conocido como su Cruzado.

La ausencia de trama, la falto, de descripciones precisas, la vaguedad de los diversos cantos, solamente enhebrados por el espíritu del viajero, son la, causa de esa escasa iman- tación del poema. Obra de plain air, coloquio de un alma con la soledad marina y sus anheios, el autor hubiera, podido darle como epígrafe las palabras de Hamlet: "me nutro de aire condimentado de esperanzas"... El mis- mo poeta lo había adelantado en el prefacio del canto XII, al definir el poema, "en su parte descriptiva, como un himno en loor de la espléndida naturaleza de nuestro con- tinente, y en su parte sentimental, como la historia del corazón del proscrito argentino". Así lo dicen también

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Prólogo XXV Zas últimas octavas de ese canto, recapitulación del poema

entero.

Carlos, "trovador del Plata", joven de "cinco lustros solamente", el último de los cuales corresponde a su dolo- rosa proscripción en tierras del Uruguay y del Brasil, se embarca en El Fénix con rumbo a las aguas del Pacífico.

Al confiarse a los mares, espera cantar su grandeza y, con alma de creyente, "la belleza ole la espléndida bó- veda estrellada", así como "la libertad, su amor y sus pesares". Cada uno de los cantos del poema termina en un Canto del Peregrino; el correspondiente al inicial está dedicado a América: "Tuyo es el porvenir, reina del mundo". La fraternidad continental que iluminó a los

revolucionarios de Mayo y a los guerreros de la Inde- pendencia, resplandece en la lira del proscrito.

El segundo canto, "escrito en el lenguaje íntimo del alma", es la evocación del amor. "Dios, en sus insondables creaciones para cada dos almas tiene un molde y al punto de nacer el molde quiebra". Sólo queda un vinculo levísimo que puede unirlas en él laberinto de la vida y del mundo: hallarlo es descubrir la dicha. El peregrino lo halló en el alma de María.

Al iniciarse el canto tercero, navega el barco "sobre las ondas que el silencio turban de la tranquila Pampa" ; y de la comparación del cielo que colora "la luz meridional"

con el "de la caliente zona", brota el pasaje en ascuas que comienza: "¡Los trópicos! radiante Palacio del Cru- cero". Inmediatamente rememora el viajero "bajo el cénit azul del Mediodía", la vida silvestre de la pampa, "tierra- sagrada sin montes de oro", "tierra desnuda de riqueza y galas", pero de glorioso destino. Y como El Fénix pasa a la altura de su lugar nativo, el poeta execra la "Urania"

secular de España que aun pesa sobre la patria y entona un doble canto a Buenos Aires: primero en dodecasílabos melancólicos que reproducen el ritmo y el tono de La par- tida de Florencio Balcarce, y a continuación en octavas que

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XXVI Prólogo contienen la confesión mesiánica del "trovador del Plata".

El canto cuarto es el scherzo de esta sonata marina.

Juego de palabras, aguijonazos a impresores, cajistas, crí- ticos y lectores del libro literario; saetas de amor, pero enherboladas, a las mujeres doncellas, casadas, viudas;

pullas al arte poético. . . Cambio de viento: "Ocupemos el cuarto de los cantos en hablar del bajel y su equipaje".

Será la única referencia, en el poema, a ese mundillo flo- tante del que el poeta forma parte. "El Fénix es un barco nuevo y viejo nuevas las velas, pero viejo el casco'', al

que, por "su andar en popa", compara el poeta "con una vieja que remilga el talle cuando cree que la siguen por la calle". Manda la nave el capitán Jhompson, un noruego fornido, de cuello corto, nariz roja, cabellos rubios, oji.los azules, amigo del ron, violento, enamoradizo, que cuenta, más o menos, treinta años. Treinta son, asimismo, los pasajeros. Va entre ellos un sexagenario brasileño que anota el derrotero para comunicarlo al Instituto; y un jurista peruano con su hijo bobo y tragón, futuro doctor en cánones; y un genovés marino y su mujer. Va, tam- bién, una compañía de cómicos que da tela para varias octavas. . . El scherzo termina inesperadamente en los cuartetos graves de La noche oscura.

