Conciencia de la muerte

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El origen de la conciencia de la muerte

El origen de la conciencia de la muerte

La conciencia de la muerte es contemplada, desde este punto de vista, como una consecuencia indirecta de la selección natural que dio lugar a la autoconciencia como un recurso biológico útil para la supervivencia. La conciencia de la muerte no parece haber cobrado un sentido tan funcional respecto de la vida de tanto neandertales como humanos de aspecto moderno, siendo que los sentimientos que produce no son sino perjudiciales, al menos, para lo que a emociones se refiere. Sin embargo, si se está de acuerdo con Leakey, incluso con Ayala, la conciencia de la muerte no se agota en una mera frustración, sino que acaba por iniciar la búsqueda de una respuesta, o de una creencia que otorgue cierto alivio a la situación; adaptativamente hablando, la conciencia de la muerte se muestra como una dificultad; sin embargo, cobra especial validez en el campo de la cultura y el conocimiento. Autores como Analía C. Abt 25 postulan que la sepultura no indica,
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La conciencia de la nihilidad en la poesía de Contemporáneos. Para una hermenéutica de la muerte en la poesía mexicana

La conciencia de la nihilidad en la poesía de Contemporáneos. Para una hermenéutica de la muerte en la poesía mexicana

conduce inevitablemente a abandonar la cima del yo o la cima de Dios o la cima del poder del ente. Ya sin cimas, sólo se escucha un inmenso silencio donde al fin todo muere y está muriendo sin excepción. Este verdadero modo de ser del ser no puede ser realizado sino por una conciencia descreída, escép- tica, que por serlo ya ha avanzado a la desposesión y a la despersonalización. Descree de la posibilidad de apropiación, porque descree de los modos del ser y de sus atributos, descree de su posibilidad de aprehensión, porque en la vida muriéndose, “muerte viva”, en suma, no hay nada que aprehender. En es- te sentido, la poesía desoculta el ser en cuanto tal y en su totalidad desde el encuentro con la muerte y en convivencia con la nada. La nada, la muerte, en un sentido radical es la casa del ser. La poesía de Gorostiza se ha encargado de desocultar el asiento de todas las cosas humanas y no humanas: la nada, la muerte y el vacío. Cuando alcanza el lugar sin referencias que es la nada, el descampado, Muerte sin fin entonces nos sumerge en otro modo de ser o en el verdadero modo de ser, es decir, liquida la raíz del cálculo y del dominio del ente. En la poesía de Gorostiza más originario que Dios es la nada, en la cual el mismo Dios flota, como si en la nada “hubiese al fin ahogado su pa- labra sangrienta”. Y esto no es decir cualquier cosa. Quiere decir que con él desaparece el pecado y la concomitante amenaza del infierno y del juicio final.
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Carmen Barrenechea, la conciencia feminista de una matrona del siglo XIX en “La ciudad de la muerte”

Carmen Barrenechea, la conciencia feminista de una matrona del siglo XIX en “La ciudad de la muerte”

saban en el Hospital querían evitar a toda costa la primera de estas salas gratuitas y ser atendidas en la segunda sala. El motivo era la elevada diferencia en las cifras de mortalidad materna por fiebre puerperal que existía entre ambas secciones de la maternidad. La única diferencia que existía entre ellas era el personal que las aten- día. Mientras la segunda sala estaba destinada a la formación de las matronas, en la primera sala se formaban a los médicos en la obstetricia. Médicos que también realizaban autopsias y trataban con todo tipo de enfermedades. Semmelweis descubrió que eran precisamente las manos de los médicos, las que actuaban como transmisores de la fiebre puerperal y por tanto eran responsables de la muerte de muchas mujeres. Sin embargo, la poca aceptación que tuvieron sus descubrimientos por parte de la comunidad científica, propició que hasta unas dos décadas después de su muerte el lavado de manos, que el propugnó como método para evitar la transmisión de la infección, no fuese una práctica habitual. 53
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5 ESTEVA, Gustavo.(1996). “Desarrollo” en SACHS, William, Diccionario del desarrollo, primera edición: Lima, Perú Páginas 58-86

