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PSICOPATOLOGÍA DE LA EXPRESIÓN

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PSICOPATOLOGÍA DE LA EXPRESIÓN

Proyecto de investigación. Titulado Universitario Senior

Estudiante: D. José Gómez Llopis Tutor: Profesor D. Francisco Palmero

Mayo, 2005

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AGRADECIMIENTO

Al profesor D. Francisco Palmero por su inestimable ayuda en la finalización y presentación de este trabajo.

A mi hermana por conseguirme libros difíciles de encontrar.

A mis compañeras Rosa y demás por animarme en los momentos difíciles.

A mi familia por haberme perdido durante mucho tiempo.

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Índice de contenidos Agradecimientos

Preámbulo...1

1.- Introducción histórica...2

1.1.- Psicopatología de la Expresión... 3

2.-El arte...9

3.- Medicina. Introducción a la Psicopatología...14

3.1.- Clasificación de la enfermedades mentales...14

3.1.1.- La neurosis (ansiedad)...15

3.1.2.- Trastornos de la personalidad...15

3.1.3.- Psicopatología de psicosis...15

4.- Creatividad...18

4.1.- Aportaciones de Erika...18

4.2.- Producciones bajo los efectos de una toxicomanía...23

4.2.1.- Influencia del LSD...23

4.2.2.- Influencia del alcohol...25

4.3.- Otro tipo de producciones...27

5.- Arteterapia...30

6.- Gestalt...35

7.- Art Brut...36

8.- Arte, locura, genio, enfermedad mental...44

8.1.- Pinturas de enfermos depresivos...48

8.2.- Pinturas de enfermos esquizofrénicos...52

9.- Conclusión...58

Bibliografía...60

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Preámbulo

Hace ya más de medio siglo, asistí a una conferencia que impartió el Profesor D. Román Alberca, Catedrático de Psiquiatría de la Facultad de Medicina de Valencia. Los recuerdos que tengo de aquello son muy vagos, pero sí me consta que el tema se centraba en tres pintores: Van Gogh, Cezanne y Gauguin. Dicha conferencia se centró en el campo de la esquizofrenia y de los pintores locos. Recuerdo que esta exposición fue extensa y el Profesor hablaba como una locomotora. He intentado ahora averiguar si de aquello había algo escrito o publicado, pero no he encontrado mucho.

Hablando con el Profesor D. Francisco Palmero sobre la posibilidad de realizar un trabajo centrado en la conexión entre locura y pintura, o algo relacionado, me sugirió que me metiera de lleno con la "Psicopatología de la Expresión".

Nunca pensé que aquella conversación, medio en broma medio en serio, sobre el trabajo, terminara con esta presentación. Tampoco pensé en la dificultad con la que me iba a encontrar, dada la poca bibliografía que he encontrado, y sobre todo un poco anticuada.

Quiero comentar también que aproximadamente el 10% de la población de los países desarrollados sufre una enfermedad mental. Y que una de cada cuatro personas en todo el mundo va a tener un problema mental o neurológico a lo largo de su vida. Estos porcentajes, que con frecuencia son inestimables cuando se habla de ellos, en realidad están refiriéndose a unos 450 millones de personas. Con lo cual, como fácilmente se desprende, estamos hablando de un importante sector de la población.

Un informe de la OMS ha establecido que los problemas de la mente, como la depresión, pasarán a ocupar el primer puesto en la lista de enfermedades que más deterioran la vida de las sociedades de estos países, por encima, incluso, de las enfermedades cardiovasculares o el cáncer.

De las distintas enfermedades mentales, probablemente la esquizofrenia es la más investigada, siendo considerada por los especialistas como las más complicada de las patologías que afectan a la razón, a la conducta y al equilibrio emocional. Se considera que esta enfermedad es la responsable de que uno de cada cien habitantes de todos los países del mundo viva alguna vez sometido a un desdoblamiento de su personalidad. Hoy en día, todavía existe un 25% de estos pacientes que no se recuperarán nunca. De forma particular, en España, también nos encontramos con un 2% de la población que sufre la enfermedad bipolar o psicosis maniaco-depresiva, que provoca cambios radicales de la personalidad.

Entrando en el tema que nos ocupa, vamos a hablar de producciones pictóricas de personas afectadas por una enfermedad mental, teniendo en cuenta que estas personas anteriormente nunca habían tenido contacto con ninguna actividad artística ni recibido formación de ningún género. Trataremos de establecer la eventual existencia de similitudes con los trabajos de verdaderos artistas creadores de obras de arte, enmarcando dichas vinculaciones en la estructuración de lo que podríamos denominar genio y locura. En última instancia, estimamos que la obra de un enfermo mental puede ayudar a predecir su posible crisis, ya que cuando la patología está muy avanzada no se puede tener imaginación.

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1.- Introducción histórica

Los especialistas se preguntan si a través de la enfermedad mental pueden surgir habilidades artísticas que antes nunca habían existido, o si la psicosis puede poner en marcha esta habilidad y contribuir a la manifestación de unas dotes que no estaban aprovechadas.

Para responder a esta pregunta, hay que matizar la diferenciación entre talento y fuerza creadora (más adelante hablaremos de ella). El talento es una facultad de imitación. La psicosis esquizofrénica puede producir habilidades creadoras (independientemente de si se despierta o no un talento).

Hocke relaciona el arte moderno con la disposición anticlásica y antinaturalista del espíritu manierista; sostiene que en todas las épocas concurren en el arte tendencias manieristas, que, como las del estilo clásico, tienen su tradición. Permítanme, pues, que comience hablando del manierismo, ya que parece constatado que la obra esquizofrénica revela las tendencias manieristas latentes en todo individuo.

Al principio sirvió para manifestar ciertos detalles en las postrimerías del Renacimiento italiano, en especial del florentino. Pontorno, Bronzino o Parmigiano, se encuentran entre los pintores de ese estilo.

En el siglo XVI, Vasari calificó de “maniera” la manera creadora que se desvía del canon clásico de la ultima época de Miguel Ángel. Se observa claramente en las ultimas obras de los grandes maestros de Renacimiento:

Rafael, Leonardo y, sobre todo, Miguel Ángel. Decía que los primeros manieristas pintaban a la manera de Miguel Ángel. No se sabía si eran artistas o imitadores.

Sin embargo, es con la generación de artistas mas jóvenes cuando se torna más evidente. No se limitó sólo a Italia, sino que se extendió por toda Europa, y, como ejemplo, ahí está la obra del Greco.

Con el tiempo, la expresión del manierismo se manifestó para todas las tendencias opuestas al estilo clásico, sean pre o posclásicas, o contemporáneas de cualquier época clásica.

Hocke ha estudiado mucho el tema y propone considerar el manierismo en la época que va desde el apogeo del Renacimiento hasta el apogeo del Barroco. Este mismo descubre en el manierismo de todas las épocas una violencia expresiva opuesta al estilo clásico, que se basa en determinadas condiciones psicológicas y sociológicas de un “tipo humano manierista”.

Para él, existe un curso evolutivo regular: todas las épocas manieristas al principio son todavía “clasicistas”, luego se transforman en “expresivas”, después en “deformantes”, y, por fin, en “surrealistas”, o bien “abstractas”. Hay algunas características que podríamos enumerar, y que creemos que ayudan a describir las peculiaridades del manierismo.

Así, en este tipo de representaciones, la forma humana pierde su forma natural, tal como había sido establecida en el arte clásico. Surge la figura retorcida alrededor del eje sagital. Cuerpos alargados, cabezas que se empequeñecen (por ejemplo, el Greco). Con frecuencia, las extremidades terminan en punta. También es fácil apreciar cómo las figuras se presentan, bien intensamente movidas, bien como petrificadas de repente en pleno movimiento.

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En cuanto a los colores, evitan los contrastes completos, y aplican muchos colores poco usados: azul, verde, rosa, violeta claro, que se transforman unos en otros a través de los tonos intermedios.

Dibujan mucho el espejo, la mascara, el reloj, la muerte, el laberinto. Hay preferencia por lo insólito, lo anormal y lo confuso.

Se cultiva el capricho, la originalidad, la extravagancia. Lo estrafalario, lo artificial y lo elaborado se valora más que lo natural.

La frontera entre el sueño y la realidad se desdibuja, los temas de los cuadros se convierten en sueños pintados.

