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Periódico Táchira El Alba 1930

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Bernardo Zinguer

Academic year: 2024

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(1)

Em p. Ce r v a n t e s

(2)

. . / / / a

R e g i n a d e V e l a s q u e z . A l i e i a d e M é b i n a .

Revista mensual de intereses estudiantiles fundada el 13 de ju n io de 1930.

Núm. 14. X X San Cristóbal, septiembre de 1931. X X Año II.

ParaALBA

i A N D A l - . - l A N D A

■ ■ ■ ■ . I

.

al fin, un buen día re­

gresó al hogar.

¡Con cuanta ansiedad, -sobre cubierta, apoyado a la batayola del vapor, veía des­

envolverse el panorama de la ciudad!

Todas las sinuosidades de la costa, las irregularidades.de las copas de las palmeras, las arenas de aquellas playas, los más ocultos rincones de la ve­

getación ribereña le iban des­

pertando tumultuos á m e n t e los recuerdos.

Si no había un solo sitio que no conociera íntima m e n t e , donde no hubiera transcurrido alguna página querida de su v id a !

- Se estremeció de gozo cuan­

do en una orzada, sorteando un bajo, descubrió la torre de la pequeña iglesia parroquial bañada de sol, resplandeciente como un ascua bajo el cielo azul, que a fuerza de ser puro era ya casi blanco; las cúpu­

las, los tejados rojisos; todo parecía desfilar en revista de salutación a su regreso.

Y se imaginaba la paz ho­

gareña donde unos brazos que- r i d o s lo esperarían siempre abiertos para enlazarse estre­

chamente en redor de su cue­

llo; donde unos ojos sorpren­

didos de gozo acogerían dul­

cemente su aparición ante la puerta, y unos labios sonreí­

dos le darían la ¡ bienvenida despertando todos los besos que dormían en ellos en .espe­

ra de su regreso.-

¡ Al fin regresaba !. Después de todo bien empleadas sus fatigas, todos los sufrimientos

L A J A R D I N E R I T A

é s un relato de hadas, un cuento ingenuo o un devo­

cionario sentimental; no se quién me lo narró, acaso el Des­

tino, la, Gloria o el A m or:

Por las mañanas la Jardinerita a su huerto se encami­

naba, y en inefable coloquio acariciaba entre sus diminutas manos los ramos de claveles 'púrpura encendida y las rosas carmesí; después recreaba su esbelto cuerpo, dejándose caer entre el lecho perfumado de las flores, que en rededor a su cur­

va de talle modelo hacían coro, y de cuyos pétalos descendían gotas de rocío-diamantes miniatura-regando los labios grana de su cultivadora, para luego esfumarse entre el cen­

telleo de los rubios rayos que por oriente empezaban a llegar.

Terminada la silente charla en el jardín, regresaba a su cuartito de jaspe y marfil; y allí en oblación ante el recuer­

do, unas veces, y otras, ante lo devenir, deleitaba su imagi­

nación poseída de candor, evocando los crepúsculos y las noches de zafir.

La Jardinerita era toda una gracia, y en la comarca, la muchachita querida; y su voz hechizaba, porque era trino y canción. Primorosa y genial, entendía los decires de las flores que cuidaba; leía en los torrentes las profecías de los dioses; escribía sobre las nebulosas, bellos poemas; y de su corazón pendía radiante relicario, y ante él, un galán per­

petua oración tributaba.

Fantasía o realidad, fué ello una historieta narrada en las cercanías de un vetusto castillo, cuando en el estanque vecino, nivea caravana de cisnes, se debatía ante la fragili­

dad, de la ola sonriente de caudal. Vino, entonces, a la fi­

bra mía, un ansia infinita, un carcaj de ilusiones y una floresta rica de cálices-joya y pedrería;-y fue en mi cere­

bro, sutil creación: sobre tapices de espuma, surgía la Jar­

dinerita portando ramos de su campo, y en su diestra; chis­

pas de rojo rubí-reencarnación de rosa silvestre-súgerien- do leyenda y emoción de poeta . . . .

Mérida: 1931.

en las luchas a brazo partido que tuvo que sostener por el bien de la que volvía a ver.

Pero. . . . al trasponer el um­

bral de la casita añorada fue el desencanto supremo.

Rubén CORREDOR.

Era para comenzar de nue­

vo.

Ante el espectáculo que se ofreció a sus ojos hubiera va­

lido más no regresar.

Y se encontró perplejo ante

'i

(3)

A L B A

los nuevos caminos de su vida.

Pero sus fuerzas no estaban ahora para abrir la nueva ru­

ta. Era ya la hora del reposo, el momento en que necesitaba el refugio de un amoroso re­

gazo donde restañar sus heri­

das, confortar el espíritu y co­

brar nuevos alientos para su voluntad cansada; donde ol­

vidar piadosamente el espec­

táculo qüe encandiló sus pu­

pilas abiertas a todos los ho­

rizontes en atisbo de quime­

ras para sus sueños de paz.

¿Donde estaba élla?

Ambuló por todos loé sitios testigos de su perdida ventu­

ra; uno a uno recorrió todos los senderos, subió a todas las cumbres y oteó las lejanías aspirando el aire para encon­

trar tal vez todos los suspiros errantes, todos los besos que prodigó cuando evocaba sus recuerdos.

