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Las herramientas nos hicieron humanos  El papel de la tecnología en la evolución biológica y social del género Homo

Las herramientas nos hicieron humanos El papel de la tecnología en la evolución biológica y social del género Homo

Cualquier hipótesis acerca de la encefalización creciente debe tomar en cuenta las necesidades metabólicas. El tejido cerebral consume una cantidad muy grande de oxígeno y glucosa, y lo hace de manera continua al margen de los estados físicos o mentales del individuo. Eso sucede en todos los mamíferos pero, en el ser humano, las necesidades metabólicas del cerebro se disparan. Si la proporción entre el oxígeno consumido por el cerebro respecto del total del cuerpo es del 10% en el macaco (Macaca mulata), en los humanos esa cifra se dobla (Hofman, 1983). A su vez, el córtex humano muestra hasta un 43% más de índice metabólico que el resto del cerebro, es decir, necesita un 43% más de energía en un mismo lapso de tiempo. La existencia de unas altas exigencias metabólicas debe ser tenida en cuenta, pues, cuando la selección natural impone un córtex en expansión. ¿Cómo se consigue resolver ese problema adaptativo? La antropóloga de la Universida de California (Berkeley) Katherine Milton apuntó como única salida para la demanda metabólica del cerebro en el género Homo la de un cambio de dieta hacia nutrientes de mayor rendimiento —carne, en esencia— (Milton, 1988). A su vez, el intestino de los humanos modernos es de menor tamaño cuando se compara con los demás primates. Que un órgano —el cerebro— exija mayor cantidad de nutrientes y otro —el intestino— responda en la filogénesis disminuyendo de tamaño podría parecer extraño. Para Milton (1988), eso se explica porque el aparato digestivo humano está especializado en la ingesta carnívora, con un intestino delgado de tamaño relativo mayor frente al largo colon de los simios. El intestino, junto con la dentición, indican para Milton (1988) la dieta de alta calidad de los humanos.

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Historia y realidad del género ‘Homo’

Historia y realidad del género ‘Homo’

Aun así, al incluir esta diversidad de fósiles ya esta- mos empezando a forzar los límites de lo que debería ser un género morfológicamente coherente; y si ampliamos el grupo erectus/ergaster para abarcar los sorprenden- tes hallazgos de homínidos de Dmanisi (Lordkipanidze et al., 2013), observamos un género Homo al que se ha forzado para acomodar una variedad poco convin- cente de tamaños cerebrales y morfologías craneales. Lo mismo ocurre incluso de forma aún más clara con «Homo» floresiensis de Indonesia –de una antigüedad inferior a los 100.000 años (Sutikna et al., 2016)– y con «Homo» naledi de Rising Star (Sudáfrica), que ahora creemos que data de hace entre 335.000 y 236.000 años (Dirks et al., 2017). Es más, incluso después de excluir del género Homo a los homínidos de Dmanisi, Flores y Rising Star, seguimos teniendo el conjunto de fósiles africanos de hace 1,6 millones de años o más, restos que en las últimas décadas se han atribuido a Homo habilis, a H. rudolfensis o simplemente a H. sapiens. Leakey et al. (2001) asig- naron a rudolfensis a su nuevo género Kenyanthropus, mientras que Collard y Wood (2015) exclu- yeron (con buen juicio) todas estas formas de Homo. No obstante, un abrumador consenso sigue atribuyendo todos esos fósiles africanos antiguos a nuestro género.

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Humanos, demasiado humanos

Humanos, demasiado humanos

Así las cosas, es lógico preguntarse por qué los homínidos del género Homo anteriores a nuestra especie deben demostrar un comportamiento moderno para no ser considerados proto-humanos. La respuesta parece sencilla. Seguimos enten- diendo el proceso de humanización únicamente cómo el desarrollo de la inteli- gencia. No podemos obviar que el proyecto histórico-cultural de la Modernidad, con sus formas más robustas consagradas al primado de la razón iluminista (Sán- chez Yustos, 2009b), es el marco dónde se suscita el interés científico de la evo- lución humana. Precisamente, según el racionalismo cartesiano, la actividad racional nos aleja de la animalidad (pienso, luego no soy un animal) y, de esta forma, nos induce a considerarnos “la especie elegida”. Está claro que nos cuesta aceptar que somos una simple casualidad biológica y que –a nuestro pesar– la evolución no tiene propósito.

