ECONOMÍA FEMINISTA

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Una visión de la discriminación de género a partir de la economía feminista

Una visión de la discriminación de género a partir de la economía feminista

La economía feminista se considera como el siguiente paso de la economía, ya que es inevitable hacerle cambios a los postulados neoclásicos que se han quedado rezagados en cuanto a la percepción del comportamiento real de las personas; así como lo menciona Corina Rodríguez (2010) al criticar la noción androcéntrica de la economía, donde esta última se ha creado bajo los preceptos universales de que todas las personas son hombres, y que nunca estarán bajo el prejuicio sociocultural del racismo, la xenofobia, la homofobia y el sexismo; los postulados ortodoxos están diseñados bajo ambientes controlables y predecibles, donde el único creador y hacedor de esta es el hombre, pero la realidad no se comporta de esta manera. Y es así como lo manifiesta Amaia Pérez Orozco en la revista venezolana de estudios de la mujer con su artículo Economía del género y economía feminista ¿conciliación o ruptura?; la autora afirma que “(…) la economía ha sido un conocimiento creado por hombres para explicar las experiencias masculinas.” No se ha considerado a la mujer como un sujeto capaz de generar conocimiento y mucho menos que esté regida de derechos políticos y económicos, negándole su actividad como agente económico, ausentándola de la economía y los derechos que van asociados a esta (Pérez Orozco, 2005; p. 45- 46). Y es que de acuerdo con esta autora, el actual sistema socioeconómico se encuentra definido por ser capitalista, heteropatriarcal, estar racialmente estructurado y por ser antropocéntrico. (2014; p. 24).
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Economía feminista y economía del cuidado: Aportes conceptuales para el estudio de la desigualdad,

Economía feminista y economía del cuidado: Aportes conceptuales para el estudio de la desigualdad,

vante en la explicación del funcionamiento de la economía, y de la diferente posición de los varones y las mujeres como agentes económicos y sujetos de las políticas económicas. La economía feminista ha ido construyendo críticas y reflexiones en todos los campos temáticos de la economía, en los tres niveles de análisis: micro, meso y macro, y en relación con las distintas escuelas de pensamiento. Realiza una crítica particular a la teoría neoclásica, hoy para- digma dominante en la disciplina, y denuncia el sesgo androcéntrico de esta mirada, que atribuye al hombre económico (homo economicus) características que considera universales para la especie humana, pero que sin embargo son propias de un ser humano varón, blanco, adulto, heterosexual, sano, de in- gresos medios. La racionalidad del hombre económico, esencial para las deci- siones económicas que toma (como participar en el mercado laboral o no ha- cerlo), no se enfrenta con los condicionantes que impone vivir en un mundo racista, xenófobo, homofóbico y sexista. Por el contrario, cuando se reconoce y visibiliza la relación entre las relaciones sociales (y en este caso particu- lar, las relaciones de género) y la dinámica económica, queda en evidencia el sesgo androcéntrico de la mirada económica convencional, y por ende su incapacidad para explicar apropiadamente el funcionamiento de la realidad y contribuir con relevancia a los debates de políticas públicas.
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Reseña de Carrasco Bengoa (Ed.) (2014). Con voz propia. La economía feminista como apuesta teórica y política

Reseña de Carrasco Bengoa (Ed.) (2014). Con voz propia. La economía feminista como apuesta teórica y política

separación entre naturaleza y cultura, en la que se sustentan las sociedades modernas occidentales. Por esta razón, el diálogo entre la economía feminista y la economía eco- lógica se vuelve vital para equilibrar los procesos económicos y ponerlos en armonía con los recursos naturales y humanos de que disponemos actualmente (Herrero, 2014, p. 222). Herrero analiza los mitos biocidas de las sociedades capitalistas con el objeto de desvelar lo artificial de dichos discursos, se centra así en las ideas generalmente aceptadas de que: la producción puede desvincularse de la vida (Herrero, 2014, p. 226), tierra y trabajo son sustituibles por capital (Herrero, 2014, p. 227), que producir más es siempre mejor (Herrero, 2014, p. 228) y que el trabajo es sólo lo que se hace a cambio de salario (Herrero, 2014, p. 229). Todas estas creencias son fácilmente desmontables desde la confluencia entre economía feminista y ecológica, que propone un “modelo compatible con la biosfera y que trate de dar respuesta a todas las diferentes formas de desigualdad” (Herrero, 2014, p. 230), y esto pasa por un cambio del modo de produc- ción y una reorganización del trabajo que visibilice todos los tipos de trabajo, pero so- bretodo es necesario un cambio en el imaginario social que nos impulse hacia un mo- delo económico sostenible y justo.
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Aportes de la economía feminista a la conceptualización del buen vivir

