muerte de la filosofía

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Hegel: ¿muerte del arte o muerte de la filosofía?

Hegel: ¿muerte del arte o muerte de la filosofía?

El arte no busca sus motivaciones en las filosofías o las esté- ticas canónicas sino en la intimidad del mortal, en la soledad y en el ruido de la calle, en la fiesta y en el dolor. Baudelaire, un poeta que pertenece al “después del arte”, define la modernidad como un tiempo que acoge “lo transitorio, lo fugitivo, lo contin- gente” trazado por la existencia finita en su devenir mundano. Los acontecimientos existenciales son eso: experiencias abiertas que nadie puede vivir por otro, y no momentos que sólo sirven para verificar el cumplimiento de un supuesto tiempo largo, escatológico, fundado de antemano en ciertas lucubraciones filosóficas. Si algo hay para el arte, son posibilidades concretas y no seguridades metafísicas. Lo suyo es la precariedad exis- tencial, la vida realizada instante por instante, las experiencias personales y heterogéneas, fragmentarias y plurales. Digámoslo de una vez: el arte moderno surge en contra de cualquier pro- yecto social empeñado en el dominio tecnocientífico de la tierra, y el sometimiento de los hombres a poderes y saberes unívocos. Surge así contra la devastación del mundo y contra la muerte programada en nombre de supuestos ideales superiores. Escu- chemos de nuevo a Baudelaire: “Una época que impone el traje negro […] Que sufre y que lleva sobre sí el símbolo perpetuo del duelo. Un inmenso desfile de sepultureros […] Todos celebran el entierro”.
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La filosofía y la muerte del anciano enfermo consciente

La filosofía y la muerte del anciano enfermo consciente

Se ha procurado considerar aquí esta cuestión desde una perspectiva racional, con argumentos que pueden ser acepta- dos por creyentes y no creyentes. Aún en el caso del arrepentimiento, porque la hora de la muerte no es ocasión sola- mente para recordar nuestras buenas acciones sino también las malas. Sobre este asunto escribió Umberto Eco al Cardenal Martini: “Pero adviértase que el no creyente considera que nadie lo observa desde lo alto y sabe por lo tanto

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El sujeto y la muerte en la Filosofía Contemporánea (Tema Central)

El sujeto y la muerte en la Filosofía Contemporánea (Tema Central)

respuesta se ensayará en dos ámbitos, uno el de la puesta en juego de la muerte como “preparar” y, otro que, completa al primero y que se referirá a la forma en que se trastocan dos términos clave: consumo por consumación. Esto implica efectuar un acto desconstructivo ya no de la no- ción de sujeto moderno sino de la afirma- ción de que no hay sujeto alguno. Tal vez ello caiga en la necesidad de retornar al pasado, tal y como se hizo en el Renaci- miento pero, ¿qué otra cosa hace la Filo- sofía sino retornar para recuperar aquello que no se ha concretado precisamente porque esa es la naturaleza del acontecer y allí se inscribe la condición para cual- quier pensar? En esta fisura del tiempo se plantearán los ámbitos de la respuesta a la pregunta anunciada por Bataille.
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L  FERRY, Aprender a vivir  Filosofía para mentes jóvenes, Taurus, Madrid 2007, 322 pp , 13 x 21,5, ISBN 978 84 306 0627 6  IDEM, Vencer los miedos  La filosofía como amor a la sabiduría, Edaf, Madrid 2007, 248 pp , 20, ISBN 978  84 414 1904 9

L FERRY, Aprender a vivir Filosofía para mentes jóvenes, Taurus, Madrid 2007, 322 pp , 13 x 21,5, ISBN 978 84 306 0627 6 IDEM, Vencer los miedos La filosofía como amor a la sabiduría, Edaf, Madrid 2007, 248 pp , 20, ISBN 978 84 414 1904 9

