LA ECONOMÍA COLABORATIVA EN EL SECTOR DE LA MOVILIDAD Y EL
TRANSPORTE: HACIA LA
CONFIGURACIÓN DE UN MODELO SOSTENIBLE
XVIII Congreso Internacional de Investigadores en Economía Social y Cooperativa
La Economía Social: herramienta para el fomento del desarrollo sostenible y la reducción de las desigualdades
Javier Jorge Vázquez Sergio L. Náñez Alonso Francisco Salinas Ramos
Universidad Católica Santa Teresa de Jesús de Ávila
RESUMEN
El desarrollo que ha experimentado la economía colaborativa en los últimos años, está configurando un nuevo modelo económico disruptivo que pone en cuestionamiento las formas y equilibrios tradicionales de organización económica y social. Este fenómeno, indesligable del auge de las nuevas tecnologías y condicionado en buena parte por la persistencia de una coyuntura económica desfavorable caracterizada por periodos prolongados de exiguo crecimiento económico, favorece la aparición de nuevos modelos empresariales que, apoyados en el desarrollo tecnológico y en la creciente concienciación social sobre la necesidad de mejorar la sostenibilidad del planeta, desarrollan su actividad aprovechando el potencial existente de los recursos ociosos o infrautilizados. En este mercado, las entidades de Economía social presentan unos rasgos característicos óptimos para desempeñar un papel protagonista y encontrar nuevas oportunidades de desarrollo.
La economía colaborativa está llamada a convertirse en una alternativa de interés válida en la configuración de un paradigma de producción y consumo mucho más sostenible y, en consecuencia, en el cumplimiento de los objetivos de desarrollo sostenible (ODS).
Con este trabajo se pretende contribuir al estudio del fenómeno de la economía colaborativa y, en particular, a su contribución en la configuración de un modelo de desarrollo sostenible, especialmente en un sector estratégico como el de la movilidad y el transporte.
Palabras clave: economía colaborativa, desarrollo sostenible, objetivos de desarrollo sostenible (ODS), cooperativismo de plataforma, movilidad compartida, carsharing.
1. INTRODUCCIÓN
En los últimos años la concurrencia en el tiempo de varios factores determinantes como la crisis económica, el desarrollo tecnológico y la digitalización económica, la creciente densidad demográfica en las áreas urbanas, la globalización y la mayor concienciación ecológica de la población, entre otros, ha generado un caldo de cultivo perfecto para el desarrollo de ecosistemas emergentes, como la economía colaborativa que, valiéndose de “plataformas sociales digitales”, han supuesto una verdadera transformación de los modelos tradicionales de organización económica y social. En este marco, “la transformación digital se erige como un elemento catalizador y a la vez acelerador de muchos de estos cambios” (Jorge, J., Chivite, Mª.
P. y Salinas, F., 2019:43).
El desarrollo de un ecosistema digital que favorece la conectividad entre individuos;
la creación de comunidades digitales intercomunicadas y el desarrollo de sistemas de verificación y reputación que favorecen un entorno más seguro y fiable, reduce los costes de transacción y propicia un emparejamiento más eficiente de la oferta y la demanda (Jorge, 2019).
La búsqueda de modelos económicos mucho más sostenibles, basados en el uso más eficiente de los recursos infrautilizados u ociosos, así como en el ahorro de costes, está produciendo un cambio en el patrón de comportamiento de los agentes económicos, hasta el punto de observarse una progresiva “transición de un modelo económico tradicional basado en la propiedad individual de la mayoría de los activos
hacia modelos con una clara orientación hacia la accesibilidad de dichos activos”
(Goudin, 2016:7).
En este contexto, la aparición de nuevas necesidades colectivas de movilidad vinculadas con los procesos de concentración demográfica en grandes núcleos urbanos, junto con la disrupción digital provocada por la eclosión de nuevas tecnologías aplicadas a los servicios de transporte compartido de mercancías y personas, ha sido especialmente significativa en los últimos años, hasta el punto de multiplicarse las opciones de movilidad disponibles.
En el ámbito de la movilidad de pasajeros, la irrupción de nuevos proveedores de servicios de movilidad privados ha dado lugar a la aparición de múltiples soluciones alternativas de transporte (car/bicycle/scooter sharing, ride-hailing and pooling platforms, trip-planning and route optimization apps).
En el campo del transporte de mercancías, el crecimiento exponencial del comercio electrónico de los últimos años, junto con el cambio de las preferencias de los consumidores que demandan cada vez un sistema de entrega de paquetería mucho más ágil, asequible y flexible, está suponiendo un verdadero desafío para el sector, especialmente en la “logística de última milla”. Al mismo tiempo, las nuevas tecnologías están posibilitando la aparición de nuevas soluciones innovadoras aplicadas a la distribución urbana de mercancías (reparto mediante drones, micro- hubs, package locker system, etc…).
La amplia aceptación por parte de los usuarios de estos servicios de transporte compartido y micromovilidad, así como de las nuevas soluciones logísticas, ponen de manifiesto que el modelo tradicional de transporte resulta, hoy en día, insuficiente para satisfacer las nuevas necesidades sociales en materia de movilidad (WEF, 2020).
Esta circunstancia abre un amplio abanico de oportunidades para las entidades de Economía social y para la configuración de un modelo de movilidad sostenible basado en el uso compartido y eficiente de los medios de transporte que favorece el desarrollo de ciudades medioambientalmente más sostenibles e inclusivas.
En este contexto, partiendo de la hipótesis de que la economía colaborativa contribuye a la configuración de un modelo sostenible, la finalidad del presente trabajo persigue contribuir al estudio de la economía colaborativa como una realidad emergente que puede propiciar la aparición de nuevas oportunidades de desarrollo económico mucho más sostenible, apoyadas en el ahorro y en el uso más eficiente de los recursos escasos disponibles. Acompañan a este objetivo general, los siguientes objetivos específicos: En primer lugar, caracterizar el sector de la economía colaborativa y su relación con la economía social. En segundo lugar, analizar la contribución de la economía colaborativa al cumplimiento de los objetivos de desarrollo sostenible (ODS) y, finalmente, estudiar el papel que desempeña la economía colaborativa en el sector de la movilidad y el transporte como sector de actividad que demanda la configuración de un modelo medioambiental y económicamente más sostenible, en alineación con los objetivos de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas y el Acuerdo de París.
