Liberalismo de la época

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La derrota del liberalismo _ Nexos.pdf

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productivo. La economía de guerra requería que sectores estratégicos fueran nacionalizados, como los ferrocarriles, las minas, etcétera. La idea de un mercado que operaba libremente fue sepultada como una quimera negada por las exigencias de la guerra. Así, “los principios clásicos que habían guiado a los poderes públicos en la época liberal se mostraron inviables durante ese periodo excepcional”. Como señala Del Rey, “la Guerra Mundial afirmó en la opinión pública el doble principio de que la economía debía ajustarse a algún tipo de planificación y de que el libre juego del mercado resultaba incapaz de neutralizar las desigualdades sociales. Bajo tales supuestos, ni la economía, ni las relaciones entre los distintos poderes, ni las relaciones

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EL LIBERALISMO CATÓLICO EN LA PRENSA MEXICANA DE LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XIX (1833-1857)

EL LIBERALISMO CATÓLICO EN LA PRENSA MEXICANA DE LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XIX (1833-1857)

Desde 1839, los escritores de El Zurriago evidenciaron esta preocupación y re- currieron al diálogo entre un repartidor y un periodista –recurso muy utilizado en la época para facilitar la comprensión de temas complejos– con la idea de defender la postura a la que nos referimos. Así, cuando el repartidor comen- ta las preocupaciones que tienen fray Pedro y el señor doctor Pablo sobre la orientación del periódico, el periodista, quien representa la voz colectiva de la publicación, contesta: “Diga usted a esos reverendos señores que no tengan cuidado ninguno; que El Zurriago no será impío ni antirreligioso, ni nada de lo que temen porque gracias al cielo como que soy periodista, todavía me queda algo de juicio [...]” 26 .

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Liberalismo y socialismo

Liberalismo y socialismo

Recordemos además que todas las sociedades se han organizado según una desigualdad que se puede dis- tinguir de la diversidad real. Esta distinción la aclara muy bien Rousseau: “la igualdad que la naturaleza ha estableci- do entre los hombres y la desigualdad que ellos han insti- tuido” (Rousseau, 1972: 8). Esta última es una relación de poder entre grupos, una desigualdad social o convencional porque la establecen las sociedades, de acuerdo a códigos culturales y políticos. La diversidad real y la desigualdad social no siempre corresponden, tal es el caso de las clases sociales en países étnicamente homogéneos, aunque esta homogeneidad sea siempre relativa. También es lo que ocurre en la época moderna, es decir, en la época de los Es- tados nacionales, cuando puede haber países menos pode- rosos cuyo componente étnico sea más o menos el mismo de otros más poderosos.

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LEER Y DESCARGAR: “LA GRAN TRANSFORMACIÓN. Critica del Liberalismo Económico” de Karl Polanyi en pdf

LEER Y DESCARGAR: “LA GRAN TRANSFORMACIÓN. Critica del Liberalismo Económico” de Karl Polanyi en pdf

