Modernidad y humanismo

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Modernidad y postmodernidad entre el humanismo histórico y la razón escéptica

Modernidad y postmodernidad entre el humanismo histórico y la razón escéptica

Cuando reflexionamos sobre la manera en que ha emergido ese transmundo neo-modernista, definiéndose como un pensamiento postmetafísico, advertimos enseguida que en el fondo del asunto se está presumiendo la cancelación del orden de la racionalidad occidental. Pero como esta emergencia ha sucedido al interior de las profundas crisis de la propia modernidad, entonces, podríamos entenderlo como un simple proceso de reversión. La postmodernidad será esa otra cara de la misma moneda desde la cual se hace posible, y se completa, la propia imagen del modernismo burgués. Pareciera que sin la una no hubiese podido nacer, emerger, la otra; ésta es su continuidad. No ha habido salto, momento, dialéctico de superación, negación y síntesis. La postmodernidad no representa revolución, ruptura, escisión-, es tan sólo otro estar de vuelta al camino, de lo mismo, en lo mismo, por lo mismo, y sin lo cual lo mismo no podría repetirse a sí mismo en su infinitud. Es la “otra” visión de este único y sólo mundo, plenado cada vez más de soledades existenciales, en una mirada de reojo, celestinesca y afrodisíaca. Viviendo un mundo político sin praxis social, donde la acción humana está devaluada de su contenido sustantivo, haciéndose posible un despliegue del ser sin el deber-ser. ¿Es posible realizarnos en un mundo de tal inversión y fragmentación?
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Mecánica terrestre: humanismo y modernidad en la primera poesía de Carmen Conde (1929-1939)

Mecánica terrestre: humanismo y modernidad en la primera poesía de Carmen Conde (1929-1939)

Carmen Conde se concentra en el ámbito de la infancia: por sus páginas desfi lan los compañeros de juegos en Cartagena y Melilla («Niños» y «Niñas moras»), los sueños que habitan en el trasmundo inconsciente («Insomnios»), los animales domésticos ligados a la peripecia vital de la autora («Animales»), las fl ores desprevenidas ante su caducidad («Rosas») y los aires que arrastran la violencia de las fuerzas naturales o históricas («Vientos»). Júbilos recupera el pulso descriptivo de Brocal y transita por senderos que aportan mayor complejidad: a la habilidad de la poeta como retratista de estados del alma y compiladora de apuntes del natural, cabe añadir aquí su destreza en el género memorialístico y en la invención narrativa. Este peculiar mestizaje surge de la combinación —mezclada y agitada— de verso y prosa, poesía y relato, diálogo y narración, desarrollo silogístico y precisión aforística. Además, la escritura de Júbilos se caracteriza por la polifonía y por la multiplicación de los efectos discursivos. Todo ello confi gura un tipo de texto donde los signos de la modernidad se refl ejan en el espejo de la tradición. 10 Carmen Conde aspira a dotar de un nuevo signifi cado a la naturaleza viva y al material jubiloso que Guillén veía representado en el universo de los objetos cotidianos: «El balcón, los cristales, / Unos libros, la mesa. / ¿Nada más esto? Sí, / Maravillas concretas». 11
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Rectificación del humanismo