5 ESTEVA, Gustavo.(1996). “Desarrollo” en SACHS, William, Diccionario del desarrollo, primera edición: Lima, Perú Páginas 58-86

gandhismo en un voluntarismo oficial, no amenazador, actuando como adjunto al estado indio. Pero Gandhi,40 años después de su muerte, sigue obviamente dando lata y por lo menos algunos jóvenes gandhianos se han acercado mas a aquellos para quienes un retorno a una idea revisada y actualizada de un estado mínimo pre-moderno, culturalmente arraigado, menos monolítico, 'mas blando', se mantiene como la mayor promesa. Ninguna de estos nuevos enfoques disidentes, sin embargo, plantea aun una amenaza a la cultura dominante del estado a pesar de la conciencia ampliamente difundida de que no todo esta bien con la situación del estado. Ninguna de las alternativas mencionadas aquí ha captado la imaginación del publico, excepto quizás por cortos períodos. Por otro lado, dados los crecientes problemas con el modelo dominante del estado, estos disidentes marginales no parecen ser tan dementes como alguna vez parecieron. Es posible que en el futuro puedan empezar a parecer enemigos mas formidables del orden publico y la racionalidad política. Mientras, los disidentes pueden quizás, como consuelo, recordar que ningún sistema llega a ser moralmente aceptable meramente porque la imaginación humana no ha logrado producir una alternativa en un momento dado.
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ESPERAR LA MUERTE: LA AGONÍA DE LA INACCIÓN

ESPERAR LA MUERTE: LA AGONÍA DE LA INACCIÓN

idea predominante de las tres obras que se abordan en este texto. Dovstoievski relata una historia, ‘El gran inquisidor’, a través de los ojos de Iván. El gran inquisidor es un viejo cardenal, un jefe de la Santa Inquisición que ha llegado a conocer la condición humana y actúa como velador. Cristo viene a la tierra del gran inquisidor para ofrecer esperanza y salvación a la gente, como había hecho hace muchos años a través de su muerte, pero los tiempos han cambiado. El inquisidor le explica que su verdad y pureza eran demasiado difíciles de seguir para el hombre común y que, en su lugar, (el cardenal) les ha ofrecido una vida que solo necesita satisfacer las necesidades, sueños y vicios diarios. El inquisidor le pregunta a Jesús: “¿Has olvidado que el hombre prefiere la paz, e incluso la muerte, antes que la libertad de elección en el conocimiento del bien y del mal? No hay nada que resulte más seductor que la libertad de conciencia para el hombre, aunque sea la mayor causa de sufrimiento”. 2
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La ética literaria el trance de la infancia en El Incendiado de Evelio Rosero

La ética literaria el trance de la infancia en El Incendiado de Evelio Rosero

Siendo la muerte de Toño, como conciencia de la fatalidad, el rito de iniciación para Sergio, entonces la escritura se construye como un espacio ritual de transición donde la subjetividad no sólo regresa al estado infantil de la memoria sino que se revela como una aventura, en el sentido de que para él representa un reto que pone en crisis su construcción de mundo para luego regresar a su presente transformado. Sin embargo, el ethos de Sergio hacia el final de la obra representa un tipo de antihéroe, lo que puede suponerse como aquella obsesión que lo lleva a vivir en completa negación, que se manifiesta en él como el deseo de seguir siendo niño, debido a que nunca superó realmente dicho estado, lo que se le convierte en una excusa para no vivir según el deber-ser; en otras palabras, su heroicidad no supone una apoteosis de trascendencia sino la manifestación de dicha crisis, entendida como un estado nihilista que expresa la dualidad ética del individuo contemporáneo que se enfrenta tanto al “Dios ha muerto” como a la vida que se sostiene desde los intereses económicos y las jerarquías sociales. En este punto es cuando considero que el rasgo que separa definitivamente la noción del héroe mítico del moderno se constituye desde el nihilismo que expresa Nietzsche, entendido como “un movimiento histórico” donde los valores supremos han perdido su valor, en tanto que “punto de vista”, y lanzan al individuo a la experiencia de la nada.
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Cultura y rito de despedida  Una aproximación al concepto de piedad en la ‘Antígona’ de Sófocles

Cultura y rito de despedida Una aproximación al concepto de piedad en la ‘Antígona’ de Sófocles