Para ello, en primer lugar, se presenta una delimitación conceptual del fenómeno de la economía colaborativa que servirán de base en las conclusiones y el correspondiente análisis argumental. A continuación, se analizará la contribución que la economía social, a través de la economía colaborativa, aporta a la configuración de un modelo económico de desarrollo sostenible y al cumplimiento de los objetivos de desarrollo sostenible (ODS). Para finalizar, como estudio de caso particular, se analizará el papel del cooperativismo de plataforma en el sector de la movilidad y el transporte, como uno de los sectores clave y de mayor potencial de crecimiento de la economía colaborativa.
2. LA ECONOMÍA COLABORATIVA: UNA APROXIMACIÓN A SU FUNDAMENTACIÓN TEÓRICA
El término de economía colaborativa es comúnmente empleado para identificar una amplia variedad de actividades ligadas con ámbitos tan diversos como el consumo, la producción, las finanzas o el conocimiento, entre otros, que son desarrolladas bajo distintos tipos de estructuras organizativas, bien sean o no lucrativas1.
En un primer intento de aproximación a la delimitación conceptual del término
“economía colaborativa”, cabe señalar la dificultad existente a la hora de identificar una definición ampliamente aceptada, que integre la diversidad de formas en las que dicho término es comúnmente empleado en la actualidad2 (Martin, 2016). A esta dificultad cabe añadir, la existencia de una literatura relativamente reciente y fragmentada (Cheng, 2016; Sutherland y Jarrahi, 2018) que aborda el fenómeno de la economía colaborativa bajo un enfoque especialmente interdisciplinar (Jorge, 2019).
La mayoría de los intentos por definir la economía colaborativa encontrados en la literatura existente sobre el estado de la cuestión coinciden en recoger, aunque con un grado de importancia diferente, un conjunto de elementos o rasgos distintivos que caracterizan a este fenómeno (véase figura1).
Figura 1.
Rasgos distintivos presentes en la conceptualización de la economía colaborativa
Fuente: elaboración propia.
En base a estas características, y sin ánimo de emprender una revisión bibliográfica sistemática, objetivo que excede el alcance del presente trabajo, a continuación, se presentan algunas definiciones con la finalidad de identificar los elementos comunes y las diferentes dimensiones que se recogen en diversos intentos por delimitar conceptualmente el ecosistema de la economía colaborativa y, cuyas diferencias se encuentran en la distinta manera en que se dan respuestas a las cuestiones planteadas en la figura 1.
1 Tal y como recoge la Comunicación COM (2016) 356 final “Una agenda europea para la economía colaborativa” de la Comisión Europea, al señalar, que “Por lo general, las transacciones de la economía colaborativa […] pueden realizarse con o sin ánimo de lucro”.
2 Sharing economy, shareeconomy, collaborative consumption, collaborative economy, platform economy,
Siguiendo a Owyang, Train & Silva (2013:4) definen la economía colaborativa como
“un modelo económico donde la propiedad y el acceso se comparten entre empresas, start- ups y personas. Esto genera como resultado eficiencias de mercado que conllevan nuevos productos, servicios y crecimiento empresarial”.
Por su parte Stokes, Calrence, Anderson & Rinne (2014) sostienen que la economía colaborativa se basa en el uso de internet para conectar a grupos de personas que comparten un mismo interés por hacer un uso más eficiente de los recursos ociosos, ya sean, bienes, habilidades u otras cosas útiles. Dependiendo de su finalidad, se pueden clasificar las entidades que operan en el sector de economía colaborativa en cuatro pilares de actividad: consumo, producción, aprendizaje y finanzas colaborativas.
En esta misma línea, Vaughan & Daveiro (2016:32) afirman que “las organizaciones de economía colaborativa utilizan plataformas online para conectar grupos distribuidos de individuos y empresas y les permiten compartir el acceso a sus activos, recursos, tiempo y habilidades en una escala que antes no era posible”.
A partir de las aportaciones de Stokes et al. (2014), Passoni (2016) o Schneider (2016) entre otros, Alfonso (2016: 243) recoge en su trabajo el debate suscitado en relación a la verdadera esencia de la economía colaborativa, al contraponer el denominado “capitalismo de plataforma” al “cooperativismo de plataforma”, al que define como:
“Plataformas propiedad de los usuarios que proporcionan los recursos que las hacen funcionar, ya sea en forma de trabajo o de bienes o como consumidores de un producto o servicio; que se gobiernan de una forma democrática y distribuida, y que incluso llegan a repartir los beneficios entre sus copropietarios productores- consumidores”.
Muñoz y Cohen (2017) siguiendo los postulados de McLaren y Agyeman (2015), Martin, Upham y Budd (2015) y Chase (2015) ofrece una definición de economía compartida como un sistema socioeconómico basado en la intermediación, que propicia el intercambio de bienes y servicios entre individuos y organizaciones con la finalidad de incrementar la eficiencia y el uso más óptimo de los recursos infrautilizados que existen en la sociedad.
Por su parte, Chaves & Mozón (2018) sostienen que la economía colaborativa se vale de las nuevas tecnologías para reducir las asimetrías de la información y los costes de transacción asociados a los productos intercambiados o compartidos. A su vez, ambos autores ponen el acento en la propiedad de las plataformas como eje fundamental de la economía colaborativa, distinguiendo entre plataformas privadas capitalistas hasta plataformas cooperativas y de economía social.
Más recientemente, Jorge (2019:8) ofrece una definición de economía colaborativa con una amplitud de enfoque que permite integrar las distintas realidades económicas que operan en torno a la economía digital. De este modo, la economía colaborativa puede definirse como:
“Un ecosistema socioeconómico que integra los modelos de consumo, producción, conocimiento y financiación basados en relaciones de intercambio y compartición de tiempo, habilidades o bienes y servicios infrautilizados, que son efectuadas entre particulares (P2P), profesionales (B2B), o particulares y profesionales (P2B), a través de plataformas sociales digitales que actúan como intermediarios y facilitan las transacciones, lográndose de este modo reducir el grado de infrautilización de los activos existentes y generando nuevas oportunidades para un aprovechamiento más
eficiente y sostenible de los recursos disponibles, sin que sea requisito indispensable la existencia de una contraprestación directa entre los intervinientes”.