Rectificación del humanismo

Pedro Cerezo Galán, maestro de filósofos, es catedrático emérito de Filosofía de la Universidad de Granada. Con una fecunda trayectoria en docencia e investigación, la obra del profesor Cerezo abarca desde sus tempranos estudios sobre Aristóteles y Heidegger y sus escritos sobre el pensamiento de la modernidad, en especial el idealismo alemán, hasta sus libros mayores sobre grandes figuras de la tradición hispana. Así, sus trabajos sobre Antonio Machado –Palabra en el tiempo–, José Ortega y Gasset –La voluntad de aventura– y Miguel de Unamuno –Las máscaras de lo trágico y Miguel de Unamuno. Ecce Homo: La existencia y la palabra– son hitos de obligada referencia para quien se adentre por los caminos de la filosofía española. De la misma manera, sus investigaciones sobre la literatura y el pensamiento del barroco o sobre los debates intelectuales que marcaron en España el complejo paso del siglo XIX al siglo XX –magistralmente expuestos en El mal del siglo–, son escritos que no pueden faltar en cualquier estudio sobre épocas tan cruciales de nuestra historia. La sensibilidad del profesor Cerezo, su capacidad para tejer con los más diversos hilos a la búsqueda de las claves que nos permitan comprender nuestro tiempo, explican la profundidad y la altura de su obra filosófica. A su pensamiento le acompaña una firme voluntad de compromiso cívico que empapa todas sus páginas y que se hace explícita en libros tales como los que llevan por título Ética pública: éthos civil o Democracia y virtudes cívicas. Es ese entrelazamiento de pasión filosófica y compromiso ciudadano el que encuentra en la tradición humanista el humus donde enraizar sus fructíferas creaciones. El profesor Cerezo ofrece una muestra de ello en la lúcida aproximación que hace a la obra de Jacques Maritain Humanismo integral, realzando sus aportaciones en torno a la persona y su dignidad, núcleo seminal de un humanismo que trataba de abrirse paso en medio de una trágica coyuntura europea, a la búsqueda de una salida que aportara luz más allá de las insuficiencias y excesos de una modernidad que se bloqueaba a sí misma. En las actuales circunstancias de España y en medio de una difícil situación en Europa, la aportación del profesor Cerezo y el legado de Maritain siguen siendo de indudable relevancia. El texto reproduce con pequeños cambios el de la conferencia pronunciada por el profesor Cerezo en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo ( UIMP ) de Santander el 3 de septiembre de 1986, con ocasión
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El Humanismo

El Humanismo

La empresa cartesiana de devolver la razón al punto cero para hacerla capaz de controlar todas sus operaciones, inaugura una larga época de vigencia del ideal de la tabla rasa en varias áreas de la cultura. Una de las primeras formas de la aspiración a establecer un presente que se deshace radicalmente del pasado es la idea de modernidad como un tiempo nuevo que carece de modelos dignos de imitarse. El humanismo se entendía como la recuperación de un período culminante de la historia humana, capaz de darle a las épocas posteriores la medida máxima de lo humanamente posible. Las ciencias modernas no reconocen precedentes metódicos: su novedad radical, su capacidad de descubrir verdades inéditas y de producir efectos inauditos, son su carta de presentación y el motivo de las grandes esperanzas que despierta. Desde sus comienzos las ciencias de la naturaleza se ven como una revolución tanto del saber como del poder humano sobre sus circunstancias terrenales. No reconocen autoridades ni ciencias previas. La racionalidad moderna queda ligada, por su radicalismo, al mito del retorno al punto cero en el que un hombre carente de herencia, de predecesores, es capaz, sin embargo, de actuar fecundamente, garantizado por el vacío inicial y por el método preestablecido para avanzar al futuro deseable.
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El humanismo del existencialismo

El humanismo del existencialismo

Los “ismos”, las modas intelectuales, aunque parecen fenómenos ex- teriores, ajenos a lo esencial de una doctrina filosófica, pertenecen al momento expositivo de la misma, sin el cual ésta no llega a realizarse plenamente. Los “ismos” intelectuales corresponden históricamente a la época del liberalismo, cuando la “opinión pública” existía o al me- nos parecía existir como la expresión de los ciudadanos que está en proceso de autoconfigurarse; eran la presencia viva, con todo lo que esto implicaba de malentendidos, deformaciones y empobrecimientos, de las creaciones mentales de los filósofos. El existencialismo fue, sin duda, el “ismo” por excelencia y, además, el último de ellos. Los “ismos” que aparecieron después de él, el estructuralismo, el posmodernismo, etcétera, llegaron cuando a la filosofía se le había privado ya del es- cenario de la “opinión pública” como lugar para exponerse. Después de París 68, la “opinión pública” fue sustituida, golpe tras golpe, por una instancia de “autoconciencia” social instalada y reproducida direc- tamente por esa entidad omniabarcante a la que Horkheimer y Adorno llamaron la industria cultural de la modernidad capitalista. Los “ismos” postexistencialistas no pudieron así rebasar el alcance de los pasillos universitarios y las columnas de los suplementos culturales.
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Humanismo, sujeto, modernidad. Sobre la crítica de la razón mítica de Franz Hinkelammert