El placer de la vida y la afición al mundo le son extraños a la obra manierista. En cambio, se representa a menudo el miedo, el pánico, los ordenes destruidos. Para el Greco, por ejemplo, su producción mayoritaria fue el tema de lo santo: santos sin existencia terrenal, en éxtasis y emoción arrebatada.

Lo que se transforma y lo que de repente se revela toma cuerpo en la obra de arte manierista. Se consiguen cuadros que al girarlos 90º muestran algo diferente. Son cuadros enigmáticos y dibujos retorcidos, que al cambiar el ángulo de observación aparecen sin retorcer (anamorfosis).

De los españoles modernos, quizá el que más recuerde el preciosismo relamido y la subordinación del color al dibujo, característica del manierismo, es Salvador Dalí, más singular que realmente "grande". Porque el arte cubista y abstracto del propio Picasso, aparte de ser éste poco español, convierte la exaltación manierista del estilo personal en la conversión del artista: él mismo, en un instrumento de impulsos subconscientes e impersonales que llevan a "las formas que salen por sí mismas"; un arte irracional que, en último término, es más una decoración divertida que arte creador de auténtica belleza (Alvaro D´Ors).

1.1.- Psicopatología de la expresión

Entre los pioneros en el estudio de esta apasionante dimensión científica se remontan a 1872, con los trabajos de Tardieu, plasmados en su obra:

"Estudios médico-legales sobre la locura", en los que hace referencia al arte de los locos, y los del Dr. Max Simon, quien, en 1876, también recopila sus aportaciones en la obra: "La imaginación en la locura". En cierta medida, son los primeros en señalar la existencia de una iconografía de la locura. A estas primeras aportaciones le sigue la no menos importante de Lombroso, quien en 1882 aporta su importante obra: "Genio y Locura".

Lombroso, médico neurólogo y antropólogo italiano, con su trabajo de 1882, centrado en el estudio de “Genio y Locura”, fue uno de los primeros intentos aceptables donde se asocia la relación entre los desórdenes psíquicos y la actividad artística. Estaba convencido del vínculo entre enfermedad mental y arte.

En esencia, Lombroso venía a concluir que la mayoría de los grandes artistas padecieron trastornos neurológicos o psiquiátricos. Anteriormente, intentó relacionar la genialidad y la locura con los aspectos patológicos del “arte psicopatológico”, o “expresión psicopatológica”, pero también parecía que sus estudios no llegaban a alcanzar el nivel riguroso de la dimensión científica.

Las exageraciones de sus seguidores, así como alguna otra en la que el propio Lombroso incurrió, dieron lugar a una situación difícil de consensuar y

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contrastar, ya que no incluían una criba crítica en la cual apoyar su tesis. Todo ello contribuyó a que esta teoría se fuera desprestigiando.

Desde estos pioneros trabajos de Tardieu y Lombroso, el estudio de la actividad gráfica ha conocido tres fases principales: la del arte psicopatológico, la de la expresión psicopatológica y la del lenguaje gráfico. El interés ha pasado desde la producción artística hasta la significación catártica y ergoterápica, para finalizar con la aceptación de la actividad gráfica como la representación de un código de comunicación, lo cual, en última instancia, ha dado lugar a una posibilidad interesante para comprender el funcionamiento del enfermo mental. Así, pues, se ha sugerido la posible existencia de una semántica gráfica que desarrollará, en primer lugar, una gramática y una sintaxis gráfica, y que sólo más adelante, en segundo lugar, afrontará el problema de la significación y de su contenido expresivo. Es decir, se utiliza la actividad gráfica como un instrumento de análisis y de medida, no sólo para la comprensión asistencial, sino también como una estrategia con connotaciones clínicas y terapéuticas. No obstante, parece evidente que sigue existiendo una vertiente bastante amplia que todavía es desconocida. El arte, al igual que el genio, son el resultado de múltiples componentes que siempre conservarán una parte del misterio, recordando lo que ya Aristóteles planteaba en un texto:

el Problema XXX.

En esencia, Aristóteles se preguntaba por qué los hombres excepcionales son con tanta frecuencia melancólicos. Más tarde, Diderot, recuperando la idea de Aristóteles, formulará ese lugar común -el genio cercano a la locura-, que los primeros psiquiatras someterán a discusión en el siglo XIX. Está ampliamente extendida la idea de que el creador, el genio, es un inadaptado, un excéntrico, una persona inestable, obsesionada por su obra, y, en caso extremo, rayana en la locura.

A finales del siglo XVIII, las influencias del Romanticismo abrieron una pequeña posibilidad para una visión mas favorable de la locura: el descubrimiento de la capacidad creativa reflejada en las producciones expresivas de los individuos internados en asilos, que eran vistos como infelices y con una profunda patología sin oportunidades de recuperación.

Al principio, la producción de estos enfermos, coleccionada por psiquiatras, tenía fines científicos -más bien, fines clínicos- para la configuración diagnóstica.

En 1812, el Dr. Benjamin Rush empezó a coleccionar obras realizadas por enfermos, porque creía que "la enfermedad que puede desarrollar estos maravillosos talentos y funciones en la mente, es comparable a un terremoto que agita las capas de la tierra, expulsando a la superficie espléndidos fósiles".

Así, surgen las primeras colecciones que se conocen: la Bethelehem Mental Asylum de Londres y la del Crichton Royal Hospital de Escocia (las dos a comienzos del siglo XIX).

Karl Jasper separa la psicopatología (carácter científico) de la psiquiatría (carácter empírico). Advierte de la enorme dificultad que entraña la utilización del concepto de “normal”.

En este mismo sentido, Canguilheim también establece la dificultad que existe para discernir entre lo normal y lo patológico, llegando a sugerir que

“….sin conceptos de normal y patológico el pensamiento y la actividad del médico resultan incomprensibles…… si la patología del hombre normal es la falla de la confianza en la naturaleza, es porque el hombre se ha apartado de

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su condición y de su condicionamiento natural. Hay una brecha abierta entre el hombre y la naturaleza, que es el lugar que ocupa la Psyche”. Será más tarde, en el siglo XX, cuando la cualidad artística de esas obras comienza a ser efectivamente reconocida

En ese momento, la psiquiatría aporta dos importantes herramientas de trabajo: la nosología y el psicoanálisis. Kraepelin había establecido (al menos, así se creía) las bases para una firme delimitación diagnóstica de cada anormalidad mental. Freud, con el psicoanálisis, proporcionaba la posibilidad de estudiar “la otra cara de la luna”, invisible hasta entonces: era el subconsciente y su decisivo papel en el comportamiento humano, incluida ahí, por supuesto, la producción artística.

En los años 1920 y 1930 adquiere notoriedad el enfoque tipológico.

Kretschmer proponía que cada estructura corporal (morfotipo) se corresponde con ciertas peculiaridades caracteriológicas (psicotipo), pudiendo estar implicadas las distintas tipologías en la mayor o menor predisposición a enfermar, y, de forma particular, en la mayor o menor predisposición a enfermar psíquicamente y caer en una determinada psicosis. Así, se habla de

“ciclotimia” o de “esquizotimia”. El individuo ciclotímico se caracteriza por la tendencia a la emotividad, y por manifestar un cambiante sentido del humor;

por el contrario, el individuo esquizoide se caracteriza por la tendencia a la racionalización, centrándose en algo concreto, buscando aislarse de los estímulos externos para concentrarse en sus percepciones internas.

En estas primeras décadas del s. XX (años 1921-1922) se publican en rápida sucesión dos monografías sobre esculturas de enfermos mentales: W.

Morgenthaler (1921) “El enfermo mental artista” (Trabajos sobre Psiquiatría aplicada) y H. Prinzhorn (1922) “Escultura de los enfermos mentales, una contribución a la Psicología y la Psicopatología de la creación artística”. Estas dos obras proporcionan un gran impulso, abriendo grandes horizontes para la interpretación artística, representando el punto de vista psiquiátrico que permite apresar la imagen del mundo que transmite el enfermo mental en sus representaciones gráficas. También en el año 1922, Hans Prizhorn publica el trabajo “Expresiones de la locura” (o “Talento artístico de los enfermos mentales”). Está conformado por una colección del Hospital Heidelberg Psichiatric Clinic, y en él explica el primer estudio detallado de las expresiones visuales de las personas internadas, con mas de 5.000 dibujos. Era tan interesante este trabajo que, como indicaba Paul Klee, sirvió como punto de referencia en la formación de posteriores licenciados y científicos. Esta colección contiene dibujos, pinturas y bordados de enfermos de varias clínicas y nacionalidades, y, probablemente, fue iniciada por Emile Kraepelin, quien ya había observado (1890-1903) que la enfermedad mental puede “liberar poderes que de otra forma están reprimidos por toda clase de inhibiciones”. Esta aproximación será posteriormente ampliada con el estudio de Burger-Prinz (1932).