Por otro lado, a pesar de las dificultades que entraña la definición de estos modelos económicos emergentes, dado su rápido crecimiento y transformación, desde un punto vista institucional, han sido varios los intentos por parte de los organismos europeos para procurar un marco conceptual que permita la caracterización de este fenómeno emergente, cuya armonización conceptual resulta indispensable para resolver los múltiples interrogantes que suscita dadas sus implicaciones jurídicas y económicas.
Así, un primer acercamiento a la definición de la economía colaborativa puede encontrarse en la Comisión Europea (2015:3) donde la define como “un complejo ecosistema de servicios a la carta y utilización temporal de activos basado en el intercambio a través de plataformas en línea”. Más recientemente, la CE (2016:3) hace referencia a este fenómeno como “modelos de negocio en los que se facilitan actividades mediante plataformas colaborativas que crean un mercado abierto para el uso temporal de mercancías o servicios ofrecidos a menudo por particulares”.
Por su parte, el Comité de las Regiones Europeo (CRE) también se ha pronunciado al respecto al considerar que la economía colaborativa se basa en “modelos sociales, nuevos o recuperados, que tienen implicaciones comerciales, jurídicas e institucionales importantes: las prácticas sociales de compartir, colaborar y cooperar”
(CRE, 2016:28). Al mismo tiempo, rechaza parcialmente la definición proporcionada por la CE al considerar que excluye “los planteamientos no comerciales y basados en los bienes de utilidad pública” (p.28), mostrándose a favor, por lo tanto, de delimitar las diferentes formas de la economía colaborativa, lo que exige un enfoque coordinado entre la UE y el conjunto de Estados miembros. También el Comité Económico y Social Europeo (CESE) (2016:50) se ha pronunciado al respecto solicitando una “aproximación conceptual más detallada e inclusiva de la economía colaborativa”, afirmando que este modelo “a semejanza de la economía social adopta dinámicas democráticas y participativas”, que presenta seis rasgos característicos recogidos en la siguiente tabla:
Tabla 1.
Características de la Economía colaborativa según el CESE (2016)
Categoría Descripción Ejemplo
Tipo de entorno
No se desarrolla exclusivamente en entornos digitales, sino también en entornos de proximidad.
Intercambio de bienes
Finalidad No siempre implica ánimo de lucro, en muchas ocasiones se inspira en principios cooperativos
y solidarios. crowdfunding
Ámbito
geográfico de actuación
No siempre se ejerce a escala global o trasnacional, sino también en ámbitos territoriales más reducidos y localizados.
Grupos de autoconsumo
Dimensión No se ciñe exclusivamente a la dimensión económica, sino también atañe lo ambiental y social.
Movilidad sostenible Forma de
prestación
No es exclusivamente una nueva forma de prestación de servicios on-demand sino que pone el acento en el acceso a los mismos.
Uso compartido de bienes
Tipo de producto
No se circunscribe a bienes tangibles de valor económico elevado, sino que opera sobre cualquier tipo de producto.
Bancos de tiempo
Fuente: elaboración propia a partir de CESE (2016)
Finalmente, el Parlamento Europeo (2017:83) se ha referido a la economía colaborativa como “un nuevo modelo socioeconómico que ha implosionado gracias a la revolución tecnológica, ya que internet conecta a las personas a través de plataformas en línea en las que es posible realizar transacciones relacionadas con bienes y servicios de forma segura y transparente”.
Tal y como puede observarse, en términos generales, no se detectan importantes rasgos contradictorios en las definiciones que ofrece la literatura económica sobre la economía colaborativa. Por el contrario, las diferencias existentes se deben, más bien, al hecho de que el concepto de economía colaborativa se encuentre en constante evolución condicionado por el nivel de inclusividad considerado en cada momento y la variedad de su alcance Allenm & Berg (2014), así como por los rápidos cambios que se producen en las necesidades de los clientes y de los mercados junto con la transformación que generan la aparición constante de nuevas tecnologías.
Por otro lado, dentro del amplio ecosistema que representan los modelos económicos emergentes vinculados con la economía colaborativa, cabe diferenciar, en base a un conjunto de rasgos distintivos y matices diferenciales, distintas categorías. Así, optando por la clasificación propuesta por CRE (2016), Rodríguez (2017) y Jorge (2019) puede observarse la siguiente categorización:
Tabla 2.
Categorización de las diferentes modalidades de economía colaborativa
Categoría Modelo Definición Rasgo diferencial Ejemplos
Economía a la carta (On demand economy)
Economía bajo demanda (gig economy)
Modelos de consumo y provisión de servicios basados habitualmente en relaciones de intercambio entre profesionales y consumidores (B2C) que, mediante plataformas digitales que no prestan el servicio subyacente y actúan como intermediarias, se presta un servicio en base a las necesidades demandadas por el usuario a cambio, normalmente, de una contraprestación económica.
-Existencia de una relación comercial entre los usuarios.
-Trabajos
esporádicos cuya transacción se realiza a través del mercado digital.
-Generalmente existe ánimo de lucro.
Ridepooling;
servicios de vehículo con conductor, etc.
Economía de acceso (access economy)
Modelos de consumo caracterizados por la puesta a disposición, por parte de una empresa, de un conjunto de bienes para su uso temporal. Por tanto, se trata de un acceso temporal en lugar de una transferencia permanente.
-La plataforma presta el servicio subyacente,
mientas que los usuarios no tienen contacto directo entre sí para efectuar las transacciones.
-Comercialización del acceso a bienes y servicios, pero no su tenencia.
Car sharing;
Coworking;
etc.
Economía de puesta en común (Pooling economy)
Economía colaborativa (collaborative economy)
Modelos de consumo, producción, conocimiento y financiación basados en relaciones de intercambio y compartición de tiempo, habilidades o bienes y servicios infrautilizados, que son efectuadas entre particulares (P2P), profesionales (B2B) o particulares y profesionales (P2B), a través de plataformas sociales digitales que actúan como intermediarios y facilitan las transacciones, sin que sea requisito indispensable la existencia de una contraprestación directa entre los intervinientes.