Humanismo, sujeto, modernidad. Sobre la crítica de la razón mítica de Franz Hinkelammert

que posee un significado ambiguo. Por un lado, significa la posibili- dad de humanización de la vida humana en un sentido universal. Pero, por otro, revela también un hecho sugestivo: en el seno de la Modernidad, las peores atrocidades cometidas contra seres humanos se hicieron y justificaron (y se hacen y justifican hoy mismo) en nombre de la humanidad. En consecuencia, la exigencia de recuperar la dimen- sión de dignidad de la vida humana como condición para construir “otro mundo posible”, no puede afrontarse sin realizar previamente una crítica radical del humanismo, en nombre del cual afirmamos el derecho de todos y todas (incluida la naturaleza) a reproducir su vida, pero también se han legitimado to- dos los totalitarismos.
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Heidegger y el humanismo

Heidegger y el humanismo

“Heidegger y el Humanismo“ Andrea Cortés, Bogotá Octubre de 2006 apertura del ser. Este camino es el preguntar(es), cuyo fin no es llevarnos a la finalidad única de la metafísica que es el responder. El logos pre-socrático se basa en el preguntar; en la pregunta misma que deja ver lo cuestionado. Heidegger trabaja estas nociones pre-socráticas con su alemán para revivir, despertar el pensar de los más antiguos, entablando un diálogo con ellos y de esta manera tomar otra vía en los caminos del pensar. Comienza a hacerlo en su obra “Ser y Tiempo”, en donde vuelve a las nociones originales de logos para mostrar su estructura. Los pasos dados por Heidegger se pueden resumir en los siguientes: logos mostrativo (Sehenlassen): ”El logos hace ver algo ( φα ί νεσθαι ), vale decir, aquello de lo que se habla, y lo hace ver para el que lo dice [....]No todo decir tiene este modo de patentizar que es propio del hacer-ver mostrativo [...]Y tan sólo porque la función del λόγος en cuanto αποφανσις consiste en un hacer-ver mostrativo de algo, el λόγος puede tener la forma estructural de la συνθεσις[....]El συν tiene aquí una significación puramente apofántica, y significa: hacer ver algo en su estar junto con algo, hacer ver algo en cuanto algo.” 6 El logos ha sido cultivado por el pensar occidental bajo diferentes denotaciones que siempre vuelven a la de razón. Heidegger trata de rescatarlo de esta reducción de su “significado” hecha desde la traducción al latín, pasando por la filosofía medieval hasta la modernidad. Veamos lo que dice Heidegger al respecto: “Desde la antigüedad ha sido interpretado el Λόγος de Heráclito de diferentes maneras; como ratio, verbo, como ley mundial, como lo lógico y necesario de ser pensado, como el sentido de la razón.” 7 En esta cita podemos ver
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Una Biblia para el humanismo

Una Biblia para el humanismo

servado para la Vulgata, no tardarían en aparecer las primeras críticas a la traducción de Jerónimo de la mano de Lorenzo Valla y otros humanistas a finales del siglo XV. El programa re- nacentista de vuelta a las fuentes afectó no sólo a los autores clásicos, sino también a la Biblia. El compo- nente bíblico del Humanismo, que al- gunos relacionan exclusivamente con la antigüedad clásica, es muy impor- tante. La publicación del Nuevo Tes- tamento de Erasmo, con el título in- novador de Novum Instrumentum (Ba- silea, 1516), supuso una fuerte sacudida en Occidente, más que por el texto griego editado por la nueva traducción latina que acompañaba. Parecía que se tambaleaban los ci- mientos de la sociedad, puesto que en el texto de la Vulgata, que ahora se ponía en cuestión, se basaba la teolo- gía, la cultura, el derecho y la política del mundo medieval. La crisis de la Vulgata llevaba aparejada una crisis del pensamiento heredado.
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EL EXISTENCIALISMO ES UN HUMANISMO