Y perdida ahora la esperan­

za del amoroso regazo volvió a emprender el camino escu- - chando la voz de sus profun­

dos desencantos que le grita­

ban: ¡A n d a !..". .¡A n d a !.. . : Y se perdieron sus huellas en las arenas del ¿camino, se alejó sin dejar tras de sí un rastro, sin fomentar nueva­

mente un recuerdo. Perdién­

dose...perdiéndose . . . .

¡A n d a!.. . .¡Anda!.. . . Es el grito que suena en los oidos de la humanidad cuan­

do parece llegado el momento del reposo, cuando parece que un nuevo sol viene a alum­

brar el sendero, cuando se han dado por bien empleadas to­

das las fatigas en la lucha por el bien.

¡Anda!. . . . ¡ Anda!. . . . Es la ingratitud que grita. Es el ol­

vido que clama.

Es la tristeza del mundo.

¡Anda!.. . . ¡Andaf

K. a . BASTIDAS-MICHELENA.

í))o

«!)

I M P R E S I O N E S V E S P E R T I N A S

P A R A ‘ A L B A

Caía la tarde. En el ponien­

te el sol agonizaba lentamen­

te dejando caer sobre la tierra conmovida su acariciadora y postrimer mirada de fuego, para envolverse después en el amplio mantón de las noctur­

nas sombras. Y o contemplaba el hermoso espectáculo con in­

finita melancolía. . . .

De pronto surgió ante mis ojos siniestra aparición, mi­

róme a la faz amenazadora, abrió los brazos cual si quisie­

ra abarcar el universo mundo y con voz horrísona como sa­

lida del infierno empezó a de­

cir: Y o nací en el Empíreo;

tuve por cuna el corazón del ángel más bello y envuelto en las iras del Omnipotente, bajé a los abismos sempiternos don­

de establecí mi reinado.

Es mi madre la Soberbia, y mis hermanas predilectas, de las que no me separo nunca,la Envidia, la Ira y la Calumnia.

Yo soy como el céfiro jugue­

tón que penetra por doquiera:

entro al palacio de los reyes y poderosos emperadores vesti • do de cortesano, y echo a tie­

rra los tronos mejor estableci­

dos con asombrosa rapidez.

Voy al Vaticano, beso cere­

monioso los pies del augusto padre de la Cristiandad, hiero su corazón lleno de ternuras innenarrables y me llevo triun­

fante las preciosas perlas de sus lágrimas para adornar con ellas mi real corona.

Y o lanzo a naciones contra naciones y a pueblos contra pueblos; yo penetro en los templos, tanto en los colma­

dos de muchedumbre, como en aquellos desmantelados y desiertos en donde sólo se co- lumbra la, humilde lamparilla que arde sin cesar ante el Ta­

bernáculo, y alguna que otra vieja que musita su rosario.

Y o amenizo las conversa­

ciones; engendro las guerras domésticas, me visto de cari­

dad, de celo santo y de justi­

cia; profano los secretos, ful­

guro en los ojos de las bellas y nobles, y me deslizo con su­

til maestría en el chismoso lenguaje de la mujer plebeya, ignorante y degradada.

Y o coloreo las mejillas del niño ; hincho con diabólica pa­

sión el corazón del joven y deshonro las canas del ancia­

no.

Y o oscurezco las glorias, marchito los laureles, destro­

z o

honras, engendro la ven­

ganza, extingo la alegría, ma­

to sonriendo v me enzaño im­

placable én los cadáveres de los muertos.

¿ Me conocéis ?. I .. Soy el Odio.

Y lanzando estridente car­

cajada huyó la fantástica apa­

rición, en tanto que el último celaje doraba las'azules leja­

nías y las hojas de los árboles sacudidas por la brisa, reme­

daban con suave cuchicheo en la sin par agonía de aquella hora, quejas perdidas en el inmenso mundo, como ahoga­

do grito de inocente mártir.

Ma r í a Cr i s t i n a d e Va r g a s.

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PROSAS LIGERAS

o 4 tardecer

Las sombras quejumbrosas de la noche van apuñaleando lenta­

mente el corazón luminoso del día; el Poniente ya tornándose policromo en arreboles de con­

tornos perceptibles y sangra Ha­

ces de luz; en el zenit se desmu- nuzán en finos copos blancos de bordes irisados, unas tenues nu- becillas que no alcanzaron a mo­

rir en la fugaz hoguera del Ocaso, y en el Oriénte, envuelto eii tí­

midas gasás, va comenzando a titilar el lucero vespertino que sigue al sol en su carrera.

La enramada se torna misterio­

sa sumida en el sombrío y pare­

ce que tenues fantasmas hicieran balancear las hojas de los árbo­

les; cabe los nidos las aves con melódicas endechas despiden el día; bajo los flexibles helechos modula sus quejas la fontana

‘ que se torna plana bajo la luz lunar”, en tanto que oculta en la tupida hojarasca, la cigarra va

■lanzando las notas estridentes de su guitarra invisible que sólo tie­

ne un arpegio en su gasna de so­

nidos.

El labriego, tras el rudo labo­

rar de un día de verano, regresa a su hogar que medio ocultan los maizales espigados, donde cari­

ñosa le aguarda una familia hon­

rada que él ha sabido constituir al amparo de la paz campesina;

deja el surco fecundo con el amargo sudor de su frente que es altiva y* pura como la corona de nieves de la montaña y espe­

ra confiado que la semilla que sus manos entregároh a la ubé­

rrima entraña de su heredad, pronto ha de convertirse en do­

rados granos que servirán para mitigar el hambre de su hogar.