En un interesante artículo sobre la muerte, Pedro Gómez se refiere al modo en que esta alcanza incluso a los personajes de ficción: “Todos sabemos, mal que nos pese –escribe–, que la muerte es algo connatural a la acción humana. Tanto, que no nos extraña que alcance hasta a los seres humanos creados por la ficción literaria” (Gómez García 1995: 1). Y es verdad: todos tenemos conciencia de que el relato que conforma nuestra vida tiene una cadencia tripartita: un planteamiento, un nudo y un desenlace. El primero nos viene dado y no hay nada en él que dependa de nosotros, el último, como mínimo, es seguro; solo el intermezzo que transcurre entre el planteamiento y el desenlace depende hasta cierto punto (quizás mucho menos de lo que creemos) de nosotros. Pero los personajes de las ficciones literarias, cuando mueren, nos proporcionan una ocasión de anticipar esa experiencia, de re-crearla y de reflexionar sobre ella como si fuera propia. Un caso señalado es el relato de Tolstoi La muerte de Iván Ilich, pero también es el caso de Antígona, pues, como ya advertía Aristóteles, el arte, al imitar la vida, nos permite comprenderla mejor y, como señala Redfield (1992: 299), “puede hacer comprensibles situaciones incomprensibles de la vida”.
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La muerte como límite antropológico  El problema del sentido de la existencia humana

La muerte como límite antropológico El problema del sentido de la existencia humana

La clase imperante (en este caso la capitalista-consumista) impone su sistema de significaciones, de lo que es la realidad. En este sentido, la muerte es usada como instrumento simbólico, para persuadir, influir, intervenir, engañar a la clase oprimida para su control y consecuente dominación. Incluso la muerte es usada como medio de dominación, no es más que otro instrumento utilizado por los capitalistas-mercantilistas para permanecer con el control, para seguir acumulando riquezas y obtener más poder. Los cementerios son un ejemplo muy representativos acerca de este fenómeno, los grandes mausoleos y las lujosas lapidas están separadas y sólo son usadas por la clase dominante, por aquellos que se pueden pagar una muerte "rica", una "muerte dorada", como si en el cielo existieran las clases sociales y se quisiera asegurarse un estatus en el más allá. Mientras que los pobres, aquellos marginados, "no tienen ni donde caerse muertos". Así dicen cada vez que una persona no tiene ni una sola posesión y dinero para poder asegurarse una vida en este mundo terrenal y celestial. Frase equivoca, en verdad si tienen en donde caerse muertos, pero ese lugar no es el lugar acostumbrado y común al que los demás van a parar. Los ricos gastan una fortuna en un ritual majestuoso, con lujos exorbitantes con los cuales se les podría asegurar una vida digna a miles de personas. En cambio, para los pobres marginados, su lugar está en las fosas comunes, los anfiteatros, las universidades o cualquier lugar; definitivamente los pobres tienes infinidad de lugares donde caerse muertos y eso es lo reprochable, que ni si quiera les dan un lugar digno donde yacer. La dignidad no es respetada ni protegida en la muerte. Ahora, un animal cualquiera, en especial las mascotas, tienen una muerte más digna que cualquier hijo nacido en la Sierra chiapaneca mexicana o en Sierra Leona. A los animales se les inyecta, se les aplica la eutanasia, se les entierra, incluso incinera, mientras tanto, a los desdichados sin suerte predestinados a morir cruelmente, se les deja podrir donde sea, claro, siempre y cuando, no interrumpan la vida cotidiana de aquellos que se consideran más importantes, les causen problemas de conciencia y conflictos morales, o simplemente les parezca poco estético. "Los moribundos no tienen ya estatuto y en consecuencia no tienen dignidad. Son clandestinos, marginal men cuya angustia se empieza a adivinar" (Ziegler 1976: 280-281).
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El nuevo teatro de la memoria: la representación del dolor y la muerte

El nuevo teatro de la memoria: la representación del dolor y la muerte

Los teóricos han retomado el tema de la posibilidad de representar el dolor físico desde diferentes puntos de vista. El dolor físico no puede supuestamente ser descrito, sino tan solo representado. Se repite a propósito la sentencia de Adorno acerca de la imposi- bilidad de escribir poesía después de Auschwitz y se menciona el caso de Paul Celan que sí rompió el tabú5. Sobre la validez y la efectividad del testimonio como género politi- zado y para-literario hubo una apasionada disputa de los latinoamericanistas durante los años noventa. Los nombres de Víctor Montejo y Rigoberta Menchú se cuestionaron en relación con la confi abilidad de la autoría, entretejiéndose con el problema del esta- tus del discurso de los informantes en las investigaciones etnográfi cas, sin olvidar el giro político que indudablemente cobra un discurso testimonial. Aquí me gustaría darle una vuelta al problema y relacionarlo con la búsqueda de un lenguaje conceptual para una toma de conciencia de la signifi cación del dolor y del trauma en su dimensión ético-esté- tica, sin desestimar su importancia política.
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LEER Y DESCARGAR el libro n° 112. “DIALÉCTICA DE LA CONCIENCIA” por José Revueltas

