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Disputas territoriales y conflictos socioambientales:

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Academic year: 2023

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Inicialmente, la organización campesina de esta zona tuvo como punto central el problema de la tenencia de la tierra, que luego pasó a centrarse en la permanencia y defensa del territorio. Dar cuenta de la relación configurada entre la comunidad Sumapaceña, sus organizaciones sociales y el ecosistema que constituyen. Sumapaz (1928) se convirtió en el primero de su tipo en el país, y a través de él se formó posteriormente la Sociedad Agrícola de la Colonia del Sumapaz, soporte político y social del proceso organizativo que se desarrollaría en las décadas siguientes. .

Disposiciones legales, como la Ley 200 de 1936, reconocen la función social de la propiedad, lo que incide directamente en la ausencia de ella. Esta actitud ante el conflicto estuvo acompañada de discursos y acciones políticas que buscaban crear condiciones para la redistribución de la riqueza rural y garantizar la permanencia en el territorio. Luis Castro (1997) entiende el espacio como una interacción entre diferentes elementos (discursos, planificación, economía, sistemas simbólicos e ideológicos así como percepciones, deseos, recuerdos y experiencias subjetivas), a partir de los cuales se visibiliza al individuo como unidad construida/constructor. de los espacios/tiempos sociales, es decir, de la realidad de una sociedad.

Los elementos de agua sumado a la configuración geográfica montañosa de la zona formaron el territorio actual. Sumapaz es objeto de estudio de megaproyectos hídricos, más precisamente la construcción de una central hidroeléctrica7. Al constituir la ZRC, las organizaciones de agricultores quieren proponer una visión particular para la preservación y apropiación del territorio.

Disputas territoriales, ejercicios de poder sobre el espacio

Llegados a este punto, y dadas las posiciones contradictorias y tensas de los diversos actores involucrados en el territorio sumapaceño, nos encontramos sin duda ante una expresión situada de lo que Escobar (Escobar, 1999, p. 205) denominó “política cultural”, entendida como una proceso que se lleva a cabo, cuando entran en conflicto actores sociales formados o caracterizados por diferentes significados y prácticas culturales, pues, si bien no se trata de reivindicaciones étnicas o meras identitarias, las acciones sociales, políticas y jurídicas llevadas a cabo por las organizaciones Valores Sociales de San Juan de Sumapaz se componen de significados y prácticas culturales en torno a la defensa del territorio/agua. Para ello, mostramos la colonialidad de la naturaleza (Walsh, 2009) en los conflictos ambientales supaceños y su apoyo en el conflicto global entre campesinos y capital. Luego mostramos que el derecho es el principal mecanismo para el ejercicio del poder por parte de los actores hegemónicos, un punto contra el cual proponemos alternativas comunitarias que utilizan la innovación institucional y el pluralismo jurídico como una forma de transformar las relaciones territoriales en disputa.

Estas disposiciones conservacionistas y de explotación tecnológica, aunque paradójicas, responden a los criterios expuestos por Escobar cuando afirma que "después de dos siglos de destrucción sistemática de la vida y la naturaleza, la supervivencia de la vida ha surgido como un aspecto decisivo de los intereses del capital y de la naturaleza". ciencia, a través de un proceso dialéctico iniciado por el capitalismo y la modernidad” (Escobar, 1999, p. 205). A través de la modernidad/colonialidad, y como expresión de una forma hegemónica de comprensión, la naturaleza es apropiada por una razón que la niega en la materialidad. de su (Porto-Gonçalves, 2009) y que, además, lo entiende y lo pronuncia, única y monolíticamente, como un espacio de gobernanza (sic). La hegemonía de la lógica del capital ha sido, globalmente, "la intensificación de las desigualdades sociales a través de exclusión territorial, expropiación territorial y control social de la mayoría de la población rural [a través de] la inseguridad de las relaciones laborales, el desempleo estructural y la destrucción de los territorios rurales y autóctonos" (Mançano, s. pag. a.).

Es la fuerza esencialmente involucrada en el concepto mismo de justicia como ley, de justicia cuando se convierte en ley, de ley como ley (Derrida, 1992). Así, leyes como las de conservación de la naturaleza, políticas públicas como las de minería y estrategias de consolidación militar como las implementadas por el gobierno nacional en territorios como Sumapaz13 son sólo una porción situada de las superestructuras del derecho que ocultan y reflejan el tiempo. los intereses económicos y políticos de las fuerzas sociales dominantes, como habla Derrida (1992). Podemos entonces concluir este apartado señalando que el lugar de enunciación no es una metáfora que pueda ignorar la materialidad de los lugares, ya que en última instancia es claramente la geografía de lo social y político (Porto-Gonçalves, 2009), por lo que Entonces queda claro que la zona habitada y habitada por los campesinos de Sumapaz es un área en disputa planificada por agentes ajenos a ella, que en ese sentido imprimen lógicas e imaginarios ajenos, como se dijo en una asamblea general de la Cocab: “Dos zonas rurales parecen ser evidente en las zonas rurales.

