Abastecimientos, servicios de - España - Siglo XVIII

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Esclavos musulmanes en la España del siglo XVIII

Esclavos musulmanes en la España del siglo XVIII

hacienda, cuando los esclavos eran del Estado, y de los armadores particulares cuando eran suyos. Si los gastos de la cuarentena superaban a los ingresos obtenidos por la venta de los esclavos, los armadores acudían al rey en demanda de ayuda, y siempre se les concedía para estimularlos a seguir haciendo el corso. En 1753 la ciudad de Palma de Mallorca expuso al monarca que, ante la miseria en que se hallaba la isla, no podía pagar los gastos de la cuarentena de la galeota apresada por Barceló, que ascendía a 1.880 pesos, a los que había que sumar los 1.500 que se entregaron a los jabeques que habían hecho la presa en concepto de víveres y municiones, pues la venta de la galeota y los esclavos sólo habían valido 3.091 pesos, lo que arrojaba un déficit de 289 pesos 9 . Otras veces, sobre todo a partir de mediados del siglo, el rey disponía que los gastos de la cuarentena corriesen por cuenta de la real hacienda y, además, se entregase al armador y la tripulación una gratificación «para animar a los corsarios particulares a amar sus embarcaciones contra los berberiscos» 10 . Cumplido el tiempo de la cuarentena y comprobada la buena salud de los esclavos por la Junta de sanidad, daban un paso más hasta su destino definitivo. Los unos, como esclavos del Estado, y los otros de particulares, que solían venderlos a la Corona o a mercaderes nacionales o extranjeros, de acuerdo con lo dispuesto por las disposicio- nes reales de 1718 y 1724, que regulaban el mercado de los esclavos. Los esclavos del Estado, tanto los capturados por embarcaciones de la Corona como los comprados a los armadores particulares, eran destinados a trabajos públicos, que varían a lo largo del siglo en función de la utilidad económica y de su categoría social. Cuando estaban en servicio las galeras, la mayoría se destinaba a servir en ellas, tanto en el duro trabajo del remo como en los servicios auxiliares, y los restantes a trabajar en el arsenal de la Carraca de Cádiz
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La Economía en los diccionarios y las enciclopedias del Siglo XVIII en España

La Economía en los diccionarios y las enciclopedias del Siglo XVIII en España

instrucción de nuestros comerciantes”, volvió a convocar, también sin éxito, un año después 29 . Pasados siete años, la misma Sociedad se planteó elaborar, ahora pensando en coordinarse con el “cuerpo general de comercio” de Zaragoza, pero con toda probabilidad con igual resultado que en el caso anterior, un tratado sobre el comercio especialmente versado sobre los países del Norte de Europa, “explicando los frutos que se pueden extraer de nuestro país, sus calidades y demás circunstancias apetecidas en el Norte y lo mismo de los géneros que Aragón puede recibir de aquellos países con las reglas relativas al conocimiento de sus calidades, noticia de los cambios y cuentas del arbitraje de la plaza de Ámsterdam” 30 . La sugerencia era que esas noticias se extrajeran del tratado de S. Ricard —el socio elegido fue Ignacio de Asso—. Estas pretensiones, aunque ligadas a los intereses concretos de la Aragonesa —a lo largo de los años ochenta, ésta, además de tratar de ampliar mercados comerciales para los productos aragoneses, estaba elaborando la balanza de comercio de Aragón—, pertenecían a la importante nómina de servicios que desde ella se estaba prestando al conjunto del movimiento ilustrado español. Ciertamente, no pueden desligarse del conjunto de necesidades que requería el sostenimiento de la pionera experiencia docente organizada en torno a Cátedra de Economía Civil y Comercio, fundada en 1784. Aunque no fuera su finalidad específica, ésta no fue ajena a la voluntad de contribuir a la instrucción del comerciante y a la dignificación del comercio, de tal manera que L. Normante, su primer catedrático, recomendaba la consulta, entre otros, de los textos de J. Savary, M. De la Porte y Lavue —su “Biblioteca de los Negociantes Jóvenes” 31 — con el fin de alumbrar principios del comercio “muy superiores a los tradicionarios (sic)” [Normante (1784), pág. 34]. No obstante, es importante resaltar que el grado de precisión de la información que circulaba en el interior de la Aragonesa era muy notable: la mencionada pretensión de extractar diversos fragmentos del tratado de S. Ricard se refería a una precisa edición del mismo —se señalaba equivocadamente la de 1784—, la “corregida por D. Thomas Marien, natural de Bilbao”.
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La educación de los militares en la España del siglo XVIII