La tarde en el mar, la nostalgia del navegante y la presencia de Dios en la grandeza del cuadro, surgen dé- los primeros acordes del canto quinto. La majestuosa melancolía del ocaso marino y el pensamiento abrumador del destierro, llenan de lágrimas los ojos de Carlos, cuya alma es una "mezcla de león y tórtola,". El recuerdo de su hermana Emilia levanta un himno al amor fraternal en las últimas estrofas.

El canto sexto es un arpegio de luces: "A la luna", "A las estrellas en el mar" ; enjoyados decasílabos al naci-

miento del día: "Abrió el alba sus puertas de plata sobre goznes de perla y topacio.." Pero el barco se apro- xima a "la altura del Estrecho"; la lejana costa rocosa

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Prólogo XXVII corresponde a "los prados que habita el patagón", y el poeta suplica a los espíritus que conducen a la mente "más

lejos de las cosas que nuestros ojos ven", la visión de su tierra patria. Exaudido el ruego, realizado el vuelo ideal a través de todos los climas y paisajes del territorio, ter- mina el visionario: "La patria es el Edén".

Faltan, como queda dicho, los cuatro cantos siguientes.

El undécimo rehace la ruta del primero, pues el Pere- grino vuelve a embarcarse en Río de Janeiro, y esta vez con destino a Montevideo. Todo el canto pertenece al Brasil, cuya magnífica naturaleza exalta en loas de lumi- nosidad lírica que sustenta un hondo sentimiento de gra- titud hacia el país hospitalario, y de cuyo sentimiento no es extraño un recuerdo íntimo que misteriosamente se nombra con esta fecha, varias veces repetida; CINCO DE ENERO.

El canto duodécimo y final "el más árido, el más des- consolador de todos, porque también lo es el asunto, y mu- chas veces raya su estilo en la vulgaridad", dice el prefa- cio de su primera edición—, refiérese totalmente al Río dq la Plata. "Entrando por él después de una ausencia de pocos años explicaba Florencio Várela en el artículo

que dedicó a esta primera muestra del poema El Pe- regrino ve alzarse a su izquierda las nubes que le señalan su patria, Buenos Aires, y a su derecha las rocas de la Patria Oriental, bañadas por la luz del sol. La dolorosa situación de ambos pueblos le arranca sentidas quejas;

y vuélvese primero a contemplar su propia patria. Piensa en lo que es hoy el nombre argentino, y busca consuelo

en lo pasado". Y más adelante: "El Peregrino aparta los ojos de la margen derecha del Plata, para fijarlos en las rocas que divisa en la izquierda. Ricas, animadas, llenas de frescor, son las descripciones de las costas orientales, de su cielo, de sus arroyos. . . Recuerda el poeta que fué aquí donde hizo su primera entrada en el mundo, los pri- meros ensayos de su numen, su estudio primero de la

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XXVIII Prólogo naturaleza, y pasa también en revista los bellos días de la República. . . La guerra atajó esa marcha, destruyó esos

campos y marchitó fecundas esperanzas... El Peregrino entona un canto prof ético para vaticinar los días que están por venir."

¡Oh, ese tiempo vendrá! Semeja ¡oh, Plata!

los temporales de mi tiempo yerto.., Mi voz con tus bramidos arrebata...

Adelante, bajel; vamos al puerto.

La versificación presenta, como gran parte de los poe- mas del romanticismo europeo, un variado conjunto de metros y estrofas. Comienza en forma nada común en la poesía de lengua española, con endecasílabos pareados, al modo del heroic couplet que Byron restaurara en The Corsaire (181U) y repitiera inmediatamente en Lara. Pero él primer canto adopta, asimismo, el cuarteto de alejan- drinos, y el de versos de once sílabas, u organiza tercetos con versos de doce que antes fueran exasílabos sextupli- cados. La octava clásica, introducida en la literatura cas- tellana por Boscán y ya torneada en la argentina por Juan Cruz Várela (La Elvira, 1817), debió seducir a Mármol por su bautismo romántico en poemas de Byron y de Es- pronceda, pues predomina en los cantos cuarto y duodé- cimo. Versos de once y siete sílabas se entretejen aquí y allá en estrofas simétricas, o tos engarza la libre fluidez de la oda o de la silva. Con excepción del eneasílabo ritmo no habitual que Echeverría usara ocasionalmente en una pieza de Los consuelos —, todos los metros regulares, asociados a comunes combinaciones estróficas, aparecen diseminados en el poema. Dos veces se introduce el ro- mance octosílabo. La rima asonante tiene escasa repre- sentación. El anü¡amiento métrico que engruesa progre- sivamente su caudal silábico para luego descender hasta

su célula elemental y cuyo ejemplo supremo de aquellos días era Les Djinns (1828) de Víctor Hugo, admirable-