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REVISTA DE ARQUEOLOGÍA · ISSN 1134-0320

REVISTA DE ARQUEOLOGÍA · ISSN 1134-0320

como, por ejemplo, la existencia de dos especies parecidas de Homo en el mismo periodo de tiempo en Koobi Fora, Homo habilis y Homo rudolfensis. La idea sería pues ver a Homo habilis como el taxón que da inicio al género Homo y ver a K. rudolfensis como un homínido desarrollado de forma separada adoptando como homoplasia el tamaño craneal grande. Desde nuestro punto de vista la cuestión se antoja compleja. K. platyops y Homo rudolfensis están separados en el tiempo por un espacio de 1 m.a. y en semejante periodo de tiempo pudieron ocurrir muchas cosas desde un punto de vista evolutivo, máxime cuando se está hablando de procesos anagenéticos en márgenes de menos de 0·5 m.a. como en el caso A. anamensis - A. afarensis. Por otro lado, K. platyops se está desarrollando en un periodo de tiempo caracterizado por unas condiciones ecológicas particulares con entornos variados que implica la existencia de configuraciones físicas particulares. Desconocemos datos sobre el esqueleto poscraneal de los kenyantropos algo que nos impide valorar de forma más coherente sus hábitos de conducta y comportamiento. Carecemos de datos que nos hablen de soluciones adaptativas particulares pues no sabemos si eran homínidos más adaptados a un entorno abierto o más cerrado (los entornos en los que aparece y el tamaño de la dentición poscanina indican medios forestales pero ello no implica una radical vinculación de estos homínidos al bosque) y los datos ofrecidos por M. Leakey y colaboradores (2001) ya hemos dicho que refieren diferencias con los australopitecos, pero también semejanzas. Consideramos una buena postura, de momento y a la espera de más hallazgos que avalen tal propuesta, seguir viendo a Homo rudolfensis como miembro del género Homo y a los Kenyantropos como tales. La semejanza facial no justifica una estrecha relación filogenética puesto que lo mismo que se argumenta homoplasia para el desa- rrollo de cráneos grandes en Homo rudolfensis, también se puede proponer

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La evolución del género ‘Homo’

La evolución del género ‘Homo’

Más allá de los hallazgos en el este de África, la idea de un origen sudafricano de nuestro género volvió a sal- tar a la palestra con el descubrimiento de una nueva espe- cie de Australopithecus, A. sediba, en la cueva de Malapa en Sudáfrica. Se trata de dos esqueletos parciales perte- necientes a una mujer joven de unos veinte años y a un adolescente de unos doce. El elemento más significativo es un cráneo en excelente estado de conservación que revela un Australopithecus próximo a Australopithecus africanus pero con caracteres más derivados. Aparte de que poseía un cerebro algo mayor que el de su prede- cesor, la cara muestra algunos rasgos que lo aproximan a los primeros representantes de nuestro género, como Homo habilis (por ejemplo, la forma de la cavidad nasal y los pómulos). Para su descubridor, Lee Berger, de la Universidad de Witwatersrand (Sudáfrica), Australopi­ thecus sediba constituye el perfecto eslabón intermedio entre Australopithecus africanus y los primeros repre- sentantes del género Homo. El problema, sin embargo, reside en que los restos de Australopithecus sediba están fechados en unos 1,8 millones de años y son, por tanto, muy posteriores a la eclosión de nuestro género, que data de más de 2,5 millones de años. Se debe a este mismo equipo el reconocimiento de una nueva especie arcaica del género Homo, H. naledi, en Dinaledi Chamber, una cavidad de muy difícil acceso también en Sudáfrica. Sin embargo, la ausencia de un adecuado contexto geológico y paleontológico cuestiona la posible relevancia de este hallazgo en relación con el origen de nuestro género.