El autor ofrece dos razones fundamentales según las cuales la filosofía no puede ser religiosa. «En primer lugar, y sobre todo, porque la promesa que nos hacen las religiones para calmar la angustia producida por la muerte, a saber, aquella según la cual somos inmortales y vamos a reencontrarnos tras la muer- te biológica con aquellos a los que amamos es, como si dijéramos, demasiado bonita para ser cierta. También demasiado bonita y asimismo muy poco creí- ble es la imagen de un Dios que sería como un padre para sus hijos» (p. 32). A esta declaración sigue un breve excursus sobre el problema del mal. Supongo que es una lástima, para la coherencia del pensamiento de Ferry, que «ser de- masiado bonito» no sólo no sea un argumento excesivamente fuerte sino que ni siquiera es un razonamiento. Más acertada, en cambio, parece la siguiente de- claración: «lo que ocurre simplemente es que carece de fe, eso es todo, y en es- tas condiciones se ve abocado a buscar en otra parte, a pensar de otra manera» (p. 33). El reconocimiento de una carencia sí es relevante, pero sólo puede pen- sar de otra manera si hay otra parte. ¿No podría compararse la fe a la visión? Y si es así, ¿dónde pueden mirar los ciegos para ver? Esto sólo tendría sentido si la fe y la razón se mostraran mutuamente incompatibles. Pero donde uno es- peraría argumentos se encuentra sólo declaraciones.
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La muerte de un filósofo

La muerte de un filósofo

Resulta fácil imaginarlo en el papel de anacoreta laico empeñado en castigar sus culpas o en masoquista dan- do traspiés en busca de su placer neurótico. Pero tal vez el mejor modo de acercarnos al fondo del asunto sea pensar que hay hombres capaces de creer en la muerte como realización ontológica y en la filosofía como un saber prescindible. Si tal fuera el caso, el mensaje de Uranga sería que el enfrentamiento con la muerte es in- decible y que como dijera su admirado Wittgenstein, “de lo que no se puede hablar lo mejor es callarse”.

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NOTAS SOBRE “LA CULTURA DE LA MUERTE”

NOTAS SOBRE “LA CULTURA DE LA MUERTE”

Asistimos a una edad trágica, las declaraciones del nuevo presidente Estadounidense y la entrada a la Casa Blanca de la “Santa Alianza transnacional”, solo es comparable histórica- mente con la entrada de los nazis al Reichtag. Es un Momento de No Retorno de la civilización humana sobre el planeta. No es casual la insistencia de los intelectuales burgueses de todo grado y jerarquía, en retornar a Nietzsche, a Kierkegaard o a Heidegger. Negar la verdad histórica como fundamento de la realidad social. El universo de la filosofía neofascista encuentra en el egoísmo su fundamento individualista. El “súper hombre” es el alter ego del banquero de Wall Street, es el “burgués universal”. El relativismo culturalista y el misticismo son expresión de su fracaso como sistema.
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1. Saludos y agradecimientos. 2. Fuentes y libro (Instituto Gallup: 5.000.000 USA) 3. La muerte no existe, es un imposible, un fantasma de la imaginación humana. Lo que llamas muerte no es sino una puerta que se abre para pasar de una habitación a otro de

1. Saludos y agradecimientos. 2. Fuentes y libro (Instituto Gallup: 5.000.000 USA) 3. La muerte no existe, es un imposible, un fantasma de la imaginación humana. Lo que llamas muerte no es sino una puerta que se abre para pasar de una habitación a otro de

5. Advertencia: reflexionar sobre la muerte y el tránsito no es otra de las muchas distracciones y obsesiones del intelecto y de la mente con relación al futuro, sino algo imprescindible para perder tanto el miedo a la muerte como el miedo a la vida. Tomar consciencia acerca del significado y contenidos del tránsito permite vivir el aquí-ahora en libertad, que es la ausencia de miedos. 6. Esquema a seguir:

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Cómo ayudar a una persona con síndrome de Down a afrontar la enfermedad terminal y la muerte de un ser querido

Cómo ayudar a una persona con síndrome de Down a afrontar la enfermedad terminal y la muerte de un ser querido

Presénteles al personal profesional que está atendiendo al paciente. Demuestren al personal, haciendo de modelo, que las personas con síndrome de Down forman parte vital de la familia que han de participar en la conversación y formar parte como miembros del equipo. Haga que el personal les explique (como a cualquiera de la familia) qué se puede esperar en el momento de la muerte. El conocimiento reduce el miedo. Y el reconocer los síntomas, como son la lenti- tud de la respiración, la pérdida gradual de la conciencia, el no poder hablar o responder, el no poderse mover, etc., asustarán menos si se conoce que van a aparecer. Incluso, el estar presen- tes en el momento de una muerte tranquila y pacífica se convierte en un momento precioso y reafirmante cuando es compartido por la familia.
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