Nicolás Maquiavelo

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La violencia como factor decisivo de la política: una reflexión desde El Príncipe de Nicolás Maquiavelo

La violencia como factor decisivo de la política: una reflexión desde El Príncipe de Nicolás Maquiavelo

Maquiavelo pone el foco en otra cuestión que es importante en relación con las tropas o armas para ejercer la violencia y así sostener un determinado régimen. El autor no sólo se preocupa por las armas como requisito para establecer el Estado sino que también lo piensa como un elemento que debe persistir siempre a disposición de aquél. Volviendo al planteo de Foucault, resulta pertinente traer a colación ciertos elementos que fortalecen la idea de que el conflicto per- siste más allá de que exista una serie de instituciones que organicen la sociedad. A grandes rasgos, el autor francés menciona que todo entramado institucional que dé origen a una situación de aparente paz entraña la continuación de la guerra. Así, persiste una batalla en la cual el vencedor sostiene y robustece su ventaja al disponer el ser de una sociedad. Foucault destacará, en Defender la Sociedad que, en lo que al estudio de lo social respecta, se trata de “despertar (…) bajo la forma de las instituciones o las legislaciones, el pasado olvidado de las luchas reales, de las victorias o de las derrotas enmascaradas, la sangre seca en los códigos” (Foucault, 2003: 230). Queda claro también, que no existe en términos concretos un elemento aglutinante a nivel social por el cual la obe- diencia pueda ser justificada. La obediencia al Estado se da, básicamente, por la existencia de una relación de dominación que puede fundarse en elementos intangibles o ideológicos, pero necesita indefectiblemente que existan elemen- tos materiales que la sustenten. Durante cierto pasaje de Seguridad, Territorio y Población, Foucault analiza El Príncipe de Nicolás Maquiavelo. A través de un recorrido interesante llega a la siguiente afirmación:

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Nicolás Maquiavelo y la prudencia

Nicolás Maquiavelo y la prudencia

Nicolás Maquiavelo en su obra El príncipe plantea que “Un hombre que en todas partes quiera hacer profesión de bueno es inevitable que se pierda entre tantos que no lo son. Por lo cual es necesario que todo príncipe que quiera mantenerse aprenda a no ser bueno, y a practicarlo o no de acuerdo con la necesidad”. Teniendo en cuenta que “En el actuar humano se ve involucrada la elección de los medios” (A.Castaño-Bedoya, 2016. p 156), un príncipe, según Maquiavelo, aunque sepa cómo no ser bueno debe elegir los medios para actuar prudentemente según las condiciones en las que este se encuentre.

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El ideal de buen gobierno desde la perspectiva de Nicolás Maquiavelo

El ideal de buen gobierno desde la perspectiva de Nicolás Maquiavelo

Nicolás Maquiavelo ha sido de vital importancia en la historia de la filosofía política moderna, se ha dicho de él muchas cosas, unas buenas otras no tanto, el secretario florentino ha sido tachado de ministro de Satán, de malvado, inescrupuloso y muchas otras tantas cosas; de hecho se ha considerado un personaje plural, es decir, no hay un solo Maquiavelo sino muchos, es considerado como un maestro del poder, falto de moral y de escrúpulos, hipócrita y cínico, capaz de buscar provecho sin importar la forma de conseguirlo; sin embargo, otros lo consideraron como un partidario de la paz, la tranquilidad y la estabilidad política, otros lo describieron como un tipo especial de cristiano, otros como un científico, un frío técnico de la política, un estratega, un empirista anti metafísico, un artista, un gran patriota amante de su nación y capaz de defenderla, pero todas ellas van a confiar en que era simplemente un espejo de su época. 1 Sin embargo, antes de concluir si es cierto que Maquiavelo era tan “maquiavélico” como la historia ha pretendido mostrarlo, es necesario analizar de forma detallada su vida.