La división del trabajo, fenómeno tan antiguo como la sociedad, proviene de las diferencias relativas a los sexos, a la geografía y a las capacidades individuales; y la pretendida tendencia del hombre al trueque y al intercambio es casi completamente apócrifa. La historia y la etnografía han mostrado la existencia de distintos tipos de economías que, en su mayor parte, cuentan con la institución de los mercados; sin embargo, ni la historia ni la etnografía han tenido conocimiento de ninguna otra economía anterior a la nuestra que, incluso aproximativamente, estuviese dirigida y regulada por los mercados. El esbozo de la historia de los sistemas económicos y de los mercados, sobre la que nos detendremos por separado, tratará de probar de forma más concluyente esta afirmación. Como veremos, el papel jugado por los mercados en la economía interior de los diferentes países ha sido, hasta una época reciente, insignificante: el cambio radical que representa el paso a una economía dominada por el mercado se percibirá mejor sobre este trasfondo. Para comenzar, debemos desprendernos de ciertos prejuicios del siglo XIX que subyacen a la hipótesis de Adam Smith relativos a la pretendida predilección del hombre primitivo por las actividades lucrativas. Como su axioma servía mucho más para predecir el futuro inmediato que para explicar un lejano pasado, sus discípulos se vieron sumidos en una extraña actitud en relación a los comienzos de la historia humana. A primera vista, los datos disponibles parecían indicar más bien que la psicología del hombre primitivo, lejos de ser capitalista, era, de hecho, comunista (más tarde hubo que reconocer que se trataba también de un error). El resultado fue que los especialistas de la historia económica mostraron una tendencia a limitar su preocupación por este período para pasar a considerar la etapa relativamente reciente de la historia, en la que se podía encontrar el trueque y el intercambio a una escala considerable –de este modo la economía primitiva quedó relegada a la prehistoria–. Este modo de presentar las cosas indujo a inclinar inconscientemente la balanza en favor de una psicología de mercado, pues resultaba posible creer que, en el espacio relativamente breve de algunos siglos pasados, todo había concurrido a crear lo que al fin fue creado: un sistema de mercado. Fue así como otras tendencias no fueron tenidas en cuenta y quedaron anuladas. Para corregir esta perspectiva unilateral habría sido preciso acoplar la historia económica y la antropología social, pero ha existido un rechazo contumaz hacia un enfoque de este tipo.

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SOBERANÍA Y LIBERTAD
BALANCES Y DIAGNÓSTICOS DE MARIANO DE VEDIA Y MITRE
SOBRE EL LIBERALISMO (ARGENTINA, 1920-1950)

SOBERANÍA Y LIBERTAD BALANCES Y DIAGNÓSTICOS DE MARIANO DE VEDIA Y MITRE SOBRE EL LIBERALISMO (ARGENTINA, 1920-1950)

En relación con esto, es sugerente su lectura del liberalismo doctrinario francés, cuya huella puede advertirse en sus interpretaciones de Rousseau. De autores como Royer Collard, Cousin o Guizot destacó su carácter pionero en la crítica a la soberanía del pueblo, en tanto noción ilimitada y política. Por eso, frente a ella trazaron formu- laciones de la soberanía que no hacían a un agente humano su titular, como la ley (en Royer Collard, “el fundador de la filosofía de la Carta de 1814”, para quien “la elabora- ción de la ley no pertenece a nadie en particular”) o la razón (en Guizot). Aun cuando manifestó reparos frente a la potencialidad política de estas ideas (sobre todo de la soberanía de la razón), es de destacar que De Vedia no vio en los doctrinarios un recha- zo a la soberanía, sino a su carácter “ilimitado”, subrayando que para estos autores la soberanía “existía” (De Vedia y Mitre 1946, t. X, pp. 69-81, 131-155; 1952a, t. II, pp. 25-43). 11 Aun así, a su juicio integraban el “liberalismo individualista”, rótulo con el que de- finió el pensamiento liberal de la primera mitad del siglo xix, al que nutrían también autores como Smith, Tocqueville, Mill o Spencer. Desde su punto de vista, esta versión del liberalismo era improductiva para afrontar los dilemas que se habían sucedido en Occidente desde la segunda mitad del ochocientos, que se proyectaban sobre su pre- sente y que justamente habían provocado una “crisis del individualismo” (como eligió definir su época y tituló toda una sección de su Historia de las ideas: 1946, t. X, pp. 273-358). Aquellos autores “abogaban por la limitación de las intervenciones del Estado en la vida de los ciudadanos. Pero esas soluciones demasiado sencillas basadas en la confianza del esfuerzo individual no respondían a la complejidad de los hechos” (De Vedia y Mitre 1946, t. X, pp. 277-278). 12

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Liberalismo y prácticas pedagógicas

