Guerra de los Treinta Años

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El inicio de la guerra de los Treinta Años en la publicística española: La Defenestración de Praga y la Batalla de la Montaña Blanca

El inicio de la guerra de los Treinta Años en la publicística española: La Defenestración de Praga y la Batalla de la Montaña Blanca

característica. Al menos así lo percibieron todos los publicistas e histo- riadores españoles desde una perspectiva católica: tanto por su origen, como por su desarrollo la guerra de los Treinta Años fue causada por la semilla del protestantismo y floreció, por tanto, como una lucha, al menos en estos primeros años, contra la heterodoxia, husita, luterana o calvinista, tanto por su expansión y proselitismo, como por sus ataques a los católicos y por sus reivindicaciones políticas. Ahora bien, si para los autores españoles la intencionalidad confesional de su lucha estaba fue- ra de toda duda, negaron, en una aparente contradicción, la inspiración religiosa de los rebeldes y sus aliados, sostenidos más por la ambición política y por el deseo de poner fin a la hegemonía austríaca que por la sinceridad de sus creencias. Otra cosa es, como advierte Wilson, que estos objetivos generales de defensa de la fe pudieran entrar en contra- dicción con objetivos inmediatos, para lo cual establece la interesante distinción entre «moderados» y «militantes», entre quienes vieron la guerra como una guerra santa y los que fueron más pragmáticos e, in- cluso, conciliadores. En el caso español habría que profundizar más allá de las tradicionales e interesantes disquisiciones teóricas entre tacitistas y eticistas hasta descender al ámbito de lo concreto y atender el carácter proteico de sus opiniones. Además sería de gran interés comprobar si, como en otras partes de Europa, el contenido confesional de los pan- fletos en el inicio de la guerra derivaría hacia textos de afirmación de identidad nacional 131 .
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1.- ¿Qué tipo de conflicto es el de la Guerra de los Treinta Años? - Guerra de los Treinta Años

1.- ¿Qué tipo de conflicto es el de la Guerra de los Treinta Años? - Guerra de los Treinta Años

Se conoce como Paz de Westfalia o Tratado de Westfalia a un conjunto de tratados relacionados entre sí por el hecho de que supusieron el fin de la Guerra de los Treinta Años, reconociendo la independencia de las Provincias Unidas de los Países Bajos y de la Confederación Suiza. Entre todos los estados implicados en la guerra -(Francia, España, Provincias Unidas (Países Bajos), Sacro Imperio Romano Germánico, Suecia y Dinamarca) - hubo largas conversaciones diplomáticas y numerosos acuerdos parciales, que tuvieron lugar simultáneamente con las campañas bélicas. De hecho, el curso de las negociaciones se veía frecuentemente alterado según el éxito o fracaso de las batallas. El Sacro Imperio Romano Germánico, Francia y Suecia eligieron Münster y Osnabrück, dos ciudades imperiales entre Francia y Suecia, para celebrar conversaciones de paz que comenzaron en 1643. En Münster se reunió el Sacro Imperio con Francia (católicos) y en Osnabrück con Suecia (protestantes), actuando como mediadores el embajador de Venecia y el nuncio papal. Hubo una fuerte polémica entre el Emperador y los estados imperiales acerca de si éstos también deberían sentarse a negociar. Francia y Suecia les invitaron unilateralmente, y por último el emperador cedió y también aceptó su presencia en las negociaciones. En 1645, España y las Provincias Unidas enviaron delegados a Münster.
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El discurso histórico quevediano y el inicio de la Guerra de los Treinta Años: "Mundo caduco y desvaríos de la edad"

El discurso histórico quevediano y el inicio de la Guerra de los Treinta Años: "Mundo caduco y desvaríos de la edad"