Desde Prinzhorn, este interés científico hacia el trabajo de los enfermos mentales no se ha extinguido, permitiendo que los psiquiatras y psicoterapeutas lo utilicen como un camino gráfico para la comprensión de la conducta y el dinamismo psíquico de aquellas personas que manifiestan una particular forma de concebir la vida. Estas manifestaciones gráficas podrían representar la expresión de lo oculto, de lo no verbalizado. Podrían ser consideradas como un instrumento en la intervención terapéutica, que ayudan

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a descubrir el impulso de las capacidades creadoras en un individuo. Además, también podrían ser consideradas como un medio auxiliar de diagnostico, especialmente capaz de establecer y detectar la evolución en la conducta de estas personas durante largos periodos de tiempo.

Con el arte moderno viene el enriquecimiento de las capacidades de vivenciación. La naturalidad del arte representativo, derivada de la estética clásica, será superada a finales del siglo XIX y principios del siglo XX. El objetivismo sirve al surrealismo para la expresión de lo abismal, mientras que las diversas corrientes de la pintura abstracta suprimían la imagen convencional de la realidad por una realidad interna-subjetiva. Así es como se comprende la temática y el estilo de la obra artística en el campo de lo anímico.

Y así es como también se comprende la convergencia del arte y la psicología, dada la proximidad entre las obras de los enfermos psíquicos con muchas creaciones modernas.

Esta estrecha relación entre arte y psicología da lugar también al estudio del aspecto psicológico-psiquiátrico. Hacía tiempo que L. Klages intentaba descubrir las oscuras fuentes del proceso creador, y, con su psicología de la expresión, dio nuevos impulsos a la interpretación artística. Prinzhorn, que fue uno de los alumnos aventajados de L. Klages, sostenía que la expresión artística de estas personas emerge de la misma fuente que cualquier otra expresión plástica profesional, y analizó los impulsos básicos en el proceso creativo de estos pacientes, calificándolo del siguiente modo: el de la expresión, el del juego, el decorativo ornamental, el que marca el ritmo y la regla, el copiado y el de la necesidad de lo simbólico. Lo que quería demostrar es que los artistas dementes son artistas en estado natural, sin estar corrompidos por la sociedad o por tabúes educacionales.

Así pues, en su trabajo, Prinzhorn presenta teorías innovadoras sobre la psicología de la expresión, demostrando que una pulsión creadora, una necesidad de expresión instintiva, manifestada en la producción de estos enfermos, sobrevive a la desintegración de la personalidad en dichas personas.

No ve distinción entre producción normal y loca, focalizando su atención en los principios formales de configuración: tendencias repetitivas, ornamentales, simétricas, simbólicas, ordenadoras, que son, a su modo de ver, creación de una forma de lenguaje para el propio autor.

Por desgracia, en la época del nazismo, sus trabajos fueron censurados y gran parte de su colección destruida. Esta obra de Prinzhorn no influyó mucho en la psiquiatría y psicología pero si sobre el medio artístico.

También a principios del siglo XX, en Zurich, Carl G. Jung fue uno de los primeros en criticar el reduccionismo del psicoanálisis del arte iniciado por Freud. Consideraba que la investigación psicológica del hecho artístico sólo puede referirse al proceso psíquico de dicha actividad, y no al arte en sí mismo.

Jung fomentó la producción artística como parte del proceso terapéutico, y sobre el psicoanálisis comento irónicamente: “…..si una obra de arte se explica por el mismo procedimiento que una neurosis, entonces, o bien la obra de arte es una neurosis, o bien la neurosis es una obra de arte”. Explicado de otro modo, a Jung le parecía que un paciente lograría más energía y más ánimos para resolver sus dificultades si captaba la significación específica de un sueño en particular, que si era el analista quien se limitaba a proporcionarle interpretaciones generales relativas, por ejemplo, a sus complejos.

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Hacia 1970, la psiquiatría se convulsiona con el pensamiento de la

“antipsiquiatría”, encabezada por R. D. Laing, D. Cooper, T. Szasz. El comienzo del movimiento Gestáltico (posteriormente lo abordaremos) en el Arte y la Psicología, y la aparición de la terapia grupal, abrieron nuevos rumbos para las psicoterapias, que comenzaron a incluir los aspectos expresivos y creativos de la naturaleza humana, como valores intrínsecos de la misma.

La eterna discusión sobre si la enfermedad tenía un efecto potenciador del talento hizo que algunos estudios serios comprobasen que, aunque talento y enfermedad pueden coincidir en una misma persona, no significa que se refuercen mutuamente. A.C. Jacobson demostró patográficamente que los

“genios enfermos” habían producido la parte esencial de su obra antes de enfermar.

En los últimos 20 años, la Psiquiatría se ha orientado en dos direcciones, con dos claros objetivos. Por una parte, delimitar la esencia del poder creador;

por otra parte, investigar la motivación de la preferencia por un medio de expresión, y la selección de temas.

En suma, a partir de las publicaciones de Prinzhorn (Expresiones de la locura), siguiendo con los trabajos de los psiquiatras Pierre Janet y André Breton, y su “Manifiesto del surrealismo”, que denunciará la psiquiatría practicada en los manicomios y el encierro de los artistas, Jean Dubuffet (1946) propone su “Prospectus aux amateurs de tout genre”, presentando su trabajo en forma de colección de “art brut”, compuesta por obras de marginados, delincuentes, presos, jubilados, y, sobre todo dementes (más tarde abordaremos este aspecto).

Como oficialización de éste llamado movimiento “artístico”, se celebra en Paris, en 1950, durante el I Congreso Mundial de Psiquiatría, la primera Exposición Internacional de arte psicopatológico (cerca de 2000 obras realizadas por 350 enfermos). Es la demostración del interés que muestra la psiquiatría por la expresión artística. Este gran interés presenta en la actualidad dos direcciones distintas:

1 Analítica: el estudio de la psicopatología de la expresión, que analiza los fundamentos del acto creador y sus vínculos con los procesos patológicos.

2 Terapéutica: constituida por los talleres de arte-terapia. Hemos de resaltar que los medios de expresión más naturales son la palabra y a continuación la escritura. Sin embargo, continúa siendo la pintura la que "ofrece más que ver". Después del éxito de la exposición, muchos artistas "sanos" se acercaron a las producciones de los dementes representando la locura. La defensa del irracionalismo de los surrealistas aumentó la consideración de este género de arte, que no ha dejado de crecer.

En el Kunstforum de Viena, se reúnen más de 350 obras de Arte y Locura, en torno a tres grandes ejes: la representación de la locura, el arte de los dementes y la recepción de ese arte en la creación de nuestro siglo. Se observa al enfermo mental como autor, como objeto de representaciones artísticas y los vínculos del arte moderno con las obras de enfermos mentales.

Como ejemplo: Theodore Gericault (balsa de las medusas), Dalí (Gran paranoico), Alfred Kubin (Van Gogh).

Hoy, como consecuencia de nuevas metodologías, y del papel que se le ha otorgado a la comunicación no verbal, la Psicopatología de la Expresión recobra vida y ayuda a entender con mayor profundidad las relaciones que existen entre el mundo de la creatividad y la enfermedad mental. El profesor

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López Ibor comentaba: “Hay algo que ante todo hay que dejar claro. Cuando la esquizofrenia se encuentra en estados menos graves, sí se puede tener imaginación como para crear, pero, cuando la enfermedad esta muy avanzada, es mucho más complicado”. De hecho, la creación de una persona mentalmente enferma puede ayudar a predecir su futuro, como los posibles periodos de agitación, dado que su pintura se vuelve más dramática, más trágica.

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2.- El arte

El arte es una característica intrínseca del ser humano, quien desde sus más antiguas vivencias lo plasmó en pinturas rupestres, en danzas tribales o en relatos folklóricos.