Liberalismo y prácticas pedagógicas

de la educación, bajo la cual se echa a andar el panoptismo para vigilar y actuar mediante la educación, como dispositivo que formará a una ciudadanía de notables. Para la formación de la población como masa homogénea, normal y educada en los más notables valores, fue fundamental la constitución de una escuela que asumiera como principio de organización, la racionalidad libe- ral, con la cual se promovieron prácticas y saberes que hasta hoy se expresan. El liberalismo educativo se instaura en Venezuela desde sus inicios repu- blicanos, con este se crean los cimientos del sistema que forma desde enton- ces a la ciudadanía. Si bien, desde las dos últimas décadas se ha transitado una ruta orientada a transformar ontológica, filosófica y epistémicamente la educación, las concepciones liberales aún se expresan como parte de esas herencias instruccionistas de más de doscientos años. En la realidad se evi- dencia la persistencia de prácticas (que se hacen pedagógicas, en la medida que es el maestro quien las favorece), que erigen la escuela como espacio ce- rrado y totalizador de saberes que muchas veces no se articulan o responden a las demandas de la cotidianidad. De igual forma, se observa la regulación artificial de la vida social, mediante el tiempo como mecanismo de control.

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El liberalismo teórico y práctico.

El liberalismo teórico y práctico.

Este tiempo ha llegado; y los que militan bajo las banderas de la Verdad revelada, hijos fieles de la Igle­ sia de Jesucristo, tienen obligación de combatir, por to­ dos los medios que la Divina Providencia haya puesto á sus alcances, el error y la mentira que difunden por toda el haz de la tierra, con pavorosa rapidez, los obce­ cados propagandistas de principios impíos destructores de las sociedades ; porque la indiferencia <5 abstención en la guerra que hace el infierno á la Iglesia Católica, depositaría de esa Verdad revelada, equivale á una a - postasía ó, por lo menos, á una aprobación tácita de aquellos principios subversivos del orden social y reli­ gioso. Reconociendo esta obligación de todo católico hemos escrito para el pueblo, para los trabajadores pa­ dres de familia, y para los que no conozcan la historia del liberalismo en sus diferentes denominaciones y ma­ tices las pocas páginas que siguen, ya que nuestros es­ casos medios no nos han permitido darles mayor ex­ tensión. Y por ser escritas para el'pueb lo hemos em­ pleado el lenguaje más sencillo y claro, y elegido los trozos de historia más comprensibles. Sabemos muy bien que los eruditos, los literatos y las personas instrui­ das no honrarán este pobre escrito con la lectura de una sola d esús páginas; pero nos consideraremos felices y bien recompensados, si D ios acepta el sacrificio que le hacemos de este trabajo, infinitamente de m enor valor que el óbolo de la viuda de que habla el Evangelio.

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El liberalismo mexicano hoy

El liberalismo mexicano hoy

Pocas teorías políticas h ab rán tenido m ás penas de adaptación, m enos “paz y contentam iento del alm a” p o r verse cum plidas que las del liberalism o en tierras m exicanas. O rigen es destino, dice Freud, y el origen del liberalism o m exicano es el de un trasplante en seco a tierras poco propicias, m al abonadas p o r la historia p a ra el florecim iento de la semilla liberal, tierras largam ente colonizadas, en realidad, p o r ro­ bustos árboles de la cepa contraria. Los principios del liberalismo, com o los del federalism o norteam erica­ no, eran cosa ex trañ a en M éxico. Lo nuestro era el régim en m onárquico, el pactism o m edieval con su ca­ d en a de fueros y corporaciones, la unidad de la Iglesia y el Estado, y la negociación hacia arriba. Todo iba a la C o ro n a en busca de concesiones y m ercedes y todo venía de la C orona, igual que hace unas décadas todo iba y venía del presidente, y ah o ra todo va y viene del gobernador.

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Liberalismo, neoliberalismo y postneoliberalismo.

Liberalismo, neoliberalismo y postneoliberalismo.

Como un sistema hegemónico en las naciones del mundo, el capitalismo destruye las formas de organización social y económica diferenciadas que se oponen a su dinámica, para imponer una forma única de organización social y de la producción. Pero el liberalismo encierra grandes sorpresas porque con la libertad de industria y de comercio y con el crecimiento acelerado del maquinismo industrial, se fue desarrollando el espíritu de lucro, y con él la acumulación del capital en unas cuantas manos. El liberalismo se convierte al paso del tiempo, hasta llegar a nuestros días, en un sistema crecientemente opresivo bajo la forma del capitalismo legitimado por el liberalismo económico que justifica mecanismos que despojan los trabajadores de sus medios de producción y a cuyos nuevos dueños entregan sus energías materiales e intelectuales a cambio de un salario siempre inferior al valor real de la mercancía generada.