La educación de los militares en la España del siglo XVIII

que no había lugar mas que para la guerra. Los avances de la táctica y téc­ nica militares, y los largos períodos de paz, hicieron necesaria la perma­ nente actualización en las materias profesionales por parte de los oficiales. Tal cambio no sería asumido por completo en la nueva organización mili­ tar que los Borbones españoles habían importado desde Francia en los primeros años del siglo XVIII. La creación de algunas Academias, como hemos apuntado, poseía una escasa significación, en términos cuantitati­ vos, en el conjunto del Ejército. En cierta manera, uno de los rasgos más característicos del “soldado profesional” —por seguir la terminología de Morris Janowitz—, como es la posesión de conocimientos técnicos para desarrollar con eficacia su función, no aparece ni en el espíritu ni en la letra de la legislación militar borbónica. Es más casi llega a ser olvidada su importancia. El resultado de este proceso sería un profundo desajuste es­ tructural en un Ejército que se pretendía como “profesional”. Desde luego lo era en cuanto a su concepción como prestación de servicios al Rey- Estado a cambio de un sueldo, y asimismo en cuanto a la valoración como
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Sobre la educación de las élites en la España del siglo XVIII. Los estudios del clero

Sobre la educación de las élites en la España del siglo XVIII. Los estudios del clero

El contenido de la relación cambia con el tiempo. El rey libra, a lo largo del siglo XVIII, un combate, solapado pero sin tregua, contra la clase política tradicional de Castilla para extender a expensas suyas su propia esfera de acción. El debate sobre la interpretación de la teoría política, lo que llamaríamos hoy el debate constitucional, es uno de los puntos nodales del enfrentamiento. En este contexto, el rey no necesita sólo agentes relacionados con él por un denso tejido de lazos personales; necesita a gente que interprete del modo suyo las reglas que vertebran la vida política del reino. Sabe que de no compartir su visión sobre este punto la fidelidad en el sentido antiguo de la palabra no bastará para garantizar su subordinación, ya que además de los servicios que exigían sus antecesores, espera de ellos, especialmente de los juristas y de los clérigos, de los intelectuales en una palabra 11 , que contribuyan a difundir la nueva ideología política. El monarca
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10.- LA ESPAÑA DEL SIGLO XVIII. - 09. SIGLO XVIII

10.- LA ESPAÑA DEL SIGLO XVIII. - 09. SIGLO XVIII

Se adoptaron también una serie de medidas administrativas que se localizan sobre todo durante el reinado de Carlos III que procedió a: 1.) Recortar el poder administrativo de los criollos, que habían accedido al mismo a través de la venta de cargos. Para evitarlo se paraliza dicha venta y se crea un nuevo puesto para la supervisión administrativa: el intendente para América, ocupado generalmente por españoles, que sustituirá a los antiguos gobernadores, corregidores y alcaldes mayores; 2.) Crear dos nuevos virreinatos para hacer más efectivo el control político y fiscal de Indias: Nueva Granada y Río de la Plata; 3.) Revitalizar la inmigración de España a América, en este caso procedente del norte de España, que en muchos casos pasó a formar parte de las élites gobernantes; 4.) Menguar el poder de la Iglesia, haciendo extensible a América la expulsión de los jesuitas en la Península (1767), medida que afectó notablemente a regiones como Paraguay, donde la Compañía de Jesús controlaba enclaves casi independientes (reducciones) que habían motivado conflictos diplomáticos entre España y Portugal; 5.) Promover en Indias la creación de un ejército permanente que incluirá a mestizos y criollos, puesto que España era incapaz de suministrar suficientes tropas; 6.) Acrecentar la presión fiscal a fin de obtener más ingresos y ampliar el monopolio del Estado a productos como el tabaco, los aguardientes o la pólvora.
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Prensa y tertulia . Interferencias mediales en la España del siglo XVIII