Aportes de la economía feminista a la conceptualización del buen vivir

La economía Feminista de la ruptura también se reconoce como una corriente de pensamiento critica al sistema económico capitalista sumándole otra categoría como lo es el patriarcado. A diferencia de la economía feminista de la conciliación, la economía Feminista de ruptura considera que no es posible poner en un mismo nivel analítico las dos esferas de lo productivo /reproducción pues al ponerlas a un mismo nivel no se está considerando la diversidad y variación de los trabajos que sustentan y sostienen la vida y que deberían ser el centro de análisis de la economía. (Pérez, 2006, pág. 11) Considerando además de que no todos los hombres ni todas las mujeres son iguales y que a estas últimas se le ha sido delegado estar y mantenerse en la esfera privada del “no trabajo” y el no remunerado que por lo tanto dentro del sistema capitalista que solo considera aquello que produce bienes monetarios, ha sido invalidado y oculto.
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Análisis Económico para la Equidad: los aportes de la Economía Feminista

Análisis Económico para la Equidad: los aportes de la Economía Feminista

Esta mirada androcéntrica, que falla en incorporar las dimensiones de discriminación propias de las relaciones sociales (entre ellas las de género), que permean las relaciones económicas, brinda por tanto una representación irreal del mundo, y por lo tanto irrelevante para cualquier acción de política pública. O peor aún, lo que brinda es una representación equivocada del mundo, que lleva por tanto a sugerir acciones erróneas que pueden incluso profundizar los problemas que trata de resolver. Por ello situamos a la Economía Feminista en el campo de la Economía Heterodoxa. Porque cuando se abordan los problemas de inequidad de género, con los supuestos ortodoxos, no se consigue explicar los fenómenos, sino que por el contrario, lo que se hace es justificar la desigualdad existente, como consecuencia de las características y supuestas racionalidades de las mujeres.
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La economía feminista frente a la racionalidad económica autointeresada

La economía feminista frente a la racionalidad económica autointeresada

Sin embargo, en la actualidad la doble participación de las mujeres ―en el mercado laboral y en el trabajo del hogar― que originalmente se definió como doble trabajo y posteriormente como doble presencia, se ha denominado “doble presencia/ausencia”, para simbolizar el estar y no es- tar en ninguno de los dos lugares y las limitaciones que dicha situación comporta (Izquierdo 1998). Así pues, frente a la visión de la escuela neo- clásica, la propuesta de la economía feminista desvela la nula valoración del trabajo desarrollado en el ámbito doméstico, pasando por alto el hecho de que es una actividad fundamental para la vida (Carrasco, 2014: 29). Y es que la propuesta económica feminista va más allá de la contradicción entre capitalistas y trabajadores, plantea el problema con una visión que integra a las mujeres, y que pone de relieve que la tensión clave del sistema capitalista es “la lógica del capital frente a la lógica de la vida” (Carrasco, 2014: 37); es decir, la economía sin valores y la empresa amoral por encima de la economía holística y la empresa ética. Al mismo tiempo, permite concebir a través de su propuesta política, cómo los sistemas políticos y Estados nacionales, han sentado las infraestructuras permitiendo que la ceguera de género se torne un aspecto central del mismo (Carrasco, 2014) 1 .
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ALTERNATIVAS AL MODELO ACTUAL: DECRECIMIENTO, BUEN VIVIR, SOBERANÍA ALIMENTARIA, ECONOMÍA FEMINISTA, ECONOMÍA SOLIDARIA, SOBERANÍA ENERGÉTICA