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Prólogo XXIX mente imitado por D. Andrés Bello en Los Duendes

(184-5) —, tentó también al poeta porteño; pero no se aplicó a reproducir el mecanismo extensible, de un ex- tremo al otro; y a semejanza de lo realizado por Espron- ceda hacia el final de El estudiante de Salamanca, limitó su agilidad a juegos estróficos con versos de arte menor.

Nada menos marmóreo que la poesía de Mármol. Ante la expansiva fluidez de su verso y el inflamable tempe- ramento del hombre, diríase que el apelado le fué im- puesto por antífrasis.

La facilidad para rimar solía ser en él, como en otros románticos de todas las lenguas, un alarde que impli- caba, a menudo, una claudicación. Ars longa. . . La abundancia insustancial, hija de aquella facilidad en- gañosa, creíase riqueza y mamaba como supuesto atributo de la creación espontánea que, a su vez, considerábase un estado de inspiración permanente. En verdad, la negli- gencia cambiaba de máscaras; y cuando faltaba el soplo llamado "divino" (y que aun siéndolo es de veleidosa, asi- duidad como toda ráfaga), la materia empobrecida reve- laba su débil contextura.

Lírico generosamente dotado por la imaginación y el instinto, José Mármol frustró en buena parte sus cuali- dades, arrastrado por la improvisación. Compruébase con pena y fastidio el prosaísmo de las tiradas, la imprecisión del léxico, las incorrecciones gramaticales, hasta el "que- brantamiento de las condiciones de versificación que el mismo poeta se impone", como destacara Várela en el informe de 1841. También es cierto que las oleadas rít-

micas y la atmósfera musical del conjunto, suelen absorber aquellos tropiezos, como ocurre sin establecer compara-

ción alguna, por supuesto, entre sus obras en Lamartine y en Zorrilla, poetas que influyen, de diverso modo, en el argentino.

De las pocas y apresuradas líneas con que éste precedió a su primera recopilación de líricas sueltas (Armonías,

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JÍ.J\.JV Prólogo Montevideo, 1851), 'podría extraerse la característica ge- neral de su obra poética. "Las piezas de versos que con- tiene este volumen • dijo allí no están sujetas a plan ni a idea general ninguna. Ellas no son más que impre- siones diversas y fugitivas que he recibido en diferentes

épocas de mi vida, en distintos lugares y en varias situa- ciones de mi espíritu, y, como ellas han sido, incoherentes y espontáneas, así han salido de mi pluma, y así van al público".

Años antes, y en un canto del poema que dejaba suponer mayor coherencia, había proclamado ya, con risueño des- enfado, su indiferencia por el acatamiento a la disciplina de su arte. Recórrase el canto IV. Con zumbona presun- ción se jacta en él de su facilidad poética, se compromete

"a escribir cien octavas, cuando menos de versos de aire, pero versos buenos", como jugando, y jura que la rima no le cuesta lo que "a otros dictar en mala prosa peores ideas en lenguaje impuro". Amenaza a los críticos con en-

tregarles otro poema, "antes de un mes", si condenan el que escribe, y aun les promete repetir indefinidamente la ha- zaña. En humoradas a lo Byron y a lo Espronceda sus evidentes ejemplos en ese aspecto muéstrase anárquico y burlón frente a las normas. "El arte soy yo", pro- clama en un endecasílabo, y en otro se declara "esclavo solamente del buen gusto". .,

Burla burlando reaparece el tema en el canto siguiente del poema, donde achaca a su embriaguez de rimar la in- terpolación de "episodios insufribles", su mariposeante amor a las mujeres que sólo es un pretexto para sacar punta a sus consonantes, su risa después del llanto y el consiguiente olvido de "la estricta regla de unidad" en lo, composición. Por lo demás, confiesa no a justar su vida ni sus poemas a regla alguna.

Sin embargo, el cotejo de los textos publicados con el de algunos manuscritos que se conservan, demuestra una pre- ocupación inusitada que rectifica, en parte, su desaliño.

Referencias

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