El arte lo entendemos como el acto (o facultad) mediante el cual el hombre, valiéndose para el propósito de la materia, la imagen o el sonido, imita y expresa lo material o inmaterial y crea así “algo”, copiando del mundo externo o interno la fantasía en formas que se perciben armónicas y disarmónicas, con simetría y asimetrías. Esta facultad la tiene la psiquis, que es el conjunto de funciones mentales que se organizan en el cerebro. Estas funciones, que se desarrollan en el cerebro de forma consciente e inconsciente (pensamiento y fantasías), tienen a la vez que ver con los deseos, los instintos, las necesidades y las diferentes pulsiones. Así, a través del arte, de manera directa o indirecta, los sujetos pueden comunicar sus vivencias, emociones, sentimientos.

Desde siempre, el arte ha servido al hombre como vehículo para su vinculación con el mundo circulante. Aun antes de que se disfrutara de sus aspectos estéticos, ya fue utilizado como medio de expresión y proyección de temores, sentimientos, esperanzas y necesidades.

Su carácter polifuncional explica su universalidad y su posición de privilegio alrededor de su función estética, encontrando otras de gran importancia para el psicodiagnóstico, como la expresiva, la comunicativa y la cognoscitiva. Cualquier tipo de creación o manifestación artística constituye una vía por la cual se expresan o se hacen visibles determinados aspectos de los procesos intrapsíquicos.

En este marco de referencia, queremos recordar que Hermann Rorschach (creador del test que lleva su nombre) fue uno de los pioneros en combinar la orientación pictórica con la psicopatología como método para estudiar la dinámica de la personalidad. Una de las cualidades fundamentales del arte es que permite rebuscar, en lo mas recóndito del ser, las emociones y sentimientos (tanto los primarios como los más refinados).

Definir el arte, simplemente, como un modo de expresión de la belleza en cualquiera de sus manifestaciones o formas puede ser una respuesta equilibrada, muy de acuerdo con el rigorismo de los cánones académicos, pero no basta para satisfacer las apetencias espirituales. Porque la belleza puede estar tan sólo en el modo de expresar, no en lo que se expresa, y porque allí donde existe ansia de transformación, vibración, exteriorización de estados anímicos, de estados patológicos, si se quiere, hay arte.

El proceso creador artístico es inherente a todos los seres humanos. El arte se vincula a la salud mental desde tiempos remotos; sin embargo, no es hasta el siglo XX cuando se convierte en una técnica estructurada con una base metodológica definida. Desde tiempos remotos, el hombre ha plasmado sus ideas y emociones a través de sus pinturas. Las pinturas rupestres sobre la caza, las guerras, las siembras, etc.; las danzas primitivas, la imitación de los sonidos, etc. Todas estas actividades son muestras de manifestaciones artísticas que actualmente podemos nombrar como: escultura, pintura, teatro, música, danza, literatura, cine, etc.

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El arte tiene dos componentes. Por una parte, un componente social, que refleja la realidad histórica concreta de una época o un momento determinado. Por otra parte, un componente individual, único, personal e irrepetible, que está dado por un proceso de creatividad. Cuando el proceso creativo alcanza una concepción estética, el producto de la creación se convierte en una obra de arte, y el creador en un artista. Este proceso creador artístico es inherente a todos los hombres, y está estrechamente vinculado al estado de salud mental.

Diversos estudios revelan que la fuerza creadora de los esquizofrénicos se debe a una amplitud de los sentimientos inusitadamente elevada, y que es comparable con el alto grado de emocionalidad de los artistas.

En Brasil, el psiquiatra Osorio Cesar, en el año 1929, en su libro “La expresión artística de los alienados” dice: “Las representaciones artísticas de estos enfermos son todas emocionales, pues ellas son de carácter espontáneo y se dirigen a un fin único: la satisfacción de una necesidad instintiva.

Representan descargas de emociones acumuladas durante mucho tiempo en el subconsciente, adormecidas por la censura, en virtud de ciertos impulsos de orden moral”.

En este país, se recopila una intensa producción de este tipo de pintura, en donde los psiquiatras se interesaron menos por ella que los críticos de arte.

Destacamos la frase de uno de ellos, Mario Pedrosa: “El artista no es aquel que sale diplomado de la Escuela Nacional de Bellas Artes, en ese caso no habría artistas entre los pueblos primitivos. Una de las funciones más poderosas del arte, descubierta por la psicología moderna, es la revelación del inconsciente, y éste es tan misterioso cuando es normal como que cuando es anormal. Las imágenes del inconsciente son apenas un lenguaje simbólico que el psiquiatra debe descifrar. Mas, nadie impide que esas imágenes y señales sean, mas allá de todo, armoniosas, seductoras, dramáticas, vivas o bellas, constituyendo en sí verdaderas obras de arte".

Según una investigación reciente de origen inglés, el hombre habla cerca de 10.000 lenguas diferentes. Pero el substrato más profundo del hombre es universal, y su lenguaje se expresa por las imágenes del inconsciente, comunes a todos nosotros: el lenguaje limita la comunicación entre los pueblos, el arte no. El arte constituye un medio de comunicación universal.

Introduciendo aquí las vivencias esquizofrénicas, esas imágenes invaden la esfera de la consciencia con una fuerza avasalladora, y se aproximan a las fuentes del proceso creativo, de ahí la importancia de las actividades expresivas en el tratamiento.

El artista no busca reproducir, como si fuera una copia, lo que ha visto en la naturaleza, sino prolongarla en nuevas posibilidades de actuación. Lo primeros datos del conocimiento se obtienen a través de los sentidos externos, cuyos órganos son alterados por la presencia de objetos. La excitación se debe a un agente físico o químico llamado estímulo. La capacidad para reaccionar o captar el estímulo es comunicada a través de los nervios desde el órgano sensorial hasta la corteza cerebral, y entonces el individuo toma conciencia de ese fenómeno, denominado sensación. Si esta sensación no llegara al cerebro, los órganos de los sentidos podrían ser estimulados normalmente, pero la persona no sabría qué está sintiendo.

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La intensidad con la que el cerebro recibe las sensaciones depende de la atención puesta en el estímulo, de la capacidad de mantener la atención, del interés, o de la tonalidad afectiva que posee el individuo al recibir el estímulo.

La percepción es un fenómeno ordinario en las personas. Si ésta es normal, tendrá las siguientes características: corporeidad, objetividad, frescura sensorial, constancia y autonomía.

A través de la percepción, lo captado puede reproducirse en la imaginación; nos encontramos entonces con una representación: es decir, imagen de una impresión sensorial percibida antes.

Existen dos clases de representaciones: las que sólo copian o reproducen o evocan los recuerdos de la experiencia sensorial; las transformadoras o productoras, que cambian lo percibido con anterioridad.

Si existe una alteración de la percepción, la actividad creativa puede modificarse. Si el órgano sensorial está dañado, no transmite ninguna señal al cerebro. Lo mismo ocurre si es el cerebro el que está dañado, pues llega la información pero no es analizada en las zonas responsables de esa actividad;

es decir, se capta el estímulo, pero no se percibe en el plano cerebral (por ejemplo, un ciego; lo es porque puede tener lesionados los órganos de la visión -ojos-, las vías visuales, o la zona cortical responsable de la asociación - corteza occipital). Estas alteraciones perceptivas se pueden producir por ciertas formas de enfermedad mental, aunque también por el uso de drogas o fármacos.

Desde el punto de vista psicopatológico, distinguimos dos tipos de alteraciones perceptivas:

- Distorsiones sensoriales: es real, pero distorsionada, en sus propiedades (intensidad, cualidad, forma, componente afectivo).

- Errores sensoriales: Se perciben erróneamente y de modo anormal objetos irreales. Entran aquí las ilusiones y las alucinaciones. En las ilusiones, existe un objeto exterior y real, pero al captarlo se combina con una imagen mental, y da lugar a una falsa percepción (confundir una manguera con una víbora). Las alucinaciones, sin embargo, son siempre una percepción sin objeto.

Las alteraciones perceptivas son los fenómenos psicopatológicos que con mayor frecuencia se encuentran en los artistas. Pero, ni la sufren todos, ni todo enfermo mental es un artista. Genialidad y locura no siempre van unidas.

Las alteraciones en la percepción no son las únicas que modifican el proceso creador. La alteración en el contenido del pensamiento y la psicopatología de la afectividad también pueden reflejarse en la obra, o influir para que el proceso se lleve a cabo velozmente y con gran profusión productiva (el individuo es capaz de hacer muchas cosas sin sentir fatiga, su pensamiento y actividad están acelerados).