En el aire resuena el broncíneo clamor de la campaná que allá en la torre del poblado anuncia la hora del Angelus” ; el sol ha tras­

montado ya la cordillera que le servía de pedestal y las sombras nocturnas hablan muy de cerca a la tierra mientras la Naturaleza toda se inclina reverente y silen­

ciosa para elevar al cielo la afó­

nica oración del Ave María... ...

Anochece... . .

He r n á n d e Co s t a b e l l a.

JARDIN SONORO,

VO CES DE B ELLEZA

Especial para “ ALBA

Fundemos el hogar, pero al fundarlo llenémoslo de amor y de pureza, de abnegación, y sacrificio,

y que en él la Virtud, fije su imperio.

¿Podrán, así, mancharlo o arrumarlo, el infortunio o la pobreza,

la sombra cómplice del vicio, o el lascivo desliz del adulterio?...

¡Nunca! Porque donde hay amor, hay esperanza, porque donde hay pureza hay mucha lumbre;

porque la abnegación es fiel tesoro, y el sacrificio es flor de casta herencia.

E incólume el hogar, la Fe lo afianza:

y el hombre lo alzará sobre la cumbre de su honor, y no dará por todo el oro del mundo, la paz de su existencia!....

M ARCO TULIO PAEZ.

Caracas - V III - 1931.

O C A S O

Palidecía, el sol sobre\ las cumbres;

E l ópalo en las nubes se extendía

,

Rojo incendio de blondas en el cielo Devo7'ando al ocaso lo extinguía,.

La vespertina luz de las estrellas Sobre la seda azul del alto cielo, Impregnó de ideal melancolía La bella inmensidad de sutil velo.

Un águila batió sobre el Poniente . Sus olas tan potentes cual su vuelo,

Deseosa de retratar en su pupila La último, luz dispersa sobre él cielo.

Ningún mortal podrá cantarle a Dios La excelsa, mignitud de su grandeza

,

Y mi discor de-lira émudeció

A l contemplar tan singular belleza ■ ■ ■ ' ■ La noche con sus sombras misteriosas,

Cual ñn velo sus alas extendía, Y el alma, arrodillada y reverente, Con devoción eantaba una elegía.

TR IN A D E M EN D OZA.

(5)

A L B A

LA JU V E N T U D

, Ja juventud es el estado más bello de la vida;

élla guarda toda clase de atractivos, engalana los pue­

blos y es la esperanza de la Pa- tria.

La juventud es como un jardm donde se cultivan diversas clases de flores, las que a su tiempo, se abren a los primeros albores de la aurora, esparcen su delicado perfume, y extienden sus corolas para atraer con sus bellos mati­

ces a los seres que a contemplar­

lo se acercan.

Ella es la que alegra los hoga­

res, consuela a los que ya agobia­

dos por el peso de los años, se sienten sin fuerzas y torturados por las rudas fatigas de la vida.

Durante la juventud, debemos cultivarnos y tratar de atesorar todo aquello que nos sea útil, para que mañana, cuando nos sintamos sin fuerzas, ya sin ener­

gía, podamos tranquilamente des­

cansar y con satisfacción admi­

rar el seguro y rico sendero que con nuestro ejemplo y perseve­

rancia dejamos trazado, a los que nos sucederán.

'E s la juventud como un sol, que a las primeras horas de la mañana brilla y continúa su mar­

cha hasta perderse en el Ocaso, pero siempre lleno de irradiacio­

nes y grandeza.

En esta dichosa época todo es alegría, contento*. ilusión; hasta los mismos-reveses de la suerte nos alientan; a los primeros gol­

pes nos sentimos desfallecer, pe­

ro luego como una débil luz -que va extinguiéndose, y al renovarle el líquido que la sortiene, reapa­

rece más brilllante, así en nues­

tro espíritu, las adversidades nos hacen s'entir más luego en nues­

tro interior un rastrp de recuer­

dos infinitos que endulzan la existencia.

Cuántas veces la aguda espina de la envidia clávale sus aguijo­

nes para hacerla sucumbir y a- rrastrarla por el lodo; ella fuerte lucha y al fin de aquella lucha, triunfa, burlando a sus detrac­

tores.

Por eso en la juventud se su­

fre y se goza, como que el hom­

bre fue condenado al venir al mundo, a luchar y a vencer.

mosla en cosas útiles, ya para obtener lauros merecidos, ya pa- ra honrar el nombre de los ge­

nitores de nuestra existencia.

Procuremos que nuestra juven­

tud sea hermosa, para' que espe­

remos una luminosa vejez.

A n a V i c t o r i a R a n g e l R.

fEx-;tlumna *iel 69 grado de la Escuela Bu;- 'tamanteV.

En la vida tenemos estados que nosotros llamamos ninez, juven­

tud virilidad y ancianidad, esta­

dos que nos sorprenden' sin dar­

nos cuenta, y que de repente nos encontramos trasforinádos de ñi­

ños, en jóvenes, en seres en la plenitud de la vida y luego en

ancianos. y

Amemos la juventud y emplee-

EL MAESTRO

M

a e s t r o

! Palabra con que se apellida a quien la so­

ciedad y el mundo entero son deudores^ él, cual padre amo­

roso y solícito vela hasta el movimiento más insignifican­

te del niño; observa todas sus acciones y casi adivina lo que puede ser de un pequeñuelo;

trata de arrebatarlo de la sen­

da torcida; excítalo a imitar al sabio, al honrado, al traba­

jador; le hace conocer 1 a s grandes ventajas de ser bue­

no, y sueña ver transformado el caprichoso e inútil niño, en hombre consciente, culto, la­

borioso y digno ciudadano.