LEER Y DESCARGAR el libro n° 112. “DIALÉCTICA DE LA CONCIENCIA” por José Revueltas

No importa lo que el dueño de la piel adquiera por medio de los poderes de ésta. El desgaste de su actividad se produce como uso y consumo de la propia actividad, que no se expresa de ningún otro modo que en la condición inevitable de más y más consumo de ella misma cada vez, en tanto que superfluidad que se satura. El valor de esta actividad como actividad reiterada, como medida de un tiempo que se desdobla en dirección opuesta al tiempo existencial, es un agotamiento que no se restituye. La reproducción del consumo no es una reproducción del valor, sino precisamente su agotamiento y, saturada de sí misma la superfluidad del cambio, el consumo no deviene en otra cosa sino en su contrario, es decir en la consunción. Este límite al que llega su proceso de saturación, hace que la superfluidad regrese a la necesidad natural de la que se había emancipado. Pero el dueño de la piel de onagro ya no encuentra en tal punto las mismas relaciones de inocencia que dejara en el pasado. La Penélope de la necesidad natural ya no teje sus telas para el Ulises ausente, sino para otro dueño. Dejémosle pues el nombre de Ulises al infeliz poseedor de la piel de onagro. La necesidad natural que Ulises consideraba inalienable por encima de todas las cosas –el trabajo, reserva de su deseo–, ahora es una posesión extraña, que no le pertenece. Su trabajo se ha vuelto trabajo enajenado, Penélope infiel reducida al nivel de mercancía, y él mismo, el argonauta Ulises, el buscador del vellocino de oro, convertido en nostalgia del oro, en un ser que no se pertenece: el canto de las sirenas lo convirtió en mercancía cuyo precio sólo se fija en el mercado de la muerte. Si despojamos al relato de Balzac de su carácter fantástico -como lo hemos visto-, la realidad se nos muestra por entero en todo su fantástico carácter real. La piel de onagro –en cuya pila bautismal recibió el nombre
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La representación y sus fronteras

La representación y sus fronteras

modo importante que podríamos sugerir que la conciencia y las representaciones nacieron a la vista de la muerte o bien al menos surgieron ante los muchos y urgen- tes requerimientos de la sobrevivencia. El tópico del descenso al reino de los muertos es un paradigma de representación de lo no conocido directamente, de lo incog- noscible o acaso irreconocible para los sentidos corporales en estado normal de vigilia. Pocas tareas literarias como aquella que se impuso el poeta florentino Dante Alighieri al emprender la redacción de la Divina Comedia . En el orbe del cristianismo la representación del inframundo era la culminación de un esfuerzo por hacerse una idea del más allá. El libro abunda en captatio benevolentiae y en referencias al tópico retórico de los límites del lenguaje ante la magnitud de las experiencias; de hecho, es un muestrario de posibilidades tanto de captatio benevolentiae como de dichas referencias; aun así, la magnitud de la tarea es excepcional: ocurrió en la cúspi- de del poder político de la Iglesia entre ciu- dades-Estado y estructuras feudales, y de una imagen del mundo que aún no incluía aquel continente que después se llamó América en homenaje a otro italiano. Un reto para Dante era el representar concien- cias ya incorpóreas y aun así sufrientes, penitentes o gozosas; otro consistía en es- tablecer estamentos y gradaciones para el castigo, la expiación y la dicha; un tercero era el describir cada uno de los espacios y cada una de las figuras: ¿dónde habita Satán?, ¿cómo es el propio Satán? Du- rante siglos, pintores y otros artistas han representado la representación, dibujando
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Philippe Ariès. Morir en Occidente: desde la Edad Media hasta nuestros días . Adriana Hidalgo Editora. Buenos Aires, 2007, 272 págs.

Philippe Ariès. Morir en Occidente: desde la Edad Media hasta nuestros días . Adriana Hidalgo Editora. Buenos Aires, 2007, 272 págs.

“… las grandes derivas que generan las menta- lidades –actitudes ante la vida y la muerte- de- penden de motores más secretos, sepultados en el límite de lo biológico y lo cultural, es decir del inconsciente colectivo. Esto anima fuerzas psico- lógicas elementales que son la conciencia de sí o el deseo de trascender, o por el contrario el sen- tido del destino colectivo, la sociabilidad, etc.”