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02_Evolución humana.pdf

02_Evolución humana.pdf

Los restos más antiguos que con certeza pertenecen a esta especie, datan de hace unos 1,8 millones de años y su nombre, "hombre hábil", se debe a que se le adjudica cierto manejo en la elaboración de útiles de piedra. Se cree que convivió con los diferentes tipos de Australopithecus y que fue precisamente la presión ejercida por el género Homo lo que hizo desaparecer a los australopithecinos. Sin embargo, a pesar de la aparente superioridad tecnológica del Homo habilis sobre sus antecesores, las diferencias anatómicas eran relativamente escasas, aunque poseían un cerebro ligeramente más grande que los homínidos anteriores.

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Estudios teóricos de la luminiscencia de complejos de renio(I) tricarbonilo con ligandos amidino

Estudios teóricos de la luminiscencia de complejos de renio(I) tricarbonilo con ligandos amidino

En este caso ocurre algo similar a lo estudiado con los complejos catiónicos de apartados anteriores, la sustitución del ligando auxiliar bromo por un acetonitrilo hace que la composición del HOMO varíe y pase a ser de 33% Re, 15% CO y hasta un 51% de orbitales de la nucleobase, mientras que el LUMO sigue estando formado principalmente por orbitales de la nucleobase (94%). Por lo tanto, para el compuesto 9 desprotonado se pierde buena parte del carácter de transferencia de carga de la transición, como ocurría con los complejos catiónicos.

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Hispaniam ludens

Hispaniam ludens

What if our society were just a game? This project presents a critical view of the Spanish’s society and economy. In order to find what would happen, the statement “they are playing with us” has been taken literally. We first make a subsection in the word “game” and we define it in Johan Huizinga words from his book Homo Ludens. Through Secuencial Art and Graphic Design we will search for a parallelism between “seriousness” and “amusement” with the purpose of answering the previous question: what if all was actually a game? If the money spent was only paper and winning or losing did not have consequences at all? Downplaying some aspect of the harsh reality, like wasteful economic practices, policy or journalism. For those who want to burst the bubble of the game and see the reality, a Quick Response Code system has been added (QR), encrypted for you to check the “seriousness” within the “amusement”.

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El hombre y los límites de la técnica. El dominio de  Homo faber  sobre  Homo sapiens

El hombre y los límites de la técnica. El dominio de Homo faber sobre Homo sapiens

El Homo habilis comenzó a construir herramientas hace unos dos millo- nes y medio de años. Lo más antiguo que hemos encontrado es una ligera lasca de no más de veinticinco centímetros de largo, afilada y dentada, de posible uso polivalente: atacar, desgarrar, arma defensiva, cazar. Este es el verdadero salto cualitativo del Homo habilis, la frontera con el resto de los animales. En todos los lugares donde se han hallado restos de Homo habilis, o erectus y, por supuesto, sapiens aparece esa frontera: creación de herramientas en complejidad creciente, es decir, lo que entendemos como habilidad técnica o simplemente técnica. El pájaro rompehuesos puede utilizar una piedra para romper los huesos o tirarlos desde las alturas, pero no es capaz de utilizar la piedra para defenderse o para adornarse, ni de modificar la piedra para algún otro fin.