En todo medio civilizado, el maestro es el ser a quien se le encomienda la misión de perfeccionar e ilustrar; misión sagrada, sublime, enaltecedo­

ra, que ennoblece al que la practica; le hace fuerte ante las ingratitudes de sus favo­

recidos y compasivo para con los autores de los días de aquellos seres.

Cuántas veces el padre de familia hace responsable al maestro de la educación e ilus­

tración de su hijo, sin recor­

dar que la verdadera educa­

ción se da en el hogar; la ma­

dre principalmente está en­

cargada, y es el sér más ade­

cuado para hacer de su hijo un hombre culto, suave, de finos modales, de buenos sen­

timientos. Muchas veces la educa ;:cn que el maestro tra­

ta de inculcar a sus discípu ­ los desaparece al r e t o r n a r

ellos a sus hogares; los actos de mala educación ejecutados por esos niños, son interpre­

tados como rasgos de vivaci­

dad y de una inteligencia pre­

coz; no se les corrige, sino que al contrario, se les mima, se les tiene como una legítima esperanza.

En esta labor, exígesele al maestro que eduque y_ que instruya. Debiera ser mirado por la sociedad, en su doble tarea, como el elemento pri­

mordial de la naci 5n, que hoy día, sueña, con civilización, progreso y estabilidad d e l bien inapreciable de la Paz.

Así, p u e s , debe prepararse convenientemente a los maes­

tros del mañana, no omitamos esfuerzo para la sólida ilus­

tración de la juventud y ha­

remos de nuestra querida pa­

tria, la p a t r i a soñada por nuestros libertadcres. Alguien dijo: «LO QUE SE DA A LOS M AESTROS, SE DA D IRECTAM EN TE A L A NIÑEZ, Q U E EiS COMO QUIEN D ICE: LA PA TR IA FUTURA.»

A L B IT A .

LA TIPOGRAFIA

“ C E R V A N T E S ”

de Hermanos Rodríguez Z.,

está en condiciones de atender

a todo trabajo que se le confíe.

(6)

C L A R I B E L

(FRAGMENTO)

Claribcl J Muchachita extraña, mezcla ingenua y absurda de in­

finidad de pasiones; sin refina­

mientos de civilización, sin false­

dades de salón, sin complicacio­

nes cerebrales, sin sofismas del espíritu, sin engaños y mentiras del corazón. Muchachita sana, lim­

pia, clara, salvaje ! Muchachita de veinte anos centelleantes como soles. Gitana nacida Dios sabrá donde .. . .Arrullada quién sabe si entre sonrisas orgullosas o lágri­

mas envenenadas; quizás si reci- I bida con alegría o frialdad. Mu- chcaliita encontrada a~la • tardeci­

ta a la vera de un camino solita­

rio, con las manos untadas de miel y las mejillas regadas de llan­

to, con la boquita entristecida : rogando, implorando, llamando a gritos a quién sabe qu ién .. . .Mu­

chachita olvidada de quizás qué corazón y amparada misericor­

diosamente por Ben y Nohemí, es decir, por nadie. Ben y Nohemí, dos nombres tan sólo. Ben : pa­

yaso de circo. Nohemí : una tra­

pecista. Nada más. Era todo. Dos vidas sin ni siquiera el brillo du­

doso del oropel sobre ellas, a s í:

humildes, insignificantes, peque­

ñísimas.

§ ,No explicó nada, no dijo nada.

Quién eres? D i ! ” “ No sé” ..

‘¿De dónde vienes?” “No sé - - ”

‘¿Quién te dejó allí en el camino?”, J(No sé,... ” Y cómo te llamas?”

No sé, no sé!” Y rcmpió a; llórar desesperada, con el corazón, pe- queñito y dulce todavía, hasta el borde de tristeza; tristeza infini­

ta de criatura abandonada e in­

defensa que debiera estar jugan- C*° ^oa mufiecas y enlazando en­

sueños y está al contrario, sufrien- d ° Y palpando realidades.

Pero en el pobre circo errante hubo una nota pintoresca, un ra- yito de luz, una clara sonrisa, una frescura de mañanita primaveral, un regalo de belleza para la vista, una dulzura de palabras ingenuas, un pequeño vaso de riquísima esencia. Esto, circo adentro, jun­

to a los pobres rostros cansados, sin vulgares afeites ni estúpidas , pinturas, junto a los ojos que no vierten lágrimas teñidas de colo­

res sobre groseras máscaras, sino lagrimas ardientes sobre una piel vibrante, junto a las bocas que no muestran una gran risa idiota, ■ sino que apenas esbozan una li­

gera sonrisa. Un rayito de luz so­

bre toda esta oscura verdad de vida, un perfume exquisito exten­

dido sobr« la monotonía del es­

fuerzo diario, una linda sonrisa abierta sobre la eterna amargura de un puñado de gente nómada__

Pero para los hombres del mun­

do, ella fuétan sólo “La niña pro­

digio!” como advertían los pro-, gramas cargados de anuncios es­

peluznantes que el circo ambulan­

te dejaba al azar, aquí y allá en los distintos pueblos que atrave­

saba.