EL EXISTENCIALISMO ES UN HUMANISMO

Cuando hacia 1880 algunos profesores franceses trataron de constituir una moral laica, dijeron más o menos esto: Dios es una hipótesis inútil y costosa, nosotros la suprimimos; pero es necesario, sin embargo, para que haya una moral, una sociedad, un mundo vigilado, que ciertos valores se tomen en serio y se consideren como existentes a priori; es necesario que sea obligatorio a priori que sea uno honrado, que no mienta, que no pegue a su mujer, que tenga hijos, etc., etc... Haremos por lo tanto un pequeño trabajo que permitirá demostrar que estos valores existen, a pesar de todo, inscritos en un cielo inteligible, aunque, por otra parte, Dios no exista. Dicho en otra forma –y es, según creo yo, la tendencia de todo lo que se llama en Francia radicalismo– nada se cambiará aunque Dios no exista; encontraremos las mismas normas de honradez, de progreso, de humanismo y habremos hecho de Dios una hipótesis superada que morirá tranquilamente y por sí misma. El existencialista, por el contrario, piensa que es muy incómodo que Dios no exista, porque con él
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Racionalidad, humanismo y modernidad

Racionalidad, humanismo y modernidad

razón, pues, Ficino, inspirándose en el Banquete de Platón y en la cosmología de Aris- tóteles, re-creaba el cosmos con sufidosofia natural, influenciando con esto a los futu- ros[r]

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El humanismo del futuro

El humanismo del futuro

Pero este planteo inicial no responde adicionales cuestiones, que deben ser dilucidadas según el estado actual de la ciencia económica. En este sentido, nuestra organización conceptual será análoga al camino re- corrido en el caso de la cuestión de estado. Habiendo establecido los principios generales que lo rigen, desde el punto de vista moral, nos pre- guntamos qué sistema de gobierno era el más eficaz para el cumplimien- to de dichos principios, para lo cual recurrimos a una multisecular tradi- ción de técnicas políticas de Occidente. De igual modo, habiendo esta- blecido los principios morales de función social de la propiedad y libre iniciativa, debemos preguntarnos más detalladamente por el tipo de or- ganización socioeconómica que se adecua a dichos principios, recurrien- do para ello a principios de economía política que juzgamos verdaderos. Esto es: se supone que una sociedad inspirada en el humanismo teocén- trico debe ser una sociedad donde no se viole el derecho a la vida, que es conculcado cuando desastrosas políticas económicas sumergen a la ma- yoría de la población en una espantosa miseria que la conduce progresi- vamente a la muerte por el hambre y la enfermedad. Hemos dicho ya suficientes cosas que nos alejan completamente de un desconocimiento de la escasez de recursos, pero esa escasez no es excusa para los gober- nantes por cuya responsabilidad millones de personas mueren de inani- ción. Esto es contrario al respeto por la dignidad del hombre y, por ende, un atentado contra las leyes de Dios. Debemos preguntarnos, entonces, qué sistema maximiza el rendimiento de la propiedad privada y la hace cumplir efectivamente con su función social, de tal modo que se produz- ca una mejora progresiva en el nivel de vida de toda la humanidad. Este es el contexto filosófico-político de nuestra preocupación socioeconómi- ca. Dada una respuesta básica al respecto, nos concentraremos luego sobre los problemas morales relacionados con esta cuestión.
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EL EXISTENCIALISMO ES UN HUMANISMO