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La odisea del siglo XXI: el rescate de la familia

La odisea del siglo XXI: el rescate de la familia

Examinada desde otro ángulo, también resulta que, a la postre, la creen- cia de que la familia es un lastre para el progreso, ha causado graves estra- gos para el género humano. Es el prejuicio que ha llevado a las grandes dictaduras (ideológicas, políticas, de modas o de precios) a propugnar un mal disimulado menosprecio por la institución familiar. Es el prejuicio que hallamos en la base de todos los regímenes abierta o veladamente totalitarios. En la ex Unión Soviética, por ejemplo, la revista Pravda llegó a declarar: El hombre ha descubierto un nuevo parentesco que no es el de la fami- lia, ni del hogar, ni de la sopita humeante. [Un parentesco] con la máquina a la que ha aprendido a amar, y con la máquina, al trabajo, a la revolución. Fue así como se excluyó a la familia de toda función educativa porque: No puede haber colaboración entre hogar y escuela: con la nada no se puede colaborar; la familia no tiene nada que ver en este asunto pues, habiendo perdido [los padres] su aptitud educadora por su impotencia radical, no deben sino felicitar al Estado por ejercer sobre sus hijos una providencia que sabe satisfacer todas sus necesi- dades 23 . Así se obligó a los padres a renunciar a su derecho a educar a sus

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Yuval Noah. Harari: "Homo Deus. Una breve historia del mañana",

Yuval Noah. Harari: "Homo Deus. Una breve historia del mañana",

El inicio de la lectura de “Homo Deus” es un tanto desalentador, pues parece ser una mera prolongación de “Homo Sapiens”, que incluso reitera lo ya presentado en esta última obra, como, por ejemplo, la capacidad humana para trabajar coordinadamente y superar retos que no se podrían afrontar por los individuos de forma aislada, o la habilidad para crear y compartir abstracciones y símbolos como las corporaciones, el dinero, el Estado o las diversas religiones. Sin embargo, a medida que se avanza en la lectura de “Homo Deus”, las brumas van desapareciendo y los nuevos argumentos de Harari atrayendo nuestra atención.

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Homo Eros, Homo status : mentalidades colectivas presentes en la revista Soho

Homo Eros, Homo status : mentalidades colectivas presentes en la revista Soho

Un jugador, un deportista, impostado en la marca que lo representa y a la vez usado como medio publicitario, se ha convertido en un producto más de consumo. El deportista, encarnación helénica de valores altruistas, se sustituye a finales del siglo XX por un valor de marca: el homo-producto. Su físico, su talento, pasan de ser valores deportivos a poseer matices sicosexuales y dramáticos. El deportista se hace deseable más allá de la cancha. La entonces marca Cristiano Ronaldo define cifras que hacen innegable el efecto mediático de un deportista resignificado por la imagen publicitaria: tan sólo en el 2008 este deportista se ubicó en cuarto puesto según la revista France Football de los mejor pagos con 19.5 millones de Euros al año por conceptos publicitarios, por debajo de David Beckham (31 millones), Ronaldinho (24,1 millones) y Leonel Messi (23 millones). Su rostro ha sido elegido por una gran cantidad de marcas a nivel local e internacional (por ejemplo, el Banco Espíritu Santo), así como la marca país para promocionarse en el extranjero. Nike lo tiene como patrocinador oficial y ha desarrollado sus pautas más arriesgadas (presentada arriba), a lo largo de todo el metro de Madrid.

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Homo ludens  (Fragmentos)

Homo ludens (Fragmentos)

Esta incursión acerca del valor que los griegos atri­ buían a la música puede hacernos ver claro cómo el pensamiento, al tratar de determinar la naturaleza y la función de la música, roza continuamente el cam­ po del puro concepto de juego. El género esencial de toda actividad musical es el juego. Aun en los casos en que no se dice expresamente, se reconoce este he­ cho primario. Ya sea que la música alegre y divierta a los oyentes, ya sea que exprese una alta belleza o ten­ ga una sagrada finalidad litúrgica, siempre sigue sien­ do juego. Precisamente en el culto se halla a menudo íntimamente enlazada con esa otra función altamen­ te lúdica que es la danza. La distinción y descripción de la peculiaridad de la música son, en períodos cul­ turales más antiguos, ingenuas y deficientes. El en­ canto que produce la música sagrada se expresa con una comparación con los coros angélicos, con el tema de las esferas celestes, etc. Fuera de su función reli­ giosa, la música se estima, principalmente, como un pasatiempo noble y como una habilidad artística ad­ mirable o simplemente como alegre diversión. Sólo muy tarde se llega a su apreciación como vivencia artística personal y emotiva, por lo menos, sólo muy tarde se encuentran las palabras adecuadas.