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El republicanismo romano y su influencia en las teorías republicanas modernas: Nicolás Maquiavelo

El republicanismo romano y su influencia en las teorías republicanas modernas: Nicolás Maquiavelo

Maquiavelo nació en Florencia el 3 de Mayo de 1469 en el seno de una familia noble pero empobrecida, y casó con Marietta Corsini en 1501, engendrando siete hijos. Dueño de un carácter irónico y corrosivo, se le define como leal a sus amigos, pero sobre todo como un fiel servidor de la República Florentina, aunque también supo acomodarse a los cambios que esta sufrió, por ejemplo, buscando un empleo bajo el influjo de los Medici (el gobierno de lo signori, como él mismo se refiere a ellos). Desde 1434 a 1494 Florencia fue formalmente una república, pero la realidad era que estaba completamente bajo el dominio de la familia Medici. En 1494 la huida de Florencia del Piero, hijo de Lorenzo el Magnífico, propició un camino libre a la creación de una auténtica república de corte popular bajo la influencia de Savonarola 47 . Tras la caída de Savonarola (1498), Maquiavelo fue nombrado

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El aporte de Maquiavelo para la construcción de la ciencia de las Relaciones Internacionales

El aporte de Maquiavelo para la construcción de la ciencia de las Relaciones Internacionales

Escribir unas cuantas líneas sobre la vida y obra de Nicolás Maquiavelo es una labor que en modo alguno puede considerarse sencilla. El desprecio de unos y sobre todo la admiración y simpatía de otros, han hecho que la tarea de descifrar al secretario florentino revista un buen grado de complejidad, pero al mismo tiempo de una fascinación insospechada. De esta manera, Maquiavelo se ha convertido en una figura elástica, incluso deforme si se quiere, pues de su pensamiento pueden derivarse las más audaces interpretaciones, que sin embargo encontrarán un asidero en su obra; desde el análisis de fray Benito Feyjoó en su Theatro Crítico hasta las apreciaciones de, por ejemplo, Leo Strauss, se presentan unas bruscas oscilaciones dentro de un muy abundante repertorio de lecturas que se han efectuado alrededor de sus escritos, textos que a pesar de ser muy claros, encierran no pocas ambigüedades y contradicciones. Ya en 1979, Isaiah Berlin hacía un recuento de la vasta bibliografía relacionada con el personaje de Nicolás Maquiavelo y la lista superaba las tres mil referencias. 1 Así que con un poco de honestidad y sentido de la historia, es posible escribir sobre Maquiavelo acudiendo naturalmente a su obra e intentando encontrar las interpretaciones más lúcidas que algunos autores (en todo caso siempre resultarán muy pocos dada la enorme amplitud bibliográfica) hayan hecho en torno a su figura y opiniones políticas.

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Estado de violencia, violencia de Estado. Reflexiones antropológicas en torno a la guerra, la violencia y el Estado

Estado de violencia, violencia de Estado. Reflexiones antropológicas en torno a la guerra, la violencia y el Estado