EL EXISTENCIALISMO ES UN HUMANISMO

subjetivamente, en lugar de ser un musgo, una podredumbre o una coliflor; nada existe previamente a este proyecto; nada hay en el cie- lo inteligible, y el hombre sera ante todo lo q[r]

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HUMANISMO pdf

HUMANISMO pdf

En su aporte a la comprensión de cómo opera y se desarrolla la ciencia y en este plano, su concepción del cambio y las revoluciones científicas , que como veremos más adelante, más al[r]

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El existencialismo es un humanismo

El existencialismo es un humanismo

mismas normas de honradez, de progreso, de humanismo, y habremos hecho de Dios una hipótesis superada que morirá tranquilamente y por sí misma. El existencialista, por el contrario, piensa que es muy incómodo que Dios no exista, porque con él desaparece toda posibilidad de encontrar valores en un cielo inteligible; ya no se puede tener el bien a priori, porque no hay más conciencia infinita y perfecta para pensarlo; no está escrito en ninguna parte que el bien exista, que haya que ser honrado, que no haya que mentir; puesto que precisamente estamos en un plano donde solamente hay hombres. Dostoievsky escribe: Si Dios no existiera, todo estaría permitido. Este es el punto de partida del existencialismo. En efecto, todo está permitido si Dios no existe y, en consecuencia, el hombre está abandonado, porque no encuentra ni en sí ni fuera de sí una posibilidad de aferrarse. No encuentra ante todo excusas. Si, en efecto, la existencia precede a la esencia, no se podrá jamás explicar la referencia a una naturaleza humana dada y fija; dicho de otro modo, no hay determinismo, el hombre es libre, el hombre es libertad. Si, por otra parte, Dios no existe, no encontramos frente a nosotros valores u órdenes que legitimen nuestra conducta. Así, no tenemos ni detrás ni delante de nosotros, en el dominio luminoso de los valores, justificaciones o excusas. Estamos solos, sin excusas. Es lo que expresaré diciendo que el hombre está condenado a ser libre. Condenado, porque no se ha creado a sí mismo, y sin embargo, por otro lado, libre, porque una vez arrojado al mundo es responsable de todo lo que hace.
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¿Es la economía un humanismo?

¿Es la economía un humanismo?

ciones individuales y sociales. Finalmente, y esto es algo muy importante, la estrategia investigadora cree llegado el momento de integrar desarro- llos de la psicología del c[r]

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carta sobre el humanismo

carta sobre el humanismo

la dimensión inicial de su estancia histórica. En la medida en que dice de este modo la verdad del ser, el pensar se confía a aquello que es más esencial que todos los valores y todo ente. El pensar no supera la metafísica por el hecho de alzarse por encima de ella sobrepasándola y guardándola en algún lugar, sino por el hecho de volver a descender a la proximidad de lo más próximo. El descenso, sobre todo cuando el hombre se ha estrellado ascendiendo hacia la subjetividad, es más difícil y peligroso que el ascenso. El descenso conduce a la pobreza de la ex-sistencia del homo humanus. En la ex-sistencia se abandona el ámbito del homo animalis de la metafísica. El predominio de este ámbito es el fundamento indirecto y muy antiguo en el que toman su raíz la ceguera y la arbitrariedad de eso que se designa como biologismo, pero también de eso que se conoce bajo el título de pragmatismo. Pensar la verdad del ser significa también pensar la humanitas del homo humanus. Lo que hay que hacer es poner la humanitas al servicio de la verdad del ser, pero sin el humanismo en sentido metafísico. Pero si la humanitas es tan esencial para el pensar del ser, ¿no debe completarse la «ontología» con la «ética»? ¿No es entonces de todo punto esencial el esfuerzo que usted expresa en la frase: «Ce que je cherche á faire, depuis longtemps déjà, c'est préciser le rapport de 1'ontologie avec une éthique possible»?
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Humanismo y Universidad