Los dos textos históricos más interesantes de Quevedo tienen que ver con los últimos años del reinado de Felipe III y los primeros del de Felipe IV: Mundo caduco y desvaríos de la edad y Grandes anales de quince días. En ambos sigue el precepto iniciado por Tucídides de escribir sobre hechos contemporáneos al autor: en el primero de ellos narra los acontecimientos que iniciaron la Guerra de los Treinta Años; en el segundo, los sucesos acaecidos en la Corte en los últimos años de Felipe III y los primeros de su sucesor Felipe IV. Por lo tanto, Quevedo ha sido testigo de muchos de los acontecimientos que describe: fue secretario de Osuna de 1613 a 1619, por lo que vivió en Italia durante los años en que se produjeron los enfrentamientos entre el duque y Venecia; vivió en la Corte o cerca de ella en el momento en que se produjo el traspaso de poderes de Felipe III / Uceda a Felipe IV / Olivares. Esta cercanía a los hechos y a algunos de los principales protagonistas hace dudar de la imparcialidad de su relato, aunque hace profesión de él en el prólogo de Grandes anales, donde afirma contundentemente:
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1988-2018: treinta años de transición

1988-2018: treinta años de transición

Para la política, una transición pacífica de la dictadura a la democracia no es un problema puramente judicial. Es un asunto donde la política debe predominar pues ella debe arbitrar entre objetivos variados, a veces antagónicos, y que una sociedad debe plantearse. Por supuesto, uno de ellos es lograr el mayor grado de justicia respecto a pasados abusos. Pero ese, con ser fundamental, no es el único. Está, también, la estabilidad política, el poner fin a una guerra –militar o ideológica–, crear un clima que haga posible el desarrollo económico y el progreso social. Lograr un reencuentro entre posiciones irreconciliables. Sentar a la misma mesa de negociaciones a líderes y grupos que muchas veces en el pasado recurrieron a métodos violentos para impulsar sus ideales o proyectos. Desarmar los grupos armados, las bandas o, al menos, los espíritus. Esa no es una tarea que resuelva una sentencia judicial. Es una tarea noble de la política y también la más incomprendida, que es intentar reestablecer un país posible, donde haya un lugar para amigos y enemigos. Una tarea que es ingrata pues significa aceptar la justicia, pero limitarla “a lo posible”, construir una convivencia política al precio de tolerar lo que hasta ayer no tolerábamos; ofrecer a la gente sencilla, que no son los líderes sino la carne de cañón de las grandes luchas sectarias, un país donde puedan vivir en paz.
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De Milán a Flandes: Juan Fernández de Velasco y Domingo de Toral en la defensa de la Monarquía (1590 1640)

De Milán a Flandes: Juan Fernández de Velasco y Domingo de Toral en la defensa de la Monarquía (1590 1640)

Durante los siglos XVI y XVII, la Monarquía Hispánica ostentó la hegemonía mundial, gobernando un vasto imperio integrado por la agregación de diversos reinos y territorios, unidos bajo la autoridad de un mismo monarca. Para mantener su primacía debería sin embargo superar los problemas que el espacio y el tiempo impuso en las condiciones de su tiempo, desarrollando a tales efectos un cuerpo diplomático y un aparato burocrático. Los numerosos conflictos en los que participaría, como la Guerra de los Ochenta Años o la Guerra de los Treinta Años, obligaría a la Corona Católica a sostener un poderoso ejército que defendiera su vasto legado patrimonial, empleando para ello unos soldados que como Juan Fernández de Velasco, Condestable de Castilla y gobernador del Milanesado, o Domingo de Toral, capitán de infantería, pondrían a prueba el nuevo modelo militar establecido por el primero en unas guerras cuya naturaleza había cambiado profundamente. Este TFM analiza dicho proceso a partir de la Vida elaborada por Fermín López de Mendizorroz y la Relación escrita por el propio capitán, utilizando para ello bibliografía especializada, fuentes archivísticas y escritos de autores contemporáneos.
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La desaceleración de la economía, ya venía en su claro rumbo. El déficit fiscal de los últimos treinta años de la economía estadounidense, ha sido otro de los signos de esta crisis; la recuperación lenta de Estados Unidos luego del ataque a las Torres Gemelas el 11 de setiembre 2001, fue otro de los detonantes; la invasión desde el 2003 hasta el 2010 en Irak y el mundo árabe y la Guerra del Golfo Pérsico, son algunos de estos factores. En ese contexto, los candidatos a la presidencia, tanto de los republicanos como de los demócratas, se lanzan responsabilidades por acciones y por omisiones. Paralelamente, el repunte de la economía japonesa por un largo período de más de treinta años luego de la II Guerra Mundial, y luego la desaceleración a mitad de la década de los años noventa, así como el liderazgo del Sudeste Asiático, la participación creciente de los llamados “Tigres Asiáticos”, y el relanzamiento de la economía china a la globalización, en mucho explican el repliegue de la economía de Estados Unidos.
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Roberto Arlt en los años treinta