civil, el pensamiento del intelectual inglés Thomas Hobbes sobre el Estado. Si bien antes de que este filósofo inglés plasmase sus ideas sobre el gobierno y la naturaleza del Estado en esta obra, otros autores, tales como el famoso Nicolás Maquiavelo o el absolutista Jean Bodin, ya apostaban por un poder fuerte, centralizado y necesario como rector de la vida social y política. Es a Hobbes a quien se le reconoce el haber iniciado el pensamiento político moderno, rompiendo con los moldes medievales precedentes. La percepción pesimista de Hobbes sobre la naturaleza humana (condensada en el aforismo homohomini lupus, adaptado libremente del escritor latino Plauto) y la obvia necesidad de un mínimo orden social para el desarrollo de la vida en común, encaminaron su pensamiento por una dilatada reflexión que concluía en la necesidad de un pacto social que hiciera posible el desarrollo pleno de la sociedad. El estado natural del ser humano es de individualismo beligerante, un egoísmo feroz a la horade satisfacer sus deseos y necesidades. Egoísmo que no repararía en recurrir a la violencia para su consecución si así fuera necesario. Por ello, la convivencia pacífica y fructífera se volvería algo imposible si el ser humano fuera dejado a su libre albedrío, ajeno a un gobierno y a las consecuencias puniti- vas de sus actos. Lejos de cooperar, las personas en pleno disfrute de su libertad, competirían fratricidamente entre sí, en estado de guerra constante, por cubrir y satisfacer sus necesidades. Se impondría así la ley del más fuerte en un estado de conflicto interminable, que imposibilitaría el desarrollo de una sociedad sana, de una convivencia colectiva en la cual se pudieran alcanzar tanto una vida segura como los frutos del trabajo y el esfuerzo intelectual, sólo posibles como consecuencia del disfrute de tal paz. Por ello, para poder acceder a la tranquilidad de una vida apacible que evite el conflicto constante y generalizado, los individuos libres, de muto acuerdo, suscribirían un contrato que, limitando su libertad, cedería ésta a un único soberano, monarca absoluto, que velara por el orden y la convivencia pacífica en sociedad. Este alegato en favor de un poder único, centralizado y monolítico, supuso el inicio de una filosofía política que tendría eco en las ciencias sociales que estaban por nacer.

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Para leer a Maquiavelo - e-spacio

Para leer a Maquiavelo - e-spacio

16. Cf. E. Cutinelli-Rèndina, Chiesa e religione in Machiavelli, Istituti editoriali e poligrafici internazio- nali, Pisa, 1998. Por ejemplo, sigue abierta la cuestión del posible vínculo, directo o indirecto, con la obra de Erasmo (pp. 139 y 143) y de Marsilio de Padua (p. 148). Sobre el primero, hasta donde sé, la crítica no le ha dedicado gran espacio, cf. E. Scarpa, «Machiavelli lettore di Erasmo?», Atti dell’Istituto veneto di Scien- ze, Lettere ed Arti, cxxxiv, 1975-1976, pp. 143-153. Sobre el segundo, cf. A. Toscano, Marsilio da Padova e Niccolò Machiavelli, Ravena, Longo, 1981; L. Ger- bier, Histoire, médicine et politique. Les figures du temps dans Le Prince et les Discours de Machiavel, tesis de doctorado, Université de Tours, mimeo., 1999, pp. 369-87, y J.M. Forte, «Maquiavelo antiherocráti- co y la fuentes del anticlericalismo italiano», Revista de Estudios Políticos, 113, 3, 2001, pp. 125-160.

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Jaen Marcos Maquiavelo – RBA

Jaen Marcos Maquiavelo – RBA

Se suele presentar a Maquiavelo como el maestro del rea­ lismo político, pero hay que tener en cuenta que el realismo es inherente a todo discurso político, puesto que no hay pen­ samiento político que renuncie a ser útil. Así, a menudo se califica el realismo maquiaveliano con más precisión como pesimismo, un pesimismo antropológico. Para el florentino, la naturaleza humana es ambiciosa y tiende al egoísmo. El que quiere proporcionar leyes al Estado, dice, «debe supo­ ner a todos los hombres malos». Por esos motivos, el Estado es una entidad abocada al conflicto externo e interno. El conflicto externo es inevitable porque todo Estado percibe como enemigo suyo a cualquier otro con fuerza suficiente para actuar contra él con impunidad. El conflicto interno es un elemento intrínseco a la vida en sociedad, un elemento estructural de cualquier sociedad históricamente dada. El pueblo desea que los notables no le dominen ni le opriman, mientras que los notables desean dominar y oprimir al pue­ blo. Las relaciones de poder tienen por definición un carác­ ter jerárquico, y este implica desigualdad política y asimetría entre gobernantes y gobernados. He ahí la distancia entre poder y opinión pública.

