Caro Baroja

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Julio Caro Baroja, Etnografa histrica de Navarra. Indice y estudio crtico

Julio Caro Baroja, Etnografa histrica de Navarra. Indice y estudio crtico

Si Caro Baroja ha alcanzado la categoría de Gran Maestro no ha sido pre- cisamente por regentar una cátedra, rodearse de multitud de discípulos, o practicar una política determinada. Sobre su figura, pensamiento y obra mu- cho se ha hablado pero poco se ha escrito. En la mayoría de sus obras va de- jando retazos de sus teorías, incluso en algunas como Etnografía Histórica de Navarra trascendiendo de un ámbito aparentemente localista, a un interés global. Antonio Carreira ha recogido la extensa obra de Caro Baroja, inclu- yendo las recensiones o reseñas de la misma publicadas en multitud de revis- tas, por lo que constituye un instrumento de consulta ineludible para abor- dar cualquier apartado de nuestro personaje. Según esta catalogación, la obra Carobarojiana comprende más de seiscientos títulos, de los cuales ochenta y dos están dedicados a Navarra 5 . Otros estudios globales más centrados en el

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Jos Miguel de Barandiaran y Julio Caro Baroja, dos nombres para el estudio de la cultura vasca

Jos Miguel de Barandiaran y Julio Caro Baroja, dos nombres para el estudio de la cultura vasca

la voluntad demostrada por los vascos de querer decir algo en su idioma, tanto a la manera antigua como con vistas al porvenir, debe ser apoyada con la esperanza de que de ella salga una gran literatura y una importante lengua renovada», afirmó, anteayer, Julio Caro Baroja en el transcurso de una conferencia sobre el euskera, dentro del ciclo que im- parte en el ateneo. Comenzó Caro Baroja su intervención con un análisis de los diferentes nombres dados al idioma –euskera, vasco, vascuence, vas- congado, etcétera– y sus distintas formas de uso, para pasar después a un estudio del retroceso sufrido por el mismo en épocas históricas distintas, desde el siglo xvi 26 .

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La agricultura y la sociedad rural en la obra de Julio Caro Baroja (1914 1995)

La agricultura y la sociedad rural en la obra de Julio Caro Baroja (1914 1995)

Otra vez nos encontramos con una crítica de tópicos y lugares comunes, esta vez relacionados con la caracterización social y cultural de los campesinos y las sociedades campesinas, rastreando multitud de fuentes históricas (en este caso, obras literarias del siglo XVI y XVII) y acudiendo a los datos etnográficos. Se trata de una indagación del valor explicativo de la «razón histórica» o la «razón sociológica» en la caracterización de la sociedad campesina. Frente a las explicaciones historicistas, que encuentran en tales prácticas vestigios de un cierto estado primitivo, Caro Baroja se interesa por la localiza- ción de los cultos en el espacio y la celebración de los ritos en el tiempo, encontrando cierto «paganismo funcional», una suerte de «materialidad de la religiosidad campesi- na», observable en la relación de los sentimientos religiosos con los trabajos cotidianos. No basta, pues, con buscar las raíces históricas de estas prácticas religiosas, hay que profundizar en sus aspectos estructurales y funcionales. Ni tampoco regularidades atem- porales y universales; la religiosidad en el campo o los campos ha de tener su fisonomía y autonomía, pero eso no quiere decir que sea igual para todos los espacios y todos los tiempos (1977:153). Una llamada a la relevancia de los factores contextuales tanto tem- porales como espaciales, a la importancia de la segmentación y cambio en la sociedad rural, que no resulta ni homogénea ni estática.

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Memoria de actividades del Museo Etnogrfico de navarra "Julio Caro Baroja", 2001-2004

Memoria de actividades del Museo Etnogrfico de navarra "Julio Caro Baroja", 2001-2004

En este artículo se pretende dar noticia de la situación actual del proyecto del Museo Etnológico de Navarra “Julio Caro Baroja”, creado en 1994 en la sede del Monasterio de Irache pero que todavía carece de plazos para su apertura al público. Entre tanto, se desarrolla una labor en varios frentes, a saber: incre- mento de las colecciones, conformación de una biblioteca especializada, cata- logación de los fondos, grabación audiovisual de temas del patrimonio inma- terial y exposiciones periódica itinerantes que recorren la geografía de Navarra para presentar a la sociedad el potencial de este museo, todavía en espera.