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‘Homo sapiens’: ¿quiénes somos?

‘Homo sapiens’: ¿quiénes somos?

La evolución de los métodos de secuenciación final- mente ha permitido comprobar que algunas poblaciones de Homo neanderthalensis se cruzaron con humanos anatómicamente modernos y que en la actualidad los pobladores eurasiáticos tenemos un pequeño porcentaje de genes de los neandertales. Por su parte, también en Oceanía los humanos actuales de la región retienen un pequeño polo genético arcaico, pero en este caso corres- ponde a genes de los denisovanos, una población ances- tral descubierta en una cueva de Siberia y descrita úni- camente mediante análisis genético (Krause et al., 2010). Una vez conocido parte del genoma de estas especies y su historia genética, hay que plantear que probable- mente solo se trata de especies paleontológicas y no de especies biológicas. En el sentido estricto de la palabra, se trataría de variabilidad biológica. Por tanto, ni tan siquiera en este terreno los humanos anatómicamente modernos seríamos específicamente diferentes. No solo tenemos antecesores comunes con otras especies sino que, además, nos hemos hibridado con especies paleon- tológicas que han convivido con nosotros durante los 200.000 años de nuestra evolución. Ahora en nuestro planeta solo existen Homo sapiens, pero eso solo ocurre desde hace unos 30.000 años. Aun así, como hemos di- cho, somos probablemente una síntesis filogenética.

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Homo Iconicus

Homo Iconicus

Uno de los últimos escenarios del homo iconicus se sitúa en el ámbito de las nue- vas tecnologías. Este escenario termina- rá por adjetivar al homo iconicus con una nueva especificidad: informaticus. El últi- mo acto empero que contemplo es un homo icónicus digitalis, pleno de identi- dad, inteligencia y voluntad. Hay que entender la digitalidad de este último homo iconicus como una propiedad más de la talidad icónica del hombre. Dicho de otro modo la digitalidad o la virtuali- dad, una exquisita variedad cualitativa, del homo iconicus no son elementos materiales o formales externos a la cons- titución del homo icónicus, sino propie- dades específicas de su capacidad ope- rativa para transformar el mundo y actuar

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Generación de luz blanca mediante oleds hibridos fabricados con puntos cuanticos y polimeros electroluminicentes

Generación de luz blanca mediante oleds hibridos fabricados con puntos cuanticos y polimeros electroluminicentes

Todos sobre un sustrato de vidrio con el ánodo (ITO) predepositado. El ITO (Indium tin Oxide) es el óxido conductor más utilizado debido a dos características: su conductividad eléctrica y su transparencia óptica, además de que se puede depositar como capa delgada, además de que promueve la inyección de huecos al nivel HOMO de la capa orgánica. Se eligió PEDOT:PSS como HTL porque es el mas popular y mejor para PLEDs debido a que su nivel HOMO está entre los niveles HOMO del ITO y HOMO de los polímeros electroluminiscentes más utilizados, reduciendo las barreras energéticas para la inyección de electrones, por lo que funciona como un escalón para que los huecos lleguen con mayor eficiencia a la zona de recombinación. Como capa emisora se propusieron 2 polímeros con emisión en la banda azul: Poly(9,9-di-n-octylfluorenyl-2,7-diyl) (PFO) y Poly[(9,9- dioctylfluorenyl-2,7-diyl)-alt-(4,4'-(N-(4-butylphenyl (TFB) combinados con puntos cuánticos emisores en la banda verde-amarilla. Se ha reportado al poly [9, 9-bis (6'- (diethanolamino) hexyl)-fluorene] (PFN) como excelente ETL para PLEDs [17], sin embargo no hay referencias hasta ahora de ser utilizado en alguna configuración de HyLEDs, es por eso que se escogió para demostrar que es posible utilizar PFN en HyLEDs. Como EIL se propuso al Cs 2 CO 3 ya que aparte de ayudar a la inyección de