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La educación política en Maquiavelo y otros escritos

La educación política en Maquiavelo y otros escritos

gio que el autor hace en este pasaje de I Discorsi a los «tumulti» ha sido, ya, suficientemente comentado por muchos intérpretes, sobre todo de la segunda mitad del siglo XX para acá, como un espal- darazo de Maquiavelo al conflicto como factor de la libertad y a lo que hoy llamamos democracia (Pocock, 1975: 194-211). Pero conviene también subrayar que esa valoración positiva del conflic- to de Maquiavelo es una señal, de él, de que la virtù no germina en una sociedad si no hay condiciones objetivas para eso. Deben haber condiciones sociales propicias para tal efecto y si no las hay se deben crear. Entonces, para inculcar y promover la virtù lo primero que hay que hacer es actuar sobre el medio, crear los mecanismos institucionales adecuados para que los ciudadanos puedan expresar libremente sus deseos y sus opiniones (TO –Discorsi: 83); darle a los ciudadanos la autoridad (autorità) para poder acusar, sin nin- gún temor, por vías institucionales (ordinata dalle leggi) a todo aquel que atente contra el estado libre (stato libero), para evitar que desfo- guen sus odios y rencores (omori) por vías ilegales (modi straordinari) que pueden arruinar la república (TO –Discorsi: 87); establecer los mecanismos necesarios, como la acusación, para cerrarle el paso a los calumniadores que «cargados de envidia» (carico d´invidia) o deseosos de poder se vuelven hacia el vulgo para sembrar en él «diversas opiniones siniestras» (seminando varie opinione sinistre) con el fin de generar discordias entre los ciudadanos (TO –Discorsi: 88). Construir «una equitativa igualdad» (una pari equalità), para poder «poner freno a la excesiva ambición y corruptela de los poderosos» (freno alla eccessiva ambizione e corruttela de´ potenti), que a través de favores

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MAQUIAVELO – El principe y otras obras – Gredos

MAQUIAVELO – El principe y otras obras – Gredos

una disciplina que contiene una dimensión práctica y que se basa en la experiencia. L a materialidad de su objeto y la incerteza de su praxis impiden un régimen de ideas formal y científico, |>ero abren el campo a la prudencia, la pericia, la «técnica». De hecho, el florentino se refiere a su propia actividad como el arte dello stato , un saber basado precisa­ mente en la experiencia (esto es, extraído de los ejemplos contemporáneos y también de las propias vivencias personales) y en las lecciones de la historia (extraídas mediante el análisis e interpretación de excmpla ct casus). Y no por casualidad M aquiavelo compara a m enudo la ciencia [xilítica con la medicina o la navegación, actividades basadas en la exjx;- ricncia y en un acervo de supuestos que, sin em bargo, 110 permiten la exactitud ni la formalización matemática. Desde luego, 110 pretendemos afirmar que M aquiavelo puede asimilarse sin más a la tradición aristo­ télica o al eclecticismo humanista. D e hecho, 110 viene mal recordar que el propio Aristóteles parece rechazar (al menos en la Etica nicomáquea ) la idea de política como epistéme, o como téchné, argum entando que se trata más bien de una acción dirigida a fines y orientada por la pruden­ cia (phnmésis) y 110 un arte que produzca objeto alguno. Por el contrario, el «arte del estado» maquiaveliano no es mera prudencia o praxis y m u­ cho menos praxis cívica (aunque también será ambas cosas), sino que nos remite al conocimiento de las condiciones y factores que constitu­ yen, perfeccionan o disuelven un objeto específico al que él llama estado: un poder estable extendido sobre un territorio y una población. Por otro lado, es evidente que su profunda actitud crítica y polémica lo desvincu­ la de gran parte de la tradición política. De hecho, la originalidad de M aquiavelo tiene que ver con su rechazo de esa concepción de la |m >1 (ti­ ca, tan frecuente en el Renacimiento, que hace de ella un saber práctico de carácter form ativo pedagógico y orgánicamente vinculado a otras ramas del saber (normalmente a la ética). A q u í cabe quizás asentir a esas palabras de D»uis Althusscr que hablan de la soledad de Maquiavelo. En tíxlo caso, estamos en una concepción «dialéctica» de la política, que se mueve en el ámbito de la verosimilitud y la prudencia, y al margen de las certezas metodológicas.