ALTERNATIVAS AL MODELO ACTUAL: DECRECIMIENTO, BUEN VIVIR, SOBERANÍA ALIMENTARIA, ECONOMÍA FEMINISTA, ECONOMÍA SOLIDARIA, SOBERANÍA ENERGÉTICA

causas más profundas que dieron lugar a esta situación habría que encontrarlas en la desregulación económica casi absoluta imperante en las últimas dos décadas, privati- zación de sectores públicos estratégicos (comunicaciones, pensiones, energía, ahorro, infraestructuras...) la elevación descontrolada del precio de las materias primas (petró- leo, minerales, gas, alimentación...) en los años que preceden al estallido de la crisis y otros factores como la crisis hipotecaria y la crediticia. Las medidas, principalmente las implantadas en Europa, se concretan en austeridad y recortes drásticos del gasto público que, en gran medida, va a ser trasvasado precisamente al denominado rescate bancario y privatizaciones diversas, haciendo crecer enormemente las deudas de país, en una espiral sin fi n. Los siguientes eslabones de esta cadena vienen dados por la crisis profunda de la economía real y toda la amplia serie de recortes en los derechos laborales que harán empeorar enormemente las condiciones de trabajo, pero correla- tivamente también de vida de más y más sectores de la población con un empobreci- miento acelerado de los mismos.
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ECONOMÍA SOLIDARIA Y ECONOMÍA FEMINISTA: ELEMENTOS PARA UNA AGENDA = EKONOMIA SOLIDARIOA ETA EKONOMIA FEMINISTA: AGENDA BATERAKO ELEMENTUAK

ECONOMÍA SOLIDARIA Y ECONOMÍA FEMINISTA: ELEMENTOS PARA UNA AGENDA = EKONOMIA SOLIDARIOA ETA EKONOMIA FEMINISTA: AGENDA BATERAKO ELEMENTUAK

tos Económicos Solidarios –EES- (SENAES, 2006). En el Mapeo de la Economía Solidaria realizado en 2007 los ESS respondían a seis requisitos: «a) constituir organiza- ciones suprafamiliares permanentes; b) bajo propiedad o control de los socios – trabajadores; c) con empleo ocasional y minoritario de trabajadores no asociados; d) con gestión colectiva de sus actividades y de la asig- nación de resultados; e) con registro legal o informal; f) de naturaleza económica, orientada a la producción, comercialización, servicios, crédito o consumo» (Gaiger, 2007). El Sistema Nacional de Información de la Eco- nomía Solidaria –SIES-, base de datos de la Secretaría Nacional de Economía Solidaria, fue implantado en 2004 y realizó tres rondas nacionales de caracterización de los EES, identificando 33.518 emprendimientos en todo el país, que involucran a 1.423.631 personas asociadas. Los EES son en la mayoría rurales (casi el 55%) y con mayor presencia en la región Nordeste (casi 41%). La mayoría de EES identificados están formalizados (casi 70%), la mayor parte como asociaciones. Entre la población aso- ciada se identificó que el 43,6% son mujeres y el 56,4% hombres (SENAES, 2013).
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TítuloUna crítica desde la economía feminista a la salida austericida de la crisis

TítuloUna crítica desde la economía feminista a la salida austericida de la crisis

Segundo, uno de los cambios más importantes operados en el funcionamiento de los mercados de trabajo en los países occidentales ha sido la terciarización de los mismos. Mientras que los empleos en el sector industrial requerían en muchos casos una inversión muy específica en el puesto de trabajo, no ocurre lo mismo en el sector servicios donde cualificaciones más generalistas son bien valoradas. Esta particularidad de muchas industrias, hacía que muchos empleadores prefirieran un modelo de trabajador estable, identificado con los varones y con las posibilidades reales de los hombres que liberados del cuidado podían tener una vida laboral sin interrupciones. Sin embargo, muchos de los empleos en el sector servicios no requieren esa inversión tan especializada lo que ha beneficiado a las mujeres que a través de la educación han adquirido esas cualificaciones más generalistas y que son menos penalizadas en los mercados de trabajo en caso de abandonos temporales o parciales (Iversen y Rosenbluth, 2010). Obviamente, hay empleos muy especializados y bien remunerados dentro del sector, pero también algunos empleos entre los de peores condiciones y remuneración. En cualquier caso, la desindustrialización de las sociedades occidentales se ha incrementado aún más durante la crisis, agilizando el ritmo de terciarización de la economía.
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LA ECONOMÍA FEMINISTA COMO UN DERECHO