La plataforma no presta el servicio subyacente. Puede existir o no ánimo de lucro entre los usuarios.
Alojamiento temporal entre particulares;
crowdfunding;
carpooling;
bancos del tiempo;
educación P2P, etc.
Economía en común (commoning economy)
Iniciativas de propiedad o gestión colectiva.
Puesta en común de bienes de utilidad pública.
Fuente: Jorge (2019).
3. DE LA ECONOMÍA COLABORATIVA A LA ECONOMÍA SOCIAL Y EL DESARROLLO SOSTENIBLE
La preocupación por la sostenibilidad y la configuración de un modelo de organización económica y social más justo y sostenible en el tiempo, se encuentra desde hace varios años en el centro del debate político, económico y social. El surgimiento en los últimos años de nuevos modelos de negocio disruptivos como la economía colaborativa, puede contribuir a dicha transformación y a promover un uso más eficiente los recursos disponibles. En este contexto, tal y como señalan Chaves y
Monzón (2018: 25) “La noción de economía colaborativa ha emergido en los últimos diez años en el actual contexto de revolución digital donde las nuevas tecnologías están transformando profundamente las relaciones de consumo, de trabajo, de producción, de financiación, educación e incluso de participación y gobernanza”.
Al mismo tiempo, la Economía social está llamada a protagonizar el cambio que impulsa la necesidad de desarrollar nuevos modelos económicos basados en la innovación y en la utilización más eficiente y sostenible de los recursos escasos. Su contribución al cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) recogidos en la Agenda de Naciones Unidas “Transformar nuestro mundo: la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible” es un hecho indiscutible y reconocido por diversos organismos internacionales3.
3.1. Economía colaborativa y desarrollo sostenible
El impacto de las actividades vinculadas con la economía colaborativa en la sociedad, la economía y el medio ambiente son, en términos generales, complejos y en buena medida desconocidos (Frenken & Schor, 2017). El hecho de que todavía sean escasas las investigaciones emprendidas para analizar la contribución de la economía colaborativa al desarrollo sostenible, junto con las limitaciones asociadas a una definición heterogénea del problema y en constante evolución, propician que los trabajos existentes desarrollen, a menudo, un análisis parcial de la sostenibilidad, poniendo énfasis exclusivamente en alguna de sus dimensiones, sin analizar el impacto indirecto que sobre otros mercados generan estas actividades emergentes4. En este contexto, existen varios autores que cuestionan el impacto positivo de la economía colaborativa a la sostenibilidad y alertan de la aparición de determinados fallos de mercado. En particular, Frenken & Schor (2017) consideran que, a menudo, las actividades desarrolladas bajo el enfoque de economía colaborativa generan externalidades negativas, como la inseguridad o las molestias ocasionadas en el sector del uso compartido de viviendas o la congestión o contaminación5. Por otro lado, sostienen que las plataformas de intercambio se caracterizan por presentar
“fuertes externalidades de red, lo que crea la tendencia a un monopolio natural y permite que la plataforma establezca márgenes altos” (p.7). Otros autores, señalan que pueden provocar distribuciones desiguales de ingresos y bienestar (Malhotra &
Van Alstyne, 2014; Schor, 2017).
A pesar de ello, en términos generales y atendiendo a la naturaleza de la economía colaborativa, cabe esperar que este fenómeno tenga un impacto positivo sobre la sostenibilidad. Su contribución a la reducción del agotamiento de los recursos, es en gran medida propiciado por el desarrollo de un modelo de consumo basado en la compartición o intercambio de productos infrautilizados en lugar de su tenencia individual en propiedad, lo que genera a priori ganancias en términos de un uso más eficiente de los recursos disponibles. Este modelo, contribuye a la disminución de la tasa de sobreconsumo y la reducción de problemas de contaminación ambiental
3 Social Economy Europe (SEE), Cooperativas Europe, Alianza Cooperativa Internacional o la Task Force de Naciones Unidas de la Economía social y Solidaria (UNTFSSE).
4 Los modelos de negocio tradicionales pueden verse afectados al desplazarse su demanda y, en consecuencia, al ver disminuir su volumen de ingresos. Por ejemplo, la fuerte irrupción de actividades de plataforma vinculadas con la economía colaborativa en sectores tales como el turismo o la movilidad ha generado un impacto significativo en el mercado de la vivienda (incremento del alquiler de vivienda), en el sector hotelero (disminución de los ingresos de los hoteles) o en el mercado del alquiler de vehículos (reducción de los márgenes comerciales como consecuencia del aumento de plataformas de uso compartido de vehículos), entre otros. (Frenken & Schor (2017).
5 A este respecto la CNMC (2016: 168) señala que estas externalidades negativas “deben ser paliadas con los instrumentos regulatorios necesarios y proporcionados, sin recurrir a la prohibición más que de forma excepcional y convenientemente motivada”.
(Lyon, Moktharian, Dijst, & Böcker, 2018), al tiempo que puede contribuir a reducir la pobreza a través de la contracción de los costes de transacción (Scvarda, Daú, Scavarda & Korzenowsky (2019) lo que redunda, sin duda, en una mejora del bienestar de los consumidores, quienes además pueden acceder a una mayor variedad de productos.
Uno de los pilares fundamentales en los que se asienta el ecosistema de la economía colaborativa es su capacidad para capturar la capacidad ociosa existente de los activos infrautilizados y redistribuirla (Finley, 2013). De este modo, se posibilita un uso más eficiente de los recursos disponibles, lo que favorece la configuración de un modelo de desarrollo económico mucho más sostenible. En esta misma línea, Demailly & Novel (2014:8) destacan los beneficios económicos y ambientales vinculados con el sector de la economía colaborativa. Al procurar un aumento de la duración en el uso de los diferentes productos mutualizados y asegurar su utilización al máximo de su potencial técnico, se reduce su producción al tiempo que se mantiene el mismo servicio. Por lo tanto, se produce un ahorro de recursos y una menor generación de residuos. Adicionalmente, “la calidad del bien compartido parece ser un requisito clave para la sostenibilidad ambiental de los modelos de negocio compartidos, ya sea para la redistribución, la mutualización, los sistemas entre pares o incluso la movilidad compartida”. Por su parte, Martina, Renzi & Mattia (2018) coinciden en señalar la contribución de la economía colaborativa en la configuración de un modelo de consumo sostenible que favorece una mayor eficiencia en el uso de los recursos, el desarrollo de mejores productos y la reutilización de excedentes provenientes de la sobreproducción y el consumo excesivo.