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Iturralde, Ignacio – Maquiavelo – Bonalletra

Iturralde, Ignacio – Maquiavelo – Bonalletra

la biografía pública del florentino en relación con las ideas más impor- I antes de su pensamiento. En esas páginas, tratarem os los aspectos más prácticos de su pensam iento, es decir, las conclusiones o con­ sejos que Maquiavelo recomienda para alcanzar el éxito en la arena política. Como quiera que tales máximas fueron el resultado de su experiencia como diplom ático de Florencia, las iremos presentando en paralelo a la narración de los hechos históricos y biográficos que las motivaron. Porque resulta necesario saber cómo fue tanto la vida de alto funcionario florentino como el contexto político de la Europa renacentista, pues de allí Maquiavelo extrajo el material sobre el que basó su posterior teoría del poder. La profundidad del análisis y los principios de acción derivados solo se entienden ligados a la propia implicación del secretario en episodios trascendentales de la histo­ ria florentina. El hilo conductor de este capítulo -a l mismo tiempo biográfico y práctico - son una serie de misiones como enviado diplo­ mático ante las grandes potencias de la época: la Francia absolutista, la Italia fragm entada y la Alemania imperial. Conoceremos entonces a Girolamo Savonarola y a César Borgia, a Piero Soderini, a varios pa­ pas -to d o s ellos, ambiciosos y aguerridos-, a m onarcas absolutistas, ul emperador Maximiliano I y, cómo no, a muchos miembros de la poderosa familia Médici. El capítulo term ina con un «Game Over», título que responde al cambio de fortuna que dio con los huesos de Maquiavelo en la cárcel, donde fue torturado por una falsa acusación de conspirador.

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Antologia Del Pensamiento De Maquiavelo

Antologia Del Pensamiento De Maquiavelo

El príncipe recoge en apretadas líneas —es un texto breve— una verdadera analítica de las prácticas básicas del poder político. Maquiavelo señala de modo expreso que en esta obra desea escribir “sobre cosas útiles a quienes las lean”, y agrega una frase que ha hecho mucho caudal, porque en ella está contenido el principio de “realismo”, que caracteriza al núcleo central del pensamiento del autor florentino. En efecto, allí nos dice: “juzgo más conveniente ir derecho a la verdad efectiva de las cosas, que a cómo se las imagina; muchos han visto en su imaginación repúblicas y principados que jamás existieron en la realidad” (El príncipe, cap. XV). La descripción de los actos de poder, en su ejecución por los “príncipes nuevos”, surge así como un modelo de realismo político. No hay cabida, en este texto, para la teoría acerca de la naturaleza última del poder o la especulación sobre el régimen político ideal. Esto no quiere decir que a Maquiavelo no le interesaran estos temas. De hecho, otra obra suya, los Discursos sobre la primera década de Tito Livio (conocido como los Discorsi), está dedicada al estudio del régimen mixto, como forma política ideal, y su comparación con la monarquía, aristocracia, tiranía y democracia. El príncipe se ciñe rigurosamente al análisis del poder.

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La comunicación política en Maquiavelo

La comunicación política en Maquiavelo

¿Por qué partir desde Maquiavelo entonces, para ver la existencia de preceptos que configuran la comunicación política y sus estrategias, si ya por ejemplo los sofistas eran profesores de retórica para enseñar formas persuasivas para acceder al gobierno? Lo que Maquiavelo hace es romper con lo establecido hasta el momento y abocarse a un estudio más técnico de quien ostenta el poder. Pone en evidencia la naturaleza estratégica de la actividad política: la “ virtu ” del príncipe pero también su fortuna, y es aquí desde donde nos paramos para ver el surgimiento de la Comunicación Política y todas sus estrategias de acceso al poder. Porque para el florentino, el poder es ante todo y sin lugar a duda, el político, y ve a la política como una forma de vida.