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Museo etnolgico de Navarra "Julio Caro Baroja": Memoria de actividades

Museo etnolgico de Navarra "Julio Caro Baroja": Memoria de actividades

E l Museo Etnológico de Navarra «Julio Caro Baroja», creado por acuerdo de Gobierno del 2-XI-94 y con sede en el monasterio de Santa María la Real de Irache, viene desarrollando desde sus comienzos una labor impor- tante pero oculta hasta ahora no sólo a los ojos del gran público, sino tam- bién poco perceptible para el mundo de la investigación etnológica españo- la. Si bien es cierto que las especiales circunstancias del histórico edificio obli- gan, por el momento, a carecer de los espacios adecuadamente habilitados para la exposición de sus fondos, es necesario apuntar que la Dirección Ge- neral de Cultura-Institución «Príncipe de Viana» está cuidando con especial dedicación de poner las bases firmes para el futuro desarrollo de un museo que pretende ser puntero tanto en sus instalaciones como en el planteamien- to científico de su exposición y de sus actividades.

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Funcionamiento y actividades del Museo Etnolgico de Navarra “Julio Caro Baroja”. Aos 2005-2010

Funcionamiento y actividades del Museo Etnolgico de Navarra “Julio Caro Baroja”. Aos 2005-2010

La exposición se montó, como era habitual en aquellos momentos, en la planta baja del Claustro Nuevo de Iratxe, donde permaneció abierta al pú- blico durante los meses de junio a septiembre de 2005 . Para la inauguración se contó con una ponencia de Pío Caro Baroja, que glosó de una manera amena y nostálgica sus recuerdos de aquella época en la que recorrió Navarra acompañando a su hermano y registrando en imágenes su trabajo de campo. A manera de catálogo de la exposición, se editó un CD-ROM que in- corporaba los siguientes documentos: fichas de inventario de la 246 piezas que componen el fondo de Bera, organizadas por los caseríos de proceden- cia, y el facsímil del artículo de 1969 donde se describen las piezas, muchas de las cuales formaban parte de la exposición.

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Una cierta idea de los españoles. Caro Baroja y Menéndez Pidal ante la España primitiva y sus lenguas (y, en la otra orilla, Américo Castro)

Una cierta idea de los españoles. Caro Baroja y Menéndez Pidal ante la España primitiva y sus lenguas (y, en la otra orilla, Américo Castro)

El joven Caro Baroja pudo conocer y tratar en su casa y en la imprenta de su padre a Valle Inclán, Azorín, a Manuel Azaña, Pérez de Ayala, Rivas Cheriff, a don Ciro Bayo, o al pintor Juan Echevarría. Podía encontrarse en la calle o en el Ateneo a don Miguel de Unamuno, que en un paseo le desaconsejó dedicarse a la Arqueología, a la “Pucherología”. En el Ateneo de Madrid también asistió a tertulias, sin involucrarse mucho en ellas, y conoció a escritores, profesores, jóvenes socialistas y otros políticos en estado de merecer, o a una rara fauna de bohemios y excéntricos, que le inspiraron siempre, sobre todo los excéntricos, curiosidad, y ternura. Antonio Carreira ha recordado que la tarde del 23 de febrero de 1981, la asonada de Tejero le sorprendió a don Julio y a sus colaboradores de la Revista de Tradiciones Populares con la visita de una persona que había descubierto un sistema para descifrar y traducir el alfabeto-silabario ibérico mediante un péndulo, y a quien Caro Baroja, que se había ocupado científicamente de la cuestión, escuchaba divertido y con toda la atención del mundo. Unos años antes, en 1973, fui testigo en un viaje a Garganta la Olla, en Cáceres, de cómo una de las fuerzas vivas de la localidad invitó a don Julio a visitar nada menos que un «Museo de la Inquisición» que había instalado en su propia vivienda, y le explicaba con detalle cómo era el sistema del interrogatorio del Santo Oficio, la práctica de la tortura, con instrumentos que había reunido y formaban parte del “museo”, o le mostraba el sillón del Inquisidor general (donde el dueño confesaba dormir la siesta). Al margen de los realia inquisitoriales, nuestro coleccionista exhibía también, entre otros enseres, la cama de don Juan de Austria, porque, según comentó luego don Julio, la cama de Carlos V se sabía que estaba en el vecino monasterio de Yuste, que si no…; y varios instrumentos musicales característicos de la comarca de la Vera, aunque en un arrebato de sinceridad (“A usted tengo que decirle la verdad”) confesó que al menos uno de ellos procedía del Nepal, traído de allí por un pariente, según dijo, “medio hippy”. Don Julio escuchó pacientemente todas aquellas explicaciones, y solo al salir de la casa hizo algunas reflexiones sobre la mitomanía como constante del comportamiento humano, y sobre cómo a partir de un detalle mínimo mal interpretado, la existencia de una inscripción que decía que la casa había pertenecido a un familiar del Santo Oficio en el s. XVII , la imaginación de su descendiente podía reconstruir

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Julio Caro Baroja y la historia de Navarra