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El liberalismo, la cristiandad y la historia de los prejuicios

El liberalismo, la cristiandad y la historia de los prejuicios

Tanto Hobbes, Locke, Rousseau, Voltaire, Kant, Herder, etc. son pensadores formados bajo el credo moral cristiano, en ellos la estructura de los principios del crucificado funcionan en forma de prejuicio. Todo el pensamiento europeo moderno del cual brota la teorización en torno al liberalismo está configurado sobre las enseñanzas de los sacerdotes, de las Iglesias cristianas, de los jesuitas o de los doctores formados bajo el credo de Jesús. Por eso el pensamiento moderno lleva en su núcleo prejuicial el principio de la compasión, de la misericordia y de la igualdad universal. Al igual que en Maquiavelo ninguno de los modernos puede poner en duda el decálogo de Moisés, ese decálogo es parte de lo que no puede ser juzgado. Por un lado Kant da vuelta el tablero gnoseológico pero nunca duda del bien y el mal en sentido cristiano; por otro Hobbes, Locke y Rousseau teorizan sobre la nueva política liberal e igualitaria, pero tampoco intentan criticar la moralidad heredada. Pero lo particular en aquellos planteos es que esos principios de compasión y misericordia comenzaron a moverse hacia las hebras que sostienen el mundo político.

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Liberalismo y Globalización, un análisis de la decadencia

Liberalismo y Globalización, un análisis de la decadencia

democracia de los «modernos», contrapuesta a la de los «antiguos» que se había presentado como defensora de los intereses nacionales y no de los intereses de los grupos de poder, pero que se ha visto tornada, en relación a los grupos de poder antes mencionados, en la defensora de los intereses de una minoría relacionada, en la mayoría de los casos, con intereses económicos. Otra de las promesas incumplidas del liberalismo versa sobre los poderes oligárquicos, que habían sido repudiados por el propio liberalismo en sus primeros estadios pero que han sido sustituidos por las élites políticas, grupos fuertemente establecidos en el panorama político que compiten por los votos de los ciudadanos. El cuarto punto que destaca Bobbio es la democratización social y política, que se ha limitado a ciertos segmentos del sistema del que quedan excluidos, por ejemplo, los aparatos administrativos y las empresas, en los cuales los individuos ven limitada su influencia. En quinto lugar el autor italiano critica la falta de transparencia en el ejercicio del poder, los ciudadanos no pueden controlar ni conocer la gestión de sus gobernantes, pero sin embargo ha aumentado la capacidad de control de las fuerzas de poder político sobre la masa social. Finalmente, en sexto lugar, Bobbio señala que el liberalismo no se ha preocupado por la educación política de los ciudadanos, que propiciaría la conciencia y la participación de los individuos en la vida política, por el contrario, y unido al punto anterior, los ciudadanos desconocen en gran medida las actuaciones de sus gobernantes, la gestión que hacen del poder y desconocen también el papel que pueden jugar en el marco político.

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Schmitt: crítica al liberalismo y crisis de legitimidad