Prensa y tertulia . Interferencias mediales en la España del siglo XVIII

El autor se designa a sí mismo como “indeterminado”, ya no está seguro de su capacidad de juicio, de sus fundamentos, y con ello del basamento de su escritura. El concepto del gusto parece indicar una salida para esta circunstancia (“para buscar una obra, que gustandome à mì, gustasse igualmente à todos”), dado que, como criterio socialmente vinculante aparentemente objetivable, aspira a una función social cons- titutiva. ¿Pero sobre qué fundamento puede objetivarse este concepto? ¿Qué papel desempeña la tertulia en este proceso, al ser puesta en juego, de acuerdo con la cita, como nueva instancia reguladora? Después de la impronta religiosa del discurso sobre el hombre y el mundo que se critica (en la conversación de los tertuliantes se refiere poco después que el periódico debería cumplir con su tarea informativa “sin inculcarselo a Sermones de Quaresma, ni querer exasperarle el ánimo” [Duende, 8]) emergen dos ámbitos a los cuales el autor recurre en un modo y can- tidad siempre diversos. Por un lado está el del discurso literario, repre- sentado aquí a manera de ejemplo en la tradición moralizante del Siglo de Oro, así como en las narraciones filosóficas del siglo XVIII (el autor menciona a Quevedo, Santos, Swift, Le Sage, Le Noble [Duende, 4]). El análisis de esta tradición transita algunos conceptos clave, como el topos de las armas y las letras, la categoría de la fama (de la “inmortalidad”) con el objetivo de encontrar una forma de articulación más efectiva y adecuada a los tiempos (“acomodado al tiempo en que vivimos”). Luego de su argumento sobre la tradición literaria se refiere, por otro lado, a la empiria social, a la observación de procesos de interacción social como rasero y fuente de legitimación de la propia escritura. Con esto ingresa, en cierto modo, la prensa, puesto que ella será el medio que mejor se corresponda con el perfil de sucesora de la literatura moralista como el medio social de mayor relevancia.
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Libros, lectores y bibliotecas privadas en la España del siglo XVIII

Libros, lectores y bibliotecas privadas en la España del siglo XVIII

En todas ellas podemos encontrar ciertos rasgos de uniformidad. Se trata de bibliotecas con una orientación profesional muy fuerte, donde hay un claro predominio de libros facultativos de sus materias docentes. También son halla- dos, aunque en menor proporción, libros de materias que habían sido objeto de enseñanza de estos jesuitas con anterioridad, en el curso de su carrera docente. No faltaban tampoco en estos aposentos obras propias del ejercicio de su mi- nisterio sacerdotal, como libros litúrgicos, sermonarios, manuales de confesores. Es lógico, dada la doble faceta de profesores y sacerdotes de estos individuos. También tenían libros devocionales, propios de lecturas más personales habituales en los religiosos, pero su significación no era importante en el conjunto de los libros. Por último, llama la atención la ausencia casi total en estas bibliotecas de materias profanas. Los libros científicos brillan por su ausencia y algo parecido puede decirse también de materias literarias y humanísticas, que aunque esta- ban bien representadas en la biblioteca general del colegio, no se hallaban en los aposentos de los padres, donde sólo tenían prácticamente libros de trabajo, de rezo y de meditación. En todas estas bibliotecas hay un fuerte predominio de autores eclesiásticos, especialmente jesuitas, así como una alta presencia de autores extranjeros –superior al 40% en las tres bibliotecas–. En cuanto a los idiomas, hay un fuerte predominio del latín, obligado en sus materias docentes, pero no falta una buena representación de obras en italiano, portugués y francés. La proporción de la edición extranjera es también muy alta y se produce sobre todo en materias como Teología, Sagrada Escritura, Patrística, Derecho, libros litúrgicos, mientras que los libros impresos en España abundan en materias como Oratoria Sagrada, libros ascéticos, etc. Los profesores del colegio de San Pablo no utilizaban una bibliografía que pueda calificarse de moderna y buena
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Ciudades, misiones y misioneros jesuitas en la España del siglo XVIII

Ciudades, misiones y misioneros jesuitas en la España del siglo XVIII

Ciudades, misiones y misioneros jesuitas en la España del siglo XVIII Javier Burrieza Sánchezi Universidad de Valladolid.. Las misiones populares predicadas y celebradas por los distinto[r]

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La educación pública en la España del siglo XVIII  Pervivencias en la actualidad