Me r c e d e s Am i n t a Ro d r í g u e z.

E L T R O V A D O R

La luna llena baña el Cuerpo de la hija del señor del castillo, ten­

dida sobre el lecho de áureos en­

cajes. Cuerpo de azucena sobre corola de lirio. Fragancia de la­

bios en, flor. Resplandor procelo­

so en sus ojos de cobalto. Trenzas trigueñas de virgen lánguida y ro­

mántica de los brumosos países del Norte. Suena la copla amoro­

sa al compás de la guzla. Salta del lecho la virgen y se asoma al ven­

tanal. En un claro del bosque, que está a sus pies, se halla el trova­

dor. Saluda a su princesa cón el ancho sombrero. Lo arroja al sue­

lo en actitud galante, de pleitesía, y reanuda su melopea amorosa.

La Naturaleza toda canta amor en la guzla del enamorado.. Cesa el canto. Tiende la ballesta. Suena el silbido de una flecha, que se clava en el marco-del ventanal, y presurosa la virgen desenrrolla el mensaje de su omor. Su áureo se­

s o se mece dulcemente bajo los sutiles encajes. Tiemblan sus na­

caradas manitas. Canta la guzla.

Canta el grillo. Soledad en la tie­

rra. Paz en el cielo. Amor en los corazones.

j o r g e VALOR.

MEDITACION

Contemple el alma dormida avive el seso y despierte como se pasa la vida como se viene la muerte.

-—O " - .

día que va y otro que viene; En el espacio el mismo sol que alumbra indiferente las alegrías y los dolores humanos! Y o tam­

bién desde mi torrecita solitaria miro pasar las caravanas...

¿Que es la vida? Un constante vaivén de la luz a la sombra, una cadena de días con distintos ma­

tices según el prisma que apli­

quemos. Porque los únicos días que en la existencia humana tie­

nen color definido y brillante y que todos sstamos de acuerdo en llamar azules, son los días de la infancia, ya que la inocencia no tiene más que un prisma.

Después viene el despertar...

el conocimiento forzoso de las cosas y de los seres, el estudio, la ciencia, y la filosofía que en la profundidad de su análisis todo lo descarna y lo complica; la so­

berbia humana perdiéndose en el laberinto de sus propias ideas; el error de los juicios... los lentes, en fin, para establecer la diferen­

cia de colores.

Porque es muy cierto que, el que una vida particular parezca una derrota o una victoria, de- pende únicamente del punto de vista del que la considera. Por ejemplo: la carrera del Nazareno desde el Pesebre de Belén hasta el Gólgota es para muchos ciegos sin fé, una gran tontería, un ab­

soluto fracaso. Sin embargo, otros pensasnos, que de la cumbre del Calvario salió el “fiat-lux” pa­

ra la humanidad doliente, porque esa doctrina de Jesús, de amor y de piedad sin límites, es la más hermosa que se haya predicado.

De ella se desprenden los vivos resplandores de la inmortalidad!

El carácter, el temperamento y la educación, el medio, la sensibi­

lidad y la inteligencia, son siem­

pre los buenos o malos prismas del espíritu. Según ellos, tenemos días tristes o alegres, días lumi­

nosos o sombríos, color de rosa, de esmerada o de fuego; días grises y días negros, desteñidos y hasta incoloros...Las luchas, los combates que inevitablemente tenemos que sostener en la ca­

rrera, los deberes que cotidiana­

mente hemos de cumplir aún a costa de sacrificios, son la sal de la vida; el amor es sin duda el fruto más dulce y exquisito aunque también es cierto que de sus raíces, es de donde extraemos la mayor porción de ' dolor y de amargura.

Pasamos pos el mundo como sombras; a veces creemos cono­

cer a los que están a nuestro lado y nada sabemos de • sus almas...

y ni a. los que llevamos más cer-

(7)

cá de nuestro, corazón podemos

hacer felices! .

La muerte y el dolor son in­

vencibles, pero,siquiera el esfuer­

zo por vencerlos nos alienta a ratos y nos acerca a Dios.

Y así sucesivamente, amando y sufriendo, pasa la vida y pasamos nosotros los eslabones de la ca­

dena. Hasta que viene un día, el día precioso, fijado en que de grado o por fuerza, suave o vio­

lentamente, la cadena se rompe...

Es entonces la muerte que llega

GABRIELA MISTRAL

A L B A

por lo que selló al nacer, por lo que marcó desde el principio co­

mo suyo! La maerte que es para muchos, un triunfo y para otros una derrota, según el apegamien­

to que se haya puesto a la tierra.

Es la vida terrestre, que acaba, el pedazo de materia que se des­

ploma ... pero hé aquí, el co­

mienzo de la vida futura, el vuelo supremo del espíritu a las desco­

nocidas regiones de la lu z...

Ma r z i a d e Lü s i g n a n.

e l g r i t o

¡ América; América! Todo por ella; porque todo nos ven­

drá de ella, dicha o bien Somos aún-México, Vene­

zuela, Chile, - el azteca- espa­

ñol, el quechúa-español; el araucano español; pero sere­

mos mañana, cuando l a des­

gracia iros haga crujir entre su dura quijada, un solo do­

lor, y no más que un anhelo.