Schmitt: crítica al liberalismo y crisis de legitimidad

Lo cierto es que Schmitt, a pesar de señalar con claridad la insuficiencia del liberalismo para reconocer la dimensión del poder por una excesiva confianza en la conformación de consensos racionales desprovistos de cualquier acuerdo fundamental sobre valores que lo legitimen, realiza un planteo de la indiferenciación hacia adentro de la organización política que lleva necesariamente a una propuesta autoritaria. Esto es inevitable cuando no se piensa en la necesidad de integrar lo diferente, cuando se lo deja fuera del orden y de la política. La indiferenciación de Schmitt, además de desconocer la importancia y creatividad de lo heterogéneo y plural en los procesos de formación de la voluntad colectiva, olvida también la ineludible presencia de lo conflictivo al interior de tales procesos. Esto es, se hace difícil pensar un orden donde el conflicto no existe porque ‘todos quieren lo mismo’, ya que en los procesos sociales el conflicto es una realidad inevitable. Unidad y diferencia están presentes en su pensamiento, pero de una manera tal que la unidad necesariamente conduce al sometimiento al entendérsela como indiferenciada, al no valorizar ningún espacio para lo heterogéneo que necesariamente resulta de una verdadera y no definitivamente preconstituida soberanía popular. La definición del sentido del orden demanda definiciones y diferenciaciones respecto a otros sentidos posibles, por ejemplo definiciones respecto a cuán justo ese orden pretende ser, a cuál es el concepto de justicia que prima en el mismo, a cómo se concibe su legitimidad, definiciones que requieren de acuerdos que indudablemente van más allá de lo procedimental. Pero aun estando definido este horizonte colectivo, la dialéctica misma de los procesos sociales lleva a nuevas definiciones y reformulaciones producto de una expresión popular no amordazada y que pretenda autodeterminarse.

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La transformación porfirista del país bajo el estandarte del positivismo comteano

La transformación porfirista del país bajo el estandarte del positivismo comteano

Estudió Derecho, pero como se encontraba en la época en la que se perfilaba a los estudiantes a Derecho Canónico; al no parecerle este estudio, se decidió por el estudio de la Química en el Colegio de Minería y después en el de Ciencias Médicas. Luego continuó sus estudios en París en el año de 1848, en donde recibió la influencia del Dr. Pedro Contreras Elizalde, quien lo introdujo en el estudio de la Filosofía Positivista de Augusto Comte. Con esta influencia, Barreda regresó a su país cargado de experiencia comteana y de los seis tomos del Curso de Filosofía Positiva.

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El "liberalismo dialéctico" de Hegel:
Hacia la "Aufhebung" del liberalismo clásico

El "liberalismo dialéctico" de Hegel: Hacia la "Aufhebung" del liberalismo clásico

Bobbio señala que la obra de Hegel es, con respecto al iusnaturalismo modeno, a la vez, “disolución” y “cumplimiento” (1967, 55). Disolución porque Hegel rechaza las categorías fundamentales con las que había trabajado el iunsaturalismo. Y cumplimiento por, según Bobbio, la filosofía política de Hegel, a pesar de sus diferencias con el iusnaturalismo, persigue la misma meta que éste sólo que a través de otros instrumentos. No obstante, y aunque Bobbio está en lo correcto, según lo que hemos visto, aquí sugerimos que la obra de Hegel representa, en realidad, algo más que sólo “disolución” y “cumplimiento”. Y ello por cuanto Hegel pretende resolver los problemas políticos y jurídicos introduciendo una nueva modalidad de razón, que le era completamente desconocida al método del iunsaturalismo. En efecto, la razón de Hegel, no es la razón geométrica de Hobbes o Spinoza, ni la razón apriorística de Grocio o de Kant. Tampoco es una razón empírico-inductiva como la de Locke. Es, más bien, una razón dialéctica, que aborda los problemas no a partir de la simplificación, de la deducción o de la abstracción sino a partir de los movimientos contradictorios que los rigen. Ese “giro dialéctico” de Hegel constituye una forma de aproximación radicalmente novedosa para el iusnaturalismo. De suerte que, además de “disolución” y “cumplimiento”, lo que tenemos es una virtual “transfiguración” del método iusnaturalista. Esa “transfiguración” metodológica de Hegel implicó que el autor cuestionara buena parte de las premisas, así como de las conclusiones, a las que tanto el iusnaturalismo como el liberalismo, en la medida en que se enanca sobre el primero, había arribado por medio de una razón esencialmente compositiva y resolutiva. Detrás de la “transfiguración” emprendida por Hegel, yace la voluntad de lograr la «Aufhebung» del liberalismo.