Roberto Arlt en los años treinta

sobre las “Máscaras en el colegio de Eton”, augura y denuncia los desastres (morales, materiales, humanos) de una futura guerra. Los dos textos se focalizan, por lo demás, en los niños y el dramatismo de lo expresado resulta más cruento. En este caso, se parte de un hecho que se refiere sin detalles: “en un país, —no importa dónde [...]— el gobierno se ha propuesto” un plan de estudios cuyo preámbulo “gira constantemente en torno a la militarización infantil”. Enseguida la crónica relata lo que imagina un posible lector que, como Arlt, “deja abandonado el diario” ante esta noticia y “rueda en un torbellino gris”. A partir de una división maniquea entre buenos y malos, una alteración de los órdenes de belleza y verdad, y una simplificación hacia lo concreto que también puede leerse en la sintaxis reiterativa de lo expresado, el texto narra cómo un maestro entrena a los niños “de ojos entornados, sin malicia” para despertar su espíritu guerrero: “Les explica qué hermosa es la guerra. Cuán hermosa es la guerra. Qué placer encuentra en ella un hombre que con una granada en la mano le arranca medio cuerpo a otro hombre. Es lo mismo que descuartizar vivo a un pajarito”. Y en la crónica se añade: “¿Y los aeroplanos? Nada hay más bonito que un aeroplano. [...] Los aeroplanos llevan también bombas, bombas grandes. Las bombas son como racimos de uvas. Las bombas se tiran sobre ciudades que están llenas de niños malos y malas mujeres y malos viejos y malos padres. Los niños buenos, en los aeroplanos tiran bombas sobre las ciudades y destruyen a los niños malos”. 65
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La gran depresión de los años treinta

La gran depresión de los años treinta

El detonante del crack fue el desplome de la bolsa de Nueva York el 24 de octubre de 1929, denominado “jueves negro”. Todos los especuladores quedaron arruinados, perdiendo en unos días lo que habían ganado en años. Pero fue en el “martes negro” (29 de octubre) el día en el que la bolsa de Wall Street se derrumbó con mayor fuerza. La mayor parte de la sociedad estadounidense consideraba la bolsa como una fuente rápida para ganar dinero, ya que pensaban que podrían retirarse del mercado cuando el beneficio fuera máximo. El mecanismo de actuación se basaba en la concesión de préstamos, que los ciudadanos utilizaban para especular, sin tener opciones de liquidez y sin tener una autoridad monetaria que los interviniera, dada la ideología ultraliberal que regía la economía.
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La educación en los últimos treinta años

La educación en los últimos treinta años

De acuerdo con Múgica: “quedaron claramente expresadas a través de las conclusiones las siguientes propuestas aprobadas por unanimidad: el reconocimiento y afianzamiento de nuestra identidad histórica nacional de raíz cristiana”, una “visión integral de la persona humana desde el momento mismo de la concepción”, la escolaridad obligatoria “de 10 a 11 años como mínimo” y el reconocimiento de las sociedades intermedias para crear y promover servicios educativos. En suma, “ésta podría considerarse como una de las convocatorias más significativas de la Iglesia en los últimos tiempos” y el “momento más significativo del siglo para la educación” (Consudec, N° 829, 1998).
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Treinta y seis años con adolescentes