Maestro: enseña en tu cla­

se el sueño de Bolívar, el v i­

dente primero. Clávalo en el alma de tus discípulos con agudo garfio de convencimien­

to; Divulga la América, su Bello, su Sarmiento, su Las- tarria, su Martí. No seas un ebrio de Europa, un embria­

gado de lo lejano, por lejano extraño, y además caduco de hermosa caduquez fatal.

Describe tu América. Haz amar la luminosa meseta me- xicana, la verde estepa de Ve­

nezuela, la negra selva aus­

tral. Dílo todo de tu América, di como se canta, en la pam­

pa argentina, cómo se arran­

ca la perla en el Caribe, cómo se pueblan de blancos la Pa-

tagonia. .

Periodista: Tenle justicia para tu América total. No desprestigies a Nicaragua pa­

ra exaltar a Cuba; ni a Cuba para e x a l t a r la Argentina.

Piensa en que llegará la hora en que seamos uno, y enton­

ces tu siembra de desprecio o de sarcasmo te morderá en carne propia.

Artista' : muestra en tu obra la capacidad de finura, la c a ­

pacidad de sutileza, de exqui­

sitez y hondura a la par, que tenemos. Exprime a tu Lugo- nes, a tu Valencia, a tu Darío v a tu Ñervo. Crée en nues­

tra sesibilidad que puede vi­

brar como la “ otra” , manar como la otra gota cristalina y breve de la obra perfecta. >

Industrial: Ayúdanos tu a vencer, o siquiera detener la invasión que llaman inofens.K va y que es fatal, de la Amé­

rica rubia que quiere vendér­

noslo todo, poblarnos los cam­

pos y las ciudades de su ma­

quinaria, sus telas, hasta de lo que tenemos y no sabemos explotar; Instruye a tu obre­

ro, instruye a tus químicos y a tus ingenieros. Industrial:

tú deberías ser el jefe de esta cruzada que abandonas a los idealistas. | Él XT

¿Odio'al yanquee? No. Nos está venciendo, nos está arro­

llando por culpa nuestra, por nuestra languidez tórrida, por nuestro fatalismo indio. Nos está disgregando por obra de algunas de sus virtudes y de

todos nuestros vicios raciales^

;P or qué le odiaríamos;

odiémoslo

que en nosotros nos hace vulnerable a su clavo de acero y de oro; a su voluntad y a su opulencia. ¡§

Dirijamos toda actividad como una flecha hacm este tu- turo ineludible; la Amenc

Española una, unificada p ^ dos cosas estupendas: la len- . gua que le dió Dios y

el doloi

que le da el Norte. . _ ' Nosotros ensoberbecimos a este Norte con nuestra iner­

cia; nosotros estamos ereando, con nuestra pereza,^ su opu­

lencia; nosotros le estamos na­

ciendo aparecer, con nuestros - odios mezquinos, sereno y nas- ta justo.

Discutimos inacabablemen­

te, mientras él «hace», ejecu­

ta ; nos despedazamos, mien­

tras él s e . oprime, como una carne joven, se hace y form | dable, suelda de vínculos sus

estados de mar a m ar; ha oía­

mos, alegamos, mientras^ el siembra, funde, asierra, labra, multiplica, forja, crea con fue­

go, tierra, aire, agua; crea m i­

nuto a minuto; educa en su propia fé

y

se hace por esa té

divino e invencible. ^

• ¡América y sólo América.

¡Qué embriaguez y semejante futuro, qué hermosura, que reinado vasto para la libertad y las excelencias mayores.

“ Vivir y Dejar Vivir”

Este es* de todos los lemas el más: filosófico, como tam­

bién el más cristiano.

Si lo lleváramos esculpido en lo más íntimo de nuestro

s é r en la conciencia,

y

si lo

hiciéramos realidad en nues­

tras relaciones con el prójimo,

¡¡c u á n dulce cosa seríala vida!

¡ Vivir! Respirar a todo pul­

món el aire vivificador del

(8)

optimismo; saturar nuestro espíritu con el óleo divino de la misericordia; tener para to­

do el que nos aborde labios que sonríen y ojos que miran acogedores; llenarse el cora­

zón del cariño inagotable de las madres, para quienes no hay entusiasmo que no en­

cuentre cabida, ni dolor que no halle lenitivo.

¡ Dejar vivir! No estorbar el paso, antes facilitárselo, al hermano que lucha contra las malezas del camino; abrir am­

plios los senderos de la vida al viajero que se extravió en la ruta; extender nuestras ma­

nos compasivas hacia el que implora.nuestro auxilio; resta­

ñar las heridas del atleta, tras la lucha que lo ha dejado ex­

hausto de fuerzas y de bríos;

encender nuestra lámpara pa­

ra que no tropiece el desgra­

ciado que recorre la vía tene­

brosa del desaliento.. . .

Todo eso es «vivir y dejar vivir.» Es aprovechar plena­

mente todos y cada uno de los momentos que integran el don supremo de la existencia.

lireya Diez.

De la «Gaceta Muskn

LAS GRANDES ESCRITORAS VENEZOLANAS

E G A C I O N

Mí espíritu vaga indeciso por el mundo de los recuerdos. ¡Ah!

; i£ómo se agolpan todos en confu­

so tropel a mi memoria! jCuántas impresiones ! ¡ Cuántos dolores ! iCuántas sonrisas y placeres! ¡Ilu­

siones realizadas o desvanecidas!