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MAQUIAVELO – El principe – Tecnos

MAQUIAVELO – El principe – Tecnos

a su amigo Francesco Vettori, le cuenta su vida cotidiana en su pequeña propiedad de Sant’Andrea in Percussina, tan cer­ ca y tan lejos de Florencia. Se levanta antes del amanecer y sale a pasear por el campo. A veces caza, a veces charla con los campesinos. Lleva un libro bajo el brazo: Petrarca o al­ gún poeta latino, y se sienta en una fuente a leer versos y a recordar amores. Después se va a la posada, donde interro­ ga a los viajeros, con una cortesía que no oculta del todo su impaciente y febril sed de noticias, sobre las novedades de Florencia y de sus lugares de origen. Vuelve a casa a comer, y torna a la posada para jugar a las cartas. Al anochecer, re­ gresa a su casa, y entonces se refugia en un mundo exclusi­ vamente suyo. Es como si la vulgaridad de la jornada no fuera más que un disfraz para proteger mejor ese jardín secreto, como si se escondiera en gestos comunes para que nadie sos­ pechara su tesoso, del mismo modo que los avaros, velando por ocultar su riqueza, se cubren de paños harapientos. El día no ha sido más que un prólogo para la verdadera vida, un prólogo ascético, que por el contraste y la espera hace más precioso el momento en que, entrando en su estudio, se re­ viste mentalmente con un traje curial y entra en conversa­ ción con los difuntos, como dirá más tarde Quevedo, otro gran lector y también político frustrado. Esos ilustres varo­ nes del pasado, escribe Maquiavelo, lo acogen amablemen­ te y le ofrecen esa vida para la que siente que ha nacido. «Durante cuatro horas —prosigue— no siento fastidio algu­ no; me olvido de todos los contratiempos; no temo a la po­ breza, ni me asusta la muerte.» 15

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Quentin Skinner  Maquiavelo

Quentin Skinner Maquiavelo

La primera lección que aprendió fue que, para quienquiera que estuviera instruido en los secretos de una moderna monarquía, la maquinaria guberna- mental de Flo-[17]-rencia aparecía como absurdamente vacilante y endeble. A finales de julio se hizo patente que la signoria, el consejo que regía la ciudad, necesitaría una nueva embajada para renegociar los términos de la alianza con Francia. Entre agosto y septiembre, Maquiavelo se mantuvo a la espera de saber si los nuevos embajadores habían abandonado Florencia, y asegurando al arzobispo de Rouen que los esperaba en cualquier momento. A mediados de octubre, al no tener todavía señales de su llegada, el arzobispo comenzó a tra- tar con desdén estas continuas mentiras. Maquiavelo refiere con obvio disgus- to que «replicó con estas palabras exactas» cuando estuvo seguro de que la misión prometida estaba al fin en camino: «Es verdad lo que usted dice, pero antes de que esos embajadores lleguen, estaremos todos muertos» (L 168). De una manera más humillante aún, Maquiavelo descubrió que el sentimiento de la propia importancia de su ciudad natal parecía a los franceses ridículamente en desacuerdo con la realidad de su posición militar y de su riqueza. Los fran- ceses, dirá a la signoria, «sólo valoran a los que están bien armados o dispues- tos a pagar» y han llegado a pensar que «ambas cualidades se hallan ausentes en vuestro caso». Aunque intentó hacer un discurso «sobre la seguridad que vuestra grandeza podría aportar a las posesiones mantenidas por Su Majestad en Italia», se dio cuenta de que «todo ello resultaba superfluo», puesto que los franceses se reían sencillamente de ella. La dolorosa verdad, confiesa, es que «ellos os llaman Señor Nada» (L 126 y n.).