Este impacto favorable en la sostenibilidad económica y medioambiental generado por el ecosistema de la economía colaborativa también ha sido reconocido por las instituciones europeas. Así, por ejemplo, en la comunicación presentada por la Comisión Europea (2015:3) denominada “Mejorar el mercado único: más oportunidades para las personas y las empresas” se afirma expresamente en relación a la economía colaborativa que “los recursos pueden utilizarse de manera más eficiente, con lo que aumentan la productividad y la sostenibilidad”. También, en esta línea la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (2016:45) se ha pronunciado al respecto señalando los numerosos beneficios que presenta para los consumidores y usuarios, en particular al facilitar la “entrada de nuevos proveedores de bienes y servicios, la mayor competencia facilita precios más eficientes, mayor calidad por un mismo precio, creciente variedad, una utilización más eficiente y sostenible medioambientalmente de los recursos sociales y el fomento de la innovación” .
En este contexto, atendiendo a los beneficios que ofrece la economía colaborativa y que han sido ampliamente estudiados (Owyang, et al., 2013; CNMC, 2016;
Rodríguez-Antón, Alonso-Almeida, Rubio-Andrada & Celemín Pedroche, 2016; entre otros), a continuación, se recoge en la siguiente tabla la contribución específica de la economía colaborativa al desarrollo sostenible y al cumplimiento de los ODS.
Tabla 3.
Contribución de la Economía colaborativa al cumplimiento de los ODS.
Beneficio de la economía
colaborativa Contribución específica de la Economía
colaborativa al desarrollo sostenible Objetivo ODS
Reducción de precios y mejora de la relación calidad-precio
Poner fin a la pobreza en todas sus formas y en todo el mundo a través de la mejora en el acceso a los bienes y servicios.
Fomento de la innovación relacionada con nuevos servicios y nuevos modelos de negocio.
Garantizar una educación inclusiva y promover oportunidades de aprendizaje permanente para todos.
Procurar la industrialización inclusiva y sostenibles a través de la innovación y la construcción de infraestructuras resilientes.
Reducción del exceso de capacidad y uso más eficiente de los recursos ociosos o infrautilizados.
Permitir el acceso a una energía asequible, fiable, sostenible.
Potenciar modalidades de consumo y producción sostenibles y responsables.
Mayor poder adquisitivo de los consumidores y posibilidad de incrementar el consumo de otros
productos. Promover el crecimiento económico sostenido, inclusivo y sostenible, el empleo pleno y productivo, así como el bienestar de todos a todas las edades.
Aumento de la competencia asociado a la entrada de nuevos operadores y acceso a una oferta mucho más variada.
Reducción de las necesidades de propiedad individual de activos.
Lograr ciudades y asentamientos humanos que sean inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles a través, por ejemplo, de la movilidad compartida.
Reducción de costes de transacción.
Garantizar modalidades de consumo y producción sostenibles y responsables.
Reducción de los problemas de asimetría de información entre oferentes y demandantes.
Fuente: elaboración propia.
Tabla 3.
Contribución de la Economía colaborativa al cumplimiento de los ODS.
(continuación).
Beneficio de la economía
colaborativa Contribución específica de la Economía
colaborativa al desarrollo sostenible Objetivo ODS
Reducción de la contaminación y uso medioambientalmente más sostenible de los recursos.
Adopción de medidas urgentes para combatir el cambio climático y sus efectos.
Aumento de la competitividad económica debido a una utilización más eficiente de los recursos disponibles.
Proteger, restablecer y promover el uso sostenible de los ecosistemas terrestres.
Contribuye a mejorar la sensibilización social por el desarrollo sostenible, al favorecer una cultura de aprovechamiento de los activos.
Promover sociedades pacíficas e inclusivas para el desarrollo sostenible
Mejora de los servicios públicos al incrementar la oferta de alternativas y contribuir a la corrección de determinadas deficiencias.
Facilitar el acceso a la justicia para todos y construir a todos los niveles instituciones eficaces e inclusivas que rinda cuentas.
Fuente: elaboración propia.
3.2. Economía social y desarrollo sostenible
Naciones Unidas en 2015 aprobó La Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible, con ella se pretendía poner las bases sobre la que se construiría un modelo de crecimiento inclusivo y respetuoso con el planeta. Revisando los Objetivos del Milenio (2000- 2015) se plantea nuevos horizontes, el principal de ellos: poner fin a la pobreza en todo el mundo, a través del desarrollo económico que genere mayor cohesión social en los territorios y hacer frente a las consecuencias del cambio climático. Todo ello se recogería de forma sintética en los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).
La Economía social está conformada por una variedad de empresas y entidades que comparten principios, valores y características como:
1. Primacía de la persona y del objeto social sobre el capital 2. Adhesión voluntaria y abierta
3. Gobernanza democrática
4. Conjunción de los intereses de los miembros y usuarios y del interés general 5. Defensa y aplicación de los principios de solidaridad y responsabilidad
6. Autonomía de gestión e independencia respecto de los poderes público
7. Reinversión de la mayoría de los excedentes que se destinan a objetivos de desarrollo sostenible de interés para miembros y de interés general.
La Economía social es una realidad global que representa el 7% del PIB y del empleo mundial. En la Unión Europea hay un total de 2,8 millones de empresas de la economía social, con 13,6 millones de puestos de trabajo, generando el 8% del PIB.
En España el conjunto de empresas de la economía social (42.140) que están representadas en la Confederación Empresarial Española de la Economía social (CEPES), cuentan con más de 2.2 millones de empleos directos e indirectos y facturan entorno al 10% del PIB6.