Para determinar el paralelismo entre genialidad y locura, conviene observar cómo funcionan en condiciones normales las facultades que intervienen en el proceso creativo, y después analizar cuál es su patología, y si puede identificarse o no a través de la obra del autor.

Es posible que el resultado final de la obra refleje el tono emocional y afectivo del artista al momento de llevar a cabo su creación. En el caso de la pintura, es especialmente fácil detectar tristeza o melancolía en los colores utilizados o en el tema representado.

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Los enfermos mentales pintan relacionando elementos que no cabe asociar. Por ejemplo, un cuerpo humano con cabeza de animal, o colores que no concuerdan con el tono afectivo, como, por ejemplo, un rostro de color azulado o morado. Esto puede ser así por tres motivos: porque exprese una idea especifica (hecho adrede), porque haya sufrido una alteración en la percepción por alguna enfermedad mental, o porque haya utilizado alguna droga para alterarla voluntariamente.

Cuando la pintura en general carece de lógica, o cuando se expresa a través de símbolos (por ejemplo, dibujarse a sí mismo en un pozo profundo), está sugiriendo un grave proceso patológico.

Sacamos como conclusión que estos procesos psicopatológicos inciden de forma directa en la interpretación de la realidad que tiene el paciente, y, por ende, en su modo de expresarla. Aun así, su creatividad no es un efecto inmediato de esa patología; es decir, su genialidad no se debe a su “locura”, sino que la posibilidad de crear está presente a pesar de la enfermedad.

Toda expresión grafica (dibujos, escrituras) constituye una herramienta de comunicación, conocimiento, exploración y evaluación diagnóstica valiosa cuando el objetivo es acceder a los dinamismos psíquicos, conscientes e inconscientes del individuo.

Cuando uno se pone a estudiar una producción gráfica de dibujos, realizados con o sin intención, tiene que plantearse uno de los siguientes objetivos:

- Con fines diagnósticos: explorar a través de esa producción sus características generales o especificas de su personalidad.

- Con interés científico: establecer qué características gráficas concurren en determinados cuadros psicopatológicos, qué elementos gráficos existen en común en las diversas patologías.

- Con finalidad terapéutica: llevar a cabo la evaluación de los eventuales cambios en la personalidad durante un tratamiento.

En este orden de cosas, es conveniente considerar que el hombre es un ser complejo, con una multidimensionalidad en su conformación, que involucra por lo menos cuatro áreas fundamentales: (a) el área mental o intelectual:

capacidad de crear, fantasear; (b) el área emocional: permite sentir, amar, etc.;

(c) el área del plano corporal: el cuerpo y sus necesidades, los impulsos, la imagen que de sí tiene un sujeto; (d) el área interpersonal: sus relaciones con el medio que le rodea, roles sociales.

En la lectura de toda expresión gráfica, subyacen en especial dos niveles de análisis de datos: por una parte, el análisis estructural de un dibujo viable a través de las pautas formales, tales como la presión, el tamaño, el trazo, la ubicación en la hoja, la proporción, la simetría, los detalles que posea;

y, por otra parte, el análisis del contenido, por ejemplo, en un árbol, el dibujo o no de ramas; en un individuo, las formas de los ojos, con o sin pupilas, las ropas, los accesorios, etc. Parece que el estado psíquico del sujeto puede verse reflejado en su representación. Así, en una persona que experimenta la tristeza o la depresión, es posible encontrar un notable empobrecimiento de detalles, una gran debilidad en los trazos que perfilan su representación.

Así pues, en la expresión grafica en general, observamos una serie de datos que pueden poseer una gran relevancia, y que merece la pena comprobar. Veamos.

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-Siguiendo el recorrido del trazo, vemos cuál es el destino gráfico; esto es, qué lugar del espacio privilegia: una posición en zona media central nos indicaría presencia de un cierto equilibrio.

-El tamaño o dimensión de un dibujo nos da cuenta del sentimiento de expansión o retracción con el que el individuo aborda cada situación nueva.

-La configuración que adopta el trazo también aporta información: fluido (mejor adaptación), rígido (presencia de bloqueos, inhibiciones), curvos (afectividad, empatía, adaptabilidad), rectos o angulosos (bloqueo emocional, exceso de razón, agresividad).

-También es interesante observar los detenimientos, las borraduras, la presencia de detalles ajustados y esenciales, o excesivos o pobres; son detalles que nos proporcionan indicios del grado de inteligencia.

-La utilización de los colores: con menor abundancia o intensidad de color, puede haber un bloqueo afectivo, un estado depresivo; cuando la frecuencia o la intensidad del color es mayor, podemos estar enfrentándonos a la obra que muestra la gran afluencia emocional del autor, desde el optimismo a la euforia, al menos en el momento en el que la plasmó. El predominio de los colores fríos nos indica características tales como autocontrol, actividad mental;

mientras que, cuando aparece un predominio de los colores cálidos, denotan la existencia afectuosidad, capacidad empática. Los colores oscuros, tales como el marrón, violeta o negro, hablan de aspectos depresivos, melancólicos, es decir, ánimo sombrío.

-El nivel y la complejidad de los símbolos. Es un aspecto que, aunque siempre ha estado presente, en los últimos años está cobrando una inusitada relevancia. Baste señalar que, en las obras de artistas de prestigio indudable (por ejemplo, Leonardo), se intenta “descubrir” un mensaje oculto, en clave esotérica, de ciertas informaciones camufladas en las representaciones.

También podríamos argumentar lo mismo para las obras de enfermos mentales, llegando a preguntarnos por la significación de la misma, para así entender el mensaje que se intenta trasmitir.

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3.- Medicina. Introducción a la Psicopatología

La psicopatología se nos muestra como el “estudio científico del hombre que padece de la mente”. La expresión “enfermedad mental”, objeto de la psicopatología, se entiende cuando la mente no es una “cosa” (como por ejemplo el cerebro), sino un proceso.

El objeto de la psicopatología tiene que ver con la descripción, observación y evaluación de la conducta anormal, investigando las causas y factores mantenedores y productores de dicha conducta anormal.

Para poder alcanzar el objetivo de la psicopatología, es necesario referirse a la conducta anormal, definiendo la misma en términos de una o varias de las siguientes características: que sea una conducta frecuente o intensa, que los demás la perciban como irracional, que sea molesta para los demás, que sea molesta para sí mismo, que viole las normas éticas no escritas, que se trate de una conducta desadaptativa en general.

3.1.- Clasificación de las enfermedades mentales

De un modo sencillo, podríamos estructurar las distintas enfermedades mentales del siguiente modo:

Neurosis: “Reacciones vivenciales anormales. El sujeto responde a una situación desproporcionadamente.

Psicopatías: “Trastorno caracterizado por el hecho de que el paciente sufre y hace sufrir a los demás por su propia personalidad”. La anormalidad se muestra marcada a lo largo de toda la biografía del sujeto. También se pueden incluir los cuadros de subnormalidad mental.

Psicosis: Trastornos caracterizados por una “quiebra” en alguna de las esferas importantes del individuo: en la estructura del yo, en la biografía del sujeto, en la función de lo real.

Anomalía - Enfermedad Cuadro

nosológico

Cuadro

psicopatológico

Nivel

psicofísico Nivel somático Anomalía

Neurosis Psicopatías Deficiencias mentales

Reacción o

desarrollo Comprensible

Sin base somática, pero con fenómenos concomitantes (¿trastorno?) Enfermedad Psicosis

endógena

Fase o proceso

psíquico Incomprensible Se postula su base somática Enfermedad Psicosis

exógena

Psicosis confusional o proceso orgánico

Incomprensible Base somática

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3.1.1.- La neurosis (ansiedad)

Los pacientes neuróticos se caracterizan por un desequilibrio de los componentes emocionales e instintivos de su personalidad, hecho que genera una situación de tensión interna y de dificultad para la relación interpersonal. A diferencia del paciente psicótico, el paciente neurótico conserva intacto el juicio de la realidad, y lucha, aunque con dificultad y mediante mecanismos anómalos, para poder adaptarse a ella.

La ansiedad es un componente básico de la condición humana.