La educación pública en la España del siglo XVIII Pervivencias en la actualidad

Para terminar este apartado, citar la formación que recibían los Clérigos, en un estudio (Martín Hernández, 1993), viene a decir que a finales del siglo XVII el panorama era desolador, no había muchos alumnos en los seminarios y la formación de los mismos requería de una actualización, ésta vino a través de un movimiento espiritual llamado Píos Operarios (Aragón) y de los Obispos ilustrados y pastoralistas españoles. Así los nuevos seminarios recibirán formación humanística y clerical, se tiende a una formación integral, no se habla tanto de castigos como de corrección y amonestación, se avanza en la comprensión del alumno, se valoran las ciencias positivas (Matemáticas, Geografía, Botánica, Lenguas,...), todo esto durará muy poco, hasta la Guerra de la Independencia, pero aún así quedará el poso que bastante avanzado el siglo XIX se recuperará.
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Plagas de langosta y clima en la España del siglo XVIII

Plagas de langosta y clima en la España del siglo XVIII

La “gran esterilidad en los quatro reynos de Andalucía” se amplió a la totalidad del país al comenzar los años cincuenta, apenas inte- rrumpida por tormentas ocasionales y pedriscos que refrescaban momentáneamente el ambiente. El invierno de 1750-1751 resultó frío y lluvioso en el interior y desconcertante en la costa, con anó- malas y breves bonanzas térmicas. El verano de 1751 fue muy calu- roso y sin gota de agua, y los pocos chaparrones del otoño apenas contribuyeron a “templar los calores” pero no salvaron las cosechas. Sequía constante, frío invernal, calor agobiante en verano y esporá- dicas –aunque las más de las veces impresionantes– precipitaciones otoñales marcaron los años previos a la invasión por la langosta de la práctica totalidad de la geografía española. El literato Luis José Ve- lázquez de Velasco, marqués de Valdeflores, en tránsito por tierras extremeñas en dirección a Andalucía recopilando materiales para escribir una Historia de España, se lamentaba durante la primavera y el verano de 1753 de la extrema sequía que se padecía en un “país que por su naturaleza es seco i cálido, [pero] lo es mucho más a cau- sa de no haver llovido en el invierno”; rematando que “si en alguna tierra no se puede trabajar por el verano es en Extremadura”. 41
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Ilustración y revolución en España a finales del siglo XVIII

Ilustración y revolución en España a finales del siglo XVIII

En la literatura política liberal, contrastan la presión del discurso político enfrentado al absolutismo o la recurrencia del diagnóstico sobre el sistema de limitacioens [r]

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Viajeros por los paisajes de España: del siglo XVIII a la actualidad

Viajeros por los paisajes de España: del siglo XVIII a la actualidad

destacábamos la figura de Ponz, ahora podríamos mencionar, en menor medida, la obra de Pedro Antonio de Alarcón que desarrollaría su viaje De Madrid a Nápoles (1860-61), su recorrido por una comarca de su provincia, como fue La Alpujarra (1873) y sobre todo sus Viajes por España (1883). En esta última obra realiza un balance o cuadro general de sus «correrías» por la mayor parte del país, desde mediados de los cincuenta hasta comienzos de los ochenta, aunque por razones de edad no llegó a escribir sus «andanzas» recogiendo tan solo algunos ejemplos, los de la primera época, por lo que existe en ellos mayor carga romántica que realista. Su punto de partida sería la «prosaica y anti-artística villa de Madrid». En un viaje en dirección a Yuste hace referencia a la famosísima Vera, país de fertilidad, una «especie de Alpujarra chica». En su viaje en ferrocarril a Salamanca por «camino de hierro» nos describe ampliamente una ciudad que no sólo la considera monumental sino que es un «Museo arquitectónico». En otro viaje en ferrocarril hacia San- tander, aunque frustrado por accidente: «nuestro wagón se balanceaba sobre el abismo», llamará a Valladolid la «Sevilla del Norte» aunque con fábricas a pequeña escala. En la provincia de Palencia observa que las llanuras castellanas se «accidentan» debido a que «el suelo se quebranta y empieza a rizarse en valles y colinas». Y por último, sobre Toledo, «la vetusta ciudad imperial» tras compararla con las mejores ciudades españolas señalará que «Toledo lo encierra todo» pues su historia está escrita en innumerables documentos. Le llama la atención el poco interés de los españoles por viajar, pues iban solos en el vagón del tren:
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Percepciones de las diferencias. Islam, moriscos y España en el siglo XVIII