,odo: t°do se presenta a mi ima­

ginación sin conmover mi alma.

El hastío la embarga por comple- : tp. Nada hace palpitar mi corazón.

El porvenir no me ofrece halago alguno. Sola en el mundo, . no'en- cuent'ro una mirada cariñosa que deshaga el hielo que me oprime.

¡ Triste y desventurada, ¿qué espe­

ro ya! en la vida?

Asi hablaba una mujer, bel!?, con esa belleza que si no deslum- b¡a a primera vista; a medida que se la contempla subyuga el alma con encanto irresistible. Vestida de negro, su blancura alabastrina resaltaba de un modo sobrenatu­

ral. La débil luz de una bujía ba­

ñaba apenas su pálido rostro, y sus ojos, grandes y sombríos, es­

taban llenos dé lágrimas. Reclina­

da la cabeza en la mano izquier­

da, dejaba correr indolentemente lá otra sobre el papel, sin poder dar forma al o s sentimientos que la poseían. Al fin dejó la pluma y se acercó al balcón del aposento.

La luna se ostentaba en toda la plenitud de su belleza. Su luz me­

lancólica caía de lleno sobre el lago azal y tranquilo, qui re.lejaba

con placidez incomparable la,mag­

nificencia de aquel cielo, sembra­

do de rutilantes estrellas. Sólo de trecho en trecho se veía una que otra embarcación. La dama con­

templó largo rato el paisaje que se presento a su vísta. Recorrió con la mirada'la inmensidad del cielo y la serena - superficie del- I aSua, <lue nada dijeron a su espí­

ritu abatido.

Una voz dulce y armoniosa hi­

rió de pronto su oído. Aquella voz de mujer la hace estremecer, y como por obra de magia se ani­

ma su semblante, su corazón pal­

pita aceleradamente, y su mirada ansiosa se detiene en cada uno de los barquichuelos que se balan­

cean al reposado movimiento de las ondas. Poseída de agitación creciente, clava de improviso los ojos en una hermosa figura que la suave claridad de la luna idealiza con encanto misterioso. A su lado se descubre un hombre extasiado en la contemplación de tan pere­

grina belleza, y cuya actitud reve-

■lá las emociones que despiertan en su alma enamorada las notas cadenciosas que como celeste me­

lodía brotan de aquella privilegia­

da «garganta.

- E s sueño!^-exdama la enlu­

tada dama; y con mano tembloro«

sa quiere apartar de su mente aquellá visión que conmueve de tan extraña manera su espíritu.

¡Pero en vano! Allí están, los ve, escucha aquella voz dulcísima, que en otro tiempo fué su encanto y ahora tortura su pobre corazón.

Quiere alejarse de allí, mas una fuerza superior la detiene y sus miradas siguen con dolor el rum­

bo de la frágil barquilla que se aleja lentamente. Ya apenas se divisa y adn sus ojos la Ven. Al fin desaparece por completo. Tris­

tes sollozos se escapan de su pe­

cho y queda luego sumida en lar­

ga m editación.. ..

¿Qué pensamientos cruzan por su mente? ¿Por q»é su semblante, antes triste y abatido, súbitamen­

te se contrae, se agita, y ahora es­

tá animado por una expresión de dulce serenidad?

Así como el rayo de sol disipa las pálidas brumas que la noche amontonó en la cima de la mon­

tana, la joven, en presencia de la ventura de aquellos dos seres, siente desvanecerse en su alma las sombras de la indiferencia y del hastío. Su corazón se ve en­

tonces combatido por encontra­

das pasiones, mas al cabo triunfa la generosidad ,de sus sentimien­

tos, la virtud de su abnegación. . S í : quiere sufrir, sufrir por los que ama.

—¡Oh! Elvira,— murmura:—

tú y yo estábamos conde­

nadas a este dolor! El destino nos unió desde niñas. Huérfana al nacer, puse en tí todo mi cari­

ño cuándo con bondad infantil me ofreciste tu amistad. El mis­

mo sér despertó en nuestro cora­

zón el amor que debía darnos, a una, la felicidad, a la ©tra la des­

ventura. Y o lo comprendí así y no vacilé: te consagré el sacrificio de mi amor. Pero ¡ay! nunca creí que el corazón del hombre fuera tan voluble. Ante mi aparente frial­

dad, sus agasajos, que repartía en­

tre las dos, fueron al fin para tí sola, y entonces los celos degarra- ron mi alma y la inundaron de amargura. Me alejé de tu lado, temerosa de descubrir mi amor;

y aquí he vivido en la soledad, con mi dolor por único compañe­

ro y la muerte por újtima espe­

ranza. Al contemplar hoy tu di­

cha, siento brotar en mi corazón la llama dél consuelo; y al pensar que tú has podido padecer lo que he padecido yo, bendigo como"

purísimo holocausto mis lágrimas ..

y mis tristezas, que te han libra­

do de tan tremendo martirio.

La joven enmudece; y con sere­

no paso, alta la frente, iluminado

(9)

el semblante por los nobles sen­

timientos que la animan, se dirige hacia una imagen del Redentor,

cae de hinojos y exclama:

—Me quedas Tú, Dios mío!

Ignacio, PA C H A N O D E FOMBONA.

(D e “ E l Cojo Ilustrado, J — S de enero, de-1895.

LA Canción del Agua

Canto el agua.

Se irisa el agua.

Parlotea él agua.