LA ECONOMÍA FEMINISTA COMO UN DERECHO

Quizá donde más se ha avanzado a nivel metodológico ha sido en la medición de los trabajos 16 . El punto de partida, como decíamos, es la firme convicción de que trabajo es mucho más que aquello que se paga. Pero, entonces, ¿cómo medir los trabajos que están fuera del mercado? Aquí la elaboración es inmensa y, por eso mismo, imposible de sintetizar. Mencionemos solo unos pocos apuntes: hay un debate grande sobre la conveniencia de medir los trabajos de fuera del mercado en términos monetarios (decir que el trabajo de cocinar, por ejemplo, vale un X% del PIB) o bien en términos de tiempo (decir que el trabajo de cocinar implica tantas horas de vida). Estas dos opciones no son necesariamente excluyentes 17 , pero sí plantean el debate de dónde poner la prioridad: si en valorar lo de fuera del mercado en términos de mercado o en aplicar otros criterios de valoración. Otra cuestión importante es que para medir y entender los trabajos no remunerados hemos ido usando cada vez más metodologías no cuantitativas, que son bastante ajenas a la economía al uso. Podemos medir el tiempo en horas y minutos, pero ¿qué ocurre con la vivencia subjetiva del tiempo? ¿Cómo captamos la forma en que distintas personas viven o experimentan distintos tiempos? ¿Cómo comprender la intensidad del trabajo, y la gestión mental que supone estar pendiente de lo que hay que hacer, más allá de las horas dedicadas a hacerlo? Una última cuestión a señalar: la medición de los trabajos no remunerados nos lleva a preguntarnos qué es trabajo y qué no: si el criterio ya no es que sea pagado, ¿cuál es el límite para demarcar que, de entre todas las cosas que hacemos en la vida, esta y esta y esta son trabajo, y esa, esa y esa no lo son? De hecho, ¿hasta qué punto la diferencia entre trabajo y vida es aplicable a todos los contextos? Desde la cosmogonía amerindia, afirman que no hay una distinción tajante entre trabajo y vida 18 . Desde la experiencia de las mujeres, por ejemplo, cuidando a una amiga, podemos decir lo mismo: si mi amiga está triste y dedico tiempo a estar con ella y divertirla, ¿estoy trabajando, o estoy disfrutando de mi ocio? La cuestión es que, lo llamemos o no trabajo, eso es muy importante para el bienestar y, por lo tanto, no tenemos que dejarlo fuera solo porque no lo queramos llamar trabajo o porque sea difícil medirlo.
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La economía feminista desde América Latina

La economía feminista desde América Latina

A inicios del siglo XIX el trabajo de las mujeres era muy importante en la agricultura y manu- factura, cuando el espacio de producción no estaba acotado a la esfera pública. La industria- lización modernizadora produjo esta distinción y generó que las mujeres se retraigan hacia el ámbito privado y el trabajo doméstico mientras su ingreso a las fábricas era en calidad de trabajadoras secundarias, en épocas de crisis económica o durante las guerras. Trajo consigo también la profundización de la segregación ocupacional: la inserción ocurrió en las activi- dades afines a las tareas domésticas, en sectores de lento avance tecnológico, en talleres y previa adaptación, a través de visitas acompañando a sus padres y maridos a las fábricas. En la segunda mitad del siglo XIX con el auge del capitalismo industrial, la reducción de la presencia femenina en la fuerza laboral es notoria, al igual que las crecientes brechas de sa- larios: los salarios de los hombres crecen junto al crecimiento de los países y de las industrias, y se naturaliza el salario familiar, vínculo con la asistencia social en el modelo familiar de proveedor/ama de casa occidentalizado que adecua las nociones de progreso y tecnificación a una “economía doméstica eficiente” y funcional al trabajo del jefe de hogar. En América La- tina, la inserción y retracción ocurren en oficios poco calificados y mal remunerados, aunque con menor intensidad de segregación que en el norte; por otro lado, el salario familiar opera parcialmente, debido a las limitaciones de los esquemas de seguridad social y del tipo de industrialización. Se producen barreras a la entrada desde el sindicalismo mayoritariamente masculino, que refuerzan la discriminación y la lucha de las mujeres en el ámbito público. Así, rige un “pacto social”, en el cual se acepta y asume la noción de trabajo como empleo es- table y con seguridad social pensado como un derecho individual. En las últimas décadas del siglo XX los cambios en las necesidades del sistema económico, demográficos, educativos y políticos generan que este pacto se modifique parcialmente con una nueva oleada de partici- pación laboral femenina a partir de los años 60 en Europa y Estados Unidos, y 70s en América Latina. Esta participación no tiene como correlato la reducción de la dedicación al trabajo de cuidado por parte de las nuevas empleadas, y más bien se da paso a modalidades de trabajo que intentan “adecuar” los dos ámbitos del trabajo. Estas modalidades conviven, en el caso de América Latina, con regímenes no regulados en especial en la agricultura de subsistencia, que no ha dejado de ser una actividad clave de las mujeres para la sobrevivencia familiar.
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PASOS EN EL CAMINO: SISTEMATIZACIÓN DE LAS ESCUELAS DE ECONOMÍA FEMINISTA DE EUSKAL HERRIA