El “modelo” empresarial que representa la Economía social, inspirado en un sistema de valores y de gobernanza participativa, es un instrumento clave para el presente y futuro de la Unión Europea, lo hace contribuyendo eficaz y eficientemente en diez de los grandes objetivos que persigue la UE.:
1. Promover la competitividad y la consecución de un crecimiento inteligente, sostenible e inclusivo.
2. Crear empleo estable y de alta calidad
3. Asegurar la solidaridad entre las generaciones
4. Preservar y desarrollar el modelo social europeo y los valores democráticos 5. Reducir las desigualdades y promover la cohesión social a través de la integración social y laboral de todas las personas
6. Luchar contra el cambio climático a través de promover la economía circular y favorecer la transición ecológica
7. Mejorar los niveles de protección social y el acceso a servicios sociales de calidad 8. Fomentar la igualdad de oportunidades para todos, con independencia de su género, grupo étnico, religión o creencias, discapacidad, edad u orientación sexual 9. Desarrollo local y territorial
10. Servir de acelerador de la innovación social y tecnológica al servicio de las personas y las comunidades locales.
Según los valores, los principios y el compromiso de la Economía social con el desarrollo de los pueblos y el medio ambiente, se describe brevemente la intervención de las empresas de la Economía social española con el desarrollo sostenible de la mano del 4º Informe la contribución a los Objetivos de Desarrollo Sostenible de CEPES7.
Según este informe entre 1998 y 2018 se han ejecutado 160 proyectos y programas en 46 países y se han gestionado 73,6 millones de euros, el 22% fue cofinanciado por las organizaciones de la economía social. En este tiempo han mejorado las condiciones de vida alrededor de 210.000 personas y 27.000 familias. En los años 2016 y 2017 se han realizado 224 intervenciones en 37 países financiados por Cooperación Española al Desarrollo con participación de la economía social, con ello se atendieron 63 metas en 15 ODS, ordenados de mayor a menor grado de vinculación con las intervenciones de cooperación al desarrollo donde participa la Economía social (CEPES, 2019:9-10) y recogidos en la siguiente figura:
7CEPES (2019): Contribución de la Economía social a los Objetivos de Desarrollo Sostenible. 4º Informe sobre la experiencia en la Cooperación al Desarrollo 2017.2019.
Es importante leer este 4º Informe de CEPES, porque en sus 96 páginas hay una amplia y detallada información de la contribución de la economía social española a los ODS. Se estructura en 5 apartados y 3 anexos. Se destacan los apartados 4. Iniciativas de la economía social para el cumplimiento de los ODS;
y el 5. El valor añadido de la economía social a los ODS desde la Cooperación al Desarrollo.
El informe se puede consultar en www.cepes.es
Figura 2.
Contribución de la Economía social a los ODS
Fuente: elaboración propia a partir de CEPES (2019).
Por otro lado, el papel que desempeña la Economía social (ES) en la consecución de los ODS ha sido puesto de manifiesto en el Dictamen del Comité Económico y Social Europeo sobre “La dimensión exterior de la economía social” al señalar que las empresas de Economía social (ES) y, las cooperativas de forma destacada, son un
“actor clave del sector privado para alcanzar los ODS”, en particular, en los objetivos de reducción de la pobreza y de desarrollo sostenible, en materia de salud, en el acceso al agua limpia y saneada, en la provisión de viviendas dignas y el mejoramiento de las barriadas insalubres, la reducción del trabajo informal, entre otros. También destaca la labor que desarrollan las entidades no lucrativas en el ámbito del Tercer Sector de acción social, al movilizar recursos destinados a servicios sociales, de salud, educación, así como para fomentar iniciativas de emprendimiento social.
En definitiva, la economía social compagina en el desarrollo sostenible eficiencia y competitividad empresarial con progreso y responsabilidad social. Esta realidad queda patente en los Informes y Balances Sociales que periódicamente se hacen público. Como el presentado por la Red de Redes de Economía Alternativa Solidaria (REAS):
“Equidad: la diferencia salarial es de 1.5/1 entre el salario más alto y más bajo entre todas las personas trabajadoras y un 60% de mujeres en puestos de responsabilidad.
Sostenibilidad ambiental: el 94 % aplica criterios de consumo responsable en la adquisición de productos, el 37% son entidades con gestión ambiental y el 46% usan energía 100% renovable.
Cooperación y compromiso con el entorno: el 64% operan con finanzas éticas”
(citado por CEPES 2019:17)
4. LA ECONOMÍA COLABORATIVA EN EL SECTOR DE LA MOVILIDAD Y EL TRANSPORTE
La movilidad en Europa está cambiando, y las cooperativas no son ajenas a esta transformación. En un entorno donde empieza a primar lo digital, el pago por acceso al uso en lugar de la propiedad y lo ecológico; han surgido un gran número de cooperativas de transporte sostenible en Europa. Según Muller (2019), esta forma de movilidad y su tecnología limpia, tienen una gran aceptación no sólo en Europa, sino también en el resto del mundo, y no sólo tienen un gran presente, sino también un gran futuro Mounce & Nelson (2019).
El uso compartido del coche depende de factores relacionados con el tamaño y la densidad urbana, las políticas de movilidad adoptadas a nivel de gobierno central y local, y el alcance de las redes de servicios de movilidad. Entre los factores que influyen en la aceptación del “car sharing” se encuentran las restricciones a la movilidad vía coche privado, el coste de adquisición de un vehículo en propiedad (desembolso inicial), o los ahorros en coste de mantenimiento (Saiani et at. 2020) o la fiscalidad favorable aplicable a los vehículos ecológicos (Náñez, 2020).
En Europa existen diferentes cooperativas dedicadas al llamado “car sharing” a través de plataformas digitales. Dentro de las cuáles, cabe destacar “Albertslund Delebil”
cuya sede se encuentra en Copenhague (Dinamarca). En esta cooperativa de movilidad a través de vehículos poco contaminantes, se puede participar y usar un vehículo mediante un pago inicial que varía de las 130 a las 3000 coronas, mas 15 Coronas por trayecto y 1,9 Coronas por kilómetro recorrido (Albertslund Delebil, 2020).
En Alemania, existen dos grandes cooperativas dedicadas al “car sharing” sostenible.