Julio Caro Baroja y la historia de Navarra

En 1942 leyó su tesis doctoral sobre «Viejos cultos y viejos ritos en el folclo- re de España», dirigida por José Ferrandis, profesor de Epigrafía, y por unos meses fue ayudante de cátedra en la universidad. Pero su ámbito de trabajo y de relaciones más intenso lo estableció en el Museo Antropológico y con los miembros de la Sociedad de Antropología, Etnografía y Prehistoria. También colaboró en el Instituto Bernardino de Sahagún del CSIC y en el Centro de Etnología Peninsular, donde conoció a Blas Taracena y a Martín Almagro. La formación y las inquietudes de Julio Caro estaban muy lejos de lo que por entonces se consideraban las propias del historiador, como lo muestra la comparación de sus primeras publicaciones con las de José María Lacarra (Es- tella, 1907 -zaragoza, 1987 ). Este había estudiado Filosofía y Letras también en Madrid un poco antes, y fue discípulo de Menéndez Pidal, Sánchez Albor- noz, gómez-Moreno y Millares Carlo. En 1930 ganó una plaza en el Cuerpo facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos y, becado por la Junta de Ampliación de Estudios, estuvo un año en París en la prestigiosa École Na- tionale des Chartes ( 1933 - 1934 ). Sus dos primeras publicaciones fueron sendas ediciones documentales de textos normativos medievales en la revista anuario de Historia del derecho Español: «El fuero de Estella» ( 1928 ) y «Las ordenanzas municipales de Estella» ( 1929 ). Por el contrario, las dos primeras publicaciones de un quinceañero Julio Caro versaron sobre «Algunas notas sobre la casa en Lesaka» ( 1929 ) y sobre «Monumentos religiosos de Lesaca» ( 1930 ) en anuario de Eusko-folklore, algo muy alejado de la historia.

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Cine vasco y etnografa, un camino abandonado

Cine vasco y etnografa, un camino abandonado

La segunda parte del documental, dedicada a la primavera, vuelve la mi- rada hacia la Navarra media y meridional, recorriendo los festejos religiosos típicos de la época como la bajada del ángel en Tudela, la procesión a la Vir- gen de Ujué, el rito de San Gregorio Ostiense en Sorlada –con un nuevo montaje paralelo que alterna imágenes del acto religioso con la preparación de la fiesta posterior (elaboración de pan y cordero)– la romería de la Virgen de Codés o la de la ermita de la Trinidad en Lumbier. En esta parte de la pe- lícula hay uno de los momentos, –en lo que a etnografía se refiere– más in- teresantes del largometraje, ya que Pío Caro Baroja reconstruye la tradición de los almadieros. El cineasta recuerda que “tras años sin hacerse, compramos la madera, pagamos su traslado en camiones y aseguramos a los almadieros veteranos que la habían realizado” 6 . Por supuesto, toda la labor de construc-

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El Rocío de Gerald Brenan, una autoetnografía epistolar

El Rocío de Gerald Brenan, una autoetnografía epistolar

426) asegura que Julio Caro Baroja fue uno de los dos únicos amigos íntimos españoles que tuvo Brenan (9). Sin embargo, al cotejar ambas colecciones de cartas se aprecia una nítida diferencia en cuanto al grado y tipo de amistad que Brenan cultivó con Partridge y con Caro Baroja respectivamente, eso sin contar con que este último está completamente ausente de Personal Record. Incluso una lectura superficial de la correspondencia entre Brenan y Partridge recogida por Xan Fielding, permite apreciar la sinceridad con la que ambos se expresaban al contarse sus respectivas experiencias románticas y sexuales, fueran reales o imaginarias. Resulta particularmente reveladora la comparación de la carta objeto de este artículo con la que Brenan remitió a Caro Baroja sobre su segunda visita al Rocío en 1968 (Caro 2005: 142-143). Por supuesto, la situación personal de Brenan había cambiado drásticamente en esos últimos diez años. Su mujer, Gamel, había muerto hacía pocos meses y él estaba viviendo con otra joven inglesa, Lynda Nicholson. Su envejecimiento era cada vez más palpable y, por si fuera poco, esta segunda experiencia rociera, según nos cuenta Gathorne-Hardy (1992: 517), no le fue tan grata como la primera. Pero lo que nos interesa señalar es que la carta de Brenan a Caro es breve, descriptiva, formal. Todo indica que su grado de confianza personal era sensiblemente menor que el que había entre Brenan y Partridge. De hecho, Fielding (1986: 3), que habla con conocimiento de causa, los describe como amigos muy cercanos durante cuarenta y cinco años, y Malpartida (2006: 56), de forma igualmente convincente, no cree, a diferencia de Gathorne- Hardy, que la relación entre Caro Baroja y Brenan fuera la de “una amistad intima”. En cualquier caso, baste simplemente con reconocer que hay diferentes tipos y grados de “amistad íntima” y que la que había entre Brenan y Caro Baroja era de naturaleza distinta a la que por más de cuatro décadas había unido a Ralph Partridge y Gerald Brenan, cuando éste le remitió una carta contándole su primera visita al Rocío.