Treinta y seis años con adolescentes

Nada de eso lo pensaba obviamente a los veinticuatro años. Pero ahí está la base de lo que pienso y hago aún, sin preocuparme de si está o no de moda. Entonces- tiempo de sueños, tiempo de pensar que lo justo es históricamente necesario- sí que percibo que la institución está momificada, que educar es enseñar a obedecer, cortar alas. Lo comparto con mis compañeros y compañeras “de izquierdas”. Se traduce en actos, en desacatos, algunos excesivos, desorientados. En huelgas, manifestaciones, sentadas, con poco peso del miedo y la perplejidad que ahora nos sobran. Pero situamos entonces el problema en el discurso y menos en los contenidos y en la manera de concebir la sociedad del aula. En las clases hablamos de política, pero las matemáticas, la física y la lengua son indiscutibles. Creo que es el empezar a dudar de eso el factor decisivo de mi evolución como enseñante.
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El humanista sevillano Juan de Robles (1575-1649) participó acti- vamente en la controversia de 1628 sobre el patronato de santa Teresa defendiendo la postura oficialista y las tesis mayoritarias de la Iglesia hispalense, que sostuvo la preservación del patronato exclusivo del apóstol Santiago. En su tratado de retórica titulado El culto sevillano (1631), incluyó la Carta en defensa del único Patronato de nuestro glo- riosísimo Apostol al Licenciado Rodrigo Caro, único testimonio conocido hasta hoy de su intervención en la polémica. En el presente trabajo se da a conocer otro testimonio de esta Carta, un impreso en folio y anó- nimo, sin fecha ni nombre de impresor; obra de la que se tenía noticia de su existencia, pero tradicionalmente considerada como perdida. El texto fue redactado e impreso en 1628, poco después del Memorial santiaguista de Quevedo, esto es, en plena efervescencia de la guerra desatada por los carmelitas. Las dos versiones de la Carta, la impresa en 1628 y la incluida en el Culto, contienen numerosas variantes sig- nificativas. Se estudia el contexto que generó las dos redacciones y se apuntan las razones que pudieron motivar tales cambios de una versión a otra, y editamos de forma sinóptica, en dos columnas, ambos textos con el fin de que el lector pueda constatar esos cambios sin esfuerzo. Igualmente, se analiza la autoría de la Censura contra don Francisco de Morovelli… (contenida en el ms. bne 4065), opúsculo que defendía a Quevedo del ataque del sevillano Morovelli, atribuido en ocasiones al propio Quevedo. También se pone en cuestión la atribución a Juan de Robles de la referida censura. La edición del texto de la carta de Robles y el análisis de otros impresos relacionados aportan nuevos enfoques sobre la participación de Juan de Robles en la defensa del patronato de Santiago y de los escritos de Quevedo sobre el mismo tema.
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Entre “Colometas” y milicianas, la Barcelona de los años treinta

Entre “Colometas” y milicianas, la Barcelona de los años treinta

Desde la primera página de La Plaza del Diamante, novela de Mercè Rodoreda publicada en 1962, Natalia, el personaje narrador que se expresa por medio de un intenso flujo de conciencia, va sacando de su “caja china” una serie de objetos y sensaciones: cafeteras blancas, cordeles dorados, enaguas almidonadas, vestido blanco, todo mezclado a los dedos que le dolían de tanto apretar los cordeles dorados, la desgana de ir a bailar, la incapacidad de decir que no cuando alguien le pedía algo. El primer recuerdo de Natalia tiene nombre, se llama Julieta, la amiga que la “arrastra” al baile en la Plaza del Diamante, en el cual conocerá a Quimet, chico con quien se casará y tendrá dos hijos. De los pequeños y aparentemente insignificantes gestos, objetos y hábitos, a los grandes acontecimientos sociales y políticos, la novela de Rodoreda nos ofrece una inmersión en la percepción que tiene Natalia de su mundo, en su proceso de madurez y en las transformaciones de la Barcelona de los años 1930. Las dos figuras femeninas, Natalia y Julieta, nos remiten, por su vez, a las distintas imágenes de la mujer construidas durante la revolución en Cataluña y la Guerra Civil Española. En su libro Barcelona’s vocation of modernity 1 , Joan Ramon Resina afirma que,
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Pelai Pagès i Blanch