Clínicamente se trata de un trastorno menor, en el sentido de no poner en riesgo la vida del individuo, y en el sentido de no resultar muy incapacitante. No obstante, cuando esa situación de ansiedad se torna más profunda, cabe la posibilidad de entrar en cuadros clínicos más complejos y peligrosos. Así, en la actualidad se puede apreciar que la incidencia del suicidio en los trastornos de pánico es bastante elevada, y el grado de invalidez producido por trastornos como la agorafobia, o el trastorno obsesivo-compulsivo, también es notable.

3.1.2.- Trastornos de la personalidad

En este tipo de trastornos se hace referencia a las personas que, por sus características particulares, pueden ser incluidas en alguna de las tres siguientes categorías

I. Personas que parecen extrañas o excéntricas:

-Trastorno paranoide de la personalidad (desconfianza hacia los demás).

-Trastorno esquizoide (falta de interés e incluso indiferencia por las relaciones sociales).

-Trastorno esquizotípico (pobreza en el contacto social y retraimiento. (probable preámbulo de la esquizofrenia).

II. Personas que parecen teatrales, emotivas y volubles:

-Antisocial: constante desprecio hacia la ley y hacia los derechos de los demás.

-Trastorno límite de la personalidad: inestabilidad emocional.

-Trastorno histriónico: excesiva emocionalidad y ser siempre el centro de atención.

-Trastorno narcisista: sobreestimación de sí mismo.

III. Personas que parecen ansiosas o temerosas:

- Miedo e inseguridad generalizados junto a elevados grados de ansiedad.

-Trastornos de la personalidad por evitación: miedo a ser juzgados negativamente.

-Trastorno de la personalidad por dependencia: siempre inseguro e incapaz de asumir responsabilidades.

-Trastorno obsesivo-compulsivo: falta de decisión y dudas constantes.

3.1.3.- Psicopatología de la psicosis

Ya hemos dicho que se trata de un trastorno psicológico que afecta sobre todo a la personalidad y la conducta del individuo.

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Según las causas de este trastorno, podemos hablar de dos tipos diferentes: psicosis exógenas y psicosis endógenas.

Exógenas: se producen por causas externas bien definidas (fiebre, alcohol, traumatismos, drogas -acido lisérgico-, etc.). Cursan generalmente con desorientación en el tiempo y en el espacio.

Endógenas: se producen por algún tipo de disfunción interna, como el balance de neurotransmisores, infecciones, lesiones, etc. Pueden ser agrupadas en las siguientes categorías: (a) psicosis delirantes: esquizofrénicas (trastornos del yo), paranoias, parafenias; (b) psicosis afectivas: maniaco- depresivas (trastornos afectivos), trastorno bipolar, manía, melancolía.

Dentro de las psicosis endógenas, abordaremos con un poco más de detalle algunas de ellas.

Esquizofrenia

Implica una pérdida de contacto con la realidad, y su tendencia a encerrarse en un mundo interior. Kraepelin la denominó demencia precoz. En la actualidad se acepta la existencia de una predisposición genética. Entre los síntomas más frecuentes se encuentran los siguientes: (1) las alteraciones sensoperceptivas (alucinaciones), (2) las alteraciones cognitivas (delirios), que suelen indicar el momento álgido de la enfermedad, (3) las alteraciones del lenguaje, como el mutismo o las repeticiones y errores sintácticos, (4) las alteraciones psicomotoras, que van desde la agitación al estupor, (5) las alteraciones afectivas, que incluyen la disminución y el embotamiento de las respuestas afectivas.

Existen diversos tipos clínicos de esquizofrenia: simple: es cuestionada;

catatónica: síntomas psíquicos asociados con trastornos motores (rigidez muscular o catalepsia); hebefrénica (o desorganizada): conducta regresiva, trastornos del pensamiento, emociones inapropiadas (por ejemplo, risas inmotivadas); paranoide: delirios de persecución y de grandeza.

Maniaco-depresión

Se caracteriza por el cambio desde una fase de gran actividad hasta una fase de muy poca actividad, para retornar a otra fase de gran actividad, y así sucesivamente.

Forma depresiva: caracterizada por la depresión. La depresión es un trastorno de la afectividad que traduce una claudicación psicológica y biológica del individuo, y se expresa a través de síntomas psíquicos (sentimiento de infelicidad permanente, incapacidad para disfrutar, tristeza, desmoralización, desinterés, pérdida de la autoestima, una irresistible debilidad por el suicidio), y síntomas somáticos (astenia, anorexia, trastornos del sueño, algias).

Forma maniaca: caracterizada por la manía. La manía puede ser Tipo I (psicosis maniaco-depresiva, y los pacientes suelen ser hospitalizados por manía), y Tipo II (manía atenuada, y los pacientes suelen ser hospitalizados por depresión). Suelen presentar ciclicidad en la manifestación de su estado.

Depresión

Se caracteriza por una tendencia patológica a la tristeza, aunque también puede ser la culminación de una emoción de tristeza mal resuelta. Las características sintomatológicas de la depresión son las siguientes: (1) área cognitiva, con una notable disminución del ritmo mental, lentitud de reflejos y

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perdida de la atención; (2) área motora, con ocurrencia de una notable inhibición y reducción de la actividad y a veces insomnio; (3) área psíquica, con experiencias de dolor “moral”, sentimiento de culpa y auto depreciación.

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4.- Creatividad

La creatividad constituye una función humana progresivamente reemplazada por el pensamiento lógico formal, y por eso está mucho más latente en los niños y en los enfermos mentales

Para definir la creatividad, hay que distinguir entre la capacidad creadora del acto creativo, y la obra creada, así como entre el sujeto creador y el objeto creado. La creatividad es la capacidad de integrar a partir de una forma existente; es el acto por el cual se unen dos elementos. Como consecuencia, se origina otro elemento nuevo y distinto. Por lo tanto, la creatividad implica hacer, nacer, dar vida, componer y dar origen.

En la capacidad creadora intervienen la integración, la simbolización y la síntesis. De este modo, cabe la posibilidad de crear un nuevo objeto o situación, mediante la sublimación. Esta obra (lingüísticamente tiene el género femenino) va mas allá del género, y es el conjunto de resultados producidos por la fusión de impulsos y de objetos con sus significantes y significados en el espacio interno mental o en el espacio externo real.

Navratil habla de los impulsos creativos primarios, a los cuales llama

“Funciones creativas fundamentales”. Distingue tres funciones definidas:

fisiognomónica, formalista y simbólica. Todas estas funciones provienen de la actividad psíquica en sí misma, pudiendo predominar cada una de ellas sobre las otras dos dependiendo del individuo y del contexto en el cual se encuentran. Como base del expresionismo, encontramos la función fisiognomónica; como base del cubismo y del constructivismo, la función formalista, y, como base del surrealismo, la función simbólica.

Roland Fischer (constantes alucinatorias), partiendo de las constantes de formas alucinatorias de Kluver, con bastante énfasis, señala haber encontrado estructuras ornamentales geométricas análogas en los estados psicóticos endógenos y en los estados creativos.

4.1.- Las aportaciones de Erika

En este orden de cosas, podemos referirnos a Erika. Nace en 1955.

Comienza a pintar a los 16 años. A partir de entonces presenta un cuadro de anorexia mental, y más adelante manifestaciones psicóticas místicas y alucinaciones auditivas. Pasa por diversas instituciones, hasta que, en 1973, ingresa en la Institución donde se hace este estudio.

Estudiamos los cuadros de Erika bajo tres parámetros:

1. El contenido diferente en estructuras geométricas ornamentales y rítmicas (grado y naturaleza de la geometrización).

2. El grado de descomposición de las formas, al mismo tiempo que el grado de fisiognomización; es decir, de deformación, desproporción, etc.

3. La distinta representación fundamental simbólica.

Ahora, dividimos su obra en cuatro grupos:

Grupo I: Es la primera fase de la creación pictórica. Sus cuadros dan una impresión de homogeneidad y tranquilidad de espíritu, enteramente dominados por las constantes de formas alucinatorias (cruz, polígonos, multiplicación de las figuras, filigranas). No hay vestigios de símbolos: lo que se piensa se expresa correctamente. Erika comenta los cuadros.

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Lámina 1.

Los astronautas”: Aterrizaje de dos hombres sobre un planeta extranjero. Uno lleva la imagen de su mujer en el corazón. A su izquierda, se observan dos habitantes de ese planeta, sus bocas exhalan armas peligrosas. En la derecha está representada la cápsula espacial. La Tierra está representada abajo, rodeada de estrellas, y con un rostro, para indicar que está habitada. Por arriba, figuran varios planetas extranjeros.