Humanismo y Universidad

En otras palabras, Sean cuales fueren las diferencias y matices - q u e son muchos-, hay algo esencial en el pensamiento cristiano medieval que coloca a éste en las antípodas de lo que pudiera entenderse por humanismo: dentro de la perspectiva medieval religiosa, la humanidad, la dignidad del hombre sólo se entiende como una conversión, como un giro, desde el mundo hacia ese Dios que observa el mundo y que al observarlo, pone al mundo fuera del mundo. Lo des-centra, devolviéndo- lo a su fundamento. Sin esta conversión, la vida humana no posee consistencia, dignidad alguna y todas las virtudes se vuelven - c o m o decía de los griegos- espléndidos vicios.
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Tecnologia y humanismo

Tecnologia y humanismo

Todos los interiores de las salas estarán minuciosamente restaurados en su estado original, recuperando aquellos pequeños detalles que fue- ron proyectados en sus inicios. En este contexto de implicación arqui- tectónica, los nuevos elementos tienen, tal como ocurre en el exterior, un marcado acento minimalista que los hace imperceptibles o muy con- trastados con la arquitectura original, lo que permite un análisis inde- pendiente de ambas intervenciones. Esta distinción formal no está excluida en ningún caso de la necesidad de ofrecer combinaciones arquitectónicas que permitan una gran dosis de creatividad y que resul- ten atractivas al espectador por su belleza y modernidad.
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Humanismo e interpretación

Humanismo e interpretación

Aunque bien pudiera este propósito asemejarse con los de Santo Tomás y los alquimistas —que el individuo alcance la Verdad mediante el saber—, la originalidad de los humanistas consistió en que fijaron este fin dentro de los límites de la existencia humana: de ahí su fascinación por las técnicas pedagógicas, la política y las utopías. Anhelando erigir la ciudad ideal, el humanismo siempre creyó que debía encontrar sus herramientas y sus materiales en «las artes del lenguaje, profundamente asimiladas merced a la frecuentación, el comentario y la imitación de los grandes autores de Roma y Grecia».14 Y para ello desarrollaron un método mucho menos dogmático que la escolástica y mucho más riguroso que el de la alquimia:
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El humanismo como resistencia

El humanismo como resistencia

La idea que guía Orientalismo es utilizar la crítica humanística para ampliar los campos de batalla, para introducir una secuencia más larga de pensamiento y análisis con el fin de sustituir los breves brotes de furia polémica y paralizadora que nos aprisionan. Lo que intento hacer es lo que denomino «humanismo», un término que sigo empleando con terquedad pese al desprecio que les produce a los refinados críticos posmodernos. Humanismo quiere decir, ante todo, intentar disolver las esposas mentales de Blake para poder pensar de forma histórica y racional y lograr un conocimiento reflexivo. Además, se apoya en un sentido de comunidad con otros intérpretes, otras sociedades y otros periodos: por consi- guiente, en términos estrictos, no existe el humanista aislado. Es decir, cada terreno está vinculado a los demás, y nada de lo que ocurre en nuestro mundo está ni ha estado jamás completamente aislado y libre de toda influencia externa. Debemos hablar de injusticia y sufrimiento en un contexto relacionado con la historia, la cultura y la realidad socioeconómica. Nuestro papel es el de ampliar el ámbito de discusión. He dedicado gran parte de los últimos 35 años a defender el derecho del pueblo palestino a la autodeterminación nacional, pero siempre he intentado hacerlo sin dejar de prestar toda la atención necesaria a la realidad del pueblo judío y sus sufrimientos en persecuciones y genocidios. Lo más importante es que la lucha por la igualdad en Palestina/Israel debe encaminarse hacia un objetivo humano, la coexistencia, y no a proseguir con la represión y el rechazo. No es casual que el orientalismo y el antisemitismo moderno posean raíces comunes. Por eso es fundamental que los intelectuales independientes proporcionen sin cesar modelos alternativos a las pautas simplificadoras y res- trictivas basadas en una mutua hostilidad que dominan en Oriente Próximo y otros lugares desde hace tanto tiempo.
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