PASOS EN EL CAMINO: SISTEMATIZACIÓN DE LAS ESCUELAS DE ECONOMÍA FEMINISTA DE EUSKAL HERRIA

que identificamos algunas de las características que asume la situación vital de las mujeres en lo cotidiano. Al leer frases o preguntas, cada una se posicionaba según estuviera de acuerdo o no. Fue curioso que al es- cuchar a las compañeras, varias modificaron sus opiniones moviéndose de lugar. Entre frase y frase, se abordaron diferentes problemáticas que nos ayudaron a tomar consciencia de cuestiones que no siempre vemos. Nos acercamos a la temática del trabajo, preguntando si tenían trabajo. Aquí se vio que, aunque varias no tienen empleo, todas trabajan y mucho. Entre las empleadas se evidenciaron las brechas de desigualdad, las con- diciones laborales desiguales y que varias se encuentran en condiciones muy precarias, en el marco de la economía sumergida sin contrato ni alta en la seguridad social.
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Las lógicas del cuidado infantil. Entre las familias, el Estado y el mercado (Reseñas)

Las lógicas del cuidado infantil. Entre las familias, el Estado y el mercado (Reseñas)

Desentramar “las lógicas del cuidado in- fantil entre las familias, el estado y el merca- do” es fundamental para quienes se dedican a la investigación en economía feminista, en economía del cuidado, en historia de la fa- milia y en nuevas metodologías para la in- vestigación social. Este libro es un insumo de consulta obligada para la formulación de una política pública que pretenda, al menos para el caso argentino, transformaciones re- lacionadas con el uso de los cuidados como categoría de análisis que atraviesa el tema del género y la clase; la integración del análisis de las instituciones que proveen estos servicios y la forma como se dinamiza los mercados laborales en el sector y los sistemas de empleo en general; el análisis riguroso de las políticas que regulan las contrataciones laborales y la forma en que estás deben reglamentarse para que puedan ser cumplidas por el conjunto de la sociedad. Todas estas cuestiones se en- cuentran relacionadas con la visibilidad de la economía del cuidado y sus inas y necesarias conexiones con los análisis macro y micro económicos de interés nacional.
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Más allá de la reproducción ampliada de la vida. Una interpelación feminista de la economía social solidaria

Más allá de la reproducción ampliada de la vida. Una interpelación feminista de la economía social solidaria