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Efecto de la saliencia de la mortalidad en los constructos de empatía disposicional, distancia social y autoestima

Efecto de la saliencia de la mortalidad en los constructos de empatía disposicional, distancia social y autoestima

Esta Teoría de la Gestión del Terror trata de explicar ese mecanismo de control o “buffer” de ansiedad que hace que podamos vivir sin la angustia de pensar todos los días en la posibilidad de una muerte próxima. El mecanismo para controlar los pensamientos de muerte se basa en dos tipos de defensas: las proximales y las distales (Pyszczynski, Greenberg y Solomon, 1999). Las defensas proximales son aquellas que se activan cuando los pensamientos de muerte se encuentran en la conciencia. Estas defensas son de naturaleza racional y consiguen sacar esos pensamientos de la conciencia principalmente a través de la distracción, es decir, fijando la atención en otras cosas y reduciendo la atención focalizada en uno mismo se llega incluso a minimizar la propia vulnerabilidad ante la muerte normalmente con pensamientos sobre nuestro supuesto excelente estado de salud o la tendencia de nuestra familia a la longevidad (Pyszczynski et al., 1999; Arndt, Cock & Routledge, 2004). En este momento gracias a las defensas proximales los pensamientos de muerte, quedan fuera de la conciencia y no nos crearía ansiedad a no ser que aún sean muy accesibles a la conciencia y por tanto se activarían las defensas distales que básicamente tienen la función de asegurar la permanencia de esos pensamientos de muerte alejados de nuestros pensamientos.
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Acerca de Poemas de la muerte, de Lorenzo Higueras Cortés

Acerca de Poemas de la muerte, de Lorenzo Higueras Cortés

Muerte y Poesía. Es bien posible, al fin y al cabo, que hayan entrado de la mano en la vida y en las historias de nuestra especie (hará unos sesenta mil años, tal vez más, cuando las posibilidades de la creación y la conciencia del fin hicieron mella en, y trastocaron profundamente, el sencillo amoldarse animal a la vida); como también es posible que, antes de que apareciesen ellas, Poesía y Muerte, poco o ningún sentido tenga hablar de vidas humanas y menos aún de historias. Los Poemas de la muerte llegan así a nosotros desde un lejano origen.
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NOTAS SOBRE “LA CULTURA DE LA MUERTE”

NOTAS SOBRE “LA CULTURA DE LA MUERTE”

El “hombre universal” de los francmasones y otras cofradías, es una antigua representación gnóstica y cabalística que ‘diviniza’ a “la humanidad”, pero no interpretada como noción genérica universal, sino como un ser único con existencia real. De ese “espíritu” emana la “Virtud” o “Don”. El pretendido evolucionismo cientificista “iluminista” en realidad no sincrético sino sintetizado, junto al antiguo misticismo herético, heredado por los aristócratas románticos a la joven burguesía en ascenso, es sin embargo un culto ritualizado de las ‘religiones comparadas’, la “magia” y otras innumerables técnicas de “control mental”, de sugestión y manipulación de la conciencia, y guarda un lugar privilegiado para las “ciencias” Herméticas, la suprema de las cuales es la “Teurgia”, es decir, las ‘relaciones’ con los “espíritus”.
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Antecedentes internacionales de la Pedagogía de la muerte

Antecedentes internacionales de la Pedagogía de la muerte

Resumen: La muerte es un fenómeno universal y perenne para el ser humano. Pese a ello, la pedagogía de la muerte es un tema tabú en las escuelas. No se ha tomado conciencia de su valor formativo. Las investigaciones y propuestas son aisladas, si bien articulan una base teórico-práctica importante para desarrollar una posible pedagogía de la muerte. En este artículo se presenta una revisión teórica de los antecedentes internacionales de la pedagogía de la muerte. Se han revisado artículos publicados en revistas científicas de impacto, revistas de difusión en educación, tesis doctorales, libros, capítulos de libro, así como conferencias, comunicaciones y ponencias en congresos o jornadas científicas. El propósito es presentar una revisión exhaustiva de interés para investigadores y docentes que abordan el tema de la muerte en la educación. La clasificación de los trabajos analizados se concreta en las siguientes categorías: a) Trabajos realizados en la normalización de la muerte en la educación; y b) Trabajos centrados en la intervención educativa paliativa o posterior a la pérdida significativa. En las conclusiones se reflexiona sobre las líneas de innovación e investigación prioritarias para normalizar la muerte en el ámbito educativo. Entre ellas destaca la posible aportación de la pedagogía de la muerte en la respuesta educativa a los grandes retos de la sociedad actual.
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ACERCA DE LA CONSTITUCIÓN DEL HOMBRE INTERNO Y SU DIVISIÓN