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El liberalismo se va

El liberalismo se va

El liberalismo se va. Esto quiere decir que la idea que envuelve el liberalismo principia a desnudarse de las efímeras y ridículas galas con que se ataviaba para engañar a los incautos. Todas estas galas pueden compendiarse en el pres- tigio de la palabra libertad. El liberalismo no quiere ni puede dar la libertad. Sobre todo, el liberalismo está visto que no puede fijarle límites a la libertad, pues empieza por quitarlos, y como la libertad sin limitaciones no es libertad verdadera, no es la libertad que aman las almas buenas, claro se ve también que liberalismo y libertad son incompa- tibles. Por tanto los pueblos, avezados por el liberalismo a salvar los linderos que limitan y forman la libertad, no quieren un liberalismo bastardo que pretende poner limi- taciones donde antes las quitara. El liberalismo tiene que transformarse si no quiere ser devorado por la corriente que él mismo desenfrenó.

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Del Liberalismo Político Clásico al Liberalismo Social: aproximación desde la perspectiva de género

Del Liberalismo Político Clásico al Liberalismo Social: aproximación desde la perspectiva de género

El presente artículo resume un trabajo de investigación fin de máster que se propuso estudiar y analizar algunos conceptos del liberalismo político clásico y del liberalismo social en relación con las mujeres. La investigación intentó responder a la pregunta: ¿en qué medida el surgimiento del liberalismo político clásico y el liberalismo social han contribuido para superar el discurso de género que pesa sobre las mujeres? Por lo cual, empezamos por estudiar el surgimiento del liberalismo político clásico como preámbulo histórico del liberalismo social y lo que ambos sostienen respecto a la denominada «naturaleza» social y política de las mujeres. Para realizar eso, repasamos las principales teorías y conceptos aportados desde el feminismo: Lagarde, Fraser, Wollstonecraft, etcétera., y utilizamos como marco de referencia a algunos teóricos liberales, como: E. Kant, J. J. Rousseau, G. Simmel y T. Hobhouse. La metodología utilizada fue de tipo cualitativa descriptiva: bibliográfica, lectura científica y fichas técnicas, y como estrategia de análisis utilizamos la perspectiva de género. En el estudio obtuvimos resultados que demuestran que las mujeres, en el discurso escrito liberal, siguen siendo consideradas sujetas sociales y políticas de segunda categoría. Para lo que, el feminismo ha aportado algunos conceptos de avanzada que superan la capacidad conceptual y operativa del anterior y actual liberalismo. El concepto de mujeres sujetas plenas de derechos sociales y políticos sigue siendo una tarea pendiente.

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El liberalismo político en John Rawls

El liberalismo político en John Rawls

Aunque es cierto que Rawls mantiene, en el liberalismo político, el contenido esen- cial de la teoría de la justicia como imparcialidad, sus últimas revisiones responden a una sensibilidad diferente. Su preocupación principal ya no es elaborar, sobre bases contractualistas, una teoría de la justicia social concebida como alternativa al utilita- rismo, sino hacer los ajustes necesarios para presentarla como respuesta al pro- blema político y social más grave de las sociedades democráticas de las dos o tres últimas décadas: la convivencia ordenada y justa de una pluralidad de formas de vida y de doctrinas filosóficas, religiosas y morales en el seno de una misma socie- dad. Este fenómeno del pluralismo, cuya vivencia es más intensa en la sociedad norteamericana, es el nuevo reto que se plantea el autor de la teoría de la justicia como imparcialidad. Las revisiones son sólo las necesarias para responder a este reto y en realidad sólo afectan al modo de presentación de la teoría, pero la insis- tencia de Rawls sobre el carácter político de su propuesta, supone la ocultación o el disimulo de su fundamento teorico-moral. Esta circunstancia explica que algunos, como Vallespín 239 , vean en el liberalismo político una teoría de mínimos, y otros, como Giusti 240 consideren que la capacidad de producir un consenso entrecruzado no se debe al carácter político de la propuesta sino a un “consenso previo” que remi- te a la cultura pública de una sociedad democrática.

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