Grupo II: Aquí, las constantes de formas alucinatorias están en último término; sin embargo, son todavía perceptibles.

La geometrización y la fisiognomización están también en equilibrio.

Dado el carácter reflexivo, se deduce que han sido pintadas en una fase de menor excitación.

En lo que respecta a la función simbólica, en las láminas de este grupo se observan símbolos cuyo carácter refleja perfectamente la razón, la reflexión abstracta. El color blanco, la cruz, los vestidos, el reloj, el espejo. Todo está concretamente pensado, y contiene al mismo tiempo un significado simbólico.

De este modo intervienen las tres funciones creativas fundamentales.

Lámina 5.

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Anorexia mental II”: La adolescente del centro, que en un primer cuadro es gruesa y deforma, aquí ya se muestra con connotaciones más positivas en el presente dibujo. Centrada en un triángulo, cuyo vértice está dirigido hacia arriba, se mira en un espejo, mostrándose más esbelta. Debajo está tal como era antes: gruesa y deforme. En el ángulo inferior izquierdo “he representado una taza de café”, y, en el ángulo inferior derecho, unas frutas, para indicar que

a partir de ahora, ya no me alimentaré más de pasteles y caramelos”.

Grupo III: las obras incluidas en este grupo se caracterizan por mostrar una fuerte y marcada tendencia depresiva. Otra característica notable en este grupo se refiere a que también se puede constatar la tendencia a una fisiognomización, que se encuentra en oposición a la geometrización.

Lámina 7

Quién se encuentra en una fase intermedia entre ser y no ser”: Abajo se observan seres vivos, y sus cabezas son de papel de periódico: esto debe significar que sólo contienen lo que indican los periódicos. En la parte de arriba,

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se encuentran los muertos, que pueden reír a sus anchas. En medio, se ven tres hombres, que en parte ya están descompuestos. Sus cabezas cuelgan de una cuerda sujetas por pinzas de tender ropa. Estos hombres están en una etapa intermedia, me encuentro entre ellos. Entre los hombres normales no puedo hacer nada. La solución está sólo en el mundo de los muertos.

Grupo IV: Aquí también predomina la fisiognomización sobre la geometrización. La característica de la fisiognomización se manifiesta en este grupo bajo una nueva forma particular, especialmente por la estructura en nido de abeja del fondo.

Lámina 10.

Sueño de un resplandor de verano”: Arriba, a la derecha, el sol, con un rostro, y los rayos que escapan de él, son a la vez atrayentes y amenazantes.

Alrededor, cuatro nubes. En la nube inferior derecha, una mujer acostada, con los cabellos cayendo, pechos al aire y un brazo extendido hacia arriba con una mano enorme dispuesta a coger el Sol, con cuyos rayos está ya en contacto.

En la segunda nube, contando desde arriba, hay una mujer acostada, arrodillada sobre la nube, su cuerpo está doblado hacia atrás. Se ofrece al sol, su brazo izquierdo está levantado.

Lámina 12.

(25)

El soldado sale de la tumba, pues para él el aire era muy molesto”: Es un soldado arrodillado sobre su tumba. La parte superior de su cuerpo está ya en libertad, su cabeza y sus brazos están sumergidos en un cielo rojo-sangre, el dedo índice levantado como signo de advertencia. Está rodeado de cementerios. He representado el aire que este soldado expira con el color blanco, el color de la muerte.

Resumiendo: En Erika, siguiendo el modelo de Roland Fischer, hemos encontrado dos fases de excitación, afines a la fase de excitación de la creatividad

Los grupos I y II se aproximan al estado normal que corresponde a una combinación equilibrada de funciones creativas fundamentales, mientras que los grupos III y IV podrían aproximarse al estado psicótico, con un dominio de la fisiognomización.

Por otra parte, teniendo en cuenta las importantes variaciones que sufre la afectividad en Erika, podemos atribuir el grupo I a un estado de tono exaltado, el grupo II a un estado de equilibrio afectivo relativo, y los grupos III y IV a estados depresivos.

Durante mucho tiempo se admitió que solamente la esquizofrenia (con exclusión de otros trastornos psíquicos) era capaz de despertar fuerzas creadoras. Desde luego es considerada como prototipo de arte psicopatológico.

Pero, la experiencia demuestra que también en otras psicosis hay síntomas “esquizofrénicos”, presentándose incluso en la personas sanas.

La capacidad creadora del sujeto implica que exista un objeto en el “sí mismo”, esto es, en el Yo interno, que proviene también del instinto primario de conservación, de integración. Cuando hay un predominio del Thánatos (impulso destructor), se produce un desequilibrio a favor de la destrucción y/o de la creatividad negativa; por esa razón, hay que intentar que las fuerzas de Eros- amor predominen sobre las de Thánatos, y se cree algo positivo, constructivo, nuevo, bello, armónico, verdadero.

Es cierto que muchas actividades artísticas son inspiradas, alentadas o conducidas por estados patológicos, ya sean de conducta u orgánicas, pues, de no ser así, no se habrían podido producir. El hemisferio cerebral izquierdo presenta lo intelectual (lo apolíneo) y el hemisferio derecho manda en lo emocional (dionisiaco). La consideración de estas características puede contribuir al esclarecimiento de la significación artística.

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4.2.- Producciones bajo los efectos de una toxicomanía

Abundando en el tema que nos ocupa, podríamos preguntarnos qué ocurre cuando la producción expresiva, en cualquiera de sus manifestaciones) está influenciada por las drogas (alcohol, marihuana, opio, etc.). Veamos, pues, las connotaciones de esta forma de influencia.

4.2.1.- Influencia del LSD

Bajo la influencia de LSD, Master y Houston, estudian la experiencia psicodélica de la pintura con los caracteres siguientes: acceso más directo a las fuentes de inspiración del inconsciente, disolución de las fronteras del YO, mayor flexibilidad y liberación de la mente, atención o concentración más intensa, mayor sensibilidad a las impresiones visuales.

En sus extrañas y originales obras, este pintor, toxicómano esquizoide, presenta en su estilo ciertas analogías con el arte surrealista y psicodélico, y expresa todos los elementos de su rica vida interior, que no le era posible verbalizar. Ideas, imágenes y emociones se suceden y confunden en el paciente, se produce una transformación del Yo en la iluminación religiosa que se extiende hasta la "unión mística". Algunos de los símbolos característicos en el mundo de los toxicómanos se refieren al sol, el color verde y la planta adormidera.

Figura 20-3 (el individuo se encuentra privado de morfina y en estado depresivo)

Yo, paralizado en el camino que conduce a un mundo vacío”: El paciente ve su vida sin esperanza, confrontada a un mundo que para él está vacío y desprovisto de sentido. La figura humana, displásica, está paralizada. Carece de piernas y la mano izquierda tiene forma de “pata de pájaro”. El vientre vaciado y la cara agotada muestran el fracaso del paciente ante la vida. El mundo desierto e inanimado es representado por una extraña figura surrealista, reliquia petrificada de la naturaleza viva.

Figura 20-4 (lucha contra la drogadicción igual que en la 9).

(27)

Nunca más morfina”: Se observa que cambia el colorido. Recuerda claramente la pintura de los enfermos maniacos. El “stop” significa (tal como lo comenta el propio autor) que nunca más tomará morfina.

Figura 20-9 (composición surrealista).

En la parte izquierda, con un solo ojo, representa la humanidad que va hacia su perdición. En la derecha está la Naturaleza, que ya no existe. La figura rojo- amarillenta del primer plano es un autorretrato. Tiene algo de imagen canina, rostro inexpresivo, sin ojos, no ofrece ningún signo de vida. Bajo la influencia aniquiladora de la morfina, el mundo se desnaturaliza y el enfermo se deshumaniza.

Figura 20-13 (presenta convicciones filosóficas y experiencias religiosas).