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THE HUMAN STORY

THE HUMAN STORY

¿Qué significa ser humano? O, lo que es lo mismo, ¿qué significa ser Homo sapiens? No existe un único punto en el que se produzca la transición. H. sapiens es una especie variable con una larga historia. Pero desde el punto de vista de los humanos modernos en términos anatómicos, tenemos un origen reciente. Los humanos evolucionamos en África. El primer cráneo procede de Etiopia y tiene entre 150.000 y 200.000 años, un poco más tarde se encuentran en otros lugares de África.

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Carlos Prieto: En dos tesituras

Carlos Prieto: En dos tesituras

Hace seis millones de años ya existían los antepa- sados comunes de los homínidos y de los simios. El australopiteco, un hombre mono del sur, surge hace alrededor de cuatro millones de años, y así van surgien- do el homo habilis, el homo erectus, el homo sapiens ar- caico, todos en África, hasta que en el centro de África, probablemente hace ciento treinta o ciento cincuenta mil años, aparece el homo sapiens sapiens, del cual des- cendemos todos. De ahí empezó a emigrar, hace cien mil años, cuando la población mundial era quizá de cincuenta mil o sesenta mil personas; migró hacia el Medio Oriente, Asia y Oceanía. Poco después pobló Europa occidental y oriental y, por último, conquistó el continente americano, el más lejano. Estimo —y en este tema no hay posible prueba, pero muchos emi- nentes lingüistas así lo afirman— que el habla surge simultáneamente con la aparición del homo sapiens. Esa facultad fue lo que le permitió sobrevivir en todos los ambientes y, eventualmente, conquistar la Tierra.

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Giovanni Sartori Homo Videns La sociedad Teledirigida

Giovanni Sartori Homo Videns La sociedad Teledirigida

Una tercera respuesta es que palabra e imagen no se contraponen. Entender mediante conceptos y entender a través de la vista se combinan en una “suma positiva”, reforzándose o al menos integrándose uno en el otro. Así pues, la tesis es que el hombre que lee y el hombre que ve, la cultura escrita y la cultura audio-visual, dan lugar a una síntesis armoniosa (…) Si en un futuro existiera una televisión que explicara mejor (mucho mejor), entonces el discurso sobre una integración positiva entre homo sapiens y homo videns se podrá reanudar.

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TítuloHomo ludens : nuevas respuestas arquitectónicas a escala doméstica en la sociedad del bienestar

TítuloHomo ludens : nuevas respuestas arquitectónicas a escala doméstica en la sociedad del bienestar

Estudiando la historia de la arquitectura vemos que la aparición de nuevas corrientes en las manifestaciones artísticas y arquitectónicas se encuentran habitualmente precedidas de grandes cambios en la población. No hay más que levantar la vista para observar que el mundo en el que vivimos es muy diferente al de hace 30-40 años. El habitante de esta nueva realidad es, como aparece en el título del trabajo, el homo ludens, un ser que tiene en su mano la tecnología y que goza de su tiempo libre, un ser para el que no existen distancias. Nuestras necesidades e inquietudes han cambiado. La tecnología de la comunicación se ha apoderado de nuestro entorno inmediato modificando nuestra forma de percibir el mundo. No podemos imaginar nuestro día a día sin móvil, sin internet, sin GPS o sin redes sociales... Al igual que el vehículo revolucionó la forma de desplazarse y reestructuró la planta de las ciudades en las que hoy por hoy crecemos, la tecnología de la comunicación ha transformado nuestra forma de relacionarnos con lo que nuestro entorno inmediato debe adaptarse a esas nuevas relaciones.

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