El agua del surtidor, bajo la luna pálida, en medio del

jardín solitario.

Y o me estoy horas enteras delante de la fuente, oyendo lo que dice el agua a la pare­

ja de palomas que esponjando el plumaje se bañan en la lin­

fa clara.

El agua trasparente y reido­

ra que viene de la peña na impregnada de la aroma de los musgos, eternamente jo­

ven, es la alegría de la vida, la primavera del espíritu, la ingenuidad de la infancia.

El alma complicada de la selva se diluye en los rumores de esta agua que surte a ve­

ces triste, como si trajera toda la nostalgia de la raza venci­

da, como si fuera el llanto de algún Zipa que vió su arco roto y arriada su cimera de plumas en el cárdeno c r e- púscculo de la derrota.

Por la noche, el agua de la fuente conversa discreta, mur­

muradora, suave, con una de­

liciosa música de confidencia, con una intimidad de manos finas que se hundieran en la mata de nuestros cabellos...

Y dice lo que sólo ella sabe decir con el temblor inefable de sus perlas fugaces, sus risas apagadas, sus volublidades de niña y sus travesuras de co­

legiala . . . .

Y, mira el agua.

Y , oye el agua.

Y , ríe el agua.

Tiene el agua una extensa

gama de coqueterías.

Su voz recorre todos los to­

nos de la emoción.

Solloza, canta, grita, es al­

borotadora y sombría, alegre y triste, confidencial e indife­

rente. . . .se diría un alma de mujer.

Conoce todos los caminos y ha peregrinado bajo todos los soles, copiando eri sus espejos el oro de los cielos y el azul del espacio.

Mezclada al dolor -y a la alegría, viaja incansablemente y e n todos los idiomas dice siempre lo mismo; . . .

Y se desliza, y juega, y sal­

ta, y corre, prestándose a to ­ das las interpretaciones y a todas las quimeras.. . . . .

Impenetrable.

Misteriosa.

Insondable. M

Se diría que tiene corazon de mujer.

ñor

y

austeridad tres generacio­

nes que son gloria y honor e nuestra Patria.

César Casas Medina.

N O T A S

Presentamos nuestras congra­

tulaciones a los interesantes y amenos colegas: “Orion” de Ma- racaibo, “El Nuevo Tiempo g ¡

“Atlante” del Tocuyo, Ecos de Gloria" de Caracas y “El Parén­

tesis” de Maracay, importantes unidades del periodismo nacional quienes han celebrado sus^ cum­

pleaños de vida útil a la comum, dad venezolana.

— S a lu d a m o s a te n ta m e n te al e s tim a b le c a b a lle r o s e ñ o r d o n E le u t e r io L a cr u z a q u ie n e l tro - b ie r n o N a c io n a l h a d e s ig n a d o p a ­ ra d e s e m p e ñ a r el im p o r ta n te c a r ­ g o d e I n s p e c t o r T é c n i c o d e e sta C ir c u n s c r ip c ió n E s c o la r .

Le deseamos al señor Lacruz, conocedor y diestro en el ramo instruccionista éxito en el desem- peño de sus funciones.

__La histórica e importante ciudad larense de El Tocuyo aca­

ba de celebrar el primer centena­

r io 'd e l nacimiento del ilustre I institutor Br. Don Egidio Monte­

sino Canelón, gloria autentica de la. pedagogía venezolana, qu‘ en formó bajo sus principios de ho-

La prensa de la ciudad, las di­

ferentes asociaciones de la misma y toda la sociedad se apresto en­

tusiasta a caadyugar en su reali­

zación y a dar el mayor brillo posible a esa manifestación de reconocimiento de los numerosos discípulos y de sus incontables admiradores hacia ese ilusitre maestro que como dijo Atlante j

“si hubiese nacido en el País del Nilo, lo ^habrían tenido co mo una reencarnación^ de Seneca o e

Sóe?¿tes...”•

“Alb&” aplaude tan hermoso acto que habla muy alto del aprecio que ese legendario suelo tocu- yano. tributa a los benefactores verdaderos.

— Han llegado a nuestra mesa de dirección los importantes ve- c e r o s : “ Elevación” de Valencia,

“Reflejos” de Cúcuta, Alas de B e tijo q u e , “ D o n S im ó n ’’ d e S an A n t o n io , “ R e n a c im ie n to d e l a - rib a

y “El

E m b a ja d o r d e B a r- auisimeto.

Les damos las mas expresivas g ra cia s.

__En medio del general -aplau­

so y contentamiento de todos nuestros gremios, se inaugura en esta nuestra bien amada tierra, la Escuela de Comercio para se­

ñoritas, crerda en feliz «om en to por el Ejecutivo del Estado, y que dé tanto provecho esta lla­

mada a ser para la mujer tachi- rense “Alba” se siente gozosa con la importante adquisición que la juventud ^femenina acaba de hacer debida al bien orientado es­

píritu de progreso en que se ins­

piran los encargados de velar por el pueblo y sus intereses y les tributa un aplauso tan cordial

como efusivo.

— “Alba", que ha tenido en la ilustrada personalidad del juris­

consulto y escritor señor Dr.

Amenodoro Rangel Lamus, un amigo entusiasta, le presenta un muy cordial y atento saludo de bienvenida en su feliz regreso a la tierra natal y de todo corazón se alegra por el ingreso de tan competente y bien mtensionado elemento en las altas actividades políticas del Estado.

Referencias

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