Percepciones de las diferencias. Islam, moriscos y España en el siglo XVIII

España o del pensamiento español. Enfrascados en los problemas acuciantes de atraso e infradesarrollo que los ilustrados españoles observaban en su entorno, éstos no tenían al islam como preocupación prioritaria. Los ilustrados y hombres del XVIII en general que se interesaron por el mundo árabe, dentro de su preocupación más amplia por recuperar las fuentes históricas que dieran una versión veraz del pasado español, tomando la línea que ya venía desde el siglo pasado, comenzaron a ocuparse preferentemente de las fuentes árabes que se ocupaban de la historia medieval peninsular, así como las obras que habían compuesto en diversos campos los sabios de al-Andalus. En un proceso de recuperación, diríase, patriótico, los ilustrados comenzaron el camino de mostrar las obras que los “moros españoles” habían mostrado al mundo, intentando equilibrar la visión negativa de enciclopedistas e ilustrados europeos acerca de las aportaciones de la cultura española a la europea. La política de protección de Carlos III y sus ministros a los estudios árabes y al interés por los restos árabes en España pudo abonar el trabajo de hombres como Banqueri, Sarmiento, Forner, Gaviria o José Antonio Conde. Desde fuera de España, el jesuita Juan Andrés colocaba las obras literarias de los andalusíes/españoles en una avanzadilla intelectual que habría llegado a irradiar a Europa. La venida de sacerdotes maronitas como Miguel Casiri, además, hizo que ese impulso pudiera de alguna forma engrasarse al poderse acceder con más facilidad a los manuscritos guardados en las colecciones hispanas y al poder crear, siquiera de forma frágil, algunos discípulos en la lectura de los textos árabes (Varela-Orol 2010).
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LA ESPAÑA DEL SIGLO XVIII La guerra de Sucesión y el sistema de Utrecht.

LA ESPAÑA DEL SIGLO XVIII La guerra de Sucesión y el sistema de Utrecht.

Cuando llegó a España Carlos III (81759- 1788) ya había sido monarca durante casi 25 años en Nápoles, se trataba de un rey con mucha experiencia. Se trajo con él a sus colaboradores con los cuales pudo afrontar un conjunto de reformas para el país. Es el máximo representante en España del despotismo ilustrado, este es el sistema característico del siglo XVIII. También en España había gente perteneciente a la burguesía y la baja nobleza que educados en las universidades conectaban con el carácter reformista del monarca.
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Comunidades, monjas y teatro en Nueva España, siglo XVIII

Comunidades, monjas y teatro en Nueva España, siglo XVIII

Así pues, como hemos visto, nos interesa subrayar que la representa- ción teatral dentro de las comunidades de monjas en Nueva España, en el XVIII, integraba al teatro como uno de los elementos festivos virreinales de las comunidades religiosas; que, en el caso de que las obras de que ha- blamos hubieran sido escritas por monjas y representadas en el convento, su carácter festivo —la pieza breve— no desdeñaba algunos de los compo- nentes ideológicos que, en general, la caracterizan frente a otros géneros: una dosis prudente, pero significativa, de libertad moral, el protagonismo de los personajes femeninos (presentes y aludidos) y de los personajes marginados (payos, ladrones, indios, viejos, enfermos y hasta las mismas monjas en su exclusión social) y el gusto por el metateatro que descubre la ilusión teatral (ver Huerta Calvo 2004, 476-477).
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Noticias y documentos para la historia del arte en España durante el siglo XVIII

Noticias y documentos para la historia del arte en España durante el siglo XVIII

633.—Consulta de la Priora y Capellán mayor de la Encamación solicitando real permiso para que a don Manuel Díaz, músico tiple de aquella capilla, se le asignasen 100 ducados de la renta[r]

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Lectura y bibliotecas de mujeres en la España del siglo XVIII. Una aproximación