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La memoria de Pío Baroja y la memoria compartida de su familia: recopilación y nuevos datos sobre su detención y encarcelamiento el 22 de julio de 1936

La memoria de Pío Baroja y la memoria compartida de su familia: recopilación y nuevos datos sobre su detención y encarcelamiento el 22 de julio de 1936

En su obra Baroja o el miedo , el escritor Eduardo Gil Bera ha aña- dido sobre las versiones anteriores algunas anotaciones interesantes. La primera detención de los tres viajantes habría sido no en Mugairi, sino enfrente de la casa Bideartea, a la entrada de Narbarte, subrayando Gil Bera la casualidad de que dicha mansión era propiedad de un próximo a Mola, al que él no menciona y al que nos referiremos posteriormente. Según él, admitiendo el relato de Carmen Baroja y de Julio Caro, quien habría amenazado allí a Baroja habría sido José Moreno, el principal líder de la Falange en Navarra (y cuya presencia es descartada por Miguel Sánchez-Ostiz), siendo paralizada «la ejecución casi inminente» de aque- llos por algún jefe militar, que habló al oído del dirigente falangista, y que «pudo ser el comandante Martínez Campos». Posteriormente, el mismo Moreno habría formulado otra alocución amenazante en el puen- te de Doneztebe/Santesteban, antes de que se les ordenara a los deteni- dos ir a Bera, donde estuvieron parados a la altura de la cantera y donde se les ordenó regresar a la otra localidad en la que serían encarcelados. En cuanto a quién fue el militar que se presentó en el calabozo, Gil Bera asegura que, según sostenía Ochoteco en un texto redactado hacia 1970 y conservado en su archivo particular al que aquel habría tenido acceso, habría sido el capitán Rafael Tejero Saurina. El mismo autor escribe que Vizcaíno tuvo que permanecer en la celda, después de que sus dos acompañantes fueran liberados, «por haber impedido el paso a Francia, días atrás, al automóvil donde viajaba, en sus labores de conspiración, Antonio Ansaldo, uno de los tres hermanos aviadores, que iba en la co- lumna y había reconocido al policía en Narbarte» 27

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La imagen de España en Vidas sombrías de Pío Baroja entre la búsqueda de la identidad y la crítica social

La imagen de España en Vidas sombrías de Pío Baroja entre la búsqueda de la identidad y la crítica social

Cada obra literaria surge como una proyección del creador a través del recurso a técnicas retóricas específicas. A Baroja nunca le interesaron las reglas ni la correción en el uso del idioma. Lo único verdaderamente importante para él fue la expresión del yo, de sus propias vivencias y aficiones. Baroja pidió al arte una libertad que no todas las sensibilidades admiten y su estilo constituye una manifestación más de su personalidad humana. El cuentista siempre insistió en que el arte no es un conjunto de reglas sino que tiene que representar la vida, el espíritu de las cosas. La forma en que esta realidad es evocada puede ser totalmente diferente según la psicología y la circunstancia personal de quien la transfigura poéticamente así que no puede haber una copia absolutamente objetiva de la realidad. Por eso, la obra más lograda no será para él aquella que mejor imite la realidad circundante sino aquella que exprese con mayor fidelidad la personalidad del creador en completa unión con ella. En este sentido Baroja copió lo que lo rodeaba y evocó lo que conocía atribuyéndoles connotaciones subjetivas y limitándose a los temas que dominaba por contacto directo y cotidiano. La carencia de un conocimiento cierto acerca de cuanto se narra era, para el escritor vasco, uno de los errores más graves del artista.

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4Texto de Pio Baroja

4Texto de Pio Baroja

El texto que tenemos que analizar es un texto literario, perteneciente al género narrativa, concretamente un fragmento de la novela de Pío Baroja (autor de la llamada Generación del 98) titulada El árbol de la ciencia. Como forma de expresión, predomina el diálogo, aunque la mayor parte de las intervenciones adquieren la forma de la exposición-argumentación. Las ideas de Iturrioz, es decir, es imposible cambiar la crueldad humana y hay que restringir la lucha a cuestiones concretas aparecen razonablemente argumentadas; no obstante, la conclusión de Andrés de que lo mejor es no hacer nada, creo que no tiene un sustento sólido en las palabras del texto, porque igual que saca opta por esa conclusión u opción podía haber sacado otra bien distinta: lo mejor es que cada uno se dedique a luchar contra las injusticias que se produzcan en su círculo. Esta actitud pone de manifiesto el escepticismo y nihilismo de Andrés, que se ven corroborados a lo largo del conjunto de la obra y en el desenlace de la misma: el suicidio como única salida.

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