El artículo hace una revisión de las características del movimiento de Economía Social Solidaria (ESS) principalmente en América Latina y en México, des- tacando sus nociones, prácticas, valores y principios, que en el contexto de la ESS se asumen como parte de una racionalidad reproductiva, no instrumental, a favor de la vida y no de la acumulación de capital. Desde la plataforma de la economía feminista, se in- terpela a este movimiento acerca de la ausencia de cuestionamientos teóricos y políticos relativos a las diferencias de género y a la división sexual del tra- bajo, lo que implica el riesgo de reproducir roles de dominación y sumisión, ahora resignificados como solidaridad económica. Se propone utilizar/adaptar la herramienta de Agenjo y Santillán (2012) sobre de- rechos económicos de las mujeres, para comenzar a responder a esta interpelación, avanzando hacia una teoría de la ESS que incorpore la deconstrucción de las categorías androcéntricas de la teoría económica dominante y a partir de allí eleve su potencial teórico, crítico y transformador. Se reconoce que la ESS tiene la oportunidad histórica y la urgencia de elaborar al- ternativas al capitalismo neoliberal, que fundamenten y prioricen la sostenibilidad de la vida que plantea la economía feminista, como un acto de autoconciencia –de mujeres y hombres que se reconocen a sí mis- mos y entre sí en su diferencia y su dignidad- y como una ampliación de la reproducción de la vida que vaya más allá de los criterios económicos convencionales.
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Así, en el marco de la economía feminista se propone buscar alternativas para la sosteni- bilidad de la vida y una de ellas tiene que ver, sin duda, con la búsqueda del bien común y una salida decrecionista, pues -tal y como afir- ma el Grupo de Feminismos Desazkundea (2013)- el trabajo reproductivo y de cuidados de las personas y de la naturaleza siempre será más importante que el trabajo “productivo” remunerado. De esta manera, mientras que la lógica del capital persigue la acumulación y el aumento constante de la productividad, el de- crecimiento busca poner el cuidado de la natu- raleza y de las personas, así como las relaciones de las mismas y con la naturaleza, en el centro de todas las políticas de una sociedad futura. El decrecimiento conlleva también -prosigue el Grupo de Feminismos Desazkundea (2013)-
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SOSTENIBILIDAD DE LA VIDA: APORTACIONES DESDE LA ECONOMÍA SOLIDARIA, FEMINISTA Y ECOLÓGICA = BIZITZAREN IRAUNKORTASUNA: EKONOMIA SOLIDARIO, FEMINISTA ETA EKOLOGIKOAN OINARRITUZ EGINIKO EKARPENAK

SOSTENIBILIDAD DE LA VIDA: APORTACIONES DESDE LA ECONOMÍA SOLIDARIA, FEMINISTA Y ECOLÓGICA = BIZITZAREN IRAUNKORTASUNA: EKONOMIA SOLIDARIO, FEMINISTA ETA EKOLOGIKOAN OINARRITUZ EGINIKO EKARPENAK

El análisis del papel del trabajo doméstico en la reproducción de la fuerza de trabajo, el “descubrimiento” del cuidado y la idea de reproducción social van a permitir a la economía feminista acuñar el concepto de sostenibilidad de la vida. Una nueva perspectiva de análisis que sitúa, por una parte, la reproduc- ción social como aspecto fundamental del sistema socio-económico y, por otra, el trabajo de cuidados como aspecto determinante de la reproducción social y de las condiciones de vida de la población, desplazando el objetivo social des- de la obtención de beneficio al cuidado de la vida; lo cual abre nuevas vías a un posible cambio del paradigma económico y, en el terreno aplicado, a la elabo- ración e implementación de nuevas acciones sociales y políticas económicas. El principio de reproducción social es universal, en el sentido de que remite a un aspecto elemental: si no se dan las condiciones de reproducción, la sociedad no tiene asegurada su continuidad. Condiciones de reproducción que dependen de las posibilidades que la sociedad tenga de reproducir a su población, a los bienes y servicios necesarios para su manutención y a los inputs necesarios para reiniciar continuamente los procesos de producción. En este concepto de repro- ducción se entiende también que se mantiene una relación de ecodependencia respetuosa con la naturaleza que asegura la vida de las generaciones futuras. En definitiva, una sociedad incapaz de reproducir sus propias condiciones de reproducción está condenada –antes o después – a su desaparición. Ahora bien, el segundo principio –poner las condiciones de vida para toda la población como objetivo primero– es ético-ideológico y, en consecuencia, no tiene porqué ser universal. Una sociedad puede asegurar sus condiciones de reproducción man- teniendo fuertes desigualdades entre grupos de población. De hecho, socieda- des esclavistas aseguraron su reproducción basándose en trabajo esclavo. Desde esta perspectiva, el trabajo doméstico y de cuidados se nos presenta como una pieza clave, como sustento básico de los dos principios. Por una par- te, ya vimos el papel determinante que juega en la reproducción de la fuerza de trabajo y, por tanto, en la reproducción del sistema. Y, por otra, no solo hay que mantener a la fuerza de trabajo, sino a toda la población y en condiciones de sitúa al cuidado como elemento central. La economía feminista apela a la
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Subversión feminista de la economía. Aportes para un debate sobre el conflicto capital-vida de Amaia Pérez Orozco

Subversión feminista de la economía. Aportes para un debate sobre el conflicto capital-vida de Amaia Pérez Orozco