Lectura y bibliotecas de mujeres en la España del siglo XVIII. Una aproximación

En cuanto a Concepción de Guzmán, viuda del XV marqués de Astorga, fallecida en 1803, se revela como una interesante personalidad. Además de celebrar una tertulia en sus salones, donde al parecer se realizaban lecturas y representaciones de teatro, poseía una notable biblioteca, la mayor del conjunto estudiado, que ha sido definida por Ángeles Ortego, que la ha dado a conocer, como «personal, cotidiana y femenina» (Ortego, 2012: 212). Era, sin duda, personal, porque muchos de sus libros los adquirió siendo ya viuda. Aunque la temática religiosa era dominante, incluso en ella se detectan algunos títulos que pueden relacionarse con una nueva religiosidad más intimista, personal y de carácter ilustrado. Y entre las obras literarias que alberga, junto a la narrativa y el teatro del Siglo de Oro, se encuentran ejemplos novedosos, como los sainetes de Ramón de la Cruz, zarzuelas varias, así como novelas sentimentales, como Casandra de Bellosartes —obra que se publicó por suscripción en la que participó la marquesa— o la Pamela de Richard- son, tan difundidos entre el público femenino, exponentes de una nueva sensibilidad. No faltaban tampoco en su biblioteca buenos ejemplos de obras de carácter didáctico y moralizante, tan del gusto de la época, como las Fábulas de Esopo, o El nuevo Robinson, ni la prensa periódica del momento, con colecciones del Correo de los ciegos, Caxón de Sastre y La pensadora gaditana, uno de los primeros periódicos españoles destinados al público femenino. Una interesante librería, abierta a los gustos literarios más innovadores de su época.
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Reformismo cristiano y tolerancia en España a finales del siglo XVIII

Reformismo cristiano y tolerancia en España a finales del siglo XVIII

El manuscrito comienza con la traducción al castellano de una epístola de San Teodoro Estudita, monje y escritor bizantino del siglo IX cuyas obras habían sido editadas en latín por el jesuita francés Jacques Sirmond. En ella, San Teodoro defendía, frente a Teófilo de Efeso, que no se debía matar a los herejes, sino instruirlos. San Teodoro consideraba que la parábola del trigo y la cizaña prohibía expresamente quitar la vida de los herejes, porque el empleo de la violencia contra el error suscitaría “en el mundo una guerra interminable” y podría volverse contra los mismos fieles. Jesucristo no dejó de manifestar su desagrado cuando sus discípulos quisieron servirse de la violencia y, al rezar por sus verdugos, mostró a sus seguidores que ni siquiera podían desear a los herejes mal alguno. El Estudita creía, además, que las invitaciones a la violencia del Antiguo Testamento no debían ser tenidas en cuenta por los cristianos ya que iban dirigidas a quienes vivían bajo la ley y habían sido superadas por Cristo. Los gobernantes podían imponer castigos físicos contra quienes quebrantasen las leyes del Estado, pero no contra quienes pecasen en cuestiones espirituales. De estos pecados debían encargarse solo quienes gobernaban las almas, cuyos castigos no podían ir más allá de las “excomuniones y las demás penas espirituales”. Los gobernantes no debían perseguir a los herejes y la Iglesia nunca podía emplear la espada. Como hiciera Grégoire muchos siglos después, el Estudita consideraba que quienes negaban estas verdades debían haber leído “otro Evangelio que acá no conocemos”.
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La inquisición y la censura de libros en la Nueva España del siglo  XVIII

La inquisición y la censura de libros en la Nueva España del siglo XVIII

Los libros eran prohibidos en cuatro categorías: mandados recoger, cuando eran sospechosos y estaban en proceso de calificación; expurgados, es decir, se podían leer siempre y cuando estuvieran tachadas o borradas las frases, pasajes o capítulos censurados; 19 prohibidos in totum, cuando todo el libro quedaba prohibido, y la prohibición especial, cuando la lectura es- taba vedada incluso para quienes tenían licencia. 20 Las obras se tipificaban en clases según el grado de peligrosidad. En los siglos XVI y XVII los de “primera clase” eran los de los herejes protestantes, pero para el siglo XVIII lo eran los de los filósofos ilustrados. Esto evidencia la evolución de la cen- sura desde una preocupación religiosa hacia una político-filosófica, la cual se puede constatar en los títulos incluidos en los índices de 1747 y 1790, y en el suplemento a este último, donde la herejía ya no consistía en desviar- se de la ortodoxia, sino en difundir ideas anticlericales, antimonárquicas, libertarias, etcétera. 21
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Las mujeres en el debate social sobre los matrimonios en la España del siglo XVIII

Las mujeres en el debate social sobre los matrimonios en la España del siglo XVIII

Consecuencia de ello fue, por un lado, la crítica acerba a unos usos sociales desconocidos por la sociedad española, muchos de ellos foráneos, como el chichisveo y el cortejo, donde las [r]

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