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El diablo en la senda de Cristo”: Composición surrealista. Cristo (en rojo) intenta seguir la senda de los “normales”, al ser el Mesías sobre la Tierra. Pero, su pie izquierdo, hipertrofiado, se halla clavado en la tierra, y el Diablo (en verde) va a su encuentro, cerrándole el paso. Bajo el Sol rojo se alzan las columnas del mundo “normal”

4.2.2.- Influencia del alcohol

A diferencia de las obras artísticas de otros enfermos mentales, las representaciones gráficas de los alcohólicos están dirigidas hacia los trastornos psíquicos que les afectan (pesadillas, alucinaciones, trastornos de la afectividad, de la conciencia, etc.). Clasificamos las pinturas del enfermo, según criterios psicopatológicos, en el orden siguiente: pesadillas, estados oníricos y estados de delirium tremens.

Pesadillas: Figura 2

Figura 2: “El infierno”: Personaje (el propio enfermo) caminando bajo un cielo de tormenta y agua sucia. Atacado por animales imaginarios. "Los ojos de las rocas" le observan por doquier. Del conjunto se desprende una impresión angustiante y malévola.

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Pesadillas: Figura 3

Figura 3: “El toro”. Un toro furioso ataca al enfermo en un paisaje terrorífico. El animal, desatado, las nubes y las aves de rapiña, simbolizan, de una manera significativa, su estado ideo-afectivo.

Alucinaciones oníricas: Estas pinturas son extrañas, inquietantes y fantásticas. Expresan las alucinaciones y los sueños del enfermo, los trastornos de percepción y de representación de la conciencia. Pero, también traducen una realidad psicótica. Reflejan escenas de índole psicopatológica especifica (catástrofes, agresiones, persecuciones, pesadillas, etc.).

Alucinaciones oníricas: Figuras 5 y 6.

Figura 5: El enfermo se encuentra rodeado de gotas de alcohol, transformadas en cabezas de niños, que le miran fijamente de forma obsesiva y amenazadora.

Figura 6: “Autorretrato psicológico”. En su rostro se lee la desorientación, la angustia, el tormento. Expresa el desequilibrio y la desesperación del psicópata.

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Delirium tremens: Son obras extremadamente complejas; presentan un grafismo notable, así como un contenido psicopatológico rico, específico y muy interesante. Se encuentran en ellas unas ideas polimorfas (persecución, disgregación psíquica, desastres, incendios, cataclismos, diluvios, angustia, etc).

Delirium tremens: Figura 7

Figura 7: Este “encuentro del enfermo con la muerte” es una composición moderna, de carácter surrealista y simbólico. A la izquierda la muerte, y a la derecha el enfermo. Los símbolos de la guadaña y la tumba son notables;

alrededor, un paisaje aterrador y un cielo impetuoso. El artista intenta expresar una parte de sus sentimientos íntimos, que normalmente no pueden franquear la barrera de las fuerzas defensivas. Intenta formar un YO que tome posición, pero cuya estructura sea diferente de la de un YO orientado únicamente hacia la realidad.

4.3.- Otro tipo de producciones

Una mente enferma, incongruente y desordenada produce elementos artísticos irreales cuando hay genialidad. El libre albedrío y la libertad mental son difíciles de encontrar, pues siempre habrá vivencias que, como prejuicios, gravitarán en todas las actividades. Es la psicopatología de la expresión.

Lo cierto es que la humanidad es ambivalente con sus locos. A unos los glorifica, a otros les pone cadenas (Lombroso).

Sabemos que las enfermedades mentales afectan gravemente a las facultades creativas y a la libertad del propio individuo. Los tratamientos farmacológicos en estos enfermos pueden actuar como agentes liberadores, aunque con frecuencia tienen una función opuesta y favorecen la contención, lo que impide la expresión artística.

Cuando la idea que rige los actos de una persona es patológica, se altera la interpretación de la realidad y el contenido del pensamiento. Por lo tanto, cuando ese fenómeno psicopatológico incide en la interpretación de la realidad que tiene el paciente, afecta a su modo de expresarla. Aun así, su creatividad no es un efecto inmediato de esa patología; es decir, su genialidad

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no se debe a su locura, pues la posibilidad de crear en esa persona está presente a pesar de la enfermedad.

Muchas veces, la creación artística es el resultado de la tensión y los conflictos interiores. Lo importante de un genio o un artista no es lo que tiene en común con los demás seres humanos, sino, más bien, lo que les separa de ellos: el porcentaje de sus extravagancias o de sus perturbaciones íntimas.

La exaltación creadora es íntima de la melancolía, hermana de la depresión e hija de la manía, pero también pariente cercana de la locura, cuando la obra ya no consigue tener todos los afectos.

La naturaleza del impulso creador siempre viene durante una fase maniaca o de un momento psicótico, nunca de un acceso melancólico.

Probablemente, durante la experiencia melancólica se gestan las vivencias que luego darán lugar a la ejecución de las mismas en actos expresivos, cuando el individuo se encuentra en una fase de gran activación, o fase de manía. Es decir, ese momento productivo tiene un paralelismo con los momentos lúcidos en los que el artista crea su obra.

La capacidad creativa es un don al alcance de cualquier persona cuyo talento artístico no se ve interferido negativamente de un modo unívoco por tales afecciones psiquiátricas. Es más, sus cualidades pueden ser enriquecidas, dando como resultado obras de arte en verdad excepcionales.

Está claro que la creatividad no siempre va unida a la locura, ni la locura conlleva creatividad. A menudo, el término “loco” se utiliza despectivamente, y no describe la amplitud de enfermos mentales que existen. Pero, todos los artistas tienen una cualidad común, la delicada sensibilidad para captar la belleza, detalles, matices y significados que están ocultos para los demás.

Existen numerosos estudios sobre la relación entre la creatividad y los trastornos de la conciencia.

En 1992, Arnold M. Ludwig, de la Universidad de Kentucky, publica una extensiva revisión biográfica de 1.005 artistas famosos del siglo XX, descubriendo que estos artistas y escritores tuvieron entre dos y tres veces mayor tasa de psicosis, intentos de suicidio, desórdenes de conducta y abuso de estimulantes que personajes que triunfaron en el mundo de los negocios, científicos y personas de vidas comunes.

La personalidad de un individuo puede definirse por la combinación única de un cierto número de rasgos propios, rasgos de comportamiento, que pueden dividirse en: (1) aptitudes: disposición para aprender a hacer cierto tipo de cosas; (2) interés: inclinación o necesidad que conduce a una persona a emprender tal o cual actividad; (3) actitud: favorecer o no un cierto tipo de objeto o situación; (4) temperamento: el conjunto de sus disposiciones emocionales (optimismo, melancolía, nerviosismo, seguridad).

La personalidad creativa se define como la combinación de rasgos característicos de las personas creativas. Esta creatividad aparece en una conducta creativa, que incluye actividades tales como la invención, la elaboración, la organización, la composición, la planificación. Los individuos que manifiestan estos tipos de comportamiento son considerados como creativos.

En un individuo enfermo, la actividad artística surge por el impulso de crear como un medio de expresión plástica de los conflictos internos en su lucha por incorporarse a su vida normal. No tiene importancia el hecho de que exista un aprendizaje anterior, ya que lo ideal para el estudio de esa plástica

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psicopatología consiste en comprobar que esos individuos no hayan manifestado ninguna tendencia artística antes de la psicosis, para poderlos comparar con aquellos a quienes su proceso psicopatológico les cambió el estilo (bien empeorándolo, bien mejorándolo, bien permitiendo que se expresara con mayor originalidad y libertad).

Ernst Kris comenta que los dibujos automáticos, esos que realizan las personas normales en momentos de distracción o desviación de la atención (hablar por teléfono, oír una conferencia), se asemejan con los que realizan los individuos psicóticos sin ninguna preparación artística. La diferencia estriba en la “función”, pues en los individuos normales se trata de producciones accidentales, con el “yo” ocupado en otra cosa, mientras que en los individuos psicóticos estos dibujos absorben toda su atención ocupando parte de su vida.

En la persona normal, distraída, la mano crea automáticamente unas líneas a continuación de otras. Por el contrario, en los casos clínicos psicóticos, los dibujos, con sus simbolismos personales, tienen una “función dinámica expresiva”, como una especie de intento de liberación de sus conflictos internos, quedando como expresión de su personalidad de sujeto enfermo.

Figure

Figura 20-3 (el individuo se encuentra privado de morfina y en estado  depresivo)
Figura 20-9 (composición surrealista).
Figura 20-13 (presenta convicciones filosóficas y experiencias religiosas).
Figura 2: “El infierno”: Personaje (el propio enfermo) caminando bajo un cielo  de tormenta y agua sucia
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