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Lo ético y lo político

Lo ético y lo político

Para   entender   adecuadamente   la   concepción   de   los   filósofos   modernos   acerca   de   las  relaciones entre Ética y Política es necesario partir de la distinción establecida por Rousseau  entre el “hombre” y el “ciudadano”. El hombre, en su totalidad, desea ser feliz, la felicidad es su  meta; el ciudadano, el que es miembro de una sociedad, espera de ella que haga justicia, que le  pertreche de los bienes imprescindibles como para poder llevar adelante, por su cuenta y riesgo,  un   proyecto   de   vida   feliz.   Pues   bien,   el   liberalismo   político   característico   de   la   modernidad,  declara su naturaleza de doctrina política únicamente interesada por el ciudadano, no por el  hombre. Por ello, los contractualistas ­los filósofos del pacto social­ estarán a caballo entre la total  identificación entre lo ético y lo político de la Grecia clásica, y la total separación de Maquiavelo.  El hombre no se identifica con el ciudadano, de ahí que la ética quede reservada al ámbito de lo  privado.   Pero   el   Estado   y   los   gobernantes   no   son   amorales,   ya   que   existen   unos   derechos  naturales que todo ser humano posee de forma inalienable. Estos derechos naturales serán, pues,  el cordón umbilical que permita unir Ética y Política, y marcarán los límites infranqueables al  poder político.

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Las cartas apócrifas de Salustio y la tradición clásica republicana

Las cartas apócrifas de Salustio y la tradición clásica republicana

En efecto, para el establecimiento por la fuerza de un gobierno monocrático o de un solo hombre se advierte que, desde el punto de vista de quienes son sometidos, “na- die cede el mando a otro voluntariamente” (Epis. ad Caes. I, 1. 4, 11). Y por más bueno (bonus) y clemente (clemens) que sea aquel que posea el supremo poder (plus potest), se le teme, porque puede —si quiere, aunque esto no lo dice el autor de la misiva— actuar mal (I, 1. 4, 12-13). Sin embargo, para sorpresa del político moderno (lector de Maquiavelo), en la carta se reprocha esta práctica del ejercicio del poder, ya que esto se aborda como un error de perspectiva en el arte de gobernar, pues su único fin debe ser el bien común. La ruindad de los gobernados demuestra la corrupción de quien gobierna despóticamente (I, 1. 6 y 3. 2). Aquel que, como César, sea bueno y arrojado [bonus atque strenuus) le conven- drá mandar a los mejores [optimis] (I, 1. 6). Además, aquellos que, en general, “moderan su gobierno con bondad y clemencia todo les resulta próspero y feliz” (I, 3. 3).

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Maquiavelo: el camino a la gloria

Maquiavelo: el camino a la gloria

Suele ser común, al tratar un autor como Maquiavelo, al igual que sucede con algunas de sus obras, el vincularlo o asociarlo con un tipo de política, en la que se pone de manifiesto un juego, una relación, una vinculación entre medios y fines, en la que para conseguir el fin, no importa los medios que un político o gobernante utilice. De aquí su cierta vinculación a ciertos ideales absolutistas o de corte tiránico, en el que el pueblo poco tiene que ver, sobre todo a raíz de ciertos aspectos y pasajes de una pequeña obra, que en los últimos años ha sido objeto de cierta controversia , publicada en 1532 en Roma: 3 El príncipe. En el presente escrito no se pretende tratar de desmentir, ni admitir dicha idea popular, el objeto o núcleo de discurso es más bien otro, a saber, la temática entorno a dos conceptos básicos en el pensamiento de Maquiavelo: sobre todo y con particular énfasis el término de “gloria”, como se ha ido apuntando hasta ahora, pero también el papel que juega en relación al “éxito”, será clave para delimitar la relevancia de la moralidad de las acciones. Para tal tarea me serviré no solo de esta obra fundamental del pensamiento político, El príncipe, sino que también recurriré a algunos pasajes de los Discursos

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