En primer lugar, se encuentra “Energiegewinner” con sede en la ciudad de Colonia (Strom erzeugen, 2020) y por otro lado “Auto-Teiler Grasbrunn e. V. (ATG)” con sede en Múnich. Ésta ofrece el servicio desde 0,9 euros por trayecto + 0,3 euros por kilómetro recorrido (Auto-Teiler Grasbrunn e.V. - Carsharing, 2020). Por último, en Alemania se encuentra la cooperativa “UrStrom” con sede en Mainz. Esta cooperativa de “car sharing” ofrece una tarifa de entre 9-49 euros como pago inicial para ser socio; y posteriormente una tarifa de 1 euro por trayecto más 0,15 euros por kilómetro recorrido (Urstrom, 2020). En el Reino Unido, lleva ya bastante tiempo operando la cooperativa de “car sharing” llamada “Moorcar”. Esta cooperativa se encuentra situada cerca de Exeter y ofrece una movilidad sostenible y cooperativa desde £60 como pago inicial para formar parte de la cooperativa, y luego 3,95-5 libras la hora más 0,12-0,21 libras por kilómetro de uso (Moorcar, 2020). Por lo que respecta a Suiza, existe en el país helvético la cooperativa de carsharing llamada
“Mobility” con sede en Zúrich. Según su web, cuentan con más de 100.000 socios y una flota de 3.000 vehículos. Ofrecen tarifas que van desde los 25 CHF como cuota inicial para ser socio, y por el uso del vehículo sostenible 1 CHF por hora más 0,1 CHF por kilómetro recorrido (Mobility Ch, 2020).
Para finalizar con el análisis europeo, se analiza el sector en los Países Bajos y Bélgica, donde pueden encontrarse varias cooperativas de “car sharing” que operan a través de plataformas digitales. En primer lugar, destaca “HET cooperatie” con sede en la ciudad de Hilversun. De acuerdo con la información publicada por la compañía, hay que realizar un pago inicial que varía de 24-150 euros, y posteriormente debe abonarse 5 euros por hora más 0,18 euros por kilómetro recorrido (HET Coop, 2020).
En segundo lugar, se encuentra “Coöperatie LochemEnergie UA” en la ciudad de Lochem, cuya tarifa ascienda a 2,75 euros/trayecto (Elektrische deelauto gebruiken- Lochem Energie, 2020). Por último, en los Países Bajos destaca “CoöperatieAuto” con sede en Utrecht (Cooperatieauto-nl, 2020). En el caso belga, se encuentra la
cooperativa “Partago” con sede en Bruselas. Partago establece como pago inicial para ser socio 250 euros. Posteriormente para el uso, establece una tarifa de 4,5 euros por hora de uso, más 0,19 euros por kilómetro recorrido (Partago, 2020).
Además, el sector ha evolucionado en los últimos años, hasta lograr cierta consolidación, tal y como lo demuestra la constitución de “The Mobility Factory”, una cooperativa de segundo grado que permite inter-cooperar y gestionar conjuntamente la tecnología para compartir vehículos integrada por las cooperativas Het, Lochem Energie y Cooperatie Auto, de los Países Bajos; así como UrStrom y Energiegewinner, de Alemania, junto con Alternacoop (Valencia, España). (The Mobility Factory SCE, 2020).
Figura 3.
Mapa del “Car Sharing” cooperativo en Europa.
Fuente: Elaboración propia mediante Tableau Desktop Profesional Edition.
Como puede observarse en la figura anterior, la mayor concentración de cooperativas de “car sharing” a través de plataformas y aplicaciones se da en el Benelux y la cuenca del Rhur y del Rhin. Aunque las cooperativas de este tipo de actividad se encuentran en Reino Unido y en Suiza, siendo esta última la que presenta un número mayor de usuarios.
Esta tendencia europea dentro del mundo cooperativo ha llegado actualmente a España también debido a diversos factores. En primer lugar, en España existen 29 millones de coches y solo son utilizados un 2% del tiempo8. Las Smart-cities se enfrentan al reto de empoderar a los ciudadanos, a través de la movilidad colaborativa, para desarrollar y lograr ciudades más inteligentes. En segundo lugar, España importa cada año combustibles por valor de 50.000 millones de euros, el 5%
del PIB. La movilidad colaborativa puede contribuir al ahorro en importaciones de
petróleo y permitir el avance hacia energías alternativas. La movilidad colaborativa tiene un impacto medioambiental positivo9. En tercer lugar, la movilidad colaborativa contribuye al ahorro energético en el transporte. Los coches consumen el 20% de toda la energía de España. El “car sharing” y el “car pooling” contribuyen a un ahorro energético de alrededor de un 40%10.
Analizando el caso concreto de España, se ha identificado ocho cooperativas que se dedican al sector “car sharing”, todo ello de forma sostenible y a través de aplicaciones o plataformas digitales. El reparto territorial de las mismas queda reflejado en la siguiente figura:
Figura 4.
Cooperativas de “car sharing” en España según comunidad autónoma
Fuente: Elaboración propia mediante Tableau Desktop Profesional Edition.
En la Comunidad Autónoma de Madrid, se encuentra “Conecta Movel” y a “Electric Sun Mobility, S.Coop”. En el caso de Conecta Movel, cuenta con 23 socios cooperativos más allá de sus usuarios. El pago inicial para ser socio está fijado en 20 euros al que debe añadirse una tarifa por uso del vehículo ("Conecta Movel Scoop.", 2020). Por lo que respecta a Electric Sun Mobility, S.Coop, el pago inicial de acceso queda fijado en una horquilla que oscila entre 500 y 125 euros, al que se añade una tarifa por uso del vehículo, contando con 92 socios cooperativos actualmente (Electric Sun Mobility, S. Coop., 2020). En la Comunidad Autónoma de Aragón destaca la cooperativa “Eh!co!che”, que actualmente cuenta con 81 socios cooperativos. El pago inicial para poder acceder al “car sharing” cooperativo queda fijado en 20 euros, y posteriormente es necesario abonar 5 euros por hora, derivado del uso del vehículo (EH!CO!CHE!, 2020). En las Islas Baleares opera la fórmula del “car sharing”
cooperativo a través de “ecotxe” que cuenta actualmente con 183 socios. Las tarifas con las que opera ecotxe son 100 euros (pago único) para acceder a la sociedad y al
9 Fuente: Asociación Española de Carsharing.
10 Fuente: Asociación Española de Carsharing.
uso de los vehículos ecológicos, y posteriormente debe abonarse una tarifa de 4,5 euros/hora (Ecotxecoop, 2020). En Cataluña destaca la cooperativa “Som Mobilitat”
que es la mayor cooperativa de “car sharing” española por número de socios, cotando con 1300 actualmente. Esta cooperativa solicita como pago para el acceso al uso 50 euros mensuales, y posteriormente aplica una tarifa de 5 euros/hora por el uso del vehículo sostenible (Som Mobilitat, 2020).