Estas lógicas externas, propias del capital, excluyen de la planificación y de la toma de decisiones del territorio a los sujetos que lo establecen cotidianamente y a los grupos sociales que históricamente se han afirmado políticamente a través de él: es en esta tensión epistémico-política, donde dan origen a nuevas territorialidades y la naturaleza está profundamente politizada (Porto-Gonçalves, 2009)14. 14 Palabras pronunciadas por un dirigente campesino durante una asamblea general de la Cocab: “Antes no nos preocupábamos por estos temas ambientales, pero hoy nos obligan a actuar. Así lo expresó un dirigente sumapaceño con motivo de una reunión de la Cocab: " Los campesinos somos más que gente humilde con ruanas y sombrero: somos gente que sabe y piensa lo que es” (Cadavid, 2014).16.

La alternativa? Bienes comunes y autonomía territorial

Por un lado, esta disputa territorial15 consiste en un fuerte proceso de colonialización del ser y del conocimiento como pretensión del Estado de invisibilizar el lugar ontológico y político de los campesinos en el territorio sumapaceño, y por otro lado, el pueblo campesino. que se comprenden y reconocen dentro de esta disputa epistémicamente densa, en busca de un diálogo de saberes que vaya más allá del colonialismo del saber y del poder (Porto-Gonçalves, 2009), así como un lugar de reconocimiento del pueblo campesino. en su condición de sujetos políticos. La comprensión tradicional de las ciencias sociales sobre la elección racional presupone la maximización de los beneficios individuales al decidir sobre el bien común, lo que puede conducir a una mayor presión sobre el bien. 17 Que separan la tierra de la vida y el espacio natural del espacio social y se expresan en el reasentamiento de agricultores y la militarización del territorio y por tanto en el proceso de desterritorialización.

Esto se debe a que la construcción colectiva del acuerdo y el beneficio compartido que proporciona constituyen un incentivo suficiente para garantizar el cumplimiento del contrato, mientras que una agencia externa tendría que desplegar una infraestructura extensa y costosa para mantener el control y la vigilancia en la lógica de la privatización o centralización. En el caso de Sumapaz, hay que destacar que arquitecturas institucionales históricas con fuerte legitimidad social, como Sintrapaz o Asojuntas, y mecanismos como la justicia comunitaria, habilitan condiciones para la aplicación de este tipo de estrategias de cooperación cuando se relacionan con un recurso como como el agua y un ecosistema como el páramo. De manera similar, y de manera más profunda, Lander (2013) sugiere que en un contexto global y nacional de grandes desigualdades, sólo una redistribución radical, acompañada de una transferencia masiva de recursos y acceso a bienes comunes, permitirá reducir el impacto insostenible. presión humana sobre los sistemas ecológicos que sustentan la vida, y favorecerá el acceso de la mayoría de la población a condiciones de vida dignas.

Lo que se observa aquí es una disputa entre una lógica formal y una lógica del sentimiento material, que se construye a partir de la fricción, del contacto con la materia (Porto-Gonçalves, 2009): una disputa en la que la comunidad organizada lucha por su autonomía. a través de la toma de decisiones sobre el mismo y a través de la intencionalidad como propiedad del pensamiento y la ideología en la que los sujetos deliberan, planifican, proyectan, dirigen e imaginan el significado del territorio. Lo que queda entonces claro es que el poder jurídico no puede ser un cuerpo aislado e impenetrable, sino flexible, heterogéneo y con vínculos estables con otro tipo de poderes sociales (Aguiló, 2009b). diversidad, como ha ocurrido en la comprensión y apropiación de los territorios indígenas del país (De Sousa Santos, 2007). Finalmente, debemos señalar que lo que hemos podido mostrar a través de este artículo es cómo las disputas que se desarrollan en el territorio supaceño y sus alrededores permiten o requieren cuatro cuestiones fundamentales, o ambas a la vez: 1) la transformación y ornato - lonización de un espacio de poder como el de la explotación de la naturaleza; 2) la conexión de dos esferas políticas separadas por la modernidad/colonialidad, como el derecho y la lucha social; 3) la existencia de marcos de comprensión y acción basados ​​en el reconocimiento de la existencia de múltiples órdenes jurídicos, y 4) la reconfiguración del campesinado como sujeto político que co-construye el espacio habitado y que lucha por la extensión de los principios democráticos. a una amplia gama de relaciones sociales.

Dentro de estas relaciones está también quien está representado por el territorio que imagina y vive cada día. Más que un punto de llegada, este caso es un punto de partida para un análisis que permita mostrar cómo los procesos organizativos del corregimiento San Juan de Sumapaza fueron transformados por la ampliación de los lugares de poder y esferas de lucha. y emancipación, que entrelazan en su vida cotidiana y su lucha política no sólo la necesidad de redistribuir la riqueza rural a través de los procesos históricos de confiscaciones de tierras, sino que también exigen de manera articulada la redistribución del poder en diversas esferas de la vida social. territorio. La naturaleza y el territorio se convierten así en lugares de rebelión campesina, conflicto con actores hegemónicos y resignación política, por lo que la defensa del territorio sumapaceño no es sólo un espacio para la construcción colectiva y la vida digna, sino también un modelo sociopolítico local. colectiviza o democratiza no sólo la propiedad de la tierra, sino también el territorio y los recursos que allí existen.

Bibliografía

Referencias

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