ACERCA DE LA CONSTITUCIÓN DEL HOMBRE INTERNO Y SU DIVISIÓN

Entonces, aun en el caso del materialista, el castigo después de la muerte, consiste en la ausencia de cualquier recompensa y la completa pérdida de la dicha consciente y del reposo. Karma es el hijo del Ego terrenal, el fruto de las acciones del árbol, que es la personalidad objetiva visible a todos y el fruto de todos los pensamientos y los motivos del "Yo" espiritual. Sin embargo, Karma es también la madre tierna que sana las heridas que infligió en la vida previa, antes de empezar a torturar este Ego con otras. Si se puede decir que en la vida de un mortal no hay sufrimiento mental o físico que no sea el fruto y la consecuencia de algún pecado en esta existencia o en la anterior, se puede también decir que, como él no retiene el más mínimo recuerdo de esto en la vida presente y advierte que el castigo impartido es inmerecido, creyendo sinceramente que sufre por algo que no cometió, esto es suficiente para que se otorgue al alma humana el consuelo, el reposo y la dicha más completos en su existencia ultraterrena.
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De “caballeros de la muerte” a la “lucha por la vida”. Los arditi italianos, de la guerra a la militancia antifascista

De “caballeros de la muerte” a la “lucha por la vida”. Los arditi italianos, de la guerra a la militancia antifascista

Efectivamente, cada uno metabolizó el evento a su manera, pero la reali- dad no pudo ser vista a través del mismo cristal de antes, ya que todos, que- riendo o no, quedaron profundamente marcados por los ‘pesares’ y –en algu- nos casos– los ‘placeres’ de la guerra. Este último punto, el del indecible lega- do del placer, está dentro de los objetivos de nuestro discurso central. Incluso puede que esa sensación –seguramente no percibida por todos, ni con la misma intensidad– contribuyera a la agitación en las relaciones sociales y a la necesidad de una representación en clave épica de aquello que era indescrip- tible, incomprensible para quienes no tomaron parte del conflicto. Como obser- va Joanna Bourke, los hombres que han vivido la experiencia de la guerra la han disfrutado en cierto modo. De los placeres ‘comunitaristas’ de la camara- dería al placer ‘individualista’ de ejercer el poder sobre la vida y la muerte de las personas (la guerra como un equivalente masculino del parto), el conflic- to armado ha ‘seducido’ siempre a los hombres (sólo recientemente, también a las mujeres). Al desenlace del evento bélico, aquéllo se volvió en un proble- ma para el excombatiente: más allá de la interrupción de tal flujo de sensa- ciones (compensada por el retorno a la comunidad de origen), “¿Cómo expli- carlo a familiares y amigos? [...] Describir el combate como una experiencia placentera significaba admitir ser una bestia sedienta de sangre: reconocer que el alto el fuego definitivo provocaba la misma angustia que la pérdida de una gran amante no podía inspirar nada más que vergüenza” 19 .
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La luz de la conciencia

La luz de la conciencia

Todas estas capacidades estaban potencialmente presentes, según subraya Leibniz, en la constitución de la mónada primordial, junto con muchas otras posibilidades que aún están por sondear. El propio desarrollo del hombre y su autodescubrimiento forman parte de un proceso universal al que se puede describir como una parte rara, diminuta, pero infinitamente preciosa, del uni- verso, que mediante la invención del lenguaje llega a ser consciente de su propia existencia. Si consideramos debidamente este logro de la conciencia en un ser elemental, reconoceremos que hasta la estrella más enorme vale menos que un enano cretino.
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Visiones de la conciencia fenomenológica

Visiones de la conciencia fenomenológica

Parece totalmente inverosímil suponer que mis experiencias puedan cambiar de un modo (...) significativo mientras les presto una cuidadosa atención, sin que yo pueda advertir el cambio [¿desde dónde si yo estoy en la relación y el cambio?]. Esto sugeriría, nuevamente, una disociación radical entre la conciencia y la cognición. Si este tipo de cosas pudiera ocurrir, entonces la psicología y la fenomenología [como en el caso de los qualia desvanecientes y los qualia danzantes, ausentes o invertidos] estarían radicalmente fuera de sincronía… (p. 342).

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