OPJMOMS
CA PACAMA, SC ZSAZKO
y SC AUZOK
Preguntaba a un amigo mejicano, residente en EuVopa y por razón de trabajo viajero asiduo, su opinión sobre la generalizada degradación del más antiguo de nuestros medios de comunicación: la palabra. Y mi ami- go lo atribuyó a la técnica, a la necesaria sintetización de expresiones en las computadoras.
Desde luego no vamos a caer en las lamentaciones y los agoreros pre- sagios que cualquier avance técnico produjo siempre en la humanidad:
el tren, con su locomotora al frente, iba a incendiar sembrados y bos- ques; cualquier máquina a vapor iba a explotar; la luz eléctrica iba a impedir los naturales ciclos de sueño; el cine iba a matar el teatro...
Sin embargo, es cierto. Es un hecho comprobado. Cada vez es menor la riqueza de vocabulario y muchas veces en una sola palabra se pretende encerrar todo un enjambre de conceptos y razonamientos en pro o en contra del interlocutor o de un hecho controvertido: vale, te has "pasao", punto, rollo, puede cortar a menudo toda una serie de saludables diva-
gaciones por el campo, aún virgen de impuestos y aranceles, de las pala- bras justas para expresar ideas. Y a menudo también, frases enteras se uti- lizan para aparentar que se dicen cosas sin decir nada: a nivel de, de al- guna manera, ¿sabes qué quiero decir?. U otras aparentemente más com- plicadas que, entrelazadas —andan por ahí' unos graciosísimos cuadros que facilitan la labor— constituyen auténticos discursos de entendidos en la material que, como el famoso traje nuevo del emperador que expli- cara Anderse, sólo están en disposición de ver o entender los inteligentes de turno, los cepilladores de talla, o los beneficiarios serviles del inmortal napotismo. Hasta que aparezca el niño, vivaracho, pero inocente de mal- dades y componendas, que dirá lo que vé y obrará según entienda.
Y llegábamos con el amigo mejicano a establecer casi un plan de defensa que no va contra la técnica, pero sf en favor de la palabra: hay que defen-
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der el libro y propiciar la lectura de libros proclamando la bomdad del ejercicio de la libertad de cada uno, cual es escoger lectura. Hay que defen- der los medios de comunicación, prensa, radio y televisión, de parásitos del idioma. Hay que volver a potenciar la palabra hermosa, bien pronun- ciada, bien emitida (en potencia, tono, color, intención). Sentir tal vez, la nostalgia de aquellos sermones en las Iglesias que, cuestiones de fondo aparte, constituían muchas veces bellísimas piezas de oratoria, lecciones de bien decir, impostando la voz, jugando con las pausas, ora acelerando el discurso, ora arrastrando las palabras para levantar polvoredas de emo- ción en las almas pacientes que les escuchaban. Rechazar los exámenes basados en la simple crucecita en la pregunta del cierto o falso que a me- nudo requeriría la personal expansión —quizá tímida, quizá petulante, pero siempre explícita en cuanto a la personalidad del examinado— de lo que podríamos resumir en un " n i cierto ni falso, sino todo lo contra- rio".
Antes, en teatro, y ahora también en algunas ocasiones, existía, y feliz- mente existe, un director de ceremonias de la palabra, un cultivador per- tinaz del fértil campo del idioma, un orfebre que sabía engarzar frases y modismos con caracteres y situaciones. El autor. El autor deteatro. Ahora, demasiados grupos suelen prescindir de él.
Sí, ya sé. Estamos escribiendo para el boletín de teatro para la infancia y la juventud. Por ello nos referimos también, al hablar del autor de tea- tro, al autor de teatro para niños. Porque ¿hará falta decirlo una vez más?
Teatro sólo hay uno. Y entendemos por teatro sólo lo que es teatro.
No vaya a ser que, un día, el niño, candido e inocente, pero inteligente y perspicaz, descubra que sólo hay desnudeces en lo que pretendemos pre- sentarles ricamente vestido de encajes, de sedas y de tisú. O de papelillos de colores. O de globos hinchados de tristeza.
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Se oye una voz al fondo: " ¡ t e l ó n ! " . Y otra más cercana: "¡Vale, t í o ! " . Y alguien que susurra: " i Jo, que rollo!".
Martí Olaya
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