“La respuesta política al estallido financiero ha vuelto a imponer la prioridad de los mercados sobre la vida. Sin duda, su sostenimiento sigue estando privatizado, invisibilizado, feminizado. A partir de la discusión sobre la economía feminista, este libro detalla las bases de un sistema injusto e inviable, fundado en la división sexual del trabajo y el expolio del planeta. Su propósito consiste en mirar “más acá” de los mitos del desarrollo (crecimiento ilimitado), la riqueza (acumulación de capital) y el trabajo (limitado al trabajo asalariado) y a la vez dar cuenta de las tareas, redes y sujetos económicos que, material y cotidianamente garantizan que la vida siga adelante. En este momento de transito, en el que el Estado de bienestar se ha escorado hacia los mercados, esta obra muestra la urgencia de discutir, radical y democráticamente, qué vida creemos digna de ser vivida y cómo podemos organizarnos para sostenerla de forma colectiva”.
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TítuloEntrevista a Lourdes Benería

TítuloEntrevista a Lourdes Benería

políticas de austeridad después de la crisis económica de 2008 en los países de renta alta. De ahí la mayor posibilidad de analizar e incidir sobre políticas económicas específicas desde un enfoque de género, por ejemplo en cuestiones de gasto público, política fiscal y sectores económicos afectados por las políticas neoliberales. Quedan siempre áreas por investigar, aunque solo fuera para analizar los cambios y transformaciones que afectan las desigualdades de género y la economía en general. A mi parecer, un área que la economía feminista no ha penetrado suficientemente tiene que ver con la ecología y el medio ambiente. Aunque han habido aportaciones importantes como las de Bina Agarwal, Julie Nelson, Yayo Herrero en España y otras, quedan muchas cuestiones por analizar por explorar como las distintas cuestiones relacionadas con el cambio climático, la agricultura ecológica y la contaminación urbana. Los distintos aspectos de género con los que la economía feminista puede contribuir tienen implicaciones para la acción, la política y el cambio social. Finalmente, las aportaciones de la economista feminista han sido importantes desde la perspectiva de distintos marcos teóricos que abarcan desde la crítica de la teoría ortodoxa hasta la introducción de las dimensiones de género en el de desarrollo humano, y el enfoque de las capacidades hasta el de derechos humanos para analizar el desarrollo y las políticas macroeconómicas.
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Resumen: Desde los aportes de los feminismos del sur, la economía feminista y el ecofeminismo, el objetivo del artículo es comprender la experiencia vivida y agencia de las mujeres del asentamiento Contestado en el estado de Paraná, Brasil, como expresión de resistencia y contestación social frente al agronegocio, reflexionando las maneras en que se articulan las expresiones de economía solidaria, las prácticas agroecológicas y el cuidado de la naturaleza con las experiencias de vida y agencia de las mujeres. La metodología seguida se deriva de la postura etnográfica seguida durante el trabajo de campo apoyada en observaciones registradas en el diario de campo y en entrevistas narrativas. Los resultados muestran que la lucha por la tierra constituye la base sobre la que se tejen las redes de solidaridad y como desde los márgenes y silencios del sistema emergen otras formas de hacer economía, desde prácticas agroecológicas protagonizadas por mujeres; prácticas disidentes que tienen como centro la reproducción social de la vida y una relación amistosa con la naturaleza. Un proceso que re-territorializa el espacio en que viven, en tanto, reinventan trayectorias, resignifican su papel como mujeres y encaran las condiciones discriminatorias de género.
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Bioética feminista

Bioética feminista

tenido poco en cuenta la dimensión social y política de la atención a la salud y de la investigación científica; quizás por eso, las cuestiones de género han sido poco visibles en este campo. En los añas setenta, C.Gilligan argumen- tó en favor de una noción alternativa de moralidad, una voz diferente, alejada de los valores convencionales so- bre lo femenino. Sin embargo, la ética del cuidado y, en general, la ética feminista no fue objeto de demasiada atención por parte de la ética médica ni de la bioética. En los ochenta, la perspectiva de género defendía una visión ampliada del discurso bioético, para incluir la experiencia de las mujeres en el cuidado de la salud, la distribución de los cuidados, la investigación científica y el análisis ético. El artículo considera el proceso que condujo desde la ética del cuidado a una bioética cívica y con perspectiva de género.
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