En la Comunidad Valenciana opera como cooperativa de “car sharing” desde hace un tiempo “Alterna Coop” quien actualmente cuenta con 412 socios cooperativos. Esta sociedad establece como pago inicial 10 euros, y posteriormente presenta una tarifa de uso de 4,92 euros por hora. (Alterna.coop, 2020). Es actualmente la tercera mayor sociedad de este tipo operando en el país por número de socios. En la comunidad Gallega opera “Nosa Enerxia” con presencia también en otros sectores. Cuenta actualmente con 585 socios, siendo la segunda más grande de toda España. Presenta una tarifa de acceso de 100 euros (Nosa Enerxía S.C.G., 2020). Por último, en Castilla y León destaca la sociedad cooperativa “eKiwi” que cuenta con 85 socios actualmente. Presenta una tarifa por acceso como socio de 50 euros iniciales (eKiwi, 2020). La clasificación de las cooperativas de car sharing en España en función del número de socios aparece recogida en la siguiente figura:
Figura 5.
Tamaño cooperativas de car sharing en España por número de socios
Fuente: Elaboración propia mediante Tableau Desktop Profesional Edition.
Como se puede observar Som mobilitat (Cataluña) presenta un mayor número de socios cooperativos, más del doble de Nosa Enerxía (Galicia) con 585 y más del triple de la tercera sociedad cooperativa de “car sharing” que opera en España, Alterna coop con 412 socios. Esto arroja actualmente una media de 385 socios cooperativos por sociedad de “car sharing” en España.
Respecto a la tarifa de acceso como socio, oscilaría en un intervalo comprendido entre los 10 euros y los 125 euros. Cabe reseñar que, en todos los casos, a efectos del presente estudio se han tomado como referencia las tarifas de acceso como socio más bajas, no obstante, en algunos casos las tarifas son superiores dependiendo de
los derechos y servicios a que da acceso el pago de la cuota inicial. Esta cuota de acceso puede comprobarse en la siguiente figura:
Figura 6.
Pago inicial de acceso al car sharing cooperativo, según entidad.
Fuente: Elaboración propia mediante Tableau Desktop Profesional Edition.
Por lo que respecta al coste de uso por hora o por kilómetro de estos vehículos ecológicos, no se detectan significativas diferencias, una vez que se ha formalizado el acceso como socio. Las tarifas son muy similares en todas las sociedades analizadas, habiendo una gran concentración entorno a los 5 euros por hora de uso.
En cualquier caso, hay que reseñar la dificultad de acceso a los datos para el análisis, al recabar la información relativa a la mitad de las cooperativas que componen la muestra. En la siguiente figura se muestra dicha concentración de precios:
Figura 7.
Coste derivado del uso del vehículo sostenible cooperativo (euros por hora)
Fuente: Elaboración propia mediante Tableau Desktop Profesional Edition.
5. CONCLUSIONES
La preocupación por el desarrollo de un modelo de organización económica y social más sostenible en el tiempo, constituye hoy en día una de las principales preocupaciones de nuestra sociedad. A nivel internacional, han sido varias las iniciativas desarrollada para impulsar esta transformación necesaria.
Al mismo tiempo, la concurrencia de varios factores, entre ellos, la mayor sensibilización social por el medio ambiente y el imparable desarrollo de nuevas infraestructuras digitales y soluciones tecnológicas, ha propiciado la aparición de modelos económicos disruptivos que pueden dar respuestas a los desafíos que exige el cambio hacia un modelo productivo y de consumo más sostenible. En este contexto, la economía colaborativa, como exponente de estos sectores emergentes e innovadores, presenta unos rasgos distintivos que permiten dar respuesta a muchos de los desafíos económicos y sociales recogidos en los ODS.
Por otro lado, desde los principios y valores de la economía social donde la persona es centro en torno a quien gira todo su quehacer como el ejercicio de transparencia, democracia, solidaridad y cohesión social son el fundamento que le lleva a estar comprometida de manera eficaz y eficiente con los ODS y a ser un modelo empresarial idóneo para dar respuesta a los desafíos sociales y económicos que plantean dichos objetivos.
Este modelo empresarial está comprometido con la Agenda 2030 y con todos y cada uno de los ODS, pero no en la misma intensidad. Se destaca su compromiso con el empleo de calidad y duradero promoviendo el crecimiento económico sostenido,
inclusivo y sostenible; el acceso a una educación de calidad para todos, la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres y las niñas y la reducción de las desigualdades económicas y sociales.
Finalmente, la necesidad de identificar nuevas fórmulas para satisfacer las necesidades de movilidad de los individuos ha propiciado que uno de los sectores de actividad con mayor desarrollo y proyección dentro de la economía colaborativa y con mayor repercusión en la configuración de un modelo de desarrollo sostenible, sea el sector de la movilidad y el transporte. Este sector ofrece un amplio abanico de oportunidades para el cooperativismo de plataforma y para contribuir al cumplimiento de los ODS.
Se ha constatado, que el movimiento cooperativo del “car sharing” está implantado con gran éxito en Europa. Países como Suiza o el eje Bélgica-Paises Bajos-Alemania son un buen exponente. La existencia de cooperativas de segundo grado en este sector, permite inter-cooperar y gestionar conjuntamente la tecnología para compartir vehículos ecológicos, al tiempo que refleja cierta madurez del sector.
En España, la tendencia europea ha llegado con gran fuerza y el sector presenta un gran potencial de crecimiento, en gran parte favorecido por una mayor concienciación social y por el desarrollo, especialmente en las grandes urbes, de políticas públicas restrictivas a la movilidad que exigen la búsqueda de alternativas que favorezcan la reducción de los niveles de contaminación y un uso más eficiente de los medios de transporte.
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