Pelai Pagès i Blanch

Cuando empezó a aparecer con toda su amplitud la magnitud de la repre- sión, sin embargo, enseguida quedó clara la tensión existente entre dos memo- rias, una predominante y otra minoritaria. Para la primera, «la República es un período tan bien intencionado como nefasto que conducía inevitablemente a la guerra civil; ésta —según la falacia de que en que las guerras civiles no hay ni vencedores ni vencidos— sería una tragedia de la que todos fueron responsables y todos víctimas; la dictadura representaría el inevitable sacrificio que la sociedad española tuvo que sufrir para superar aquella situación: fue dura pero no había otro remedio, parecen sugerirnos; y finalmente, la transición vendría a coronar todo el proceso con el retorno a la monarquía parlamentaria». Sin embargo, la memoria minoritaria se inicia con la reivindicación del período republicano: «la República representa el último referente democrático de que disponemos; el 18 de julio, un brutal golpe militar dirigido a hacer tábula rasa de la democracia en su sentido más amplio; la guerra, el procedimiento ele- gido para extender el golpe a todo el país; la posguerra, el reinado absoluto del terror fascista; la dictadura, el imperio de los grupos privilegiados: la Iglesia, la banca y el Ejército; y la transición, la última y más delicada de las reformas afrontadas (voluntaria o involuntariamente) por el franquismo: su adaptación política —dentro de un orden— a una situación económica y social que ya exigía un cambio».
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Conversación con Günter Grass

Conversación con Günter Grass

Su pesimismo parece haberse acentuado en los últimos años. Los hombres de mi generación creímos que en 1945 habíamos tocado fondo. A los 17 años conocí la muer- te y supe que era un sobreviviente por casualidad. Mi situación era mucho más difícil de la que puede tener un joven de ahora, vivíamos entre escombros, sin comi - da, pero al mismo tiempo había una sensación renova- dora: podíamos empezar de nuevo. La divisa era “no es posible caer más abajo”. Con el tiempo esta esperanza se fue disolviendo. El 68 fue el último año en que pare- ció posible cambiar las cosas. Ahora la catástrofe se ha vuelto tan compleja que desafía las nociones canónicas de “esperanza” y “desesperación”.
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Narrar y escuchar Malvinas . 30 años de posguerra

Narrar y escuchar Malvinas . 30 años de posguerra

Las Primeras Jornadas de Narración Oral. Abril de 2003 Las Primeras Jornadas de Narración Oral llevadas a cabo en abril de 2003 tuvieron como eje la vinculación de la narra- ción oral con la identidad y la cultura, y en su marco, la rela- ción entre narratividad e historia oral, particularizando en la Guerra de Malvinas y en los relatos orales de los ex comba- tientes, protagonistas de los hechos. Se formularon las invita- ciones a participar, entre otros, a miembros integrantes de la mencionada Cátedra Libre Malvinas, Comunicación y Nación (FPyCS-UNLP), al Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, a miembros del Centro Ex Combatientes Islas Malvinas de La Plata (CECIM - La Plata) y al Archivo Histórico Pro- vincial, dependiente por entonces de la Dirección General de Cultura y Educación de la provincia de Buenos Aires, como así también a actores sociales provenientes de distintos ámbitos de la ciudadanía, quienes, ejerciendo su protagonismo, ingresaron sus propios saberes a las aulas de la facultad, en medio de una actividad de relexión grupal de la que surgieron conclusiones generales posibilitantes de una construcción prospectiva. Los expositores profundizaron en la importancia y valor de las his- torias orales como testimonio y documento, como fuente histó- rica aún no reconocida académicamente en su completa dimen- sión. A ello se sumaron los relatos de la experiencia de vida que impuso la guerra, todo lo cual motivó un clima de intercambio dialógico entre hablantes y escuchas activos que resultó con- movedor, respetuoso, sólido, contundente. La intervención de los ex combatientes conirmó que las narraciones de los hechos no se silencian o desaparecen a voluntad, sino que establecen sus propios circuitos de circulación. Años antes o después, y suicidios mediante, el silenciamiento alienante debe/puede ser superado, y resulta apropiado y pertinente que el ámbito uni- versitario afronte la deuda simbólica pendiente con la sociedad y con los ex combatientes y sus familias, consistente en producir conocimiento cientíico a partir de la circulación de los relatos de los protagonistas.
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